Capitulo 6.

Cita.

.

—Pídeme algo, voy al lavabo.

En cuanto estuvo dentro del baño del bar se sintió a salvo. Lejos de aquellos ojos verdes que siempre parecían ver en su interior, pudo al fin soltar una larga exhalación. Aquello no podía estar pasando. Una cena y hasta un cuarto de hotel a su nombre…. Despellejaría vivo a Matt por eso. ¡Sus amigas estaban locas!

Tuvo que contenerse para no tomar el espejo mágico que tenía en su bolso y llamarlas. Tenía tantas ganas de mandarlas a freír espárragos, que era de lo más inoportuno que una de las chicas del bar estuviera en ese preciso momento peleándose con el dispensador de toallas de papel.

Intentando controlarse, se acercó al espejo sabiendo que encontraría allí. La mujer que le devolvía la mirada parecía ser el mayor desastre en la faz de la tierra. El viento del mar había convertido su cabellera roja en un nido de pájaros que ningún ave con buen gusto hubiera habitado.

Tenía el rostro pálido y los ojos llenos de pánico. Se miró de arriba abajo: los zapatos que la hacían ver tan bajita, el vestido que parecía de maestra de escuela primaria…. Comenzó a reír como loca.

Luna, Hermione y Mat habían querido que ella fuera a esa cita como una súper modelo. Ahora entendía todo. Sus amigas querían que al menos le entrara por los ojos a Harry. Que listillos esos tres.

—¿Está bien, señorita?

La chica que reponía las toallas de papela la miraba desde un rincón, no muy segura de si debía quedarse o huir y pedir ayuda. Ginny la miró con más atención. Era muy joven, seguramente ese era su primer trabajo y ella la estaba asustando.

Volvió a mirarse al espejo. Sip, perecía toda una lunática.

—Tengo una cita—dijo y su voz sonó inusualmente chirriante.—Él está afuera.

—Oh… eso es bueno ¿no? A menos que…—en una muestra de valor, la chica se aproximó, mirándola preocupada— ¿está en problemas? ¿Él la está obligando? ¿Quiere que llame a la poli?

Por un momento, con tanta preguntadera y con esa forma de hablar con tanta prisa, le recordó a Hermione en sus años de colegio, cuando buscaba con desesperación sacar por su boca todo lo que tenía en la cabeza. Por mucho que quisiera estrangular a su amiga en ese preciso momento, la camarera le despertó un poco de ternura.

—No, no necesito que llames a la policía—le aseguró riendo—Él no me ha obligado a venir…—pasó sus dedos por su cabello, para hacer el intento de arreglarlo—¡Pero mis amigas! ¡aggg! ¡No me hagas hablar de mis amigas, las voy a despellejar vivas! ¿Puedes creer que me han hecho una cita a ciegas con el chico que me gustaba en el colegio? ¿Te lo imaginas? ¡Y yo con estas pintas! ¡Mírame, soy un desastre! Voy a matarlas, de verdad lo hare…

La chica dio un paso atrás, mirando la con los ojos como platos.

—Bueno…. ¿y al menos es guapo?—preguntó dudosa.

La pelirroja soltó una risita.

—Uff ni te imaginas—se mordió el labio, recordando lo bien que le quedaban esos vaqueros que llevaba. —Pero eso no importa. Esta cita ha llegado tarde, muchos años tarde.

Seguía peinándose con los dedos, si lograba que la chica se marchara, podría sacar su varita del bolso y solucionar todo ese desastre con un rápido movimiento. Quería, al menos, no pasar demasiada vergüenza. Se rió sin alegría, pensando en cómo se había divertido horas atrás mientras elegía su atuendo. "James era un perdedor y ella no le daría nada esa noche"….

Debería haber pensado, aunque sea por un segundo, que aquello era una trampa. Que ingenua había llegado a ser.

Y ahora Harry estaba allí afuera, atado mágicamente a ella.

La pelirroja en el espejo apretó los labios con fuerza. Si ella cancelaba todo, cada uno volvería a su vida, y se olvidarían de todo ese desastre.

"Debes hacerlo" Se dijo con firmeza, apoyando las manos en el lavamanos. Debía salir de ese baño tal como estaba, decirle a Harry que todo aquello era una estupidez y regresar a su casa.

El problema era que no quería.

No quería irse, ni que él se fuera…. Volvía a ser la niña tonta enamorada del amigo de su hermano. "Han pasado cosas entre ustedes, y siento que deberían hablar con sinceridad sobre eso." ¿Y si Hermione sabía algo que ella no? ¿Si había una diminuta oportunidad…?

—¿El aún te gusta, verdad?

No contestó, la chica no lo necesitaba.

—¿El rompió tu corazón?

A veces el silencio respondía más que las palabras.

—En ese caso, demuéstrale lo que se perdió. Que cuando termine esta noche, se arrepiente toda la vida de no haber visto el mujeron que tenía delante—le animó con determinación.

—¿Con estas pintas?

