Capitulo 7.
Un amigable juego.
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—¿Y este es el momento de la cita en que hablamos de nuestras fantasías y fetiches?
Ginny soltó una carcajada al tiempo se inclinaba ligueramente sobre la mesa de billar y lograba meter una bola en el hoyo. Harry había querido hacerse el gran conocedor de la cultura muggle invitándola a jugar al billar, pero de inmediato la pelirroja había demostrado que aquel no era su primer rodeo, quitándole en el acto la oportunidad de enseñarle.
—¿Y eso de donde lo has sacado?
—Jack, un amigo de la MACUSA. Ese era su mejor consejo para las citas—Se encogió de hombros antes de darle un trago a su tercera cerveza de la noche.
—Ya.— Puso los ojos en blanco por un momento— Y déjame adivinar ¿nunca tuvo más de una cita con cualquier chica?
Harry se lo pensó.
—Si lo pones así.
Ginny falló, y fue turno de Harry.
—¿Y por qué el gran Harry Potter necesita consejos de citas de un donjuán perdedor?
—Es que nunca tuve una cita—contestó sin darle mayor importancia, antes de poner en punto el taco. Pero falló patéticamente cuando la ruidosa risa de Ginny lo distrajo.
—¿No me digas que el gran Potter es virgen?
Harry rodó los ojos, como si no fuera la primera vez que escuchaba aquello.
—No, Weasley, no soy virgen. Solo que no necesito tener citas...
Ginny se detuvo en su jugada, incorporándose y mirándolo con una sugerente mirada divertida.
—Vaya, no te pensaba como uno de esos tipos que pagan por...
—No no—se apresuró a retractarse Harry al comprender lo que Ginny había entendido — No me refería a eso.
—¿Entonces, Potter?
Harry desvió la mirada a la mesa de billar.
—Había una chica en la academia... Era de último año.—El bochorno de Harry le causó gracia a Ginny. Siempre había pensado que el día que supiera que Harry se había acostado con alguien, ella se moriría de celos. Pero había aceptado hacía mucho tiempo que Harry jamás la vería de esa forma, por esa razón no podía evitar reír con ganas.
—Uy chica mayor y experimentada, seguro que aprendiste unas cuantas cosas—le guiñó un ojo antes de volver a inclinarse sobre la mesa.
Harry que no podía dejar de disfrutar de la maravillosa vista que tan amablemente le ponía ante él la pelirroja al inclinarse, tardó un momento en entender lo que le decía la chica.
—Pues sí, algo se aprende—le sonrió con chulería apoyándose en su taco.
—¿Fue tu novia? No recuerdo que Ron me dijera que te habías echado novia en Nueva York —Otra bola entró al hoyo, haciendo que Harry se preguntará si Ginny estaba usando magia para darle aquella paliza.
—No creo que lo que hayamos tenido fuera un noviazgo—se encogió de hombros Harry mientras veía como el vestido de Ginny se subía un poco cuando la bola azul desaparecía de la mesa.—¿Llamarías novio a alguien que solo te llama cuando quiere sexo, que se marcha en cuanto terminan y que te prohíbe que le cuentes lo suyo a cualquiera?
—Vaya ¿eso hacía? —Ginny no sacaba los ojos de la mesa de billar, pero Harry sabía que tenía toda su atención—Así que el gran Harry Potter fue el juguete sexual de una americana, si lo hubieran dicho...
—Ja ja que graciosa...La verdad no me quejo.
—Me imagino—puso nuevamente los ojos en blanco —Los hombres son todos iguales. Apuesto lo que sea a que nunca sentiste nada por ella.
Harry se iba a defender, pero se calló en el acto. Sherrilyn Smith era hermosa, y le había enseñado un montón de cosas, pero lo cierto era que cuando terminaron sus encuentros, dado que ella conoció a un sujeto que parecía lo suficientemente digno para anunciar al mundo su condición de pareja, Harry no había sentido nada. Claro que lamentaba el fin de los encuentros, pero no extrañaba nada más. Nunca habían hablado mucho, y tampoco tenían demasiado en común. A la mañana, siempre eran dos desconocidos que solo se utilizaban mutuamente.
—Era lo que quería en ese momento, me ayudaba a no pensar. Aunque digamos que no estaba pensando con la cabeza.
—Ja, me imagino con que estabas pensando.—Cuando Ginny pasó por su lado para preparar otro tiro, no se cohibió en lo más mínimo, rosando descaradamente su cintura.
