Disclaimer: Naruto solo pertenece a Kishimoto. Este fic contiene situaciones fuertes, personas sensibles favor de abstenerse a leer. Originalmente este capítulo iba a estar dividido en dos capítulos y no ser uno, espero que eso compense la tardanza.
Capítulo 11: …es condena"
Castillo Kemuri. 4 de Abril, 10:17 a.m.
Kushina se preparaba para irse de ese castillo del demonio, ella sabía que en muchas ocasiones las kunoichis debían de realizar misiones en las cuales debían de usar sus cuerpos y encantos de mujer para realizar una misión, o completarla con éxito, pero ni en sus más horribles pesadillas se imaginó que ella terminaría siendo de ese tipo de kunoichis. Para empezar, ese tipo de artes ninjas podían o no utilizarse dependiendo del clan, sus técnicas, la especialidad de la kunoichi y el rango de la kunoichi dentro del clan.
El clan Uzumaki había sido un clan de guerreros desde hace generaciones, tanto hombres como mujeres se valían de su astucia, sus armas y su fuerza para lograr sus objetivos. Dentro de su clan ser ese tipo de kunoichi era una deshonra, las kunoichis de su clan solo aceptaban ese tipo de misiones si no quedaba otro recurso. Además, en su antigua posición de heredera y actual cabeza del clan realizar ese tipo de misiones para ella rayaba en lo inconcebible; solo se tiene registro de 3 mujeres (dos herederas y una líder) de tal rango que habían realizado ese tipo de misiones, solo una llego a acostarse con varios hombres, y nunca tanto tiempo como ella.
Kushina solo soltó unas cuantas lágrimas al recordar lo que vivió dentro de ese castillo y en sus alrededores, con la familia del Feudal distrital. Y es que en casi todos los 73 días que estuvo en esa misión fue violada, no solo por el Feudal distrital, sino también por el padre de este y sus dos hijos.
Flashback
Era su primera semana en ese castillo, Kushina solo se encontraba tumbada boca arriba mientras desviaba su mirada del pesado cuerpo que estaba sobre ella, intentaba pensar en cualquier cosa que no fuera lo que estaba viviendo en ese momento. Se recordaba una y otra vez porque soportaba que un obeso asqueroso la estuviera penetrando. De repente ceso el movimiento del sujeto y se acostó al lado de ella completamente exhausto, Kushina tapo su cuerpo desnudo y lucho contra la tentación de rebanarle el cuello a tan asqueroso personaje.
—¡Qué bien estuviste Kushina! ¡Eres deliciosa! —dijo Sagawara poco antes de quedarse dormido.
Kushina solo se levantó ignorando olímpicamente al sujeto, ella nunca hacia nada, solo se quedaba quieta y esperaba que terminara de hacer lo que quisiera con su cuerpo. Después de asegurarse que él estuviera dormido, que no hubiera rastros de intrusos en la zona y que el resto de los shinobis y guardias se mantuvieran alertas corría a encerrase en el lujoso baño adjunto a la habitación del Feudal distrital, una vez dentro se ponía a llorar y se bañaba. Durante toda la primera semana esa fue la rutina, ella tenía que escoltar siempre al Feudal distrital, tenía que aguantar sus toqueteos, protegerlo de cualquiera que se sospechara tuviera intenciones de agredirlo, y por las noches, soportar como saciaba sus apetitos sexuales con ella. Solo la desnudaba, tocaba bruscamente varias partes de su cuerpo y la penetraba, violándola sin que ella pudiera hacer nada para evitarlo, al menos nada que en un futuro no tuviera desastrosas consecuencias. Cuando terminaba él siempre se dormía, y ella se levantaba a bañarse y llorar, quedándose dormida con la esperanza de que esta misión terminara lo más pronto posible.
Fin del flashback
Kushina estaba escribiendo un bosquejo de su reporte y recordando esos eventos que se extendieron hasta la cuarta semana de su misión. Le dolía reconocer que cada vez se le hizo más fácil soportar las noches con Sagawara, de ignorar las burlas y humillaciones constantes, tanto de shinobis como de otras kunoichis. Estuvo rezando para que atraparan rápido a ese grupo armado. Kushina dio un suspiro antes de recordar que lo que sucedió después, a mediados de la cuarta semana de su misión.
Flashback
Sagawara se estaba comenzando a aburrir de la kuniochi, si bien la primera semana fue una delicia, pronto le comenzó a aburrir, al grado de que solo la tenía como su puta personal únicamente por que también era buena guerrera y sabía que lo protegería. Pero le habían llegado informes de la Aldea Oculta entre las Hojas de que el grupo estaba siendo cercado y que los espías que podían llegar a él estaban muertos, capturados o habían sido descubiertos, teniéndose que dar a la fuga. Se le sugería no abandonar el castillo y los puntos de seguridad sin escolta personal, pero por lo que entendía dentro de estos no había ya ninguna amenaza. Sagawara tenía la mala costumbre de tener prostitutas escondidas dentro de su castillo, o de abusar de las sirvientas más jóvenes y bonitas. Para él probar la misma mujer durante más de tres semanas y sin ningún beneficio o compromiso de por medio era una pérdida de tiempo. Cuando le informo a Kushina que de momento ya no necesitaba de su compañía dentro de la habitación por las noches casi llora de felicidad, aunque lo disimulo bastante bien. Sin embargo, antes de que Sagawara se metiera en su habitación con su hermosa acompañante le pidió que le fuera a dejar este medicamento a su padre y lo cuidara durante la noche, que no abandonara a su padre a menos que su vida (la de Sagawara) corriera peligro. A Kushina esta petición le dio mala espina, pero sin poder negarse acepto entregarle a su padre una pequeña bolsa perfumada de seda que al parecer tenía pastillas dentro.
Cuando Kushina toco la habitación para que le abrieran la puerta se sorprendió y asusto mucho al ver al hombre de 70 años vestido solo con una bata de baño de color rojo que le llegaba solo hasta las rodillas. Kushina entro y le entrego el medicamento al anciano.
—Kushina-san, por favor pase y póngase cómoda —dijo el viejo con una amplia sonrisa —¿no gusta darse un baño? —preguntó el anciano.
A Kushina de repente le llego el recuerdo de la conversación que sostuvo Sagawara y su padre cuando ella llego a este castillo. Ahora si completamente temerosa se tensó, sin embargo, no se notaron estas reacciones, manteniendo su comportamiento neutral ante el anciano.
—No, gracias señor, pero no puedo permitirme tantas distracciones en mi misión, mis baños desde que llegue al castillo constan de tres minutos y con media cubeta de agua cada tres días —dijo Kushina con voz seria y mintiendo, pues cada vez que se bañó ocupaba más tiempo y agua.
—Insisto Kushina-san —dijo el anciano endureciendo la voz, dando a entender que era una orden —y por favor no me diga señor, llámeme Kodou.
Kushina no tuvo más opción que desvestirse y darse un baño rápido, vio cerca de la bañera, en un toallero, una bata para mujer de algodón de color rojo. Estaba por terminar de llenarse la bañera cuando la puerta se abrió, apareciendo el hombre desnudo. Kushina ya se había terminado de desvestir, y le sorprendió la intrusión, se percató de inmediato de la mirada lasciva que ese asqueroso anciano tenía en la cara y contuvo las lágrimas.
—Señor, por favor, apenas han pasado cinco minutos, ni siquiera he comenzado el baño —dijo Kushina fingiendo indignación y rezando para que el viejo se fuera.
Este solo cerró la puerta del baño y se acercó a ella, con una mirada lasciva y una sonrisa muy amplia en su cara.
—Yo tampoco me he bañado, y decidí aprovechar, además… —dijo el anciano acercándose a ella y agarrándola del pelo rudamente —¡te he dicho que me llames Kodou! ¡Ese el nombre que vas a gemir esta noche zorra! —dijo al tiempo que comenzaba a besar el cuello de Kushina mientras esta comenzaba derramar algunas lágrimas.