—Nada que un peine y un poco de maquillaje no puedan solucionar.

Antes de marcharse, dejó sobre el lavamanos un labial color carmín que había sacado del bolsillo de su delantal.

.

*.*.*

.

—Pídeme algo, voy al lavabo.

Ginny ni lo miró cuando se encaminó a los servicios de pub. Harry la vio desaparecer sintiendo su estomago revolverse.

¿En que habían estado pensando sus amigos cuando creyeron que todo aquello era una buena idea? Estaba claro que Hermione se había percatado de lo mucho que había cambiado su forma de actuar con Ginny años atrás. Hasta él sabía que en algunos momentos había sido patéticamente obvio en todo lo que tenía que ver con la pelirroja. Su amiga no era ninguna tonta, había notado como se quedaba mirándola como todo un tonto, o como parecía estar más pendiente de su vida amorosa de lo que estaba sus propios hermanos. Por largo tiempo se había comportado como un adolecente hormonado, y seguramente lo había visto. Al mismo tiempo que había notado como Ginny parecía encantada con esa nueva atención.

La había ilusionado, eso lo sabía muy bien, y no había un día en su vida que no se sintiera un saco de estiércol de dragón por haberlo hecho.

Estaba seguro que Ginny nunca le había contado a Hermione como habían acabado las cosas entre ellos… de cómo él, sin pensárselo dos veces, había hecho el equipaje y se había marchado sin ni siquiera despedirse.

Si Hermione hubiera estado al tanto de todo eso, nunca se le hubiera pasado por la cabeza intentar emparejarlos, de eso estaba seguro. La chica era toda una entrometida, pero jamás haría algo que lastimara a Ginny.

La idea de que su presencia podía llegar a lastimarla, lo hacía sentir aun más miserable.

—Dame algo, lo más fuerte que tengas.

El cantinero, no mucho mayor que él, lo miró con una sonrisa en los labios.

—Tengo alcohol etílico en el botiquín de primeros auxilios, si quieres.—dijo, riéndose de su propio chiste

Harry se dejó caer en uno de los taburetes altos que había en la barra, con expresión derrotada.

—¿Mal día?—le miró comprensivo el cantinero, que al tener el lugar vacío no tenía mucho que hacer.

—No lo sé—Le dejó un whisky doble enfrente y Harry lo tomó de un trago. Sabia horrible, muy diferente al whisky de fuego— Mis "amigos" me han hecho una cita a ciegas con una chica que seguramente me odia.

El cantinero, que se llamaba Sam y según su esposa era un chismoso sin remedio, se detuvo en su tarea de ordenar las botellas de licor y miró a su cliente con atención.

—¿Te lo han hecho como una broma?

—Eso tendría más lógica ¿verdad?—le acercó el vaso ya vacío para que lo rellenara. —No creo que sea una broma, estoy completamente seguro que esperan que me case con ella… o al menos que nos acostemos.—se llevó la mano al bolsillo de su chaqueta y acarició la llave del cuarto de hotel. Ron haría rodar muchas cabezas si se enteraba de su existencia. Y una de esas cabezas sería del propio Harry si llegaba a descubrir todas las cosas que pasaban por su mente en ese momento.

No sabía quién diablos era Matt, pero quería estrangularlo por haber tenido esa estúpida idea. Ese pedazo de plástico parecía quemarle la piel. Podía decir en voz alta que era una ridícula locura, pero no podía mentirse a sí mismo. La sugerencia de que ellos terminaran la noche de esa forma, era la tentación más grande de su vida ¡por Merlín, Ginny Weasley estaba para el crimen! Era muchísimo mas hermosa de lo que recordaba, y toda la anatomía de Harry, en especial una parte en especificó, pedía a gritos que le dieran uso a aquel cuarto de hotel.

Molesto consigo mismo, agitó la cabeza, tomando otro sorbo de whisky, mientras ahuyentaba esas tontas ideas.

Ginny nunca volvería a darle una oportunidad. Era de adolecente calenturiento imaginar una conclusión semejante para esa noche. Nunca tendría tanta suerte en la vida.

—Entonces dudo que tus amigos crean que ella te odia como tú dices—opinó Sam pensativo.

—Ellos no saben que….— ¿Qué no sabían? Resopló. No sabían que él había hecho todo lo humanamente posible para conquistarla… y cuando al fin había tenido la oportunidad de confesarle sus sentimientos, se había marchado sin mirar a atrás.— No saben cómo terminaron las cosas entre nosotros.

—No es por ser metiche, amigo, pero ¿y ella donde esta?

—En el baño.

—¿Y no crees que si ella te odia tanto, no se hubiera ido en cuanto te vio?

Harry se le quedó mirando con el seño fruncido.

—En lo que a mí respecta, podría estar escapando por la ventana del baño en este preciso momento.

—No por la ventana de mi bar, amigo.

Harry miró el pasillo que daba a los aseos. Él era el único atado mágicamente a esa situación. Ginny era libre de marcharse cuando quisiera, pero a pesar de eso seguía allí. Había sido ella la de la idea de ir al pub.

