Disclaimer's Incluidos.

Fecha de edición: 23/05/2021


Capítulo 16.

.

"Quieres cambio sin sacrificio. Quieres paz sin lucha. El mundo no funciona así."

—Jeff Daniels

.

.

.

Sus dedos cubiertos por los guantes de cuero, cayeron rítmicamente sobre la madera de la enorme mesa redonda, podía escuchar las voces discutiendo los acuerdos y otros tantos leyendo los papeles que había preparado.

Todo era demasiado monótono y dentro de lo habitual que no veía la necesidad real de estar ahí; sin embargo, Madara había dicho que era primordial su asistencia y bien sabía no tenía: ni voz ni voto en el asunto.

El viaje había sido bastante largo, más de 10 horas de vuelo hasta Praga aterrizando a la media noche, el descanso fue mínimo y en ese momento le estaba comenzando a pasar factura, la irritación se estaba volviendo más evidente; pero tenía que controlar su mal humor.

—Mayor Uchiha.—La voz de Jūgo fue baja y tranquila; no obstante, sabía de primera mano que algo no estaba bien, él nunca se atrevería a susurrar nimiedades en medio de una cumbre tan importante.

Sasuke detuvo su mano y se inclinó un poco en dirección a su hombre de confianza, incitándole a continuar.

—El General Madara Uchiha ha dado la orden.

—¿Cuándo?—preguntó sin apartar la vista de los demás.

—Hace unos minutos, han matado a Zetsu.

Sasuke hizo una mueca, uno de los favoritos había caído y el caos apenas comenzaba.

Zetsu había sido uno de los mayores confidentes y aliados de Madara durante los años en su juventud, había demostrado su valía y hoy en día dada la edad y su rango, disfrutaba más que nada de los privilegios que le daba su título.

Las pocas veces en qué había visto a Zetsu sin estar en un llamado oficial eran contadas; sin embargo, conocía que Mei Terumi y él, si resultaban en ocasiones algo cercanos.

Su primer encuentro con el hombre había sido hace mucho; pero nunca lo olvidó. La mirada sobre una Sakura apenas entrando en el mundo de la milicia, el deseo enfermo que mucho más tarde entendió, le habían provocado un malestar incomprensible en su momento; aunque no tardó mucho en darse cuenta de todo.

Había solicitado una pequeña reunión con Madara, después de todo, eran familia y desde su nacimiento conocía la preferencia sobre algunos otros dada sus habilidades sobresalientes en diversos campos, habían comentado entre voces que se veía a sí mismo reflejado en él.

—En resumen, quieres a Zetsu lejos de Sakura Haruno.—Fue la respuesta simple y corta para su petición de alejarlo, ya que los argumentos habían sido sólidos.

No era un niño; los hechos de violación en la base eran recurrentes cuando las mujeres y niñas, estaban solas y desprotegidas de los demás, pese a las fieras leyes que existían, habían ocasiones en donde se omitía de una forma descarada tales acciones.

Los ojos de Madara expresaban lo divertido que se sentía respecto a la situación, ya que se se había quedado observándolo durante unos largos minutos antes de contestar.

—Sí, los Haruno siempre han sido nuestros aliados y...

La mano enguantada en cuero alzó frente a él, deteniéndolo.

—Sé quienes son los Haruno, Sasuke. No es necesario que me lo recuerdes.—Se detuvo un momento para acomodarse mejor en su silla, descansando sus brazos sobre la madera del escritorio—. Lo que me parece interesante es el interés que tienes por esa niña, bastante inteligente y astuta...

Sasuke separó sus labios para refutar; no obstante la mirada de Madara lo calló antes de pronunciar palabra.

—No sería una mala unión para los Uchiha puedes seguir sí así lo deseas, yo me encargaré de Zetsu, no tienes de que preocuparte.

Él lo miró unos segundos antes de asentir, mientras intentaba asimilar lo que había dicho Madara, quien rió divertido, lo que era raro. Dando un saludo militar cómo había aprendido se marchó de prisa, cerrando la puerta de la oficina.

—Mayor Uchiha.—La voz de Jūgo parecía algo preocupada en su llamado, saliendo de su trance volvió sus ojos a él, esperando.

—¿Qué sucede, Jūgo?

—¿Deberíamos volver?—preguntó.

—¿Madara ha llamado?