—P-Por favor —dijo Kushina en voz baja y entrecortadamente —piense en su salud —dijo como un último esfuerzo en apelar a su razón.
—Lo hago, ¿para qué crees que fueron las pastillas? —dijo antes de abalanzarse sobre la kunoichi.
Kodou le dio instrucciones de meterse en la bañera mientras se acomodaba encima de ella. Kushina solo hizo lo mismo que con Sagawara, se quedó quieta y se perdió en un torrente de pensamientos y recuerdos en lo que él terminaba con ella.
Al terminar Kodou le dio instrucciones a Kushina de dormirse con él. Kushina no durmió nada en toda la noche. Pero lo peor estaba por ocurrir en la mañana, al día siguiente Kadou se despertó y le exigió a Kushina que se colocara sobre él y le diera un apasionado beso. Kushina jamás había besado a nadie de esa manera, y solo Sagawara la había besado así, pero ella no supo qué hacer cuando ocurría eso. Kushina hizo su mejor esfuerzo y movió su lengua dentro de la cavidad bucal del anciano al tiempo que se aguantaba las arcadas. Kodou le manoseaba los muslos y la cadera, Kushina se separó de él, pero en vez de que el viejo permitiera que se levantara, le hizo besarle el cuello. Kushina cerró los ojos mientras le daba besos de piquito en el cuello, la mano de Kodou agarro su cabeza mientras le obligaba a besarle el pecho, Kushina se llenó de horror al ver que le exigía que le besara más abajo cada vez, Kushina soltó un par de lágrimas cuando comprendió que el anciano quería que ella metiera su pene en su boca. En un principio Kushina se negó, pero bajo amenazas no tuvo más opción que hacerle sexo oral al anciano. Kushina mantenía los ojos cerrados fuertemente mientras lamia y masajeaba con sus labios y lengua el pene del anciano, el cual la mantenía agarrada de los cabellos. El anciano gemía y lanzaba entre gemidos palabras que le eran incompresibles a ella. La pesadilla termino cuando Kushina sintió como en su boca algo viscoso y de sabor alcalino se deslizaba hacia su garganta.
Kodou solo se dejó caer en el colchón, Kushina se levantó y se dirigió al baño, sentía como algo viscoso que no era saliva se deslizaba por un costado de su boca. Llego al inodoro y vomito todo lo que traía dentro, mientras volvía a llorar en silencio.
Fin del flashback
Kushina soltó unas lágrimas al recordar que esos eventos se repitieron a lo largo de esa y la siguiente semana de su misión. Desarrollo un intenso odio hacia los hombres en general, y se juró a si misma que nunca dejaría que su hijo se convirtiera en esa clase de persona, llegaría a ser más respetuoso de las mujeres de lo que fue su padre biológico o de lo que fueron esos hombres, llegaría a ser incluso mejor que…él. Kushina recordó que, en comparación, uno de los hijos de Sagawara había sido amable, que en otras circunstancias hubieran sido muy buenos amigos, e incluso tal vez algo más. A lo largo de su vida Kushina no había tenido más de un par de novios, entre las presiones y responsabilidades para ella como futura líder del clan en su momento y su comportamiento tan voluble, sin mencionar el hecho de que cuando se ponía de mal humor era fatal para cualquiera que se le acercara, le sorprendía haber tenido dos novios… bueno, uno de ellos fue obligado a salir con ella, pero eso fue otro asunto. Kushina hasta ahora había redactado un informe de no más de tres párrafos, no iba a describir a detalle como la ultrajaron y humillaron, pero lo que pasó alrededor de la sexta semana de su misión sí que fue relevante. Kushina puso una sonrisa triste al recordar lo que paso las siguientes tres semanas después del ataque al convoy que se dirigía al castillo.
Flashback
Kushina ya no sentía tanto asco al hacerle sexo oral a Kodou, pero aun así no dejaba de lastimarla. Para su buena suerte el padre del Feudal sufrió un infarto, al parecer como un efecto secundario de las pastillas que tomaba para tener erecciones. El ninja medico en turno y los médicos del castillo lograron salvarle la vida, pero al parecer necesitaría una operación en el corazón para que ya no corriera riesgos. Kushina sonrió contenta a espaldas del Feudal y de su padre. Al parecer Kodou no siguió las instrucciones de las pastillas ni leyó los riesgos de estas cuando le fueron entregadas.
Kushina se encontraba feliz, ya no llamaba la atención de Sagawara y con su padre al borde de la muerte no habría nadie que la obligara a tener sexo, y si alguien más lo intentaba le rompería los huesos y arrancaría los testículos. O al menos eso creyó ella.
Cuatro horas después de que se fuera Kodou ella comenzó a escuchar estruendos en la lejanía, lo que la puso en alerta. Se colocó en guardia y sin perder de vista al señor Feudal en ningún momento, pidió información a los demás ninjas y guardias del castillo. Pronto descubrió que un carruaje que venía en dirección a este lugar estaba siendo atacado, y no tardo en enterarse de que eran los hijos del Feudal distrital. Este intento agarrar un caballo e ir con los guardias y ninjas del castillo como refuerzos para rescatarlos. A pesar de los intentos de convencerlo de que no fuera, él se mostró inflexible, pero al menos entro en razón y decidió ir en el centro de la comitiva en lugar de estar en la cabeza de esta.
Kushina de verdad quería darle una paliza a un sujeto tan detestable como era Sagawara, pero por primera vez desde que lo conoció, encontró una cualidad capaz de ser admirada; se preocupaba profundamente por su familia, por sus hijos.
En cuanto llego noto de inmediato que no era un carruaje, eran dos, el Feudal distrital fue en dirección del que estaba más cerca. Del interior del carruaje salió un adolescente de entre 17 y 19 años de edad, tenía un cabello negro rebelde y ojos de color negro, piel de tez clara, de complexión delgada, vistiendo únicamente unos pantalones negros y unas sandalias, el torso desnudo demostraba que no era muy musculoso ni gordo.
El adolescente tenía sangre encima de él, pero ninguna herida visible, se le veía muy excitado por la adrenalina y en total estado de alerta, antes de que siquiera intercambiaran palabra Kushina arrastro al Feudal distrital y a su hijo con un par de cadenas de chakra 20 metros lejos del carruaje. Tres segundos después este exploto, Kushina se interpuso entre ambos interceptando con un kunai los restos de madera y vidrio que fueron impulsados por la explosión.
Ambos intercambiaron palabras entre sí, pero Kushina solo alcanzo a escuchar el nombre del joven, Kaoru, y que se quejaba de ella por ser tan brusca, al parecer ambos se dirigieron al otro carruaje.
—¡Hiroto! —gritó el Feudal, por respuesta salió un joven de unos 24 o 25 años de edad, este se encontraba vestido con un kimono masculino de color negro con el obi de color café oscuro, no traía sandalias, su cabello era lacio hasta llegar al cuello, de color café, ojos color negro, de complexión media, al parecer con un físico atlético y una piel blanca ligeramente bronceada. No tardó mucho en salir del carruaje, atrás de ella salía su esposa, la señora Megumi Iwamoto.
Una hermosa mujer de cabello rubio y ojos negros unos dos o tres años más joven que su esposo, piel lechosa, completamente aterrada y con un vientre ligeramente abultado, llevaba puesto un kimono de fondo amarillo con impresiones de flores rojas, la manga derecha de este estaba descocida o desprendida, los zori, sandalias de cuero y algodón, completamente rotos. La pareja tenía una ligera capa de ceniza sobre su ropa y las partes descubiertas de su piel.
Kushina defendió a las 4 personas en lo que llegaban los caballos, el joven Hiroto subió con maestría y agilidad arriba de su caballo, Kushina subió a Megumi, con 6 meses de embarazo, arriba de un caballo al tiempo que desviaba un proyectil. Otros dos shinobis ayudaron a Sagawara y a Kaoru a subir a sus respectivos caballos.
