LOS REINOS DEL ESTE
TOMO I: HISTORIAS DE UN MUNDO LEJANO
CAPÍTULO 1.3
LA LLEGADA
2
Cuidado con lo que dices...
OKIYA NITTA
22.30h, 21 de Julio de 2020 e.N.
Barrio de Gion – Ciudad de Genki
Villa Oculta de Konoha
País del Fuego, Reino del Fuego – ESTE
En el puerto, Roy Mustang había dejado a su compañero Jean Havoc organizando la puesta en custodia del barco ahora que ya habían evacuado a los niños. Era una prueba que quizás la policía querría examinar.
Mientras él y su amigo íntimo Maes Hughes se retiraban hacia el barrio Gion a tomar una copa, Riza y Louis Armstrong regresaban al Cuartel General para la redacción del informe de lo ocurrido durante la noche.
Maes Hughes tenía 36 años, tres más que Roy, y estaba casado con una hermosa mujer llamada Teresa. Ambos vivían en la ciudad de Amestris, en la parte sur del continente, algo alejado de la península del Fuego donde se encontraba la capital de Konoha. Él trabajaba allí habitualmente como Sargento primero en el cuartel dirigido por el alquimista Armstrong. Conoció a Roy cuando era un adolescente, pues su padre le llevó a formarse en sus estudios militares con los ninjas. Quería que aprendiese la disciplina y el sigilo de estos para así poder ser un buen espía en el futuro. Se convirtieron en uña y carne. Pese a la diferencia de edad, Maes se aburría mucho las noches que su padre le dejaba a solas en las calles de Gion, y Roy era el único niño que también se movía por allí.
Ya en la Okiya de la señorita Nitta, donde la Geisha de mayor reclamo del lugar era la gran Hatsumomo, se dispusieron a tomar una copa de sake en el interior de los jardines, mientras escuchaban de fondo una joven Geisha tocando su Shamisen, un pequeño instrumento de tres cuerdas.
─ Maaaaaes... – dijo Roy al tiempo que alzaba su trago para brindar.
─ Roy – le siguió este. – ¿Cómo vas con la señorita Katsuragi? – Roy escupió de un bufido todo el sake por la boca.
─ ¿Perdona? ¿A qué ha venido esa pregunta? – dijo haciéndose el sorprendido el atractivo coronel que no había pasado desapercibido a ojos de las Geishas presentes.
─ Vamos hombre, no me jodas... yo sé que te gusta hacerte el duro, el muchachito fuerte, pero Roy, que tenemos ya una edad, ¿a qué estamos jugando?
─ Déjalo... - dijo Roy bajando la vista
─ Y entonces, dime, ¿para qué me haces llamarla? Sabes que no le gusta perder el tiempo en tonterías que no tengan que ver con su investigación. Por cierto, eso me recuerda que no he llamado aún, un segundo – Maes se levantó de su silla y se alejó dirigiéndose hacia la entrada para pedirle a la mujer de la recepción que le dejase usar el teléfono un segundo.
Aprovechando la ausencia de su compañero, al ver que el Coronel se quedaba solo, la artista principal de la noche, la hermosísima Geisha Hatsumomo, se acercó hasta éste. Le conocía de hacía muchos años y en varias ocasiones había intentando que éste se hubiese convertido en su Danna. No obstante Roy había rechazado siempre sus ofertas. Ser el Danna de una Geisha te convertía en su principal benefactor. Eso requería proporcionarle todos los recursos económicos necesarios para poder ejercer su profesión, así como un hogar: kimonos, joyas, maquillaje, peluquerías... un gasto que no pasaba desapercibido al bolsillo de cualquier humilde trabajador. Obviamente tenía algunos beneficios: te convertía en su principal y único amant e con el cual compartía su lecho. Pero eso te cerraba cualquier puerta a tener una relación normal con otra mujer. Roy no estaba dispuesto a perder la oportunidad de conquistar a la mujer que él consideraba "la mujer de su vida". Hatsumomo sabía que no tenía nada que rascar con Roy en ese sentido, pero eso no le iba a impedir seguir coqueteando con él siempre que pudiese. Al fin y al cabo era uno de los hombres más poderosos del País del Fuego. Ella hacía años se había convertido en la amante principal del Kazekage, (el máximo mandatario del País del Viento, principal colaborador en las misiones ninjas y militares en el sur de los Reinos del Fuego) y aunque seguía teniendo su residencia habitual en Konoha, de vez en cuando se dejaba caer por la Villa de la Arena para hacer una visita al máximo mandatario en la capital Sunna donde éste tenía su residencia.
