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Fecha de edición: 17/10/2019

Gracias especiales a las chicas de Traducciones vergas por la ayuda y el apoyo!


Capítulo 3.

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"No es valiente aquel que no tiene miedo sino el que sabe conquistarlo"

—. Nelson Mandela

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Había percibido el olor de la lluvia mucho antes de que las primeras gotas, comenzaran a caer, bastante curioso a decir verdad. Después de seis años, un mes encerrada y treinta minutos de reencuentro con su pasado, todo se reducía a ese momento. Atrapada entre cuatro paredes, escuchando el cielo llorar las lágrimas que ella ya no podía derramar, los relámpagos iluminaban su celda desde hace una hora, ya que quedó en medio de la penumbra, cuando un trueno se dejó llevar y gritó como le fue prohibido.

Su corazón había temblado junto a la tierra; pero no fue por miedo, no. Ella no le tenía miedo a la muerte: eran compañeras de batalla, a veces en el mismo bando y otras como enemigas; las cicatrices en su piel eran prueba de ello.

Ahora se enfrentaban cara a cara y sabía que ella tenía ventaja, mientras las horas pasaban su tiempo de vida se reducía.

Cerró los ojos recordando el inicio de lo que la llevó hasta ahí. Aún estaba tan claro como aquella noche en que la capturaron: la adrenalina corriendo libre por su cuerpo; sus manos firmes quemando todo lo que pudo y sus pasos, fuertes mientras escapaba de lo que fue su hogar durante años.

Fue una fuga limpia y sin errores, la planeación le tomó meses. Estudió cada salida, cronometró el tiempo exacto que tenía entre patrulla y patrulla para escabullirse sin ser detectada, examinó los caminos que había pisado encubierta desde joven, rompiendo las reglas de no salir del batallón. La verdad es que sus padres la descubrieron y fue castigada durante un mes: la limpieza de los baños y las duchas de toda la base donde se encontraban fueron su tarea diaria en solitario; pero no le importó en ese momento y no lo hacía ahora, fue una de las mejores decisiones que pudo tomar.

Aún recordaba el latido de su corazón en sus oídos, fue el único sonido que escuchó durante unos largos quince minutos antes de llegar al destino seguro, acordado con uno de los líderes de la resistencia: Kakashi Hatake.

Fue una situación rara e inimaginable, uno de los líderes de la emergente resistencia, se había acercado a ella hacia más de seis años, cuando apenas tenía veinticuatro años; pero una carrera estable en la milicia. Una de las mejores de su promoción en la escuela militar y la mejor de su curso en la carrera de medicina dentro de la base, tenían la mejor tecnología y los avances más nuevos; sin embargo, vivían encerrados en ese lugar desde su nacimiento. Seguridad, decían.

Recordaba con nostalgia como a pesar de ir incontables veces a la ciudad, aún se sorprendía con cada cosa que veía. La sensación de soledad y tristeza que desprendía cada esquina perduró a través de los años y se incrementó más después de que su pelotón y ella tuvieran éxito en su primera misión, con apenas diecisiete años cumplidos, peleo por la libertad y la justicia que les habían quitado, una batalla larga y difícil, su primer encuentro de frente con la muerte que abrazó a muchos sin pena.

La verdad es que no creyó en ningún momento que podría ser reconocida, ya que siempre cambiaba sus ropas antes de salir; no obstante su estado de alerta no desaparecía. Atacó a Kakashi en su primer encuentro, sabía que alguien la venía siguiendo en las últimas ocasiones que salía de la base; sin embargo, nunca imaginó que alguno de los rebeldes sería tan capaz de abordarla. Su pequeño altercado había llamado la atención más de lo que gustaba y acordaron en ir a un lugar menos concurrido y lejos de los ojos ajenos, después de que él demostrara que no quería nada más que hablar.

Caminó con él a una distancia prudencial estudiándolo, sus cabellos eran de un color gris y tenía la mitad de su rostro cubierto por una máscara al igual que su ojo izquierdo. Era un hombre ágil y hábil, sus pasos eran rápidos y seguros, mezclándose entre la multitud que iba y venía en su día a día. Terminaron en un café que nunca había visto y al entrar, pudo sentir los ojos de todos los comensales sobre ella, el lugar de descanso de los rebeldes, tomaron asiento en una de las mesas más alejadas, lo miró unos largos segundos antes de que Kakashi le sonriera.

—No tienes que estar tan a la defensiva, Teniente Haruno.—Le había dicho empujando una taza de café delante de ella.

—¿Cómo sabe quién soy? —preguntó sin rodeos, ignorando el café humeante. Kakashi tomó un sorbo de su propia taza antes de responder:

—Se debe conocer al enemigo, ¿no? —Sakura frunció el ceño.

