LOS REINOS DEL ESTE
TOMO I: HISTORIAS DE UN MUNDO LEJANO
CAPÍTULO 3.1
5 HORAS DESDE LA LLEGADA
1
Indagando
CASA HOKAGE
00.30h, 22 de Julio de 2020 e.N.
Barrio del Hokage – Ciudad de Genki
Villa Oculta de la Hoja
País del Fuego, Reino del Fuego – ESTE
Naruto Uzumaki había acompañado a la Hokage y su mano derecha, Shizune, al despacho principal de la Casa del máximo mandatario. Confiaba en que sus compañeros, Sakura y Sasuke, saliesen adelante con el supuesto Genjutsu y que pudiesen salvar la vida del niño. No obstante, no quería quedarse de brazos cruzados. Aún había trabajo por hacer y podían ayudar desde fuera del Hospital para conseguir salvarle la vida aquel pobre niño "civil".
Tsunade Senju le había pedido a Shizune que los pusiese al día a ambos de la situación que se había vivido hasta el momento en el Hospital, y así, poder decidir cuál sería el siguiente paso. La mano derecha de la Hokage quería que supiesen que todo lo que había podido buscar en los archivos del Hospital Central fue inútil y no aportaba nada al respecto de las heridas que presentaba aquel niño.
Durante la reunión irrumpió en la sala el asistente personal de Tsunade, Hagane Kotetsu. Les traía un poco de café que habían solicitado al entrar en el edificio; Hagane era un joven de veintiocho años que gozaba del respeto y la confianza de la máxima mandataria. La familia de los Senju había sido durante años íntimos de los Hagane, y tenían una estrecha relación de amistad. El padre de éste había hablado personalmente con ella para pedirle un puesto para su hijo, y sin duda Tsunade respondió. Había servido como Anbu durante más de cinco años, pero la trágica muerte de sus compañeros lo dejó completamente bloqueado. Necesitó ayuda psicológica y en los últimos tres años parecía que su estado había mejorado notablemente. Ahora no quería volver a formar parte de todo aquello. Le gustaba su vida como vigilante de la puerta de la casa privada de Tsunade, y disfrutaba de llevarle el café cuando ésta se lo pedía. Era una vida tranquila que le permitía ojear revistas subidas de tono, leer su libro favorito del "Paraíso erótico", mirar sus posters de mujeres hermosas y pasar las horas muertas sin dar un palo al agua. Sí, en definitiva, eso era lo que quería ahora, no dar un palo al agua. La realidad es que, tanto él como Tsunade sabían que no estaba preparado para volver a combatir, y que si así fuese, quedaría bloqueado ante su adversario, poniéndose en peligro y pudiendo perder la vida. La mujer, no queriendo dejarle en evidencia delante de su padre, acepto tenerle como asistente y así al menos permitirle unos años más de gracia al amparo de la tranquilidad. Al fin y al cabo, era un buen asistente, aunque no el único con el que contaba la Godaime.
El joven dejó la bandeja con el café y las tazas encima de la mesa y procedió a retirarse.
─ Kotetsu, no te vayas, por favor – le dijo Tsunade.
─ ¿Si, maestra? – dijo el joven ex – Anbu girándose para mirarles.
─ Quédate con nosotros, voy a encargarte una cosa. Por favor, Shizune continúa.
─ Decía que no sé si la clave estará en esa muestra que el equipo de la Pantera obtuvo en la cubierta del barco. Nada de lo que he podido leer se parece en absoluto a las heridas que presenta, y muchísimo menos a la velocidad que se desarrollan. Es como si algo se lo estuviese comiendo de manera descontrolada.
─ Y ¿qué hay de la niña? ¿Por qué ella no tiene esas mismas heridas? – planteaba dubitativo Naruto.
─ Eso va a ser trabajo de los detectives – aclaró Shizune
─ Esos engendros de la naturaleza… si no es por el respeto que le tengo a Roy Mustang… – Tsunade dio un golpe de puño sobre la mesa lanzando una mirada de soslayo a los papeles que los Alquimistas le habían hecho llegar durante la noche.
