LOS REINOS DEL ESTE
TOMO I: HISTORIAS DE UN MUNDO LEJANO
CAPÍTULO 2.2
CÓMO EMPEZÓ TODO: 3 AÑOS ANTES
2
Salvo Conducto
PISO DE LUKE TRITON
09.30h, 18 de Mayo de 2017 e.N.
Ciudad de Londan
País Inland, Reino del Frío – OESTE
Luke fue el primero en entrar para ver a la joven Chise y así no asustarla con la llegada del profesor. La avisó de que venía acompañado de su maestro y que éste quería hacerle unas preguntas para poder ayudarla. La joven al principio era reticente, pues tenía miedo de que fuese un policía y que finalmente acabase de nuevo en la mansión de los Aakwen. Pero finalmente, tras una pequeña conversación con Triton aceptó.
Se dirigieron a la mesa de la cocina y aprovecharon para servirse un segundo café. La joven, con vocación por el servicio, no pudo evitar levantase a servir algo de almuerzo para ambos hombres, pero Luke le pidió que se sentase. Ya lo haría él.
─ Gracias – le dijo la exótica joven con una dulce voz.
─ Hola Chise. Soy el profesor Hershel Layton. ¿La puedo llamar así? – Hershel le acercó su mano sobre la mesa para estrecharla con la de la joven.
─ Sí, no es problema.
─ ¿Cómo está ahora? ¿Se siente segura en este piso?
─ Sí… Luke se ha portado muy bien conmigo. Llevaba una semana vagando por la calle sin saber a dónde ir. No se puede acudir a la policía – el profesor arqueó las cejas.
─ ¿Por qué dice eso, joven?
─ Les vi muchas veces en casa de los Aakwen – aún no se sentía del todo a gusto con el profesor y tenía miedo de hablar y contarle las mismas cosas que había hecho con Luke durante la madrugada.
─ Chise, no temas. No somos policías. El profesor da clases en la universidad de Londan y es un experto sociólogo y psicólogo. Un apasionado de los puzles – dijo sonriente, intentando que la chica se sintiese más cómoda.
─ ¿Seguro que no me vais a llevar a la policía? Antes que eso me quitaré la vida.
─ ¡No! – gritaron casi al unísono ambos hombres.
─ Mujer, ¿cómo dice eso? Tan si quiera, ¿cómo ha podido planteárselo? Por favor, no se asuste. Vamos a ayudarla. Se lo prometo. – dijo Hershel al tiempo que la cogía con fuerza de la mano sin apartar la mirada fijada en sus pupilas. – Míreme a los ojos, Chise: Está a salvo.
La joven agachó la cabeza y suspiró fuertemente. Estaba agotada por la huída y por el miedo que había pasado los días anteriores. Durante la madrugada en la casa de Luke había conseguido sosegarse. Intentaba ordenar sus ideas mentalmente y volver a tomar su objetivo inicial, el objetivo por el cual había abandonado la mansión poniendo en peligro su propia vida.
─ Si de verdad ustedes me van a ayudar, no soy yo quien necesita la ayuda.
─ Cuentéaselo todo al profesor, Chise. – decía Luke animándola.
─ Marché de la mansión del Doctor Mark Aakwen y su mujer para darles una oportunidad a los niños. Creía que si conseguía huir con vida de allí y llegaba a algún lugar seguro donde denunciar lo que estaba pasando, los salvarían. Pero entonces fue cuando me di cuenta de que estaba todo perdido. Fui al primer cuartel de policía que encontré. Entonces aún tenía algo de dinero y batería en mi móvil. Me preguntaron en recepción que quería y como era para poner una denuncia, me dijeron que tomase asiento. Y mientras estaba allí esperando, vi pasar a un hombre que tenía muy visto. No era capaz de asociar su cara a cuándo o a dónde lo había visto, pero sabía que lo había visto. Llevaba el traje policial. Le perdí de vista cuando entró hacia las oficinas, más allá de la sala de espera. Pasaron quizás treinta minutos y aún no me habían atendido. Había bastantes personas por delante de mí esperando. Entonces le vi salir. Y salía acompañado de otro compañero, pero esta vez no iba con el uniforme. Vestía de calle y lo situé. A él y a su acompañante. Los había visto más de una vez en casa de los Aakwen. Eran los mismos hombres que venían cuando – la garganata se le quebró un segundo. Tuvo que hacer una pausa y beber agua – Eran los policías que venían cuando Mark y Celinne mataban a alguien.
─ ¿Has dicho mataban a alguien? ¿Era algo habitual? – inquiría el profesor, no muy sorprendido. Estaba acostumbrado a tratar casos de asesinos en serie.
─ Sí.
─ ¿Desde cuándo?
─ Desde que trabajo en esa casa. Se ha vuelto más habitual con la llegada de la niña que llaman Sophie.
─ Entiendo… ¿cómo llegaste a la Mansión?
