LOS REINOS DEL ESTE
TOMO I: HISTORIAS DE UN MUNDO LEJANO
CAPÍTULO 2.1
CÓMO EMPEZÓ TODO: 3 AÑOS ANTES
1
Denuncias
COLEGIO DE PRIMARIA
10.30h, 2 de Febrero de 2017 e.N.
Ciudad de Munchen
Capítal Berlis
País Almond, Reino del Frío – OESTE
Asuka Langley corría al patio con el resto de sus compañeros, cuando su tutora la detuvo antes de llegar a la salida.
─ Asuka, ¿puedes venir un momento? Quiero preguntarte una cosa.
La niña miró recelosa e hizo un gesto de desaprobación. Sus amigas la llamaron para que no hiciese caso a la profesora, pero al ver que no las atendía se marcharon sin ella. Era muy educada y obediente y aunque no le hacía ninguna gracia quedarse sin patio, acataría los designios de la profesora.
─ Quería hablar contigo de tu último trabajo.
─ ¿Ocurre algo? ¿Es que no le ha gustado? – preguntó preocupada. Odiaba sacar malas notas.
─ No, no. No es eso. Acompáñame a la sala de profesores.
Se dirigieron a la sala y al llegar, allí estaba esperando la tutora de 3º curso de primaria. No era tu profesora.
─ Hola Asuka, siéntate, por favor – la niña obedeció – ¿Cómo está tu hermano?
─ Bien. Está bien…
─ Hace muchos días que no viene a clase y estamos preocupados – le comentó la profesora de Dalen.
─ Ya. Está en casa…
─ Asuka – su tutora se sentó junto a ella en otra silla y la cogió de la mano – Tu hermano apenas ha venido en todo el primer trimestre del año pasado. En lo que llevamos de este año, tan solo ha venido 2 días de enero.
─ Si… ya… lo sé… es que…
Asuka era nueva en el colegio de primaria de Munchen, hacía apenas un trimestre que se había incorporado al nuevo año escolar. Hasta el momento había vivido en los Reinos del Este, en la ciudad de Saeki-wa, en la Isla Dorada. Allí había residido desde los cuatro años hasta los once. Cuando su madre falleció quedó bajo la tutela de Gendoh Rokubungi, el jefe de su madre. Éste a su vez, era propietario de un gran laboratorio de investigación, que durante la guerra en la Isla Dorada, cuando la ciudad de Saeki-wa se apropió de Tokyo-3, el laboratorio se mantuvo cerrado. Durante aquel periodo de grandes cambios, Gendoh decidió trasladarse unos meses a vivir a casas de unos amigos, los Aakwen, unos magnates de la medicina en los Reinos de Oeste. Fue así como Asuka Langley conoció a la que sería su actual familia: Mark Aakween y Celine Bakstan. Apenas llevaba viviendo con ellos cinco o seis meses, pero estaba muy contenta. Era la niña de sus ojos. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan mimada. Además le habían dado un hermanito, un niño de ocho años que también habían adoptado, pero a él hacía ya cuatro años. No obstante, desde que había comenzado el nuevo año, sucedían cosas extrañas en casa, cosas que a ella no le hacían sentir muy bien.
─ Asuka, queremos que sepas que no es tu culpa. No te estamos regañando. Pero estamos preocupados en el colegio. Si no viene al curso, perderá el año escolar entero y eso es terrible para un niño tan pequeño – decía la profesora de 3º.
─ Lo entiendo… le diré a mis padres que tiene que venir al cole.
─ ¿No le dejan? – preguntó la profesora de 3º.
─ No, bueno, es que…
─ Asuka, ¿está Dalen bien en casa?
─ ¿Qué quieres decir profesora?
─ El último día que vi a tu hermano tenía unas heridas en la cara y en las manos. Me dijo que se había hecho daño en casa. Le dije que esas heridas había que curarlas y que le llevaría a enfermería. Pero no quiso. No pudimos llevarle. Aquella tarde se fue solo y no hemos vuelto a verle. ¿Tiene miedo de venir al colegio?