─ Tranquila, no te lo tomes así… sabes que Misato es una buena chica. Llevan años desesperados con el caso de los niños desaparecidos – Shizune intentaba sosegar los ánimos de su amiga, aunque ella misma había sufrido en sus propias carnes el numerito absolutamente fuera de lugar de Kaji y Misato.
─ Lo sé, pero no son formas. Y eso también lo sabes tú.
─ ¿Qué me he perdido? – Preguntaba Kotetsu jocoso.
─ Nada. – atajó lacónica Tsunade – Kotetsu, por favor, dirigíos tú y Naruto al Bar Anbu y localizadme a Kabuto. Necesito con urgencia que termine las pruebas que está haciendo de la muestra viscosa negra. Puede que ahí este la clave del problema que nos tiene desconcertados. Shizune y yo vamos a ir a mi biblioteca personal, quizás puede que tenga algo relacionado con "heridas abiertas que emanan gases tóxicos"… la verdad es que es raro de narices… – se decía a sí misma la experta en medicina Tsunade Senju.
─ ¡A la orden!
El zorro y su acompañante partieron raudos hacia el centro neurálgico donde se reunían los Anbu al terminar la jornada de trabajo.
BAR ANBU
01.00h, 22 de Julio de 2020 e.N.
Barrio del Hokage – Ciudad de Genki
Villa Oculta de la Hoja
País del Fuego, Reino del Fuego – ESTE
El Bar Anbu, como lo conocía todo el mundo, era la central del cuerpo de élite de Konoha. Un enorme edificio subterráneo picado en cuevas a las faldas del Monte del Kageyama, lleno de salas, centros de trabajo, formación, interrogación, control, vestuarios, etc…. Coronado a pie de calle por un simple bar, a ojos de cualquier mortal era un lugar de reunión donde poder tomar una cerveza o cualquier otro refrigerio acompañado de algún aperitivo. Principalmente lo frecuentaban los Anbu, pero por allí se dejaban ver algunos otros ninjas de alto rango, e incluso algún que otro cuerpo militar. No era habitual ver a ningún civil, pues los Anbu infundían en la población demasiado respeto como para codearse con ellos, aunque en alguna ocasión, alguna que otra chica se dejaba caer por allí. Quizás por ganar alguna apuesta con alguna amiga para demostrarse que tenían las agallas de acercarse a aquellos asesinos a sueldo, como se decía entre los ciudadanos. No por ello estaban mal vistos, pues realmente era un cuerpo al que le tenían mucho aprecio, pero a su vez, sabían que irremediablemente sus artes se basaban en la aniquilación de enemigos. Sin ir más lejos, nada más entrar al bar, a mano izquierda había un pasillo que conducía hacia los baños, y hacia la puerta secreta que llevaba al acceso subterráneo. En aquel mismo pasillo se encontraba la tabla de los rankings. El más conocido y aclamado por todos era el de muertes. En aquella tabla se colocaba en primera posición de la lista aquel que más muertes había causado hasta el momento. Por supuesto, el ganador era aquel que más gente mataba. Algo con lo que no todos los Anbu estaban de acuerdo. Por ejemplo, Sasuke Uchiha era uno de los que no era partidario de aquel Ranking, no obstante aparecía en la lista de Anbu en activo, en tercera posición, con treinta y seis bajas en su haber. A la cabeza estaba el Mamut con doscientas cuarenta y cinco muertes.
Naruto y Kotetsu llegaron a la entrada del bar. Allí estaban descansando dos grupos de Anbu que acaban de llegar de su ronda. El Mamut, líder de uno de ellos, estaba contando sus hazañas a sus compañeros, explicando que aquella noche había mejorado su posición y debían añadir dos bajas más a su lista. Había bebido algo de más y se notaba en su voz, pero casi nadie le estaba prestando atención, ni tan si quiera sus compañeros. Tan solo el propietario del bar, el señor Matsuda, se había acercado al tablón del ranking para cambiar el número de recuento del Líder Anbu.
