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Fecha de edición: 18/04/2020


Capítulo 8.

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"No es valiente aquel que no tiene miedo sino el que sabe conquistarlo"

— Nelson Mandela

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Dejó que sus ojos verdes quedaran sobre la Uzumaki al otro extremo de la cama, el quirófano estaría sumergido en un silencio absoluto a no ser por el goteo de las soluciones, el monitor de signos vitales además de las órdenes cortantes y puntuales de la mujer frente a ella. Volviendo su mirada a la pantalla, observó con atención lo que había hecho la herida de arma blanca en el cuerpo de su paciente.

El Mayor Sasuke Uchiha había sido ingresado de emergencia, victima de un atentado explosivo: el caos se apoderó del hospital militar al tiempo que dos ambulancias llegaban simultáneamente, los paramédicos y Suigetsu entraron corriendo por la puerta principal mientras Karin y ella corrían para interceptar a su paciente. Observó de reojo a la mujer que bajaban en la otra unidad; sin embargo, volvió sus ojos al sentir la mirada penetrante sobre su persona.

Suigetsu se ahorró sus comentarios y dejó a los paramédicos dar su diagnostico preliminar.

—El Mayor Uchiha presenta quemaduras de 10% en brazo y tórax, perdida de sangre y perforación interna al costado izquierdo causado por arma blanca. Tiene taquicardia y ha estado inconsciente desde la explosión.

Observó a Karin asentir levemente y ambos hombres se hicieron a un lado, las enfermeras que ingresarían con ellas al quirófano, sabía eran totalmente leales a Sasuke y no dudarían en matarla a la primera sospecha.

—Debemos llevarlo de manera inmediata al quirófano, lo han traído en buen tiempo; sin embargo...

Los gritos de afuera comenzaron a intensificarse a cada minuto, interrumpiendo a Karin. La voz desesperada de una mujer se acercaba a la par de los soldados que tropezaban al ser empujados de forma repentina. Un tono demasiado conocido irrumpió en el lugar de manera caótica, ninguno de los hombres que la seguían, trataron de detenerla.

Los pasillos blancos del hospital en dónde debía regir la calma, se habían vuelto en un caos total.

—¡Sasuke! ¿Dónde está, Sasuke?—La voz de Mikoto había hecho eco en todo el lobby del hospital, pese a llevar seis años sin verla estaba exactamente igual a como sus vagos recuerdos le hacían recordar: su cabello oscuro caía en cascada, totalmente despeinado por la carrera que hizo para llegar hasta ahí; su ropa arrugada, dejaba de lado esa perfecta apariencia que siempre la caracterizó; las bolsas oscuras bajo sus orbes, eran el sinónimo perfecto del cansancio en una persona ¿también las tendría ella? Se preguntó al momento en que sus miradas se encontraron y segundos después sus ojos viajaron hasta la camilla.

La observó correr tambaleante en dirección a su grupo, Karin la miraba en silencio sin moverse y así siguió hasta que unas manos temblorosas se posaron sobre sus hombros, tropezó por la inercia y estudió cuidadosamente los ojos que había heredado Sasuke de su madre.

—Debes salvar a Sasuke, Sakura.—Fue un susurró débil con voz temblorosa; no obstante, la presión de sus manos sobre ella aumento. La Haruno miro de reojo a la mujer de cabellos rojos, quién tenía su atención en otro punto, siguió en silencio el trazo de su mirada hasta encontrar en la puerta a Fugaku y otro hombre un poco mayor, Madara Uchiha.

Pensó, analizando con detenimiento el uniforme completamente pulcro y a los demás soldados que comenzaban a llegar a las afueras del lugar. Era totalmente extraño encontrarlo en esas circunstancias, ¿cómo había llegado tan rápido ahí? ¿por qué razón venía? Y además, ¿por qué sentía que esa mirada escondía más de lo que creía?

Sabía que el negro era el color característico de los orbes Uchiha; sin embargo, tener dos pares sobre ella en esas circunstancias no era su cosa favorita, sin agregar que los ojos de Fugaku Uchiha reflejaban el disgusto total que sentía respecto a su persona, además de la mirada alerta que había adornado el rostro de Karin unos minutos atrás la hacían más consiente de que eran hombres en los que tampoco confiaba la vida de Sasuke.

—¡Doctora! El Mayor Uchiha ha entrado en shock.—El gritó de aviso la devolvieron a la realidad de la situación, Karin giró completamente su cuerpo y comenzó a revisar a Sasuke ignorando a todos los demás; Sakura la siguió antes de asentir con la cabeza y ordenar.

