CAPITULO XXI
Estaba acostumbrada a dormir con los estruendos de las tormentas, pero aquella noche algo le había impedido conciliar el sueño. Cuando su doncella entró a la habitación, ella ya se alistaba para salir del castillo, su presentimiento había sido acertado aunque nunca creyó que fuesen tan malas las noticias. Al escuchar a Marck en el carruaje, su corazón se estrujó como pocas veces y esto empeoró al escuchar a Mary Jean, y si bien su temple se había forjado tras un suceso similar, nunca había estado en la difícil incrucijada en la que Terry se encontraba.
Todos los presentes estaban a la espera de la respuesta, aunque cual fuese esta provocaría una gran herida, una que tal vez nunca sanaría.
* Ella.
* ¡¿Qué demonios estás diciendo?! ¡Podría ser un varón!
* ¡Es mi esposa, es mi hijo y es mi decisión! Tu palabra aquí no tiene relevancia al igual que tu presencia, padre. –Enfrentó. -Salva a Candy, por favor Mary Jean, sálvala.
La anciana dio un leve asentamiento con la cabeza y regresó a la habitación, Karen estuvo tentada a quedarse con ellos pero sabía que era Candy quien necesitaba de su apoyo.
Entró para ver y escuchar el dolor de una mujer al dar a luz encontra de su propia naturaleza, pues cada fibra de tu ser grita que algo no esta bien y por que el peor sonido era ese frío silencio después del último esfuerzo, aquel que confirma lo que de antemano se presentía. La abrazó con todas sus fuerzas y depositó en su frente un fraternal beso, antes de sentirla desfallecer.
* Era un niño.
* ¿Un Grandchester? –Preguntó sin tapujo.
* ¿Cómo está ella? –Interrumpió sin darle importancia a la respuesta pendiente.
* Débil pero bien, es joven. Se repondrá rápidamente.
Terry se retiró después de esas palabras, Karen iría tras él mientras el Duque obtenía su respuesta.
* Sí, era un Grandchester. El lunar esta en su talón, como el tuyo.
La lluvia nublaba su visión pero supo a donde dirigir sus pasos, vio el revólver y fue capaz de detenerlo justo antes de que cobrara una vida inocente.
* ¡Suéltame, Karen!
* ¡Ella no tiene la culpa! -Dijo viendo compasivamente a Teodora. –Ni tu tampoco, fue un accidente.
* Un accidente que le costó la vida a mi hijo… –Se dejó caer, no podía más con la culpa. –Va a odiarme toda la vida.
* El corazón de Candy es incapaz de albergar tal sentimiento. –Decía mientras lo abrazaba cariñosamente, nunca antes lo había visto llorar de esa manera.
Qué dolor, el solo intentar abrir los ojos le provocaba un gran dolor, deseaba poder despertar de la espantosa pesadilla pero las punzadas en su vientre le afirmaban que todo fue cierto. Lloró en silencio antes de pedir un poco de agua, al instante Dorothy atendió su petición, le sonrió a su amiga pues se le veía demacrada y muy preocupada por ella, sin saber por qué, se sintió culpable por provocarle tanta angustia. Sus débiles sentidos pudieron percibir las tristes campanadas que anunciaban la misa.
* Debo ir a despedirlo.
* Candy, no puedes…
* Dorothy, no hagas que me arrastre hasta el cementerio. Sabes que iré, con o sin tu ayuda.
* No hay nadie que nos lleve. –Justificó.
* ¡Yo lo haré!
La pelirroja recriminó con la mirada a Marck, quien entró abruptamente a la habitación después de oír la breve plática entre ambas. Así sin mayor objeción, empezó a asistir a Candy en su arreglo, sujetó con sumo cuidado el corsé para después ponerle el vestido negro, su tez blanca contrastaba excesivamente con el atuendo. Dorothy quedó impactada, quien la viera en ese momento no creería que hace unas horas su vida hubiese estado en peligro, pero mientras trenzaba su larga cabellera pudo observar su mirada vacía sin una pizca de ese encanto que a todos conquistaba.
Marck se notaba orgulloso de si, pues insistió soberviamente hasta que ella accedió a ser cargada en sus brazos hasta el carruaje, donde el cochero de Karen los aguardaba sorprendido por la hazaña del joven, Candice White se sentía profundamente agradecida por tenerlos de aliados.
El cielo estaba completamente despejado como siempre tras una gran tormenta, Candy sonrió melancólicamente ante esta ironía, al desender sintió docenas de miradas puestas en su persona pero ella solo tenía ojos en el ataúd.