Los dos ninjas se aproximaron hasta la barra donde había una joven de apenas dieciséis años secando vasos. Muy guapa. Inevitable no fijarse en ella pues su cabello azul era de lo más llamativo. Se llamaba Arimi Suzuki, y ambos pensaron que quizás era demasiado tarde para que una niña civil aún estuviese en el bar trabajando. No obstante no era momento de hacerse los justicieros, tenían órdenes de la Hokage.
─ Buenas noches Caballeros, ¿qué desean tomar? – la voz de la joven era incluso más bonita que ella misma. Naruto había quedado ensimismado – ¿Señores?
─ Ejem… – Naruto carraspeó, limpiándose la garganta a lo que Kotetsu le siseó en el oído:
─ Tío, eso no se hace delante de las señoritas… así no vas a ligar – Naruto se sonrojó.
─ Perdona… esto… no queríamos tomar nada. Disculpe si la hemos molestado.
─ No es molestia – la joven esbozó una gran sonrisa y les dio la espalda para seguir secando los vasos.
─ No, pero, sí puede ayudarnos – insistía Naruto – Estamos buscando a Kabuto Yakushi del Equipo de la Pantera.
─ Lo siento, yo no puedo ayudarles con eso – Arimi agachó la cabeza y se alejó aún más de ellos.
─ No, espera, necesitamos entrar para verle, sólo es eso.
En ese momento el Mamut se interesó por lo que estaba sucediendo. Se aproximó hasta Kotetsu quien no dudó en echarse atrás apartándose del hombre. Olía fuertemente, y no sólo por el alcohol que llevaba en sangre, si no porque el muy cerdo, no se había duchado al llegar de la misión. Apenas se le entendía ya lo que decía, casi eran balbuceos a voces lo que bramaba por su boca:
─ Guapa, ¿te están molestando estos inútiles? No la miréis, es mi futura esposa – los otros Anbu presentes se echaron a reír – ¿De qué os reís, mequetrefes? ¡Tú! El rubiales – se dirigía a Naruto, increpándole y señalándole con el dedo – ¿Te crees que puedes venir aquí a importunar a mi penca?
─ Por favor, señor Mamut, no hable así, va a asustar a la joven Arimi – decía con miedo el propietario de Bar, el señor Matsuda.
─ ¿Quién, yo? ¡¿Cómo la voy a asustar?! Ven aquí moza – dijo al tiempo que echaba una mano por encima de la barra del bar y alcanzaba el brazo de la joven, tirando de ella hacia afuera.
─ ¡Estate quieto! – espetó Hagane Kotetsu. La joven se quejaba por el dolor que le estaba provocando el Líder Anbu en el brazo.
─ ¡Vaya! ¿Mirad quién tenemos aquí? Si es el perrito faldero de la Godaime. Fracasado, eres un "cagao de mierda", ¿qué me vas a hacer? Vete al sicólogo perdedor – le increpaba el Mamut, al tiempo que una pareja de Anbu que no pertenecían al equipo de éste se acercaban a la escena.
─ Mamut, suelta a la chica – le ordenó la Grulla.
─ ¿Y tú quien eres para darme órdenes? No eres de mi equipo, y ni tan si quiera eres el líder el tuyo – el miserable agarró con más fuerza a la joven y la sacó de la barra, sujetándola de los dos brazos y apretándola fuertemente contra su cuerpo. Arimi no puedo evitar proferir un pequeño grito y echarse a llorar en silencio.
─ ¡Suéltala ahora mismo, desgraciado! – Naruto junto con Kotetsu y los dos miembros Anbu, se habían encarado con el Mamut y le rodearon. El Señor Matsuda no dejaba de suplicar por la joven.
─ No me vais a dar órdenes. Soy el mejor, soy el líder de líderes, el número uno del ranking y esta moza me la voy a gozar yo solo.
Súbitamente, una ráfaga de viento hizo que el cabello de los presentes se despeinara y las máscaras de algunos Anbu que aún las llevaban puestas se les cayeron al suelo. Se escuchó un golpe secó y un instante después el Mamut cayó redondo contra el suelo. La joven Arimi estaba libre y el Señor Matsuda se abalanzó a cogerla y llevársela corriendo al interior de la cocina del bar.
