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Fecha de edición: 25/09/2019

Gracias especiales a las chicas de Traducciones vergas por la ayuda y el apoyo!


Capítulo 2.

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"Cada gobierno tiene en gran parte la obligación de evitar la guerra, como capitán de un buque ha de evitar un naufragio."

— Guy De Maupassant

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El nuevo intruso la miró fijamente y se sentó frente a ella, sus movimientos eran elegantes y rápidos, el aura de poder que irradiaba llenaba completamente el lugar indicando sin necesidad de decir con palabras, quién estaba a cargo.

—Sasuke...—siseó Deidara con rabia, sin moverse de su lugar. Sus manos tenían los nudillos blancos y la ira se desprendía por cada poro de su pie. Uno de los soldados que lo escoltaba, dio un paso al frente con el ceño fruncido.

—Mayor Uchiha —corrigió con enojo. Sakura lo miró de reojo y pudo observar su tez blanca, su cabello anaranjado y ojos del mismo tono.

—Jūgo—dijo Sasuke de manera cortante, levantando una mano en señal de que no era necesaria la confrontación sin despegar sus ojos de ella. El mencionado se limitó a asentir de forma leve y dio un paso atrás volviendo a la posición inicial. Detrás del Uchiha a una distancia prudencial; pero totalmente alerta a lo que podía suceder.

—No pensé que llegarías tan pronto, solo estaba enseñándole una lección a la zorra.—La señaló con su cabeza, sin despegar los ojos de él.

—Suigetsu, llévatelo.—El otro acompañante de cabellos grises se movió con rapidez hasta llegar a Deidara, este lucho en contra; sin embargo, fue en vano. El tal Suigetsu lo había reducido de una manera rápida y eficaz, sin necesidad de la fuerza bruta.

—¡Suéltame! ¿Qué estás haciendo? ¿Quién te crees que eres, Uchiha? —gritó, mientas seguía luchando para liberarse.

—Conoces las reglas, si violas a alguien, eres sometido a castración artificial.—Dejó sus ojos negros en ella, antes de continuar— Además, nadie toca lo que es mío.

—¡No la toqué!

—¿No? —Ladeo un poco la cabeza para enfrentarlo—, vi algo totalmente diferente.

Concluyó en un tono severo, antes de sacudir la cabeza para que se lo llevaran.

—¡Bastardo!—grito el rubio con rabia, golpeando inesperadamente en el estómago al chico de cabellos blancos que lo había retenido, y otro puño en la cara otorgando tiempo suficiente para sacar su pequeño revólver y apunto.

El Uchiha aún se encontraba de espaldas, sin inmutarse a todo el alboroto que estaba sucediendo tras él. Sus ojos negros seguían fijos en la rebelde que tantos torturaron sin conseguir información alguna. Sakura en cambio, dejó de mirarle al advertir el brillo negro del arma apuntando en su dirección.

—Y por esa razón, sigues en el puesto que estás, Deidara. Piensa dos veces lo que quieres hacer con eso, aquí no hay nadie a quien puedas incriminar—dijo de forma tranquila, sin despegar los ojos de ella.

—Eres un bastardo presuntuoso, al igual que tu hermano. Solo puedes llevar ese uniforme de Mayor y sus insignias por tu apellido. ¿Realmente crees que te tengo miedo? —Se rió, ajustando el agarre en la pistola dispuesto a disparar.

—Deberías—respondió con calma, al tiempo que un disparo hacía eco en toda la habitación.

Sakura tensó sus músculos, sin despegar sus ojos de la escena delante de ella. Todo había pasado demasiado rápido. Sasuke se levantó con agilidad de su asiento y sin necesidad de tomar unos minutos para fijar su objetivo disparó en el mismo momento que quedó frente a frente con Deidara. El grito de dolor por parte del rubio fue el siguiente sonido llenando la habitación, su mano derecha ahora cubierto por un manto de sangre que dejaba un rastro más grande a cada segundo. Vio como caía de rodillas al suelo, sosteniendo la muñeca de su lado lastimado.

