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Fecha de edición: 26/11/2019


Capítulo 5.

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"Nunca es tarde para el arrepentimiento y la reparación."

—Charles Dickens

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Ahogó un gemido de quejumbroso, mientras intentaba sentarse en el borde de la cama para alcanzar la silla de ruedas que le había sido dispuesta. Apretó sus manos en forma de puño, al tiempo que sus nudillos se volvían blancos. Postrado ya tres días en ella y en los cuáles hace apenas dos, se podía mover un poco; sin embargo, el dolor en sus partes intimas aún seguían latentes al igual que el primer día que lo ingresaron. Sus piernas temblaban con solo ponerse de pie, hacer sus necesidades se volvió una odisea y tomar un baño era un imposible.

«Maldito Uchiha» pensó, tirando con rabia el vaso de agua que reposaba sobre la mesa de noche junto a su cama, el cristal se rompió en pedazos con el simple golpe.

Sabía que la enfermera vendría más tarde para traer su comida, lo miraría enfurecida y dejaría los cristales rotos en el suelo por un día antes de traerle un vaso nuevo y recoger lo que se encontraba tirado en el piso; no obstante, era algo que le tenía sin cuidado. Todo el lugar estaba repleto de los peones de Uchiha, podía verlo en sus rostros y lo dejarían morir de ser que él lo quisiera; las pocas atenciones que recibía eran meramente por obligación que por vocación.

Los odiaba a Itachi y a su hermano pequeño, simplemente los odiaba. Estaban cortados por el mismo patrón, esa mirada arrogante que no cambiaba con el pasar de los años, mientras se pavoneaban por los batallones de tal forma, que daban a entender eran los dueños y señores, sacando las mejores notas y llenándose de halago por parte de los instructores solo por ser Uchiha. Cómo todos querían ser acercarse a ellos. Nunca conocieron lo que es la necesidad, el trabajo duro...que nadie te reconozca y seas dejado de un lado, pese a que has hecho las cosas de manera sobresaliente, por no ser un Uchiha...por ser un simple número, un peón a sus ojos.

Y a decir verdad, Sasuke Uchiha era aún más arrogante a comparación de su hermano muerto. Itachi Uchiha sabía que a pesar de todo, no podía atacarlo u ocultarse detrás de un castigo para llegar hasta él, en cambio el menor de los hermanos había sido capaz de ordenar a sus dos guardias de confianza que lo sacaran como un maldito perro delante de la traidora, y además, pegarle en sus partes intimas al punto de que perdiera la conciencia.

Aún recordaba toda la maldita travesía, la burla que adornaban esos malditos ojos negros similares a la noche, mientras lo veía ser arrastrado fuera de la celda. Luchó contra sus gorilas personales al tiempo que los guardias se reían de él, ignorando el hecho de que los niños que vivían en la base se detenían a un lado mirando como era llevado a la fuerza al sector que le pertenecía a Sasuke Uchiha, sus risas y las piedras pequeñas que impactaron en su piel, los comentarios coloridos que estaban lejos de describirlo, lo hicieron odiarlo más. Siguió peleando hasta que lo encadenaron a un maldito poste, el imbécil de Suigetsu le hizo contar cada azote, cuando sus piernas temblaban y su voz se quebraba por el dolor.

Exhaló con fuerza, se estiró colocando de lado y lado a los brazos de la silla de ruedas, cada mano; tomó impulso entretanto sus piernas temblaron, el dolor latente en su entrepierna le hicieron apretar los dientes; pero no se detuvo. Se sujetó con firmeza e inhaló nuevamente antes de girar poco a poco y alinear su cuerpo para sentarse despacio.

Estaba harto de esas cuatro paredes y el maldito silencio, quería ver con sus propios ojos, si lo que decían de la perra por la que sufrió el estúpido castigo, era verdad. Aún recordaba su piel blanca y llena de magulladuras, los golpes violetas que adornaban su tez y le recordaban con quien trataba.

Sakura Haruno no se merecía ninguna misericordia y aun así, Sasuke Uchiha lo había sacado como un maldito perro de esa celda, escogiendo el lado de una vil rebelde; sin embargo, se atrevía a apostar que él siempre elegiría todo lo que pudiera perjudicarle.

Descansó sus manos a cada lado de las ruedas y así empezar a movilizarse, su breve reposo permitieron que los temblores cesaran y el dolor desapareciera. Abrió la puerta y deambuló con calma por los desiertos pasillos, todo era blanco y solitario. Según había oído decir a las enfermeras, habían instalado a la traidora en una de las áreas designadas a los altos mandos...mientras que él, solo fue tirado en una cama cualquiera como los demás números.