─ No, no, no, que va, le encanta el cole. Le gusta mucho aprender cosas. El siempre está en casa leyendo un libro. Bueno, menos cuando tiene que hacer lo que le pide Mark. Entonces, bueno…
Estas situaciones eran las que empezaban a hacerla sentir incómoda en casa. Los primeros días podía jugar con Dalen. Compartían la habitación: era enorme y estaba llena de juguetes que le habían comprado a ella cuando llegó a la casa. Pero casi siempre pasaba algo por lo que acababan regañando a Dalen. Algo con lo que Asuka, la mayoría de las veces, no estaba de acuerdo, pues quizás había sido ella la que se había portado mal, pero de un modo u otro, el castigo era para Dalen. Luego empezaron las faltas al colegio y después la prohibición de verse. Finalmente le quitaron la habitación para dársela a ella. Entonces llegaron las órdenes.
─ ¿Qué le pide Mark? – inquiría la Tutora de la niña.
─ Tiene que ayudarle con sus cosas, si no lo hace, Mark se enfada. A Dalen no le apetece siempre y a veces se enfada mucho con él.
─ ¿Y entonces qué pasa? – las dos mujeres se miraban atónitas.
─ Le deja en el sótano. Con la enciclopedia. Si no se aprende las palabras que le pide, no le deja salir. Eso me molesta mucho. Hace mucho frío en el sótano. Y muchas veces le oigo tiritar. Antes lloraba. Ahora ya no hace nada.
─ ¿Tú también vas al sótano alguna vez?
─ No. No. Sólo Dalen. A mí no me piden nunca nada. Yo puedo jugar y hacer los deberes tranquila. Cómo si quiero ver la tele. No pasa nada. Pero él no puede hacerlo. Y eso también me molesta mucho. Un día le dejé unos colores para hacer un dibujo en un folio de mi libreta y…por mi culpa se enfadaron mucho con él.
─ ¿Qué pasó?
─ Celinne le tiró todos los botes de temperas en la cabeza. Se los vacio uno a uno. Me dijo que si le volvía a dejar los colores, no me comprarían más – las dos profesoras empezaban a morderse la lengua. Una oleada de ira y rabia empezaba a recorrer su cuerpo.
─ ¿Tu padre no dijo nada?
─ ¿Sobre qué?
─ Al respecto de que Celinne le tirase las pinturas a Dalen en la cabeza.
─ Sí. Que se lo merecía, por tocar las cosas de los demás. Mark dice que Dalen no puede dibujar porque tiene manos de animal y dice que los animales no dibujan. Estuvo una semana con las témperas en el pelo. Un día me puse a llorar y entonces Celinne dejó que se bañase.
Asuka había estado viviendo en las últimas semanas, muchos episodios seguidos de maltrato hacia el pequeño que ella no lograba comprender como niña que era. Por desgracia, su madre se había muerto cuando ella apenas era una niña de cuatro años, y quedando bajo la tutela de Gendoh, la figura materna y paterna había desparecido. No había nadie que se molestase en enseñarle disciplina. Con el doctor Rokubungi, Asuka tenía un maestro que le daba algunas horas de clase en casa y poco más. El comportamiento de Mark y Celine con Dalen no le parecía extraño, pues nunca antes había tenido unos padres. No podía comparar. Lo que sí le parecía extraño eran los motivos de los castigos. Tenía la sensación de que en muchas ocasiones se sacaban cualquier pretexto de la manga para hacer daño a Dalen. Cuando le escuchaba llorar, gemir, o simplemente ni reaccionaba, eso sí que la hacía sentir mal. Asuka había empezado a desarrollar una enorme empatía hacia Dalen. Intentaba aguantar serena durante los castigos, pues sabía que si ella protestaba, la reprimenda hacia el niño sería mayor. Pero tenía una técnica infalible cuando ya no soportaba más ver las vejaciones que hacían con él: Llorar.
─ ¿Lloras mucho?
─ Es la única forma que tengo de conseguir algunas cosas para Dalen – la tutora de Asuka no aguantaba más las lágrimas y se echó a llorar.
─ ¿Siempre le piden cosas?
─ Siempre. Sí. A veces muy raras y muchas veces son imposibles de cumplir. Así que sí o sí acaba en el sótano.
─ Cosas ¿cómo qué?
─ No sé… es como cuando viene esa gente rara a casa. Es muy molesto. Muchas veces Dalen tiene que acompañarlos y algunos nunca les veo salir. Otros salen, pero muy tarde.
