CAPITULO XIX
Hace seis meses que estaba en Londres encargándose de todos los negocios, el Duque había marchado a Escocia a corregir su error y traer de vuelta a su esposa pero no había recibido noticias de él hasta hace unos días, en su carta le decía que no había tenido éxito en su misión y que regresaría a Inglaterra lo antes posible, así que él haría lo propio al regresar al Castillo a ocuparse del viñedo, ciertamente preferiría no hacerlo pues el lugar que una vez fue su refugio de niño y su hogar hasta hace poco, le traía recuerdos que se había propuesto olvidar.
Irónico que aquel lúgubre lugar tuviera esa hermosa vista, estar sentado en la rama de ese árbol, sentir la suave brisa en su rostro y dejar que el tiempo pasara como si no importara nada, en verdad desearía que así fuera pero lo cierto es que al cerrar los ojos la imagen de un rostro pecoso y risueño venia ha atormentarlo, por fortuna su tormento fue interrumpido por las suaves pisadas de una monja quien a poca distancia recogía manzanas del suelo. Descendió ágilmente y se marchó un poco molesto consigo mismo, detestaba extrañarla hasta el punto de verla hasta en la figura de una religiosa.
Era fastidioso el tener que escucharla, pero era su última visita antes de partir tal vez por ello era un poco más tolerante.
* No tengo palabras suficientes para agradecerles a usted y a su padre por todo el apoyo brindado, el convento San Pablo no podría ayudar a los más necesitados sin su gentileza.
* Tendré que creer en su palabra Hermana Grey por que la verdad nunca he visto a ningún necesitado por aquí.
* Lord Terrence, sabe que a muy pocas personas se les permite la entrada a este recinto ya que es un convento. Pero las hermanas y algunas novicias, ayudan en el dispensario y en orfanatos.
* ¿Orfanatos?
* Sí mi Lord, además de aportar un poco de alimento y vestimenta, les enseñamos a leer y escribir.
* ¿Religiosas enseñando? Pobres niños. –Fue su sincero comentario mientras se levantaba de la silla, impidiendo con ello que la Hermana lo refutara. –Expresare a mi padre su profundo agradecimiento, sé que le alegrara saber que tendrá quien rece por su alma.
Terry había dejado atrás a la Hermana Grey, y en unos pocos pasos hubiera dejado atrás aquel lugar pero una inconfundible y picara risa lo hizo volver. En el pozo del atrio se encontraba la gentil Hermana Margaret en compañía de una novicia.
* Lord Grandchester, creí que ya se había marchado. –Declaró al ver al joven.
* ¿Quién es ella? –Exigió saber.
* ¿Ella, mi Lord? Ella es...
* De media vuelta, hermana. –Interrumpió impaciente.
No creyó verla de nuevo, lucía hermosa. Irónicamente el hábito resaltaba sus finos rasgos, su tez blanca y esas peculiares pecas.
* Mi Lord.
Su actitud era la misma, el encontrarla en ese convento no cambiaba nada.
* ¿Ustedes se conocen? –Preguntó intrigada la monja.
* Más de lo cree. –Proclamó cínicamente.
* Hermana Margaret, nos podría dar un momento por favor.
La religiosa asentó con gentileza y se retiró sin decir nada más.
* He sido timado, no más que mi padre, pero lo he sido. Tom aseguro verte zarpar a Escocia y el Duque te ha buscado ahí desde entonces... Qué ironía que estés justamente aquí donde él es el mayor benefactor.
* No hay tal timo, Tom dijo la verdad, partí a Escocia y estuve ahí por unos meses.
* ¿Y cuál ha sido la causa de su regreso?
* Eso mi Lord, no es asunto suyo. Y si me lo permite tengo tareas por cumplir. –Sin inmutarse le dio la espalda para sacar agua del pozo.
El fuerte temperamento de Terry no soporto aquella actitud de Candy, le molestaba el no ver ni un ápice de felicidad por reencontrarse.
