Disclaimer: Naruto solo pertenece a Kishimoto.

Capítulo 5: La desgracia del Clan Uzumaki

Aldea Oculta entre los Remolinos. 5 de febrero, 6:00 a.m.

Minato conocía el código ninja, un ninja no demuestra sus emociones, eso era una de las reglas del código, pero en estos momentos el código de conducta shinobi se podía ir al demonio. Reika, su amor, su vida, la mujer de sus sueños, estaba muerta. Minato no podía aceptarlo, ¡no quería aceptarlo! Desde ayer en la noche, él, el ninja que aspiraba al puesto de Hokage, estaba destrozado, llorando, si llorando.

Sentía que poco a poco la tristeza y la desesperación de ese momento se esfumaban temporalmente, pero solo para ser reemplazado por un odio infinito, un odio tan grande que jamás en la vida creyó que sentiría ese sentimiento en tal magnitud. Su odio tenía un objetivo, y ese pobre objetivo tenía nombre y apellido, Uzumaki Kushina, la mujer que mato a su querida prometida. Porque si, terminando esa guerra Reika hubiera pasado a ser la señora Namikaze. Pero ella estaba muerta, junto con todos sus sueños para el futuro. Ya no le interesaba ser Hokage, ni tener una familia, no si no tenía a Reika a su lado. En ese momento por su mente solo pasaba como podría vengarse de Kushina, de cómo podía hacerla sufrir tanto como el sufría.

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Campo de prisioneros en el País del Remolino. 5 de febrero, 6:00 a.m.

Era increíble que ella y su clan estuvieran pasando por eso, era realmente humillante ser prisionera de guerra. Desde ayer que se habían rendido estaban parados todos los shinobis experimentados en medio de un campo de lodo, con sus conductos de chakra sellados, rodeados por una barrera de chakra y vigilados por guardias y shinobis de la hoja, ¡y sin botas ni sandalias! Vale, era de sentido común exigir armas y armaduras o cualquier otra cosa que pueda ser útil en una batalla, ¡pero el calzado! Bueno, esa no era la parte humillante, lo realmente humillante era escuchar las burlas de los invasores, sufrir sus interrogatorios y procedimientos para la extracción de información, que sus raciones de comida fueran míseras. Pero no se podía quejar mucho debido a esas simples humillaciones que apenas y resquebrajaban su orgullo, pudo haber sido peor, mucho peor.

Desde hace rato ella había observado que los shinobis prisioneros eran sometidos a interrogatorios y curiosamente después del interrogatorio salían equipos de shinobis de Konoha a distintas direcciones, era obvio que todo lo que ellos escondieron y creyeron que permanecería seguro y lejos de manos extranjeras sería encontrado y reclamado como botín de guerra.

De pronto algo raro sucedió, comenzaron a reunir a todos aquellos shinobis que pertenecían al clan Uzumaki y los comenzaron a desplazar a uno de los edificios más aislados de la zona. El edificio era grande, tenía estructuras solidas de madera, yeso y concreto. Pasaron al lado de la prisión en donde tenían a shinobis de bajo rango y civiles armados.

—¿A dónde diablos nos llevan, Dattebane? —preguntó una muy irritada Kushina.

—Cállate basura del remolino —dijo uno de los shinobis que la escoltaban.

Si estuvieran en otras circunstancias, el pobre shinobi estaría suplicando por su vida y su integridad física y psicológica, pero Kushina estaba muy agotada física y psicológicamente. Si nada más ella estuviera prisionera, aunque le costara la vida, se aseguraría de que ese shinobi jamás la volviera llamar basura, pero su clan estaba alrededor, como prisioneros. Eso sin contar que su padre estaba en coma y en manos de shinobis enemigos, no convenía agitar el avispero, y además tenía que comportarse como la representante y líder del Clan Uzumaki en ausencia de su padre.

De pronto diviso otra comitiva de gente que se dirigía al mismo lugar que ellos, no tardaron mucho en identificarlos. Eran miembros no shinobis o shinobis heridos del Clan Uzumaki; civiles de todas las edades, muchos todavía con vendas y heridas que se volvieron a abrir. Se encontraban cansados, confundidos y asustados.

—¡¿Qué significa esto?! La única condición que exigimos a la hora de rendirnos fue la seguridad de los civiles. ¡¿Es que acaso… —pero Kushina fue interrumpida debido a un puñetazo que le propino el shinobi en el estómago, utilizo tal fuerza que Kushina se dobló del dolor, los demás shinobis de su clan se proponían intervenir, pero fueron detenidos cuando Kushina les hizo una seña para que se detuvieran.