* ¿Fue bauti…? –Quiso preguntar discretamente.
* William Graham Grandchester.
Terry hizo un leve movimiento con la cabeza e inmediatamente el feretro fue abierto, Candy retiró su velo y se arrodilló para quedar a la altura del pequeño cuerpo. La escuchó cantarle en susurros una vieja melodía de cuna, y despedirse tiernamente.
* Dulces sueños, angél mío. Espero llegar a ser digna de verte nuevamente.
Después de estas palabras, la vio acariciar su mejilla y darle un beso en la frente, por último le extendió la mano e inmediatamente comprendió lo que le pedía. Cortó de un solo tajo su larga trenza y la colocó dentro del ataúd antes de cerrarlo, se levantó sin pedir de su ayuda y sin más se fue.
Estaba exahusta, deseaba dormir y tal vez no despertar, pero la notaba extraña y eso le preocupaba.
* ¿Ya vas a decírmelo? –Preguntó al ingresar a la cama.
* No… no tengo nada que decir.
* Eres pésima mintiendo.
La noble naturaleza de su amiga, no dejaba de sorprenderla y aunque le apenaba confesarlo, sobretodo bajo aquellas circunstancias, sabía que otra vida dependía de ello. Así que le confesó todo.
* Sé que es mucho pedirte pero…
* No digas más. Ve por él.
Esa mujer era impresionante, sostenía en sus brazos a aquel pequeño como si fuese suyo, le sonreía con tanta ternura mientras lo alimentaba y le cantaba la misma canción que hace unas horas entonara a su difunto hijo. Con suma cautela cerró la puerta de la habitación sin que ninguna de las damas en ella supiera de su presencia, al bajar las escaleras dio órdenes explícitas de no dejar subir a nadie más.
Pocas veces había estado a solas con él, de cierta manera le causaba un poco de temor y aunque sabía que tenía un buen corazón, el que estuviese solo mirándola le causaba mayor angustia sobre su estancia en el castillo. No sabría a donde más ir, aún así no se arrepentía de ayudar a esa mujer y a sus hijos, lo único que lamentaba era meter en problemas a Candy.
* ¿Hace cuanto están en el establo? –Le preguntaba mientras abría la carta que le había confiscado.
* Dos días mi lord, y sé que no es lo apropiado pero...
* Tienes razón, no es lo apropiado. Le ordené a Eleonor que prepare una habitación para ellos.
* Mi Lord… ¿Y la carta?
* ¿Cuál carta? –Cuestionó al dirigirse a la chimenea y quemar el papel que había leído previamente.
* Ninguna, mi lord. –Respondió apenada.
* No me mal entiendas Dorothy, esa carta no habría servido para su propósito. Al ver el sello hubiesen hecho mil preguntas, lo mejor es que se queden aquí.
* Mi lord, no se pueden quedar.
* ¿Por qué?
* Creo que ella misma debería decírselo.
Terry vió entrar aquella mujer, e inmediatamente se reconocieron.
Teresa, la gitana que había conocido hace un año, le contó que se encontraba viajando junto a su carabana cuando todos fueron atacados por un grupo de Lords que los acusaban de robos y asesinatos, ella le juró que esto no era cierto y que solo fue una escusa para urtar sus pocas posesiones y abusar de algunas mujeres. Su marido perdió la vida al intentar protegerla de uno de ellos, fue emancillada pese a su avanzado embarazo y cuando aquel hombre estaba por hacerle lo mismo a María, tomó su espada y cortó su garganta. Huyeron lo más lejos posible pero en una de las posadas escuchó que las buscaban para colgarlas por aquel asesinato, fue entonces que se escondieron en las caballerizas y descubiertas por Dorothy unas horas antes de que diera a luz a su pequeño, mismo al que no era capaz de amamantar y que de no ser por Candy probablemente en ese momento estaría muerto.
* Comprendo su situación pero no puedo permitir que mi esposa se involucre en esto.
* Lo sé, créame nunca fue mi intención que mi Lady escribiera esa carta. No quiero imaginar que hubiese pasado si ella fuese involucrada…
* Ya no pueden quedarse en el establo.
* Nos marcharemos en…
* Pueden ocupar una de las habitaciones.
* ¿Mi lord?
* Es verdad, no puedo permitir que mi esposa pueda ser involucrada con ustedes. Pero nadie se atreverá a cuestionar una carta mía, incluso dudo mucho de que fuese abierta. El propio sello les permitirá ir a donde quieran.
Ambas mujeres agradecieron el noble gesto y se retiraron de la biblioteca, dejándolo a solas con sus propios problemas.