─ No lo sé. Desperté en ella. Yo vivía en Ishval con mis padres, tenía 14 años… sólo recuerdo que estaba jugando con mis amigas y después desperté en este mundo. Ni si quiera sé cómo se vuelve a mi País.
─ Te ayudaremos a volver con tus padres. – convino Luke - ¿Hace cuanto que no les ves?
─ Calculo qu años. Quiero volver a casa, pero antes hay que salvar a esos niños.
─ Chise, siento si soy tan directo con las preguntas, pero las hago para poder ayudarte a ti y a los niños ¿lo entiendes, verdad? – El profesor estaba muy serio y tomaba notas de todas las cosas que consideraba de vital importancia.
─ Sí. No me molesta.
─ Hace unos meses, una niña de un colegio de primera, en Munchen, denunció que en su hogar ocurrían cosas terribles. Nadie le echó cuentas al tema y el caso se archivó. Un amigo nuestro, el ex – detective Kyle Hyde ha estado siguiendo la pista de esa niña, pero es muy difícil acercarse a ella. Evidentemente esa niña es Sophie. Kyle supo que había de por medio un segundo niño, un tal Dalen. La niña le dijo que Dalen estaba en peligro y que si la pillaban hablando con el ex – detective, Dalen podría acabar muerto…
El profesor dejó el relato al aire a la espera de que la joven completase la historia, no quería hacer ninguna pregunta en particular, si no permitir que la joven se arrancase a contarles más detalles. Su técnica surtió efecto:
─ Tienen un comportamiento de lo más extraño con ambos niños, y completamente diferente para cada uno. Sophie, como la llaman ellos, es la niña de sus ojos. Nadie puede tocarla, ni acercarse a ella. La tienen protegida las 24h. Con el niño es muy diferente. Su trato es aberrante y me siento impotente diciendo esto, pero creo que el niño está vivo porque me he jugado la vida más de una vez para darle de comer o para curarle las heridas. Igual que Sophie. Más de una vez la he visto guardarse comida en los bolsillos para después meterla en la caja de madera donde le encierran a dormir. Siempre han sido malos con Dalen. Cuando yo desperté en la casa, el niño no estaba. Llegó tiempo después. Quizás un año después.
─ ¿Recuerdas el año? - Hershel no quería interrumpir, pero quería cerciorarse de los datos.
─ Probablemente en 2014, no estoy segura del todo. Pero diría que hace unos 3 años. Entonces era un niño muy pequeño, y no le pegaban como ahora. Tendrí años. Recuerdo que Celinne lo trataba como si fuese su gatito o su perrito. Así lo llamaba. Pero entonces comía y dormía en una habitación. Incluso iba al cole. Cuando llegó Sophie, hará unos meses, quizás un año, no creo que llegué, entonces Dalen se quedó sin habitación, sin comida, sin colegio. Evidentemente no es culpa de la niña. Hacía ya tiempo que el comportamiento de Celinne hacia el niño se había recrudecido. No os puedo asegurar que no haya abusado de él en alguna ocasión y me duele en el alma tener que decir algo así, pero lo siento. Lo creo. No lo he visto con mis propios ojos, pero esos dos son dos engendros, dos monstruos y estoy segura de que le han puesto la mano encima y para algo más que pegarle. Aunque insisto que no puedo probarlo. Pero sí he visto con mis propios ojos como lo ha metido en una bañera de agua ardiente, para después decir que le tenía que untar todo el cuerpo en cremas para curarle. Putos locos. Ahora lo utilizan de reclamo, y ha sido la gota que colma el vaso. Cuando vienen todos esos ricachones y ricachonas a casa, algunas quieren que el niño las acompañe durante la noche. No lo soportaba más – las lágrimas empezaban a brotar en los ojos de Chise, que hablaba con furia y rabia relatando los crímenes que habían cometido sobre aquel pobre niño de apenas 9 años – espero que se mueran, espero que los maten, que mueran con dolor y sufrimiento. Solo les deseo una muerte al nivel del daño que está sufriendo ese niño. ¿Sabéis cuantas personas han muerto ya intentando salvarle? Profesores, tutores, asistentes sociales, hasta una mujer policía… nadie hace nada… nadie hace nada – casi gritaba entre sollozos. Luke posó sus manos sobre los hombros de la joven acariciándola.
─ No sé cómo ni cuándo vamos a sacar a ese niño de ahí, pero lo vamos a sacar – decía el joven.
─ No tiene tiempo… el tiempo que tiene de vida, es la vida que le está regalando Sophie. Esa niña se juega la vida cada día contra esos dos monstruos para salvársela a él. Pero es una pobre niña de 12 años… sabe que tiene a esos dos asesinos comiendo de la palma de su mano y esta tensando la cuerda todo lo que puede… pero ¿cuánto le va a durar? ¿y si deja de ser su ojito derecho y le hacen lo mismo a ella también? ¿Y si llega una niña nueva? – las propias preguntas que se hacía ella misma la estaban agobiando cada vez más.