—Jūgo, Suigetsu—llamó a sus dos guardaespaldas personales, quienes habían mantenido una distancia prudencial, aunque sus posiciones eran de unos hombres listos para atacar en cualquier momento de ser necesario; no obstante, durante la pequeña confrontación, nunca entraron en movimiento ni siquiera, cuando un arma había estado apuntando sin pena a su Mayor. Al parecer, ambos habían predicho lo que haría su líder y sabían, se resolvería con rapidez y eficacia.

Los dos mencionados lo miraron en silencio, esperando su orden.

—Llevénselo. Cien azotes en lo que tanto presume nuestro compañero—sentenció, guardando su arma.

—Uchiha eres un bastardo—murmuró entre dientes el rubio, aún en el suelo.—Me las pagarás.

—Vamos a ver si primero sobrevives a ésto. No puedo ordenar una ejecución como tal pese a lo que has hecho; pero tienes razón, si lo hago, sé que todos ignorarán a quién están matando. Porque soy un Uchiha.—Movió su cabeza como señal para que lo retirarán.

—Mayor Uchiha—llamó el hombre de cabellos anaranjados, sus ojos fijos en los orbes oscuros de Sasuke, una pregunta silenciosa.

—No es necesario. No lo mates, no queremos problemas.—Jūgo dio un leve asentimiento con su cabeza, antes de tomar al hombre por el brazo derecho, mientras su compañero iba por el otro extremo. Ambos compartieron una pequeña mirada y salieron, mientras los guardias cerraban la puerta.

Ahora estaban completamente solos en esa pequeña habitación, y lo único que se podía oír aparte de los gritos en los campos de entrenamiento, eran los pasos que daba Sasuke en su dirección, no habló hasta quedar detrás de ella.

—Nunca pensé que llegaría el día en que capturarían a la Mayor Sakura Haruno.—Comenzó diciendo Sasuke, mientras caminaba alrededor del lugar.

—No me llames así.—Cortó de manera seca al Uchiha.

—¿Prefieres: rebelde Sakura Haruno, Haruno...o Sakura?—Se burló de ella.

—Haruno está bien, Sakura es solo para mis amantes y amigos cercanos y no somos ninguno de los dos.—Frunció el ceño al ver la burla en sus ojos oscuros.

—Yo guardaría cierta consideración respecto a esa frase.—Dio unos pasos hasta entrar en su espacio personal sin tocarla, se reclinó un poco y la miró a los ojos por unos segundos antes de erguirse—. Ha pasado un mes desde que llegaste a este lugar: oscuro, húmedo y sucio. Debo decir que tu resistencia me sorprende, no creí que después de un mes aún no haya obtenido nada.

Sakura rió abiertamente bajo la atenta mirada de Sasuke que calló al escuchar su risa. Después de unos minutos, él la seguía mirando en silencio antes de hablar nuevamente:

—Lamento la interrupción a tu discurso; pero he estado en lugares y situaciones peores. Creo que es un lugar bastante decente a compración.

—Has cambiado.—Sakura se encogió de hombros. Y contestó.

—Tú no.

—A lo mejor no; sin embargo, es algo que realmente no puedes asegurar.

—¿Qué haces realmente aquí, Sasuke?—preguntó sin rodeos. Él sonrió con burla, antes de hablar.

—He venido a traer tu última oportunidad, Haruno.

—Me rehuso. —Giró su rostro, y dejó sus ojos fijos en aquella ventanilla…el cielo azul, junto al intenso sol de esos momentos. Poder ser libre al igual que los pájaros que danzaban frente a ella cantando emocionados como si estuvieran alistándose para celebrar algo.

—No es una opción.—La tomó de la cara con brusquedad, antes de continuar— Hace seis años huiste de este lugar, destruiste todo el trabajo de tu equipo y traicionaste a tu país—dijo con odio, mientras sacaba una foto de su bolsillo—. Si realmente amas a quién dices era tu mejor amigo, aceptarás.

