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Fecha de edición: 15/05/2020
Capítulo 9.
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"Cuando la dictadura es un hecho, la revolución se vuelve un derecho"
— Víctor Hugo.
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TRES MESES DESPUÉS
Frunció el ceño y detuvo su andar al percatarse de lo que pasaba unos metros más allá del corredor que la llevaba hasta el laboratorio, un grupo de Generales y Mayores, estaban mirando con una sanguinaria satisfacción como esos pobres jóvenes se atacaban entre sí, sin decoro alguno. Todo lo que había dicho Madara Uchiha se había vuelto realidad.
Habían transcurrido apenas tres meses desde el ataque y de una manera sorprendente, la base se había llenado día con día de chicos y chicas demasiado jóvenes cuyo miedo era un adorno constante en sus orbes y la inocencia aún aferrada a sus cuerpos, era el sinónimo de su muñeca temblorosa mientras apuntaban con un arma al que fue su mejor amigo.
Tres meses que odiaba con toda su alma, después de que Sasuke saliera de peligro y el General Madara Uchiha estuviera satisfecho con todos los ataques perpetrados contra la ciudadanía, bajo la excusa de buscar a los terroristas, Karin volvió a retomar su papel como médica de cabecera para tratar al Mayor Uchiha.
Los días pasaron lentos durante la recuperación; sin embargo, la única vez que había visto a Sasuke consiente después de la cirugía fue el día en que salía del hospital para retomar sus labores. Los ojos negros la observaron intensamente por unos largos segundos, antes de que el guardia en su compañía le instara a seguir el camino.
Mikoto Uchiha no volvió a aparecer, al igual que Fugaku o Madara Uchiha. No había podido imaginar que el hombre fuera tan cruel por naturaleza, disfrutando como corría sangre de personas inocentes o hasta de sus seres queridos; empero Karin de manera implícita se lo había mencionado.
« —A veces me pregunto, si esta fortaleza nos hace perder la humanidad».
Inhaló profundamente, volviendo a la realidad. Llevó una mano a la boca y ahogó un gemido de horror, sintiendo como sus ojos se ponían vidriosos. Ahí, delante de ella, dos personas se miraban fijamente sin poder decir ni una palabra. Los veía, las lágrimas que bañaban sus jóvenes rostros. Sabían que ya no había marcha atrás, alguno de los dos debía lidiar con ese fatídico desenlace. Sus corazones conectados, su miedo desbordándose por cada poro bajo aquel extenuante calor. Un momento íntimo en el que se permitieron sonreír…aunque no todo prevalece hasta la eternidad y menos aquellos momentos de felicidad.
Un grito lleno de dolor y desesperación se hizo presente, causando que los pájaros volaran alto y se perdieran entre las nubes.
Podía observar a uno de los hermanos gimoteando sobre el cuerpo del otro, mientras lo llamaba a gritos. Se había auto-disparado, sin poder soportar el dolor de matarse entre sí, por lo que había decidido suicidarse. Y sin desearlo, se preguntó si el otro haría lo mismo; no obstante, la risa de los generales había quebrado en pedazos el momento de dolor. Formó dos puños con sus manos hasta dejar los nudillos blancos con la rabia. Dispuesta hacer un desvío en su camino y enfrentar a ese estúpido grupo de hombres que se creían superiores riéndose del dolor de los demás.
Sin embargo, sintió una mano grande y pesada que la obligaron a detenerse. Reteniéndola contra su voluntad en ese lugar. Giró su cabeza con rapidez, chocando con un par de ojos poco conocidos, y lo analizó en silencio durante unos largos minutos tratando de descifrar algo que le ayudara a identificar a ese sujeto.
—Suéltame—siseó con rabia, mientras retiraba la mano con un solo movimiento.
—El Coronel Haruno la está esperando—respondió con simpleza, mientras señalaba en dirección a su lugar de trabajo. Frunció más el ceño al ver que su padre la estaba buscando de nuevo. La primera vez que habían estado frente a frente, se quedaron en completo silencioso estudiando al otro de manera paulatina, hasta que él decidió marcharse. Seis años era sin duda alguna, demasiado tiempo.
