CAPITULO X

Su día no podía iniciar mejor, desayunaba inquietamente pues deseaba salir lo antes posible, el sol prometía una calurosa tarde y tenía planes de cómo aminorar tal situación. Eleonor le entrego una canasta llena de comida, sabía con seguridad que la rubia regresaría hasta caer el ocaso, tiempo suficiente para prepararle una cena especial.

La mañana transcurría en las verdes praderas, las ovejas pastaban perezosamente mientras que Candy y Marck se trepaban a los diferentes árboles frutales, las curiosas ardillas ya estaban acostumbradas a compartir sus hogares con aquella singular pecosa quien ágilmente se columpiaba de rama en rama.

* Ya es más de medio día… ¿Qué habrá enviado Eleonor para almorzar?

* Vaya que si eres rara…

* ¿Por qué lo dices?

* Ninguna dama come tanto como tú…

Ambos rieron de buena manera, en poco tiempo habían hecho una gran amistad y existía gran confianza, misma que la rubia aprovechaba.

* Marck… Realmente hace mucho calor, no te parece.

* Se lo que tramas y si Eleonor se llega a enterar, nos retara a ambos.

* ¡Oh, Marck! No seas cobarde.

* ¡No soy ningún cobarde!

* Demuéstralo.

* De acuerdo pero después de comer esos ricos emparedados.

Al satisfacer su apetito, se adentraron al bosque hasta encontrar un manantial, la rubia corrió tanto como pudo y al hacerlo se fue despojando de su elegante vestido y sus finas medias, no vacilo en sumergirse en las calmadas aguas. Marck tuvo que hacer lo mismo después de ser retado por su señora.

Unos curiosos zafiros eran testigos de aquél singular espectáculo, una sincera sonrisa se dibujaba al verla, aquella mujer pecaba de ingenuidad no más que de sensualidad. En ocasiones le resultaba incomprensible que no fuese consciente de aquella tentación que desbordaba, aunque por el momento agradecía dicho defecto. Cuánto tiempo permaneció observándola, no tanto como deseaba, pero sus deberes lo esperaban y no podía prolongarlos, a regañadientes bajo del árbol cómplice de sus sugestivas miradas.

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Por más que deseaba ocultarlo era eminente su enojo, lo había percibido incluso antes de que le permitiese la entrada a su hogar, veía como movía inquietamente sus manos en el regazo, sus ojos azules desbordaban reproche, mismo que no haría. La conocía lo suficiente para saber que no tenía el coraje de retarlo, una sola dama se atrevía a ello, pero esa no era Susana. Y si bien le gustaba su temperamento tranquilo, en ocasiones le gustaría verla perder el control, virtud tan única de las inglesas y en especial de ella.

A pesar de no verse en semanas, la visita duro poco menos de una hora, la rubia lo despidió con total normalidad pero en el fondo sabía que ya nada era normal.

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Rose Chavanel, era una mujer hermosa y elegante, su descendencia francesa le daba un aire erótico aplacado por sus genes ingleses. Su casa estaba situada a las afueras del condado de St James´ a simple vista era como cualquier otra, su imponente fachada demostraba un poco de la majestuosidad que tenía en su interior, aunque fuesen pocos los que llegaban a ser invitados. Por años, quizá siglos, este recinto había sido el lugar predilecto de los caballeros de alta sociedad, un lugar exclusivo, donde las bebidas como la "compañía" eran de excelente calidad y buena procedencia.

Madame Chavanel, recibía grandes aportaciones de la familia Grandchester y pesé a que el Duque ya no era un cliente frecuente, no se podía decir lo mismo de su primogénito. Terrence recurría a su "negocio" tres o cuatro veces por semana, aunque no se le había visto desde contrajera nupcias con aquella peculiar escocesa.

Desde el gran ventanal de su habitación, que también fungía como despacho, vio descender al joven, inmediatamente percibió su mal humor.

* Creí que no volveríamos a verte.

* No sé porque te dio esa impresión.

* Tal vez por tu reciente unión y tú larga ausencia.

El castaño presto poca atención a aquella respuesta, se recostó en el fino sillón mientras su acompañante le ofrecía una copa llena de su mejor licor.

* Mi matrimonio no es lo que debe de ser.

* Ninguno no lo es… Gracias a Dios… Mi negocio se vendría abajo si no fuera por ello.

* Tan cínica como siempre… Pero no me refería a eso.

* ¿Acaso te toco otra puritana?

* Me creerías si te digo que no lo sé.

