CAPITULO XVI

El estruendoso sonido de la lluvia era lo único audible, estaban paralizados, expectantes a lo que el otro diría o haría… Y fue ella quien actuó nuevamente, se aproximó con cautela hacía él, le daba la espalda evidentemente para no mirarla, con un suave roce de sus dedos tomó su mano herida. Aquel tacto la estremeció por completo pero no tanto como el beso que prosiguió.

La estrecho aún más en sus brazos cuando sintió que le respondía con el mismo ahínco, maldijo el momento en que sus cuerpos demandaron tregua para poder respirar, solo unos centímetros se separó de su esposa, sonrió al ver su rostro, permanecía con los ojos cerrados, con los labios entreabiertos y rosados, al igual que sus mejillas. La abrazo y depositó un cálido beso en su frente, así permanecieron unos minutos hasta que la sintió temblar por el frío.

* Debes cambiarte, en el armario hay ropa mía y una frazada.

Un poco dispersa por lo recién vivido, obedeció sin decir palabra mientras que Terry encendía la chimenea. La cabaña no era espaciosa pero tenía la suficiente intimidad para que se mudase de ropa, algo nerviosa se aproximó hacia el castaño y le extendió ropa seca. Mientras esperaba su regreso, se sentó en la alfombra frente a la chimenea, estaba tan abstraída por el chispar de las llamas que no sintió su presencia, hasta que vio la copa de vino, nerviosa la aceptó y tomó un sorbo de ella, pronto su cuerpo sintió un grato calor. Por extraño que fuese, está era la primera vez que le incomodaba estar con él en silencio, se habían declarado sus sentimientos, o al menos ella lo había hecho.

* La tormenta no cesará… Tendremos que pasar la noche aquí. –Dijo restándole importancia a la situación.

* Sí… -Respondió sin mucho ánimo, hasta que recordó un buen dato. –Marc y yo tenemos también guardamos cosas aquí.

* Pecosa ebria. –Dijo irónicamente escandalizado.

Después de recibir una despectiva mirada, vio cómo su esposa hurgaba en un cofre de madera y sacaba de este, fruta y una pequeña porción de queso.

* Es un gran banquete.

* Si no quieres, será más para mí. –Comento algo ofendida.

* Eres una pecosa envidiosa… –Recrimino mientras trataba de arrebatarle una manzana.

Una juguetona pelea que termino con ella encima de él…

Terry tuvo la vista perfecta hacía el nacimiento de sus senos, al alzar la vista se encontró con una expectante mirada, no había recriminación es sus ojos pero si una cierta impaciencia. Sonrió ante aquella silenciosa invitación… La atrajo hacía él y la beso, sentía la carnosidad de su labio inferior, le fue inevitable morderlo una y otra vez, invadió su boca con la lengua y le agrado ser correspondido con el mismo ímpetu.

De un momento a otro estaba recostada en la alfombra, recibiendo las caricias de su esposo, aquellos seductores labios se posaban sobre su cuello y a momentos en sus hombros… Sorprendida por el mar de sensaciones, sus nerviosas manos jugueteaban en la larga cabellera castaña, de pronto todo paro. Abrió sus ojos, sin saber en qué momento los cerró, Terry la observaba, parecía estar esperando su desaprobación… pero sería lo único que no le daría.

La deseaba, la deseaba con tanto ahínco como nunca había deseado, pero no apresuraría sus pasos, disfrutaría con ella cada beso, cada caricia y cada sonido.

Su mano capturo uno de sus senos pero pronto fue remplazada por sus labios, el sabor y la textura embriagaron sus sentidos, acariciaba los firmes muslos cuando fue atraído a su intimidad, desbordante de excitación… Abrió paso entre sus pliegues para comenzar un delicado roce, la besó capturando cada exhalación hasta que llegó al último suspiro de placer. Era hermoso mirarla en ese estado de quietud, todavía vibrando por lo recién descubierto, pero no podía esperar más.

