Hermione regresó hecha una furia a su habitación. Cruzó la sala común —que ahora se hallaba desierta— y luego subió las escaleras como si alguien la estuviera correteando por detrás. Apenas entró al dormitorio, empujó la puerta sin preocuparse de que sus compañeras se despertaran. Se quitó las zapatillas y las aventó de un solo tiro hasta la puerta y estas cayeron al piso con un ruido sonoro que hizo saltar a Jennifer cuando esta atravesó la puerta.

—¡Ey! —protestó la rubia, mirando con horror cómo una de ellas casi le habría pegado de no ser porque saltó a tiempo—. ¿Qué demonios te pasa como para que quieras usar tus zapatillas de arma, asesina?

La morena se sintió avergonzada pero no lo suficiente para pedir disculpas, o al menos porque seguía demasiado molesta como para pensar con claridad. Se acercó a su cama y luego se dejó caer. Metió sus dedos entre su cuero cabelludo y resopló.

—Él realmente te molesta, ¿no es cierto? —Hermione sintió una mano que se apoyó en su hombro. Dio un brinco ante el tacto, antes de ver que era la rubia, quien se había acercado sin que ella se diera cuenta—. ¿Quieres hablar de ello?

—No —respondió la Gryffindor con rapidez—, tranquila. Estoy bien, gracias. Es solo que... Agh, bueno, sí. Él me molesta muchísimo.

—Tarde o temprano iba a pasar algo como esto—Jennifer se encogió de hombros—. Todos hemos entrado ahí alguna vez. Pero hemos tenido pésimas experiencias así que dejamos de ir.

—¿Solo así? —preguntó Hermione, quien comenzaba a creer toda esta situación bastante extraña.

—Sí —respondió ella con toda naturalidad—. Oye, si ya no quieres volver a ir, está bien. Nadie va a obligarte.

Hermione asintió con la cabeza y le sonrió a Jennifer.

—Vayamos a dormir.

•••

Por la mañana, Hermione se levantó primero que todo Gryffindor y Slytherin y salió corriendo a la biblioteca; no quería encontrarse con Amelia, Pansy, y mucho menos con Malfoy. Ni siquiera tenía ganas de darle explicaciones a Harry y Ron. Por esa razón, pasó las horas antes de clases estudiando lo que no pudo el día anterior, creyendo que así se sentiría mejor consigo misma por haberse dejado influenciar por la engreída de Pansy Parkinson. Hermione había dicho cosas desagradables a Draco Malfoy, pero no se sentía mal por ello. Él la había molestado desde hacía años por su estatus de sangre, ya era hora de que alguien le dijera sus verdades también.

Justo cuando aún quedaba media hora para empezar las clases y Hermione se disponía a tomar sus cosas para irse, una mano se posó en su libro de nuevo, impidiéndole leer. Levantó la vista, con temor a que fuera Amelia (ni siquiera sabía por qué le estaba temiendo), pero no fue ella; sino Ron.

—Sabía que estarías aquí —dijo mientras se sentaba en la silla de enfrente—. Eres bastante predecible.

Hermione no respondió y volvió a posar su mirada al libro, decidida a evadir cualquier conversación que le recordara al día anterior.

—¿Qué haces? —preguntó Ron.

—Leo.

—Eso lo sé —respondió el pelirrojo rodando los ojos—. Me refiero a ayer.

Hermione resistió los enormes impulsos que tenía de suspirar para liberar su propia tensión y levantó la vista hacia su amigo.

—No sé de qué estás hablando —mintió.

—Sí, claro.

Ron ya no volvió a hablar, y la morena aprovechó el momento y comenzó a tomar sus libros apresuradamente. El pelirrojo se adelantó y tomó uno de ellos. Hermione intentó quitárselo pero este se levantó y alzó el libro hasta lo más alto, sabiendo que así ella nunca podría tomarlo.

—No te lo daré hasta que me digas —advirtió on con una ceja divertida y curiosa hacia Hermione.

—Bien —contestó ella, casi sintiendo el dolor del libro por su traición—, puedes quedártelo.

Dicho eso, se dio la vuelta y se dirigió a su primera clase, dejando a un desconcertado Ron parado en la biblioteca.

•••

—¡Psss!

Hermione trataba de ignorar el molesto sonido para poner su mayor atención a la última clase de su día.

—¡Psss! —Esta vez fue un poco más insistente.