—No, aún no.—Su hombre de confianza miró alrededor, observando a todos los presentes quienes lo miraban con un interés demasiado obvio.

—Hasta qué no llamen por mí, seguiremos en los asuntos que nos han designado—contesto de manera simple, volviendo la mirada al frente no sin antes murmurar por lo bajo para su subordinado—. Siempre hay que tener una estrategia Jūgo y el General Uchiha lo sabe de primera mano.

—Sí Mayor Uchiha.—Hizo una pequeña reverencia retomando su posición en la parte trasera como escolta.

El silencio tomó lugar por toda la asamblea, Sasuke miró los documentos y volvió su mirada recorriendo a todos los asistentes a la cumbre, se suponía, el tema principal sería para discutir del torneo militar que tomaría lugar dentro de poco en Japón; sin embargo, todos parecían más interesados en otras noticias que en el tema principal.

El Mayor Uchiha tomó un poco de agua, aclarando su garganta y trató de no reírse de lo ridículo que era todo.

—No veo la necesidad de postergar más lo que han decidido sin nosotros.—Levantó su mirada y observó a cada uno de los integrantes, cómo siempre China, Estados Unidos y Rusia, tenían ese aire arrogante que los caracterizaba en cada escenario.

Los demás si parecían un poco incómodos en su asiento, y Sasuke negó con la cabeza antes de seguir.

—Como ya debieron haber leído, el General Madara Uchiha quería que la actividad tuviera lugar dentro de 2 semanas; sin embargo, dado los repentinos acontecimientos, nosotros aceptaremos el cambio de lugar.

El General Smith de Estados Unidos, dejó escapar una risa antes de hablar.

—Eres bastante perceptivo, Mayor Uchiha. No me sorprende que tu general te mande en estas circunstancias a tratar este tipo de temas, dado que conoces y aceptas no son el mejor anfitrión para esta competencia. Creemos que Guatemala será un lugar ideal en esta ocasión para las actividades planeadas.

—No tenemos ninguna objeción, dado que hemos terminado de discutir todo me retiraré primero.—Tomó su gorra y Jūgo se adelantó para tomar los papeles y su maletín.

—Un momento, Mayor Uchiha. Hay otra cosa que nos gustaría hablar con usted—expresó de forma tranquila el representante de China, el General Wang quitándose los guantes.

Sasuke se detuvo y dio un leve asentimiento a Jūgo para que retrocediera, mientras su interlocutor continuaba.

—No espere nuestro apoyo de ninguna forma en lo que se avecina en su país, nunca nos metemos en problemas internos. A menos que tengan una amenaza de forma directa a cada nación aquí presente.

—Nunca he esperado tal cosa.—Puntualizó Sasuke, mirándolo fijamente.

—Solo queremos dejar las cosas claras, las guerras civiles distancia mucho de lo que un tercero puede controlar, así que nunca está de más mencionar que es prudente nadie realice alguna participación de cualquier tipo.

Sasuke intentó mantener su expresión neutra, pese al comentario bastante directo. Observó por el rabillo del ojo al representante Estadounidense moverse en su silla, ignorando los comentarios de China.

—Estoy seguro, todo terminará antes de que se pueda hacer alguna intervención; pero no se preocupen, nosotros tampoco aceptaremos un tercero involucrado en cuestiones familiares, por así decirlo. Bien hay un dicho que dice...—El Mayor Uchiha se detuvo un momento, mientras recordaba la frase.—La ropa sucia, se lava en casa.

Algunos rieron, otros se mantuvieron serenos y él sonrió un poco.

—Me alegra que lo haya entendido, ahora si desea, es libre de marcharse y disfrutar de lo que parece un poco de tiempo libre; no obstante, si me permite un consejo.—Sasuke movió su cabeza invitando al General Wang a proseguir.—En ocasiones el poder ciega al mandatario, y lo mejor para el pueblo se ve disuelto en los intereses personales; una guerra toma incontables vidas y da lugar a millones de errores, así lo demuestra la historia Mayor Uchiha, una estrategia es la llave a la victoria.

Sasuke asintió mientras trataba de ignorar sus palabras. «Si él solo supiera» pensó, las guerras civiles habían sido la destrucción y el nacimiento de una nueva época en diversas partes del mundo. En ocasiones era considerado bueno, en ocasiones malo; no obstante, todo dependía a través de los ojos que lo vieran.

