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Fecha de edición: 04/05/2021


Capítulo 15.

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"Tienes que mantener tu cabeza en alto, seguir luchando y hacerlo lo mejor que puedas" —Pablo Sandoval.

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Leyó por última vez la pequeña nota que había llegado esa misma tarde y cerró los ojos tratando de asimilar todo, arrugó el papel en su mano lanzando un suspiro cansado. Buscó con su mano libre el mechero que siempre lo acompañaba, pese a no ser un fumador; el chasquido hizo eco en medio de aquella penumbra e iluminó su rostro por un instante mientras el papel se deshacía al paso del fuego.

Lo soltó y lo poco que quedaba cayó sobre el suelo, para que terminara de consumirse.

Avanzó a través de la oscuridad, quién había sido su mejor aliada desde hace tiempo, hasta llegar a la salida donde las tenues luces de las lámparas brillaban en medio de la penumbra. El olor característico del puerto y el sonido de las olas eran las principales protagonistas aquella noche; los hombres y mujeres trabajaban silenciosos mientras descargaban con rapidez el armamento y los medicamentos de contrabando que habían podido entrar en el país sin pasar a través de las aduanas, otros vigilaban los alrededores, en caso de que los hombres de Madara pudieran salir por cualquier lado, en modo de rutina.

Los movimientos parecían ser totalmente sincronizados, pasando de mano en mano los paquetes hasta que eran cargados en la bodega de un camión demasiado viejo y soso, para parecer sospechoso. El hombre al volante, parecía a simple vista un anciano a punto de jubilarse, escuálido y con cero energías para estar participando en un golpe de estado.

Tal vez no tuvieran la fuerza; pero si el espíritu. Lo sabía de primera mano, cuando sus ojos se habían encontrado al entregarles la misión, cada uno de los conductores eran hombres que habían vivido lo mejor y lo peor, ahora lo único que deseaban, era que sus hijos y nietos, tuvieran una salida al horror y estaban preparados para morir por ello.

Se acercó un poco más hacía la luz, mientras su cabello grisáceo y su medio rostro cubierto se volvían visibles en medio de la oscuridad y de los enormes contenedores, que le permitían parecer invisible.

—Ya casi hemos terminado, Kakashi.—La voz de Neji llegó como un susurro bajo, un secreto que tenía que ser bien guardado para la seguridad de todos. Estaban demasiado cerca de ganar todo, que ahora más que nunca, era indiscutible una buena estrategia.

—Dile a Sai que se prepare, tenemos que llevar todo hasta las casas de seguridad y repasar el plan antes de cualquier ataque.

Neji asintió de forma leve y siguió observándolo, mientras sus ojos perlados se llenaban cada vez más de esa necesidad impertinente de preguntar y confirmar lo que ya la mitad sabía.

—Dilo, Neji.—Suspiró con cansancio, se recargó sobre el metal frío y oxidado por las condiciones ambientales.

—Moegi Kazamatsuri, ¿está muerta?

Kakashi cerró los ojos y se irguió nuevamente, mientras se alejaba a pasos lentos por donde había llegado.

—Kakashi.—Exigió con firmeza, ahora sentía todos los ojos sobre él.

—Mañana haremos la ceremonia, el cuerpo será colgado al alba en las puertas de la base.

La tensión del Hyūga llegó hasta él, algunos sollozos acompañaron los sonidos de rabia y Kakashi apretó sus manos.

—¡Era una niña!—gritó alguien, olvidando dónde estaban.

—Y esto es una guerra...Que pronto explotará para llegar a su fin.

Giró levemente su rostro, mirando por su único ojo bueno al grupo que hombres y mujeres que se habían juntado a altas horas de la noche para terminar una de las tareas más importantes antes de que el infierno se desatara sobre la tierra.