La joven y hermosa Geisha quería curiosear que se traían entre manos él y su compañero Maes, pues había escuchado atentamente la conversación entre estos cuando aún no habían entrado en la Okiya:
─ Querido Mustang – Hatsumomo deslizó la yema de sus dedos por el cuello del militar – hacía mucho tiempo que no nos brindabas con tu presencia en la okiya de la Señorita Nitta – le susurró suavemente al oído. Roy inclinó suavemente su cabeza hacia el lado opuesto donde se encontraba la Geisha. No quería ofenderla, pero tampoco quería contacto físico – ¿me evitas? Cada vez es más difícil pasar unos minutos de tiempo contigo. Tengo un nuevo espectáculo en la capital, Naeru-wa.
─ Vaya... - dijo mientras daba un pequeño sorbo a su copa.
─ ¿Cómo ha ido la misión de esta noche? ¿Ese barco daba bastante miedo, no? He visto a muchos de tus hombres desplegados por el puerto e incluso hemos podido ver por estos lares al joven y apuesto Uchiha... , te pisa los talones ¿eh? – esbozó una sonrisa.
Sólo intentaba arrancarle alguna frase, algo que no fuese un monosílabo.
─ ¿A qué te refieres? ¿Pisarme los talones? – Preguntó contrariado mientras se giraba a mirar a la hermosa mujer.
Ella había captado su atención y aprovechó el momento para dejar deslizar un poco su kimono, dejando al descubierto parte de su hombro derecho y el principio de una sinuosa curva entre sus pechos. A Roy se le fueron los ojos irremediablemente.
─ Me refiero a su belleza y juventud. Ya sé que no trabajáis en lo mismo – se sonrió – Al fin y al cabo, todos nos hacemos mayores y tú no eres la excepción, querido coronel. Pero bien, ¿qué ha pasado finalmente con ese barco?
─ Hatsumomo, sabes que es información confidencial...
─ Tu amigo está llamando a Misato Katsuragi, ¿es eso también confidencial? – Roy hizo una mueca de disconformidad. – Tengo entendido que esa mujer anda buscando información muy delicada... algo detrás de alguna mafia, ¿no? Cosas de niños secuestrados, trata de blancas... cosas muy feas... y no lo entiendo, vivimos seguramente en uno de los sitios más protegidos del mundo – dijo haciéndose la tonta.
─ Hatsumomo, no deberías hablar de estas cosas con nadie más. Sabes que en el mundo, por desgracia, hay hombres y mujeres bastante miserables...
─ No me trates como a una niña – atajó la mujer.
─ No es eso. – la cogió del brazo y la acercó hasta él, y susurrándole al oído le dijo: - sabes perfectamente que muchos de los hombres que regentan estos sitios no son trigo limpio. No te hagas la tonta. No hables alto, ni nombres a los agentes. Es información delicada. – Hatsumomo se zafó de las manos de Roy y sacudiendo su Kimono, mientras se alejaba de él, mirándole recelosa, añadió:
─ Sé cuidarme sola. No soy yo quien está llamando desde una Okiya a la detective Katsuragi.
Y en eso tenía toda la razón. Hatsumomo se marchó lanzando un beso hacia el coronel, el cual se había quedado tocado por las palabras de la Geisha. Se levantó y se dirigió en busca de su compañero Maes, quien ya regresaba.
─ Nos vamos Maes.
─ ¿Ya? Está todo dispuesto. Se dirigen hacia el punto de encuentro.
─ No hay más que hablar aquí. – Maes lo había captado. Alguien andaba espiándoles y no debían seguir hablando en la Okiya. Ya no era un lugar seguro.
A la salida de ambos hombres de la Okiya, Hatsumomo aprovechó para realizar una llamada:
─ Kazekage, amado mío, ha llegado un barco al puerto de Gion... se rumorea que en su interior hay dos niños... ¿No tendrás nada que ver con esto, verdad?