El taco de Harry cayó al piso de manera ruidosa. Nervioso mientras Ginny reía, posó los ojos en la mesa en el momento en que la bola negra y la blanca desaparecían en uno de los hoyos.
—Creo que gané—. De un salto se sentó en la mesa, cruzándose de piernas con una sonrisa inocente en los labios pintados de carmesí—. Y dime. ¿En que no querías pensar?
"En ti". Esa hubiera sido la respuesta sincera. Algo que solo Sherrilyn había logrado sacarle una noche, cuando comprendió que él nunca la miraba a los ojos mientras estaban en la cama.
—No lo sé, supongo que extrañaba Inglaterra— contestó evasivo, antes de volver a colocar las bochas en la mesa.—¿Y tú? ... ¿Cómo van las cosas con los chicos?
—¿No lo ves? Tan genial que mis amigas me hacen citas a ciegas con perdedores llamados James. —Se puso de pie mientras soltaba un resoplido antes de beber otro poco de cerveza.
Harry la miró de arriba abajo. No era como otras chicas que usaban vestidos tan cortos y escotados que no dejaban nada a la imaginación, tacos tan altos que parecían a punto de caerse en cualquier momento o tanto maquillaje que cuando se lo quitaban se volvían otra persona. Volvió su mirada hacia la mesa de billar, con una pequeña sonrisa. Ginny llevaba un vestido negro que se movía con cada una de sus curvas, que para tortura de Harry no eran precisamente pocas. Su mente se llenaba de ideas poco castas de solo ver que el maldito vestido se desabotonaba al frente, haciendo que pensara en lo fácil que sería sacárselo.
Golpeó la bola blanca, haciendo que la formación en triángulo del resto se esparcieran por la mesa.
La llave del hotel seguía quemándole. Se reprendió mentalmente mientras caminaba alrededor de la mesa. Tal vez si Hermione no hubiera sido tan explícita en ese punto, él no estaría pensando en esas cosas….
Volvió a mirarla mientras ella estudiaba la mesa jugueteando distraídamente con su taco. Hermione no había implantado ninguna idea. Desde el día que había dejado de ver a Ginny como a una hermanita hacia tantos años atrás, había fantaseado con algo así muchas veces. Era un pervertido, el primer paso era aceptarlo.
—Honestamente, eso no lo comprendo—Harry se deshizo de otras tres bolas de manera consecutiva. —Eres ex jugadora profesional, soltera, sin hijos, con un cuerpo espectacular. Debería estar lloviéndote propuestas 24 /7 ¿Acaso que debo avergonzarme de mi género?
Ginny soltó una risita, sin dejar pasar por alto el hecho de que Harry la consideraba más que atractiva.
—La verdad recibo unas cuantas, pero lo cierto es que no suelo aceptarlas. Mi última cita fue hace un año.
El tiró de Harry falló, pero a él ni le importo.
—¡¿Un año?!—A Ginny le causó gracia, parecía tan escandalizado como solía estarlo Luna cada vez que lo recordaba. —¿Cómo es posible, eres un bombón?
—Me harte de besar sapos, Potter—dijo con sencillez, inclinándose para medir su tiro.—Mi última relación fue un desastre de proporciones épicas, así que entendí que estaba mejor sola que mal acompañada.
—Te entiendo—asintió Harry con sinceridad, mirándola con otros ojos.—Las relaciones están sobrevaloradas, es genial estar solo.
—Ni me digas, puedo hacer lo que quiera cuando quiera.
—Si, si quiero quedarme en casa, me quedo.
—Si quiero desayunar cerveza lo hago.
—Si quiero tirarme un pedo, me lo tiro.
La pelirroja soltó una carcajada. Era maravilloso hablar con alguien que no quería estar buscándole novio. Si solo pudiera hacer que sus amigas pensaran igual.
—Así que ese es el secreto del gran y sexy Harry Potter, no quiere aguantarse sus gases—le preguntó divertido, pero soltó una maldición cuando falló en su tiro.
Harry rió, parándose muy cerca de ella.
—¿Así qué soy sexy?—alzó una ceja divertido.
—¿Así qué tengo un cuerpo espectacular y soy un bombón?—Alzó su barbilla, haciendo que sus rostros estuvieran muy cerca uno del otro.
—¿Así qué tienes lencería y mucha porno?.
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Hola. Bueno, es muy tarde, me estoy durmiendo pero como prometí, un viernes una actualización. Espero que se hayan divertido leyendo, yo la pase genial escribiendo este capítulo. Ya lo saben, mil gracias por todo su apoyo!
Hasta la próxima, yo me voy a dormir.
Besos grandes.