─ ¡Buah! Detesto la suciedad y este tío es pura basura – dijo una voz muy masculina con desdén – Con mugres como éste tío no puedo evitar pensar que los Anbu son la escoria de esta ciudad – El hombre se había quedado postrado sobre el mamut, pisando con su pie derecho la espalda de éste, mientras guardaba una de sus espadas en su porta hojas.
─ ¡Capitán Levi Ackerman! – espetó Kotetsu.
─ ¿Y este enano quién es? – Dijo Naruto mostrando cara de sopresa, analizándole de arriba abajo.
─ Shh… Naruto, un respecto. Es el capitán de la División de Exploración de los Reinos del Fuego, ¿qué te trae por aquí Capitán? – preguntaba Kotetsu mientras oteaba donde había quedado la joven y si se encontraba bien.
─ Venimos escoltando al Emperador Nakano… para lo que hemos quedado, ¿verdad? – dijo ironizando de sí mismo.
El cuerpo Militar de Exploración era una sección militar única en los Reinos del Fuego. Se encargaban de proteger las afueras de las ciudades y pueblos. Dado que su extensión era sin duda una de las más grandes – al menos en cuanto a distancia –, y que discurría a lo largo de dos continentes diferentes además de contar con diversas islas, las fronteras y puertos con otros Países de otros Reinos eran innumerables.
Aunque los Alquimistas eran los encargados de velar por el transporte de mercancías tanto por carreteras como por mares y tenían presencia en todas las fronteras, su trabajo prácticamente se refería al comercio. Sin embargo, el cuerpo de Exploración velaba por el tránsito de personas. En las lindes con otros países existían mercenarios y ladrones de poca monta que esperaban su oportunidad para dar un golpe. En algunos casos las amenazas eran más peliagudas. Sea como fuere, la escolta en el equipo de Exploración estaba a la orden del día.
En el caso del equipo liderado por Levi Ackerman – siendo éste el mejor de todo el cuerpo militar –, algunos nobles y mandatarios de las ciudades y aldeas del Reino se permitían el lujo de contratarle a él y a su equipo para trasladarles entre ciudades. En esta ocasión habían sido contratados por Ashita Nakano, Emperador del Reino del Fuego. Su residencia habitual estaba en Naeru-wa, capítal de la Villa de Konoha. Pero recientemente había estado de viaje de negocios en la ciudad de Kiekun, bastante alejada de Genki, centro de Konoha y lugar donde se encontraba la Residencia del Hokage.
Kiekun era una ciudad clave del País que se encontraba en el continente Sur, al otro lado del Estrecho de Kogo. Era además la ciudad más lejana al sur del Reino, último bastión del País del Fuego fronterizo con el País del Viento y del Tsunami. En Kiekun el clima era bastante parecido al del desierto de la Villa de la Arena, por lo que reunía unas condiciones óptimas para albergar los hornos de armamento más importantes del país.
La visita del Emperador no había sido casual. En breve se iba a celebrar en Genki la feria más importante para el comercio, e iba a atraer a las fortunas más importantes de todos los Reinos del Este. Ashita Nakano quería asegurarse de que las fábricas estaban a pleno rendimiento y de paso, mantener un par de reuniones con los respectivos Kages del Viento y el Tsunami, y así cerrar algunos contratos antes del inicio de la Feria. Sunna, capital del País del Viento, era la residencia habitual del Kazekage Rasa II. Mantenía una muy buena relación con las grandes fortunas del Fuego, pese a que su trato con la Hokage, la Godaime Tsunade Senju era bastante tirante. El emperador solía hacer de intermediario en este tipo de reuniones para evitar que se fuesen al traste por el ego desmesurado del Kazekage y la falta de paciencia de la Hokage con este.