Los cuatro se retiraron con cerca de dos terceras partes de las fuerzas quedándose atrás a pelear y el resto escoltando a la familia del Feudal. A Kushina le hubiera gustado quedarse a pelear, pero su misión era mantener vivo al señor Feudal y complacerlo.
Fin del flashback
Kushina redacto la batalla, desde su punto de vista, con todo lujo de detalles, así como su escasa participación en ella. Intuía que Yuu le regañaría por permitirle al Feudal exponerse a tal peligro, pero detenerlo no lo hubiera complacido en absoluto. Siguió redactando el informe al tiempo que recordaba que el resto de la misión no se presentó más incidentes, al menos no más incidentes con el grupo armado que quería asesinar al Feudal, ni más batallas.
Flashback
Kushina se encontraba hastiada, al parecer el Feudal y su hijo menor se emocionaron de haber estado en medio de la batalla, sin tener en cuenta que pudieron haber muerto, y ahora presumían el cómo estuvieron ahí, como actuaron e inventando acciones que no realizaron. Kushina escolto al señor feudal durante toda la noche, pero a las diez Hiroto le pidió de favor que acompañara a su esposa a los aposentos, y el Feudal le dijo que estaría muy complacido si atendía las peticiones de su hijo, al parecer para el día siguiente Kaoru debería partir a su verdadero destino mientras Sagawara y Hiroto platicarían acerca de un asunto que afectaba el futuro de ambos. Kushina acompaño a Megumi hasta que esta se quedó dormida, momento en el cual se retiró de su cuarto, cuando llego a ver al señor Feudal este le dijo que por hoy sus servicios ya no eran necesarios y la corrió a su cuarto. Kushina estaba aliviada, pues había permanecido desde la cinco de la mañana hasta las dos de la madrugada despierta, pero justo antes de llegar a su habitación es interceptada por Hiroto, la cual la arrincona contra la pared, Kushina se suelta de su agarré y nota que este está sumamente borracho y, a su parecer, deprimido. La sostiene de la muñeca al tiempo que le dice:
—No te resistas.
Kushina simplemente deja de luchar e intuye que es lo que le va a pasar. Hiroto besa su cuello al tiempo que se quita su obi. Hiroto arrastra a Kushina a una repisa de mármol cercana de 1 metro de altura, tira el jarrón colocado sobre la repisa junto con todas las flores y sienta a Kushina sobre esta. Kushina desvía el rostro mientras Hiroto le quita las botas y los pantalones, Hiroto se alza su kimono hasta su cintura, le quita a Kushina sus bragas y procede a penetrarla de una manera delicada. Al principio se queda quieto, agarrando el rostro de Kushina y besándola de una manera salvaje, procede a agarrar las caderas de la kunoichi y a empezar a embestirla, lento al principio, pero con más fuerza y velocidad a medida que pasa el tiempo. Kushina vuelve a desviar el rostro y se aparta lo más que puede de Hiroto, sintiendo como sus nalgas golpean el mármol con cada embestida que recibe, oyendo como gime cada vez más fuerte hasta que termina dentro de ella 20 minutos después de iniciar, momento en el cual se acomoda su kimono y se va de ese lugar, dejándola sola y semidesnuda. Kushina se retira a su habitación esperando dormir, aunque sea una hora antes de que tenga que volver a trabajar.
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A la mañana siguiente Kushina se sorprende cuando se le acerca Hiroto y se disculpa por lo que pasó la noche anterior, que si bien no recuerda los detalles recuerda lo suficiente como para saber que se sobrepasó con ella.
—No te preocupes Hiroto-sama, tanto tu padre como tu abuelo han hecho exactamente lo mismo conmigo todas las noches desde hace ya 5 semanas y media —dice Kushina con un ligero toque de ira en su voz.
—Ruego que me disculpes, a mí y a mi familia —dijo Hiroto con voz amable y con un ligero toque de arrepentimiento —si hubiera alguna forma de compensarlo…
Antes de que terminara de hablar es interrumpido por Kushina:
—¡Sí, que me dejaran de coger todas las noches como si fuera una prostituta barata! —dijo elevando la voz, que ahora claramente destilaba odio.
—No creo poder cumplir con eso Kushina-san —dijo Hiroto con una voz que parecía reflejar pena ajena —mi padre al parecer quiere acostarse con usted nuevamente.
Kushina solo se encorva un poco y deja que su pelo cubra su cara.
—Tu padre quiere violarme otra vez —dijo con un hilo de voz —no puedes hablar con él —dijo esperanzada de no tener que volver a sentir esa bola de grasa sobre su persona.
—Entiendo que no pueda negarse, pero incluso aunque se lo pida no me hará caso, la única vez que él no ha violado a alguna mujer que le gusta es, o cuando es demasiado poderosa, tiene demasiadas influencias o… —dijo Hiroto dejando la oración sin terminar.
—O… —lo animo a seguir una Kushina esperanzada.
—O cuando encuentra que la estamos usando nosotros —dijo Hiroto desviando la mirada.
Kushina solo se quedó callada sin decir nada.
—Por ejemplo, el no violo a mi primer amor, una sirvienta de hace ya 11 años porque yo me enamoré de ella, con ella perdí mi virginidad —dijo Hiroto poniéndose rojo —durante un año, hasta que la trasladaron. Ella se dormía conmigo todas las noches, no lo hacíamos todas las noches excepto cuando mi padre y yo compartíamos techo, no se atrevía a interrumpirme, y eso que le tenía muchas ganas.
—O cuando mi hermano esta con una mujer, mi padre no se la quita sino hasta que la abandona —dijo volviendo a recuperar su tono serio.
Kushina sigue sin decir nada.
—Siento no poderla ayudar —dijo dando media vuelta dispuesto a irse —no volveré a tocarla sin su consentimiento Kushina-san.
—¡Espera! —dice Kushina con una voz un tanto quebrada y que refleja desesperación.
—¿Tu padre revisa todas las noches que tu uses a tus mujeres? —pregunta ella con un tono serio.
—No sé cómo sea ahora, como entenderá no hablamos mucho de ese tipo de temas, al menos no yo, pero hace 11 años revisaba todas las noches que yo estuviera "usando" a mi sirvienta, incluso se quedaba hasta que iniciábamos con lo nuestro y se iba después de unos minutos, nunca la dejaba salir de noche. Además, si salía yo la acompañaba, a veces mi padre dejaba un criado que vigilara cuando se "desocupara" mi amor —dijo haciendo memoria y agarrándose la barbilla —tampoco permití nunca que se la llevara a ningún viaje.
—Úsame —susurra Kushina.
—¿Qué? —pregunta sorprendido Hiroto.
—No quiero tener que volver a acostarme con tu padre, si la alternativa es acostarme contigo, la tomare —dijo Kushina con voz decidida.
—Pero… —intento rebatir Hiroto.
—Tu padre me viola dos o tres veces por noche, es asqueroso, suda mucho, huele muy mal —dijo Kushina con el asco y odio reflejado en su voz —prefiero acostarme una vez por noche contigo, al menos tu eres razonable. En el mejor de los casos solo tendré que dormir desnuda o semidesnuda a tu lado, en el peor dejare que tu hagas con mi cuerpo lo que quieras una vez por noche, y una vez tu padre se vaya me dejaras en paz.
—Yo no… —Hiroto intentó decir algo a Kushina, pero nuevamente fue interrumpido.
—En lo que tu padre se recupera después de violarme me toca, besuquea y lame mi cuerpo, y después vuelve a violarme —dijo con un tono de voz que reflejaba desesperación —no me deja dormir bien, no había dormido tan mal tanto tiempo desde que Konoha cerco mi aldea en la guerra. Tu abuelo era adicto al sexo oral y temo que tu padre quiera comprobar si soy tan deliciosa como él decía. Vomitaba cada vez que terminaba con tu abuelo, a veces era inmediato, a veces dejaba pasar 5 minutos, aguantándome las arcadas. ¡Por favor! No dejes que me vuelva a tocar —dijo, omitiendo lo humillada que se siente con esta situación.