Ahora una bola de papel pegó en la nuca de Hermione, haciendo que esta se encogiera de hombros, casi echando humo por las orejas. Harry, quien estaba a su lado izquierdo, dio una rápida mirada 'cautelosa' hacia atrás y luego la posó en la morena.

—Es Amelia Blacke, la nueva Gryffindor —susurró—. Creo que quiere hablar contigo.

—No hablaré con nadie hasta que la clase termine —contestó Hermione con el mismo tono de voz.

—¿Por qué la evitas? —preguntó Ron a su lado derecho—. No la conozco, pero no se ve que sea de las chicas a las cuales sea bueno evitar.

—No la evito —respondió cuestionándoselo también a sí misma—. Es sólo que estamos en clase.

El trío detuvo su plática debido a unas miradas inquisitivas dirigidas por el profesor Flitwick. Al finalizar la clase, Amelia se acercó a Hermione incluso antes de que esta hubiera terminado de guardar sus libros.

—¿Podemos hablar? —preguntó posándose delante de Harry sin importarle la mirada que este le dio.

—Nosotros nos adelantamos —avisó Ron con rapidez, quien parecía tenerle miedo a Amelia.

Hermione asintió con la cabeza, y luego dio indicaciones a Amelia para que caminaran juntas. Ni siquiera sabía por qué le temía a la chica, tal vez sólo el que verla le hacía recordar la noche anterior y eso la ponía nerviosa. Estaba siendo ridícula, ella lo sabía, pero ya había arruinado las cosas lo suficiente como para llegar a ese silencio incómodo y ahora debía poner de su parte para arreglarlo.

—¿Realmente estás molesta por lo de ayer? —preguntó mirándola y frunciendo el ceño cuando ambas salieron a los terrenos del castillo—. Es decir, sé que el drama nunca le hace mal a nadie. Y te lo digo porque yo lo pongo en práctica todos los días, pero... Mierda, me desvié del tema.

—Estoy bien —contestó Hermione ocultando una risa—. Es sólo que... Hmm, no la pasé muy bien anoche.

—Sí, tal vez me siento un poco culpable por eso. Te llevé a un lugar donde no querías ir, sin mencionar las constantes burlas y provocaciones de Pansy, lo cual te llevó a beber alcohol y luego a tener ese impresionante enfrentamiento con Malfoy. Pasaste una mala noche, perdón. No debí sacarte de tu zona de confort si claramente tu expresión gritaba que no querías.

—Todo está bien, Ame. No creo que haya sido exactamente tu culpa. Fui yo quien me dejé influenciar por las burlas de Pansy. Además, no la pasé del todo mal, conocí un poco más a Jennifer, y ese chico Theodore no es tan malo como imaginaba... Sin mencionar que se sintió increíble decirle sus verdades a Malfoy.

Ame resopló con aires de grandeza.

—¡Uhhh! ¡Eso fue increíble! Por su expresión, supe que nadie se había enfrentado de esa manera con Malfoy, por un momento creí que te daría una bofetada por haberle faltado al respeto. Ojalá lo hubieras visto cuando te fuiste, Hermione, estaba que echaba humo por las orejas. Después de eso salió de la habitación y ya no lo volvimos a ver. Pansy obviamente se fue detrás de él.

Amelia rió, y luego Hermione también. Ella sabía que no debía reírse por hacer sentir mal a alguien, pero por favor, ¡era Malfoy! Tenía que admitir que se sentía muy satisfactorio.

—No puedo creer que recuerdes todo —dijo Hermione—. Quiero decir, estabas muy borracha.

Amelia la miró ofendida.

—¡No estaba borracha! —protestó indignada—. Aunque no lo creas, sé manejar muy bien el alcohol y tengo mis moderaciones cuando sé que es suficiente. Ayer fue una ocasión especial. Y yo me fui sólo dos horas después que tú.

—¡Sólo dos horas! —casi gritó Hermione—. ¡Claro, eso no es nada!

La castaña volvió reír ante su terror, y aunque su risa era contagiosa, Hermione hacía lo posible por no reír también y mantener su mirada severa.

—Oh, por favor. Mírame, Hermione —dijo Amelia una vez más calmada—. Salgo a fiestas, tomo alcohol y me divierto, pero aún así tengo excelentes calificaciones y un muy buen nivel académico. No veo qué hay de malo en mí.

Hermione alzó una ceja, de repente recordando un pequeño rumor que había escuchado por ahí.