Si en tan solo unos meses alguien podría cambiar, ¿qué garantía daban esos seis años de que el otro siguiera siendo el mismo? Pensó, dando un último vistazo al hombre junto a ella y siguió su camino. Mientras los gritos y el llanto se perdían con la distancia, dejaría de ver una batalla para pelear la de ella.
La oficina estaba en silencio total y el laboratorio adyacente que utilizaba, se encontraba ocupado por sus dos asistentes de aquel día que miraban curiosas de reojo lo que sucedía fuera. Volvió al frente y divisó a su padre parado detrás de su escritorio revisando algunos papeles.
—¿Qué estás haciendo aquí, padre?—murmuró con burla, estudiando cada uno de sus movimientos. El hombre salió detrás de su escritorio y lo observó mejor, los años habían hechos estragos en él: las bolsas oscuras, adornaban sus ojos producto del cansancio; las arrugas, comenzaron a ser más notables en el contorno de sus orbes y su boca; el cabello blanco, empezaba llenar gran parte de su cabellera rosa oscuro.
Sin embargo, él no respondió. Mientras la tensión entre ambos se volvía palpable, a simple vista se podría percibir el enojo de cada uno. Sakura tenía todo su cuerpo tenso, y el Coronel Haruno la miraba fijamente con el ceño fruncido. Parecían dispuestos a atacarse en cualquier momento, sin importar las consecuencias y daños que podrían traer consigo.
—Sabes, debo reconocer que me sorprendí un poco cuando me dijeron que habías aceptado la propuesta.—La miró con algo de rencor—.Seis años. Dime ¿por qué lo hiciste Sakura? No eres de las que se arrepienten y vuelven, mucho menos de temer a la muerte. Has sido entrenada para eso.
Apretó sus manos y dio un paso al frente, el soldado escolta de su padre la imitó, preparado para atacar.
—La verdad creo que se está confundiendo Coronel Haruno, en realidad usted nunca me conoció como tal, podría decirse que somos solamente dos conocidos a vista.—El mencionado frunció más el ceño.
—Eres una chiquilla insolente Sakura, tu madre estaría muy decepcionada de ver en lo que te convertiste, una asquerosa rebelde—murmuró con un poco de burla maliciosa, sabía que el tema de la mujer que la había traído a la vida, era intocable y más por él, su propio asesino.
— ¡Cállate!—gritó con enojo cerrando fuertemente sus puños— ¿cómo te atreves a hablar de ella? Eres un asesino. Su asesino. No creo que desee ver a su única hija convertida en eso, si viviera te viera, te odiaría. Estoy segura, morir en medio de un operativo que desde el comienzo no tenía razón de ser ¿qué necesidad había en mandarla? Tú le metiste esas ideas en la cabeza, de la supuesta importancia que no tenían realmente.
Cerró fuertemente sus ojos, no podía dejarlo verla llorar, no a esas alturas.
—Sabía que había sido una emboscada mucho antes de ir; no obstante, en vez de evitar una tragedia y la perdida de una equipo completo, dejaron que los mataran para utilizarlo como una excusa barata y atacar. Una gran jugada en el tablero ¿no le parece, Coronel?—preguntó con ironía, la rabia le carcomía por dentro, había sido una jugada muy elaborada; pero la trampa era demasiado obvia y habían caído en ella.
—Y aún después de tanto ¿no lo superas? Qué pasa contigo Sakura, acaso el enamorarte te hizo débil. Una buena para nada. Pensé que sería algo que ayudaría a fortalecer tu carácter y no confiar tan a la ligera—murmuró su padre con un poco de burla, mirándola con ojos venenosos esperando una reacción por parte de ella que nunca llego. Tan solo una fría respuesta.
— ¿Qué es lo que ocurre contigo? ¿Cómo lo superaste tan rápido?, ¿ No era acaso la mujer que más amabas?—Contraatacó con un poco de odio—Así fue que lo superaste, vaya que amor tan grande le tenías padre.
— ¿Quién te crees para cuestionar eso chiquilla insolente? Ella sabía lo que hacía Sakura, no pienses que tu madre era tan estúpida. Conocía perfectamente de que trataba la misión y las consecuencias que traía consigo aceptarla.
