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Fecha de edición: 08/03/2020
Capítulo 7.
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"Ganamos justicia más rápidamente, si hacemos justicia a la parte contraria"
—Mahatma Gandhi
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Frunció el ceño nuevamente y apretó el documento que tenía entre la mano, había llegado hace media hora a su oficina. Un día realmente largo y que parecía, aún no iba a terminar; después del ataque en el cuarto de Sakura encontró a Karin a medio camino de su consultorio, seguramente Jūgo o Suigetsu habían contactado con ella mientras se llevaban a la nueva prisionera.
Había visto la preocupación oculta detrás de una perfecta máscara de frialdad; Karin Uzumaki era uno de sus soldados más leales, todas la conocían por ser la única mujer en su círculo de confianza. A pesar de su aspecto sencillo y poco temerario a simple vista, era una estratega de primera, experta en combate cuerpo a cuerpo y médica. Compañera de Sakura en la escuela de medicina, pese a ser útil en la investigación de las armas biológicas que eran solicitadas por los altos mandos, nunca se interesó realmente en esa área.
El silencio fue el acompañante de ambos durante esos largos minutos, mientras entraba en la oficina dejó su sombrero, capa y los guantes de cuero sobre la silla frente al escritorio y tomó asiento en el lugar restante.
Cerró los ojos esperando a ser atendido.
Podía sentir los ojos de color escarlata sobre él, llenos de una preocupación y enojo que pocas veces se manifestaban, dio un largo suspiró antes de girar su cabeza y enfocar sus orbes en Karin:
—Al parecer, Suigetsu y tú, están olvidando un poco su lugar. Dilo.—Miró su mano herida, esperando por una respuesta que aún no llegaba—.Dilo, Karin, debo ir a revisar a los demás soldados ya que Jūgo y Suigetsu están ocupados con otro asunto ahora, además de los demás deberes que debo terminar, antes de ocuparme en la noche.
—¿Saldrás de nuevo con esa mujer, Sasuke?—Fue el tono acusatorio en su voz que provocó sus ojos cayeran en ella nuevamente, mientras Karin daba un paso atrás—.En lugar de entrar con Jūgo y Suigetsu como siempre haces a los interrogatorios, entras sin escolta y distraído además de invitar a salir a Mei Terumi de nuevo...
—No la invité a salir, son negocios—.Karin se rió, mientras volvía a su trabajo.
—¿Negocios? Ambos sabemos el porqué entrás siempre entras solo a los interrogatorios con Sakura Haruno, Sasuke. Puedes mentirte todo lo que quieras; pero te conozco.—Negó con la cabeza, mientras daba las últimas puntadas a la mano—Dices que la odias y todas tus acciones gritan lo mismo; sin embargo te conozco y sé que...
—Cállate, Karin—ordenó de forma fría y cortante, la mujer alzó la vista para encontrarse con los ojos negros totalmente inexpresivos. La mandíbula del Uchiha se marcaba al igual que las venas en su mano buena, ella sabía que era momento de callar, había llegado a su límite.
—Mei Terumi me ha dicho que sus fuentes aseguran Itachi Uchiha, sigué vivo. Conozco su fijación por mí o bien por mi apellido, ella sabe que si quiere llegar más lejos y ser tomada más enserio necesita el apellido Uchiha como adorno para ello. Soy el mejor a sus propósitos, el hecho de que desee compartir mi cama es solo otro añadido.
—¿Lo harás?—preguntó Karin, insegura.
—¿Qué cosa?
—Acostarte con ella.
—Si es lo que debo hacer, lo haré.—Karin guardó silencio durante unos largos minutos, Mei Terumi era conocida por devorar hombres como si fueran postres. Nadie lo decía en voz alta; pero sabía que muchos habían desaparecido de la noche a la mañana después de pasar una noche con ella, el poder se basaba en cuanta información sostenías en tu mano. Su lealtad a Sasuke iba más allá de lo que todos pensaban era simple atracción sexual. No, ella ya había superado esa etapa adolescente en su vida y conocía perfectamente a ese hombre delante de ella, tanto que no permitiría que una mujer cuyas ansias de poder lo devoraran por completo, ni Suigetsu, Jūgo o ella permitirían eso.