─ ¿Gente rara? ¿Adultos? ¿Hombres mayores?
─ Sí, bueno, de todo… hombres y mujeres. A Dalen le toca acompañar siempre a las mujeres mayores.
─ ¿Cómo de mayores?
─ Como tú.
─ Asuka… ya eres una niña mayor…tienes 12 años y estas a punto de pasar a secundaria… siento hacerte esta pregunta… ¿te han hecho alguna vez algo Mark o Celinne?
─ ¿Algo de qué? – preguntó la niña contrariada
─ Algo de cosas de mayores. Cosas que hacen los adultos.
Con el relato que estaba contando la niña, las profesoras no podían evitar haberse puesto en lo peor, y pensar en los abusos. Era una pregunta necesaria pero a la misma vez estaba cruzando los dedos para que su respuesta fuese un no rotundo. Preferían quedar de mal pensadas a quedarse cortas en su actuación.
─ No, puaj… que asco – ambas profesoras quedaron aliviadas…
─ ¿A Dalen?
─ … no sé…
─ Vale, Asuka. Basta. Es suficiente. Voy a ir a tu casa. Tenemos que hablar con tus padres. No hay forma de contactar con ellos por teléfono y nunca vienen a por ti. Esta tarde cuando venga a buscarte el chófer de tus padres, te voy a seguir con mi coche.
─ No, profesora. Es mejor que no lo haga.
─ No te preocupes. No les voy a decir nada de lo que me has contado. Te doy mi palabra.
Las dos tutoras se quedaron a solas en la sala de profesores. Era inaudito el relato que acaban de escuchar de boca de aquella niña. Sonaba irreal. Pero no había ningún motivo para mentir. Era una niña excelente, de una familia de bien, en un colegio privado de pago. Era la historia más rocambolesca que habían escuchado nunca. Y no tenía sentido. Los padres de aquella niña eran gente millonaria. Mark Aakwen era un magnate de la medicina en Almond. Tenía un imperio a su alrededor. Vivían en una mansión donde todos los años se celebraba uno de los eventos de medicina más importantes del año en Oeste; pero, las heridas del niño, su ausencia a clase, el relato de Asuka… no podían pasar todo aquello por alto. Pese a las advertencias de la niña peliroja, la profesora de Dalen se dirigiría a su casa, mientras la tutora de Asuka haría una denuncia anónima a la Policía de Munchen.
MANSIÓN AAKWEN
17.30h, 2 de Febrero de 2017 e.N.
Ciudad de Munchen
Capítal Berlis
País Almond, Reino del Frío – OESTE
La maestra de Dalen se presentó en la casa de los Aakwen. Tal y como le había dicho a la niña, condujo su vehículo siguiendo el coche del chófer de Asuka hasta encontrar la Mansión. Se quedó unos minutos observando la entrada y viendo todo el amurallado perimetral de seguridad que la protegía. No iba a ser fácil acceder al interior. Si no querían recibirla, se quedaría a las puertas de aquella verja de hierro forjado que coronaba la entrada. Se aproximó a la garita y se presentó. El personal de seguridad no tuvo reparos en abrirle la puerta. Ya estaba dentro.
Al llegar a la entrada de la casa hizo sonar el picaporte con tres golpes y una mujer del servicio le abrió la puerta. Era una joven de aspecto Oriental. No era de los Reinos de Oeste. Vestía con ropa de servicio y en su solapa rezaba el nombre de Chise. La mujer le hizo saber que el señor Aakwen no había llegado aún a casa, pero que podría atenderla Celinne Bakstan. La acompañó hasta la cocina, donde se encontraba haciendo los deberes junto a Asuka. La joven se dispuso a preparar un té.
─ Adelante profesora. Tome asiento – le decía Celinne que restaba sentada junto a su hija en la esquina de la mesa central que coronaba la inmensa cocina. – ¿A qué se debe el placer de su visita? No nos conocemos, ¿no? No es usted una de las maestras de nuestra Sophie.
─ ¿Sophie? – preguntó contrariada la mujer
─ Asuka, si, ese es su nombre, pero a nosotros nos gusta llamarla Sophie. Es más occidental. Más elegante. No tiene rasgos del Este, ¿por qué vamos a llamarla como a esos sucios vulgares? Esos solo sirven para servir – decía señalando a la joven Chise, al tiempo que le daba un pequeño empujón y hacía que se le derramase el té por encima de la mesa – mira, y ni para eso sirven. Vete de aquí, inútil.