—¡Cállate de una vez! Nosotros solo seguimos ordenes, y nos ordenaron llevar a todos los integrantes del Clan Uzumaki al edificio que está al frente —dijo con voz grave el shinobi que golpeo a Kushina.

Nadie volvió a decir nada, en la entrada del edificio se encontraba Kuroda Hayato, líder de la resistencia en la Aldea Oculta entre los Remolinos. Kushina se detuvo frente a él para hacerle una pregunta:

—¿Qué está pasando Kuroda? —preguntó Kushina en tono neutral.

—Nada grave, no te preocupes —alcanzo a decir Kuroda antes de que uno de los shinobis de la entrada empujaran a Kushina adentro de la habitación.

El estado de Kushina era lamentable: su cabello rojo se encontraba maltratado y manchado, ya no tenía su cola de caballo y estaba suelto, su piel blanca se encontraba también manchada. Sus pies estaban cubiertos de lodo seco hasta más de la mitad de sus pantorrillas, y con el doble de callos que hace dos días, el short negro y su falda verde están también desgarrados, dejando ver sus piernas más de lo que le gustaría y dejándolas descubiertas a los elementos de la naturaleza, su camisa negra también se encuentra un tanto rota, por lo que deja al descubierto parte de su espalda baja y su ombligo, el listón de su banda está roto así que utilizo una manga de su camisa para repararla, y da señas de volverse a romper en cualquier momento. Las vestimentas del resto de los shinobis de su clan no estaban en mejores condiciones.

A pesar de su aspecto físico Kushina camina con la mirada en alto, orgullosa como ella sola. En la habitación se encontraban todos los miembros sobrevivientes del clan Uzumaki, en total unos 75, menos de una cuarta parte del clan antes de comenzar la guerra. Por lo menos 30 de ellos eran shinobis o tenían entrenamiento shinobi básico. A parte de los Uzumakis también se encontraba Minato Namikaze, Shikaku Nara y Kuroda Hayato.

—Supongo que todos se preguntaran el por qué están aquí —dijo Minato con una cara seria y un tono neutral.

—Verán, por la tarde también se dará a conocer esta noticia, pero por motivos personales les mencionare esta noticia a ustedes en este momento: el señor feudal del País del remolino ha decidido no financiar ni reconstruir una fuerza militar shinobi, ni en estos momentos ni en un futuro cercano —todos los Uzumakis presentes cambiaron sus rostros a preocupados, consternados, sabían lo que significaba, adiós a la Aldea Oculta entre los Remolinos, adiós a Uzushiogakure y a la alianza de clanes ninja en esos territorios.

—Antes de que mi amada Reika fuera asesinada —esto último lo dijo con voz rota y una lagrima asomándose por su ojo derecho —yo le prometí que el clan Uzumaki encontraría un lugar seguro para restablecerse, yo les propongo establecerse en Kemurigakure —terminó de decir Minato recuperando su tono de voz anterior y dejando consternados a todos los miembros del clan.

La Aldea Oculta del Humo se encontraba en la zona oeste del País del Fuego, al interior del continente, a diferencia de Konoha que es financiada por el Feudal Imperial, esta aldea está financiada por el más poderoso y rico Feudal distrital, y es utilizada como base de operaciones auxiliares; por ejemplo, en la guerra fue utilizada como base de Konoha y produjo guerreros shinobi y no shinobi que eran una buena parte de la infantería auxiliar, las tropas regulares y la "carne de cañón". Siempre está bajo el control de un shinobi de Konoha de alto rango y poseedor de gran confianza por parte del Hokage.

El País del fuego está dividido en 8 grandes distritos y el territorio original, cada distrito tiene 4 departamentos, y cada departamento 2 regiones. Cada distrito se maneja como si fuese una ciudad. En total existen 8 feudales distritales que se encargan del trabajo político y económico de los distritos. Además de ser estos sujetos los que piden ayuda militar en caso de cualquier conflicto armado en su distrito. Son inmensamente ricos y poderosos y solo le rinden cuentas a tres hombres: el Hokage, líder de las fuerzas shinobis del país, el Comandante General de los ejércitos no shinobis, líder y encargado de los guardias, soldados feudales y cualquier otro guerrero que no use jutsus para pelear y el Feudal Imperial o el Daimyō del País del Fuego, el máximo dirigente político del país y líder directo del territorio original, que es poco menos de la mitad del territorio del país y sus recursos.*

Los miembros del Clan Uzumaki estaban en una encrucijada, si se quedaban en el país tendrían bastantes conflictos, igual que muchos clanes tendrían que, o dejar de ser shinobis o volverse mercenarios que trabajarían para el mejor postor, lo cual los dejaría siempre con relaciones tensas con los demás clanes y con el señor feudal del país. Si se iban a Kemurigakure serían tratados como un clan sin importancia, por lo menos durante un tiempo, sin mencionar que siempre tendrían que cuidar los movimientos que hicieran, por temor a sufrir represalias de cualquier tipo por parte de Konoha; cualquier decisión que tomaran respecto a su situación, saldrían perdiendo, lo que se tenía que hacer ahora era con cual opción se salía perdiendo menos.

