APITULO XX
Dicen que el tiempo lo cura todo pero para ella el tiempo era realmente cruel, los momentos más felices pronto los convertía en lejanos recuerdos y aquellos que sucesos amargos los hacía eternos. Apenas transcurría una semana desde su regreso y bien podría comparto con el lapso de un año, la monotonía estaba sepultándola en vida tanto como la soledad misma, eran evidentes las instrucciones que todos seguían pero para su fortuna una persona nunca las cumplía.
* Ni siquiera sé por qué estoy aquí debería...
La Condesa no termino el reproche cuando ya había sido capturada en un fuerte abrazo.
* Te extrañe tanto.
* No más de lo que yo a ti. –Confesó menos molesta.
* ¿Cómo supiste que estaba aquí?
* Marck me lo dijo... Pero eso no tiene mayor importancia, mejor dime ¿qué hiciste todo este tiempo, donde estuviste?
Resignada y agradecida por poder contar sus penas, Candy se sentó frente al ventanal rememorando con melancolía los últimos meses, Karen escucho asombrada por los sucesos por los que su querida prima había pasado.
* Mis planes se arruinaron cuando Terry me encontró por casualidad.
* Pues me alegro por ello.
* ¡Karen!
* Sabes que siempre te he apoyado, pero has actuado de manera absurda.
* ¿Te parece absurdo no querer compartir al hombre que amas?
* Hace mucho te dije que...
* ¡No! Es más que placer carnal... Terry tiene una amante, una a la que ama. Estoy segura.
Karen no pudo contrariarla, si bien las Marlow habían abandonado Inglaterra, no estaba segura si su primo mantenía aún una relación con Susana.
* El hecho es que has regresado, y me alegro mucho por ello.
Candy recibió gustosa el cariñoso abrazo de Karen quien se quedó todo el día en el castillo contándole los últimos acontecimientos y acariciando su barriga. La joven escuchó con un poco de melancolía ya que le hubiera gustado estar en la Fiesta del Viñedo y festejar su cumpleaños como el año pasado.
Nuevamente sola en su habitación, vio con tristeza como el carruaje de Karen se perdía en la obscuridad. Resignada, retomó su lectura hasta que fue interrumpida.
* ¡Clean! –Tomó en brazos a su pequeño amigo y lo estrecho contra su pecho. –Clean, cuanto te eche de menos. –Decía entre sollozos.
* Aun así lo abandonaste.
Esas sencillas palabras estaban llenas de reproche, pero Candy aparento no escucharlas y se limitó a abrazar a su peludo amigo.
* Estaba recuperándose en casa de Mark.
* ¿Se hirió?
* Se raspo la pata con alguna vara, nada importante.
Esa fue la conversación más larga que tendrían en días.
Karen cumplió su palabra, ella junto a Mary Jean eran las únicas que la visitaban. La anciana le había indicado con su muy peculiar estilo que el bebé venía bien, aunque tal vez pecoso.
Después saborear el último trozo de tarta de manzana, subió a su cuarto para leer un poco antes de dormir. Estaba entretenida con una novela de misterio, cuando escucho aquella voz grave, cerró los ojos esperando estar equivoca pero no fue así. El Duque de Grandchester entró sin recato y le saludo con un frío gesto, que lejos estaban aquellos días cuando la saludaba con gran afecto.
* Mi Lord, me alegra volver a verlo. He terminado la cena pero puedo ordenar que le sirvan y acompañarlo...
* Te lo agradezco Candice, pero solo he venido un momento para hablar contigo.
Resignada, tomó asiento de nuevo en espero de que él hablara. Su atención fue atrapada al instante tras una sorprendente revelación.
* ¿Disculpe?
* No lo sabías.
* Lo desconocía totalmente.
* No me extraña... De hecho son pocas las personas que lo saben.
* ¿Cómo?
El Duque contemplo melancólicamente el chispar de las llamas en la chimenea, aquel intenso color le recordaba uno de los pasajes más hermosos de su vida.
** Flash Back.
El Duque de Grandchester lo había "exiliado" por todo un mes a ese horrible y frío lugar, definitivamente no volvería a golpear a su profesor, aunque este fuese realmente estúpido.