─ Calma, los "y si" no nos van a ayudar. Chise, tengo que hacer unas llamadas. No te vamos a defraudar.
─ No es a mí a quien defraudaréis profesor. Ahora vosotros lo sabéis también. Si ese niño muere, caerá en mi conciencia por no haberlo sacado de aquella casa, pero también caerá en la vuestra.
Luke se quedó en el piso a hacer compañía a Chise y a recabar más datos sobre las cosas que había vivido. Mientras tanto el profesor regresó a su despacho en la universidad. Quería realizar una video conferencia con Kyle Hyde para comentarle todo lo que había ocurrido; desde su ordenador, aprovechando que la franja horaria entre Nueva Lords y Londan era la misma llamó al ex detective.
Kyle Hyde era un hombre de unos 42 años pero aparentaba algunos más. Estaba bastante curtido por los casos que había llevado en sus años como detective de homicidios y en especial por la muerte en servicio de su compañera y amante. Los años habían caído sobre él como un jarro de agua fría y dejar el cuerpo de policía sólo había hecho que empeorar las cosas. No obstante, desde que se topó en su camino con el profesor Hershel, su vida había recobrado sentido una vez más. Ya no le costaba tanto levantarse de la cama por las mañanas, ni cuidarse tomando un buen desayuno. Había vuelto a salir a la calle… había dejado el alcohol… estaba empezando una nueva vida. En los últimos meses todos se había tornado más interesante con el caso que les traía de cabeza y la llegada al equipo de investigación de dos miembros más: Misato Katsuragi y Rouji Kaji; el portátil comenzó a sonar cada vez más fuerte y más incesante, creía que no llegaba a tiempo:
─ ¡Profesor! Disculpe – decía Kyle por la video conferencia, mientras se secaba el pelo con una toalla – Me ha pillado usted en la ducha.
─ Lo siento. Puede esperar unos minutos. Termine, termine
─ No, no tranquilo. Se está bien. Por favor. Dígame.
─ Esta tarde tenemos que hacer una reunión con los Detectives de Este. No se lo va a creer, pero tenemos la caja del puzle.
─ ¿Cómo? - dijo sobresaltado Kyle
─ Anoche Luke se encontró con una chica que ha estado años secuestra en la casa de la niña de Munchen. Sabe fechas, nombres, localizaciones, hasta puede dibujarnos un mapa de la casa.
─ ¿Profesor?
─ ¿Kyle?
Ambos hombres echaron a reír a carcajadas, no se lo podían creer. Hacía años que estaban detrás de aquel magnate de la medicina llamado Mark Aakwen. Por fin iban a tener un hilo del que tirar… no sería fácil, pero era un comienzo. No obstante, el profesor se guardó la peor noticia para la tarde, cuando pudiesen hablar los cuatro simultáneamente. Entonces les comunicaría a todos a la vez de la existencia de ese niño llamado Dalen que requería su ayuda con urgencia o tal vez acabaría muerto.
Transcurridas varias horas, mientras Luke aún recababa datos con la joven Chise, y miraban de reconocer mediante fotos a los distintos asistentes a las fiestas de la Mansión Aakween, el profesor había preparado diversa documentación para enseñársela también a la joven y ver si les podría ser útil para cazarlos. Ahora lo importante era buscar un lugar seguro donde ocultarla, o de lo contrario, su único testigo podría desvanecerse. Nadie más que su núcleo fuerte debía saber de la existencia de aquella joven.
Era la hora que habían concertado para la videoconferencia a cuatro. Enseguida Misato y Kaji estaban listos. El profesor les puso al día de todo lo ocurrido en las últimas horas y no dejaban de asombrarse más y más a cada detalle que daban. Una cosa estaba clara: las prioridades. Poner a salvo a Chise y sacar cuanto antes a los niños de allí.
─ Yo me encargo de traer a la joven a Este – propuso Kaji. – La protegeremos en Konoha. Hablaré con el Hokage para darle un salvoconducto y protegerla aquí hasta que sea necesaria para el juicio. Konoha está relativamente cerca de Isvhal.
─ ¿No es el País vecino? - preguntaba Kyle
─ Sí, está en el continente del sur, en las tierras de los Reinos del Viento, pero ambos reinos son vecinos. Me encargaré de encontrar a sus padres y ponerlos a salvo también. Los Ishvalitas son una población difícil de dejar sus raíces, pero cuando sepan que su hija sigue viva y que si quieren que así siga, deben abandonar Ishval, no creo que sea difícil convencerles.
─ ¿Qué pasa con los niños? ¿Cómo lo hacemos? Luke está ahora con Chise, lleva casi toda la mañana buscando fotografías de personas que ella recuerda a ver visto en la casa, en las famosas fiestas… - explicaba el profesor.
