Disclaimer: Naruto solo pertenece a Kishimoto.
Capítulo 4: La caída de Uzushiogakure (parte dos)
Aldea Oculta entre los Remolinos. 4 de febrero, 7:05 p.m.
Minato se encontraba al frente de la entrada más grande al bunker subterráneo, de 10 x 5 metros. Gracias a la relación con su novia Minato era un maestro en sellos y estaba a punto de despejar la entrada del último sello. Minato se detuvo, invoco un sapo de 15 metros de alto y lanzo un discurso:
—Compañeros soldados feudales, camaradas de la hoja, estamos a punto de entrar al escondite enemigo, dentro encontraremos un laberinto de trincheras y pasadizos subterráneos. Según nuestra información habrá poca resistencia, pero no nos confiemos, ellos han recorrido esos pasillos decenas de veces, también es posible que encontremos gran cantidad de civiles indefensos, ordeno no hacer daño a ningún civil que se rinda y que no oponga resistencia. Los civiles serán trasladados al oeste de la aldea para atenderlos e interrogarlos. ¿¡Quedo claro!?
Se escuchó un hai general.
—Muy bien, ¡entonces adelante! —dijo Minato con una mirada seria en el rostro.
Con esta última frase Minato derribo el sello que quedaba. Y abrió las puertas de metal. Justo en la entrada se encontraba un pelotón de 20 soldados mal armados. Un par de Chūnins lanzaron jutsus de fuego y frieron a los defensores, en cuanto se despejo el humo entraron hordas de soldados feudales de manera organizada y en pelotones de no más de 7 individuos. No se tardó mucho en escuchar los primeros choques de armas y gritos de furia, de miedo y de terror.
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Cuartel general de resistencia de la Aldea Oculta entre los Remolinos. 4 de febrero, 7:15 p.m.
—Al fin —susurro una agotada Kushina —sí pasar la barrera de adentro hacia afuera es fácil, ¡no me imagino intentar cruzarla de afuera hacia adentro!
Kushina volteo a ver a su equipo, saco 4 píldoras de soldado, se tomó 1 ella y las otras 3 se los dio a sus compañeros de equipo, una para cada uno.
—No podemos aceptarlas, son las últimas píldoras del soldado que quedan —dijo uno de los shinobis.
—Y por eso se las estoy dando, no puedo permitir que mi equipo este débil, puede que nos intenten atacar, además hay que cruzar otras dos barreras, y si bien para cualquier Uzumaki de alto rango es fácil atravesarlas no implica que tengamos que gastar poco chakra —dijo Kushina finalizando su comentario con un tono ligeramente sarcástico.
—Bien a partir de este punto haremos… como 15 minutos en atravesar las otras dos barreras, con suerte presentaremos nuestra rendición antes de que derriben la primera barrera —dijo Kushina con algo de optimismo —¡Andando!
—Hai —respondieron al unisonó los miembros de su equipo.
—Kenji, ¿en qué parte de la aldea saldremos? —preguntó Kushina —al final nunca supe en donde desembocaba el pasadizo.
—En la zona norte, cerca de la muralla —respondió este inmediatamente.
—Bueno, suficiente charla, tenemos que darnos prisa —apresuro Kushina a su equipo.
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Pasadizos y trincheras del cuartel general de resistencia de la Aldea Oculta entre los Remolinos. 4 de febrero, 7:30 p.m.
Minato apenas y podía creer lo indisciplinados que podían llegar a ser algunos de los soldados feudales del País del Remolino.
Ya tenían más o menos mapeado el laberinto y ya habían conseguido llegar a donde se supone estaba la segunda barrera. Salvo por los primeros tres pasadizos de la entrada el resto de los soldados y shinobis se rindieron, cerca de 6 500 civiles se encontraban en esa zona subterránea. Después de la rendición de los soldados y shinobis no debería de haber habido incidentes, pero si habían sucedido bastantes incidentes:
La mayoría de los soldados y shinobis se habían rendido, la palabra clave era "mayoría", pues cerca de las otras entradas a la superficie que no habían sido abiertas en ese momento tenían guerreros mejor armados que los que había más al interior de las trincheras, los shinobis de Konoha no bajaron la guardia en ningún momento, pero los soldados feudales si y cerca de 30 murieron por varias emboscadas de los enemigos, sin contar a los que resultaron heridos.