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Kushina se convirtió de ese modo en "la puta personal de Hiroto", durante las siguientes dos semanas Sagawara siempre buscaba a Kushina por las noches, y siempre la encontraba en los brazos de su retoño de 25 años. En una ocasión se esperó más de 20 minutos antes de resignarse, escuchando a su hijo mayor gimiendo, y Sagawara no podía culparlo. Esa kunoichi era especialmente hermosa, no era tan delicada ni quejumbrosa como una dama de alta sociedad, pero tampoco tenía la piel tan áspera como otras kunoichis con las que se había acostado, esas incluso con un buen baño y perfumadas su cabello era horrible, su piel con manchas y cicatrices espantosas, demasiado musculosas. Kushina era una kunoichi casi perfecta para cogerla, las curvas idóneas y en su lugar, hermoso rostro, cicatrices que la hacían lucir sexi, piel ni suave ni áspera, hermoso y sedoso cabello, pechos turgentes, muslos y glúteos firmes, abdomen plano, casi no se notaban los músculos, y podía ser tan rudo como quisiera todas las noches sin lastimarla. Ni las prostitutas ni las dos esposas que había tenido soportaban la clase de embestidas que a él más le gustaban, las masoquistas le daban miedo, e incluso la mejor prostituta que conseguía solo le aguanto el ritmo cuatro días. Su único problema era que no se movía y no respondía ni a las caricias ni a los besos, si él le pudiera enseñar eso a ella la contrataría una semana una vez al mes por lo que le restaba de vida. Pero no tendrá tiempo para "educarla" ni enseñarle a complacerlo. El Hokage planea integrar al clan Uzumaki como un clan de rango medio en Konoha, pronto esa kunoichi tendrá tanto poder que no podrá someterla sin sufrir algunas desagradables consecuencias, y no podrá obligarla a acostarse con él como en estos momentos. Suspiro, mejor descansaba, su hijo se ira en una semana, ya tendría tiempo para volver a probar a la kunoichi.
Por otro lado, Kushina, Hiroto y Megumi tenían pensamientos muy diferentes. Para Kushina, esas dos semanas que habían pasado fueron un buen descanso, tal y como acordaron Kushina le decía a Hiroto cuando se acercaba su padre para que este comenzara a actuar, durante la primera semana Kushina interrumpía bruscamente el coito, y se iba a dormir en el suelo o al otro lado de la cama en cuanto detectaba que se iba Sagawara. Con el paso de la segunda semana dejaba que Hiroto terminara con ella antes de alejarse de él, finalmente podía dormir bien, además de que se había dado cuenta que Hiroto no le causaba tanto asco y repulsión como su padre o su abuelo. Sin mencionar que él era tierno, no daba embestidas tan fuertes e intentaba que ella no la pasara tan mal, teniendo en cuenta que su otra experiencia de ese tipo fue con el bruto de Minato. Hiroto era su primera experiencia sexual no traumante. Hiroto por otro lado no podía culpar a su padre por abusar de Kushina, aun cuando lo desaprobaba, la primera vez que estuvo con Kushina estaba borracho, así que para él fue una sorpresa verla desnuda. Le intentaba dar caricias tiernas y algunos besos suaves antes de penetrarla, tenía sexo con ella de la forma más cariñosa posible para que no la pasara tan mal, la comprendía cuando se separaba bruscamente de él, le impresiono que lo dejara terminar la segunda semana. Le encantaba su trato, el cual consistía que él tenía sexo con ella para que desahogara sus preocupaciones y su stress, a cambio, Hiroto dejaba descansar a Kushina la mayor parte de la noche y se alejaba de ella cuando lo pedía. Hiroto no podía desahogar su stress con su esposa en ese momento y le daba asco hacerlo con una prostituta. A lo largo de la segunda semana Hiroto de repente le entro la necesidad de saber más cosas acerca de Kushina. A Megumi por otro lado le daba igual ese trato, le sorprendía que su esposo le expusiera el trato y las circunstancias que lo rodeaban y pidiera su aprobación, a ella le daba igual, tres años atrás ella estaba enamorada de otro hombre, y que la obligaran a casarse la amargo profundamente. A pesar de lo considerado que era su esposo, para ella solo era el hombre al que debía de tratar bien, serle fiel y darle hijos, no le debía ni amor ni cariño, y si él se revolcaba con alguien más a ella le daba igual, siempre y cuando nadie de la alta sociedad se enterara. En la primera semana a ella le quito un peso de encima que se acostaran juntos, pues las discusiones desaparecieron y su marido se veía más relajado, durante la segunda semana incluso se veía feliz, más enérgico, mucho más atento y amable con ella, al menos hasta que empezó a hablar demasiado de Kushina. Su esposo siempre le había dicho que le había sido fiel todo su matrimonio, más ella nunca le creyó, jamás le importo a ella tener su cariño. Sin embargo, ella noto que tal vez lo estaba perdiendo, y quizá fuera el embarazo, pero esa idea la aterro. Por alguna razón comenzó a temer que esa tal Kushina se robara el cariño que ella tenía, aunque desconocía el por qué.
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A lo largo de la octava semana de su misión se sintió rara, ya no le parecía tan asqueroso que Hiroto la tocara, ya no le parecía tan temible que llegara la noche. Durante los primeros cinco días de esa semana ocurrió algo raro, Hiroto se quedaba despierto y le preguntaba acerca de su persona, sus gustos, sus experiencias, sus opiniones, y al tercer día comenzó a responder sus preguntas y comentarios, comenzó a platicar con Hiroto. Se seguía desconectando cuando tenían sexo, pero en cuanto Hiroto iniciaba una plática ella inmediatamente le contestaba, durante los siguientes dos días platicaron después de tener sexo. La primera noche platicaron acerca de cosas sin importancia, sus nombres y algunas curiosidades de su vida, durante la segunda noche platicaron cosas más personales, sentimientos, emociones, experiencias, durante la tercera noche siguieron platicando lo de la noche anterior, algunas cosas personales intimas y algunos problemas. Kushina se vio sumamente perturbada cuando se enteró que Hiroto y su esposa se irían en 5 días, no solo porque ya no habría quien la protegiera de Sagawara, sino además, porque ella sentía que algo estaba "naciendo" en esa habitación, y ella quería saber qué es lo que estaba naciendo. No quería que eso muriera antes de que se definiera, pero parecía ser que no había otra opción. Por otro lado, Kushina comenzó a detectar miradas frías, de odio y desprecio que provenían de Megumi, y también muestras de afecto entre esta y Hiroto, que al parecer también lo habían tomado por sorpresa a él, sobre todo porque se empeñaba en demostrarlas cuando ella estaba presente, como si quisiera dejarle en claro a ella que no era la esposa.
La penúltima noche antes de que se fuera de ese castillo Hiroto le propuso algo a Kushina, le propuso enseñarle como tener sexo y disfrutarlo. A diferencia de todas las demás noches después de que ambos tuvieran sexo, Hiroto le enseño a Kushina como besar, como acariciar a un hombre, como reaccionar a las caricias que le daban, durante toda la noche Kushina se puso muy nerviosa, y debido a sus anteriores experiencias incluso le costó trabajo dejarse hacer o relajarse. Kushina echó mano de su escasa experiencia durante sus noviazgos para poder comprender y asimilar lo que Hiroto le estaba enseñando.