—Madara Uchiha no conoce la moral, pese a todas esas reglas que protegen a la mujer, él está sobre ellas. Fue el mejor destino que pudo sufrir la pequeña Moegi.—Se detuvo un momento antes de continuar—. Las niñas que han caído en sus garras han tenido finales mucho peores que una muerte rápida, sé que ella luchó hasta su último aliento, murió con la suerte que no muchas han tenido… Los cuerpos profanados de hermanas, esposas e hijas han quedado en el olvido para ellos, en una fosa común en medio de la nada; pero hoy aún las recordamos y las vengaremos.

Algunos cerraron los ojos, intentando luchar con los horribles recuerdos.

—¿Cuándo será eso?—preguntó alguien no muy lejos.

—Pronto, es mejor que se preparen y disfruten de la poca paz que aún nos queda.

—Kakashi.—Neji lo llamó nuevamente, sin éxito.

Los aplausos repentinos interrumpieron la pequeña discusión en proceso, el sonido errático era sin duda, una burla obvia de lo que sucedía. Tanto Neji como Kakashi, al igual que todos los demás presentes alistaron sus armas y apuntaron a la oscuridad mientras vigilaban lo que saldría de la penumbra, las pisadas se volvían cada vez más fuertes hasta que apareció en medio un hombre que todo el mundo reconocería.

Zetsu era uno de los hombres de confianza de Madara Uchiha, los rumores decían que era uno de los pocos que sin apellidarse Uchiha contaba con una buena posición dentro de la jerarquía militar y era respetado; uno de sus protegidos cuando era más joven. La crueldad característica que todos temían, eran una de sus cualidades ante los ojos del General.

Tantas vidas habían acabado en aquellas manos por simple diversión; las muertes más horribles se debían a aquel hombre delante de ellos, demasiado inteligente y sin escrúpulos. Poco salía ahora; sin embargo cuando lo hacía, era el infierno sobre la tierra o bien, algo grande estaba a punto de suceder y por eso tenían la desgracia de verlo en persona.

Observaron en silencio el pequeño grupo de soldados que les rodeaban, dispuesto a abrir fuego en cualquier momento.

—Así que realmente Terumi tenía razón, los movimientos en la zona del puerto han estado algo agitados últimamente y ¡vaya sorpresa con la que me encuentro! Aunque no del todo, ya decía yo que los Hyūga no eran realmente los mansos corderos que aparentan ser.—Miró a Neji con un poco de burla y se acercó con tranquilidad hasta uno de los camiones.

Dio una vuelta observando el enorme auto y se detuvo al llegar a la puerta del conductor.

—Vamos a ver qué están planeando, abre la puerta y descarga una de las cajas, viejo—ordenó simplemente, esperando a que el anciano se moviera de su lugar; sin embargo, este se quedó firme en su sitio.

Zetsu al notar la falta de sonido presuroso, volvió su vista al anciano y frunció el ceño.

—Abre una caja, anciano.—Su rostro perdió todo rastro de burla, mientras sus ojos se teñían de esa maldad tan abrumadora.

—No.—Fue la respuesta baja, mientras la mano huesuda del anciano prendía el camión y seguido las ponía sobre volante.

Zetsu chasqueo y sacó su arma para hacer un disparo al suelo, el anciano apretó con más fuerza el volante y los demás dieron un paso al frente con sus armas apuntando directamente al hombre de Madara.

—No estoy jugando, viejo. Abre o de lo contrario…—Sonrió levemente antes de levantar su mano libre y hacer una pequeña seña, uno de los soldados salió desde la parte trasera escoltando a un cuerpo mucho más pequeño. Era uno de los niños que se habían escondido por el perímetro para vigilar y avisarles de cualquier cambio a los centinelas que tenían que cuidar—. Lo mataré.

La resistencia levantó sus armas, apuntando sin vacilar a Zetsu y su hombre, el primero rió y las pisadas sonaron con fuerza a través de la oscuridad, en cuestión de segundos estaban rodeados con más cañones apuntando sin miedo.

Kakashi observó a Zetsu y volvió su mirada al niño y después al anciano. El hombre de Madara volvió a presionar la boca del arma contra la frente del niño y este tembló más, sus ojos inocentes estaban llenos de miedo al enfrentar la realidad de las cosas y lo que parecía un final inminente, el viejo se lanzó con rapidez al tiempo que un grito profundo cortaba el silencio.