Intrigada por sus palabras tomó asiento a lado del castaño, prestando suma atención a su increíble relato. Muchas historias se habían contado en esa habitación, muchas más que las pasiones desbordadas en ella. Por ello es que sabía que ese plan fallaría, que ese plan tenía un gran defecto, uno que el propio Terry sabía pero que no estaba dispuesto a admitir, así que como buena dama de compañía se limitó a escuchar, después de todo era lo único que el joven quería, al menos eso creía.

* ¿Realmente no dirás nada?

* Querido, tengo mucho que decir al respecto pero dudo que quieras oírlo.

* Rose, no soy un de tus amantes que tienes que complacer con la muda condescendencia.

* De acuerdo… En primera instancia no entiendo porque has hecho tal promesa a la señorita Marlow, no tiene sentido, el que la ames no te ha alejado de este lugar… En segundo término ¿Por qué recluir a tu esposa en un convento? Desde que el Rey Enrique VIII cortó cualquier lazo con la iglesia católica, la mayoría de los Lords se han divorciado, sí, tu padre aun es un creyente de esta fe, pero no se opondría si viera que la joven no es fértil, después de todo para eso la adquirió.

* Ha sido suya la decisión. –Se justifico débilmente.

* Claro… Eres como todos los hombres.

* ¿A qué te refieres?

* Hasta en este lugar se ha escuchado nombrar a tu esposa.

* Habla claro Rose.

* Se dice que es una joven no peculiarmente hermosa o atractiva, pero que su carácter gentil y alegre podría capturar a cualquier noble, incluso a un príncipe... Tal vez a un búlgaro.

* ¿Quién demonios…?

* Eso es lo de menos, la cuestión es que como todos hombres la crees de tu propiedad y que jamás permitirás que sea de otro.

* Te equivocas, Candy no me importa en lo absoluto.

* Te importa más de lo que algún día admitirás… Pero dejemos el tema, no deseo que tu estancia aquí te sea desagradable.

Hábilmente la pelinegra saco un tablero de ajedrez, sabía que esto aminoraría el mal carácter del joven, eso y una botella más de whisky.

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Para los jornaleros ya era habitual compartir sus alimentos con Lady Grandchester, la joven, quien tenía un inusual apetito, solía convivir con ellos con tanta normalidad que las bromas y risas siempre estaban presentes. El día parecía transcurrir con total normalidad hasta que el pequeño John llegó gritando a todo pulmón que su hermano estaba a punto de nacer, de inmediato su padre se encamino a su humilde hogar para presenciar tal acontecimiento.

* ¿Mary Jean estará ahí?

* Por supuesto... –Contesto con superioridad. –Ella siempre está ahí.

* Crees que…

* Eres una entrometida.

Candy hizo un mohín al escuchar una vez más esa descripción de su persona, aunque le dio poca importancia.

* ¿Me acompañaras?

* Te esperare afuera con todos los demás.

Al entrar a la cabaña vio un pequeño grupo de mujeres moviéndose de un lado a otro pero sin estovarse la una a la otra, todas eran dirigidas por Mary Jean, quien al verla entrar le dirigió una extraña mirada y después la llamo a su lado. Margarett se encontraba en cuclillas, nunca imagino esa posición para dar a luz.

Era el primer parto que asistía, aunque mucho tiempo atrás había presenciado un doloroso episodio de esta índole, deshecho este recuerdo para concentrarse en ayudar a la anciana pues de un momento a otro se volvió en su asistente, le resulto algo tan gratificante como natural.

La llegada del pequeño estaba siendo demasiado dolorosa para la madre quien seguía pujando sin éxito alguno, habían colocado bajo ella una charola con un extraño líquido teniendo la certeza de que esto ayudaría.

* El niño no está coronando. –Le comento adivinando sus pensamientos. –Debemos ayudarlo a bajar.

Candy dejo la compresa que sostenía y al sentir la siguiente contracción de Megg, empujo con ambas manos el abultado vientre, repitió la maniobra hasta que esta dio el efecto que buscaba.

Ningún sonido era más hermoso que el que se escuchaba de una nueva vida, "una niña" fue la noticia que causo revuelo en todo el viñedo.

Atraída por la algarabía, la ojiverde se apartó de la conmovedora escena que escenificaban los orgullosos padres. No le sorprendió encontrar a todos los jornaleros riendo y abrazándose como la gran familia que eran, pronto sus esposas reunieron varios platillos para festejar la llegada de una nueva integrante.

La caída del sol no importo, ni si quiera se percibió, pues las fogatas alumbraban lo suficiente para no tropezar en cada baile, sólo cuando Petter apareció la música paró.

