CAPITULO XVIII
Estaba desecha, su alma y corazón estaban rotos, no tenía ni una sola herida pero sentía sangrar todo su interior… Fue la mejor decisión que pudo tomar pero también la más dolorosa.
Ahora estaba camino al convento San Pablo, fue su elección, esa nueva vida que se abría ante sus ojos era aún más incierta que la que un día le deparo la tía abuela. Le consolaba saber que en este lugar se encontraba su tía María y la entrañable señorita Ponny, tal vez con su compañía podría sobrellevar aquel momento tan difícil.
Jamás en sus 18 años, Terrence Graham había sentido aquel dolor tan profundo, se recriminaba el añorarla cuando apenas había pasado un día y una noche, pero para él era una eternidad. Desde el ventanal de la biblioteca la vio partir y desde ese momento no dejo entrar a nadie, su único compañero el alcohol y los dolorosos recuerdos.
Una semana atrás vio a Susana, quien había regresado y pedido su visita, acudió a ella en cuanto recibido la carta, la decisión estaba tomada y no deseaba prolongar más aquella situación. Le alegro su reacción, una muy diferente a la que esperaba, acepto los términos de la separación, después de todo eran bastante generosos, una villa en Alemania y una pensión anual hasta que encontrará marido. Como buena inglesa, le pidió que todo fuera establecido mediante un contrato, a lo cual accedió.
* En verdad lamento no poder cumplir con mi palabra.
* Y yo haber creído en ella. –Fueron sus las últimas palabras, al día siguiente partiría a primera hora.
Esa tarde en la que concluyo su único impedimento para estar en total comunión con su esposa, se reunió con ella, pasaron una tarde entre risas, besos, caricias y entrega. Fue entonces que lo supo, no podría dejarla nunca, ni por nada ni por nadie.
Los días posteriores, los disfruto como recién casado, salía poco antes del mediodía del castillo y volvía antes del ocaso, añoraba como nunca la presencia de su pecosa, quien ansiosa esperaba su llegaba y recibía gustosa todos sus mimos. Su vida era perfecta, no cabía con tanta felicidad.
Ese día regresaba a casa, un poco tarde ya que se había entretenido con el señor Withman, el anciano lo invitó a su casa donde su esposa les preparo una modesta pero suculenta cena, le dio algunos consejos para la nueva temporada, con el único fin de mejorar la cosecha. Terry escucho atento y después de algunas horas, se despido agradecido con ambos.
Como todo inglés, estaba acostumbrado a cabalgar bajo la lluvia e incluso lo disfrutaba. Sus vagos pensamientos de ese momento fueron interrumpidos, reaccionó justo a tiempo, una mujer había aparecido abruptamente en su camino, descendió de Teodora, se aproximó para reclamarle por tal imprudencia pero al ver de quien se trataba y el aspecto que tenía, su actitud molesta cambio a una de sincera preocupación.
* ¿Violeta, que te ha pasado?
La chica se arrojó a sus pies, entre sollozos le explicó que había sido contratada por un forastero, quien le exigió dar un paseo, cuando la lluvia apareció le pidió volver a la Casa de Rose, a lo que él respondió con un golpe tan fuerte que la tumbo al suelo, aprovechando la situación la penetro violentamente, pesé a que le repitió hasta el cansancio que eso no era necesario... Cuando termino, aprovechó su debilidad momentánea para golpearlo con una roca, corrió lo más lejos del lugar sin importarle el destino de aquel hombre.
Terry abrazo a Violeta, quien al sentir aquella sincera muestra de cariño se estremeció y dio rienda a su llanto.
* Todo estará bien, no dejaré que nada malo te pase.
* ¿Lo promete, mi Lord?
* Tienes mi palabra. –Le prometió con un beso en la frente.
Ambos montaron a Teodora, en poco tiempo se encontraban en compañía de Rosse Chavanel, la mujer estaba realmente iracunda, ella misma había sufrido esa clase de desdicha y por ello trataba de protegerlas, evidentemente esta vez fallo.
* Te agradezco que la hayas traído... Y disculpa los inconvenientes.
* Ni si quiera lo menciones, cualquiera hubiera hecho lo mismo.
* Sabes que eso no es cierto, por eso te lo agradezco aún más.
* ¿Estará bien?
* Sí, todas lo estamos después de un tiempo. –Dijo amargamente. –Por cierto, me alegra verte, aunque también me alegró el no hacerlo.
Terry sonrió, sabía a lo que se refería su amiga. Tomó con gusto la copa que le ofrecía, se acomodó en el sillón y comenzó a platicarle lo dichoso que era en ese momento, así la noche transcurrió. Llego al castillo poco antes del amanecer, sin desear despertar a su esposa se dirigió a la biblioteca donde durmió plácidamente en el sillón.