Observó su trago. Ella no era el tipo de persona que hiciera algo que en el fondo no le gustara. Era una de las chicas más fuerte que conocía, y si de verdad lo odiaba, ya se lo hubiera dicho en la cara o lanzado un maleficio. Ese era su carácter, y aunque a muchos lo encontraban un poco desagradable, a Harry le parecía increíblemente atrayente.

Pensó en las palabras del pergamino. ¿Y si aún había una oportunidad? Bebió otro trago. Se había marchado por una razón, y si ahora que estaba de regreso intentaba conquistara Ginny Weasley, sería como volver a la línea de salida otra vez. Como si no hubiera aprendido nada.

.

"… esta vez no tengas miedo. Pocos tienen una segunda oportunidad, no la desperdicies."

.

Todo eso tenía que tener una razón de ser. No podía ser solamente parte del diabólico plan de Hermione. Ella también era la mejor amiga de Ginny. Eso era algo ¿no? Las mujeres se contaban todas sus cosas, más aún con una amistad tan larga y fuerte como la que había entre ellas. Hermione tenía que saber algo que él no.

Tal vez…

.

Sintió una mirada sobre él y de inmediato se volteo. Ahí estaba, con el cabello rojo fuego cayendo alrededor de su rostro pecoso, mientras sonreía con unos labios pintados de rojo que parecían pedir a gritos ser besados. Al verla acercarse sintió un peso inmenso en el estomago, quedándose por un momento sin aire ni habla. Tuvo ganas de reír, habían pasado años, y Ginny Weasley seguía dejándolo sin aliento con solo una sonrisa.

—Amigo, confía en mí, esa mujer no te odia—le dijo por lo bajo el cantinero antes de dejar un par de jarras de cerveza sobre la barra para ellos.

Ginny se sentó en el taburete que había junto a Harry de un salto. Estaba de mejor humor ahora, y Harry agradecía a los dioses por eso.

—Uff, justo lo que me recetó el sanador—exclamó antes de tomar un largo sorbo de cerveza.

—Eh, tranquila. Esa no es como la cerveza de mantequilla.

—Lo sé, Potter, ya la había bebido antes—dijo despreocupadamente antes de seguir bebiendo.

Harry no pudo contener una sonrisa. Era desfachatada y desprolija, como lo había sido siempre. Eso le encantaba.

—Creo que Hermione está muy perdida con respecto a que han pasado "cosas" entre nosotros.— Comenzó a decir Ginny inclinando la cabeza para mirarlo a los ojos. Su voz era amistosa, pero Harry no se dejaba engañar tan fácil.—Pero éramos amigos…

—Lo somos, Ginny—le aseguró Harry, aunque nunca había odiado más ese conjunto de palabras. Y también discrepaba totalmente con lo que decía. Hermione no estaba para nada perdida, todo lo contrario. Tenían que hablar, o al menos él tenía algo que decir, aunque dudaba que la pelirroja estuviera interesada a oírlo.

—Bien, entonces ¿Qué tal dos amigos que disfrutan de una cerveza y tienen una cena gratis pagada por tres futuros difuntos?

—Me encantaría…

La pelirroja sonrió y Harry supo que algo ocurriría esa noche. Tal vez sería algo terrible… o todo lo contrario.

Ginny apoyó un codo en la barra y en el movimiento una de las luces del pub hicieron centellar el colgante que llevaba…. Harry lo reconoció en el acto.

.

"Esta vez no tengas miedo. Pocos tienen una segunda oportunidad, no la desperdicies."

.

Pero si algo debía pasar esa noche, dependía de él…. ¿Era un Gryffindor o no?

—Oye Weasley, deberíamos tenerla.

—¿Eh?—bajo su cerveza a medio camino de sus labios y lo miró alzando una ceja interrogante.

—Una cita, Weasley. Deberíamos tenerla.

—¿Una cita?

—Sí. Tu estas soltera, yo estoy soltero ¿Por qué no? Hagamos lo que Hermione espera.

—¿Tener sexo salvaje?

—¡No! ¡Bueno, si!… digo no. A menos que tú quieras, claro, cosa que no creo, yo...yo…. Mejor dime que debo decir para no seguir metiendo la pata.

Rojo como un tomate, se sintió torpe y estúpido. Por el rabilo del ojo pudo ver al cantinero morirse de la risa en su cara, mientras Ginny lo miraba sorprendida. Estuvo a punto de retractarse de todo cuando vio a la chica sonreír divertida y dejar escapar una risita.

—Está bien, tengamos una cita Potter.

.

*.*.*

.

Hola gente! Aquí estoy de nuevo, espero que les gustara, de ahora en adelante voy a actualizar cada viernes, y con suerte acabare con esta historia antes de termine el año *emocionada* Irene y Nathy muchas gracias por sus comentarios. Muchas gracias por todo el apoyo

Hasta la semana que viene!

Besos grandes

Elly