—¡Equipo médico al quirófano inmediatamente!—instruyó con voz firme, observando como todo el grupo estaba listo para partir, comenzaron a empujar con fuerza la camilla entre todo el caos del lugar, escuchando a lo lejos el grito de Mikoto y su necesidad de una promesa:

—¡Sakura, prométeme que no dejarás a mi hijo morir! ¡Prométeme que no dejarás morir a Sasuke!

Intentó mantener su mirada serena, mientras se alejaban del lugar. Sabía que Karin la estaba mirando, siguieron corriendo por todo el pasillo hasta llegar al área designada, las enfermeras se encargaron de cortar la ropa de Sasuke y cambiarlo para la cirugía al tiempo que ellas se preparaban.

El comienzo fue lo más difícil. Estuvieron dos horas y media intentando estabilizar al Mayor Sasuke Uchiha, la sangre de su costado parecía un no tener fin y su presión arterial era muy baja, acompañado de un pulso rápido; pero débil. Lo entubaron al primer momento, tratando de detener la hemorragia.

—¡Maldición!—exclamó Karin al escuchar el pitido desesperante de la máquina, mientras dejaba a un lado todos sus pensamientos banales, para enfocar su atención en Sasuke quién estaba entrando en paro delante de ella.

Observó a Karin tratando de detener la hemorragia nuevamente, mientras sus ojos conectaban por unos segundos antes de que ella volviera a su tarea y la suya comenzara.

—Administren dos de adrenalina, preparen el DEA y comiencen a monitorear la vía aérea.—Ordenó dejando caer sus manos sobre el pecho blanco de Sasuke, tratando de no tocar sus quemaduras de segundo grado comenzó a realizar las compresiones de forma manual hasta que tuvieran el DEA listo.

—Doctora Haruno—llamó una enfermera a su costado con el DEA preparado, retiró las manos de su pecho para tomar la maquinaria y volver frente a frente con Sasuke.

—Carga a 360 joules, despejen.—El cuerpo de Sasuke saltó sobre la camilla; sin embargo el sonido seguía siendo el mismo, su corazón estaba totalmente detenido.

El oxígeno corría nuevamente y esperaron unos largos segundos, mientras sus ojos vagaban rápidamente por el lugar, se fijó en los orbes de Karin que comenzaban a desmoronar esa perfecta pared de frialdad que la caracterizaba, el sollozo de una enfermera se suprimió por su voz.

—Carga a 360 joules, despejen.—El impacto de las planchas sobre su cuerpo lo elevaron levemente y cayó. Miró el pecho de Sasuke, esperando el sonido de un corazón latiendo nuevamente...la última esperanza.

Apretó sus manos entorno al mango de las planchas descargadas y trató de borrar los recuerdos, no era el momento para ello; no obstante las cosas parecían tan irreales y pese a toda la formación que habían atravesado seguían siendo humanos, aunque muchos creyeran lo contrario. Sabía que si hacían una tercera descarga directa sin tener un rastro de que su corazón estuviera trabajando nuevamente, las consecuencias serían catastróficas, peor que morir.

—¡Maldición, Sasuke!—gritó ignorando que estuviera en medio de un quirófano.—No puedes hacerle esto a tu madre...a mí.

Susurró lo último débilmente, recordando como el primer paciente que perdió tampoco lo había logrado. Lloró durante dos noches seguidas y su único consuelo fue sido un hombro magullado por el entrenamiento y su mano blanca entrelazada con otra llena de ampollas, mirando el sol en el horizonte.

« —No puedes salvar a todos, aunque así lo quieras.—Le había dicho entre sus murmureos, mientras sentía la culpa respirando sobre ella.

—Pero...

—Solo deberías culparte, si no hubieras hecho nada para salvarle. Murió como un héroe, es nuestro compañero y siempre será así—comentó distraídamente, mirando a sus orbes verdes. Había intentado sonreír antes las palabras; pero era realmente difícil. Sasuke no volvió a decir más después de ello y ahí quedaron hasta que el deber los llamó».

Sentía la mirada de Karin sobre ella, los ojos de todo el equipo médico sobre en su persona. ¿Pero qué más podía hacer? Matarlo de una manera cobarde, como lo era con un explosivo; era muy diferente a hacerlo de forma directa en un enfrentamiento y sin tanto dolor de por medio.

El primer latido sonó como si fuera un milagro, el segundo y el tercero lo siguieron advirtiendo que no era un producto de su imaginación. Dejó sus ojos verdes sobre el monitor, respirando nuevamente, Sasuke estaba vivo.