—¿Esa es la razón por la cual te expulsaron de Beauxbatons? —preguntó.

—¿Qué? Oh, mierda ahora todos lo saben... Hmm, no, no es esa la razón. En Beauxbatons era muy buena estudiante, pero yo provoqué mi propia expulsión, estaba harta de ese colegio y quería molestar a mis padres. Ellos odian Londres así que los hice regresar con la excusa que de necesitaba un nuevo colegio. Pero allá incluso también era un desastre con las fiestas.

—Debe ser divertido —observó la morena.

—¿Ser como yo? —preguntó—. No lo suficiente. Es decir, me divierto, eso está claro. Pero a veces sólo quiero cambiar de rutina..., siempre es lo mismo, ¿entiendes? Pero no hay nada que yo pueda cambiar, en el colegio no hay muchas cosas qué hacer... Y casa no es mi lugar favorito.

—¿Puedo preguntar por qué?

—Papá y mamá pelean todo el tiempo —murmuró Amelia encogiéndose de hombros—. Mis hermanos mayores ya no viven con nosotros, están en otros países; y ellos eran la luz de mis días. Sé que mis padres ya no se aman, ni siquiera sé si alguna vez lo hicieron... Y tampoco soy tonta, sé que ambos tienen amantes pero están juntos para no perjudicar su estado social. Incluso cuando ya está bastante perjudicado... Según descubrí, ellos fueron mortífagos. Por esa razón prefiero estar en el colegio todo el tiempo posible... Obtengo buenas calificaciones para mi propia satisfacción, no para la de mis padres. Un día quiero graduarme y tener suficiente dinero para alejarme de casa e irme a vivir sola, sin que mis padres quieran comprometerme con algún inútil, amenazando con desheredarme. Esta soy yo y no me molesta, sé que hay algunas personas que se asustan al conocerme y por eso me evitan y las pierdo fácilmente, pero ellas nunca me importan. Es decir, si quieren estar conmigo, lo estarán, ¿no? Contigo es diferente, no tengo idea de por qué te pedí perdón, pero me alegra haberlo hecho. ¡Incluso se sintió bien! Un poco de orgullo perdido, claro, ¡pero estuvo bien!

Hermione se rió en voz baja.

—Bueno, ahora tienes una amiga. Pase lo que pase, puedes contar conmigo para todo... Excepto para ir de nuevo a esas fiestas —Amelia rió—. Y oficialmente estás invitada a pasar navidad conmigo.

—¿Me estás invitando? —preguntó la castaña un tanto emocionada y confundida—. ¿No se decepcionarán de mí? Digo, eres una niña pródigo y mírame a simple vista, tal vez pueda darles miedo...

—Tonterías —interrumpió Hermione—. Ellos te van a amar. Si eres mi amiga, eres la de ellos. Mis padres no son prejuiciosos, Ame. Te querrán.

•••

—¡Ronald Weasley! —gritó Hermione un sábado de octubre a su amigo, quien se encontraba sentado en la sala común, hablando delicadamente con Jennifer.

—¿Qué pasa? —preguntó Ron al mirarla, aunque sin prestarle mucha atención.

—¿Dónde dejaste mi libro? —preguntó la morena poniendo ambas manos en su caderas, como una tetera.

—¿Qué libro?

Hermione se desesperó y tomó al pelirrojo de una de sus muñecas e hizo levantarlo.

—¡Ey! —protestó él ante el repentino movimiento.

—¿Dónde está mi libro? —volvió a preguntar.

—¿Qué libro? —repitió Ron.

—Al inicio del curso, estábamos en la biblioteca y me arrebataste un libro, yo te dije que te lo quedaras, pero ahora recuerdo que es uno de los que mi padre me regaló y lo necesito de nuevo.

—¡Oh! —Ron pareció acordarse—. ¿Ese que trata de dos mejores amigos que se enamoran?

Hermione se sonrojó, no le gustaba mucho que le hablaran sobre las cosas románticas que ella veía o leía.

—Sí —contestó por lo bajo, cuidando que nadie la escuchara.

Ron palideció un poco y dio un paso hacia atrás, como si tuviera miedo de que Hermione lo fuera a golpear.

—Está en mi baúl —replicó en voz baja.

—¡¿Qué?! —explotó Hermione, abriendo demasiado los ojos—. ¡¿Por qué?!