─ ¿Qué creéis que ocurre en esas fiestas? – inquiría Misato.
─ Piensa mal y acertarás. En mi vida he visto de todo, pero dado el nivel de sicopatía de estos dos personajes, me espero algo como mínimo de ese nivel. Puede que obtengamos respuesta a todas las chicas desparecidas, a todos los niños secuestrados… puede ser un verdadero descalabro rascar ahí – decía afligido Kyle Hyde. Sabía de lo que hablaba. Por desgracia lo había visto en alguna otra ocasión. Eso sí, jamás de esta magnitud.
─ Es desesperante – siseaba Misato
─ Más aún que estamos solos. Tenemos que sacar esta misión adelante con nuestros medios y sin filtraciones – comentaba Kaji.
─ Puedo infiltrarme en el colegio y así estar más cerca de la niña – proponía Misato.
─ ¡Eso es muy peligroso! – el profesor no estaba muy de acuerdo
─ No es una mala idea… - opinaba Kyle
─ Es una pésima idea – decía Kaji que aún era pareja de Misato y no estaba dispuesto a que arriesgase su vida de esa manera.
─ ¿Pueden ayudar los ninjas? – preguntaba el profesor.
─ Ni de broma. Después de la corrupción que nos habéis enseñado de Oeste, ¿qué os hace pensar que aquí va a ser distinto? – Misato no tenía pruebas de tal cosa, pero era mejor prevenir que curar – Mi infiltro en el colegio, me hago pasar por una profesora de defensa personal. Puedo estar cerca de la niña y ver como evoluciona todo. Saber si Dalen está bien…
─ No es ese el tema… el tema es como abordamos la casa y los sacamos de allí – Kaji quería evitar a toda cosa que Misato se acercase a aquel colegio, a aquella casa.
─ Si, pero para eso necesitamos estar cerca de la niña. Chise nos puede dar mucha información, pero ya es información del pasado. Chise no va a estar más en esa casa. ¿Cómo sabemos cómo están los niños? Sólo hay una via y Misato está en lo cierto, es acercándose a la niña. – Kyle era partidario de la idea de la detective Katsuragi.
COLEGIO DE PRIMARIA
11.30h, 26 de Mayo de 2018 e.N.
Ciudad de Munchen
Capital Berlis
País Almond, Reino del Frío – OESTE
Transcurrieron los meses de duro trabajo. Misato se infiltró en el colegio como maestra de defensa personal para los niños de primaria. Le costó varios meses ganarse la confianza de la niña y conseguir sacarle información de su hermanastro. Cuando ya sabía seguro que confiaba en ella, le confesó que era Policía y que iba a ayudarlos a salir de allí. Se cercioró de que Dalen seguía con vida y que Asuka no corría peligro.
Kaji había trazado su plan de protección de testigos con Chise y su familia. Ahora vivían en Konoha y trabajaban en el Hostal Haruno y en el Bar ANBU, bajo la atenta mirada de los cuerpos de élite. Si les ocurría algo, Kaji podría asegurar que los ninjas también eran unos corruptos.
Kyle, Hershel y Luke habían estado preparando durante el último año, todo la documentación para demandar y encarcelar a todos aquellos que Chise podía recordar. Los habían investigado uno a uno y habían encontrado material para acusarles por más de un delito. Pero por más que buscaban no encontraban una sola macula legal por donde pillar a Mark Aakwen y a su esposa Celinne Bakstan.
Misato, por su cuenta, había investigado quien era Asuka y de donde provenía, pero su rastro era casi imposible de trazar. Detrás de ella sólo aparecía una madre muerta hacía casi nueve años y un tutor, jefe de su madre, un tal Gendoh Rokubungi. Nada remarcable de aquel hombre. Al menos en apariencia. Pero, ¿por qué la dejó con los Aakwen? No lo entendía. De Chise tampoco pudo sacar nada. No se acordaba como había llegado hasta aquella casa. No había un solo cabo suelto. Las esperanzas residían en aquel niño, Dalen, que Asuka le había descrito y que si todo cuadraba, podría ser el niño que tanto ansiaban encontrar: El hijo del Ex Shogun de los Reinos del Fuego. Ahora debía tener nueve años. De tez clara, bastante blanca, pelo castaño y ojos grisáceos azulados, se parecía al hijo del Shogun en la única fotografía que había de él. Pero sólo porque correspondía en la descripción que había dado Asuka. Misato no lo había podido ver, ni nadie de su equipo. Chise no estaba segura. No recordaba como era el niño cuando era más pequeño, pero decía que podría ser él. No estaba segura. Necesitaban llegar a él y cruzar los dedos para que éste se acordara de algo cuando fue secuestrado. Algo casi imposible, dado que cuando ocurrió era un niño d años; en cualquier caso, todo el plan no serviría de nada si el niño no sobrevivía. Había llegado el momento del salvoconducto; Hoy era el día señalado, el día en el que trazarían el plan de rescate.