3
Reconocimiento
ALA NORTE DEL HOSPITAL CENTRAL DE KONOHA
23.25h, 21 de Julio de 2020 e.N.
Barrio de Gion – Ciudad de Genki
Villa Oculta de Konoha
País del Fuego, Reino del Fuego – ESTE
Mientras las enfermeras Miyako y Takako habían terminado de curar las heridas de la joven Sophie, Sakura aún se devanaba los sesos examinando el cuerpo magullado del niño. No lograba comprender porque a cada minuto que pasaba, las heridas que presentaban un estado de necrosis seguían empeorando. Cada decisión que tomaba, cada acción que llevaba a cabo era contraproducente para la salud del pequeño.
Según Sophie se llamaba Dalen, pero Sakura estaba convencida de que aquel niño no era un civil común. Ningún niño con su edad aparente, con las heridas que este presentaba, podría haber sobrevivido a tales daños. Además, el comportamiento de sus heridas era antinatural en un civil común. Lo tenía claro. Estaba harta de estudiarlo, acostumbrada a tratar a todo tipo de pacientes. Pero esto. Esto se escapaba a sus conocimientos actuales.
La detective Misato Katsuragi y su compañero Rouji Kaji llegaron al Hospital. Al verles aparecer, Sakura salió a su encuentro.
Misato y Kaji eran dos agentes de la inteligencia policial de la antigua Tokio-3. Actualmente conocida como la ciudad de Saeki-wa, era la capital de la Isla Dorada. Su jurisdicción no pertenecía al País del Fuego, pues habitualmente trabajaban en el País del Sol. No obstante, la investigación que hacía años tenían entre manos les permitía moverse a lo largo y ancho de todo el Reino del Fuego con total libertad. Para estar mejor comunicados se habían trasladado a la Villa de Konoha. Quedaron prendados del lugar y de su belleza y decidieron quedarse a vivir más tiempo. Años atrás habían sido pareja, pero ahora tan solo eran compañeros de trabajo unidos por uno de los casos más difíciles de resolver en el mundo entero. Era un caso que traía de cabeza a todos los servicios de inteligencia de los Reinos del Este y el Oeste. Cientos de agentes y detectives, de los más importantes del mundo habían trabajado en el caso. Ahora apenas quedaban cuatro personas trabajando en él: Misato, Kaji, el profesor londanense Hershel Layton y su ayudante Luke Triton, y el detective nuevalordense retirado Kyle Hyde. Estos útimos tres pertenecían a los Reinos del Oeste y entre todos se pasaban la información más crucial entre ambos continentes.
─ Buenas noches detectives. No les esperaba tan pronto – confesó la doctora Haruno quitándose el sudor de la frente con un pañuelo.
─ No hay tiempo que perder. Maes Hughes nos ha comentado que la niña estaba consciente y las primeras horas son vitales para resolver un caso – aclaró Kaji.
─ Veo que el trabajo es más duro de lo que esperabais – comentó Misato señalando el pañuelo con el que se acababa de retirar el sudor. – ¿Son esos los niños? – inquirió intentando asomarse por la pequeña vidriera cuadrada de la puerta que dejaba ver la habitación.
─ Sí, pero aún no podéis entrar. Debo hablar con la Hokage antes. Además, sólo pueden entrar mujeres. Es estricto hacer caso a esta pauta dada la crisis que hemos detectado en la niña con respecto a los hombres. Ha dejado bien claro en más de una ocasión que no quiere que ningún hombre cruce esa puerta.
─ Curioso, ¿ha dicho algo más? – preguntó Kaji haciendo una mueca de incredulidad.
─ No, no habla mucho. Apenas se ha quejado un par de veces de dolor y después se ha quedado dormida por el agotamiento.
─ Voy a entrar – dijo decidida Misato, a lo que Sakura intentó detenerla.
─ ¡No! ¡Debe venir primero la Hokage!
Pero fue inútil, pues Misato consiguió cruzar la puerta con la ayuda de Kaji que interceptó a Sakura. Una vez en el interior, Misato sacó su arma y apuntó a las dos enfermeras. Lo cierto es que Sakura podría haber opuesto mayor resistencia, pero estaba agotada. Había gastado mucho chakra intentando sanar las heridas necrosas del pequeño Dalen y había sido en vano. De todas maneras se maldijo a si misma por ser tan estúpida y no ordenar que un equipo Anbu custodiara la puerta.