Un disparo y el grito de horror.

—¡Abuelo! —Los sollozos tomaban fuerza y Zetsu se burló caminando hacia el hombre.

—Viejo estúpido.—Pateó al anciano quien se retorcía de dolor sobre el suelo, por su pierna sangrante.—No te hagas el héroe, debería matarte o encadenarte a la pared de mi habitación.

Se acercó un poco más y pisó por placer la herida, el viejo lo miró con furia; pero no gritó. Zetsu insatisfecho, utilizó más fuerza sobre su pie esperando la reacción tan ansiada.

—Ba-Basura.—Los jadeos se volvía más erráticos y su respiración más pesada, la pérdida de sangre comenzaba a pasarle factura.

El soldado realizó una pequeña señal y el subordinado se alejó dando espacio a su superior.

—¿Cuántos años tienes niño?—preguntó de forma casual, tocando su cabello con una caricia demasiado obscena mientras el arma seguía sin moverse.

—Do-Doce…—tartamudeo con miedo, cerrando los ojos.

Zetsu rió con gozo y bajó su mano hasta el hombro, tocando su rostro y apretando su cuello blanco.

—Una delicia, ese cuerpo pequeño e inocente.—Acercó su rostro y olió al niño, este comenzó a llorar y apretó sus pequeñas manos formando dos puños—. Me puedo imaginar los pequeños sonidos, el dolor...

Neji se adelantó unos pasos sin poder soportarlo más, el asco que sentía en cada palabra pronunciada, la bilis subía y se alojaba en su garganta lista para salir, mantuvo el arma firme, y apuntó sin miedo.

El monstruo en piel de hombre se burló, acercando más al niño.

—Estarás viendo todo desde el infierno Hyūga.

—Iremos juntos; y observaré cómo pides misericordia.

—Eso ya lo veremos.

Todos elevaron sus armas listas para abrir fuego; la rabia burbujeaba en la sangre y hoy morirían antes de permitir otro niño tomado frente a sus narices. Que el infierno llegara y se los llevara, morirían con honor defendido lo justo.

Los disparos sonaron lejanos, y los gritos nunca llegaron. Zetsu giró buscando la razón del porqué los personajes delante de él no caían como las ratas que eran; pero conocía demasiado bien el olor de las armas para equivocarse sobre la esencia que venía detrás de él.

—Buen viaje al infierno, Zetsu.

—¡Tú!—siseó por lo bajo, al escuchar su voz, viendo la máscara oscura en forma de cuervo que sobresalía por encima de su hombro. Sintió la mano sobre su cuello y después un corte profundo atravesando su yugular.

El arma cayó primero, el niño corrió en dirección a su abuelo herido y observó desde la distancia como el cuerpo del hombre que lo había tenido retenido, se tambaleaba y caía de rodillas.

La figura de otro sujeto con ropas oscuras, una máscara que cubría por completo su rostro y la capa sobre su cabeza, caminó sin prisas hasta quedar delante de Zetsu y agachó hasta quedar a la altura de este.

—Ten un buen viaje al infierno.

—T-Tú...—Escupió la sangre y sus ojos se volvieron blancos cayendo de manera fulminante sobre el suelo.

El Cuervo se levantó nuevamente, miró por unos segundos al niño y al anciano antes de volver hacía Kakashi, el resto de hombre y mujeres que se habían aglomerado delante de él, en lo que hubiera sido una última batalla de sus vidas.

—Cuervo.—Saludó Kakashi bajando el arma y regalándole un leve asentimiento con su cabeza. Los demás siguieron su ejemplo, algunos ojos curiosos lo observaban de forma directa y otros lo hacían de manera disimulada, susurrando entre ellos.

La única persona que tenía más contacto con él y sabía quién era realmente «El Cuervo» era Kakashi Hatake. Los rumores decían que toda la resistencia había comenzado con él, algunos otros que había más integrantes; pero nadie sabía realmente quienes eran. Las personas que habían sido invitadas de manera personal por él, era de alguna manera demasiado buenos en lo que hacían y representaban una parte indispensable de todo aquello.