Aún recordaba la majestuosidad del área diseñada para los altos mandos, cuartos privados y amueblados de la manera más elegante, con todas las comodidades que se pudieran adquirir. Por regla le eran asignados escoltas personales de forma preventiva hasta que este mejorara; empero, aquello era nada, si al final morían.

Siguió por los pasillos hasta que divisó a lo lejos dos hombres armados delante de un cuarto.

«Ahí debe estar la traidora» pensó al tiempo que divisaba una distintiva cabellera roja al otro extremo del pasillo.

—Maldición.—Fue un murmuro suave, al percatarse de que era uno de los peones más fieles de Uchiha. Karin Uzumaki era un miembro del grupo selecto al que los demás soldados denominaban "Taka", eran los segundos al mando en la división del Uchiha en caso de que este se ausentara, la misma que lo había tratado bajo sus órdenes estrictas y la que no dudaría en comentarle cualquier irregularidad.

Miró por última vez la puerta custodiada y se encaminó en dirección contraria a la mujer, aún no era el momento adecuado para atacar y debía recuperarse antes de iniciar cualquier otra confrontación directa que sacara a Sasuke Uchiha de esa fría actitud que lo caracterizaba.

Bajó el rostro al ver otros dos médicos que venían caminando hacía él, debía mantenerse invisible en caso de que tuvieran información provechosa para sus objetivos. Se detuvieron a unos metros, y escuchó con atención la conversación, esos idiotas nunca sabrían quién había filtrado nada, de ser suceder algo así..

—Es raro que esta ala se use; pero he escuchado que la mujer que están custodiando está siendo tratada por Karin Uzumaki.

—¿Karin Uzumaki? ¿No es uno de los peones más fieles que tiene el Mayor Sasuke Uchiha?

—Es la única autorizada para tratarla además de algunas enfermeras, al parecer es hija del Coronel Kizashi Haruno, una rebelde por lo que escuché.

—¿Has dicho Coronel Kizashi Haruno? ¿En serio no sabes quién es su hija? —Fue el murmuro lleno de sorpresa que provocaron en Deidara la ira, formando dos puños con sus manos, — Sakura Haruno o Mayor Sakura Haruno cuando huyó de este lugar, fue la mejor en su promoción y me atrevo a decir estaría dirigiendo el sector médico, si no fuera una rebelde. Encabezaba el proyecto de desarrollo de armas biológicas y cura de las mismas. Una genia.

—No juegues, ¿cuántos años debe tener?

—No lo hago, es bastante joven para el puesto. Dicen que tiene la misma edad que el Mayor Sasuke Uchiha, treinta años a ser precisos. Algunas enfermeras han comentado que era parte del famoso equipo 7 que ayudó a derrocar al emperador y su familia.

—¿Y les crees? No seas idiota.

—¡No lo soy! Podría ser verdad, los Uchiha nunca perdonan; no obstante a ella la han perdonado y es por algo, el cambio se avecina.

—A lo mejor.—Vio como se encogía de hombros, antes de seguir—Pero a decir verdad, creo que solo estaban buscando una excusa para usar este lugar. La última vez que las cosas se movieron tanto, fue hace seis años cuando la Señora Uchiha, la madre del Mayor entró en estado crítico.

—¡Cierto! La muerte de Itachi Uchiha fue una mala noticia para ella, aunque he escuchado un rumor que dice es posible este vivo.

—Rumores. De seguir vivó estaría aún en esta base y hace seis años no hubiera pasado nada por aquí.

—Dicen que Itachi Uchiha era un verdadero genio, yo lo vi en ocasiones por la base. Era un tipo diferente, si sigue vivo y nos ha engañado a todos ¿qué razones tendría? He escuchado que su madre aún no ha podido superarlo.

—Lo único que sé es que Itachi Uchiha tuvo un enfrentamiento con su padre el General Fugaku Uchiha y su abuelo, el General de todo el ejército: Madara Uchiha. Dicen que fue por unas tácticas que habían implementado y otras cosas respecto a dirigir este país; empero sus guardias personales solo oyeron palabras, aunque se rumora fue bastante agitado.

—Eso no es lo importante, ¿crees que este vivo?—preguntó interesado, mirando de lado a lado pendiente de cualquier intruso.

—Es una posibilidad. Itachi Uchiha era un genio.

—Itachi Uchiha, está muerto— sentenció con frialdad Deidara sin poder contenerse un minuto más, enfrentando a ambos, dirigiendo una mirada de odio a cada uno.—Murió después de que una explosión acabara con todo cerca del donde encontraba y llevándose consigo lo que estuviera a unos 50 metros a la redonda. Una bomba artesanal fue lo que hizo desaparecer su cuerpo.

