Disclaimer: Naruto solo pertenece a Kishimoto.
Capítulo 7: Primer trimestre de embarazo
Barrió Uzumaki en la Aldea Oculta del Humo. 17 de mayo, 8:00 a.m.
Kushina se despertaba una vez más de mal humor, con un apetito de los diez mil demonios, y además tarde. Le fastidiaba tener ese cansancio extremo que últimamente le ha venido asaltando, le valía un pepinillo que el doctor dijera que eso era normal. De por si nunca fue madrugadora, y ahora por culpa del parásito que tiene en su vientre se le dificultaba aún más levantarse temprano, así que solo hizo lo que todas las mañanas:
—¡Sirvientes de mierda, ya me desperté tráiganme mi desayuno, Dattebane! —dijo Kushina con su "cariñosa voz" y asustando de muerte a los pobres miembros del clan encargados de servir a Kushina.
Desde hace cerca de mes y medio Kushina ha tenido cambios de humor extremos (la gran mayoría de los miembros del clan se lo atribuyen como un efecto psicológico de la guerra y sus efectos). También ha presentado antojos de lo más extraños, sin mencionar que no tolera el olor de la carne de res cocida, y casi siempre que se despierta lo primero que hace es ir y vomitar en el retrete.
Kushina bufa al tiempo que entran sus sirvientes y le ponen una gran cantidad de alimentos frescos y cocidos enfrente. Kushina comienza a devorar de todo un poco, le tarda media hora estar completamente satisfecha, al terminar se frota su barriga y dice:
—Perdónenme, snif… snif, son los mejores sirvientes que cualquiera pueda llegar a tener, snif, les prometo que me portare mejor con ustedes… ¡Es más, les doy el día libre! —dijo Kushina entre llorando y con voz alegre.
Los pobres sirvientes no sabían bien cómo reaccionar, pero para bien o para mal ya se habían acostumbrado al comportamiento tan bipolar que presentaba su líder.
En ese momento Kushina nota algo muy importante:
—¡Es el tercer día consecutivo que no vomito ni me dan nauseas! ¡Eso es genial Dattebane!
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Kushina había corrido a sus sirvientes y se estaba cambiando, no había reuniones importantes, pero ella quería pasearse por sus dominios, al fin y al cabo, a pesar de ser el clan más reciente en la aldea eran de los mejores y ya se habían ganado la confianza de varios de los altos mandos de la aldea y habían llamado la atención de Konoha. No por nada casi siempre había un Jōnin o un ANBU, vigilándolos, y si bien revelar su entrenamiento a personas ajenas al clan no era algo que le agradara a ella o a cualquiera de los ancianos del clan la verdad no había mucho que pudieran hacer al respecto… al menos por ahora.
Se estaba colocando su pantalón reglamentario del uniforme shinobi de la aldea cuando de repente noto que no le quedaba bien y le apretaba, bufo molesta y procedió a desvestirse, ese era el último pantalón que le podía quedar, aquel que le quedaba más grande. Quizá a simple vista no se notará, pero ella había engordado un poco, camino hasta un espejo de cuerpo completo que había en su recamara y se puso de perfil acariciando su vientre y notando que está un poco abultado. Se resignó a ponerse un Kimono y pensó que de ahora en adelante tendría que usar una Yukata para dormir en lugar de su clásica pijama de camisa y pantalón de algodón.
Kushina termino de vestirse, pero se quedó pensativa, hasta ahora ella no había pensado a fondo que hacer con su bebe. Desde el principio lo había odiado, poco después le tuvo lastima y hasta ahora ella o siente odio o siente lastima o incluso indiferencia ante la vida que se está formando, creciendo y fortaleciéndose en su interior. De repente se puso triste, ella no quiere ser esa clase de persona, es su bebe y se supone que debería amarlo y estar emocionada, pero por más que lo intenta no puede siquiera tener simpatía por él. Hasta ahora solo le ha causado problemas; invalidándola en su oficio de shinobi justo cuando más se necesita, trayéndole problemas con el consejo de su clan, complicándole su vida diaria y arruinándole sus prospectos para el futuro. Ella tenía muchos planes, sobre todo en ese preciso momento, pero pensar que su bebe le quitara tiempo y la limitara en sus deberes no hacen sino amargarla. Ella no está lista para ser madre, tiene que deshacerse de él, encontrarle un buen hogar, uno donde si lo quieran y le den el amor de una familia que ella no podrá proporcionarle, el problema es que posiblemente nadie del clan quiera hacerse cargo de él, sobre todo si llegan a sospechar quien es el padre.