* Amigos, les agradezco a nombre de mi esposa y mío, la bienvenida que le han dado a nuestra hija. -Decía con un nudo en la garganta. -Megg y yo no podríamos estar más felices, y sabemos que esta felicidad se la debemos en gran parte a Mary Jean pero también a Lady Grandchester, por ello hemos decidido llamarla Mary White, en honor a estas dos grandes mujeres.

Los gritos de júbilo no se hicieron esperar, mientras una dichosa Candy se arrojaba a los brazos del humilde hombre.

* Espero mi hija llegue a ser digna de portar su nombre.

* No diga eso, soy yo la que no se siente digna de tal honor.

* Mi señora aún tiene cara de niña pero ya es toda una gran señora.

Era la segunda ocasión que le decían esta frase, no la entendía y no deseaba indagar en ella, el único pensamiento que inundaba su mente era que nunca había tenido una mejor fiesta de cumpleaños.

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¿Quién demonios se creía? ¿Y qué demonios le pasaba a él? Estaba sumamente molesto y se rehusaba a creer que hubiera otra razón que la ausencia de su esposa. Al llegar a su hogar ni siquiera pregunto por ella, se limitó a tomar su habitual baño para terminar de despejar su mal humor, fue mientras secaba su castaña cabellera cuando su atención se posó en la mesa del centro, una pila de cartas a la espera de ser leídas reposaban en ella. Las primeras tres eran de su padre y del administrador, pero los siguientes remitentes fueron los que realmente detesto.

* William A. Ardley, M. Elroy Ardley, Patricia Corwell, Anne Corwell, Alister Corwell... Archivald Corwell... Anthony Brown...

Los últimos dos remitentes habían causado que un inusual calor recorriera por sus venas y el leer la primera no calmó la situación.

Gatita...

No sé cómo empezar esta carta, para ser franco he desperdiciado una docena de hojas pensando demasiado en mis letras, así que he dejado de querer escribir con la cabeza cuando es mi corazón el que reclama este derecho.

He tratado de calcular la fecha en la que esta carta llegue a tus manos, pues quiero que quede claro que no te he olvidado... Incluso hay noches en las que no concilió el sueño pensando en los momentos que compartimos y más con aquellos que nunca sucedieron, el caminar por aquellos lugares por los que tu y yo tanto reíamos no ayuda mucho, pero no puedo evitarlo.

En este momento estoy bajo la sombra "del padre árbol" Mi mirada se pierde en el reflejo del lago y por un instante parece que te veo de nuevo, sé que este lugar era tu refugio y el estar aquí me hace sentir cerca de ti.

Me agradaría estar a tu lado en ese hermoso día aunque no lo celebráramos como solíamos hacerlo, pero eso no me impide desearte dicha, alegría y cientos de regalos, aquellos de los que tanto gustas y nadie puede comprarlos.

Con todo mi amor, siempre tuyo.

Archivald Corwell

* ¡Maldito imbécil! ¿Cómo se atreve a escribirle de esa manera a mi esposa? Y sus estúpidas e incoherentes palabras ¿salir a media noche a caminar hasta conciliar el sueño? Estúpido mentiroso, se nota que no camina más de lo necesario.

Sin mayor tapujo abrió la carta de su odioso primo, sabiendo de antemano lo parecida que sería a la anterior.

Mi dulce Candy...

Antes de partir he dejado esta carta al cuidado de Dorothy, confió plenamente en que te será entregada justo en esa fecha tan especial para ambos...

A veces me pregunto si recuerdas el día que nos conocimos, yo lo tengo muy presente pues a pesar de que fue uno de los momentos más dolorosos de tu vida pude notar lo que desde entonces te he dicho "eres más linda cuando ríes que cuando lloras" Y esto sin duda, se debe a que afrentas cualquier adversidad con una sonrisa, de corazón espero que eso jamás cambie.

Sé que esté año será diferente a los antes festejados pero confió plenamente que estarás rodeada de seres queridos, es imposible conocerte y no amarte de inmediato...

Deseo que tengas muchos obsequios, de aquellos que tanto gustas y que nadie puede comprar.

Siempre tuyo.

Anthony Brown

* ¿Amarte de inmediato? ¿Le esta confesando que la amaba? ¡Claro que eso está haciendo! Estúpido "mallitas" estúpido "elegante" les importa un carajo que Candy sea casada y mucho menos que yo sea su marido. -Pronunció colérico mientras rompía las cartas.