—¿Qué harás si Sakura se enterá?—preguntó finalmente luego de unos segundos, volviendo a su trabajo.
—Sakura Haruno y yo, no somos nada.
—Pero Sasuke...
—Cállate y termina tu trabajo, Karin, tengo cosas de las que ocuparme.—Cortó Sasuke. La Uzumaki terminó de curar su mano y dio un leve asentimiento en señal de que todo estaba listo, Sasuke tomo sus cosas y salió del consultorio sin mirar atrás.
¿Debería castigar a Suigetsu y Karin por hablar de más? Se preguntó de camino a los campos de entrenamiento, mientras el sonido de las armas se volvían más fuertes a cada paso que daba, observó a uno de sus soldados correr hasta él y saludarlo presentando quiénes conformaba el grupo.
Los golpes en la puerta lo sacaron de sus recuerdos, la puerta se abrió mostrando a Jūgo con una mirada seria.
—Es hora, Mayor Uchiha.—Informó mirando su reloj y confirmar que no se había equivocado, entró en la estancia y caminó hasta el perchero para tomar la gorra y la capa mientras Sasuke se levantaba de su lugar, tomando el manto para ponerla sobre sus hombros y abrocharla a la altura de su cuello, cogió el sombrero en la mano izquierda dando un último visto a la foto familiar sobre su escritorio y giró su cuerpo en dirección a la puerta, Jūgo lo esperaba con una discreta maleta donde guardaba los papeles que había estado revisando y tenía que llevar a casa.
—Informe—dijo saliendo de su oficina seguido de Jūgo, con su mirada al frente todo el tiempo observó como los demás subordinados que se encontraban trabajando con él se hacían a un lado al verlo pasar, murmurando un leve "Mayor Uchiha" junto al saludo de siempre.
—Sakura Haruno ha sido cambiada de habitación como se ha pedido, he aumentado los guardias que están en custodia, todos son nuestros hombres. No hay autorización para que nadie a excepción de Karin pueda entrar.—Sasuke asintió mientras las puertas principales se abrían de par en par gracias a los hombres que realizaban la guardia a esa hora—.La nueva prisionera no ha hablado, Suigetsu la sigue interrogando; la única información que hemos encontrado es que efectivamente no es alguien de los rebeldes.
—¿Ha dado nombres de los traidores?
—No.—Jūgo miró el auto negro que venía por el camino y se estacionó en toda la entrada, el conductor bajó para saludar a su Mayor quién simplemente ondeo la mano en sinónimo de que podía descansar. Ambos bajaron las escaleras, mientras el hombre de cabellos anaranjados abría la puerta trasera y Sasuke subiera en el vehículo, cerró tomando lugar en el asiento del copiloto.
Salieron de la base en completo silencio, escuchando la radio como música de fondo. Sasuke miró por la ventana admirando el cielo teñido por diversos tonos: azul, anaranjado y violeta anunciando el final del día y la llegada de la noche. Analizó los transeúntes en las calles: los más curiosos, trataban de observar quién era; los temerosos, se apartaban sin dudar, evitando entrar en contacto con el vehículo y luego estaban los indiferentes que daban un simple vistazo antes de seguir con sus labores.
Las calles estaban inundadas de gente y edificios en su mayoría, desgastados. Los anuncios adornando diferentes edificacionesy los carteles de neón sobre los establecimientos. Un pequeño grupo de soldados que custodiaban las calles buscando a los rebeldes, cada uno de ellos lo saludó al reconocer el auto que ser perdía entre las húmedas calles gracias al vapor que salía desde las alcantarillas.
