CAPITULO XII
En definitiva, tenían diferencias, pero en lo esencial eran muy parecidas, desde el momento en que la conoció supo que serían buenas amigas y estaba decidida a fortalecer ese lazo.
Esos pensamientos cruzaban por la mente de la condesa Klarisse mientras espera en la gran sala del Castillo Grandchester.
* ¿Indispuesta? -Pregunto intrigada después de saber que no sería recibida por Candy.
* Así es, mi lady.
* Si enfermo, me gustaría verla.
* Temo que no será posible. Lady Grandchester, ha solicitado que nadie entre a sus aposentos.
* ¿Es decir, que nadie la ha visto hoy?
* No mi lady, la puerta de su habitación se encuentra cerrada.
* ¡Con un demonio, Eleonor! ¿Y simplemente te abstienes a obedecerle? Puede estar enferma.
* O sencillamente desea estar sola.
La insólita respuesta que obtuvo, fue suficiente para que actuara. Se dirigió a paso rápido a la recamara principal del castillo, poco le importo las palabras de la ama de llaves quien trataba de alcanzarla.
* ¿Candy? Soy Karen… -Decía con cautela. - ¿Puedo pasar?
No hubo respuesta, ni un solo sonido atravesó aquella puerta y al momento de querer abrirla noto que no solo tenía el cerrojo, al parecer había sido atrancada. Un mal presentimiento recorrió el cuerpo de la castaña.
* Mi lady… No deseo ser grosera, pero…
* Me importa poco lo que vayas a decir. Llama a Tom, necesitaremos de su fuerza.
* ¿Quiere decir que forzaremos la cerradura?
* No… Tu abrirás la puerta y Tom empujara lo que sea que este obstruyéndola.
* El joven Tom, no se encuentra. -Respondió tajante.
* Marck acaba de llegar… creo que podría ser de ayuda. -Interrumpió para asombro de las damas.
Karen sonrió con complicidad a Dorothy, se notaba que el cariño que le tenía a su señora era mayor que le temor a la represaría que obtendría.
* Llámalo de inmediato.
* Sí, mi lady.
* Ahora Eleonor, te ordeno que abras el cerrojo.
El énfasis en aquella palabra, no fue lo que doblego su autoridad, si no el hecho de que, en aquel momento también tenía un mal presentimiento ante lo que ocurría. De inmediato obedeció, ya los pocos segundos apareció un alarmado Marck, quien de inmediato acumulo toda su fuerza para lograr su cometido. La escena fue desoladora para los presentes…
La habitación era un caos total, pero la cama, la cama era realmente impactante, Candy estaba recostada de medio lado viendo sin ver el magnífico ventanal, con la espalda descubierta totalmente ensangrentada y su enmarañado cabello cubría las zonas que su roto camisón no podía.
Las múltiples advertencias del anciano chofer no le importaron en lo más mínimo, no le sorprendió que aquel elegante portón no tuviera cerrojo y mucho menos un mayordomo. Era de esperarse que la casa estuviese en silencio, a esas horas del día sus habitantes estaban descansando después de una ardua velada. Por intuición y suerte, encontró la puerta que buscaba, al parecer la habitación fungía de alcoba y despacho, entre aquella rareza su vista se topó con un desalineado Terrence durmiendo sobre un sofá.
* ¡Maldito desgraciado! ¿Cómo puedes dormir tan tranquilamente? –Grito arrojándole el camisón y propinándole un certero golpe.
* ¿Karen? ¿Qué haces aquí? –Pregunto al incorporarse y alejarse de su prima.
* Solo vine a decirte que eres un malnacido y que no permitiré que vuelvas a maltratarla… De todos los hombres de la tierra nunca creí que tu… -Sollozo por un momento. –Después de presenciar lo que Edmon me hacía… después de… No puedo creer que seas tan vil.
* Mi lady… Le solicito por favor que se retire. –Pronuncio educadamente Rosse, quien había traído el desayuno.
* No se preocupe señora, lo que he venido a decir lo he dicho. No tengo ningún otro motivo para quedarme en este lugar.
* Espera… sé que lo que hice no estuvo bien… pero me detuve a tiempo. –Confeso apenado.
* ¿Detenerte a tiempo? ¿Ha eso llamas detenerte a tiempo? –Indico con la mirada.
Terry posó su atención en aquella prenda, no se había percatado de ella ni cuando le fue lanzada.
* Esto… pertenece a Candy… Pero ¿Por qué esta en estas condiciones? –Cuestiono alarmado mientras lo tomaba.
* ¡Qué cinismo el tuyo! ¿Cuánto tuviste que beber para olvidar tus actos?
* ¡Basta! No olvido mi falta pero juro que yo no provoque esto. –Sentencio sujetando el camión.