Aburrido en el segundo día de aislamiento, salió del castillo a explorar los alrededores, a los pocos minutos de hacerlo un descuidado jinete lo tumbo, no dudo en gritarle grandes improperios. Sonrío de medio lado cuando vio que aquel individuo regresaba, le daría un escarmiento por su osadía.
* ¡Eres mujer! –Expresó al verla descender del caballo y deslizar el gorro de su capa.
* Sí, y claramente usted no es un caballero.
No podía dejar de admirar tan peculiar belleza, una joven de grandes ojos color verde intenso, una larga y rizada cabellera de rojo vibrante, nariz respingara y un sinfín de pecas.
* Soy un caballero, cuando hay una dama presente.
* ¡Maldito bastardo inglés! ¿Cómo se atreve faltarme al respeto?
La joven estaba por proporcionarle un puñetazo cuando fue detenida por un atractivo irlandés.
* ¡Basta Alex!
* ¿Que me detenga? Pero me ha ofendido.
* Ha dicho la verdad.
Indignada por aquella simple frase, montó nuevamente su caballo, no sin antes mirarlos con un profundo desprecio.
* ¡Vaya temperamento!
* Disculpe a mi hermana, es un poco... Disculpe a mi hermana. –Sonrió apenado. –Me llamo Arthur, Arthur McGregor.
* Richard Grandchester, un placer.
* El placer es todo mío, mi Lord. –Respondió aún más apenado. – Lamento en verdad lo ocurrido, permítame invitarlo a cenar, es lo mínimo que puedo hacer después de lo ocurrido.
* Con mucho gusto aceptare, pero llámame Richard.
Puntualmente llegó a una Hacienda, claramente de una familia acomodada aunque probablemente sin título. La doncella lo había guiado al comedor principal donde la joven llamada Alex se encontraba jugando con un sabueso.
* ¡Alexander White MacGregor! Saca a ese perro de aquí, es la última vez que te lo digo. –Gritaba una mujer desde otra habitación.
* Prefiero su compañía que la de ese... –Murmuró.
* Buenas noches.
* Lo era antes de tu llegada.
* ¡Alexander! –Reprimió. –Disculpe a mi hija, lamento cada día el no haberla educado correctamente.
Richard hizo un caballeroso gesto para restarle importancia a las palabras de la joven, con ello se ganaría el afecto de la señora MacGregor. A los pocos minutos se unieron a ellos los hombres de la familia para degustar la suculenta cena.
La velada fue realmente amena, el patriarca de la familia quien era un hombre robusto y apariencia amenazadora, resultó ser en extremo gentil y bromista. Rasgos que vería muchos años después en su nieta.
* Mañana tendremos un baile, sé que es repentino pero nos alegraría mucho que pudiera asistir.
* ¡Madre! ¿Por qué lo invitas? Obviamente un inglés jamás iría a un vulgar baile irlandés.
* Será un honor asistir. –Respondió, haciendo caso omiso al agravio.
Richard pudo percibir un poco de inquietud en aquellos ojos verdes, una clase de nerviosismo que había visto en algunas de sus conquistas.
Por alguna extraña razón acepto esa invitación y por otra más, se empeñó en su arreglo aunque no lo suficiente para ser el engreído de la fiesta. Pesé a todas sus convicciones, llegó tarde al evento para no ser el centro de las miradas pero esto fue en vano.
* ¡Richard! Me alegra que hayas venido, la verdad es que tenía mis dudas pero aun así aposté a tu favor.
* ¿Qué y con quién apostaste?
* No tiene importancia. –Dijo despreocupadamente. –Mi madre está bailando con el viejo Johns, mi padre ¿mi padre? –Se preguntó para si – Debe estar en alguna apuesta, y Alex esta con los chicos. Disculpa los modales de mi familia pero esta es más una reunión de amigos que un evento de sociedad.
* No tienes por qué disculparte, después de lo que me has dicho me siento halagado por ser uno de sus invitados.
Arthur le sonrió ampliamente y lo llevó con los chicos, algunos lo vieron con recelo y trataron de embriagarlo, se ganó su respeto cuando eso no sucedió. La charla con ellos era bastante entretenida pero su atención estaba en aquella joven pelirroja que reía a carcajadas con su padre y camaradas, y cuando fue por un poco de ponche aprovecho para abordarla.
* Así que no sabes bailar.
* Así que viniste...
* Sí, y me estoy divirtiendo mucho.