Kushina sabía que muy pronto Hiroto se iría, si bien nunca quiso tener sexo con él, y que de hecho la violo en la primera noche, la verdad ahora que lo piensa eso fue mucho mejor que nuevamente ser violada por Sagawara. Reflexionando, Kushina nunca ha tenido sexo de manera consensual, por definición todas las noches que paso con Hiroto fue porque la alternativa era su padre, pero de alguna manera Hiroto también la ha estado violando, de una manera mucho menos agresiva e invasiva, pero violación, a fin de cuentas. De no haber sido por Minato, Sagawara y Kodou probablemente ella pensaría que Hiroto es un hombre horrible, aprovechándose de las circunstancias que se le aparecieron para satisfacer sus propias necesidades, o quizá un buen hombre que creció entre pésimas personas y un mal ambiente social. Como fuere él la ayudo de la mejor forma posible y por esa razón le esta agradecida. Ella busco múltiples salidas para su situación, pero nunca fue muy bueno usando genjutsus de manera precisa, no es que no pudiera sumergir a estas personas en uno, si no que los demás shinobis lo detectarían bastante fácil y lo destruirían, estaba segura que eso no complacería al Feudal y no quiso arriesgarse. También estaba la alternativa de haber fingido tener sexo con Hiroto en vez de tenerlo realmente, pero existía una fuerte posibilidad de que la descubrieran, además Hiroto no acepto engañar a su padre de esa manera, lo que reforzaba su teoría de que era oportunista, o que le tenía un profundo respeto y miedo a su padre. De cualquier manera, no lo conocía lo suficiente como para asegurar nada. Kushina salió de la habitación que había estado compartiendo con Hiroto y se dirigía a escoltar al señor Feudal afuera de su puerta, de todos modos, hasta que no le informaran que habían destruido al grupo que quería muerto al Feudal distrital no se podía ir.
—Disculpe, Kushina-san —dijo una voz a su izquierda, ella ya sabía que era Megumi, la había detectado, pero no espero que le hablara.
—Si, Megumi-sama —respondió Kushina con respeto.
—¡Aléjese de mi esposo! —dijo la rubia con gran ira.
Kushina estaba realmente impactada, según le había contado Hiroto, a su esposa no le importó que él se acostara con ella.
—¡Por favor! No me lo quite… Por favor —dijo suplicante y con los ojos llorosos —piense en nuestro hijo —dijo acariciando su vientre.
Kushina se impresiona, pero procede a dejar las cosas claras a la señora.
—Megumi-sama, no sé qué impresión tiene de Hiroto y de mí, o que le dijo él a usted, pero entre él y yo solo existe un contrato verbal, nada más. No se lo voy a quitar ni me convertiré en su amante como probablemente usted ha escuchado de otros sujetos. Le tengo aprecio, pero no lo quiero, y en el mejor de los casos, lo llegare a considerar un amigo —dijo Kushina, anotando mentalmente aclararle las cosas también a Hiroto —además ustedes se van mañana de este castillo, y probablemente no nos volvamos a ver cara a cara otra vez —y terminando de hablar reanudo su camino, cumpliendo la misión que le habían asignado, dejando impactada y confundida, pero extrañamente feliz, a Megumi.
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Ya era de noche, y antes de que Sagawara hiciera cualquier cosa Hiroto apareció junto a su padre, esperando a la kunoichi, como había estado pasando en las últimas tres semanas. De mala gana Sagawara permitió que ella y su hijo se marcharan.
—Vaya, ¿de verdad parece frustrado? —comentó con un poco de alegría Kushina.
—De verdad te desea —dijo con algo de morbo Hiroto.
—Igual que tú —dijo Kushina comenzando a ponerse seria —para él es cuestión de ser un poco más paciente.
Nadie dijo nada mientras ambos se dirigían a la habitación.
—Kushina, tú sabes que mañana me marcho con mi mujer, y antes de irme me gustaría poner en práctica todo lo que ensayamos ayer —dijo mientras miraba fijamente a Kushina —no quiero que te quedes quieta como si fueras una muñeca de felpa, no hoy.
Kushina lo miro un poco sorprendida, pero después asintió. Sentía que se lo debía y ella estaba dispuesta a corresponder sus caricias, o a intentarlo.
Hiroto comenzó a besar a Kushina en la boca mientras esta hacia lo posible por corresponder el beso, moviendo los labios y la lengua como le había dicho Hiroto la noche anterior. Entraron al cuarto y Hiroto coloco con cuidado a Kushina en la cama, Kushina y Hiroto se estuvieron besando, mientras ambos se alborotaban el pelo entre sí, estando Hiroto arriba de Kushina. Kushina intentaba besar correctamente a su pareja, pero se veía que no lo estaba disfrutando, Hiroto entonces comenzó a besar el cuello a Kushina mientras esta cerraba los ojos y acariciaba el cabello lacio de su pareja, al tiempo que sentía unos pequeños espasmos en su cuerpo. Hiroto comenzó a quitarle a Kushina el chaleco blindado de color gris que traía puesto, mientras ella intentaba torpemente retirar el obi del kimono de su pareja. Una vez ambos lograron sus objetivos se separaron y se miraron a los ojos, chocando negro y violeta.
—¿Qué te parece? —pregunta Hiroto esperando ansioso la respuesta de Kushina.
Esta sonríe y responde.
—No es tan malo cuando no te obligan, al menos hasta ahora —dijo con la respiración agitada.
Hiroto procedió a retirarle a Kushina la camisa negra de mangas cortas y la banda de la aldea ninja, besando su frente y lanzando la ropa al suelo, junto con el chaleco. Kushina procede a quitarse con gran maestría las botas militares al tiempo que unen sus labios nuevamente, Kushina se da cuenta por primera vez de lo varonil que es el rostro del chico. Kushina le quita el kimono al muchacho, este le ayuda quitándose de encima y permitiéndole que lo retire, aunque lo rasgue en el proceso.
Hiroto, en esa posición, procede a quitarle a Kushina los pantalones grises, quedando ambos en ropa interior. Kushina y Hiroto se proceden a abrazar y a acariciar, Kushina acaricia con algo de miedo el musculoso y velludo pecho de su pareja, mientras Hiroto acaricia los muslos y besa los turgentes pechos de Kushina encima de su brasear. Hiroto le retira esta prenda y procede a masajear los pechos. Kushina no siente ningún placer por esta acción, pero por primera vez, tampoco siente asco. Kushina se endereza y procede a quitarle los boxers a su pareja, desvía la vista en cuanto ve el erecto miembro masculino. Hiroto nota el nerviosismo de Kushina y con mucho cariño la recuesta, le quita sus bragas y le abre lentamente las piernas, procede a acomodarse, Kushina se abraza a la espalda de Hiroto. Hiroto mueve sus caderas y penetra a Kushina con una sola estocada, ella entierra sus uñas en la espalda de Hiroto. Hiroto comienza a moverse mientras Kushina, se queda quieta, cierra los ojos y lanza pequeños gemidos, no de placer, sino de las diversas sensaciones que esas acciones le causan. La primera vez fue sumamente dolorosa, el resto de las veces se perdía en su mente, en sus pensamientos, se desconectaba de su cuerpo. Como kunoichi a ella le costaba poco trabajo hacer ese tipo de cosas una vez que lograba concentrarse lo suficiente, para ella era la primera vez que la penetraban sin sentir dolor, sino sensaciones agradables y que le provocaban cosquilleos que nunca había sentido, pero no sentía placer, no como ha escuchado que lo describen otras mujeres. Sin embargo, para Hiroto esos pequeños gemidos fueron suficientes para que se excitara más y continuara con las embestidas, hasta que termino dentro de ella. Ambos respiraban muy agitados, abrazados el uno al otro, bañados en sudor. Durante la noche lo hicieron otras dos veces más, pero no fue sino hasta la última que ocurrió algo realmente diferente a las anteriores.
Kushina estaba siendo penetrada salvajemente por un muy excitado Hiroto, ambos gemían, Hiroto más fuerte que Kushina. Kushina comenzó a sentir sensaciones realmente placenteras, la recorrían desde el centro de su cuerpo, a través de su columna y distribuyéndose hasta la punta de sus dedos. Kushina sintió una especie de espasmo, enredo sus piernas alrededor de la cadera de Hiroto y gimió muy fuerte, sintiendo una corriente más fuerte que todas las anteriores juntas, tal fue su reacción que todas sus extremidades cayeron sobre el colchón completamente inmóviles. Kushina respiro aún más agitadamente que antes, a pesar de estar bañada en sudor sintió que alrededor de su vagina había más humedad aparte del sudor, poco después oyó un fuerte gemido de Hiroto y este cayo a su lado en las mismas condiciones que ella. Kushina sabía que había experimentado un orgasmo, y si los hombres también experimentaban ese tipo de placer siempre que tenían sexo podía entender el por qué lo buscaban constantemente.