* Al parecer hay dos versiones… Y creo que hasta cierto punto ambas son ciertas. –Interfirió. –Su primo, mi lady, no sería capaz de tal bajeza.
Rose, quien había escuchado y acompañado al joven Grandchester toda la noche, sabía la vergüenza que esté sentía, lo difícil que le fue confesarle con penosos detalles aquel acto tan cobarde.
* Eso señora, es lo que realmente causa tristeza. Puedo jurar que el trato que les da a sus "pupilas" es mucho más amable y cortes del que pueda merecer su propia esposa.
* Candy ha exagerado la situación. –Se bofo cansado por la situación.
* ¿Exagerar? Lo único que mi querida prima ha podido emitir son gritos de dolor… Azotarla de esa manera, en verdad que fue una bajeza.
* ¡¿Azotarla?! ¿De qué demonios hablas? –Le interrogo sujetándola bruscamente por los brazos.
* Deja de actuar Terrence y…
Antes de que pudiera decir una palabra más, el castaño había salido a toda prisa de aquella habitación.
* ¿Quién demonios se cree para dejarme así?
Rose, sonrió ante la última frase de la condesa, quien como esperaba, se retiró sin decir adiós. Le preocupaba lo que estaba pasando pero no podía hacer nada, ni decir nada, pesé a saber que aquel joven rebelde sería incapaz de causarle daño a una mujer y mucho menos a la que amaba.
Tenía unos minutos de haber llegado y supuso que él no tardaría, la abrupta entrada le dio la razón.
* ¿Dónde está?
* ¿Creíste que la dejaría bajo tu techo después de ver lo que le hiciste?
* Karen, estás jugando peligrosamente con mi paciencia.
* ¿Y qué harás? –Le encaro.
Terry no deseaba otro enfrentamiento con su testaruda prima, su prioridad era Candy. Al salir de la casa de Rosse, se encamino a su hogar, poco tardo en darse cuenta que no la encontraría ahí sino en el castillo Klaisse.
No fue necesario buscar en cada alcoba, el ver a Mary Jean y Marck salir de una, le indico que en esta encontraría a su pecosa.
* Ya hice todo lo que debía, le deje indicaciones a Dorothy así que por hoy ya no me necesitan. –Dijo sin algún tono de reproche.
La anciana camino a paso lento seguida de Marck, quien no desaprovecho la oportunidad para lanzarle una mirada de profundo desprecio.
Era un ensordecedor silencio abrumado por un peculiar pero familiar olor, hierbas curativas y alcohol… Se aproximó con cautela a la fina cama, ahí la encontró sumida en un profundo letargo, reposaba bocarriba con la espalda desnuda y su cabellera recogida. Su rostro siempre rosado y lleno de pecas, estaba pálido y sus ojos claramente irritado, el impulso de acariciarlo lo reprimió cuando vio el nacimiento de su boca, hinchada y amoratada al igual que su pómulo.
* ¿Aun te atreves a decir que exageró?
* Te juro que nunca le causaría tal dolor… –Declaró observando las heridas.
Antes de que pudiera replicar tal descaro, fue interrumpida.
* Mi lord no miente. Él no fue. –Confeso entre suaves sollozos.
* Dorothy… ¿Sabes quién lo hizo?
* Sí mi lord.
No era miedo lo que la hacía callar, aunque la mirada de sus señores podía atemorizar al más valiente.
*¡Por Dios, mujer! ¡Habla de una vez!
* ¡Karen! –Recrimino, aunque él también estaba por gritarle a la doncella.
* Lo lamento mi lady, me es difícil romper una promesa.
* Una promesa no debe mantenerse a costa del sufrimiento, así que no lo lamentes y dinos lo que sabes… por favor.
La doncella miro las juguetonas llamas de la chimenea, así, perdiéndose en aquel hipnotizante danzar fue como empezó a relatar lo que meses atrás tuvo que presenciar, curar y callar.
Estaba colérica, todas las mujeres estaban destinadas a ser vendidas y tratadas como un objeto que pierde el valor una vez que lo poseen. Reprimió sus dolorosos recuerdos que aún le quemaban la piel para mirar a su primo, tenía la mirada perdida como si lo que había escuchado no le afectara en lo absoluto, eso pensó hasta que vio su puño derecho sangrar.
* Gracias Dorothy, puedes retirarte.
* Sí, mi lady.
* Obedeció… –Afirmo en cuanto la joven salió. –Ella obedeció, está casada con un "noble" inglés. –Indagaba alrededor del castaño. – ¿Cuál crees que haya sido el nuevo motivo? Me intriga escuchar tu deducción, porque estoy segura de que es la respuesta correcta.
* Ayer mi padre se presentó en la casa Marlow… La tía abuela lo visito antes de partir a España, su único objetivo fue echarle en cara que su hijo no era capaz de ser hombre.
* No la has tocado. –Afirmo con cierto sabor agridulce.