* ¿Esperas que te crea? A tus ojos solo somos unos tontos campesinos.
* A mis ojos en este preciso momento, me pareces la mujer más hermosa.
No volvió a cruzar palabra con ella en toda la noche, aun así la velada fue magnifica y termino poco antes de la hora de desayuno. Por insistencia de sus anfitriones se quedó a dormir en su casa, después a comer y por último a cenar, extrañamente en todo ese tiempo no vio ni una sola vez a Alex. Cinco días pasaron para verla de nuevo.
* ¿Aquí es donde has estado ocultándote? –Le sorprendió mientras pescaba en el río.
* ¡Demonios, inglés! Esa era una buena trucha. –Le reprochó acaloradamente. –Y no estoy ocultándome de nadie.
* Eres pésima mintiendo... Has dado mucha importancia a las palabras de un ebrio.
Esperaba la ardiente y feroz respuesta, pero en su lugar solo pudo observar unos ojos que trataban de no derramar ni una sola lágrima.
* Debo irme.
* Alex espera, lo siento. –Le dijo sinceramente mientras sujetaba su brazo.
* Jamás des disculpas después de decir la verdad.
* Sólo lo dije para hacerte enojar... Me fascina discutir contigo.
* A mí también. –Confesó.
Ambos rieron ante tal declaración, aprovecharon el resto de la tarde para pescar la cena y al hacerlo descubrieron que tenían gustos en común.
Richard recordaría ese mes como el más maravilloso de su juventud, donde conoció a personas maravillosas y las amistades más sinceras.
**Fin de Flash back.
* Tío Arthur... Fue él.
* Sí.
* Todo este tiempo ha jugado con mi destino por el recuerdo de un amor otoñal.
* ¿Cómo te atreves a tergiversar...?
* ¿Cómo se atreve usted a manipular mi vida a su antojo? La mujer que me describe no se parece en lo absoluto a mi madre, y aunque así fuese, yo no soy ella y Terry no es usted. No tiene derecho a vivir a través de nosotros.
* ¡No permitiré que hables de esa manera! Mi intención jamás ha sido esa, el único propósito que he tenido todo este tiempo es tener un digno heredero. Conocí a los MacGregor y posteriormente a los Ardley, al verte aquella vez en Escocia me di cuenta que tu servirías para mi objetivo. No te confundas Candice, nunca he dejado que mis sentimientos influyan en mis decisiones.
* Si es verdad lo que dice entonces todo lo que ha hecho ha sido en vano, porque el hijo que llevo en mi vientre mi Lord, no tiene ni una gota de su sangre.
* ¿Qué demonios estás diciendo?
* ¿Mi tío, no se lo dijo? –Preguntó con falsa sorpresa. –No llegue sola a Irlanda, me acompañó Albert y Archie.
* Por tu bien Candy espero que tu insinuación solo sea una provocación. De ser cierto lo que dices te juro que ni por el recuerdo de tu madre tendré compasión de ti y de tu suerte.
Dicho esto salió de la habitación.
* ¿Qué deseas, Eleonor? –Preguntó antes de tomar el último trago de su whisky.
* Saber si vas a quedarte esta noche. –Indago al entrar a la biblioteca.
* ¿Lo preguntas como ama de llaves o como amante?
* No seas imbécil, Richard.
* No me hagas preguntas estúpidas, sabes bien que no me quedaré. Es el cumpleaños de Rosse. –Diciendo esto se levantó para marcharse del castillo.
* Felicita a tía Rosse por mí.
* Siempre lo hago. –Le susurro mientras deposita un beso en el nacimiento de su boca.
Las imágenes, las palabras, los hechos... todo giraba en su cabeza torturándola al hacer conjeturas de su vida y la de su familia; imposible conciliar el sueño con ello y con los estruendosos rayos. Vio en la obscuridad como se deslizaba con suma cautela en la habitación hasta llegar al guardarropa, hubiera podido dejarlo seguir su camino pero estaba alterada, enojada, furiosa. Cuánto se lamentaría de no haber guardado silencio.
* ¡Fuera de mi alcoba!
* Tranquila pecosa, solo vine por mi capa. Está cayendo una tormenta.
* Y aun así, saldrás.
* Conozco perfectamente cuando una mujer desea discutir. –Rebatió. –Busca con quien reñir que yo no deseo hacerlo.