El viaje de Kiekun a Genki era bastante sencillo. Pese a estar muy lejos, el recorrido se realizaba íntegramente por territorios del Fuego. El problema es que no existía una vía férrea por la que trasladarse, por lo que el transporte debía hacerse en carruajes y caballos. El único inconveniente estaba al cruzar el estrecho en la ciudad de Kogo-Zaki. En el Mar Azul que bañaba las orillas del estrecho bordeaban infinidad de barcos mercantes, pesqueros, así como embarcaciones de recreo. Pero también había piratas. Barcos de delincuentes que aprovechaban el desconcierto de las aguas abiertas para traficar y asestar robos a otras embarcaciones. Aunque el Mar Azul bañase las aguas de los Reinos del Fuego, el estrecho de Kogo-zaki era el punto más cercano por el que los barcos de otros Reinos podían navegar para afianzar su ruta comercial. Por ello era bastante difícil controlar a este tipo de bandidos. Motivo por el cual el Emperador prefería ir bien escoltado.
Levi Ackerman había viajado desde Yurano – su ciudad de residencia habitual – hasta Kiekun parar recoger al Emperador y trasladarle sano y salvo hasta Genki, asegurando también con él, su mercancía: contratos, un nuevo diseño de arma y oro.
Habían llegado hacía escasos minutos, y mientras los miembros del equipo de Exploración se aseguraban de que el Emperador se acomodase en el Hostal Haruno, Levi había aprovechado para hacer una parada técnica cerca de la Residencia del Hokage, en la misma calle que se encontraba el Hostal Haruno y el Bar Anbu. Quería cerciorar cuanta escolta tenía el Hokage desplegada por las calles circundantes, teniendo en cuenta que en Genki se iba a celebrar en breve la Feria de Mercaderes y empezaban a aglomerarse muchos personajes célebres, mandatarios y nobles de los Reinos del Este, cada cual con su propia escolta.
─ ¿Cómo has hecho para noquearlo tan rápido? – preguntaba Naruto que no dejaba de mirar a Levi con su metro sesenta de estatura y al pedazo de monstruo que era el Mamut, un tío de casi un metro noventa y ciento veinte centímetros de espalda.
─ Años de práctica, chaval ¿No tenéis trabajo, o qué? – exclamó al aire, viendo que todos los presentes no dejaban de prestar atención a la conversación que mantenían los tres individuos – Sólo estaba haciendo una parada técnica para tomar un refrigerio ¿Es posible? – El Señor Matsuda salió raudo de la cocina y se afanó en servir algo fresco al Capitán.
─ Bueno, no te molestamos. Gracias por la intervención, la joven te estará muy agradecida – decía Kotetsu mientras tiraba del brazo de Naruto – Nosotros nos hemos desviado de nuestros quehaceres y nos están esperando.
─ ¡Ostras! ¡Kabuto! – espetó el joven zorro.
─ Yo le aviso – dijo la grulla – Así de paso me llevo al Mamut ante Ibiki. Va a tener que dar algunas explicaciones.
La grulla desapareció tras la pared del fondo del pasillo que llevaba a los lavabos. Era una puerta oculta que daba paso a los niveles subterráneos del Cuartel Anbu.
Naruto y Kotetsu salieron al exterior del bar a esperar. Un joven rubio, no mucho mayor que la chica que estaba en la barra apareció en la puerta. Entro un segundo y al momento salió arropándola. Era el hijo del jefe del Bar Anbu, Yuu Matsuda. Parecía que había venido a buscarla para llevarla de regreso a casa. Naruto y Kotetsu se despidieron de ella, pero la joven estaba aún aterrorizada por la escena y sólo musitó un suspiro.
Poco después la Grulla salió a buscarles:
─ Chicos, lamento deciros que Kabuto Yakushi no está aquí.
─ ¿Cómo? Eso no puede ser. Estaba en el laboratorio analizando una muestra que han recogido en el barco que han interceptado esta noche – explicaba Naruto contrariado.
─ Sí, eso me han dicho también abajo. Pero, hará como una hora que se ha marchado.
─ ¿A dónde? – Kotetsu enarcó una ceja.