El relajante baño había perdido todo el efecto, sólo una botella de whisky calmaría la "indignación" que sentía. Ahora sentado a la cabeza del comedor, miraba impaciente las manecillas del reloj esperando la llegada de su mujer.

* ¿Deseas que te sirva la cena?

* Lo que deseó es saber es porque demonios Candy no ha vuelto ¿Acaso siempre llega después del anochecer?

* Nunca... ¿Quieres que mande a buscarla?

* No, yo mismo lo haré. -Declaro a tiempo que salía del castillo.

Eleonor vio con cierta picardía el comportamiento del castaño, ella misma había colocado esas cartas en el dormitorio principal, pesé a saber que no compartían la misma habitación desde semanas atrás.

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Cabalgaba a toda velocidad, el frío viento en su cuerpo no aminoraría el coraje que sentía pero sabía qué sí lo haría y sabía perfectamente en donde la encontraría... Pocos minutos fueron necesarios para llegar a las cabañas, la música y la algarabía eran contagiosas, de inmediato distinguió a la rubia quién bailaba animadamente alrededor de la gran fogata, de inmediato aquella frase ánimo su enojo "es imposible conocerte y no amarte de inmediato"

No es que Terry fuese un tirano con ellos, pero conocían su carácter y era evidente que estaba furioso, todas las miradas pasaron de él a Candy, fue entonces cuando la joven se percató de lo tarde que ya era.

* ¡Candice, vámonos! -Espeto sin bajar de su yegua.

* ¿Joven Terrence, quiere acompañarnos? Estamos celebrando...

* Me importa un carajo lo que celebren, sólo he venido por mi esposa. -Le interrumpió a Petter.

Candy sintió un gran coraje por la manera en que se había dirigido al hombre, pero comprendió que no era el lugar ni el momento propicio para reprocharle su comportamiento, así sin más se encamino hacía él y con su ayuda se acomodó entre sus piernas. Sin más, dio rienda suelta para volver al castillo, en la breve trayectoria notó la molestia de la rubia pero está no era más profunda que la suya, al menos eso es lo que creía. Al descender extendió su mano para ayudarla a hacer lo mismo pero la rubia no la acepto y de un solo brinco bajó de Teodora, entró a su hogar azotando la puerta pero Terrence entró inmediatamente para realizar el mismo acto.

* ¿Me puedes decir quién demonios te crees para estar fuera del castillo a esta hora?

* ¿Y se puede saber por qué demonios tenías que comportarte de esa manera tan grosera? No tenías derecho de...

* ¡Soy tu esposo y tengo todo el derecho!

* ¿Desde cuándo te importa donde me encuentre?

* ¡Desde que me haces quedar como un estúpido!

* ¡El que lo seas no es mi culpa!

* ¿Cómo te atreves a hablarme de ese manera?

* ¡De la misma manera en que tu lo hiciste con Petter! Fuiste grosero y arrogante, pero no sé porque me extraña, si esas dos palabras definen tu carácter.

Iracundo por sus palabras, se aproximó hasta ella para enfrentarla cara a cara, su respiración era agitada como la suya, le sostenía la mirada y lo retaba con aquellos ojos color esmeralda, cuanta pasión desbordaba esa mujer.

* Eh servido la cena. –Interrumpió.

* Gracias Eleonor, pero no tengo apetito.

* Hice cordero con patatas, sé que es su platillo favorito. Lo hicimos por su cumpleaños.

La joven sonrió sinceramente y dirigió sus pasos hacia la mujer para abrasarla afectuosamente por tal gesto.

* Gracias...

Terrence se quedo inmóvil por un momento, ahora las cartas tenían más sentido, aunque le seguían molestando, tanto como ser el último en saber que hoy era su cumpleaños. Con resignación se dirigió al comedor, donde para su sorpresa Candy lo esperaba para empezar a degustar sus alimentos. Comieron en silencio y pese a estar enfadados no pudieron dejar de disfrutar cada bocado, al término ambos dieron gracias y se dirigieron a diferentes estancias.

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Después haberse sumergido en la tina de baño, secó su larga cabellera, esto de algún modo calmó su molestia. Trataba en vano comprender las razones que tenía para comportarse de esa manera, estaba consciente de que era una hora poco apropiada para estar fuera de casa pero desde cuando eso le importaba, tal vez lo que le enfado era verla entre los jornaleros, el no comportarse como una dama, al menos no una convencional, probablemente este comportamiento le producía vergüenza, el solo pensarlo le produjo una extraña opresión en su pecho.