Suspiro, ya pensaría luego que hacer con él, todavía no perdía la esperanza de que podía llegar a sufrir un aborto espontaneo. Se levantó y se dispuso a pasear un poco por el barrio Uzumaki. Había cambiado mucho desde que llegaron ellos, había construcciones de madera, de adobe y madera, de ladrillos cocidos e incluso de cemento. A pesar de todo todavía no eran bien vistos por la gran mayoría de los habitantes de la aldea, a tal grado que no había comercios fuera del territorio del clan y los niños del clan no asistían a la academia de la aldea (tampoco es que importara realmente mucho, el entrenamiento en esa aldea ninja era realmente deficiente), eran más marginados que los Uchihas en Konoha.
Kushina sale de su casa, relativamente más grande que las demás, pero sin parecer mansión, y comienza a pasear por el territorio con un hermoso kimono de color rojo habanero de mangas cortas con el símbolo del clan Uzumaki como escudo en la parte trasera de la prenda, el obi se encuentra un poco flojo por obvias razones, y tiene unas sandalias ninjas.
Los miembros del clan no la reconocen, y cuando la reconocen simplemente se quedan con la boca abierta y sin saber que decir, ella finge no notarlo y sigue paseando por su territorio. Es increíble lo que se ha logrado en unos pocos meses, está orgullosa de su clan, salieron de lo más bajo y aun estando bajo el yugo de sus "ami-enemigos" y ser detestados por el pueblo que protegen, aun así, son capaces de prosperar. Una gran cantidad de los civiles pertenecientes al clan Uzumaki que escaparon de Uzushiogakure antes de que esta aldea fuera atacada se habían incorporado de nuevo al clan en esta aldea. Un total de 149, aunque nada en comparación con los más 500 miembros (200 de los cuales eran de los mejores shinobis no solo de su aldea, sino de todo el mundo ninja) antes del conflicto. Aún quedaban cerca de 116 miembros desaparecidos, restándole los muertos y sin contar los nacimientos durante el tiempo en que se fueron. De hecho, localizar a todo el clan es una de las prioridades del consejo; ya sea para volverlos a incorporar o eliminarlos en caso de negarse, sin embargo, aún quedaban muchas cosas que hacer con lo poco que tenían del clan como para preocuparse de los miembros desaparecidos.
Sacudió la cabeza disipando esos pensamientos y solo entonces se dio cuenta de que todas las personas a su alrededor se le quedaban viendo fijamente o murmurando, eso sin mencionar que había varios ninjas de la aldea vigilándola y rodeándola. Esta vez no puede fingir que no lo nota ya que esas miradas la incomodan, de repente un shinobi se coloca frente a ella y rápidamente detecta que es de su clan.
—Buenas tardes Kushina —dijo el shinobi pelirrojo con voz acusadora.
—Buenas tardes —responde Kushina entre alegre y nerviosa, dándole un aspecto tímido y alertando aún más a los shinobis y miembros del clan presentes.
—¿Sabe algo? —Dice con voz que destila arrogancia y prepotencia. —Nuestra líder jamás se comportaría como usted lo está haciendo, o se vestiría como usted está —terminó diciendo mientras el shinobi se ponía en posición de combate.
Kushina frunció el ceño, se sintió insultada y de repente su alegría fue reemplazada por enojo.
—¿Y como se supone que estoy vestida? —dijo Kushina apretando los dientes y guardándose uno que otro insulto.
—¡Que como esta vestida¡!Pareces una puta barata! —grito completamente confiado de que la persona que tenía al frente no era Kushina, si no que era una impostora (o un impostor) muy buena copiando la apariencia de las personas, pero pésima copiando el comportamiento de estas.
Kushina reemplazo su enojo por una gran ira, desato una gran cantidad de chakra y de repente aparecieron cadenas blancas que salían del pecho de esta. A estas alturas a todos los presentes les quedo perfectamente claro que la persona frente a ella en realidad si era Kushina Uzumaki y que estaba sumamente enfadada. Había tenido uno de esos repentinos cambios de humor y ahora el pobre shinobi atrapado en las tres cadenas de chakra de su líder tiembla de miedo de lo que le pueda pasar a su integridad física.
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Ya han pasado tres horas que Kushina está en la sala de espera de la clínica del clan, de mal humor, se ha pasado su mañana en esa sala de espera y ahora ya era la hora de comer y le asalto un hambre feroz, y no poder satisfacerla solo aumentaba su mal humor.
—Buenas tardes Kushina-sama, ¿cómo está? —preguntó el shinobi médico que había pasado a ser el médico personal de Kushina, y el único al tanto del embarazo de su líder.
—Hambrienta y de mal humor —respondió Kushina con un tono de voz cansado.
—Eso puede solucionarse, si gusta ya puede retirarse, al parecer todo va de maravilla con el feto. Haber estado en esa pelea no lo afecto en nada —respondió el medico alegre ante la indiferencia de la futura madre.
—No lo entiendo, ¿Por qué pensaron que yo era una impostora, Dattebane? —preguntó Kushina al aire, pero aun así el médico le respondió.