—Mayor Uchiha—llamó Jūgo desde la parte delantera, Sasuke volvió su mirada encontrándose con una de las botellas de vino que guardaba en su casa. Asintió levemente como afirmación antes de volver sus ojos sobre la carretera, algunos árboles comenzaron a elevarse frente a él, habían llegado a Hokage. Los civiles caminaron con prisa al ver que el auto comenzaba a disminuir su velocidad y se detuvo en toda la entrada, donde le esperaban.
Su hombre de confianza bajo sosteniendo el maletín y la botella, lo observó analizar el perímetro entregando el vino al Maitre* quién asintió en su lugar, seguido Jūgo abrió la puerta a Sasuke.
—Mayor Uchiha, es un honor servirle está noche.—Realizó una pequeña reverencia antes de erguirse y sonrió, Sasuke lo miró durante unos segundos.
—¿Dónde está el otro chico?—preguntó Sasuke observando con detenimiento al hombre, la sonrisa perfectamente ensayada seguía adornando su rostro en conjunto con los cabellos negros y su piel pálida. La posición del Maitre nunca cambio, pese a sentir el tono poco amigable del Uchiha.
—Se le han presentado unos inconvenientes familiares el día de hoy, me ha pedido que lo sustituya y le entregue sus más sinceras disculpas al no poder servirle esta noche.—Dio una pequeña reverencia nuevamente, antes de extender el brazo para dejarle pasar. El Mayor lo miró unos segundos y frunció el ceño antes de seguir su camino.
El lugar estaba completamente iluminado; pero vacío. Al parecer habían podido seguir sus exigencias, pese al poco margen de tiempo que había dejado, el reflejo de las luces sobre la porcelana perfectamente colocada en la única mesa arreglada destellaban como estrellas y daban ese aire sensual y formal que a Mei Terumi tanto le gustaba. El sonido del agua corría a lo lejos en esa famosa fuente que adornaba uno de los restaurantes más exclusivos de toda la cuidad y los paisajes de un Japón antiguo pintaban el techo del lugar, además del hermoso candelabro que colgaba sobre su mesa.
—Mayor Uchiha—llamó el maitre sosteniendo una de las sillas, Sasuke caminó hasta ella y tomó asiento al tiempo que el chico llegaba a un lado antes de hacer una pequeña reverencia.—Mi nombre es Sai, ¿le parece si abro la botella para que se oxigene?
—Sí y un decantador también.—Sasuke analizó en silencio al chico antes de dejar su atención sobre el menú frente a él, mirando su muñeca izquierda noto que Mei Terumi venía retrasada. El sonido de un taconeo cerca, hizo que levantará su rostro, ahí delante de él, se encontraba la mujer de cabellos rojos perfectamente arreglados; un vestido azul, se ceñía perfectamente a su cuerpo; su escote, revelaba un poco de sus pechos y el maquillaje se consideraría bastante leve a no ser por sus labios carmesís.
El Uchiha se levantó, apartando la silla de su acompañante.
—Espero no te haya hecho esperar mucho, Sasuke. Surgió un pequeño problema antes de venir.—Se detuvo cerca de él y sonrió tomando asiento para que acomodará su silla.
—Estás justo a tiempo, apenas hemos abierto el vino.
—Perfecto.—Sonrió revelando esa dentadura blanca, dejando su mano derecha caer en su mano izquierda. El Uchiha sacó su mano para llamar a Jūgo, quien se acercó con una pequeña caja de terciopelo, retrocedió unos metros y darles privacidad.
Sasuke tomó el objeto, abriendo la caja para revelar su contenido, los ojos de su acompañante brillaron llenos de éxtasis al comprobar la joya delante de ella.
—No tenías que molestarte—dijo tranquilamente extendiendo su muñeca izquierda.
—Un pequeño presente como muestra de agradecimiento.—Sonrió, mirando de reojo al maitre que llegó nuevamente con el vino y el decantador que había pedido. Con un leve asentimiento, el hombre comenzó a verter la bebida y Sasuke volvió su atención a Mei.—Si me permites.