Con gran dificultad subió la larga escalinata pero la vista que ahora tenía era algo así como una recompensa por tal proeza... Y una inevitable invitación.

Entre sueños sintió como su cuerpo era aplastado y al mismo tiempo capturado en un abrazo, por un momento se espantó pero al percibir el olor a whisky supo de quien se trataba.

* ¡Terrence, quítate! Me estas aplastando. –Refunfuñaba tratando inútilmente de liberarse.

* Hoy... Dormiré aquí... –Declaro hipando.

* ¡Ah no! ¡Claro que no! Levántate...

Su oposición no dio ningún resultado y tras empujarlo en vano, decidió esperar unos minutos hasta que cayera profundamente dormido, así podría ir a descansar a la recámara principal. Al escuchar que su respiración era más tranquila, fue deslizándose bajo las sábanas y justo cuando estaba por lograr su cometido la voz del castaño la detuvo.

* Solo quiero dormir contigo... No he podido hacerlo... No desde que no estas... –Le confesaba sin abrir los ojos.

Ahí estaba, ese mocoso engreído que hace unas horas la había tratado tan mal, ahí estaba pidiéndole dormir a su lado, sólo eso.

* No iré a ninguna parte.

* ¿Lo prometes?

* Lo prometo...

* Entonces, vuelve a la cama...

* Después de meterte bajo las cobijas, puedes resfriarte de nuevo.

Y eso fue lo que hizo, para su suerte Terry se había despojado de su calzado y su vestimenta, así que con su cooperación en pocos minutos estaban envueltos bajo las mismas sábanas.

* Pecosa...

* Dime.

* ¡Feliz cumpleaños!

Fue diferente, fue un pasional, tierno y demandante beso sabor a whisky pero más embriagador que el mismo alcohol.

* Gra...cias.

La última palabra que dijo antes de acomodarse en su pecho y la última antes de que él depositara un suave beso en su frente.

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El día anterior no había tenido la oportunidad de felicitarla, así que para poder recompensarla le llevaba un delicioso desayuno a la cama. Entró sigilosamente para no hacer ruido y después de colocar la bandeja en la mesilla, corrió abruptamente las cortinas.

* ¡Despierta dormilona!

* ¡Cierra esas malditas cortinas! –Grito mientras se cubría el rostro.

* ¡Mi lord!

La joven salió despavorida de la habitación, jamás pensó que el castaño se encontrará ahí, una divertida Candy tuvo que levantarse a impedir que los rayos del sol siguieran molestándolo.

* Eso no pasaría si dejarás de beber de esa manera.

* Deja de gritarme. –Reclamo incorporándose en la cama.

* Ten, bebe un poco de jugo de naranja.

Era un poco extraño convivir con él, la verdad es que creyó amanecer sola como en muchas otras ocasiones. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el llamado tras su puerta.

* ¿Puedo pasar?

* Adelante Eleonor.

* Eh traído otro desayuno, lamentó lo de Dorothy. A veces creo que no está preparada para ser su doncella.

* No digas eso, ella me es de gran ayuda.

* Como usted guste... Terrence, todo lo que me pediste está listo.

* Gracias, partiremos dentro de una hora.

* De acuerdo, por cierto mi Lady, la condesa Kleiss ha dejado un paquete para usted, lo encontrara en su tocador.

* ¿Karen estuvo aquí?

* Así es, me ha comentado que estará fuera por un par de semanas pero que no quería pasar por alto su cumpleaños.

* Ya puedes retirarte Eleonor. –Dijo cortante, no podía creer que todos supieran de esa fecha menos él.

Intrigada, Candy se aproximo rápidamente al tocador, ahí estaba un cofre de madera, al abrirlo vio que una fina tela envolvía lo que pronto descubrió era una hermosa pulsera de esmeraldas.

* Karen realmente te aprecia.

* Tanto como yo a ella.

Terrence siguió saboreando el jugo, pero sin poder alejar de su mente esa estúpida frase "Deseo que tengas muchos obsequios, de aquellos que tanto gustas y que nadie puede comprar"

* Voy a asearme.

* Sí, haré lo mismo.

Al verlo salir de la habitación, no pudo dejar de sonreír, aunque era una sonrisa agridulce pues sabía que todo volvería ser como antes. Momentos más tarde una apenada pelirroja entro a ayudarla en su arreglo, Candy la tranquilizo lo más que pudo y por ello no se percató de lo que le ponía.

* ¿Pero qué atuendo es este?

* Uno que te permitirá montar.

* ¿Montar?