Luego él había dado la orden de no hacer daño a ningún civil que se rinda y que no oponga resistencia, un pelotón de 5 soldados se pusieron a matar a diestra y siniestra más de 100 civiles de la aldea, uno de ellos muy sádicamente, cuando los shinobis de Konoha los descubrieron mataron a todos los soldados feudales y salvaron a cerca de 20 civiles. La mayoría de los civiles asesinados eran mujeres y niños, estaban débiles, malnutridos y/o enfermos.
Luego el presencio como un soldado feudal se hirió la rodilla el mismo, según porque ya no quería pelear y era claustrofóbico. Mando a hacerle una curación rápida y lo mando al frente, era eso o lo ejecutaba públicamente frente a todos después de terminar la operación.
Luego tuvo que evitar que varios civiles se suicidaran, según escuchaba había múltiples suicidios por todo el complejo debido a que se corrió el rumor de que los shinobis de Konoha los iban a esclavizar y torturar. Eso no era del todo cierto.
Y ahora estaba presenciando como un soldado feudal estaba arrastrando a una mujer inconsciente de unos 30 años a quien sabe dónde. Se preguntó que parte de la orden "no hacer daño a ningún civil que se rinda y que no oponga resistencia" no entendieron. Decidió que tenía un minuto para averiguar que le pasaba al soldado y adonde llevaba a la mujer, con mucha cautela lo siguió. Descubrió que el soldado llevaba a la mujer, ya consiente y pataleando, a una trinchera sin salida, en donde se encontraban otros tres soldados feudales con dos mujeres más y una adolescente, por lo que veía, una kunoichi. Al parecer estos 4 soldados estaban drogados y violando a las mujeres. Las tres mostraban prendas rasgadas, se encontraban semidesnudas, una estaba inconsciente, la otra estaba sollozando, la kunoichi parecía estar en shock. Decidió intervenir personalmente antes de que hicieran alguna otra salvajada.
—¡Esto!… es genial, no… es justo que solo los shi-shino-… ¡Ahhh! —dijo con la respiración alterada y jadeando el soldado que penetraba a la kunoichi, de no más de 15 años.
—Hey, traje a otra, déjame probar de nuevo a la kunoichi —dijo el soldado recién llegado.
—Un momento —dijo mientras aumentaba la velocidad y fuerza de sus embestidas —¡Ahhh! —jadeo mientras terminaba dentro de ella. El soldado se dejó caer sobre la kunoichi mientras regulaba su respiración.
—Oye ya quítate, sabes bien que me encantan las pelirrojas, te… —justo en ese momento apareció un enojado Minato.
—Ustedes se encuentran arrestados por desobedecer una orden directa, cualquiera que oponga resistencia será ejecutado —dijo Minato.
Los soldados sabían que si los atrapaban les podía ir muy mal, pero tenían entre 35 y 40 años, el ejército feudal se iba a desintegrar y es probable que después de esto ya no consiguieran otro trabajo que les permitiera seguir con su estilo de vida. Además, ¡ellos habían peleado con valor en esta guerra! Vieron a padres, hermanos, hijos, amigos, camaradas caer en combate, y a cambio solo habían recibido dolor y sufrimiento. Además, ellos no eran soldados de un ejército profesional, eran simples patrulleros civiles, una sección del ejército feudal que fueron obligados a participar en esta guerra. El País del Remolino nunca había sido invadido, y muchos patrulleros civiles no habían visto más acción que la de atrapar a pandillas de ladrones junto con equipos de Genins.
Estaban drogados, traumados, desmoralizados, habían perdido casi todo lo que tenían, ellos solo se desquitaban con quienes podían y es algo que ese tal Minato nunca iba a entender. Se subieron los pantalones de su uniforme, se dejaron esposar y siguieron dócilmente al clon, lo que les pasara carecía de importancia, poco les podían hacer ya.