─ Asuka, hoy va a venir al colegio mi compañero Hershel. Cuando estemos en la clase de defensa personal, pediré varios voluntarios para hacer un ejercicio. Mi compañero estará atento a lo que hacéis. En un momento dado elegirá a tres como los mejores y entonces tendréis que hacer un ejercicio más. Después escogerá a un ganador y el premio será visitar con él la universidad donde el día de mañana os podréis formar como auténticos policías. Te digo esto porque te tienes que ofrecer voluntaria y serás la seleccionada para ganar el premio. ¿Lo entiendes? En ese momento, para entregarte el premio iréis a la sala de profesores. Allí Hershel te va a entregar unas cosas que necesitarás para poder salir en el día señalado con Dalen, ¿me sigues Asuka?
─ Sí. Será hoy – preguntaba la niña mirando de un lado al otro en el patio viendo que nadie sospechase de que estuviese hablando con la maestra de defensa personal.
─ Sí. En la siguiente hora. Estate atenta – le dijo Misato, al tiempo que marchaba dejando a la niña sola con sus amigas que se acercaban corriendo hasta ella.
La hora de defensa personal llegó y todo sucedió como Misato y Hershel habían previsto. Asuka hizo su mejor papel y quedó tan claro que merecía ganar que los compañeros aplaudían el gran trabajo de su amiga. Había llegado el momento crucial: la entrega del salvoconducto. Asuka no podía disimular su nerviosismo. Se dirigía en silencio junto a Misato, dirección a la sala de profesores. Allí estaba Hershel esperándola.
─ Hola Asuka. Me alegro de verte después de tanto tiempo – decía el hombre sonriente.
─ Si me acaba de ver en clase – decía la niña haciendo una mueca de sorpresa
─ Me refiero por la vez que nos vimos cuando estuvimos en el colegio en una investigación. Hace unos años, quizás no lo recuerdes.
─ Pues no. Lo siento.
─ No importa. Vamos a lo importante, ¿cómo estás?
─ Bien. Bueno, preocupada. Bueno no, ¿asustada?
─ Pues no tienes que tener miedo. Todo va a salir bien – le decía Misato cogiendo al a niña por los hombros.
─ ¿Cómo está Dalen?
─ Mal. Está muy mal.
─ ¿Ha pasado algo más?
─ No. Bueno, sí. Es esa mujer que no deja de venir a verle. Casi todas las semanas está en casa. No falla nunca y alguna semana incluso llega a venir en más de una ocasión. Lo único positivo es que Mark no le pone una mano encima y Celinne tampoco. Desde que viene esa mujer al menos no le encierran en el sótano y casi todos los días cena con nosotros. Pero ya no habla.
─ Siento la pregunta Asuka, pero ¿Sabes que hace esa mujer con Dalen? Quiero decir, ¿en algún momento has escuchado alguna conversación o Dalen te ha dicho algo?
─ No. Ya te digo que Dalen ya no habla. Bueno, hablaba poco, pero ahora ya es que no dice nada. Solo sé que van detrás de la puerta roja. Ahí no puedo pasar. No he estado nunca – el profesor se apresuró a sacar un mapa de la casa que tenían dibujado según las indicaciones que les había dado Chise en el pasado.
─ ¿Puedes señalar en este dibujo donde está la puerta roja? ¿Entiendes bien el dibujo? Es un plano de la casa. Mira – le dijo señalando varios puntos – Esta sería la entrada y ésta, por ejemplo, sería tu habitación, y esta la cocina.
─ Sí, sí, lo veo. Hmm – la niña se quedó pensativa unos segundos y señaló con el dedo – creo que la puerta roja es esta. No, no, miento. No está en la planta de mi habitación, está por debajo. – Hershel cambió al plano inferior – Sí, ésta, es esta puerta.
─ Debe ser una sala "dedicada a otras cosas" de la casa – dijo el profesor dirigiéndose a Misato.
─ Asuka, ¿has escuchado a Dalen llorar alguna vez en esa sala, o gritar, o quejarse?
─ No, no, ya os digo que Dalen ya no dice nada. Desde que se fue Chise se fue apagando poco a poco… y ahora, con esa mujer… no sé. Bueno, al menos no le pegan, ¿no?
─ Sí, está bien Asuka, no te preocupes – insistía Misato intentando no poner más presión sobre la niña.
─ Asuka, atiéndeme bien, porque sólo te lo podré explicar hoy para no ponerte en peligro, ni a ti, ni a Dalen – El profesor extrajo de su mochila una pequeña bolsa y esparció su contenido sobre la mesa de la sala – Aquí hay un sobre con dinero, dos tarjetas para el tranvía, un móvil con una tarjeta de prepago, un plano donde está marcada vuestra casa y donde están marcadas las salidas y los horarios de vigilancia de las torres de la muralla que la rodea, los minutos caminando desde cada salida hasta el salvoconducto y mi número de teléfono – la cara de la niña era un poema.