La única prenda que llevaba puesta fue retirada, estaba desnuda y un poco avergonzada por la situación, reuniendo agallas abrió los ojos y al hacerlo se encontró con una mirada llena de dulzura y pasión. Acaricio con la mano su mejilla y lo atrajo hacía ella para besarlo, acaricio su varonil espalda y en momento se permitió bajar un poco más. Lo amaba, lo deseaba...

Prolongo sus deseos lo más que sus instintos se lo permitieron, pero al sentir las juguetonas manos de Candy sobre su pantalón, lo retiro. Rio por debajo cuando su esposa se sonrojo al ver su erecta hombría.

* Pecosa fisgona. –Le susurro coquetamente al oído, la sintió paralizar por el comentario pero los mordiscos en su cuello la hicieron retomar la situación.

Invadió su cuerpo, una pequeña punzada de dolor que pronto desapareció para dar paso a miles de sensaciones, abrió una vez más sus ojos para conectarse con los de su esposo, una total plenitud de dos cuerpos en deseo, ansiosos de la entrega…

Era excitante el traspasar aquella barrera y estar dentro de ella, que recorriera con sus manos su espalda, que las posara en sus glúteos para hacerlo más intenso y profundo… Ese encuentro de miradas lo estimulaba a un más, ver el placer en esos ojos, saber que disfrutaba tanto como él, simplemente lo extasiaba al punto de no poder contenerse, estallo en su interior, le robo el último aliento de pureza y se desplomo en su pecho.

Dos cuerpos amantes reposaron aquella noche, deseando que ese momento durara para siempre.

Sus preocupaciones se desvanecieron al verlos llegar, se les veía tan radiantes que por un momento pensó haberse quedado dormida mientras los esperaba en aquella eterna noche.

* Buen día Eleonor. –Le saludo radiante la joven.

* Buen día…

* ¿Puedes prepararnos el desayuno?

* Ya está listo para servirse.

* Gracias… Por favor que el baño esté listo en cuanto terminemos.

Las amables palabras de Terry le dejaban azorada, pero el escucharlo reír y platicar de todo y nada con su esposa, fue lo que la dejo realmente sorprendida.

* ¿Qué ha pasado entre ellos? No me mal interpretes pero… –Comento mientras los veía a lo lejos.

* Lo sé, Beth… Tenía años sin reír de esa manera.

* Desde que era un niño… y ella, se ve diferente.

* Lo sé.

Ambas mujeres se vieron con complicidad para después reírse y alejarse con discreción.

El clima era parecido al del día anterior pero con un ambiente totalmente diferente, la joven pareja decidió quedarse en la biblioteca, Terry revisaba los libros de contabilidad mientras Candy leía una novela, no conversaban o intercambiaban comentarios, simplemente disfrutaban de su mutua compañía. Por algunos momentos, el castaño se levantaba de su asiento para depositar un apasionado beso a su esposa, quien gustosa le correspondía.

Candy creía estar en un hermoso sueño, uno que jamás pensó tener pero como todo sueño este término al momento en que la noche llego. Al terminar la cena había subido del brazo de Terry las escaleras hasta llegar a su dormitorio, una vez que ella entró él se despidió caballerosamente, el acto en si fue desconcertante hasta que recordó la promesa que le hiciera meses atrás, era absurdo después de lo ocurrido y esa idea la mantenía despierta pesé a ser más de media noche.

Inquieta y decidida abrió la puerta, percibió el olor de la vela recién apagada, los problemas de sueño parecían aun hacer mella en su esposo, con cautela se metió bajo sus sabanas y lo abrazo por la espalda.

* ¿Candy, qué haces aquí? –Susurro extrañado.

* No puedo dormir...

* Si lo que deseas dormir, vienes al lugar equivocado.

Candy fue atacada con un sinfín de cosquillas, seguidas de un amoroso abrazo, Terry no era un hombre expresivo, así que sabía el significado de éste y para ella era suficiente. Intercambiaron algunos besos pero el sueño se apodero de ellos antes repetir el acto de amor de la noche anterior.