Terminó marchándose en dirección contraria. ¿Itachi Uchiha vivo? Imposible. Era simplemente imposible. Él mismo le había metido dos balas en el cuerpo, su pierna estaba tan lastimada que un esfuerzo más habría acabado con él de no hacerlo la bomba. Lo dejó ahí tirado en medio de la nada como el maldito traidor que era.

Todavía recordaba sus ojos negros mirándolo con superioridad desde el otro lado, era un día gris y bastante nublado. Estaban en un lugar alejado de todo lo que conocían y lo que Itachi Uchiha controlaba. Pese a las heridas que tenía se mantenía altivo, observándolo con esa burla característica que tanto le molestaba y que aún veía en sueños.

A pesar de saber que había descubierto cada uno de sus trucos, reunirse con un miembro de la emergente resistencia en ese entonces era definitivamente un sinónimo de traición: alto y claro. Y no podía permitirlo, lo mató en el acto, sin remordimiento que le carcomieran por dentro. Él mismo se lo buscó.

¿cómo es posible que teniendo todo, hubiera hecho algo tan bajo y vil? « Demasiado clemente y misericordioso de mi parte» Pensó, recorriendo los pasillos desiertos. Venderlos al enemigo merecía de lejos una muerte lenta y dolorosa, enseñarle que actuó mal; para que en su próxima vida, no cometiera ese error.

Lo bueno de su muerte es que todos habían creído que tan salvajes era los miembros de la resistencia. Carentes de honor y empatía que ni siquiera permitieron a una madre tener un cuerpo que enterrar. Había visto como la familia de Itachi Uchiha se hundía poco a poco, y creyó que todo resultaría como planeo al final; pero no fue así. Sasuke Uchiha se levantó en el momento menos esperado y conquistó todo y más.

—¿Qué haces aquí, Deidara? —preguntó una voz gruesa y fría, una voz demasiado conocida.

—Uchiha.—Trató de sonreír. Observó a sus dos guardias personales lo flaqueaban de lado y lado, como fieles acompañantes a su amo—Como puedes apreciar, estoy haciendo mi estancia en el hospital, recuperándome un poco gracias a ti.

—No lo diré dos veces.—Cortó el balbuceo poco informativo.

—Solo estoy recorriendo un poco el lugar, estirando los músculos.—Movió sus brazos en el aire, y sonrió con malicia al ver que el ceño fruncido se acentuaba más.

—Solo personal autorizado entra aquí, lárgate antes de que te saqué.—Intervino Suigetsu, dando un paso al frente.

—¿En serio? ¿Quién está aquí que ni siquiera dejan entrar a un camarada? ¿tu madre enfermó nuevamente Uchiha? ¿La locura por perder a tu hermano Itachi, finalmente ha ganado la batalla?

—Tu pequeña mierda como...

El regaño de Suigetsu se vio cortado a media frase, cuando el sonido de un golpe hizo eco en todo el pasillo. Sasuke Uchiha se había quitado los guantes de cuero y abofeteo sin pensarlo dos veces al rubio. La rabia se marcaba en cada poro de su piel, los nudillos blancos de sus manos, descansaba en los brazos de la silla de ruedas y las venas de su cuello crecieron, volviéndose más visibles.

—¿Cómo te atrevés a ...?

—No estés jugando conmigo Deidara. Conozco cada uno de ellos y si aún no te has hundido es porque así lo he querido, Suigetsu y Jūgo ¿fueron demasiados suaves contigo?

Deidara le escupió a Sasuke en la cara sin poder contenerse, Jūgo dio un paso adelante tomando al hombre por el cuello, alzando el inválido unos pocos centímetros de su silla y lo miró amenazante.

—Déjalo, Jūgo.

—Pero...

—Aún no—susurró sin mucha importancia, al tiempo que limpiaba su rostro con un pañuelo blanco y lo tiró a la cara del rubio—. Después de todo, soy el recuerdo constante de lo qué nunca será.

Lo miró unos segundos antes de pasar de lado y continuó su camino, seguido por ambos hombres.

—Ríete ahora, Uchiha; sin embargo un día terminarás como tu hermano y tu madre realmente se volverá loca—dijo con burla, ignorando que los tres hombres se habían detenido a mitad el pasillo nuevamente, escuchando su comentario. Sasuke Uchiha negó con la cabeza a Jūgo y siguieron su camino.

Había cosas más importantes que hacer.


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