El sonido de la alarma la sacaron de sus cavilaciones y abrió los ojos, todo seguía oscuro. Los disparos continuos resonaban en la lejanía al igual que los gritos de batalla sobre la lluvia, una explosión demasiado cercana para su gusto, hizo eco en toda la habitación, mientras la tierra temblaba. El grito de los guardias le advirtieron que estaban tratando de entrar en ese apartado de la base, oyó las pisadas apresuradas alejándose en dirección al lugar de la explosión y segundos después otros pasos más ligeros se acercaban con prisa hasta su celda.

—Faltaba poco para el gran plan; pero hace unos días hemos sido emboscados y hemos cambiado todo— susurraron rápidamente.

—¡¿Quién es?! ¡Está prohibido hablar con la prisionera!— gritó uno de los guardias restantes en el pabellón.

—Hasta que la muerte nos reclame— murmuró antes de correr en dirección contraria a la advertencia del guardia.

—Hasta que la muerte nos reclame— susurró Sakura por lo bajo, escuchando un disparo que hizo eco en sus oídos y el sonido de un cuerpo muerto cayendo en el suelo. Cerró los ojos, tratando de descansar pese a los gritos que oía fuera de su celda.

Sakura abrió los ojos al escuchar los pasos que venían a través del pasillo. Sus orbes se quedaron fijos en la puerta delante de ella, la habitación aún se encontraba oscura y el agua que se filtraba por la pequeña ventanilla no había parado de caer en toda la noche. Después del pequeño incidente, se cambió de lugar esperando la llegada del amanecer.

Hoy moriría.

Al igual que sus compañeros caídos en combate la noche anterior, sabía que habían ido por ella; pero era imposible, no había existido el primer hombre o mujer prisionero capaz de huir de esas instalaciones, y ella no sería la excepción.

—¡Vamos zorra, hoy es el día! —gritó uno de los guardias que venía por ella. Uno que nunca había visto antes, la levantaron con brusquedad del suelo antes de poner unas cadenas en sus pies y manos.

Caminaron por el largo pasillo hasta un pequeño campo lleno de soldados posicionados en una fila, listos para la ejecución, observó el otro extremo: barras de metal gruesas incrustadas en el suelo con lugares para asegurar las cadenas de manos y pies, fue empujada sin discreción para que siguiera su camino. La lluvia mojaba sus ropas sucias y sangrientas, su cabello se pegaba contra sus mejillas, y lo que debería ser un dolor punzante entre el frío y el agua, era nada a comparación de lo que sentía en ese momento mirando a Sasuke debajo de la lluvia. Estaba parado delante del estrado reservado para los altos rangos en ejecuciones, protegido por un techo de madera; pero lo suficientemente lejos para que no salpicara su uniforme, escoltado por sus dos guardias personales sus ojos negros nunca se despegaron de ella.

Sakura apartó los ojos y siguió caminando con la cabeza en alto hasta el lugar que había sido reservado para ella. Peleó cuando comenzaron a sujetarla; pero fue en vano.

¿A cuántas ejecuciones había asistido Sasuke? Se preguntó, mientras sus extremidades eran aseguradas. Su expresión era demasiado calmada, parecería que el poder sobre la vida de alguien ya le era algo indiferente. En seis años «¿Qué otras cosas han cambiado?» Pensó, disfrutando de la lluvia que caía sin parar, los soldados encargados de la ejecución estaban igual que ella, mojados hasta los huesos; pero en sus rostros el cansancio era evidente.

Definitivamente los rebeldes les habían dado pelea.

—Sakura Haruno.— Resonó una voz por todo el lugar. Ella miró al orador, su sentencia estaba comenzando a ser dictada, mientras la lluvia caía con más fuerza. No tenía miedo «Hasta que la muerte nos reclame» pensó, cerrando los ojos mientras las palabras le llegaban poco a poco— Se le condena por traición a la patria, incursionar en grupos al margen de la ley, asesinato y prostitución. Su castigo será ejecutado de manera inmediata por el pelotón de fusilamiento, después de terminar con la sentencia de Naruto Uzumaki.

Sakura abrió los orbes a la mención de nombre después de terminar sus sentencia. Miró a Sasuke nuevamente en el estrado, sus ojos fríos ya no estaban en ella, siguiendo su mirada lo vio por primera vez, después de seis años. El chico alegre y vivaz quién fue su mejor amigo, ahora era solo un recuerdo lejano. Su ropa estaba totalmente sucia; su piel blanca, llena de sarpullido; el cabello rubio brillante, se había vuelto opaco y sin vida y los ojos azules como el cielo, ahora cerrados...un muerto en vida.

Su cuerpo fue arrastrado por todo el lugar sin pena, sujetaron sus cadenas al poste a pesar de que su dueño estaba inconsciente. Volvió su mirada a Sasuke, quien daba un leve asentimiento al encargado del pelotón de fusilamiento para que comenzara con la ejecución y este se volvió al grupo.