─ ¿Qué quieres que haga con todo esto? – preguntaba incrédula - ¿cómo voy a ocultar un móvil en casa?
─ Asuka, escúchame, el plan es el siguiente: cuando tú me digas, el día que tú me digas, yo os estaré esperando donde tú me digas. Para eso es el móvil. En el plano tienes marcadas las opciones de escapada según el día y la hora. Nosotros no podemos entrar a por vosotros. Lo hemos intentado por todos los medios y es imposible. Necesito que salgáis fuera. Hoy mismo podríamos salvarte a ti, llevarte a Este. Pero no podríamos salvar a Dalen. Te necesitamos para sacarle de allí sano y salvo. Si el plan del móvil no funciona, para eso es el dinero y la tarjeta del tranvía. Imagínate que por lo que sea no me puedes llamar desde dentro de casa, o no me puedes enviar un mensaje: eso no va a impedir que podáis huir. Te dejo dinero y una tarjeta para que os podáis mover lejos de casa y cuando estéis alejados y escondidos, me puedas llamar con el móvil. Sé que es un plan penoso. Sé que no te estamos ayudando en nada con la peor parte, que es la de dentro de casa. Pero eres nuestra única esperanza. Lo hemos intentado todo, Asuka. Sólo tú puedes sacar a Dalen de allí.
─ ¿Cómo lo hago?
─ Elige el día que tú consideres. No tenemos prisa. Estaré siempre fuera esperando. Hasta que me llames. No te pongas en peligro ni a ti, ni a Dalen. Sólo cuando veas la ventana de la oportunidad, sólo entonces huye con Dalen. Sálvate. Sálvale.
Asuka estaba sobrepasada. Pero era consciente de que era su única oportunidad. Entendía que aquellos adultos, igual que todos los que habían muerto anteriormente en el intento, lo único que querían era salvarlos. Y aunque fuese pequeña, ya no lo era tanto y no era un estúpida. Sabía que si este era el plan que habían trazado es porque ya no había más opción. Todo se lo jugaba a una carta. La suya propia. Aquel día se despediría de Misato y de Hershel y la próxima vez que los volviese a ver, sería cuando ya fuesen libres.
3
En la actualidad: La huida
MANSIÓN AAKWEN
19.00h, 21 de Julio de 2020 e.N.
Ciudad de Munchen
Capítal Berlis
País Almond, Reino del Frío – OESTE
Habían pasado dos años desde el plan de huida de Hershel Layton; Celinne estaba preparando la ropa de Dalen. Había crecido en los últimos meses y aunque aún no había dado un gran estirón, pues todavía era demasiado pequeño de edad, once años, ya casi media un metro cincuenta. En el último mes había crecido casi treinta centímetros y toda la ropa se le había quedado ridícula. Desde que Mark y Celinne tenían clientes habituales, cuidaban con más detalle el aspecto de Dalen. A las clientas les gustaba la compañía del niño, pero siempre y cuando estuviese bien aseado y bien vestido. No era santo de devoción de Celinne, pues prefería verlo de rodillas y con una cadena al cuello, pero aquí quien daba las órdenes era su marido, Mark.
El negocio iba viento en popa: cada vez tenían más clientes y a su vez esos clientes eran más selectos y más ricos. Les estaba costando encontrar materia prima para los espectáculos de violencia, pero con la ayuda de sus contactos en el Este, habían salido adelante. A Celinne le encantaba amasar dinero, pero también disfrutaba con las escenas snubs que se vivían en el sótano de su casa. Mark era distinto. Realmente le importaba bien poco el dinero. Era un sicópata, más incluso que Celinne y de lo único que disfrutaba era del sufrimiento de los seres humanos. Si bien era cierto que tenía predilección por abusar de Dalen, ahora que no podían ponerle una mano encima, el ritmo de secuestros de chicas y de asesinatos a sangre fría de éstas, se había disparado considerablemente en la Mansión. Mark a quien deseaba maltratar era a Dalen, pero su principal benefactor, el hombre que importaba chicas desde el Este, trajo consigo una clienta que lo había convertido en su ojito derecho. Todas las semanas venía a verle y le quería exclusivamente para ella.
Hoy era un día especial. La mujer venía a ver a Dalen a la misma vez que su contacto cerraría un trato de negocio con Mark y Celinne: cuatro nuevas chicas, directamente traídas del Reino del Viento. Celinne estaba impaciente por verlas y tocarlas.
─ Date prisa en asearte gatito, te he dejado la ropa encima de la silla. Tu querida Matsumoto viene a verte hoy también. Y estarás a solas con ella. Hoy no te acompañará nadie más. Tenemos asuntos importantes que atender.