No obstante, nadie nunca había visto su rostro y sabían que el hombre de cabellos grises se llevaría el secreto hasta la tumba.

—Márchense rápido, el grupo de Zetsu a sido pequeño porque es solo una parte; otros vendrán pronto al ver que no vuelve.—La voz del Cuervo había sido baja y tranquila, aunque algo distorcionada; pero sin dejar ese tono de orden.

—Ya lo escucharon, apresúrense, tomen todo porque ya no podremos volver. Esto ha sido una primera grieta, pronto la guerra estallará y el puerto será controlado de manera radical.

Kakashi ordenó a nadie en particular, mientras los hombres y mujeres dejaban el cuidado a un lado, terminado de descargar todo y despidieron a los hombres. Un miembro joven suplantó al anciano en el volante y los demás tomaron al niño y al herido en otro vehículo, en cuestión de minutos el sonido de los motores rugió haciendo eco y después ser perdieron en medio de la noche, mientras iban a oscuras por las calles para no ser detectados.

Los únicos que quedaban era Neji, Kakashi y El Cuervo. Este último observó al primero, el Hyūga se despidió con su cabeza y corrió en dirección opuesta a los demás para partir en su propio auto.

—Gracias—dijo Kakashi luego de unos segundos, dejando escapar un suspiro de cansancio. El Cuervo caminó hasta los contenedores, ocultándose nuevamente entre la penumbra, el hombre de cabellos grises lo siguió sin vacilar y esperó a que hablara.

—El momento se acerca.

—Lo sé, ¿cómo es posible que supieras de la emboscada? ¿Los mataste a todos?

El silencio se prolongó un poco más; sin embargo, ninguno estaba ansioso.

—Mis informantes me avisaron; pero estoy seguro de que también te lo hicieron llegar.

—Estuve todo el día por fuera.—Se detuvo unos minutos antes de continuar.—La muerte de Moegi llegó también como una sorpresa para todos y teníamos que terminar de revisar el plan para esta noche, debió quedarse sobre el camino.

Apretó los puños, sintiendo la ira correr por su sangre de solo pensarlo.

—Puede que perdamos muchas vidas inocentes; pero esteremos salvando muchas más Kakashi. Ese es el único consuelo que tenemos.

—Pero...

—Los «peros» en una guerra no valen. Nuestras debilidades serán nuestro final, acuérdate de eso.

—Lo hago; pero aun así...

—Comprendo tú rabia; sin embargo, si te dejas llevar estarás dándole al enemigo lo que busca. Sin una estrategia en el campo de batalla, no saldrás de ella y serás enterrado junto a los demás, con un monumento como recuerdo, si eres del bando ganador.

—No me interesa la gloria, solo quiero un mundo libre, donde ya nadie tenga miedo.

—Y por eso estamos aquí.

—Sí.—Confirmó con voz baja, mirando al Cuervo y toda su ropa. Kakashi giró en dirección a la oscuridad, donde deberían estar los cuerpos sin vida de sus enemigos, hombres que trabajaban con Zetsu.

—¿Lo hiciste tú solo?—Cuestionó el líder de los rebeldes luego de unos minutos analizando la situación.

—Sí.—Fue la respuesta cortante.

—¿Cuántos?

—Mañana lo averiguarás. Mantente atento, Kakashi. Ahora solo queda la cuenta regresiva.

Miró por última vez el camino oscuro a sus espaldas y avanzó por medio de los contenedores, perdiéndose en medio de la oscuridad.

Kakashi lo vio marcharse, preguntándose a dónde iría después. En ocasiones lo sentía demasiado solo, aquella soledad que había elegido le hacían cuestionarse ¿cuántas personas no estarían sacrificándose por la causa? Él había elegido ese camino y pese a no tener un confidente, sabía que todas las familias y miembros de la resistencia, estaban ahí para él.