Minato se acercó con cautela donde estaban las mujeres; a la que acababan de traer solo daba gracias una y otra vez, la que se encontraba sollozando intensifico su llanto y pidió piedad, volteo a mirar a la kunoichi, no era más que una niña, pero tenía moretones y heridas defensivas, observo sus pantalones cortos destrozados y su chaqueta hecha jirones, su cuerpo manchado de mugre y su cabello lleno de tierra. Lo que más lo impacto fue su mirada, esa mirada perdida, intento hablarle, pero lo único que ella hizo fue hacerse un ovillo. Minato supo en ese momento que tardaría mucho tiempo en recuperarse.
—Aquí Minato, estoy en una trinchera de la zona oeste, necesito una cuadrilla de ninjas médicos, de preferencia mujeres, dejare un clon de sombras para cuidar el área —dijo Minato con tono neutral.
—Recibido estamos en no más de 5 minutos en esa posición, te necesitan en el frente, encontraron y despejaron la entrada al segundo nivel del bunker.
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Zona norte de la Aldea Oculta entre los Remolinos. 4 de febrero, 7:35 p.m.
Kushina no lo podía creer, habían sometido a su aldea tan rápido, y lo hicieron parecer tan fácil, ella personalmente invirtió tiempo en mejorar los sellos de la barrera y en colocar centenares de trampas para retrasar al ejército enemigo. Pero en dos horas los shinobis de la hoja habían desactivado la mayoría de las trampas y neutralizado la primera barrera. Solo esperaba que se apiadaran de los civiles o iba a haber una masacre. Y debía de evitar otra, ya que según sabía estaban desactivando la segunda barrera.
Ella les había informado a los dos mil soldados que se ocultaban detrás de la segunda barrera que los altos mandos habían ordenado que se rindieran, y si bien le costó trabajo convencerlos, ellos finalmente comprendieron que en esos momentos era lo mejor que podían hacer. Así que ellos se rendirían en cuanto los enemigos derribaran la berrera, pero ella aún tenía que localizar a los generales de la hoja para rendirse formalmente.
En estos momentos ella y su equipo se encontraban en una parte de la zona norte de la Aldea Oculta entre los Remolinos. Se movían entre los árboles haciendo menos ruido que un ratón, y es que ella no podía comprender como fue invadida tan rápidamente la zona norte. Dudaba mucho que en menos de dos horas hubieran atravesado todas las trampas colocadas en la zona sur, y aun moviéndose por la zona este y oeste las defensas y los vigías apuntaban con máquinas y jutsus a esas zonas, era un cuello de botella en donde la ventaja de la superioridad numérica quedaba anulada. La única otra posibilidad era una invasión masiva por la zona norte, pero eso era suicida, la mitad del ejercito hubiera muerto antes de llegar a la muralla.
Bueno ya se enteraría después como ese detestable rayo amarillo de Konoha había penetrado las defensas de su aldea en menos de dos horas. Uno de los ninjas que la acompañaba era un sensor y ya había localizado lo que se podría llamar como base general en territorio enemigo. Debían de aproximarse en son de paz, pero sin bajar la guardia, la mejor manera de hacer eso era revelando su posición y sus intenciones.
—Kenji has una muralla de tierra y trincheras mientras yo hizo esta bandera blanca con la frase "nos rendimos" —dijo Kushina a su mano derecha y por qué no decirlo, su mejor amigo.
Kenji se encontraba realizando las posiciones de manos cuando de repente un kunai le atravesó el pecho segando su vida. Antes de que los otros pudieran reaccionar unas cadenas blancas atravesaron a los otros dos shinobis que acompañaban a Kushina, esta última se movió con rapidez y evito una muerte segura. Kushina miro a su alrededor y vio que sus tres compañeros, sus camaradas, sus amigos, y miembros de su clan se encontraban muertos, invadida por la ira contraataco lanzando shurikens y kunais con sellos explosivos.
El atacante se movió para evitar los shurikens y los kunais, pero fue alcanzado por una explosión, cayendo del árbol a un arbusto donde fue mordido por una serpiente venenosa, probablemente parte de la fauna ponzoñosa lanzada por las máquinas de guerra.