Kushina se recostó e intento dormir, estaba consciente de que tal vez nunca en su vida experimentaría algo así de nuevo. Sintió un cuerpo caliente en su espalda y unos brazos que la envolvían, no le prestó atención a eso y se quedó dormida.
Unas horas después, cuando estaba amaneciendo, Kushina se levantó dispuesta a tomar un baño y reanudar sus actividades de protectora, vigilante y guardaespaldas. Hiroto le acaricio la espalda.
—Kushina, quédate un rato más —suplicó Hiroto mirándola maravillado, con mucho cariño reflejado en sus ojos.
Kushina miro a Hiroto, en otras circunstancias hubieran sido amigos, tal vez incluso algo más, pero ella no se podía formar ese tipo de fantasías, y tampoco podía permitir que él formara fantasías. Había una realidad y había aprendido que debía estar consciente de ella si quería salir adelante.
—Mira Hiroto, te agradezco profundamente que me permitieras compartir tu lecho, esconderme en él de tu padre, que me enseñaras todas las cosas que me enseñaste, tratarme bien a pesar de que me obligaras a acostarme contigo, pero hoy te vas, y tal vez nunca te vuelva a ver. Tú tienes responsabilidades y yo también, tú tienes una vida hecha, y pronto una familia, yo ya te había comentado acerca de mi hijo y lo que paso en el campo de prisioneros. No estoy segura de que fue lo que surgió entre nosotros, pero eso muere hoy —dijo Kushina, que casi pudo ver como el cariño en los ojos de Hiroto se extinguía a medida que pronunciaba esas palabras —fue un placer conocerte y te deseo lo mejor en tu vida —dijo al tiempo que le daba a Hiroto una sonrisa sincera y que reflejaba felicidad, la única que se produjo o se produciría en ese castillo por parte de ella.
Hiroto le devolvió la sonrisa, mirando a la mujer que en solo tres semanas y tres días se había ganado su cariño. De haberla conocido más tiempo hace tres años, quizá hubieran sido pareja, estaba feliz de haber conocido a Kushina. Aunque reconocía que estaba mal, también estaba feliz de haber sido una alternativa de su padre, de haberla tenido en su lecho, de lo único que se arrepentía era de haberla violado la primera noche que se conocieron.
—También te deseo lo mejor Kushina, no me arrepiento de casi nada. Lamento que te hayas tenido que acostar conmigo solo para evitar acostarte con mi padre y de haberte forzado la primera noche. Nunca te olvidare, te has ganado mi cariño en poco tiempo, y la verdad espero estés equivocada y nos volvamos a ver —dijo con un rostro que reflejaba tristeza.
Kushina se bañó, se vistió y salió de esa habitación, mirando a Hiroto por última vez.
Fin del flashback
Bien, quizá esa noche no se debería contar como violación, pensó reflexionando acerca de lo que vivió con el hijo mayor de Sagawara, ese hombre era un ángel. A diferencia de su hermano menor que era un demonio, como tuvo la desdicha de descubrir las últimas dos semanas. Después de la violación de Minato ella requirió algo de terapia especial para superar lo que le hizo, estaba segura que después de esta misión ninguna terapia la ayudaría a sanar completamente, especialmente porque el hermano menor de Hiroto,Kaoru, le hizo la vida un infierno. ¿Cómo un joven de 17 años puede tener la mente tan retorcida?, no puede evitar llorar al recordar lo que sucedió desde el día que se fue Hiroto hasta el día de hoy.
Flashback
Kaoru se encontraba realmente triste y enojado, su abuelo, su ejemplo a seguir, aquel que siempre lo consintió y lo cubrió, había muerto. Quizá había sido culpa de su abuelo en primer lugar por no leer las instrucciones de uso y los riesgos de las pastillas que estaba tomando, pero eso no aliviaba el dolor que el sentía. Su padre estaba devastado, el único que al parecer ignoraba la muerte del viejo fue su hermano, pero siendo honestos su hermano había estado cuidando a su abuelo y los medicamentos que tomaba; además su hermano tenía razones de estar feliz, iba tener una familia y cada noche se acostaba con esa kunoichi.
Viajo mucho solo para pasar un poco de tiempo con su abuelo, pero en cuanto llego al castillo descubrió que este se había puesto mal, salió inmediatamente y después intento darle alcance, pero a mitad de camino le informaron que estaba muerto. Lloro de tristeza, pero cuando se enteró de que no iba a poder asistir a su funeral por el hecho de que su padre, y su familia en general estaban bajo amenaza, lloro de rabia. Volvió al castillo de su padre, en el que al parecer ambos se habían enterado de la noticia, y aunque ambos aparentaban no estar muy afectados los tres lloraron por la muerte de su familiar. Los tres desarrollaron diferentes métodos para enfrentar su duelo, el de él fue cobrarse venganza. Durante las últimas dos semanas había hecho la vida imposible a aquellos que habían propiciado las condiciones que llevaron a su abuelo a su actual estado. En la primera semana él consiguió que a los médicos del castillo y shinobis médicos los rebajaran de rango de manera temporal o permanente. Contra quien invento esas pasillas nada pudo hacer, ya que ni Konoha, ni ningún bandido o mercenario quería atacar a Tsunade Senju, tampoco pudo usar ninjas de la Aldea del Humo, pues su padre no se lo permitió. Lo que sí pudo hacer fue contratar mercenarios y uno que otro ninja renegado para atacar a los cinco médicos y ninjas médicos que le proporcionaron las pastillas a su abuelo con la orden de torturar y matar. Los dos ninjas médicos consiguieron escapar, pero los tres médicos civiles fueron asesinados de manera muy cruel y brutal por sus captores. Por supuesto, estas acciones le costaron una fortuna y deberles docenas de favores a distintas personas. Por último, en la última semana se concentró en las que fueron las amantes de su abuelo en el último año, aquellas que, en su retorcida mente, lo forzaron a tomar esas pastillas. Eran bastantes; dos miembros de la realeza, 11 prostitutas, 7 sirvientas y cinco kunoichis, 25 mujeres en total. A las mujeres de la realeza nada pudo hacerles, nadie le quería prestar, tenía tan poco y debía tanto que estaba seguro que los siguientes dos años viviría muy austeramente. No tenía los recursos para hacerlas pagar. En el castillo había 3 prostitutas, 2 sirvientas y una kunoichi, con ellas empezaría su "venganza", a las otras mujeres las mandaría a buscar y traer. A las prostitutas las mandaría a los calabozos y les diría a los soldados, a los sirvientes y a los shinobis que las violaran hasta que el considerara suficiente, procedería después a torturarlas personalmente hasta que él considerara que habían "pagado". A las sirvientas él las violaría personalmente hasta que se aburriera, de ahí las mandaría junto con las prostitutas en el calabozo, cuando el considerara que habían "pagado" las dejaría libres para que reanudaran sus actividades. A la kunoichi en ese momento él no podía hacerle nada, pues su hermano la protegía, pero en una semana su hermano se iría y él podría disponer de la kunoichi, ya vería que castigos le aplicaría a ella y a las demás kunoichis.
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Kushina se encontraba triste, Hiroto se había ido y estaba nuevamente a disposición del padre de este. Se dirigía al lado del Feudal para escoltarlo.
—Buenos días, Kushina-san —saludo Sagawara con voz cordial —espero haya pasado una buena noche.
Kushina mantuvo su semblante serio, pero por dentro sabía que esa noche no la olvidaría en mucho tiempo.