La joven agachaba la cabeza, mientras limpiaba con un trapo la mesa. Se retiró corriendo de la cocina. La Profesora de Dalen estaba indignada con la actitud de aquella mujer, altiva y xenófoba. Que calvario debía suponer para aquellos niños.
─ No soy la maestra de Asuka. Soy Profesora de 3º de primaria, doy clases en el colegio a los niños de 8 años. Soy la tutora de Dalen.
─ Ahm… - ni la miró a la cara.
─ Tienen ustedes una casa muy acogedora para sus dos hijos – la maestra tomó asiento.
─ Sí, mi marido la adquirió hace unos quince años. Era de unos viejecitos que estaban hartos de subir y bajar escaleras. Imagínese – decía a carcajadas la mujer. Parecía una esquizofrénica, pensó la tutora.
Eso era una gran mentira. Mark Aakwen jamás había adquirido aquella casa. Es más, los antiguos propietarios, no eran dos viejecitos, y por supuesto, la casa nunca estuvo en venta. Por eso la mujer se reía a carcajadas. Pero la maestra no podía saber nada de aquello, tan sólo pensaba que estaba desequilibrada. Celinne era una mujer histriónica, maquillada como un bufón de tanta pintura que llevaba encima, no paraba de fumar y se peinaba con tanta laca, que si una cerilla se acercas a su pelo saldría ardiendo. La profesora pensaba que para tener tanto dinero, no podía comprender como se podía ser tan hortera y ordinario a la vez.
─ Asuka es una niña…
─ ¡Sophie! Se llama Sophie. Dirígete a ella así – espetó contundentemente Celinne dando un golpe encima de la mesa. La profesora arqueó una ceja.
─ Ya veo… es una niña muy atenta. La mejor de su clase. Siempre tiene algo que aportar a la clase. Grandes ideas y muy elocuentes. Todo lo contrario de Dalen. Tan tímido, retraído. Un niño muy reservado. Había hecho grandes progresos con él, pero hace tanto que no viene al cole…
─ No. No va. Y no va a volver. No será necesario.
─ Pero…
─ Mi marido y yo creemos que es una pérdida de tiempo – Celinne hablaba con mucha prepotencia en sus palabras y parecía muy molesta por la intromisión de la profesora hablando de Dalen. Sostenía la taza de té y le temblaba la mano. – Es un niño que no tiene futuro. Un desperdicio. No sé como pudimos gastarnos dinero en él.
─ ¡¿Pero qué está diciendo?!– espetó la maestra.
─ Ese niño es una alimaña – Asuka cada vez agachaba más la cabeza. Parecía que quería irse de la cocina cuanto antes. Notaba como Celinne estaba cada vez más rabiosa.
─ Quiero verle, ahora.
─ No. No es posible. Y por cierto, en mi casa, no da usted órdenes.
─ Déjeme ver al niño. ¿Dónde lo tiene? – la maestra se levantó de su silla y se dispuso a salir por la puerta de la cocina para ir en busca de Dalen.
─ ¡Métase en sus asuntos, zorra!
─ O me deja ver al niño ahora mismo o llamo a asuntos sociales – Celinne se levantó de la silla y se fue hacia la mujer, encarándose a ella.
─ No me amenace en mi propia casa ¡Lárguese de aquí ahora mismo! – vociferaba Celinne al mismo tiempo que agarraba del brazo a la mujer para que no diese un paso más.
─ ¡Suélteme!
La profesora intentó soltarse de las manos de Celinne y durante el forcejeo empujaron una de las sillas que golpeó contra la mesa y tiró una de las tazas de té contra el suelo, rompiéndose en varios trozos. Asuka dio un grito y se levantó de su silla.
─ ¡Dalen! – gritó la maestra - ¡Dalen! ¿Dónde estás?
─ A ver, pedazo de zorra – Celinne agarró a la mujer del pelo y tiró de ella con fuerza. La arrastró hasta la mesa de la cocina, donde empotró su cara contra la superficie de madera. – Deja de gritar.
─ Asuka, llama a la policía… - decía con dificultad la mujer, intentando zafarse de Celinne.