Él no sabía muy bien de que iba el tema, pero parecía una situación lo bastante importante como para que no fuese normal que Kabuto no estuviese en su puesto de trabajo.
─ Nadie lo sabe. No ha informado – dijo con un tono dudoso la mujer Grulla.
─ ¿No ha informado? – Insitía Kotetsu.
─ No…
─ ¿Cómo que no ha informado?
La mujer Anbu se mantenía en silencio. Parecía que supiese algo que no quería decirles. Kotetsu y Naruto no podían analizar cualquier expresión que pudiese hacer con su rostro, pues aún portaba la máscara.
─ Grulla, ¿cómo que no ha informado? – Volvía a repetirle Naruto – No puede "no informar". Estaba haciendo un trabajo que era una orden directa de su líder. Habrá tenido que dar un motivo de porqué se ha ido sin terminar el trabajo ¿no?
─ Yo no he dicho que se haya ido sin terminar el trabajo. He dicho que no está y que se ha ido hace una hora, más o menos. – la mujer comenzaba a sentirse acorralada por los dos Shinobis como si ella tuviese que dar explicaciones de algo que ella no tenía responsabilidad alguna.
─ Vale… me estoy cansando de este juego estúpido. Es una orden del Hokage. Se está muriendo una persona a la espera de saber el resultado de lo que Kabuto está analizando, puedes decirnos de una puñetera vez ¿dónde cojones está Kabuto? – Kotetsu estaba realmente alterado, no le gustaba llegar tarde a las órdenes que le daba la Godaime y toda esta situación se estaba dilatando demasiado en el tiempo.
En el interior del Bar Anbu seguía Levi Ackerman, quien no perdía detalle de la conversación que estaban manteniendo los ninjas en la puerta de acceso. No sabía exactamente de que estaban hablando, pero después de todos los altercados vividos en su vida, con el oscurantismo que caracterizaba a los mandatarios de los diferentes países, no le sorprendía en absoluto que los ninjas fueran también de esa misma calaña. Comentaría la jugada con Hange Zöe, una íntima amiga del equipo de Exploración y Comandante actual del cuerpo. En las próximas horas llegaría también a Genki para estar presente durante la Feria de Mercaderes. Aunque su verdadero objetivo era visitar las tierras más allá del Monte Kageyama, cruzando el Río Shiroigawa, mas allá donde se encontraba el Bosque Milenario.
Aunque la guerra para el cuerpo de exploración hubiese acabado finalmente, su afán por descubrir la verdad de la "Historia de la Humanidad" no iba a terminar ahí. Hange había estado frecuentando en los últimos años la ciudad de Saeki-wa, donde se hallaba la biblioteca más grande de todos los tiempos conocidos de la humanidad. Estaba protegida por la familia Hon, un antiguo clan legendario que de generación en generación se encargaban, no sólo de velar por la integridad de la Biblioteca, sino también de narrar la Historia que acaecía en el mundo. Allí, nada ni nadie podría prohibir a Hange empaparse de la verdad. No obstante, en los últimos meses de investigación había descubierto muchos secretos ocultos que parecían haber caído en el olvido durante más de uno o dos siglos. Hange no estaban dispuesta a vivir más tiempo bajo el yugo de cumplir simplemente órdenes para seguir existiendo. Quería saber tanto como sabían los ninjas o los alquimistas. Habían estado apartados durante muchos años de la verdad, y ahora querían estar en igualdad de condiciones.
─ El informe de Kabuto es confidencial. Pertenece al Equipo Pantera y no podemos acceder a él sin autorización de su líder. Kabuto sólo ha dejado indicado que ha salido – La Grulla estaba siendo sincera. No podía explicarles nada más porque no tenía más información.
─ Buenas noches Shinobis – Levi abandonaba el Bar Anbu y se despedía de Naruto y Kotetsu cruzando por delante de los tres al tiempo que les hacía un gesto a ambos.
─ Tss… – se quejó Naruto por lo absurdo de la situación. Quizás llevaban más de media hora perdida en el Bar haciendo el imbécil – Esta bien, nos vamos. Gracias Grulla.