El tiempo era irónico, cuando más feliz sé es más rápido pasa. El mes de diciembre había llegado, era víspera de Navidad y todo el castillo era un caos total, Candy había decidido hacer una gran cena y cocinarla ella misma, por supuesto tenía el ojo vigilante de Beth y la ayuda de Dorothy, pero se había propuesto acudir a ellas lo menos posible.

Terry reía con el estruendo que salía de la cocina, nunca fue afín a estas celebraciones, cuando era niño su padre acudía a la corte y lo dejaba al cuidado de Eleonor, quien nunca creyó apropiado estar mucho tiempo a su lado, y al tener la edad apropiada para asistir junto al Duque, la paso entre licor y alguna doncella. Pero este año, todo era diferente, Candy estaba a su lado, iluminando con su presencia cada rincón de su hogar y de su vida, para él ella era la Navidad.

Karen tenía una historia muy similar a la de su primo, por ello es que gustosa acepto la invitación de los Grandchester, pese a ser quisquillosa, convivía con agrado con los demás invitados, entre ellos su propia doncella. Nueve campanadas seguidas de un fuerte grito, termino momentáneamente con la conversación que sostenían.

* Mary Jean, espero hayas traído muchas infusiones. –Comentó un preocupado Marck.

Pocas veces el comedor había lucido como ahora lo hacía, los platillos se extendían por todo lo largo y ancho de la mesa.. Uno a uno se fueron sentando, bajo la mirada expectante de su anfitriona.

* Me alegra que todos hayan venido... Espero que les guste todo lo que prepare.

Sin decir más, tomó asiento a la derecha de su esposo, quien se dispuso degustar el lomo de cerdo en salsa de cereza.

* Realmente delicioso.

La sincera declaración la hizo abalanzarse a sus brazos, acto que causó unas cuantas risas, pero estas no le importaron en lo absoluto, para ella era un gran satisfacción que Terry aprobase este platillo, pues sabía que era uno de sus favoritos. Lo cierto es que todos disfrutaron de la cena y brindaron por su esfuerzo. La velada era perfecta, entre juegos y anécdotas, aquel viejo castillo nunca había tenido tanta algarabía y ésta incremento al dar las doce campanadas, la Navidad había llegado.

Terry veía a su afectuosa esposa repartir abrazos y besos, una actitud nada inglesa, sonreía con aquel pensamiento cuando la vio acercarse pícaramente hacía él.

* ¡Feliz Navidad, moco engreído! –Dijo al momento de extenderle una pequeña caja.

El castaño tomó el obsequio y de inmediato lo abrió, sonrío al ver de que se trataba.

* ¡Una armónica! –Expresó al estrecharla en sus brazos.

Karen veía aquella escena con mucha felicidad, nunca creyó verlos tan dichosos y esperaba con todo el corazón que eso no cambiara, a pesar de aquella carta que Candy le ocultaba.

Holaaaa...

Lo se en verdad lo sé, es corto pero espero que les haya gustado, no tengo justificación sino una explicación, inspiración, no es que no tenga bien definida esta historia pero aveces no tengo inspiración para escribir... Una disculpa :(

Quiero aclarar que en el capítulo anterior, Terry no golpeo a Candy, golpeó la puerta, creí haberlo descrito bien hasta que leí algunos comentarios.

Por otro lado sé que muchas me odiaran por que Candy se entregó, pero sentí que era justo que entre ellos existiera por fin esta conexión (espero que la escena les haya agradado) además de que es fundamental para lo que viene... Oh Siii drama.

Nuevamente, agradezco a todas las que han dejado sus comentarios y aún más por su paciencia ante las actualizaciones.

Quien guste, aquí les dejo mi face, en el he subido algunas imágenes del fic, la mayoría del salva pantallas de mi pc del trabajo jajajaja

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