─ Aquí nadie va a llamar a nadie – la maestra no dejaba de gritar y Asuka arrancó a llorar.
─ ¡Dalen! – gritaba la niña peliroja entre lágrimas.
─ ¡Suéltame Celinne! Estas cometiendo un grave error.
─ Nadie viene a mi casa a amenzarme y a decirme como tengo que criar a mis hijos
De repente Celinne agarró un cuchillo de la tacoma de la encimera que tenía detrás. La maestra comenzó a gritar desesperada. Asuka no paraba de llorar desconsolada y de gritar llamando a Dalen. Éste apareció desde la sombra del pasillo que llevaba al sótano. Agarro con fuerza el brazo de Celinne, intentando que ésta no cortase a la maestra. Le empujó contra la pared y se dio un fuerte golpe en la cabeza. Asuka corrió a ayudarle. Cuando se acercó al niño vio que estaba lleno de cortes, golpes y quemaduras. La niña se quedó atónita:
─ ¡Dalen! ¿Qué te ha pasado? ¿Qué es todo esto?
─ Eso es lo que le pasa a los niños que no obedecen a mamá – decía Celinne gritando como una histérica.
─ ¡Estás loca! – gritó la maestra intentando deshacerse de las manos de la mujer, pero era inútil.
La madrastra de los niños apretó con fuerza el cuchillo contra el cuello de la maestra y un pequeño hilo de sangre comenzó a brotar de su garganta.
─ ¡Auxilio! – la desesperación se hacía ya notable en la mujer, que ahora veía lo pésima y estúpida que había sido su idea de ir sola a aquella casa.
Súbitamente Mark Aakwen irrumpió en la cocina y dando un puñetazo en el centro del cuchillo que sostenía Celinne, lo hundió en el cuello de la joven maestra, sesgándolo. Piel, venas y músculo. Sólo se detuvo en el hueso. La vida abandonaba poco a poco el cuerpo de la mujer, que se desangraba lentamente. Un charco de sangre se esparció sobre la mesa de la cocina, goteando hasta el suelo. Asuka se desmayó.
MANSIÓN AAKWEN
19.00h, 2 de Febrero de 2017 e.N.
Ciudad de Munchen
Capítal Berlis
País Almond, Reino del Frío – OESTE
Asuka había abierto sus ojos. Estaba en su habitación, rodeada de sus muñecas y arropada con las mantas. Tenía el pelo un poco húmedo, pero prácticamente seco. Alguien la había aseado y la había acostado a dormir. La luz de la mesita estaba encendida e iluminaba un plato de comida que Chise le había dejado por si despertaba con hambre. Miró el reloj y vio que era muy temprano. Aún no era hora de dormir. Entonces recordó el shock que había vivido: su padrastro había asesinado a la profesora de Dalen ante sus propios ojos. Todo era su culpa. Y Dalen. Recordó entonces las heridas de Dalen. ¿Qué la había pasado? ¿Por qué estaba así? Hacía varios días que no le veía porque Celinne no le dejaba entrar en su habitación. Le dijo que estaba enfermo y que era contagioso y que no debía acercarse a él. Pero, ¿Qué eran esas quemaduras y golpes? La cabeza de la niña empezaba a dar vueltas y vueltas, y ponto el miedo la sobrepasó. Quería encontrar a Dalen, ver que todo era una pesadilla y que nada de aquello había sucedido.
Bajó corriendo las escaleras y se dirigió a la cocina. Allí estaba Dalen, arrodillado en el suelo, limpiando con un trapo un charco de sangre derramado. Un olor asqueroso invadía el ambiente. Asuka se acercó a mirarle y vio que estaba absorto.
─ Cariño – dijo una voz masculina detrás de la niña.
─ ¡Ah! – Asuka dio un salto. Se había asustado. No se esperaba que Mark la llamase por la espalda.
─ Perdona que te haya asustado. Ven aquí, déjame que te coja en brazos.
─ No… no quiero – dijo con timidez y duda en sus palabras.
─ ¿Por qué?
─ Tengo miedo… ¿por qué está Dalen limpiando?
─ Todo lo que ha pasado hoy en esta casa ha sido culpa suya, cariño. Mi pequeña Sophie. Si esa gente sigue viniendo a nuestra casa a husmear, a increparnos, a poner en duda nuestros cuidados… os llevaran. Quieren separaros de nosotros, ¿no lo ves?