* Vamos, ya te están esperando.

Un espectacular potro de pelaje negro azabache la aguardaba.

* Al parecer mi padre lo envío con Anthony desde España.

* ¡Terry! –Exclamo sorprendida.

* Pero estoy seguro que no podrá ganarle a Teodora.

* ¿Acaso es un desafío?

* Claro... Si es que no tienes miedo a ser humillada.

* La única humillación será la que sufra tu orgullo.

El castaño vio con diversión la petulante naricilla de su esposa.

* El que llegue primero al arroyo gana.

* ¿Y qué es lo que ganaré?

* En caso de que eso pasará, te daré lo que desees pecosa...

* ¿Da su palabra de caballero, mi Lord?

* Tiene mi palabra, mi Lady.

Fue entonces cuando Candy pidió se le quitará la silla de montar y se colocará una igual a la de Terry, estando en ella lo vio de reojo esperando alguna desaprobación pero esta no llego.

* ¿Lista para perder?

* Hoy no será ese día.

Apenas había terminado de decir la frase cuando salió a todo galope, segundos bastaron para la reacción de su oponente.

Era de reconocer que la dama era una excelente amazona y esto le atrajo en sobremanera, debía aceptar que había sido difícil alcanzarla y que ella en ningún momento redujo su trote, incluso los pequeños obstáculos de la naturaleza no parecieron afectarle, realmente conocía su territorio. La carrera término con entrecortadas respiraciones, había sido un empate pero sus tercos temperamentos no lo reconocerían.

* No seas mal perdedor... Te he ganado...

* No es así... Y si así fuera... Has hecho trampa...

* No sé de que hablas...

* Saliste antes...

* Deja de mentir... Y dame mi premio... Ha dado su palabra mi Lord...

Terrence descendió de su yegüa y ayudo en lo propio a la rubia.

* No te daré algo que no te has ganado... Pero...

* Pero ¿qué?

* Es tuya...

* ¿Qué cosa es mía?

No hubo necesidad de decirlo, sus ojos verdes se iluminaron como pocas veces tras ver a qué se refería. La cabaña, aquella que siempre permanecía cerrada, debía confesar que había tratado de abrirla más de una ocasión, ahora era suya.

* Tómalo como tu regalo de cumpleaños, no como premio de victoria.

La rubia no le dio demasiada importancia a sus últimas palabras, el único hecho relevante era que aquella pequeña propiedad le pertenecía. Al abrir la puerta no pudo dejar de sonreír, cada rincón era justo como lo había imaginado, de algún modo se respiraba un ambiente hogareño y tranquilo, mientras su mirada inspeccionaba el lugar, noto que en la mesa había un canasto muy parecido al que Eleonor le preparaba todos los días.

* Muchas gracias.

* Te servirá para cambiarte aquí.

* ¿Cambiarme? ¿Acaso me has...?

* Tranquila, te vi pero no te miré.

* Eres un cínico.

* Vamos pecosa, te he visto más que en paños menores.

Roja hasta la punta de la nariz, decidió no caer en las obvias provocaciones y sin más salieron del lugar.

Era extraño convivir de un modo pacífico como lo hacían en ese momento, Terrence no era particularmente un hombre de conversación por ello agradecía que su esposa le contará ciertas anécdotas, entre ellas descubrió qué celebración había interrumpido la noche anterior, francamente eso lo hizo sentir terrible, pero le agradó saber que Candy era apreciada por aquellas personas, sabía que el cariño que le tenían era sincero y eso era muy difícil de encontrar en esos tiempos.

* Dime Candy, ¿eras así en Escocia?

* Sé exactamente a lo que te refieres. -Comento con un profundo suspiro. -Y la respuesta es no, la tía abuela jamás me lo permitía "No es propio de una dama"

* Es una mujer muy estricta.

* Lo es, pero le agradezco que nos haya recibido después de la muerte de mis padres.

* Me has contado de tu padre pero no de tu madre.

La rubia lo miro extrañada, nunca pensó que se encontrará interesado en saber de su vida pero realmente le agrada ese nuevo interés por su persona. Más confiada en no ser juzgada por su comportamiento, se recostó en el pasto y cerrando los ojos rememoro la imagen de su madre.

Alexander Kirkpatrickver, hija única del respetable señor Kirkpatrickver, había sido criada como un varón pues su padre tras resignarse a no tener un solo hijo vivo, vio la llegada de su pequeña como la oportunidad de pasar todos sus sabios conocimientos. Pese a las protestas de su madre, la joven fue creciendo con esta clase de educación, la señora Kirkpatrickver pensó que su hija jamás cambiaría su comportamiento pero fue a la edad de quince años cuando ella le pidiera ayuda para poder comportarse como una dama. Dos años después, la hermosa pelirroja del condado de York contrajo matrimonio con William Ardley.