—No esperaba menos.—El Uchiha sacó la pulsera de la caja, dejando que brillara con las luces del lugar durante un momento, los destellos rojos de los rubíes adornaron por unos segundos el ambiente antes de que colocara el accesorio por debajo de la muñeca y la abrochara con un poco de ayuda de la Teniente Coronel por su mano lesionada, se movió rápidamente antes de sentir el dolor punzante a su costado izquierdo y el olor a sangre inundando sus fosas nasales.
La mano derecha de Mei cogió su hombro derecho para empujarlo hacía ella, mientras él pateaba la silla en la que se encontraba sentado minutos atrás. Los pedazos de madera cayeron sobre el suelo y Sasuke se incorporó, sacando el puñal incrustado en sus carnes.
—Esta es tu última noche, Uchiha—dijo el mesero sosteniendo cuatro navajas en sus manos, lanzó dos a sus guardias y otras en dirección a él, antes de revelar un arma de fuego y disparar con precisión.
Mei y él se tiraron al suelo, pateando la mesa con el fin de servirles como escudo ante los disparos, Sasuke observó de reojo como su hombre de confianza aprovechaba la distracción y detenerlo; no obstante, su atacante parecía mucho mejor entrenado de lo que aparentaba, apunto hacía el candelabro; Jūgo gritó su nombre antes de que el adorno se balanceara y les diera tiempo suficiente para alejarse y evitar ser aplastados.
El estruendo resonó el todo el lugar y miles de cristales se rompieron al unísono, la voz del hombre de cabellos anaranjados se escucho a través del caos, dando instrucciones acertadas con el fin de pronta y éxitosa evacuación, oyeron los pasos apresurados alejarse con rapidez y el azoté de las puertas como sinónimo de una persecución para quedar sumergidos en un silencio total, de no ser por el agua corriendo en la fuente.
Ambos se levantaron del suelo, dejando de lado sus modales, Sasuke tomó a Mei del brazo antes de caminar con prisa hasta la entrada del restaurante, podía observar a los civiles correr con prisa por la calle y las lágrimas saliendo de los ojos de algunos junto al miedo marcado en sus rostros. Dio un paso al frente, intentando apreciar mejor si su vehículo había sido estacionado como lo indicaba el protocolo, con la puerta abierta para una rápida entrada y salida del lugar.
Parqueado en medio de la acera hecha un caos. Divisó al soldado que manejaba,de espaldas a él, estudiando la situación alerta, preparado para disparar contra cualquier sospechoso. El Uchiha miró a Mei Terumi unos segundos, ignorando el dolor constante en su costado izquierdo y mano derecha previamente lastimada en la mañana, jaló levemente su brazo a fin de llamar la atención, señalando con un leve movimiento de cabeza su transporte, la mujer de cabellos rojos asintió y ambos avanzaron con rapidez hacía adelante, con un arma preparada en la mano libre.
Sin embargo, el silencio se apoderó de sus cuerpos por los segundos más largos de su vida, sintiendo una onda tirarlos con fuerza al suelo seguido de un pitido constante en sus oídos. Los gritos se intensificaron más, después de oír la explosión y ver como el auto volaba por los aires dejando solo un montón de metal quemándose en medio de la calle.
El Uchiha tosió con dificultad, saboreando la sangre en su boca. Trató de girar su cabeza con el fin de observar el estado de su acompañante, quien se encontraba completamente inconsciente dada la poca distancia que aún les faltaba por recorrer y llegar al auto. Aún escuchaba los gritos de pánico al fondo, muchos más horribles que la primera vez; intentó levantarse para comprobar a su soldado; no obstante, sentía el cuerpo pesado y la vista nublosa mientras un líquido se escapaba a un costado de su cabeza, lo único que podía distinguir era un bulto pequeño en donde había estado el hombre, vuelto nada.