─ La culpa no es de Dalen. Es mía – replicó Asuka con rabia.
─ No. Cariño. Deja de defenderle. El no es como tú. Es una pequeña alimaña, un bicho inmundo del Este. Tu, mi preciosa niña, eres brillante, una estrella en el firmamento. No puedes echarte a perder estando al lado de esta escoria. Lamento tanto que hubiese llegado a casa antes que tú.
─ ¿Cómo puedes decir esas cosas de tu hijo?
─ ¡¿Mi hijo?! Sophie, ¿pero qué te pasa hoy conmigo? Cariño, este bicho no es mi hijo. Tu madre se encaprichó hace unos años de que comprásemos un perro, pero no se decidía que raza coger y nos llegó esta adquisición. Cuando tenía cuatro años era más gracioso
La historia no era del todo cierta. No habían dado con el niño ni mucho menos de aquella forma, aunque sí era cierto que lo trataban como a una mascota, pues la persona que se lo vendió les dijo que era una alimaña. Además, al ser originario del contienen del Este, dado el racismo que ambos profesaban, Mark y Celinne – especialmente esta última –, el trato hacia cualquier individuo y o ser de aquella región era denigrante y absolutamente xenófobo. No iba a ser diferente con él. Cuando aún era pequeño, tenían más cuidado con sus tentaciones de ponerle una mano encima, más que nada por miedo a que pudiese morir y quedarse sin su juguete para sus macabros esparcimientos. Cuando se dieron cuenta que era más fuerte de lo que aparentaba, comenzaron a subir la intensidad de los juegos salvajes.
─ … ahora se hace pesado verle, ya no es tan apetitoso – decía mientras le propinaba un empujo con el pie en el lateral y lo tiraba al suelo contra el charco de sangre – No vale ni para limpiar. ¡Celinne! ¡Celinne! – voceaba el hombre – Llévate al bicho a lavar, me está dando asco solo de verlo.
Asuka intentó ir a coger a Dalen del suelo, pero Mark la agarró de los hombros. Chise apareció en la cocina y recogió al niño del suelo. Se lo iba a llevar con ella:
─ Señor, ruego disculpe a la señora. Se ha retirado a la cama. Dice que está agotada. Ya baño yo al niño – decía la joven sirvienta.
─ Ah, no. Entonces déjalo aquí. Ya me ocupo yo.
─ Señor – Chise agachó la cabeza y marchó corriendo de la cocina.
─ En ese caso es hora de cenar.
─ ¿Pero ya habéis cenado, no? - Preguntó Asuka
─ Sí, nosotros sí. Pero Dalen aún no ha probado bocado. Estaba limpiando el estropicio que ha liado hoy en casa. Ya verás como la próxima aprende.
─ Yo no he tocado aún el plato de mi habitación, se lo puedo dar.- Asuka quería sacar de algún modo de allí a Dalen, pero parecía una tarea imposible. Empezaba a tener miedo a su padrastro, a tomar conciencia de la situación. Era demasiado para una niña de 11 años asimilar lo que había ocurrido tan rápido. Pero todo aquello se estaba grabando a fuego en su retina.
─ No, no. El tiene plato especial hoy – Mark se acercó a una olla que estaba hirviendo en el fuego y que desprendía un olor de lo más desagradable. Sirvió un par de cucharadas soperas y añadió un trozo de carne – Vamos, siéntate a comer.
─ Padre, eso huele fatal, puaj… – decía la pequeña Asuka – Además tiene una pinta de lo más desagradable.
─ Va a comer lo que ha traído hoy a casa.
La inocencia de aquella niña le hacía incapaz de comprender el grado de peligro al que estaban sometidos. No comprendía que vivía con dos personas que estaban desequilibradas y que eran dos asesinos. Era demasiado pequeña para poder asimilar nada de lo que estaba pasando. Llevaba apenas cinco meses viviendo con ellos, desde que se hubiese iniciado el colegio el año anterior y con ella se comportaban como dos padres normales. Quizás excesivamente protectores, pero al fin y al cabo como dos padres. Pero cada día que pasaba vivía una situación más extraña con Dalen. Aquel pequeño niño de ocho años cada día estaba peor. Recordaba que cuando había llegado por primera vez a la casa, solía estar castigado, pero no estaba tan magullado como ahora. Cada día parecía más maltrecho, más delgado, más tullido. Asuka no podía evitar empezar a preocuparse por él.