El Mayor Uchiha hizo una pequeña reverencia de cortesía antes de retirarse, mientras Jūgo recogía con prisas todas sus pertenencias, los dos hombres de guardia abrieron la puerta para que pudiera seguir su camino.

Sus pasos eran lentos y suaves, mientras la oscuridad del pasillo lo tomaba por completo se apresuró hasta llegar a la puerta principal donde uno de los vehículos le esperaban.

—¿Alguna novedad en la base?—preguntó luego de unos largos minutos, observando el centro de la histórica Praga. La gente iba y venía, los turistas se tomaban fotos y reían al descubrir las cosas únicas y diferentes que tenía para ofrecer aquella ciudad.

—No Mayor.—Jūgo lo miró a través del retrovisor y observó por el rabillo al conductor antes de volver la mirada al frente.

La conversación terminó, dejando a la radio sonar dentro del vehículo. La música era suave en contraste con toda la actividad fuera del auto, la gente estaba tan feliz y alegre, el cielo era azul y se podía respirar la tranquilidad en él.

Se recostó y cerró sus orbes negros disfrutando del momento. Había olvidado como se sentía la tranquilidad, todos los días se enfrentaba a diversos problemas donde la vida y la muerte eran protagonistas, había visto más sangre de la que debería y aún faltaba un largo tramo por recorrer.

No obstante, aquella era su tradición familiar. Ningún Uchiha había hecho otra cosa que servir al país como un soldado, sus vidas siempre estarían ligadas de una manera demasiado estrecha con su patria, ¿qué haría de no llevar un uniforme? Se preguntó en un momento de su vida. La medicina estaba lejos de ser algo ideal para él, a lo mejor un detective o bien un espía, tal vez seguiría siendo un soldado; pero personalmente esperaba que no fuera para luchar contra su propio pueblo.

Sabía que los días estaban contados, la muerte de Zetsu era el último detonante para que todo entrara en la recta final y cuando volvieran a casa sería una lucha hasta la muerte, una lucha hasta que un bando ganara.

¿Cuánta sangre correría en esta ocasión? ¿Sería definitivamente la última vez? ¿Qué sucedería después de la batalla? Eran algunas preguntas que se hacía de manera constante en su mente mientras disfrutaba de la soledad de su casa.

—Mayor Uchiha, hemos llegado.—La voz de Jūgo llegó como una bomba, interrumpiendo el tren de sus pensamientos.

Sasuke abrió los ojos y observó la entrada del hotel donde se hospedaban durante ese viaje, algunos curiosos se asomaban por unos minutos dentro del vehículo y se iban tan pronto como sus ojos negros chocaban con ellos.

El Mayor bajó del auto, se acomodó su traje y dio unos pasos al frente antes de detenerse volviendo levemente su rostro al hombre detrás de él:

—Tómate el día libre, Jūgo.

—¿Mayor?—preguntó un poco confundido, creyendo que había escuchado mal.

—Cuando volvamos, estaremos al borde de la guerra. Puede que esta sea la última vez que podamos disfrutar de la tranquilidad, y bien sabes que la sangre correrá por nuestras manos o bien, caeremos en la batalla...—Se detuvo unos segundos antes de continuar.—Suigetsu, Karin y tú son mis hombres más cercanos, hemos atravesado un infierno juntos y más que mis soldados, los considero mis camaradas...Mis amigos; no obstante, si el momento lo amerita tendremos que sacrificarnos.

Jūgo dio unos pasos al frente, hasta quedar a la par de Sasuke, aún con su mirada en frente y los ojos fríos, una pequeña sonrisa adornaba su rostro.

—Lo sabemos, Sasuke.—Se detuvo para ladear su rostro y mirarlo con firmeza.—Conocemos nuestro papel y es un honor para nosotros poder servirte, lo único que esperamos de este sacrificio es que todo salga como debe ser.

El Uchiha también giró su rostro para encontrarse con los ojos de Jūgo, tantas cosas en juego y aun así, había personas que estaban dispuestas a sacrificarlo todo por otros.

—Así será.

—¡Mayor Uchiha, Señor!—Jūgo realizó el saludo militar, su rostro en alto y los ojos brillando de lo que no sabía si eran lágrimas o el sentimiento que provocó toda su breve conversación, dando una silenciosa despedida el hombre dio un paso atrás y caminó hasta la entrada del hotel.