* ¿Alexander? Algunas tradiciones son absurdas.

* Lo sé Graham. -Pronunció con burla. –Pero creo que mi madre realmente portaba su nombre con orgullo.

* Debo suponer que fue ella quien te enseñara a cabalgar así.

* Pues supone mal mi Lord... Alguna vez escuche que mi madre sufrió mucho por saber ciertas cosas no propias de una dama, por ende trato de educarme contrariamente a como ella lo fue, siendo mi padre el que me enseñase ciertas peculiaridades, entre ellas el cabalgar de la manera que ha visto.

* Mi madre murió cuando yo tenía cinco. –Declaro nostálgicamente. –Me gustaría recordarla como recuerdas a tus padres.

La tristeza en sus ojos era evidente, Terry jamás había mencionado a la Duquesa y el que ahora lo hiciera significaba mucho para ella. El silencio no fue incómodo mucho menos melancólico, permanecieron así por un momento incalculable, ambos estaban recostados sintiendo la brisa veraniega, escuchando la música de la naturaleza y disfrutando de los rayos del sol que traspasaban los árboles. Terrence fue el primero en levantarse para traer el canasto, la joven no se había equivocado, habían enviado el almuerzo.

La plática no era precisamente transcendente pero era perfecta para la ocasión, extrañamente estaban disfrutando de su mutua compañía y hubiesen pasado más tiempo de esta manera pero las nubes pronosticaban una fuerte tormenta. Volvieron a trote ligero, aún peleando por la carrera de esa mañana.

* Eres un mal perdedor.

* No puedo serlo, ya que no perdí.

* Los hombres detestan perder ante una mujer... Mis primos decían que era simple caballerosidad dejarme ganar...

* ¿Competías con ellos?

* Siempre que me fuese permitido... Archie era el más testarudo, pocas veces me gano.

Fue suficiente el escuchar pronunciar su nombre para provocar su enojo.

* Has mantenido correspondería con él.

* No... –Dijo extrañada ante la afirmación y el giro de la conversación.

* No mientas...

Desconcertada por la repentina actitud, descendió del caballo para provocar el mismo acto. Ahora frente a frente, le retaría tal especulación.

* No miento, si fuese cierto lo que dice no lo ocultaría porque no tendría nada de malo en...

* Tiene todo de malo –Interrumpió colérico. –Eres mi esposa y no es correcto que mantengas comunicación con tu ex prometido.

* ¡Archie sigue siendo mi primo y esposo de Anne! –Espeto.

* ¿Y Anthony?

* ¿Anthony? ¿Qué tiene que ver Anthony en todo esto? ¿A qué viene todo esto? –Pronunció más para sí.

* ¡No finjas inocencia! Las cartas que te enviaron no son simples palabras de fraternidad.

* ¿Cartas? ¿Anthony y Archie me han escrito? -Se preguntó en un susurro para después comprender la obviedad del asunto. -Te has atrevido a leer mis cartas.

* No te hagas la ofendida... El único ofendido aquí soy yo.

* ¡Has invadido mi intimidad! ¿Y te atreves a ofenderte?

* El hecho de que tengamos un acuerdo no quiere decir que tengas la libertad de hacerme parecer un idiota.

* ¡Mi Lord no necesita mi ayuda para ello!

Sin esperar respuesta, se dirigió a toda prisa a la entrada del castillo, estaba tan molesta por lo que el joven había hecho que no se percató de tener visitas hasta que escucho su nombre...

Terry no podía creer el grado de desfachatez de esa mujer, le había dado demasiadas libertades y ya no estaba dispuesto a tolerarlo. Entró inmediatamente para poner fin a dicha situación, al verla ahí parada a media estancia su enojo se desvaneció, estaba pálida y se atrevía a pensar que sumamente asustada.

* Buenas tardes, Lord Grandchester.

* Buenas tardes, señora Elroy...

La tormenta llegó después de un gran relámpago, Candy tomó su mano y pudo sentir que tan fría estaba y cuanto es lo que temblaba.

*Notas de mi...