Exhaló fuertemente, sin darse cuenta de qué había estado conteniendo la respiración por tanto tiempo. Mientras la Uzumaki continuaba operando con rapidez para comprobar que no se presentaban más heridas internas, suturó la capsula del hígado que fue sido comprometida durante el ataque.

Terminaron dos horas y media después, mientras otro grupo de enfermeras realizaba el traslado del paciente a la Unidad de cuidados intensivos y ella salían a cambiarse. Su cuerpo había estado presentando unos pequeños espasmos desde hacía una hora, la adrenalina de la operación aún estaba sobre su cuerpo.

Salieron para encontrarse de frente con la familia Uchiha, Mikoto se levantó bruscamente y corrió hasta ellas, seguida por Fugaku y Madara Uchiha.

—¿Cómo está?—preguntó con la voz quebrada, el rastro de lágrimas aún estaba sobre su rostro, las manos temblorosas se aferraban la una a la otra, esperando que fueran buenas noticias.

—El Mayor Uchiha está fuera de peligro, necesita reposo; pero podemos decir ha corrido con suerte al ser una bomba lo que ha causado sus heridas: quemaduras de segundo grado en brazo y tórax que dejaran una pequeña cicatriz, además de la herida interna en su costado izquierdo. Se encuentra en cuidados intensivos y esperaremos a su evolución antes de que puedan entrar a verlo—explicó Karin de forma profesional.

—¡Quiero ver a mi hijo!—Grito la mujer, buscando el apoyo de su marido quién estaba en silencio total, la mirada que ambos hombres intercambiaron la hicieron fruncir el ceño.

—Lo lamento, señora Uchiha. El protocolo no me permite eso.—Aquello era mentira, se dijo a si misma; sin embargo, conocía las razones que tenía Karin para decirlo. Ella tampoco confiaba en Madara Uchiha y sabía, era una decisión que ninguno de ellos iba a rebatir.

—Sakura.—La voz de Mikoto diciendo su nombre era una súplica; pero ella no podía hacer nada, si el equipo de confianza de Sasuke había sido estrictamente instruido en ello, no iban a cambiar esa decisión.

—No se preocupe, señora. La Mayor Sakura Haruno se hará cargo de monitorear y realizar el seguimiento.—La mencionada giró su rostro al escuchar dicha afirmación por quién había creído, sería la persona encargada de realizar un seguimiento puntual y controlado de todo el proceso de Sasuke.

Horas atrás había estado acusándola abiertamente y diciendo que no confiaba en ella bajo ninguna circunstancia; sin embargo, ahora en sus manos a un paciente que estaba totalmente inconsciente y era sumamente fácil de matar.

—Pese a su pasado, estoy segura de que la Mayor Haruno no faltará a sus votos como médica y no matará al Mayor Uchiha en su estado más delicado, sin poder defenderse. Sé que quiere matarlo; pero tiene honor, un combate frente a frente es su estilo. Un poco extraño si vemos donde han estado sus lealtades últimamente.

—Estoy seguro de su lealtad, como de su buen criterio Capitana Uzumaki. Si usted cree, Sakura Haruno es capaz de velar por Sasuke, ¿quiénes somos para decir lo contrario, Fugaku, Mikoto? —dijo Madara de manera desinteresada, sin apartar sus ojos negros de ella. Sakura intentó ignorar su mirada para fijar su vista en los padres del Mayor Uchiha.

—Por supuesto, General Uchiha. Estoy seguro de que la Mayor Haruno velará correctamente por su seguridad, a no ser que quiera comprometer la suya propia.—Ahí estaba la amenaza, se dijo escuchando la leve risa de Madara Uchiha.

—Es hora de ocuparnos de otros asuntos, Fugaku, capitana Uzumaki los espero en quince minutos en mi oficina.

—Señor, sí señor—contestó Karin de forma inmediata, cambiando su posición como médica y entrando en su papel de militar. Adoptando la postura erguida y sus hombros rectos, Madara Uchiha dio un asentimiento con su cabeza antes de marcharse por el largo pasillo blanco de hospital junto a sus dos acompañantes.

Había notado la determinación den los ojos de Mikoto, quién parecía dispuesta a luchar para quedarse, aunque la mirada de Fugaku y la actitud de Madara le hicieron notar que ella se rindió ante la idea de seguir insistiendo.

El miedo en su mirada tomó lugar, dándole a entender que ella no tenía ni voz ni voto en esa ocasión.