─ ¡Largo de aquí! Tengo que hablar a solas ¡Ah! Y que no entre nadie – ordenó.
Las enfermeras atemorizadas corrieron hacia el pasillo y cerraron la puerta a su paso. Sakura desde el exterior quiso entrar para detener a Misato, pero Kaji le apuntó con su arma en la nuca. Era inútil intentar pararles. Estaba entra la espada y la pared. Cualquier movimiento en falso podría poner en peligro al personal del Hospital, pues no todos los trabajadores eran ninjas. Sakura había pedido tanto aislamiento para los niños, que se había quedado a solas en una de las alas deshabitadas del hospital, por lo que nadie que no estuviese ya en la escena iba a enterarse de lo que estaba ocurriendo allí. La Doctora Haruno desconocía las intenciones de los detectives y aunque sabía que no eran malas personas, lo que estaba ocurriendo la tenía desconcertada y le hacían pensar que algo no iba bien.
─ No hagas ninguna estupidez, ni llames a los Anbu. Misato no quiere hacer daño a nadie, sólo quiere hablar con los niños. No quiere que caigan en las manos equivocadas.
─ ¿De qué estás hablando? ¿Qué manos equivocadas? – preguntó Sakura perpleja aún con el frío cañón de la pistola apuntando en su nuca – Kaji, estáis cometiendo un grave error y estáis atentando contra una autoridad superior, ¿eres consciente? El niño necesita atención urgente.
─ Atiende doctora. Tú y yo sabemos que ocurre en este lugar cuando llega un "forastero"... enseguida desaparecen de la vista de los humildes mortales... tu ya me entiendes – Kaji remarcó la palabra forastero, estaba claro que tenía otro significado y había usado aquella palabra en clave.
─ No sé de qué me estás hablando – insistía Sakura.
─ Has visto algo raro en los niños y querías avisar corriendo a la Hokage para ocultarlo. No me engañes. Cuándo nos has visto llegar has tragado saliva. Son muchos años en esta profesión. Tú eres buena en lo tuyo y nosotros en lo nuestro. Tu transpiración te delata... ¿o acaso crees que con este aire acondicionado a 21ºC alguien puede sudar por caminar? Vamos, búscate a otro al que contarle ese cuento.
Kaji había dado en el clavo. Aunque no en el clavo que él creía. Sakura estaba convencida de haber encontrado algo extraordinario y fuera de lo común, pero no estaba segura de ello. De ser cierto, era imprescindible esconderlo, protegerlo, ocultarlo de la prensa y del boca a boca. Y no sólo por el bien de los niños, sino también por el bien del País.
Para los detectives, Misato y Kaji, era importantísimo saber quiénes eran Dalen y Sophie. Hacía años que trabajaban en un caso que había conmovido al mundo: la desaparición de varios niños de diferentes orfanatos a lo largo y ancho de los Reinos del lejano Oeste. Niños que nunca más habían vuelto a aparecer con vida, otros que se habían encontrado sus restos sin saber cómo habían sido secuestrados, ni por quien habían sido asesinados. Por desgracia, entre tantas desapariciones y tantos casos sin resolver, unos se amontonaban encima de los otros y caían en el olvido del resto de los mortales. Pero para el equipo formado por Misato, Kaji, Hershel y Kyle no había caso olvidado. Todos y cada uno de aquellos casos que aún estaban sin resolver permanecían en su bandeja de prioridades. Estaban convencidos de que todos esos casos, todas esas desapariciones estaban enlazadas y que más tarde o más temprano encontrarían un hilo del cual tirar y desmontarlo todo.