Años luz que me he tardado en actualizar, quisiera decir que fue xq me atropelló un perro, x exceso de trabajo o algo realmente importante pero no tengo un buen motivo. Espero que este capítulo haya sido de su agrado, creo que fue más largo que los pasados y tal vez hasta tedioso por los detalles, pero el fin justifica sus bostezos :) trate de darles detalles importantes para los siguientes capítulos, suelo enredar un poco la trama con explicaciones anteriores. Específicamente describí más al Terry del que nos enamoramos de niñas, ya que temo que en el siguiente capítulo lleguen a odiarlo, en verdad no deseo que eso pase... Así es, se viene un gran drama.

Agradezco profundamente que lean este fic, es para mí una gran satisfacción que estas voces que rondan mi cabeza tengan un buen propósito, realmente me halaga que les gusté mi historia...

Laura Grandchester: Esperar un comentario es mucho, ahora uno por capítulo... Significó mucho para mí, me motivo y apeno al mismo tiempo x no actualizar.

Bliu Luz: Me resulto muy gratificante el saber que te puedo transmitir los sentimientos que trato de plasmar en los personajes, espero seguir haciéndolo.

Rgrandchester: Odio no poder juntar a estos tórtolos, pero en verdad que la historia aún no me lo permite, al menos no del todo.

Liz Carter: Sinceramente antes me agradaba Anne, lo vuelvo a decir, antes... Ahora siento que jamás fue amiga de la pecas, mucho menos hermana. Acá entre nos, le tengo una venganza reservada pero top secret ok?

Gadamigrandchester: Actualizado por fin, espero aún sigas interesada en la historia y desees aún leerla hasta el final. Mil gracias por las bendiciones, me pone rojita de penita este detalle.

Guest: Antes del fin del mundo... Eh aquí un capítulo! Dime que aún sigues interesada en leer...

Anaalondra28: Ese mocoso engreído está más que ciego por enamorarse de la frente de bocho, pero recuerda el amor es ciego y la coja lo acompaña jajajaja te prometo que caerá rendido a los pies de Candy. Soy 1000% Candy&Terry

Ana: Aunque suene repetitivo me es muy grato saber que está loca mente tiene una historia que les gusta, te agradezco por tomar un poco de tu tiempo para dejar tu comentario pero sobretodo por leer este fic.

: Este fic venía merodeando mi cabeza loca desde hace años, una de las cosas que más me gustaba de Terry es que era de la nobleza inglesa y que mejor época que la Isabelina. Hay como ves tu escritora aquí presente ha leído un poco para hacerla más creíble, espero te agrade esta temática.

Diex: Cuanto deseo que después del siguiente capítulo sigas pensando que es linda mi historia... Estoy nerviosa de como lo pueden tomar.

Bela: En verdad haré lo posible para que no cambies tu opinión y te siga pareciendo un lindo fic.

Daniela? Dany, aún seguirás leyéndome? Ojalá no te haya impacientado mi demora.

Hellen Franco: Dime que es una promesa de seguirme hasta el final? Jajajajaja abuso de tu buena voluntad, yo prometo no defraudarte, no dejar pendiente este fic y darles un hermoso final.

Gene Grandchester: No la abandonaré, pero lamento decirte que creo que aún no llevo ni la mitad. Espero la trama te mantenga interesada hasta el fin...

Anni Andry: Un bueno es excelente pero que me digas que la historia es excelente pfff me siento JK jajajaja bueno no pero si me halagó mucho, gracias.

Rebeca: Aquí esta, tiene algunas explicaciones y más incógnitas pero se irán revelando, lo prometo

Jozz: Tu comentario no vale, inútil jajajaja ntc sobrina, gracias por leer y por estar diciéndome "en vez de estar echadota, escribe" Por andar de chismosa en mi lap has descubierto que es lo que hace la loca de tu tía, lo sé, soy tu woao jajaja

PECAS CULLEN: Mi spa, que te digo? Gracias por hacerme el favor de subir este fic xq soy una mensa en esta página? Pos x si no lo sabías, gracias por hacerme el favor de subir este fic xq soy una mensa en esta página jajajaja Hablando seriamente gracias por el favor, por los comentarios y por todo. Tkh

Espero no haber omitido a alguien que haya dejado comentarios, si es así una disculpa, ya es la edad y la 1:00 am jajajaja

A todos los que leen está loca aventura mil gracias, es muy significativo que lo hagan, porque para mí es un gran placer plasmar una de las mil historias que rondan en mi cabeza, aún más que sea de su agrado.

Moon Pecomosa

PD: Les recomiendo para esta época de meyo mi mini fic Crucifijo Negro, es una colaboración que hice con Pekas Cullen. De esta historia se me ocurrió esta c(=