─ Celinne – gritó al otro lado de la puerta Mark – Gendoh ya está aquí. Le recibo en la sala. Que no tarde mucho el bicho. La señorita Rangiku Matsumoto le está esperando impaciente.
─ ¿Lo has oído? Vas tarde o te vistes o te visto – le dijo amenazante Celinne.
El niño se apresuró a ponerse la ropa y salió corriendo escaleras abajo a recibir a la mujer. Hoy estaba especialmente despampanante. Vestía un largo vestido de seda blanco, que dejaba entrever su voluptuosa figura. Dalen aún era demasiado pequeño para fijarse en aquellas cosas, pero para Asuka no había pasado desapercibida:
─ ¿No te da vergüenza? – le decía por lo bajo, mirándola con los ojos atravesados en ella – Eres una vieja para venir con estas pintas… - Matsumoto arqueó una ceja y miro de soslayo a la niña.
─ Jovencita, no soy tu enemigo.
─ A mí me parece que sí. Date prisa en hacer lo que sea que vayas a hacer, porque yo tengo también cosas que hacer con Dalen, ¿lo has entendido? – le decía al tiempo que entrecerraba los ojos para amenazarla e intentar que liberase a Dalen rápido.
Asuka quería aprovechar que Mark y Celinne estarían entretenidos con Genoh, para así poder huir con Dalen. Por fin, después de un poco más de dos años, la oportunidad de huir se había dado y justo había tenido que venir aquella petarda. Estaba deseando que le pasara lo mismo que le debió pasar a la última que se encaprichó de Dalen: Mark debió cansarse de ella y nunca más volvieron a verla. Asuka no sabía cómo se deshacía de ellos, pero tenía claro que los mataba. Al principio de todo, la primera vez que vio con sus propios ojos como mataba a alguien, entonces, sí sentió miedo. Ahora, después de tantas muertes, ya se había acostumbrado. Se había hecho a vivir con aquellos sicópatas. Ya casi había normalizado todo, hasta incluso los maltratos que sufría Dalen. Aunque bien pensado, hacía tiempo que no le pegaban. O al menos, no de forma que le dejase marcas en zonas vistas del cuerpo, como la cara o los brazos.
Dalen llegó hasta Matsumoto y la abrazó por la cintura. Asuka se quedó de piedra. No podía disimular la cara de asombro que se le había quedado al ver la escena. ¿Pero qué narices estaba haciendo? ¿Baja corriendo las escaleras y se abraza a la cintura de esta pedazo de guarra? No entendía nada. La mujer le cogió de la mano y se lo llevó escaleras abajo, dirección la famosa puerta roja.
─ ¡Rapidito! – volvió a gritar la joven.
Los minutos iban transcurriendo y Asuka empezaba a impacientarse. Aún estaba en la franja en la que podía huir por la puerta Norte, que además era la que les quedaba muy cerca de una estación de tranvía. Si se pasaban de aquella hora, tendrían que cambiar la Sur, y entonces estarían mucho más lejos de cualquier estación o puesto donde se pudiesen ocultar. La huida sería más complicada. Pero no pensaba perder la oportunidad, fuese por la vía fácil o por la difícil.
Repentinamente, Matsumoto irrumpió en la habitación de la joven de una patada. Portaba a Dalen en brazos, inconsciente. Venía sofocada, como su hubiese salido huyendo de algún lugar. Asuka corrió hacia el niño:
─ ¿Qué le pasa? ¿Qué le has hecho? ¿Qué son estas heridas? – la niña empezaba a desesperarse.
─ No puedo explicártelo ahora. Apártate un momento. Tenéis que huir rápido. Sólo vais a tener una oportunidad. Yo me encargaré de ellos.
─ ¡No le toques! – gritó Asuka
─ Aparta.
Matsumoto dio un empujo a la niña para echarla a un lado, y se dispuso a realizar una serie de movimientos con sus manos sobre el cuerpo niño que Asuka no lograba comprender. Súbitamente el niño comenzó a levitar sobre la cama. Un fuerte haz de luz rodeaba el cuerpo del niño iluminándolo, como si fuese luminiscente. Las heridas cada vez sangraban más, pero de su interior salía un líquido negro. El cuerpo del niño empezó a crecer. Cada vez parecía más mayor, como un joven de unos veinte años. Su cuerpo poco a poco se incorporaba hasta el punto de estar completamente de pie. De repente, los ojos se abrieron de par en par y su pelo y su piel se tornaron completamente blancos. Los ojos brillaban en un color intenso, amarillo. Matsumoto sacó un cuchillo de su vestido y se lo clavó en el estómago. El joven no hizo nada. Asuka intentó lanzarse sobre la mujer, pero era imposible. No podía moverse. De golpe, el cuerpo de Dalen volvía a encogerse a tomar su tamaño natural, con su aspecto de once años y la luz se iba atenuando.