Los fines de semana que en su juventud fueron realmente oscuros y silenciosos, se habían cambiado por gritos de alegría y risas disfrutando de una tarde cerca del río, olvidando por unos segundos todo lo feo que había invadido su mundo y se permitía disfrutar de las pequeñas alegrías que podían robar en medio del caos.

Por eso cada pérdida había sido tan difícil, estaban matando a la familia que había elegido acompañarlo por esa larga travesía pese a saber a todo lo que se enfrentaban, los días pasaban de prisa e intentaban vivirlo como si fuera los últimos, ya que en esos tiempos, nadie sabía realmente cuando vendría la muerte.

Él se quedó escondido entre los enormes contenedores, observando los primeros rayos de sol y esperando a que los hombres de Zetsu finalmente aparecieran a buscarlo, después de eso, sería solo cuestión de tiempo antes de que todo explotara.

Los primeros gritos por su superior llegaron cuando el sol se veía en la distancia rozando levemente el cielo y cambiando a un tono anaranjado, Kakashi observó desde su escondite como se tropezaban con el primer cuerpo. El Cuervo realmente rebanaba sus cuellos y dejaba varios orificios en el cuerpo de su víctima, pensó para luego mirar al cielo y observar algunas aves rondando ya su presa.

Lanzó un suspiro cansado, volvió sus ojos a la masacre y se marchó. El anuncio sería dado en breve y tenía que verlo en persona.

Se desplazó por las calles casi desiertas, algunos ciudadanos lo miraban y asentían, otros apartaban la vista con miedo ¿podría culparlos? Todos sabían quien era y no todos podían luchar, eso lo aceptaba. El trayecto fue largo y silencioso, cuando llegó hasta la casa nada mejoró.

El primer paso cerca de la puerta fue su advertencia, la pesadez en el ambiente… Algo no había salido bien del todo.

Entro por completo a la estancia y lo vio, las caras inexpresivas e incapaz de mirarle a los ojos se lo confirmaban, caminó un poco más hasta la habitación donde percibía los leves gemidos infantiles, ahí encontró a Neji y este negó.

Kakashi cerró los ojos y obligó a sus piernas moverse, una mano sobre los cabellos del niño y sus orbes fijos en la tez pálida del anciano en la cama improvisada, su mirada viajo hasta la joven rubia que ayudaba a atender a los heridos, Ino también negó y observó al niño aferrado a la mano huesuda del hombre.

«Otro huérfano de la guerra» pensó con amargura sin apartar la vista del cuerpo.

—Los Yamanaka, nos haremos cargo de él.—Fue la voz tranquila de Ino, mientras lo miraba con fiereza.

—Gracias.—Ella negó.

—Gracias a ti, Kakashi.

Él sonrió amargamente, gracias a él ahora estaban atrapados en medio de una guerra donde moría gente inocente: donde los niños se encontraban con la muerte de frente y conocían la bajeza del ser humano unos minutos antes de morir o bien, en sus últimos días; gracias a él, se preguntaban día y noche si hoy darían su último respiro; gracias a él, tenían que cuestionarse si quedarían en una fosa sin nombre hasta que ellos pudieran encontrar sus restos.

—Buenos días a todos, tenemos noticias de último minuto. El General Madara Uchiha ha solicitado una rueda de prensa de manera urgente a todos los medios en el país, estaremos transmitiendo en unos minutos sus palabras.

La voz de la presentadora llegó como el agua fría que los despertaba del trance tan doloroso; sin embargo, nadie se movió. Sentía todos los ojos sobre el anciano muerto delante de él, y era lo único que importaba por el momento.

Los minutos pasaron largos y en completo silencio, pese a la voz de Madara Uchiha por el televisor en la sala, había escuchado la cantidad de soldados que mato El Cuervo sin ayuda, 25 hombres o marionetas, sería la palabra más acertada, una locura total a su parecer.

Más palabras sin sentido hasta la última frase, Kakashi miró sobre su hombro hasta observar el pequeño aparato detrás de él.

La guerra real había comenzado.


¡muchísimas gracias a todos los que aún siguen la historia! Espero que les gustará este nuevo capítulo!

Así que sigan pendientes a las actualizaciones!

Zhang