—Es de hecho bastante simple, llevaba puesto un kimono y según algunos testigos estaba actuando de manera tímida y calmada —el médico dio una pausa y se preparó para lo que iba a decir —básicamente lo contrario a como usted se ha comportado durante toda su vida.
—¡Eso que quiere decir! —gritó Kushina asustando al shinobi médico y poniéndolo sumamente nervioso.
—Bueno, tan solo mírese, solo en contadas ocasiones se pone un kimono. Nunca ha sido muy femenina, y su comportamiento siempre es escandaloso y con una personalidad fuerte. Me atrevería a decir que usted nunca ha sido tímida ni ha mostrado timidez nunca —terminó su explicación el medico todavía bastante nervioso.
Kushina se queda pensativa y reflexiona, es cierto, incluso en eventos formales su padre la tuvo que, literalmente, obligar a usar kimonos para verse presentable. Nunca le gusto usarlos. Y tal vez las personas solo confundieron su comportamiento amable con timidez. Aun así, solo se comportaba de esa manera con su familia, jamás había mostrado esa faceta suya en público, en definitiva, su embarazo le estaba comenzando a afectar más de lo que ella pensaba. De repente Kushina pensó en otra cosa y pregunto:
—¿El shinobi que golpee está bien? ¿Verdad?
El médico dudo en responder, pero al final supo que Kushina lo obligaría a responder así que suspiro y procedió a decir:
—Le torciste un tobillo, le rompiste una pierna y dos costillas, y le dislocaste un hombro y sus dos muñecas.
Kushina de repente sufrió un ataque de ansiedad causado por la culpabilidad de sus actos. Ese pobre shinobi solo estaba haciendo su trabajo y ella le golpeo sin siquiera darle la oportunidad de explicarse y mandándolo al hospital.
—Cree que pueda disculparme con él —pidió Kushina con voz que reflejaba arrepentimiento.
—No sé si sea buena idea —dudo el médico.
Los ojos de Kushina se cristalizaron y el médico supo que si quería evitar una escena y agitación en la futura madre no le quedaba más opción que acceder a su capricho.
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En el hospital un shinobi se encontraba meditando su situación, había oído acerca de los cambios de humor y comportamiento de su líder, pero… ¡por el amor de kami! Nunca, ni en sus más locos sueños, se hubiera imaginado a Kushina comportándose como lo hizo y utilizando un kimono por propia voluntad, solo por gusto. En definitiva, necesitaba un psicólogo… aunque… no, no era posible. En cuanto reconoció su error de haber insultado a su líder supo que debía hacer algo; ya sea correr como alma que lleva el diablo o humillarse y suplicar misericordia, pero no le dio tiempo ni de pensar cuando su líder comenzó a darle la tunda de su vida, e intentar defenderse solo la hizo enfurecer. De no ser por la intervención de sus compañeros de equipo y esos valientes o locos ninjas del humo, entonces no sabría qué tan severo hubiera sido el daño.
Se encontraba meditando acerca de eso cuando de repente la puerta de papel se abrió y entonces vio a la persona que ocupaba sus pensamientos, su primer pensamiento fue "ha venido a terminar el trabajo", un pánico lo inundo y tuvo la necesidad de salir corriendo a pesar del dolor y las molestias de sus heridas.
Cuando Kushina entro lo primero que vio fue que el shinobi. Al parecer estaba meditando, en cuanto noto su presencia se puso pálido, como si hubiera visto al más aterrador espectro, acto seguido comenzó a moverse y susurrar cosas incomprensibles. Kushina comprendió la situación y procedió a hablar para tranquilizarlo:
—Tranquilízate, solo vine para disculparme por mi comportamiento… tu solo estabas haciendo tu trabajo y yo… ¡lo lamento tanto!
El shinobi se encontraba completamente desconcertado por la actitud de su líder, y es que verla disculpándose y al borde de las lágrimas era una escena que se le antojaba imposible. Kushina nunca se había disculpado por voluntad propia con alguien, aunque algunas ocasiones de verdad lo ameritaba, y cuando lo hacía, parecía hacerlo de mala gana, con una actitud altanera y más por obligación o etiqueta que por verdadero arrepentimiento.
—No-o s-se preocupe Kushina-sama, estoy bien, el médico dice que estaré en circulación para la próxima semana.
—Enserio, eso es genial Dattebane. En ese caso me retiro, ¡que tengas un buen día! —dijo Kushina dejando atrás su tristeza y reemplazándola por una gran felicidad de un momento a otro.
El shinobi lo único que pudo hacer es confirmar de primera mano que lo que decían los sirvientes acerca de los cambios de humor y de temperamento de su líder eran ciertos, al tiempo que sentía una gran lastima por los mismos por tener que soportar a Kushina. Desde hace mes y medio que se empezaron a dar esos cambios tan bipolares, solo rezaba para que no durara mucho tiempo más.