—De verdad me complacería mucho que me volviera a acompañar en las noches —dijo Sagawara con voz ronca y tocando descaradamente el trasero de Kushina —pero al parecer a mis hijos también les fascinaste, me complacería mucho más que de ahora en adelante pasaras las noches con mi hijo Kaoru.
Kushina solo hizo un esfuerzo por recordar a Kaoru.
—¿Su hijo el adolescente? —preguntó Kushina.
—Si, mi hijo el menor —terminó de decir mientras comenzaba a caminar y la kunoichi le seguía de cerca.
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Ya era de noche, y Kushina se encontraba muy nerviosa. No es que el hijo del feudal le produjera asco, de hecho, era un joven muy apuesto, pero con lo que había sufrido últimamente ella ya sabía para que tenía que estar ahí y no podía evitar ponerse nerviosa y alterarse. Tal vez con el pudiera razonar, igual que lo hizo con su hermano mayor.
En cuanto llego al cuarto la kunoichi toco la puerta, unos minutos después esta se abrió apareciendo el joven Kaoru vestido solo con una toalla.
—Ah, kunoichi, pase —dijo poniendo una sonrisa que reflejaba sus malas intenciones y poniendo aún más nerviosa a Kushina.
Al entrar Kushina observo a tres mujeres desnudas que se cubrían la cara de la vergüenza, una de ellas comenzó a sollozar sonoramente.
—¿Sabes qué? Tú ya me hartaste, te mandaré en este mismo instante al calabozo con las demás mujeres —dijo Kaoru a la mujer llorando, lo cual hizo que ella intensificara su llanto.
Este únicamente se puso unos pantalones, jalo a la mujer de los cabellos y la arrastró fuera.
En cuanto se perdió de vista Kushina les pregunto a las dos mujeres que se encontraban ahí, que eran sirvientas, que es lo que estaba pasando. Kushina se enteró del fallecimiento del padre del Feudal, la ira del joven y lo que estaba haciendo. Kushina se horrorizo y supo que su estancia en ese cuarto iba a ser muchas cosas, menos agradable. El jovencito llego media hora después de irse, sin la sirvienta y con una sonrisa de malvada satisfacción en su rostro.
—¿Qué haces todavía vestida? —preguntó el adolescente molesto en cuanto vio a la kunoichi de pie y con su uniforme.
—Usted me mando a llamar, su padre me dijo… —pero antes de que Kushina terminara de hablar fue interrumpida.
—¡No te hagas la tonta! —dijo Kaoru gritando —¡Sabes bien a que viniste! ¡Desvístete inmediatamente!
Kushina se desvistió mientras sentía la mirada lasciva del hijo menor del feudal sobre su persona, cuando termino de desvestirse fue sujetada de los cabellos con fuerza y bruscamente aventada a la cama. Kaoru comenzó a tocar los muslos, los glúteos y los pechos de Kushina. Kaoru no tardo en excitarse, se desnudó y comenzó a penetrar bruscamente a la kunoichi, esta no oponía ninguna resistencia y solo se desconectó de su cuerpo. Cuando el joven termino dentro de ella lo único que hizo fue decirle que esto era solo el principio de su venganza contra ella.
En la mañana Kushina se levantó, se bañó con un trapo y media cubeta de agua, observo a las pobres sirvientas, muertas del miedo, y se dispuso a seguir con su misión. Antes de salir Kushina busco algo en uno de los bolsos del chaleco, los reviso todos y comenzó a buscar en el lugar donde había dejado su uniforme durante la noche, sin encontrar lo que buscaba.
—¿D-Dis-sculpe? —preguntó una de las sirvientas desnudas y en posición fetal.
—Si —dijo Kushina lanzándole una mirada de lastima.
—Si está buscando la bolsa en su chaleco o su dinero, lamento decirle que él se lo llevo cuando usted se durmió —dijo la sirvienta con voz firme, pero que reflejaba tristeza.
Kushina se sorprendió, en toda la noche no durmió más de 25 minutos, y en ese tiempo Kaoru se llevó su dinero y sus…
—No —susurró Kushina en voz baja.
—¿Era algo muy importante? —preguntó la sirvienta.
—Mis anticonceptivos —dijo alarmada.
Los había obtenido el primer día, justo después de la batalla "de bienvenida" que se produjo cuando llego al castillo. Se los había dado una kunoichi diciéndole que se tomara solo una cada semana, que era un regalo y que las iba a necesitar más de lo que ella las utilizaba. Eran 15 pastillas anticonceptivas hechas por ninjas médicos de Konoha, las instrucciones venían en una pequeña nota dentro de la bolsita.
En cuanto Kushina supo lo que le iba a pasar en ese castillo siguió las instrucciones y se tomó una cada semana. Lo cual fue un alivio para ella, pues dentro del castillo solo las prostitutas pedían anticonceptivos o abortivos. Le estuvo muy agradecida a la kunoichi de ahorrarle una futura vergüenza y más stress mental, pero ahora Kaoru se las había llevado y debía conseguir otra cosa.
—No lo intentes —dijo la misma sirvienta viendo el suelo con los ojos vidriosos —dio instrucciones que dentro del castillo no se podían vender o regalar ningún tipo de medicamento a nosotras. Nadie te dará nada, ya lo intentamos.
Kushina solo salió de esa habitación muy preocupada, las pastillas mantendrían un efecto residual en su organismo durante las próximas dos semanas, pero cada día que pasara a partir de los tres días de dejar de tomarlas el efecto sería menor, hasta que desapareciera.
Aun así, de momento le restó importancia y siguió con su misión, lanzando una pequeña plegaría para que la misión finalizara rápido.
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Los primeros tres días fueron iguales, Kaoru le pedía que se desnudase, la violaba y la dejaba de lado; lo bueno es que solo la violaba una vez por noche, lo malo es que tenía que escuchar como el forzaba a las pobres sirvientas, que ya habían aprendido a desconectarse de sus cuerpos a esas alturas.
En el cuarto día ella observo una adolescente de 13 o 14 años de edad, que estaba muy nerviosa, por el emblema en la cabeza la reconoció como una kunoichi de su actual aldea. Al igual que ella Kaoru le exigía que se desnudara, la pobre adolescente solo pedía ayuda con la mirada, pero nadie, ni siquiera ella, pudieron hacer nada. Una vez desnuda se puso de rodillas y suplico piedad.
—¡Piedad! —dijo Kaoru muy enojado —mi abuelo murió por tomar esas pastillas, las tomaba por ustedes.
—Me obligo a chuparle el pene, eso fue todo, él no se tomó ninguna pastilla conmigo. ¡Por favor! —suplicó la adolescente llorando abiertamente.
Kushina desvió la mirada cuando Kaoru le agarro de los cabellos, noto como en la parte de atrás de su cuello tenía un sello de supresión, el cual suprimía la circulación de chakra y atrofiaba ligeramente la musculatura y los reflejos, afectando el sistema nervioso periférico. La pobre pelinegra fue ultrajada sin piedad, gritando y llorando con cada envestida que recibía. Kushina se identificó con ella, y se preguntaba si los miembros de su clan se sintieron así de impotentes al ver como ella misma era ultrajada sin poder hacer nada. En cuanto termino con la adolescente la obligo a ella a ocupar su lugar, Kushina pudo observar un poco de sangre en la cara interna de los muslos de la adolescente y las sabanas manchadas de sangre. Kushina se dejó hacer como hasta ahora, pero esta vez cuando Kaoru termino con ella, en vez de dormirse se fue en dirección a la joven kunoichi.
—¿Estás bien? —preguntó Kushina mientras internamente se daba un capón. —No —respondió llorosa la pobre adolescente. Kushina la observo mejor, ya tenía sus curvas, pero apenas se estaban resaltando sus caderas y sus pechos, aunque presentes, estaban todavía en desarrollo, en verdad Kaoru era un monstruo.
—Me llamo Kushina —dijo mientras buscaba una cubeta y unas toallas para limpiarla.