La punta de ese hilo podría ser la desaparición hacía seis años del hijo del ex - Shogun de los Reinos del Fuego, Saiko Mashiro. Era la primera vez que se daba una desaparición en los Reinos del Este. Hasta el momento, los secuestros y desapariciones sólo habían ocurrido al otro lado del mundo, en el continente lejano de Oeste. Aquella primera desaparición sucedió durante la celebración de los torneos anuales de graduación Ninja entre las diferentes Villas de los cuatro Reinos del Este. Se organizaron en la Arena donde se produjo un ataque premeditado que terminó con la muerte de varios líderes políticos del momento. El antiguo Shogun del Fuego fue uno de los políticos que sufrieron el ataque. No obstante esté pudo sobrevivir aunque quedó postrado en una cama en coma. Horas más tarde los ayudantes del Shogun denunciaron la desaparición de su hijo de cuatro años. Poco después se supo que otros tantos niños y niñas que asistían al evento también habían desaparecido. Nunca se volvió a saber nada de ninguno de ellos. Ni tan si quiera del hijo del Shogun. No obstante, lo más paradójico de toda aquella historia es que nadie sabía que el Shogun tuviese un hijo. Al parecer sólo sus más allegados lo sabían y hasta el día de aquella desaparición no salió a la luz la primera imagen de aquel niño. Durante los años de investigación, ese detalle hizo a posteriori que Misato y su equipo reparasen en el tema ¿Y si los niños que se habían estado secuestrando eran seleccionados por algún motivo en especial? ¿Y si no eran niños comunes? O ¿había sido todo una casualidad?, pero en el caso del hijo del Shogun sólo lo sabían sus allegados, ¿estaban ellos inmersos en la trama de los secuestros? De aquel hilo si tiraron, pero no rascaron nada. Entonces, hasta los militares les ayudaron a investigar, los ninjas y todos los cuerpos de expertos en interrogatorios. Nadie les sacó nada. Nadie del entorno del Shogun dijo una sola pista que les hiciese llegar hasta aquel niño. Sea como fuere, encontrar aquel niño era de vital importancia, porque quizás podría destapar una trama corrupta más allá de las fronteras de los Reinos de Oeste, a donde pertenecían el 99% de los casos de niños desaparecidos.
Ahora, cada vez que llegaba a oídas de los detectives el hallazgo de unos niños en Este, corrían a averiguar quiénes eran. Tal vez estos dos niños podían ser alguno de aquellos que desaparecieron hacía seis años.
Kyle Hyde y Hershel Layton hacía tiempo que no tenían noticias, ni avances sobre los casos. Sus fuentes no eran directas de la policía ya que ni uno ni el otro trabajaban mano a mano con ellos, pero tanto Hershel desde su despacho como profesor Investigador y Kyle Hyde como ex – detective tenían los contactos suficientes para que pudiesen filtrarles datos. Todos los años investigaban desapariciones en los orfanatos de Oeste, buscando la punta del iceberg, pero era inútil.
Conocieron a Misato hacía seis años cuando un soplo anónimo a la policía de Naeru-wa en la Villa de la Hoja hizo creer que un niño de cuatro o cinco años del País del Fuego había sido vendido a un orfanato en la lejana Oeste. La primeriza detective Katsuragi con tan solo veintiséis años fue destinada al caso. Formó equipo con Kaji, su pareja en aquel entonces. Les dieron acceso a las investigaciones de un equipo de inteligencia mundial que se encargaba de recabar datos por todos los países y ponerlos en común. Poco tiempo después consiguieron dar con el orfanato donde se suponía que debía estar aquel niño. A su llegada se encontraron por primera vez con Hershel y Kyle, quienes no formaban parte oficial de la investigación, pero que a su vez, tenían más detalles que la propia policía. Fueron ellos quienes les hicieron entender que algo más grande que un "civil malhechor" andaba detrás de las desapariciones y les pusieron sobre aviso de que seguramente la policía, los militares o tal vez cualquier otro cuerpo de élite, por no hablar de los mandatarios, tenían las manos manchadas con todas aquellas desapariciones. Evidentemente, comprendieron rápidamente en aquella primera investigación lo que Kyle y Hershel les querían hacer entender: La directora del orfanato había fallecido repentinamente. Los antiguos trabajadores habían sido despedidos. Los expedientes se habían quemado en un incendio fortuito. Nada ni nadie sabía dónde estaba aquel niño que supuestamente llegaba desde el Este. Lo único que se sabía es que había sido adoptado por una familia y que sería un niño feliz.