Lo que ocurrió aquella noche fue la gota que colmó el vaso para Asuka. Dalen se negó a comer la cena que Mark había preparado con trozos del cuerpo de la maestra asesinada. Le dio una paliza delante de los ojos de su adorada hija adoptiva y lo encerró en un baúl en el interior del sótano. Pasó allí tres días y tres noches. A partir de aquel día, Asuka se juró y se perjuró que sólo iba a vivir para sacar a Dalen de aquella casa. Como fuese. Aunque fuese con su propia vida. Ella sabía que era el ojo derecho de sus padrastros y que gozaba del beneficio de que comían de su mano, así que intentaría suavizar la situación para Dalen hasta que consiguiesen una vía de escape. El primer atisbo de luz llegó con la ayuda de Chise.
2
Salvo Conducto
DESPACHO LAYTON & TRITON
08.00h, 18 de Mayo de 2017 e.N.
Ciudad de Londan
País Inland, Reino del Frío – OESTE
Luke Triton, un joven estudiante de Investigación Criminal se dirigía apresurado al despacho de su admirado profesor, el Señor Hershel Layton. Traía grandes noticias para él que acababan de caerle desde el cielo. El Profesor Layton era un hombre de 45 años que había dedicado su vida entera a estudiar los casos más retorcidos de la actividad delictiva humana: los asesinos en serie. Era un experto en la materia y cuando la policía de Oeste tenía entre manos algún caso imposible de resolver, recurrían a él. Nada se le resistía entre los asesinos en serie. Ahora tenía un fiel estudiante que él consideraba su ayudante. Si primer y único ayudante. Un joven audaz que a la temprana edad de 17 años le ayudó a resolver uno de los casos más misteriosos de Oeste, el de la "Viuda Negra": una mujer que había conseguido acabar con la vida de más de 10 maridos, pero nunca eran capaces de demostrar como lo hacía. Sólo Luke fue capaz de ocurrírsele un método para descubrir trazas de arsénico en el cuerpo humano una vez perecido. Misterio resuelto. Hershel sabía que en él había carne de sabueso y quería contar con él.
Hoy por hoy tenían entre manos uno de los casos más difíciles de resolver de la historia de Oeste y que recientemente había involucrado también a los pueblos del Este. Era el único caso que traía verdaderamente de cabeza al profesor y del cual era incapaz de encontrar la primera pista que les abriese el camino al laberinto para al menos poder recorrerlo y buscar la salida. El obstáculo más importante con el que se encontraban siempre era la corrupción: no podían avanzar en las investigaciones porque siempre había un ente superior que ocultaba información. Ahora no luchaban solos por la causa. También estaba el ex-detective Kyle Hyde que les ayudaba desde Oeste, la detective Misato Katsuragi y el espía Rouji Kaji desde Este.
Luke corría incesante por las calles, deseoso de llegar hasta el despacho del profesor. Era joven y no muy alto, pero era resultón para las chicas. Al menos se desenvolvía bien en las conversaciones y resultaba muy agradable. Era un muy pillo en eso de sonsacar información:
─ ¡Profesor, profesor! – se escuchaban los gritos de Luke desde el final del pasillo de la universidad. Los primeros estudiantes que habían llegado ya a las aulas y estaban esperando que se empezase la jornada de clases, se asomaron a mirar quien gritaba tanto – No se lo va a creer, ¡profesor!
─ Luke, sosiega – dijo Hershel abriendo la puerta del despacho y acercándole una taza de café.
─ Uff, dé…ja…me reco…brar…el…uff…aliento! – decía ahogado, tocándose con la mano el pecho, a ver si notaba el palpito del corazón…
─ Se te va a salir, muchacho – dijo el profesor entre risas.
─ Buah, profesor. ¡Tengo una pista para el caso! – dio un sorbo de café. Hershel le miró por encima del periódico que estaba oteando.
─ Continúa
─ Recuerdas a niña de Munchen que decía que en su casa había un trasiego de gente… muy rara…
─ No te sigo…
─ Bueno, si, explicado así…
─ Primero de todo Luke, fuentes. Las fuentes: ¿es una fuente fiable? ¿se puede corroborar? ¿tienes datos exactos?