Ni por un momento imagino que su gesto de caballerosidad provocaría un caos a su vida.
En la hora del desayuno, Candy lucia algo molesta, el verla así le provocaba una cierta satisfacción. Si supiera que su corazón tenía grabado su nombre por la eternidad.
* Fue una gran tormenta la de anoche. –Comentó por fin.
* Sí lo fue...
* ¿Te resguardaste en algún lugar?
* El señor y la señora Withman me invitaron a cenar... –Dijo la verdad, o al menos una parte. No había hecho nada malo, pero su esposa como cualquier otra mujer no vería bien que su esposo hubiera pasado la noche en una casa de citas.
No obtuvo respuesta, ni siquiera un gesto... De algún modo creyó que esto era una señal de que el asunto no sería trascendente. Se despidió de ella como todas las mañanas y partió a los viñedos.
Eleonor la reprendería y Dorothy se empeñaría en acompañarla, y realmente deseaba sorprender a Terry y convencerlo para pasar la noche en la cabaña, esos eran sus planes cuando salió a hurtadillas del castillo pero el plan cambio totalmente cuando vio aquella escena, su esposo abrazando a una joven y ayudándola a subir a la yegua, al principio no quiso sacar conclusiones pero al ver a donde se dirigía no pudo más que sospechar lo peor. Así sin ánimos de seguirlos, regreso sobre sus pasos y con el corazón hecho pedazos.
No, se negaba rotundamente a llevar esa vida de casada... Sus lágrimas eran una mezcla de tristeza y rabia, desde el inicio de su matrimonio había sospechado que existía alguien más en su vida y poco le importo en ese momento. Cuán distinto era ahora.
Cegada por la ira de la traición, tomó el primer caballo y se dirigió a aquel lugar que una noche antes no atrevió visitar. Con un poco de cordura llamó a la puerta y le sorprendió ver que quien habría era una jovencita.
* Buen día señora, lo siento pero no puede pasar.
* Yo... –Trato de replicar.
* ¿Quién es Kitty?
Su pregunta fue respondida cuando Candy entro bruscamente.
* ¡Lady Grandchester! Lo lamento pero las damas de su clase tienen prohíbo el paso.
* También debería prohibir la entrada a hombres casados, aunque si fuera así no tendría negocio.
Rosse sonrió de lado ante tal verdad.
* Mi Lady, su reputación peligra a cada minuto que permanece en esta casa.
* Solo quiero preguntarle algo... ¿Terrence estuvo ayer aquí... En la noche?
* Lady Grandchester, si algo he aprendido en este negocio es a no hablar de más. Y si algo he aprendido en la vida, es saber que cuando una mujer hace una pregunta ya tiene la respuesta. No deseo ser descortés, pero le pido de favor se marche y en medida de lo posible no vuelva.
* Le ofrezco una disculpa por la intromisión, y créame no volveré.
Rosse la vio marcharse y no pudo evitar sentir un fuerte escalofrío ante su última frase.
Caminaba de regreso a casa, y sin saber cómo llego al lago permitiéndole al corcel comer algunas de las manzanas caídas mientras ella se sentaba bajo la sombra del árbol. Realmente no sabía qué hacer, de algún modo la situación no era anormal pero por otro no era el tipo de vida que estaba dispuesta a llevar; su lucha interna se interrumpió al ver en la orilla a la jovencita que le abrió la puerta de la casa de Rose, sin dudarlo se próximo sin siquiera inmutarla.
* Es la primera esposa que va a la casa de Rose, y no entiendo por qué.
* Tal vez porque ninguna otra sabe que sus maridos frecuentan ese lugar.
* De hecho, todas lo saben. –Dijo tranquilamente. – Y están agradecidas.
* Lo que dices es inconcebible.
La chica le sonrió y le comento el trato de la casa de Rose, todos los nobles caballeros que acudían a ese lugar lo hacían desde que eran jóvenes y no podían acudir a ninguna otra casa de citas o frecuentar a otras doncellas, esto con el único fin de no contraer sífilis. A cambio, ellos compartían el lecho con amantes fieles, que jamás les darían bastardos y que en medida de lo posible eran cultas.
* Así que si es concebible.
* ¿Y debo de sentirme agradecida?
* Si, ninguna de nosotras atentara contra su bienestar porque estamos agradecidas con la vida que llevamos. Tenemos casa, comida, educación y una promesa de tener un prometedor futuro.
* ¿Tu...? Pero eres tan joven.
* No, aún no. Pero en unos años sí.
* Podrías...