Nadie lo conocía como ella. Podría asegurar que la mayoría de las personas lo consideraban frío, insencible a la pérdida que había sufrido hace pocos días, y que no le importaba la salud de su joven esposa. Qué equivocados estaban.
Ambos se encontraban frente a la chimenea, él sentado en el suelo y ella en el sillón, no había necesidad de entablar una conversación pues en el propio silencio le decía que volvió a trabajar en los viñedos por que no deseaba estar en el castillo, por que aunque moría por verla tenía miedo a ser rechazado, a ver el reproche y odio en aquellos ojos verdes, aquellos sentimientos que sentía por el mismo. Su miedo a la incertidumbre de lo que pasaría en su matrimonio lo calcomía tanto como la culpa, sin dejar de lado el estado de su yegüa, misma que se negaba ver a pesar de estar preñada y a días de parir.
Sabía que un baño caliente le vendría bien, así que previamente había dado órdenes para ello. Lo vió subir con pesar y solo salió de su trance cuando escuchó gritar su nombre.
* ¡Terry, Terry!
Corrió a toda velocidad y abrió abruptamente la puerta… Candy estaba de pie en medio de la alcoba, la luz de luna le permitió ver su camisón manchado y la sangre que escurría por sus piernas, temblaba aterrada.
* Esta bien, tranquila...
Estaba por acercarse a ella cuando Eleonor, Dorothy y Beth, entraron y tomaron el control de la situación como si hubieran esperado que algo así ocurriera. Solo fue un espectador hasta que pidieron su ayuda para meterla a la tina de baño, la cual tenía un color inusual por los diferentes tipos de hierbas. Sin esfuerzo alguno, tomó en brazos a su esposa y la sumergió, por un instante sintió como se aferraba a su cuello, deseaba quedarse a su lado pero fue echado de la habitación.
No pasó mucho tiempo cuando escuchó girar el picaporte.
* ¿Cómo está? –Preguntó inquieto.
* No te angusties, Mary Jean previó que algo así podía pasar. La emorragia cesará en unos minutos.
* Alista el cuarto de a lado.
* Ya lo hice, y mandé a prepararte nuevamente el baño, tomamos el tuyo para Candy.
¿Porqué deseaba tanto estar a su lado? ¿Porqué esa necesidad? No quiso pensar más en ello así que llamó a su puerta… Y ahí estaba él, con el cabello mojado y el dorso desnudo, asombrado y con cierto pánico.
* Estoy bien… –Se adelantó a responder. –¿Puedo pasar?
* Por supuesto. –Respondió mientras la veía dar pequeños pero firmes pasos. –¿Necesitas algo? ¿Quieres que llame a Mary Jean?
* No, no… Es solo que… Me preguntaba si puedo dormir aquí.
* Claro que sí, solo deja terminar de vestirme y sacaré mis cosas para que puedas instalarte. –Comentó mientras se ponía apresuradamente la camisa, le pareció lógico que después de lo sucedido no quisiera dormir en la recámara principal.
* No, lo que quiero decir es ¿si puedo quedarme aquí, contigo?... –Aclaró con evidente pudor. – Perdóname, tienes razón no es apropiado debido a mi condición. –Declaró al darse cuenta de su error.
* La cama es muy pequeña y conociendo tu manera de dormir seguro caerás de ella.
La tonta observación la hizo sonreír, había creído que sería incapaz de hacerlo nuevamente.
* Si no te importa, aceptaré el riesgo.
El ojiazul apartó las cobijas con una exagerada reverencia y a modo de bienvenida, Candy pese a las molestias respondió de igual manera. Se quitó la bata para acomodarse en la cama cuando sus pies fueron elevados, su esposo la tomaba una vez más en brazos y la depositaba suavemente, fue entonces que se aferró a su cuello.
* No me sueltes.
* Nunca más.
Terry se acomodó a su lado sin dejar de abrazarla, haciéndo algunas maniobras para alcanzar su libro y empezar a leer en voz alta.
El tono de voz, su tranquilo respirar y la calidez que emanaba, simplemente la reconfortaba y daba paz. Y con esta sensación invadiendo su ser, las lágrimas reprimidas todo este tiempo brotaron hasta convertirse en un gran llanto, mismo que incrementó al sentir los fuertes brazos de su esposo.
Candy no lo supo en ese momento pero Terry lloró con ella la pérdida de su hijo.