Con sus brazos temblando, realizó un segundo esfuerzo por intentar sentarse, oyendo su nombre en la voz de Suigetsu, sintió las manos cálidas de él sobre su uniforme antes de observarlo borroso. Tosió nuevamente sangre e intentó humedecer sus labios para dar las últimas instrucciones; sin embargo, su voz murió antes de poder decir nada y perder totalmente la consciencia.
Los refuerzos se congelaron en su sitio y mirar a su capitán llamar repetidas veces a su Mayor quién se encontraba totalmente inconsciente en el suelo, lo observaron sacar un teléfono lanzando ordenes a diestra y siniestra a su receptor pese al ruido producido por el caos del acontecimiento.
Los ojos verdes de Sakura siguieron en silencio a Karin. Habían estado juntas por alrededor de una hora, después de que el traslado de su habitación terminara, ella se había quedado más tiempo de lo necesario. La quietud del lugar, se vio interrumpida por el sonido estridente de un teléfono.
Mirando con detenimiento sus reacciones, vio como la mujer de cabellos rojos rodaba sus ojos y descolgó:
—¿Qué quieres Suig...?
—¡Karin comienza a preparar el quirófano!—Interrumpió Suigetsu hablando entre gritos y de forma apresurada mientras los aullidos llenos de pánico se escuchaban en el fondo. Sakura se acomodó en su cama con el propósito de escuchar mejor a través de todo el bullicio del teléfono y los jadeos del hombre de confianza de Sasuke.
—¡Suigetsu, ¿qué ha...?!—gritó Karin apretando el aparato.
—¡Prepara el quirófano, Karin! Sasuke...han intentado matar a Sasuke.—Cortó sin despedirse, dejando a una Karin totalmente desconcertada. Habían entrado a una situación de emergencia y tenían que actuar ya. La Uzumaki cerró el teléfono y llamó por el intercomunicador de su cintura para que comenzaran a alistar las cosas, Sakura la observó en silencio esperando a escuchar quién sería el otro médico de asistencia.
El nombre nunca llegó. La Haruno cerró los ojos meditando si era correcto o no, lo que haría a continuación. De alguna forma sabía, el atentado no eran tan simple como lo parecía y el grupo selecto que rodeaba a Sasuke, no dejarían a nadie matarlo bajo su guardia; sin embargo, herido y en un quirófano peleando por su vida, solo se necesitaba un simple aguja para terminar con él.
Suspiró pesadamente retirando la manta que cubría sus piernas, a decir verdad estaba bastante recuperada y sabía que podía asistir en la intervención.
La Uzumaki colgó sin ceremonia y giró en su dirección frunciendo el ceño sin alejarse de la puerta.
—¿Qué pretendes, Sakura?—cuestionó al verla levantada en su bata de hospital.
—Yo te ayudaré Karin, sabes que no puedes operar sola.
—No.—La mujer de cabellos rojos negó con la cabeza sin moverse del camino, Sasuke la mataría si se llegara a enterar dejo a Sakura operar en su estado.
—Necesitas ayuda y sé que no confías en los demás médicos para operar a Sasuke.
—Tampoco confió en ti.—Señaló sin pena, resaltando entre línea que aún la consideraba una traidora.
—Pero soy tu mejor opción
—Maldición—siseo Karin, antes de dar un paso al frente y ayudar a Sakura—. Si lo matas, hoy será tu último día Haruno.
Sakura miró fijamente a la Uzumaki durante unos largos segundos, antes de responder:
—Juré intentar por todos mis medios salvar a mis pacientes y hoy no será el día en que rompa esa promesa.
—Si te desmayas en medio del quirófano, no me importa que tan crítico sea tu estado, te dejaré morir hasta que termine con Sasuke.
—No esperaba menos; pero tú también sabes que estoy bien. Vamos, debemos prepararnos para cuando lleguen.
Ambas salieron de la habitación en silencio, mientras Sakura caminaba al frente con sus zapatos de hospital, sintiendo como era custodiada de forma estricta por tres pares de ojos a sus espaldas.
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