* ¿Una campesina? Sí podría, y casarme con algún buen hombre quien después de un tiempo se aburriría de la monotonía y buscaría las caricias en los brazos de otra mujer, tener que tolerarlo porque no tengo una mejor opción.
* Te entiendo, es solo que me es incomprensible que hayas aceptado esta vida a tan corta edad.
* Lo he sabido desde siempre, mi madre es doncella y yo estoy destinada a serlo.
* Pero dijiste que no tenían bastardos.
* Cuando son hombres se dan en adopción, si son mujeres somos criadas para continuar con el negocio... Por favor no me vea de esa manera, no tolero la lastima.
* No Kitty... No es una mirada de lastima, es una de total comprensión. Porque no hay mucha diferencia entre tu crianza y la mía, porque después de todo hemos sido educadas con el único fin de complacer a los hombres, a no tener mayor relevancia en la vida más que esa, ser sumisas, obedecer y en mi caso, estar agradecida que frecuente a amantes como ustedes.
* En verdad lo lamento.
* Yo también.
Desolada por aquella platica, tomó una firme decisión. No estaba dispuesta a llevar una vida forjada en sumisión y apariencias, y sabía a la perfección como terminar con todo aquello.
Espero pacientemente su regreso e incluso disfruto con él de la comida, fue hasta que estuvieron en su recamara cuando lo pudo enfrentar.
* Mañana cumplimos un año de casados.
* Lo sé –Dijo con una gran sonrisa al recordar lo que tenía preparado para festejar.
* Me iré a la mañana siguiente.
* ¿Qué... A donde, por qué?
* El lugar no es relevante, lo que importa es que nuestro trato llega a su fin y deseo irme de aquí.
Terry no comprendía lo que escuchaba, mucho menos el comportamiento tan errático de Candy, parecía que estar narrando un hecho sin la menor importancia. Nunca hubiera imaginado que pudiese ser tan fría.
* ¿Deseas irte? De acuerdo, eres libre de hacerlo.
* No esperaba menos de ti. –Pronunció con agallas pero con el corazón estrujado.
* Se cumplir mi palabra... Solo dime, ¿por qué ahora después de...?
* Porque no te amo, porque a aunque te aprecio, no te amo, pese a que en algún momento creí que era así, me di cuenta que los sentimientos que sentí por Archie nunca los sentí por ti, porque...
* ¡Suficiente! No portare que me ofendas al compararme con ese imbécil.
* ¿Yo lo ofendo? Mi Lord, los hechos son más ofensivos que cualquier mala palabra.
* ¿De qué hechos hablas? ¡¿Qué demonios es todo esto, Candy?!
* ¡El término de nuestro contrato!
* ¿Es tu última palabra?
* Sí.
* Entonces no esperes más, vete mañana.
Las silenciosas lágrimas corrieron sólo después de escuchar el fuerte portazo, sin tiempo de derrumbarse limpio su rostro y empezó a empacar sus pertenencias más básicas, después de todo al lugar al que iba no ocuparía más que lo necesario.
Una gruesa neblina saludaba esa nueva mañana, en la noche había escrito a su padre ya que el trato con él también llegaba a su fin y antes de embriagarse busco a Tom para darle la carta, ordenando que la enviara después de dejar a Candy en el primer barco a Escocia. Ahora desde la biblioteca la veía subir al carruaje, no volteo al Castillo, parecía ansiosa por marcharse, por dejarlo.
Tom siempre reservado, se despidió afectuosamente de su señora quien le agradeció por su servicio a lo largo de ese año, le pidió con voz entre cortada extender este agradecimiento a todos en el castillo. Le dijo que no había tenido el coraje de hacerlo en persona y que probablemente se reprocharía este hecho por siempre.
* Sea feliz... –Fueron las sinceras palabras pronunció.
Estaba desecha, su alma y corazón estaban rotos, no tenía ni una sola herida pero sentía sangrar todo su interior… Fue la mejor decisión que pudo tomar pero también la más dolorosa.
Hola! Feliz Halloween, Navidad, Año Nuevo 2018, día de reyes, día de la marmota, amistad, pascuas… etc etc
Sé que aún hay fieles lectoras de este fic, es algo que me asombra y que agradezco aún más, por ustedes en verdad les prometo no dejar esta historia sin fin, aunque lamento decirles que está lejos de terminar
Fue un capitulo corto, muy breve pero es el paso a una tragedia para ambos (lo lamento adoro el drama)
Espero que hasta cierto punto entiendan un poco el motivo de Candy, lo cierto es que quise victimizar un poco a Terry y hacer ver a la pecosa un poco inmadura ante algo que pudo hablar, recordemos que tiene 16 años.
Bueno pues espero que les haya gustado, y en verdad mil gracias por todos sus comentarios son los que me hicieron escribir.
Saludos.