─ Lo tengo todo profesor – decía entusiasmado el joven – no se lo va a creer.
─ Desde el principio – Layton cerró el periódico y le prestó toda su atención.
─ Anoche conocí a una chica. – el profesor arqueó una ceja – Sí, lo sé, se que empieza mal la historia, pero escúcheme profesor, por favor, es real. Anoche salí a cenar con un amigo de la universidad. Estuvimos tomando unas copas y la verdad es que regresé a casa más tarde de lo que esperaba. Eran las once de la noche cuando decidí que debía regresar. Iba por mi trayecto habitual: fui a coger el tranvía y en la parada había una chica, muy guapa. Especialmente guapa…
─ Al grano Luke
─ Es importante profesor, escuche. Era muy guapa, no podía dejar de mirarla. Y entonces me di cuenta de porque no podía dejar de mirarla. No era de aquí. Era una chica del Este. Una chica del antiguo pueblo de Ishval. Cabello blanco, ojos rojos, tez morena… ¿Qué hacía aquí una chica de Ishval?
─ ¿Y bien?
─ Me acerqué a ella. Parecía que estaba herida o algo raro. No sé, no sé muy bien porque lo hice. El caso es que lo hice. Me presenté y se asustó un poco, pero enseguida cogió confianza. Hablé con ella y le dije que la acompañaría a un sitio a que le mirasen las heridas, pero entonces me dijo que no podía, que había huido y que si la llevaba al médico o a la policía estaría perdida ella y los niños. ¡LOS NIÑOS! Profesor – voceaba Luke al tiempo que se levantaba de su silla, braceando.
─ Cálmate chico. Siéntate. ¿Qué ocurre con los niños? ¿Qué tiene de importante que diga los niños?
─ Joder profesor, uy perdón…quiero decir, caracoles profesor, niños es la palabra mágica en nuestro vocabulario desde hace meses… no pude evitar pensar en el caso y le pregunté, de donde venía, como se llamaba, de que niños hablaba… evidentemente no me quiso contestar a nada de nada. Noté que tenía hambre, porque le sonaban las tripas, claro y entonces decidí intentar convencerla de que si venía a casa conmigo la podía ayudar con las heridas y darle un plato de comida. Ya sabes que soy bastante pesado… bueno, y al final lo conseguí… y espera, no me mires así
─ Luke, es que el día que en el planeta repartieron a cada ser la concisión, a ti no te dieron ni un pedacito de ella – el joven se rascaba la cabeza asintiendo las palabras del profesor. Es que tenía razón, no era capaz de ser conciso nunca y se iba por las ramas siempre. Pero ahora era importante todos los detalles que pudiese contar.
─ Termino ya y voy al grano. En fin, que la convencí y en casa, ya con el estomago lleno, duchada, calentita con la manta y con ropa limpia pues se decidió a hablar.
─ ¿Dónde está ahora?
─ Sigue en casa, nadie sabe que está allí. Se llama Chise, viene huyendo desde la ciudad de Munchen. Estaba trabajando en la Mansión Aakwen… ¿ata cabos señor?
─ ¿La denuncia de hace unos meses de la niña del colegio de primaria?
─ ¡Exacto! Profesora, tutora, asistenta de asuntos sociales… bla bla bla, todos aquellos desaparecidos…
─ ¿Sí? – inquiría sorprendido el profesor.
─ ¡MUERTOS! Los mataron en la mansión.
─ ¿Te lo ha confirmado ella? – preguntó sobresaltado el profesor al mismo tiempo que se levantaba de su silla, como si fuese a salir corriendo.
─ Sí. Puede corroborar los asesinatos uno a uno. Estuvo presente en todos o casi todos. Si no estaba en la escena, se encontraba en la sala contigua – decía Luke entusiasmado con la idea de estar un paso más cerca de encontrar el primer hilo del que tirar.
─ ¿Cómo ha podido escapar? ¿Por qué no se ha traído a la niña con ella?
─ Profesor, es mejor que venga a casa conmigo y hable con ella.
─ No se hable más.
El profesó cogió su abrigo y su sombrero e hizo un gesto a Luke para que se pusiesen en marcha. No había tiempo que perder.