Se acercó amenazante, la tensión había llegado a su máximo punto y en cuestión de nada, alguno de ellos saldría lastimado.
—Así que deja de ponerla en papel de víctima y despierta. No vives en un mundo cualquiera y no te han educado para tomar las cosas tan a la ligera como un estúpido civil. Mejor redímete y trata de no hacer algo que no debes esta vez; solamente sigue las reglas o sino, seré yo mismo el que dicte tu sentencia por ser una asquerosa traidora. Sasuke ha sido demasiado suave contigo.
— ¿Cómo sabes que no estoy haciendo algo ya, mientras estoy aquí?—Lo miró fijamente con sus orbes jades, esperando una respuesta. Ansiando que hubiera dado donde debí para hacerlo caer por ese día y ganar una batalla de las tantas que habían tenido. Sumergida en tantas guerras, con su padre, su estado y la peor de todas, consigo misma.
—Porque si eres inteligente y tanto aprecio le tienes a ese Naruto como dices, no harás nada para dañarlo. Puede que lo hayamos sacado de ese lugar, pero aún permanece aquí con su puesto.
Lo último había hecho tensar a la Mayor Haruno en cada parte de su cuerpo, la rabia invadió su ser y apretó los puños y se acercó hasta que dar a dos metros de su padre. Todo paso tan rápido que no se había percatado de ello. Una palmada sonora que silencio la habitación y un golpe seco contra el suelo, producto de la bofetada que hizo caer a Sakura mientras sostenía su mejilla lastimada. Con odio en su mirada, le gritó:
— ¡Eres un cerdo! Mejor vete a revolcar con esa zorra. No te sorprendas tanto, lo sabíamos desde antes, mi madre, pobre de ella por tener que casarse con un sujeto como tú. Todo es tu culpa, vete al infierno con esa.
—¿Acaso esa es la historia que te vendieron esos rebeldes? ¿Qué traicioné a tu madre? Donde quiera que este, sabe que nunca hice tal cosa.
—¡Lárgate!—gritó furiosa levantándose del suelo. Había dejado de tocar su mejilla aún roja, la sangre se acumulaba en su boca; pero su rabia superaba cualquier dolor que sintiera en esos momentos.—¡Largo de mi oficina, o de lo contrario lo lamentarás!
—No me puedes echar, Sakura. Sigo siendo tu superior.—Señaló con tranquilidad, pese al estado iracundo de su hija.
—Esta es mi oficina y laboratorio, Coronel Haruno. Está en contra del protocolo que entre a este lugar sin autorización de los otros mandos superiores. Bien se sabe que la creación de armas biológicas es un proceso delicado, de igual manera nunca dejamos cabos sueltos. El virus tiene que venir con su cura para esos países aliados o suministrarla cuando el enemigo se rinda; pero siempre se crea primero el mal que su cura. No me haré cargo de cualquier eventualidad que le suceda, cuando claramente ignora las reglas.
La amenaza era clara, Sakura sabía, tenía todas las de ganar, podía simplemente pedir a uno de sus ayudantes tomar alguna de las muestras en el vial e inyectarlas. Era la palabra del Coronel Kizashi Haruno contra la suya y en esos momentos los militares la necesitaban, pocas personas habían estudiado medicina y virología, de no ser así, nunca la hubieran perseguido con tanto esfuerzo.
El Coronel Haruno la miró por última vez, escaneando con rapidez el laboratorio adjunto y sus ocupantes, giró sobre sí, antes de marcharse seguido por su fiel escudero cerrando la puerta a su paso.
Sakura se tambaleó hacía atrás, sintiendo como todo su cuerpo se relajaba en el proceso se apoyó sobre el borde de su escritorio. Llevó su mano a la mejilla izquierda, el dolor de la cachetada no había cesado y sin lugar a dudas, el golpe iba a dejar una marca durante algunos días. La puerta del laboratorio se abrió, mientras el sonido de las pisadas apresuradas se acercaban a ella.
—Mayor Haruno.—La voz de Ayame, su ayudante, provocaron que enfocara su mirada en ella. Después de que se incorporara de nuevo a su división, Ayame le fue asignada como ayudante para las investigaciones, de cabellos chocolates y ojos azules. Tenía un muy buen curriculum a decir verdad, Karin había supervisado algunos de sus trabajo y en su ámbito profesional no había mucho de que quejarse, pese a ser bastante silenciosa y taciturna, conocía su especialidad.