* No… aunque ayer, fui todo menos un caballero.
* Continua. –Solicito sin inmutarle su claro arrepentimiento.
* Después de reclamarme tal hecho… Rompió su palabra.
* ¿Qué palabra?
* Antes de casarme, me dio su palabra que podría seguir viendo a Susana, que si en el plazo de un año mi legítima esposa no procreaba, me permitiría divorciarme y casarme con quien yo deseara.
* ¡Eres un idiota! Y esa mujerzuela tiene gran culpa de lo que ha pasado.
* ¡No permitiré que la juzgues de esa manera! Ella también es una víctima, ha sido exiliada de Inglaterra.
* ¿Te atreves a comparar un estúpido exilio con lo que acabas de ver? ¡Por Dios Terrence! Candy no tenía culpa en todo esto…
* Ella estaba al tanto... Deseaba el término de este matrimonio, tanto como yo. Acordamos en ser solo esposos ante los demás pero en nuestra alcoba… Después del divorcio, pretendía recluirse en un convento. Juramos guardar las apariencias hasta ese momento, pero ayer… Creí que había roto su promesa y confesado todo al duque… Y… me porte como el peor de los canallas… estuve a punto de hacerla pagar por lo que creí una traición.
* Eres un desgraciado. –Declaro sencillamente. –Además pretendías que ella pasara el resto de su vida en la celda de un convento y tú gozaras libremente sin remordimiento de ello.
* Fue ella quien propuso tal cosa. –Dijo ofendido.
* ¿Así que hubieses aceptado de igual manera si propusiese volverse a casar?
* No deseo dar una respuesta que ya no tiene mayor relevancia… Mi padre ha descubierto nuestro trato y ha roto su palabra.
Era cierto, no había más que hacer, y eso generaba una gran incertidumbre. Karen veía el desconcierto y la angustia en el atractivo rostro de su primo, debatiéndose en mil pensamientos.
* Hace mucho tiempo que no visitas el condado Herefordshire.
* Sería buena idea ver la productividad de sidra.
* En tu ausencia, mi querida prima y yo podríamos pasar agradables momentos.
* Así lo creo… –Comento mientras se dirigía a la puerta. –Debo regresar al castillo, dar algunas indicaciones y alistarme para salir a buen tiempo.
* No pierdas tiempo… Espero que tengas buen viaje y una estancia agradable. Te mantendré al tanto de los pormenores del día a día.
* Gracias Karen… –Le dijo mirándola fijamente para después partir.
Casi de inmediato el Castillo Klarisse recibiría una docena de baúles con las pertenencias de Lady Grandchester, quien no saldría de su letargo en el lapso de dos días.
* Dorothy… -Llamó con cautela a la doncella que dormía cerca de ella.
* ¿Mi Lady? ¡Ha despertado! Daré aviso a la condesa.
Candy logro incorporarse, indagó con la mirada el lugar en que se hallaba, evidentemente no estaba en su castillo, cerró los ojos y recordé el posible por qué.
* ¿Cómo te sientes? –Preguntó apenas cruzar la puerta.
* Un poco mareada… pero bien.
* Me alegra.
El silencio resulto incomodo pero el sonido del vacío estomago de la rubio, lo rompió con carcajadas. Pronto ambas mujeres comían en la antesala de la habitación y la plática, las fue llevando al próximo evento del año, el cumpleaños de la reina.
* ¿Es obligatorio asistir? –Comento apenada.
Karen advirtió el preocupado semblante de su prima, había estado hablando sin darse cuenta lo que debía ser para ella el imaginarse en un evento oficial con su esposo.
* Tenía 13 años cuando mi padre me comprometió con Edmon… El conde Kleiss, un anciano vil y ruin, sin descendencia ni mayor riqueza, lo único que ofrecía era lo único que mi padre no podía heredarme, un título. Apenas pasó mi décimo cuarto cumpleaños cuando contraje nupcias con él, no deseo relatar lo que bien puedes imaginar lo que fue mi noche de bodas… Los días y meses subsecuentes me hicieron ver lo miserable que sería mi vida… Quisiera decirte que solo era agresivo en la intimidad pero mentiría. Cada evento, cada visita, cada comida, ameritaban varias copas de vino, mismas que yo servía… llego a decirme que al menos era buena criada, lo cierto es que lo hacía para incitarlo a beber hasta perder el conocimiento, al menos así no me golpearía o si lo hacía no lo haría con tanta fuerza, y con un poco de suerte dormiría antes de penetrarme…
* ¿Tus padres…?
*Mis padres fallecieron de gripe sudorosa cuando tenía un mes de casada… Estaba sola, desprotegida… Mi tío y Terrence vivían en Londres y cada carta que ellos recibían, era minuciosamente leída por Edmon antes de ser enviada. Estaba completamente sola… y cuando no lo estuve fue la peor desgracia.