El mundo se detuvo en ese momento, solo podía escuchar el latido errático de su corazón en sus oídos y como su cuerpo se volvía pesado.

—Alisten la carga, preparen sus fusiles. ¡Apunten y...!

— ¡Sasuke!—gritó como pudo, superando el sonido de la lluvia, el cual parecía mudo en aquellos momentos. Su garganta estaba cerrada, todo su cuerpo temblaba; pero no dejó de mirarlo.—¡Sasuke...acepto...acepto el trato!

Sus ojos ardían mientras pronunciaba las palabras, «Hasta que la muerte nos reclame» era su lema; pero no podía hacerle eso a Naruto. No merecía morir ahí como un cobarde, porque ella no era capaz de doblar su orgullo y hacer lo que él haría aunque fuera en contra de lo que creía. Él no dudaría ni un segundo. ¿Cómo podría llamarlo su mejor amigo y dejarlo morir? No lo merecía.

Tantos recuerdos, tantos momentos felices y únicos...¿Cómo podía dejar que todo terminara así?

— ¡Descansen soldados! Y vayan a desatarlos.— Escuchó la orden, no había duda en su voz. No había nada.

— ¡Pero mayor Uchiha, son unos traidores ¿cómo...?!—Era la misma voz del soldado que había leído la condena.

—¿No fui claro?—dijo de manera cortante, salió del estrado y bajó las escaleras en dirección a ella. Sus guardias personales le seguían de cerca, protegiéndolo de la lluvia con un enorme paraguas. Observó como sus botas se mojaban mientras acortaba la distancia—. Así que aceptas—.La miró con aquellos penetrantes ojos negros y su uniforme impecable, Sakura no respondió y dejó sus ojos sobre un Naruto moribundo.

—Bien iré a informar al general Haruno, que la rebelde Sakura Haruno ha retomado su puesto como: Mayor Sakura Haruno, líder de la sección de investigación y creación de armas biológicas. Subdivisión de Tokio, además de la liberación del Mayor Naruto Uzumaki.

Terminó girando sobre sí, dejando consternados a todos los presentes. Sus ojos observaron como la silueta de Sasuke se volvía borrosa con la distancia y volvieron al guardia personal del Uchiha que se había quedado atrás, parado delante de ella, Jūgo, era su nombre. Con un leve movimiento de cabeza la desataron al igual que Naruto.

Mantuvo su cabeza en alto pese a que su oscuro secreto al fin saliera a la luz, su cruel pasado…una agente del gobierno, una asesina, que trabajaba desarrollando patógenos y en lugar de buscar curas y prevenciones contra ellos, destruía vidas, usando personas para registrar el proceso paso a paso hasta que la enfermedad los matará. Podía ver como convulsionaban, como pedían ayuda hasta su último aliento; pero todo era en vano, nadie los iba a ayudar, porque no había curas desarrolladas.

—Mierda—murmuró antes de desmayarse.

— ¿Qué le sucedió?—preguntó uno de los hombres, al ver que se desplomaba frente a ellos.

—Se ha desmayado idiota ¿qué no ves?

—Sí, pero ¿qué hacemos?—susurró consternado, al parecer aún las palabras de su Mayor se repetían en su mente.

—Llévenla al área de salud al igual que Uzumaki—ordenó Jūgo fríamente, mirando ambos cuerpos inconscientes, azotados por la lluvia.

Los reclutas obedecieron de forma inmediata, mientras unos buscaban dos camillas en las que transportarlos, otros se ocuparon de girar los cuerpos y prepararlos para el desplazamiento. Pese a la confusión que la situación provocaba, ninguno cuestionó nada, llevaron de forma diligente a la pareja hasta el área ordenada.

El hombre de confianza de Uchiha los siguió de cerca, despidiendo a los soldados a penas llegaron a su destino. Acomodando a ambos en áreas diferentes como se le había instruido de forma previa, se marchó dando una última mirada a su compañera quién ahora trataba a una inconsciente Mayor Sakura Haruno.

Los días pasaron sin muchos inconvenientes, lo único fuera de lo común eran los guardias que custodiaban dos habitaciones diferentes en el área de salud, los rumores habían volado de una forma impresionante; sin embargo, pocas personas estaban autorizada en entrar en el cuarto de la Mayor Sakura Haruno y el Mayor Naruto Uzumaki.

Y así, una semana después de lo ocurrido, fue como los murmullos comenzaron horas de la tarde, mientras el sol brillaba en lo alto, una enfermera avanzaba rápidamente a través de los pasillos desiertos, después de haber sido despachada de una manera indiferente por su superior, para informar a los demás que la Mayor Sakura Haruno, había despertado.

Aún recordaba la pequeña conversación en la habitación antes de salir completamente.

—Al fin despiertas, Sakura.—Oyó a sus espaldas.

—Karin.—Había contestado con una voz pastosa la mujer de cabellos rosa, mientras cerraba la puerta—.Cuanto tiempo.


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