Por otro lado estaba Kano: sus ojos grises, se encontraban siempre ocultos detrás de un par de lentes de marco oscuro; su cabello era corto, bastante fácil de manejar y perfecto para trabajar en el laboratorio; sin embargo, pese a los tres largos meses que habían trabajado juntas, nunca habían logrado cruzar más que un par de palabras o frases cortas respecto a su trabajo.
En ocasiones se sentía observada más de la cuenta por ella, aunque seguramente era simple imaginaciones suyas por el estrés acumulado que representaba toda la carga de trabajo que les fue asignada.
—Estoy bien—contestó de manera simple, pese al dolor.
—Iré a traer un poco de hielo y calmantes. Usted debe saber mejor que yo, dentro de poco, su rostro se hinchará y dificultará algunas actividades como el comer o hablar, es preciso que se trate el golpe, no sabemos cuándo nos llamarán para exponer el avance Mayor Haruno, y ellos no aceptarán a otra persona.
Ayame salió de la oficina, mientras sentía la mirada penetrante de Kano sobre ella. Y la ira corriendo por su cuerpo, tantas palabras y tantos recuerdos que realmente la embargaban y creía estaban olvidados.
Un rápido movimiento la alertó y se movió a un costado, notando el peligro en el aire, dejó sus ojos caer sobre la mujer de ojos grises. Las gafas habían sido arrojadas al suelo y los ojos grises eran adornados por una mirada fiera y peligrosa.
Kano sonrió antes de abalanzarse sobre ella con un bisturí en su mano derecha. Esquivó con agilidad los golpes y se dispuso a atacar con la mano desnuda, acertando uno en su mejilla izquierda, provocando que esta se detuviera por unos segundos.
—¿Quién eres?—preguntó cortante, observando el bisturí en la mano derecha de quién se hacía pasar por su ayudante, Kano.
—Quién soy no es de relevancia, Sakura Haruno. Han pasado tres meses, la resistencia aún tiene un precio por tu cabeza, he esperado paciente a una oportunidad similar y hoy podré cobrar finalmente la recompensa.—Se limpió la sangre del labio inferior, agitó el bisturí bañado en un veneno visible, estudiando cada uno de sus movimientos y planeando el siguiente.
—Una mercenaria, ¿cómo has entrado en este lugar?
—Maté a la escoria que se llamaba Kano y trabajaba para ustedes, bastante fácil a decir verdad, creí que sería un poco más difícil, dicen que todos son buenos en comparte cuerpo a cuerpo; pero con ella fue simple, un corte en la yugular y ahí quedo en medio del callejón. Un día de descanso en la ciudad, convertido en la tumba. Como soy parecida físicamente, no fue realmente complicado entrar en el lugar, sobre todo si tienes ayuda.
Sacudió sus hombros y movió las piernas, la confianza desbordaba en la impostora. Sakura frunció el ceño, ¿ayuda? Era imposible entrar en la base de datos a no ser que se hubieran infiltrado el día del ataque o antes; pero ¿cómo?
—¿Quién te ayudó a entrar? ¿Dónde está el cuerpo? —Sakura sentía la furia en su cuerpo, el asesinato de una persona que definitivamente no había podido defenderse carecía de honor.
—Nunca vi a su traidor; pero deberían pagarles un poco mejor, esa cantidad tan ridícula de dinero para que me ayudará a entrar. Lo del cuerpo, bueno los caimanes han estado hambrientos y esta escasez de alimento que ustedes no sufren, fue su mejor banquete hasta ahora.—Encogió sus hombros antes de lanzarse al ataque. Esquivó sus movimientos con cierta dificultad, la mujer era bastante buena.
Se agachó esquivando el ataque, e hizo una combinación de golpe en la boca del estómago y en la pantorrilla derecha que la desequilibraron; pero no derribaron.