—También debo informarles que el actual líder del clan Uzumaki ha muerto hace unas horas, tendré que saber quién es el nuevo líder y que venga al frente para que me informe cual es la decisión que toman. Mañana traerán la respuesta, tienen la tarde para velar el cuerpo de su líder, esta misma noche lo enterraremos en la fosa común —informó Minato mientras se retiraba.

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Campo de prisioneros en el País del Remolino. 6 de febrero, 6:45 a.m.

Kushina estaba completamente destrozada, ayer había sido nombrada líder del Clan Uzumaki, durante años había esperado ascender y ser la líder del clan, pero se esperaba que fuera en condiciones muy diferentes a las actuales. Dolía, dolía saber que la gloria de tu clan y de tu aldea pasaba a formar parte de la historia, dolía saber que el país que tanto amaste y protegiste te da la espalda sin titubear, dolía saber que tu padre murió y que lo enterraron en una fosa común, como si fuera algún desconocido sin importancia. Pero a pesar de todo Kushina no lloro, no podía darse ese lujo en ese momento.

Todo el clan se movía de vuelta al mismo edificio de ayer para dar a conocer su decisión, por respeto al antiguo líder del clan los invasores les dieron agua para que se asearan, pero no les dieron vestimentas nuevas, por lo tanto, estaban más o menos limpios, pero con los mismos trapos harapientos, por lo menos no apestaban tanto como ayer.

Ya habían tomado su decisión y Kushina estaba dispuesta a darla a conocer. Todos los miembros del clan se sentaron en el suelo, excepto Kushina, que se dirigió a paso firme a una tarima en donde se encontraba Minato, subió a este y se le quedo mirando fijamente al invasor.

—¿Y que han decido en torno a nuestra generosa propuesta? —preguntó Minato con voz seria y neutral, pero Kushina pareció detectar algo de cinismo en esta.

—Hemos decidido aceptar su propuesta, al fin y al cabo, han demostrado que fueron excelentes aliados en el pasado, a mi clan le gustaría reconstruir esa confianza que existió entre mi clan y Konoha —dijo Kushina seria.

En esta ocasión dentro del edificio solo se encontraba Minato y los miembros del clan. Minato creo 5 clones de sombra, uno de ellos levanto una barrera sin que los Uzumakis se dieran cuenta, Minato se esperaba esta respuesta, él ya había decidido como vengarse de Kushina, Minato sonrió, una sonrisa oscura y siniestra, ya había decidido cómo podía torturar y humillar a Kushina. Físicamente la dejaría relativamente sana, pero emocional y psicológicamente la destrozaría, de la misma manera que ella lo destrozo cuando mato a Reika.

—Bien, si demuestran ser dignos de nuestra confianza en algunos años serán trasladados a Konohagakure como un clan bajo vigilancia y con el tiempo… ¿Quién sabe?, tal vez incluso entren dentro de la lista de clanes importantes de nuestra aldea —dijo Minato sin quitar esa sonrisa que inquietaba a todos.

—Pero si intentan traicionarnos —en ese momento Minato agarro a Kushina de las muñecas, a una velocidad endiablada le ato las muñecas con una cadena de chakra a una viga de soporte, de tal menara que sus brazos quedaran estirados arriba de su cabeza, Kushina no pudo hacer nada, con sus conductos de chakra obstruidos y su deplorable estado no estaba en condiciones de ningún tipo de pelea.

—Sufrirán las consecuencias —dijo Minato mientras ponía una mirada lasciva y comenzaba a tocar las bien formadas curvas de Kushina.

Kushina se encontraba primero desconcertada, y luego aterrada, ¡eso no le podía estar pasando a ella! ¡No a ella!

—¿P-Por qué… —preguntó Kushina mientras luchaba para que no le salieran lágrimas, solo para ser interrumpida por Minato.

—Para dar un ejemplo —dijo con voz fuerte, en eso se acercó al oído de Kushina —y por matar a Reika —susurro en su oído justo antes de lamerlo.