* ¡No, no te lo permito! –Era inverosímil lo que decía pero en ese momento no le importaba ser congruente.
* ¡Mi Lord, tengo tareas que realizar!
* ¡Que lo hagan otras!
* ¿Qué desea de mi? –Confrontó, y al no obtener respuesta aprovecho para retirarse.
* ¿Qué me expliques que demonios paso hace seis meses? –La retuvo fuertemente por el brazo.
* Terry, me haces daño.
* ¿Yo te hago daño? No es nada comparado a lo que tu me hiciste. –Declaró sin pudor.
Intranquila y nerviosa por la declaración, cargó el balde de agua y siguió su camino como si nada hubiera ocurrido pero el fuerte agarre en su muñeca fue el inicio de un gran desastre.
* Por favor suélteme.
El forcejeo solo empeoro las cosas, el agua le cayó encima y su abultado vientre oculto entre los hábitos quedo expuesto y Terry pudo palpar lo que era un hecho, estaba embarazada.
* ¿Soltarte? Por supuesto que no… Trae tus cosas, nos vamos.
Las pasivas palabras de Terry le provocaron más miedo que si hubiese gritado a todo pulmón.
* No iré a ningún lado. –Declaró determinantemente.
* Fue una orden, no una pregunta.
* Lord Grandchester, creí que ya se había marchado. –Interfirió sorprendida por la escena que presenciaba.
* No me puedo ir sin mi esposa Hermana Grey, y ella aún no empaca sus pertenencias.
* ¿Su… su esposa?
* No, no soy su esposa.
* Sí lo eres.
* Nos divorciamos…
* ¿Divorcio? Querida, en verdad que tu salud aún es delicada. –Comentó con exagerada preocupación. –Hermana Grey, mi padre y yo le estaremos siempre agradecidos por cuidar de Lady Grandchester.
La religiosa entendió un poco la situación que se suscitaba, misma que debía manejar con extrema discreción, por así convenir a sus propios intereses.
* Todo un privilegio mi Lord.
Pasmada por lo que acaba de escucha y sin poder reaccionar, Candy fue acompañada a su celda para mudarse de ropa y guardar sus pocas prendas. Al ver el crucifijo que le obsequio la señorita Ponny hace unos meses, recobro fuerza para oponerse a lo que sucedía.
* Hermana Margaret, lamento los inconvenientes que le he causado, jamás fue esa mi intención. Les agradezco todo lo que hicieron por mí pero no por ello accederé a irme con Lord Grandchester, regresaré a Escocia o a Irlanda.
* Candice, si hubieses dicho la verdad te hubiera ayudado a ocultarte mejor.
* Hermana, déjeme a solas con mi esposa.
La religiosa salió acongojada por haber sido escuchada y mucho más por la fortuna que le deparaba a Candy.
* La Hermana Grey nos ha prestado un carruaje y a su cochero, yo montare pero iré a su ritmo.
* No volveré a tu lado, nada ha cambiado.
* ¿Nada ha cambiado? El que esperes un hijo mío, lo cambia todo.
* ¡Nunca he dicho que sea hijo suyo, mi Lord!
Terry perdió los estribos y la irá lo cegó inmediatamente, recuerdos de su entrega se mezclaban con tortuosas imágenes donde era de otro. No pudo contenerse.
* ¡No me trates como uno de tus idiotas! Por qué no lo soy… Y si hozas repetirlo, juro que te mato.
Se cubrió con ambas manos la mejilla y vio aterrorizada al hombre que estaba frente a ella, cerró los ojos y limpió las silenciosas lagrimas que habían brotado, con pequeñas inhalaciones y exhalaciones tranquilizó su respiración, al abrir los ojos había recuperado la compostura y salió de la celda sin decir nada más.
Mientras Terry y la Hermana Grey sostenían una conversación, Candy recibía un afectuoso abrazo de la Hermana Margaret.