No fue un acto premeditado, simplemente se aislaron de todo y de todos. Un día solo para ellos, como los que habían compartido en la cabaña del lago, comer, leer y dormir. Fue un gran suspiro el término de su letargo, le sorprendió no encontrarlo a su lado pero supuso que habría ido en busca de comida aunque al ver la hora en el reloj esto no pareció lógico.
Siempre inquieta y curiosa, tomó su bata y el candelabro para salir de la habitación, caminó en puntillas sin querer llamar la atención. Lo buscó en sus lugares predilectos pero fue envano, cuando estaba por regresar a la cama un pensamiento cruzó por su cabeza.
Dudó en aproximarse por el suceso tan reciente pero el relinchido de dolor, borró cualquier duda.
* ¡Candy!
* Hola Marck.
* ¿Qué haces aquí?
Iba a refutar aquella pregunta cuando Clean saltó a sus brazos y la llenó de mimos.
* Creemos que nacerá esta noche.
Con un poco de dificultad se sentó a lado de su amigo, mientras observaba como Terry ayudaba a su yegüa. Las horas transcurrieron y el parto estaba llegando a su clímax, la joven temblaba al percibir cualquier movimiento brusco de Teodora, pero al verla sufrir sintió una profunda compasión, así que acarició su cabeza tratando de reconfortarla en ese momento. Un nuevo relinchido fue la alegría de los presentes, el pequeño potrillo daba tumbos en sus primeros pasos para llegar hasta su madre. Era una escena enternecedora.
Bajo protestas, la pecosa accedió a volver al castillo. Tuvo que admitir que se sentía fatigada y que necesitaba de la ayuda de Marck para regresar.
* Me alegra que mi hermano no la haya sacrificado.
* ¿De qué hablas?
* La noche que... ya sabes. Cuando se enteró de... –Le resultó imposible decirlo. – Vi como regresó al establo y... de no ser por Karen.
Un frió inhundó su cuerpo al escucharlo, pues sabía que Terry adoraba a Teodora y le resultaba difícil creer que habría sido capaz de tal acto.
Dormir... cuántas personas podrían decir que dormían placenteramente, que su sueño era tranquilo y confortable, en ese momento ella podría decirlo... y él también. Tal vez no lo admitirían en ese momento pero eso se debía a su mutua compañía. Esa maravillosa sensación, se desvanecería cuando el ojiazul abriera la puerta tras insistentes toquidos, Eleonor se disculpó por la intromisión pero un mozo había traído una carta con la instrucción de ser leída inmediatamente.
* ¿Qué sucede? –Preguntó adormilada.
Maldijo a su familia cuando no recibió ninguna noticia de ellos, maldijo que no supieran valorarla como él no lo hizo. Al no recibir respuesta de su propia carta, pensó que a ninguno le importaba la situación por la que Candy estaba pasando, nunca imaginó que su familia estuviera en la misma situación.
* Irémos, te lo prometo. Pero solo sí, o solo sí, lo tomas con calma.
* ¿Qué? ¿A dónde irémos? –Dijo ya nerviosa.
* Sé que es imposible pedirte que estés tranquila pero debes estarlo, por que te juro que no arriesgaré más tu bienestar aunque me odies más por ello.
* Por favor... dilo.
* Anne murió.
Holis!
De algún modo se que aún hay personas que leen esta historia... Mil gracias en verdad, y aunque sé que digo esto una vez al año, perdón por no actualizar rápido. Confieso que esta historia ya la tengo terminada en mi mente y créanme quiero, deseo, plasmarla y compartirla con ustedes.
Este capítulo en particular lo tenía planeado desde que inicié a escribir el fic, y espero en verdad haber podido transmitirles el dolor de Candy y de Terry, estoy casi segura que muchas dirán que él sigue siendo un patán y maldito pero anhelo mucho que puedan entender que no es una regla que todos suframos de la misma manera, que recuerden que es un hombre inglés y que como tal esta acostumbrado a reprimir todos sus sentimientos, y que pasará mucho tiempo para que pueda confezarlos.
Por otro lado no me gustaría estar plasmando a una mujer sumisa, puesto que estoy encontra de esa ideología (bueno a solo que les guste, ya saben en qué casos jajaja) Creo que en este capítulo demostré un poco del carácter y temple de Candy, pero que después de todo necesita sentirse protegida por el hombre que ama. Por cierto, la escena donde ella grita por Terry, esta inspirada en la escena donde llegá al Hogar de Ponny y al primero que llama es a él.
No sé si es un capítulo largo o corto, pero lo hice con mucho cariño y tratando de cuidar cada palabra.
Muchas gracias por seguir... Le mando kikos.