Kushina puso una mirada fiera y comenzó a retorcerse, pero fue inútil, Minato se acomodó entre las piernas de Kushina y comenzó a frotarse contra ella, ella solo podía sentir como el miembro de Minato iba creciendo. Minato comenzó a manosear las firmes y torneadas piernas de Kushina, alzando su falda y destrozándole el short, quitándole la banda con el símbolo del remolino.

El resto de los miembros del clan gritaban e intentaban llegar a ayudar a su líder, pero los clones de Minato instalaron una barrera interna para que no intervinieran, y una externa para que nadie llegara a interrumpirlos. En ese momento Minato dejo de manosear las piernas de Kushina y alzo su camisa, le quito su brasier, comenzó a tocar y lamer sus pezones.

En este punto los integrantes del Clan Uzumaki se dieron cuenta que hicieran lo que hicieran no podían detener a Minato, solo les quedaba ver, impotentes y frustrados, como su líder era ultrajada.

En este punto Minato se baja los pantalones azul marino y el bóxer blanco hasta la mitad de sus muslos, dejando su endurecido miembro al descubierto, quita las bragas de Kushina de un solo tirón, se acomoda nuevamente entre las piernas de Kushina y con sus manos sostiene sus muslos mientras Kushina sigue retorciéndose.

Minato penetra a Kushina con una sola embestida y de manera brutal, ella da un grito desgarrador mientras siente un horrible dolor en su entrepierna, de la cual también sale sangre, Minato reafirma su agarre soltando uno de los muslos de Kushina y sosteniéndole el trasero, Kushina cierra los ojos fuertemente y desvía su cara para alejar su rostro lo más lejos posible mientras Minato comienza a dar fuertes y rápidas embestidas.

El dolor poco a poco abandona a Kushina para ser remplazado por un sentimiento de inferioridad y un asco horrible, hubiera vomitado de no ser porque Minato soltó su otra pierna y le tapó la boca, obligándole a tragar su vomito. Minato lanza cada poco tiempo gemidos ahogados y rugidos de placer.

—¿Q-Que te p-pasa? A-Apenas han pa-pasado 5 minutos —dice Minato con la respiración alterada y la voz ronca.

Kushina se queda en shock, ese infierno que a ella le ha parecido durar horas y él solo dice que ha durado 5 minutos. Kushina finalmente se quiebra y se pone a llorar y gritar con todo lo que sus pulmones dan.

Los llantos de Kushina excitan de una forma enfermiza a Minato, que comienza a aumentar la velocidad y rudeza de sus embestidas, mientras nuevamente la sostiene de los muslos y la levanta ligeramente para poder penetrarla con mayor facilidad y comodidad.

Para este punto todos los miembros del clan Uzumaki tenían su mirada hacia el suelo o desviada de su líder, la mayoría tenía una mirada de odio pintada en la cara, otros lloraban mientras oían los gritos, las suplicas y el llanto de su líder, Kushina. Unos tres o cuatro simplemente se desconectaron de la realidad o la ignoraron.

A los diez minutos del inicio de la penetración el dolor volvió a la entrepierna de Kushina y no se volvió a ir. Llegados los 15 minutos desde el comienzo de la violación el llanto de Kushina disminuye en fuerza, derramando cristalinas lágrimas, sollozando y con una mueca de asco y tristeza grabada en su cara. Minato en este punto se encontraba jadeando, lanzando gemidos de placer y gruñidos en voz alta, con los ojos cerrados o a medio abrir, cada cierto tiempo lamiendo y mordisqueando el cuello o los pezones de Kushina.

Pasados 16 minutos Minato observa a Kushina, y en un momento de iluminación observa lo que le está haciendo a esa pobre kunoichi; su rostro, su expresión, y se pregunta si de verdad ella se merecía eso. Minato decide terminar, aplica fuerza y aumenta la velocidad de sus últimas embestidas, derramando su semilla dentro de ella, acompañado de un fuerte gemido y espasmo de placer para él.

—Recuerden este suceso, ustedes ahora están en nuestras manos, si nos son leales les recompensaremos, si nos traicionan lo pagaran caro —fue lo que dijo Minato mientras recibía miradas de miedo y odio.

Minato deshizo las barreras, soltó a Kushina y se fue del edificio. Kushina se sentó, se bajó la camisa, rota del lado derecho, su brasier y sus bragas estaban destruidos, lo mismo que su short. Kushina tenía al descubierto su hombro y pezón derecho, lo único que apenas le cubría la zona púbica era su muy rota falda, sus piernas estaban al descubierto hasta casi el inicio de sus glúteos.