Él también colgaría su uniforme por unas horas y vagaría por esas calles como otro simple civil, mañana enfocaría su atención en la guerra.

Fue el simple pensamiento que tuvo, mientras caminaban al hotel y subía a su habitación.

El lugar estaba completamente oscuro cuando llegó, la pequeña maleta de viaje a un lado de la cama y el aparato que llevaba consigo para que pudieran localizarlo en cualquier momento.

Se despojó de su uniforme y lo colgó sobre la puerta antes de entrar al baño. La ducha había sido reparadora, salió del cuarto húmedo y dio un último vistazo a su ropa sobre el perchero, para ir hasta la valija y sacar algo simple que pudiera usar para mezclarse con los demás.

Una camisa de vestir y un pantalón negro, iban en combinación con sus zapatos de cuero. Un poco formal; pero le servía, sin contar que iba perfectamente con su humor actual.

Tomó su teléfono, la llave del cuarto, su billetera y unas gafas oscuras para protegerse del sol. Aún quedaban aproximadamente dos horas antes de que todos estuvieran buscando un lugar para comer.

Bajo por el ascensor y atravesó el lobby del hotel dando un leve asentimiento al conserje, salió a la concurrida calle al estar ubicados en el centro de la ciudad.

Caminó a través del gentío y observó algunos escaparates antes de entrar a un pequeño café y ubicarse en la esquina más apartada con vista a toda la avenida.

Ordenó un simple café al mesero y sacó su teléfono para dejarlo a un lado. Recorrió con la mirada el pequeño local, un lugar lúgubre con algunas luces como adorno, un contraste total con lo que estaba detrás del enorme ventanal, la luz del sol brillante y un cielo azul.

No obstante, las risas de algunos comensales llegaban a sus oídos, por lo que esa oscuridad momentánea había sido elegida solo para dar cierto ambiente y no era realmente la realidad de otros muchos.

Aunque desde su puesto podía observar algunos rostros compungidos pese a la oscuridad, la desesperación era evidente: sus dedos contraídos y los ojos fijos en la bebida poco adecuada para esas horas como si no hubiera salida; algunos otros parecían invitar la soledad y hacer de esta su compañera, mientras que un tercer grupo eran de los que disfrutaban de un buen momento de tranquilidad.

Él pertenecía al segundo grupo, la soledad había sido su compañera elegida desde hace algunos años mientras la muerte lo flaqueaba al otro costado.

El asesinato de Itachi había sido su primer encuentro con la parte más salvaje y oscura del ser humano, la destrucción parcial de su madre cuando se rindió al dolor y la rabia de su padre ante la pérdida de un hijo, sin poder hacer mucho; por otro lado él se dio cuenta que no todo era blanco o negro, sino que los matices de gris eran normales y constantes en la vida.

El egoísmo real llegaba en el mismo momento en el que encontrábamos aquello a lo que no podíamos renunciar. Su debilidad había costado vidas, la suya propia había estado en juego por un error de cálculo; pero había sobrevivido a comparación de otros.

Tanta sangre en sus manos, tantas esperanzas perdidas y una última mano de cartas eran lo único que quedaban.

Se quedó durante unas horas con sus pensamientos, disfrutando de la tranquilidad. Cuando el reloj marco la seis de la tarde y el sol se comenzaba ocultar en el horizonte se dispuso a volver.

Se detuvo en la entrada al ver a Jūgo a unos metros, estaba erguido y todo su cuerpo parecía demasiado ansioso. Acortó la distancia, quedando a unos pocos pasos de él y esperó a que hablara:

—Mayor Sasuke Uchiha, se solicita su retorno de manera inmediata.—La voz de Jūgo llegó seria y con ese tono de urgencia poco recurrente en él.

—¿Qué sucedió?

—Han atacado la base. La Capitana Karin Uzumaki ha sido dada de baja.


¡SORPRESA! ¿Me han extrañado? Aquí he vuelto a actulizar, lentooo; pero seguro :D Espero que les este gustando como va todo, como pueden ver, se viene el climax de una guerra (?)

Muchas gracias por su apoyo, me alegra que aún hayan personitas allá afuera que se dedican a leerme.

Dejen sus comentarios y nos estamos leyendo pronto.

Besos.

Zhang