Ella volvió a lanzarse por ella, sus golpes exactos y llenos de precisión combinados con una velocidad envidiable, esquivó y bloqueó ataques mientras los objetos en la oficina caían y otros se rompían por los movimientos, dando un rápido vistazo a su espalda vio el escritorio que se atravesaba en medio del camino en su siguiente paso, dejando toda su atención al golpe que venía a continuación, evitó el golpe saltando a un lado y pateo la mano que sostenía el pequeño puñal, se acercó y pateó la parte trasera de sus rodillas para que cayera.
Sakura se abalanzó con rapidez sobre ella, sus piernas contenían las rodillas para evitar cualquier movimiento, sus manos inmovilizaban ambos brazos con fuerza, mientras la mercenaria intentaba liberarse sin mucho éxito.
—¿Cuántos más hay?—preguntó Sakura, ejerciendo presión sobre su agarre. La mujer bufó intentando soltarse.
—¿Cuántos más...?
—Trabajo sola, Haruno; pero son tantos los que quieren la recompensa qué deberías dormir con un ojo abierto—sugirió de una manera simple, mientras unos pasos pesados se acercaban por el pasillo que daba su laboratorio.
La puerta se abrió nuevamente; empero, no era Ayame en el marco de la puerta sino el Mayor Sasuke Uchiha. Pese a estar a contra luz, lo podía identificar perfectamente, aplicando un poco más de peso sobre su atacante, tomó unos minutos para analizar a quién fue su paciente hace poco.
Se veía estaba totalmente recuperado del ataque, aunque su aura había cambiado de forma sutil para pasar a ser una presencia mucho más peligrosa. Sus ojos negros la veían de manera fija, deteniendo su mirada en el cuerpo de la mujer debajo de ella y después siguiendo hasta el bisturí.
El Uchiha movió de manera sutil su cabeza y enseguida Jūgo y Suigetsu se hicieron camino hasta ellas. Sakura se levantó con rapidez, mientras esposaban a la mujer y recogían con cuidado el arma en el suelo. Salieron de su oficina y la puerta se cerró de nuevo, su boca se secó al ver un segundo hombre con cabellos rubios detrás de Sasuke.
—Naruto—murmuró su nombre si poder evitarlo y dio un paso al frente, esperando que todo fuera mentira. Después de esos tres meses no había tenido la oportunidad de verlo realmente con sus ojos, pese a los rumores que circulaban de vez en cuando. Nunca los pudo comprobar realmente.
El Uzumaki se puso a la altura de Sasuke, revelando que efectivamente era él.
No podía creerlo, ahí delante de ella estaba su mejor amigo quien sonreía, aunque era un gesto totalmente tenso en sus labios; lo cual le aseguraban, todo eso era un simple acto para ocultar lo que realmente sucedía, además de que sus orbes azules carecían de ese brillo de felicidad que siempre los acompañaban.
—Sakura. Es bueno verte de nuevo.—Saludó el Uzumaki caminando hasta el centro de la oficina. Ahora podría observarlo mejor, definitivamente su estado físico había mejorado de forma considerable en comparación a la última vez que lo vio.
Naruto acortó la distancia entre ambos y la abrazó, las demostraciones de afecto eran raras en su círculo; pero su amigo nunca fue de los que siguieran las reglas. Devolvió el gesto, sintiendo como una parte de su alma se tranquilizaba al ver que su sacrificio no fue del todo en vano.
—Es hora, Uzumaki. No tenemos todo el día.
—¿De qué estás hablando, Uchiha?—preguntó sin tapujos, algo malo estaba a punto de suceder, lo sabía.
Sasuke sonrió con burla antes de negar y contestar:
—Es hora de ver el resultado de sus trabajos, Mayor Haruno.
BUENAS A TODOS!
¡LAVENSÉ LAS MANOS, SALGAN LO MENOS POSIBLE, UTILICEN TAPABOCAS AL SALIR Y MANTENGAN SU DISTANCIA!
¿Cómo están? Debo decirles que hace como tres semanitas tenía esto escrito; pero sin corregir y por cosas académicas pospuse mis deberes como ficker.
Espero que esten bien. Hoy es 15 de Mayo, mi cumpleaños y como dije en mi perfil iba a actualizar como un regalo de cumpleaños propio.
Pueden buscarme en Facebook como Min Zhang.
Ójala le haya gustado.
Zhang.