—¿¡Quién eres¡? Somos de Uzushiogakure, del clan Uzumaki —dijo Kushina encolerizada.
No sabía si sus compañeros lo habían notado, pero ella detecto un chakra débil, pero de inmediato lo descarto como amenaza ya que reconoció que era de su clan.
—Lo sé —fue lo que respondió la voz —me llamo Reika.
Kushina observo que la chica tenía en su frente la bandana que la identifica como ninja de Konoha. En automático se lanzó al ataque con un kunai en la mano, Reika respondió de la misma manera. No se habían atacado con jutsus porque las reservas de chakra de ambas se encontraban bajas.
Fueron solo dos minutos de lucha, pero para las kunoichis parecía haber durado una eternidad. Reika comenzó a sentirse en extremo débil, se le nublo la vista de pronto, lo último que alcanzo a divisar fue el cuchillo kunai de su oponente dirigirse hacia su cuello.
Reika se encontraba bastante débil por las heridas anteriores durante la infiltración al remolino, por no descansar en el campamento médico y por la explosión de la que no pudo escapar. Debido a esta situación ella nunca se dio cuenta de que una serpiente extremadamente venenosa la había mordido, creyó que una rama se le había enterrado, el veneno en circunstancias normales hace que una persona pierda la conciencia en 5 minutos, y muera en 15 minutos. Debido a la intensa actividad física que se encontraba realizando el veneno se dispersó más rápido por todo su organismo y en consecuencia actuó más rápido.
—Reika me oyes, que fue esa explosión, cambio —dijo una voz desconocida. Kushina se dio cuenta de que Reika tenía un comunicador, se lo quito a su cuerpo degollado.
—Reika, voy para allá aguanta —volvió a repetir la voz misteriosa.
—Reika no va a contestar —dijo Kushina.
—¿Quién eres? —volvió a repetir la voz.
—Soy Kushina Uzumaki, líder del clan Uzumaki, salí del escondite a informar a los generales de Konoha que nos rendimos bajo la condición de que no maten a nuestro pueblo, ¿con quién estoy hablando?
—Soy Shikaku, jefe de inteligencia, le informare a los ANBU que van para allá que no te ataquen y que te escolten al campamento —Kushina estaba a punto de cortar la comunicación cuando de repente Shikaku pregunto algo —¿Qué paso con Reika?, la kunoichi que tenía este comunicador —Shikaku ya sospechaba que había pasado, pero quería que se lo confirmara.
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Pasadizos y trincheras del cuartel general de resistencia de la Aldea Oculta entre los Remolinos. 4 de febrero, 8:05 p.m.
Minato ya llevaba media hora intentado desactivar esta maldita barrera, y apenas iba por la mitad.
—Minato —lo interrumpió Shikaku.
—Más te vale que sea importante —dijo Minato bastante frustrado.
—Esta kunoichi —dijo señalando a Kushina, que se encontraba amarrada y custodiada por 4 Jōnin —nos acaba de informar de que la resistencia oficialmente se rinde. Para demostrarlo desactivará la barrera y el ejercito que se encuentra adentro se rendirá.
Minato se apartó y observo como en tres minutos la barrera era desactivada por la kunoichi. Dentro del refugio subterráneo los ninjas y otro tipo de soldados se encontraban formados en filas, sus armas se encontraban formando montículos lejos de ellos.
Por primera vez desde que comenzó la invasión a Uzushiogakure Minato podía respirar tranquilo y sonrió. Todavía quedaban bastantes cosas por resolver, pero la parte más sangrienta había terminado. Sin embargo, el rostro serio de Shikaku auguraba que había noticias que no le iban a gustar.
—Habla ya Shikaku —dijo Minato con una sonrisa plasmada en su rostro.
Shikaku lo siguió observando, bastante serio.
—¿Qué paso? —dijo esta vez más serio Minato borrando la sonrisa de su rostro.
Shikaku respiro hondo y dijo: —Reika murió.
En ese momento un miedo y la desesperación más grande que haya sentido en su vida se apoderaron de él. Minato estaba seguro de que jamás volvería a sonreír.