El silencio tomó toda la habitación, mientras Sakura observaba la foto. Podía distinguir sus cabellos rosas mucho más largos y los ojos verdes iluminados por su sonrisa, al lado derecho estaba un chico rubio de orbes azules igual de sonriente y al izquierdo los mismos iris negros que la miraban ahora.

—¿Qué le has hecho a Naruto?—preguntó con rabia, formando dos puños con sus manos, aunque sus muñecas aún estuvieran amarradas a la silla.

—¿Yo? Nada; pero la justicia se ha encargado de él.

—¿Justicia?—Rió secamente y negó con la cabeza.—¿Qué se supone hizo Naruto para merecer su supuesta justicia?

—Lo mismo que tú, solo que no tuvo la suerte de escapar. Hace dos años, se le encontró pasando información confidencial al enemigo. Vendiendo a su propio país—contestó

—¡Mentira!—Lo miró con sus ojos verdes llenos de rabia.—Tú y yo sabemos que Naruto nunca sería capaz de eso, es tu mejor amigo ¿cómo puedes pensar siquiera que se atrevió a vender al país que tanto ama? ¿Has olvidado todo lo que nos dijo? Sasuke es...

—Basta de charlas y decide rápido Haruno, ¿vas a morir y te llevarás a Naruto contigo antes de que el virus termine de matarlo? o ¿Harás que ambos se salven? Tú decides.

—Vamos a morir de todos modos Sasuke, su gobierno...es inhumano, injusto, pronto habrá una guerra civil. Lo sabes tan bien como yo. Son opresores, una dictadura oscura y corrupta. —Suspiró— están destruyendo vidas, familias ¿Qué sucedió? ¿No derrocaron al expresidente por éso? ¿Qué están haciendo ahora? ¿Dónde están sus fines? los que nos enseñaron, los que me enseñaste ¿Dónde está ese Sasuke? ¿Dónde están esos militares que luchaban por su país? que buscaban la paz, una vida diferente y frenar toda esa historia llena de sangre inocente.

—Al parecer has tomado una decisión, prepárate para ser ejecutada mañana a la hora del amanecer, junto a tu ex compañero.

Caminó hacía la puerta y mientras ésta era abierta por uno de los guardias afuera. Volvió su mirada a ella unos segundos, antes de fruncir el ceño y decir:

—Que tengas una buena noche Haruno, después de todo, será la última. —Antes de salir completamente de aquella pequeña celda. Sakura soltó el aire que había estado conteniendo sin saber.

Ahora nada ni nadie podría salvarlos…había elegido la muerte antes que todo, ¿Era egoísta? ¿Debería sacrificarse por Naruto e ir contra sus principios? Tal vez, en otra vida podrían vivir más tranquilos, sin tantas preocupaciones, lo único certero en esos momentos era que esta época no era la indicada para cumplir sus deseos.

—Mayor Uchiha— llamó Jugo, uno de los guardias personales del mencionado.

—Todo a su tiempo, Jūgo— respondió cortante, saliendo del pabellón donde se encontraban todas las celdas. Escuchando los gritos de batalla de los nuevos cadetes y las armas disparándose en la lejanía—¿Suigetsu ha terminado?

—Sí, hemos transferido a Deidara para que Karin lo trate.

—Bien, encárgate del papeleo y cuando acabes ven a buscarme con Suigetsu y Karin.—Terminó antes de tomar rumbo a su oficina, formando un puño en su mano derecha mientras los recuerdos comenzaban a filtrarse en su cabeza.

«No es momento». Se dijo a si mismo, bloqueando todo.

Sin embargo, con cada segundo que pasa los momentos se vuelven recuerdos, aunque en su mayoría se olvidan con el tiempo; nuestros corazones, tienen un momento menos de vida, los días vienen con los altos y bajos que encontramos en el camino; pero curiosamente los malos instantes son los que más se conservan en nuestra memoria...¿por qué serán?...la verdad es que aprenderemos de ellos y así no cometeremos el mismo error dos veces o a lo mejor recordar que también somos humanos y nuestra existencia tiene dolor y felicidad.


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