* ¿Quieres decir…?
* Quede en cinta y eso no cambio en lo absoluto su actitud… fue así como lo perdí… fue entonces cuando volví a creer en Dios, por fin había escuchado mis plegarias y no permitió que otro sufriera lo que yo.
* Karen…
* Soy una horrible persona, lo sé.
* No, no creo que lo seas…
* Por favor no me compadezcas. –Pronunció ásperamente al limpiarse una lágrima. –Después de todo soy viuda...
* Yo tampoco me arrepentiría…
La castaña sintió por un momento su pulso detener, la mirada de Candy era totalmente empática.
* No sé qué me ocurrió aquella noche, porque realmente no me importaba lo que hacía… Pero esa noche, cuando entro a la habitación le reclame un sinfín de cosas, su manera de beber y de compartir la cama con tanta mujerzuela, mis gritos extrañamente no le importaron, tal vez por ello me seguí desahogando… Estaba ya recostado cuando le dije "eres un bastardo que no vale un centavo, tu buena vida es gracias a mí, deberías venerar el suelo que piso" De un momento a otro estaba en el suelo, el golpe en la mejilla me había derribado y él lo aprovecho para patearme como nunca antes…
* ¿Perdiste la conciencia?
* En ningún momento, aunque cuando me penetro me sentí tan muerta que tal vez cuente como inconciencia. –Dijo irónica. –Después de eso cayó en un profundo sueño… ¿Pensé en las consecuencias de mis actos? Sí, lo hice. Y toda expectativa de lo que me esperaba era mejor de lo que en ese momento vivía… Reuní toda la fuerza que mi cuerpo podía poseer en ese momento, me levante, tome su daga… y lo apuñale directamente en el corazón.
* ¿Cómo es que…?
* Terry…
*¿Terry?
* Había decidido pasar una temporada en el Condado, gracias a Dios esa noche caía una fuerte tormenta y su caballo perdió una herradura, no quiso arriesgarse y llego a este Castillo, la ama de llaves le dijo que estábamos indispuestos, probablemente había escuchado la discusión y los golpes pero nunca imagino que… –Decía intranquila. – Cuando entró a la habitación, me encontró acostada frente a la chimenea… tenía tan frío, como nunca lo he sentido… me sostuvo en sus brazos sin decir una sola palabra… Tratarte de relatar lo que paso a continuación me resultaría un poco confuso, porque realmente no lo recuerdo con claridad. Sé que Mary Jean llego en pocos minutos, pero no para atender mis heridas.
* Saturo la herida de tu esposo.
* Sí, cambiaron su ropa y las sabanas, quemando cualquier evidencia. Terry me pidió pasar la noche en aquella habitación y no despertar hasta que la mucama llamara a la puerta. Así fue como lo hice, actuamos magistralmente nadie sospecho nada.
* ¿Tus heridas…?
* Eres igual a él, preocupándose por pequeñeces. –Apunto. – Mary Jean llego al castillo al momento de escuchar la noticia, Terry se disculpó un centenar de veces por no permitírselo antes.
* Él no lo hizo… –Defendió avergonzada. – Terry, no fue quien provoco estas heridas. –Señalo con dolor su espalda.
* Lo sé, Dorothy nos los conto… pero provoco estas. –Declaro tomando su mentón. –Vi los rasguños en tus muslos, y sé que él los hizo y también sé lo que pudo haber hecho… –Decía totalmente apenada. –Discúlpame Candy.
* ¿Disculparte?
* Por no poder hacer más por ti.
* Ya has hecho mucho, Karen… Pero después de todo este caos no es tuyo, sino de Terrence y mío.
La castaña vio el preocupado semblante de su prima.
* No tendrás que preocuparte por ello, no por el momento.
* ¿Qué quieres decir?
* Terry se fue Herefordshire.
* ¡¿No volverá?! –Pregunto alarmada.
* No, al menos por algunos meses, tendrás tiempo para recuperarte. –Contesto desconcertada. –Me alegra, si lo deseas, tenerte como invitada en ese lapso.
* No quisiera ser una carga pero… aceptaré encantada. –Dijo pícaramente.
La tarde pasaría con charlas más amenas, Candy sentía un gran afecto y admiración por la mujer que tenía frente a ella, quien se esmerará por hacerla sentir mejor, pero pesé a sus esfuerzos y a su pronta mejora, habría algo que la afligiría… Una inexplicable añoranza.
Hola:
Disculpas y más disculpas, pero sobre todo mil gracias infinitas por quienes han demostrado su interés por esta historia, es por ustedes con sus comentarios y correos, que no me doy por vencida y sigo este fic.
Espero de todo corazón que no les defraude este capítulo, pero en verdad les prometo actualizar lo antes posible y volver el frío e inhumano ser de Terry a nuestro cálido caballero inglés.
Saludos.