Durante unos momentos todos permanecieron en silencio, poco a poco, se fueron acercando a ella, Kushina salió de su trance, se limpió las lágrimas del rostro, y se levantó.

—Tranquilícense, estoy bien —dijo Kushina con una voz baja y rota.

—Tome esto —dijo uno de los miembros de su clan mientras le extendía un pantalón roto y una camisa con agujeros de color negro.

Kushina se puso las prendas que le ofrecían, dadas por dos shinobis, se quitó su camisa rota para ponerse otra, aun así en mejor estado que la que tenía puesta, se pudieron observar sus pezones y su cuello enrojecidos y con rastros de saliva y mordidas. Después se puso los pantalones, de las rodillas para abajo no cubrían nada, pero era por mucho mejor que su falda, en sus muslos internos, cerca de su vagina, se notaban rasgos de sangre seca y semen.

Justo en el momento que Kushina se acomodaba los pantalones en la habitación entraron dos ANBUS que los escoltaron a todos a un campo de prisioneros exclusivamente para su clan, durante el resto del día, y durante los siguientes días Kushina tenía una mirada triste o perdida.

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Minato estaba bastante agitado por lo que hizo esa mañana, no podía creer que él había violado a la nueva líder del Clan Uzumaki. Si Reika estuviera viva tampoco lo creería y no se atrevería a mirarlo. Él había matado a cientos, quizá miles de hombres, pero la gran mayoría eran guerreros o traidores, la peor tortura que había aplicado era a base de genjutsus combinados con la falta de sueño. Se encontraba avergonzado, contuvo sus arcadas, desde que salió de esa habitación sentía que había salido de un profundo sueño, uno en donde él era solo un espectador de lo que le hacían a esa pobre criatura. Con tan solo recordarlo, esa tal Kushina se parecía mucho a Reika, y durante uno o dos minutos pensó que lo estaba haciendo con ella nuevamente, pero solo bastaba con medio abrir los ojos para ver su expresión de asco, de miedo, de dolor. Minato sintió ganas de vomitar por tercera vez en el día. Él se había opuesto a prácticas de tortura e intimidación entre la población civil, a la tortura y experimentación de los prisioneros de guerra; él no podía creer que violo a una mujer indefensa, cansada, triste. El día anterior había muerto su padre, su aldea había sido destruida, su clan estaba en riesgo de extinción y en decadencia, su país traiciono a su gente, habían perdido la guerra, ¿cuántos amigos y familiares perdió ella? ¿Perdió algún amante o novio igual que él perdió a Reika? ¿Ella ataco a Reika o solo se defendió de ella? No se puso a pensar en eso, solo le quería hacer un daño atroz, que sufriera tanto como él, pero… ¿realmente se lo merecía? Recordó como entraba y salía de su interior una y otra vez, como lanzaba gemidos mientras ella lloraba, suplicaba y se retorcía, como disfrutaba y degustaba de ese exquisito cuerpo mientras la sometía a su voluntad, ¡ella era virgen! Y cuando pensó en eso finalmente vómito, Minato sentía que una parte importante de él como hombre había muerto. La muerte de Reika y la violación de Kushina serían eventos que lo marcarían lo que le restaba de vida.

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Entrada de la Aldea Oculta del Humo. 21 de febrero, 8:00 p.m.

En la entrada los guardias veían a lo lejos un grupo de aproximadamente 70 personas que se acercaban, uno de ellos fue a avisar a sus superiores, no dieron la alarma, no hizo falta, ya les habían avisado que por esas fechas llegaría lo que quedaba del Clan Uzumaki.

Kushina solo veía como su clan se iba a hospedar los siguientes años en una aldea menor, era débil y muy dependiente de Konoha. El asombroso Clan Uzumaki había caído muy bajo, pero tenía la esperanza de que en menos de una década los aceptaran en Konoha, si eso sucedía su clan podría volver a brillar, tal y como lo hizo en el pasado en Uzushiogakure.

En ese momento Kushina se sintió mareada y cansada, otra vez.

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Respuesta a reviews

lover: listo, aquí está la conti.

Dublealfa: Es bueno que te guste, espero que te siga gustando la historia, me esforzare por hacerla interesante.

Nota del autor

*La información de este párrafo fue sacada del fic conocido como Itami no satsu, capítulo 14; que pertenece únicamente a Dantefox.

A los señores feudales de los 5 grandes países shinobis ostentan el título de Feudal Imperial.