Cuando revisaron el resto de informes que se habían presentado oficialmente por la policía en el resto de intervenciones a orfanatos, la historia se repetía una y otra vez. Hershel y Kyle estaban en lo cierto. Alguien en los altos mandos estaba ocultando información de vital importancia. Ellos hacían un seguimiento real de cada caso e intentaban rascar hasta donde su propia vida les permitía llegar y en todas las investigaciones había algo oscuro: incendios, inundaciones, muertes, despidos...
Ahora con la llegada de aquellos niños, quizá Misato y Kaji podían darle un vuelco a la investigación; la sorpresa de Misato al ver el rostro de Sophie de cerca fue mayúscula. Miró también hacia el niño, pero con la cara tan magullada no era capaz de reconocerle en ninguna de las fotos de los casos que tenía. Pero a ella sí. No le cabía ninguna duda. Era ella.
─ Sophie... Hola Sophie... – Misato hablaba con sigilio, intentando que la niña despertase – Soy la detective Misato Katsuragi, ¿te acuerdas de mí? Nos vimos en el colegio de Munchen, en Almond – le explicaba la mujer sin dejar de apuntar con la pistola hacia la puerta.
La chica entreabrió los ojos lentamente, pues la intensa luz de la habitación la estaba deslumbrando. Misato giró con cuidado la lámpara que estaba alumbrándola. Las enfermeras la habían dejado allí mientras le hacían las curas y al echarlas con premura se la habían dejado encendida.
La niña intentaba enfocar la cara de la mujer, queriendo distinguirla, saber si decía la verdad y era aquella policía con la que hubiese hablado años atrás en el colegio. Entonces la vio. Asintió con la cabeza. La había reconocido.
─ ¿Puedo llamarte Asuka? – le pregunto casi susurrando para que nadie más oyese su nombre en caso de que la niña no quisieses desvelarlo.
─ Sí... – respondió tímidamente.
─ Asuka, me alegro de verte otra vez. Estoy muy contenta de que hayáis podido huir. Jamás hubiésemos pensando que ibais a venir hasta aquí. Os esperábamos en Muchen. Hershel te esperaba allí, pendiente de tu mensaje o de tu llamada. De todos modos, no sé como lo habéis hecho, pero ha salido mejor de lo que esperábamos ¿no?, ¿Es él Dalen?
La apodada Sophie en realidad se llamaba Asuka Langley y era una niña que años atrás, a la edad de once o doce años habían interrogado en un colegio de la ciudad de Munchen, en Almond, en los Reinos de Oeste. Misato y sus compañeros habían trabajado meses detrás de la pista de aquella niña. Estaban convencidos de que allí se encontraba el origen o el fin de la desaparición de todos aquellos niños.
Llegaron a ella a través de otro soplo anónimo. Alguien les había hecho saber a Hershel y a su ayudante Luke Triton que una niña de doce años se quejaba en el colegio de que en su casa ocurrían episodios extraños. Gente que entraba pero que nunca volvía salir. Gente que puntualmente venía a casa y que cuando lo hacía durante horas estaban desaparecidos en algún lugar que ella ni sabía que existía y que luego volvía a marchar. Los profesores avisaron a la policía, pero como siempre, nadie hizo nada. Hershel y Luke si tiraron de aquel hilo, y aparecieron muchos muertos: profesores, asistentes sociales, agentes de seguridad, policías... pero cuando intentaron llegar a los vivos, a los que entraban y salían libremente, fue imposible. Misato lo intentó a través de aquella niña. Pero entonces apareció en la ecuación Dalen y tuvieron que parar. Pararon toda la maquinaria. Cualquier paso en falso podría acabar con la vida de aquel niño. Así se lo había hecho saber Asuka y no iban a dudar de ella. Toda la operación la montaron creyendo las palabras de aquella niña, pues nunca antes hasta día de hoy, habían visto a Dalen. Entonces iniciaron el proceso de extracción: Debían sacar a aquellos niños de aquella casa como fuera y sólo contaban con la ayuda de una niña de doce años.
─ Sí Misato, es Dalen. Él es Dalen. Pero no, no fui yo quien le sacó de allí. No he sido yo... fue él... Yo iba a seguir el plan con el salvo conducto que me había entregado Hershel en el colegio, pero...
─ ¿Qué pasó? – inquirió Misato
─ Él me trajo hasta aquí ¡Dalen "despertó" de repente y me trajo hasta aquí! ¿Dónde estamos, Misato?