* Irás con ella. –Afirmó.
Candy había ganado, tenía toda su atención.
* Voy al cumpleaños de una amiga. –Declaró cuidadosamente sin dar detalles del tema.
* Que elegante manera de llamar a tu amante.
* No tengo ninguna amante.
* ¡No mientas!
* Esto es absurdo... Debo irme. –Declaró exasperado.
* Mañana me iré a Escocia.
* ¿Aún no te queda claro? No estás aquí por que quiera tenerte a mi lado, ya no me importas en lo absoluto. –Dijo fríamente. –Pero no permitiré que mi hijo crezca lejos de mí.
* A ti es a quien no le ha quedado claro, no es tuyo... Es de Archie. –Confesó sin pudor.
Terry la tomó fuertemente de los brazos, y la acorraló en la pared. Había perdido los estribos.
* Por tu bien espero que mientas. –Amenazó.
* ¿Percibo un poco de dolor en tus palabras? –Preguntó con fingida preocupación. –Qué sabes tú de dolor sino has visto a la persona que amas en los brazos de otra.
* ¡Basta de niñerías! Dime de una vez de qué demonios hablas.
* Hablo de ti viéndote con tu amante a la mitad del bosque para después ir a ese burdel.
* Violeta. –Susurró después de pensar un momento. –Dime que no has hecho estas estupideces por un mal entendido.
* No hay ningún mal entendido, tú tienes a tu amante… Y yo tuve al mío. –Dijo cínicamente mientras acariciaba su vientre.
* Siempre he admirado tu coraje, pero me temo que en esta ocasión es la estupidez la que habla por ti. –Decía tratando de contener la ira. –Si lo que te empeñas a decir es verdad, júralo. Te doy mi palabra que hoy mismo podrás marcharte a donde quieras.
* Lo juro.
* Lárgate... No deseo volverte a ver jamás. –Le espetó mientras la soltaba con desprecio.
Candy sintió un frío descomunal y un doloroso pinchazo en el corazón, había obtenido su libertad pero estaba intranquila... Fue entonces cuando las dudas inundaron su ser y la llevaron a correr tras él.
* ¡Terry! ¡Terry!
Bajaba con sumo cuidado la gran escalera, al no obtener respuesta entró a la cocina para llegar más rápido a los establos. La fuerte lluvia le impedía mirar los obstáculos a su paso, sus pies descalzos habían tropezado más de una ocasión pero fueron lo bastante ágiles para llevarla hasta él.
* He dicho que no deseo volver a verte. –Espetó sin mirarla.
* He mentido... Es tuyo, lo juro es tuyo. –Lloraba al decirlo.
* Ahora soy yo quien no te cree. –Decía sinceramente. –Esa noche simplemente juzgaste bajo escrúpulos y prejuicios, dando por terminada nuestra relación sin darme la oportunidad de explicarte lo que sucedió. No deseo estar a lado de una persona así.
* Terry por favor escúchame, no por mí sino por nuestro hijo. Te lo imploro.
* Ni tú ni tu bastardo me importan, ambos pueden morir hoy mismo y me importaría poco menos que nada.
Candy entendía el gran error que había cometido y sabía que si lo deja ir jamás lo vería de nuevo.
Momentos, justos y precisos momentos. El deslumbrante relámpago, el ensordecedor sonido y la abrupta aparición de su figura, fue la perfecta fusión para una desgarradora escena y un doloroso acontecimiento.
Holi!
Esto parece milagro de Navidad jajajaja Sé que no tengo perdón (lo sé, lo sé) lo que no sé es si no tengo perdón por actualizar dos veces al año o por el drama que les traje en este capítulo… Espero que haya sido de su agrado.
Les agradezco muchísimo que sigan leyendo este fic y que se tomen el tiempo de dejarme en este portal, por correo e inbox sus comentarios. Son una motivación para no dejarlo a la deriva y sin un merecido final. Menciono dos en especial "Si publicaras tu historia, yo compraría el libro" "Han dicho que ya no hay buenas escritoras Terrytanas, pero es porque no te conocen" Penita mil jajajaja Y más penita aquellos de "actualiza" (no tengo perdón).
¡Felices fiestas! Les deseo un próspero y éxito año 2019. Kikos y abraxos.
Spacita, gracias por subir el cap Tk2madrecitas :D