Se recostó sobre la pared húmeda de aquel callejón oscuro, oía los latidos acelerados de su corazón por la carrera que había realizado para huir del hombre de confianza de Uchiha. Había sido una jodida máquina de matar, su resistencia le sorprendió de sobremanera cuando lo alcanzó en una de las calles concurridas y su puño se impactó de manera directa en el rostro mientras tropezaba y caía sobre un charco de agua.

Los transeúntes se alejaron apresurados, nadie quería problemas. Observó como sacaba un arma a su costado derecho, listo para dispararle a matar de ser necesario.

Jūgo era conocido por recolectar información que parecía imposible, su especialidad había sido la tortura y el combate cuerpo a cuerpo además del manejo de armas a corta distancia. Uno de los mejores; el perro fiel de Uchiha Sasuke.

Rodo ágilmente sobre el suelo al ver que el disparo iba a ser efectuado, el dolor agudo inundó todo su cuerpo y la sangre comenzó a correr libre manchando su camisa blanca de un tono rojo. Los disparos siguieron antes de patear el agua en dirección a su atacante para distraerle y huir, estaba cerca de los lugares seguros de la resistencia; empero, debía perderlo de vista antes de poder llegar a uno y sanar sus heridas.

Corrió con rapidez a través de las calles aglomeradas, los gritos de pánico nunca terminaron y arraso con los pequeños puesto y personas para que taparan el paso y darle más tiempo de huir. Sus pasos le habían seguido de cerca hasta hacía pocos minutos atrás, una ráfaga de disparos sin origen sonaron a sus espaldas impactando contra el suelo, su perseguidor masculló una maldición al ver que estaba en completa desventaja; sin armas y solo, era complemente imposible seguir, dando un último vistazo a su dirección se marchó y Sai continuó corriendo hasta encontrar ese pequeño escondite entre la penumbra.

Los pasos sobre el agua lo alertaron por unos segundos, antes de escuchar su voz:

—Sai.

—Kakashi, ¿cómo?—preguntó un poco confuso, había creído su misión era totalmente secreta. Nadie del grupo lo sabía, ya que le había sido entregada personalmente por "El Cuervo"

—Nos ha llegado un mensaje en la tarde, El Cuervo ha dado instrucciones de que debíamos tener un grupo escondido en este lado de la ciudad, ¿qué ha pasado Sai?

El mencionado lo miró unos largos segundos, se apretó con más fuerza la herida sobre su hombro. Su receptor frunció más el ceño al ver la sangre que manchaba su camisa blanca.

Kakashi lo trasladó con cuidado hasta su casa segura para que fuera tratado de forma pertinente por Ino, el dolor fue brutal y por el momento aún sentía como si miles de agujas se clavaran en su herida. Se habían marchado hace media hora aproximadamente, después de explicar la razón de sus acciones su líder convocaría a una reunión de emergencia para que se movilizaran en busca de información y en el peor de los casos, re organizar todos los grupos ante un inminente ataque por parte de los militares.

Cerró sus ojos intentando descansar, lo necesitaba.

—Has fallado en tu misión. Sasuke Uchiha sigue vivo.—Fue una voz neutra y sin un tinte de emociones que llegó hasta él, entre la oscuridad. Abrió sus ojos de inmediato, giró su rostro y lo vio escondido entres las sombras, un hombre alto y totalmente vestido de negro que se mezclaba en la penumbra de manera natural, El Cuervo.

—Yo...—Intentó decir; sin embargo su boca estaba reseca y la perdida de sangre lo estaban arrastrando a la inconsciencia.

—Es mejor que te recuperes pronto, Sai. Madara Uchiha no pasará este insulto sobre su apellido.—La amenaza en su voz era escalofriante, parecía tan seguro de lo que se vendría que era la confirmación a sus pensamientos más preocupantes. Desde el primer momento fue consiente de la magnitud que tendría en ellos; no obstante, no contempló que fallar sería un error mucho más peligroso, Sasuke Uchiha seguía vivo y él también buscaría venganza.

Se dijo antes de caer totalmente rendido a su cuerpo, viendo de manera borrosa la silueta se perdía entre la oscuridad del pasillo iluminado por velas dispersas.


Una semana después.

Entró a la habitación seguida por una de las enfermeras que habían asistido a la operación del Mayor Uchiha. La mujer de mediana edad, con el cabello oscuro y sus ojos azules acompañados por el nacimiento de algunas arrugas al contorno de ellos si se analizaba con cuidado. Sabía, era uno de los soldados más fieles en el equipo médico de Karin; sin embargo, se había preguntado la razón que llevaron a aquella mujer, mostrar tanta lealtad a Sasuke Uchiha.