─ Abandona este cuerpo ¡Márchate de aquí! ¡Vas a morir! Reacciona, ¡por favor! – voceaba desesperada Matsumoto, al tiempo que zarandeaba el cuerpo del niño que aún levitaba.
─ ¡Déjale en paz! – vociferaba Asuka sin poder moverse. El niño volvió a caer de bruces contra el suelo.
─ Es inútil. No quiere luchar. Se va a dejar morir. Asuka, cógele en brazos y marchaos. Yo distraeré a Mark y a Celinne. Huid hasta el barco. Mi escuadrón os sacará de aquí.
Mark llegó a la habitación. Demasiado tarde, pensó Matsumoto. Todos los meses de trabajo, intentando despertar al niño, a su ser interior y había sido inútil. No iba a poder salvarle. No iba a poder sacarles de allí. Sólo tenía una oportunidad más. Sabía que moriría en el intento, pero si con ello les daba tiempo para huir, no habría sido en vano.
─ Asuka, ¡Corre! – gritó Matsumoto
─ Me voy a divertir mucho, pedazo de zorra. Todos estos meses creyendo que eras mi mejor cliente… y te has estado aprovechando de mi mascota ¡Mark te va a dar tu merecido! – vociferaba Celinne encolerizada.
La mujer invocó una espada y la blandió para intentar defenderse de Mark, pero iba a ser difícil. El aspecto del magnate había cambiado considerablemente. Ahora no tenía el aspecto normal de un ser humano. Parecía realmente un monstruo, el monstruo que llevaba dentro. Su cuerpo se había deformado y le rodeaba un aura negra que desprendía una energía que lo quemaba todo a su paso. Matsumoto se abalanzó contra él, pero de un solo golpe la empotró contra la pared. Mark se lanzo contra el niño, que yacía tendido en la alfombra y lo agarró por el cuello. Lo elevó dos metros desde el suelo y con la otra mano, hundió sus dedos en la herida del estómago. Poco a poco las heridas que recorrían el cuerpo del niño comenzaron a ponerse negras. Súbitamente un fuerte haz de luz volvió a bañar la habitación y Mark salió despedido contra la pared, arrasando con Celinne. El cuerpo monstruoso del hombre se retorcía de dolor y gruñía molesto por la fuerte luz. Matsumoto se incorporó como pudo y ayudó a Asuka a levantarse.
─ ¡Asuka, debéis iros ya!
─ ¡Dalen! – gritaba la niña. – ¡Dalen despierta! Debemos irnos.
El niño volvía a levitar en el aire, completamente blanco, resplandeciente, con los ojos cerrados. De repente, giró su cabeza hacia ambas chicas y dijo:
─ Gracias Rangiku Matsumoto. Te veré en las Tierras Imperecederas.
Y el cuerpo de ambos niños desapareció de la habitación. La oscuridad se cernió sobre la estancia. Matsumoto miró a los lados, intentando encontrar a Mark, pero había desaparecido.
─ ¡Maldita sea! – espetó.
Asuka y Dalen aparecieron en el barco de la Shinigami. Cuatro hombres restaban en la cubierta del barco, quienes asustados por la aparición de los niños, se sobresaltaron y se levantaron de sus aposentos. De repente el monstruo de Mark apareció tras ellos. Agarró a uno de los hombres por la cintura y le arrancó la cabeza de un solo golpe. El resto de hombres echaron a correr, pero Mark los fue aplastando uno a uno. Asuka no dejaba de gritar:
─ No te vas a ir. Te necesito. – bramaba Mark con una voz gutural.
Dalen levantó su mano al frente y volvió a brillar con tanta fuerza que Mark desapareció. En ese momento el cuerpo del niño se desvaneció cayendo de golpe al suelo. Asuka corrió hasta él a socorrerle, pero cuando quiso tocarle, sus manos atravesaron el cuerpo del niño. Era como un espectro. La niña comenzó a gritar llamándole desesperadamente. Repentinamente unas bolas de luz se acercaron hasta el cuerpo del niño y volvió a recobrar la vida.
─ … ya estamos a salvo… volvemos a casa – los ojos del niño se volvieron a cerrar, pero estaba vez Asuka podía tocarle. Le agarró con fuerza entre sus brazos y repentinamente notó como todo se evaporaba a su alrededor. Dalen, los objetos en la cubierta del barco, el muelle en el puerto, el barco… ella…
La siguiente vez que abrió sus ojos estaban en un camarote del barco, encerrados, y navegaban a la deriva. No sabía dónde estaban. No tenía consigo la mochila con las cosas que le había entregado Hershel Layton. Pero de algo estaba segura, ya no sentía miedo. Miró la cara de Dalen y aunque restaba dormido inconsciente y su cuerpo estaba muy magullado, lleno de heridas, en su rostro se desdibujaba una mueca de felicidad.