* Desconozco tus motivos pero intenta ser feliz por ti y por el hijo que esperas.
Con ese consejo se marchó del Convento San Pablo, al subir al carruaje se dio cuenta que todo había sido en vano y así resignada ante el inevitable suceso, se recostó en el amplio asiento y en pocos minutos cayó en un profundo sueño.
Había decidido no parar hasta llegar al Castillo, pero una fuerte tormenta le hizo cambiar de opinión. Le indicó al cochero que pararían en la siguiente posada, al bajar del caballo y abrir el carruaje se llevó una gran sorpresa.
Estaba agotada, no sabía a donde se dirigía ni a quien acudiria pero estaba decidida a no volver con él. Lamentablemente sus planes fueron nuevamente truncados al ser hallada minutos después de haber saltado del carruaje.
* ¿Has perdido el juicio? ¿Cómo te atreviste a saltar?
* ¡No deseo volver a tu lado!
* No te equivoques Candy, esto no lo hago por ti.
La joven comprendió sus palabras y lo que estas implicaban, Terry no había mostrado interés en llevarla consigo hasta que se dio cuenta de su condición. Su único interés era la criatura que llevaba en su vientre, nada más.
Molesto por lo ocurrido, Terry dio la indicación de no parar hasta llegar al destino final y esto ocurrió pasada la medianoche. Como siempre Eleonor estaba atenta a su llegada pero jamás creyó que viniera acompañado y mucho menos por Candy.
* Quiero a primera hora a Mary Jane.
La ama de llaves no tuvo la oportunidad de pronunciar ni una sola palabra, vio perpleja como la pareja se encaminaba a la habitación que alguna vez habían compartido.
Candy temblaba de frío, estaba cansada y sin ánimos de discutir, se dirigió resignada a la cama y por un momento pensó que tendría que dormir con la ropa mojada hasta que el castaño le lanzo uno de sus antiguos camisones, fue entonces cuando notó que nada en esa habitación había cambiado, todo está intacto desde su partida. Con un poco de pudor se despojó de su vestido y se puso el camisón, en pocos minutos cayó en un profundo sueño que solo fue interrumpido al sentir unas cálidas manos en su vientre.
* Pecosa e imprudente.
* ¿Mary Jane, qué haces aquí?
* Podría preguntar lo mismo, pero no soy una entrometida. –Le reprocho antes de retirarse.
Estaba contrariada por los sucesos ocurridos en tan poco tiempo y cuando el cúmulo de las emociones amenazaban con derrumbarla, fue atraída al ventanal donde su mirada se perdió en la majestuosidad del lago.
* Mi Lady, he traído su desayuno.
* ¡Dorothy! –Exclamó emocionada mientras acudía a ella para abrazarla pero reprimió el impulso al ver la actitud de su amiga. –¿Qué ocurre?
* No ocurre nada, mi Lady. –Respondió tajante. –Su baño estará listo en media hora, regresare en ese tiempo para ayudarla.
No pudo evitar llorar por aquel comportamiento, Dorothy había sido una fiel amiga desde el momento en que se conocieron y ella no había correspondido a tan noble amistad. Comió por que debía hacerlo pero no por hambre, no le sorprendió saber que no se le permitía salir del Castillo, fue entonces que lo comprendió, esta vez sería diferente por que esta vez realmente estaba sola.
Holi!
Perdón, sé que es un capitulo muy corto a lo que habitualmente escribo pero creo que fue lo justo (risa malévola)
Espero que aún se encuentren interesadas en esta historia, la cual prometo no dejar sin final. Les pido de favor me digan que les pareció, en lo personal me agrada traer a personajes de la historia original y tratar de que sus reacciones sean lo más parecidas, y también trato que el comportamiento y costumbres estén adecuados al tiempo en que se desarrolla este fic.
Les agradezco enormemente que sigan leyendo, y les agradezco mucho todos sus comentarios (sí, si me motivan)
Kikos (besitos)