El lugar estaba bien iluminado con las luces artificiales, pese a tener ventanas con una vista envidiable, habían optado por mantenerlas cerradas por seguridad. Un grupo de cuatro guardias custodiaban la entrada y otros dos, estaban pisos abajo cuidando de la ventana de esa habitación.

Observó a Sasuke detenidamente al tiempo que se acercaba, conectado a varios aparatos que mostraban sus signos vitales además de la intravenosa en su mano izquierda. Dos días después de la cirugía lo habían desentubado, al ver una rápida evolución en su estado y lo sacaron del UCI para trasladarlo a un cuarto privado para seguir con su recuperación.

Su acompañante encendió el televisor de la habitación. Un poco de ruido para estimular los sentidos del paciente y esperar a que despertara pronto del coma en que su cuerpo se había sumergido durante el proceso de recuperación, las medicinas que se estaban suministrando ayudaban a una regeneración celular más eficaz.

La enfermera terminó de quitar las vendas y ella procedió a hacer la limpieza y cambio de ellas, todos los días iban a la misma hora para realizar el proceso y analizar el estado de evolución del paciente.

Los minutos acompañados únicamente por el ruido del televisor a sus espaldas, después de terminar con las quemaduras que mejoraban de manera considerable con el pasar de los días, debía revisar la herida y ver cómo se encontraba el resto de su cuerpo.

—Sakura.—Fue un murmullo leve, hecho con la voz demasiado rasposa. La mencionada fijó sus ojos en Sasuke, esperando ver aquellos orbes negros que en ocasiones la cazaban en sueños; no obstante, él seguía totalmente inconsciente ¿un sueño?...¿estaría soñando con ella? Se preguntó—Vayan por Sakura...

La Haruno frunció más el ceño, ¿ir por ella? ¿estaba soñando con capturarla? Apretó los puños, dejando sus nudillos blancos. Sabía no debía sacar conclusiones apresuradas de las cosas; pero en ese momento era lo único que se le venía a la mente.

El sonido del televisor la sacaron de sus ensoñaciones, aquel era el tono que utilizaban para noticias de última hora y comunicados oficiales. Giró su cuerpo tratando de enfocar su atención en lo que estaba a punto de ocurrir, mirando de forma leve a su acompañante, esperaron pacientes.

Minutos después, la imagen del General del ejército, Madara Uchiha completamente pulcro sobre el podio, preparado para lanzar un comunicado oficial, no eran buenas noticias.

—Cómo muchos ciudadanos sabrán, una semana atrás, tres de nuestros honorables miembros fueron victimas de un atentado terrorista: uno de ellos falleció en el lugar de los hechos, los otros dos resultaron gravemente heridos. Tenemos pruebas de que el grupo terrorista que se denominan a si mismo como la resistencia, son los autores de este crimen tan atroz, su finalidad es desestabilizar nuestra estructura; empero, puedo asegurarles, no lo han logrado. Dado los hechos el gabinete ha decidido que todos los jóvenes en edad para formar parte de la milicia y no presenten deficiencias físicas, deben presentarse en los puestos de control para que sean trasladados a la base e iniciar su entrenamiento. Todo aquel que se resista o esconda, será tachado como terrorista y deberán atenerse a las consecuencias.

Terminó con una sonrisa siniestra, aquello era una simple excusa para sus planes reales.

El verdadero infierno, estaba a punto de comenzar.


BUENAS A TODOS!

¡LAVENSÉ LAS MANOS, SALGAN LO MENOS POSIBLE, UTILICEN TAPABOCAS AL SALIR Y MANTENGAN SU DISTANCIA!

¿Cómo están? Espero que bien, el año ha comenzado bastante difícil para el mundo entero. Sé que es bastante abrumador el quedarte encerrado todo el día, todos lo días en la casa y también se que tristemente, muchas personas no se puede permitir tal cosa por las pocas garántias que les ofrece el gobierno.

Espero que se estén cuidando mucho, y ánimos.

Este capítulo en especial quiero dárselo a Mafer, ha estado atrevesando por cosas difíciles y se que muchos también; espero que de alguna manera los logré animar.

Gracias especiales a Alexandra Rosas que me ha ayudado explicando los procesos médicos, he intentado apegarme a la realidad, en lo más que pude.

Ójala le haya gustado.

Zhang.