Ron era la persona más desorganizada que Hermione conocía, y su baúl era un completo desastre. Llevaba años sin limpiarlo. La castaña no quería imaginar qué tantas cosas podría encontrarse ahí; una rata muerta, muy probable.

—¡Era eso o que se perdiera! —se defendió Ron.

—¡Pues entonces ve por él!

—¡No! —contestó el chico y luego se acercó a Hermione—. Estoy ocupado...

La morena comprendió que se refería a Jennifer, quien se hallaba hasta el otro punto de la sala con la mirada perdida en un libro que tenía en su regazo.

—¡No subiré yo por él! —susurró Hermione.

—¿Por qué? —preguntó del mismo modo—. A estas horas no hay absolutamente nadie en los dormitorios. Además, los Slytherins nunca entran más que para dormir.

Hermione resopló y se dio la vuelta para subir las escaleras, aún molesta consigo misma por haber aceptado ir ella sola en lugar de mandar a Ron.

Cuando llegó a la puerta, la tocó suavemente: nadie abrió. Pegó su oreja a la puerta para ver si podía escuchar a alguien, pero no había sonido alguno. Abrió la puerta con toda casualidad y entró. Ron tenía razón: no había nadie en el dormitorio.

La habitación de los chicos era igual que la de las chicas, solo que más desordenada y sucia. Hermione pensó que Ron había encontrado su hábitat. Aunque incluso, ella debía admitir que el espacio de su amigo era mucho más limpio que el de los demás.

Se dirigió a su baúl y lo abrió. Un horrible olor a comida podrida inundó su nariz. Hermione volvió a cerrarlo de tirón e intentó respirar el poco aire limpio de la habitación. Una vez recuperado, lo volvió a abrir y rebuscó entre todo el desastre.

Llevaba dos minutos de búsqueda cuando la puerta del baño que estaba a su derecha se abrió. Hermione se levantó rápidamente, completamente muerta de vergüenza por que alguno de los compañeros de Ron la hubiera encontrado husmeando en su habitación, hasta que de repente se paralizó.

—¿Granger?

—¿Malfoy? —preguntó Hermione atónita.

El rubio había salido del baño, y detrás de él salía la humedad que había empañado el espejo. Estaba desnudo, a excepción de una toalla que rodeaba sus caderas, dando la impresión de que podía caerse con un simple tirón. Su estómago estaba marcado —algo que definitivamente la hizo querer rodar los ojos— y lucía mejor que cualquier otro que la castaña hubiese visto (tampoco era que hubiera visto a nadie más así). Su cabello estaba descontrolado y desprendía un delicioso olor a frutas que, a comparación de todos los olores de la habitación, era el mejor olor que Hermione había olido hasta el momento. Malfoy la miró con una ceja alzada.

—¿Qué haces aquí? —preguntó.

Hermione se sonrojó al darse cuenta que no había apartado su mirada de él y llevó una mano a sus ojos, impidiéndose a sí misma la vista.

—¡Lo siento mucho! —Se apresuró a decir mientras intentaba cerrar el baúl a ciegas para poder salir del lugar—. Solo venía por un libro que Ron... No debería estar aquí... Tal vez solo deba...

Pero entonces Hermione recordó algo. Inconscientemente, se quitó la mano de sus ojos y volvió a mirarlo. Aunque se sorprendió mucho al darse cuenta que Malfoy se había acercado más. Por instinto, ella dio un paso hacia atrás.

—¿Y tú qué haces aquí? —preguntó frunciendo el ceño.

—¿Yo? —contestó—. En mi habitación no hay agua caliente, así que vengo aquí. Pero aún así... Son las habitaciones de hombres, yo puedo estar aquí. Tú sin embargo...

Malfoy volvió a dar un paso hacia adelante y la miró de nuevo con la ceja alzada. Hermione tragó saliva y volvió a llevarse la mano a los ojos.

—Tienes razón... Sí... Tal vez deba... Mejor me voy...

La morena se dio la vuelta a ciegas e intentó dirigirse a la puerta, aunque antes de llegar a esta, chocó contra ella.

—¡Auch! —se quejó sobándose donde se había golpeado.

Malfoy llegó hasta ella.

—Déjame ayudar —pidió con un tono de voz que ella no alcanzó a identificar.

—¡No! —respondió Hermione, asustada ante su repentina pero escasa amabilidad—. Es decir... ¡Ya me iré!

Luego abrió la puerta nerviosamente y salió de la habitación como un rayo.