—Airi —dijo mirándola —¿eres del clan Uzumaki?
—Si —respondió Kushina —y me gustaría que guardaras el secreto.
Esta solo se dejó hacer mientras Kushina le limpiaba el cuerpo, cuando termino y procedía a retirarse Airi comenzó a llorar.
—No llores —dijo Kushina asegurándose de no haber llamado la atención de ese monstruo —una kunoichi no llora —le dijo a ella y recordándoselo a sí misma.
—Tengo miedo —dijo asustada —todavía debo de quedarme aquí unos días más y no quiero que él… —Kushina la interrumpió mirándola seria.
—Haré lo posible por protegerte —dijo —he observado que le gusta cuando las mujeres lloran y hacen lo posible por resistirse, actuare para que se fije más en mí, pero tú debes de actuar de manera indiferente para que pierda interés en ti.
—¿Y eso funciona? —preguntó con la incertidumbre en su mirada la pequeña kunoichi.
—A mí me ha funcionado —respondió la pelirroja regalándole una pequeña sonrisa a la adolescente.
—¿Te puedes quedar conmigo un rato más? —preguntó Airi con voz esperanzada.
—No —respondió secamente Kushina —no me hables nunca más, si ve que me preocupo por ti probablemente comience a prestarte atención, y eso sería contraproducente con lo que queremos.
Kushina se retiró a dormir un rato, pensando en lo que acababa de hacer antes de quedarse dormida.
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Los siguientes cuatro días fueron normales para Kushina, en el día se enfocaba en proteger al señor Feudal, por las noches se enfocaba en proteger a Airi. Tal y como había observado; un par de manotazos, suplicas y lágrimas falsas mientras era penetrada fueron suficientes para que Kaoru se excitara y se enfocara en ella, paso de violarla una vez por noche a más de 4, ignorando a la kunoichi pelinegra, y en dos ocasiones a las demás sirvientas, agradecidas con su suerte. Airi observaba como Kushina se sacrificaba para que ella no sufriera, la admiro, descubrió que su aldea no se había molestado en conocer al clan Uzumaki. Airi percibió las pequeñas sonrisas que le eran dirigidas a ella y los guiños en señal de complicidad. Kushina le había enseñado que con un poco de meditación y concentración puedes dejar de prestar atención a lo que te rodea, de esa manera ella no lloraba cuando descubría que a Kushina ese acto le producía asco y la ponía triste.
Al día siguiente la pequeña kunoichi se fue de ese castillo infernal, antes de irse le dirigió una gran sonrisa a Kushina en señal de agradecimiento, Esta le dirigió una sonrisa triste y le hizo señas para recordarle que no hablara de quien era ella. Airi nunca olvidaría a Kushina, ni la gran fortaleza que poseía.
Por la noche Kushina volvió a desconectarse de su cuerpo, dejando ligeramente frustrado a Kaoru. Para desquitar su frustración este llevaría a una sirvienta al calabozo.
—Kushina, agarra a esta zorra —ordenó Kaoru mientras se colocaba un pantalón negro y holgado de algodón.
Kushina levanto a la pobre y aterrada sirvienta del suelo, no tardó en darse cuenta que era la misma que le había hablado en su primera mañana en esa asquerosa habitación.
—Sígueme —ordenó Kaoru mientras Kushina arrastraba a la sirvienta, la cual no opuso resistencia, resignándose a su destino.
Tardaron 5 minutos en llegar al calabozo, al entrar noto a 15 hombres de entre 20 y 40 años de edad, todos semidesnudos y todos con cara de satisfacción. En cuanto las vieron entrar la mayoría pinto una asquerosa sonrisa lasciva en sus caras, al llegar a la tercera celda la sirvienta rompió a llorar y Kushina se horrorizo. En las paredes de esta celda se encontraban 3 mujeres completamente desnudas, el olor a sexo impregno las fosas nasales de los recién llegados. Kushina noto que una se encontraba inconsciente, otra no paraba de sollozar y la tercera tenía una mirada perdida, como si estuviera muerta en vida.
—Ya suelten a la pobre prostituta, ¿al menos le han dado agua? —preguntó Kaoru señalando a la inconsciente mujer.
—¡No! ¡Pero ha estado tomando de nuestra leche desde que nos la dejaste! —respondió uno, a lo que todos los demás rieron.
Soltaron a la mujer inconsciente y se la llevaron de ahí, en su lugar Kushina se vio obligada a poner a la sirvienta en el lugar que antes ocupaba la inconsciente mujer. Ella comenzó a llorar y suplicar, pero a nadie parecía importarle, salió de esa celda, vio como cuatro hombres entraban dentro y oyó como el llanto de la sirvienta se intensificaba, no tardo en oír a los hombres gemir. Kushina busco cualquier otra cosa en la cual enfocar su atención, escucho que Kaoru platicaba con uno de los sujetos ahí presentes.
—¿Cuántas más vas a traer? —preguntó uno de ellos.
—Un par de sirvientas más y me falto encontrar una de las prostitutas —respondió Kaoru.
—¿Y las kunoichis? Dijiste que traerías kunoichis —dijo un hombre de 30 años.
—De las cinco kunoichis a una no la localice, otra murió, otra es Jōnin de Konoha, y para rematar de un clan importante, la otra… bueno, era muy inexperta y joven, con decirte que era virgen —dijo Kaoru.
—La hubieras traído aquí, se hace una experta con nosotros —dijo el que preguntó por las kunoichis.
Kushina utilizó todo su autocontrol para no matar a ese sujeto, se veía que era un soldado, pero no parecía muy fuerte. De tan solo imaginar a Airi en esa celda le despertó un instinto asesino enorme.
—Era casi una niña, solo tenía 13 años —respondió Kaoru. La verdad es que se olvidó por completo de la adolescente, incluso se olvidó de dársela a ellos para hacerla "pagar", y todo por culpa de la kunoichi que estaba parada cerca de él.
—Y aun así te la tiraste. Te conozco, no eres tan degenerado. A pesar de ser joven ya debía tener sus curvas, aunque sea ligeramente marcadas. Mínimo tenía pecho y piernas ligeramente torneadas —dijo el mismo sujeto.
—La verdad es que sí, pero está —dijo señalando a Kushina —hizo que me olvidara de hacerla pagar —dijo Kaoru.
—Entonces tráela otra vez y las hacemos pagar a las dos —dijo el sujeto poniendo una cara llena de lujuria.
—Ya no puedo gastar más dinero, mi padre no aprueba tal despilfarro de recursos en una "venganza absurda" —dijo haciendo comillas.
—¿Y esta? —dijo el soldado mirando a Kushina.
—No te la puedo prestar de momento, si mi padre lo descubre se las quita y no me la devolvería. Yo seguiré con mi venganza con ella, si hay oportunidad de dejárselas a ustedes se los haré saber —dijo mientras se iba seguido por Kushina. Ella, a su vez pensó que todo lo que había hecho por Airi valió la pena. Aun así, sentía una profunda lastima por las mujeres que estuvieron, están y estarán en esa celda.
—¿Por qué? —preguntó Kushina de repente. Kaoru no pareció entender en un inicio.
—¿Por qué las torturas de esa forma? —preguntó mirándolo a los ojos, esa mirada no agrado a Kaoru ni por un segundo.
—Su adicción al sexo fue lo que mato a mi abuelo, así que traumándolas con eso las hago pagar. Por su culpa él está muerto —respondió Kaoru furioso. Kushina solo hizo un comentario más por esa noche:
—Muchas de esas mujeres no querían tener sexo con tu abuelo, muy pocas mujeres se acostarían con un anciano como tu abuelo por propia voluntad. Lo hicieron por que él les pago o las obligo, ellas no tienen la culpa de lo que le paso a tu abuelo.
Kaoru reflexiono un poco, quizá esa kunoichi tuviera un poco de razón, pero a él le habían enseñado que las mujeres eran las que tenían la culpa por provocarlos. Ellas eran las arpías. No menciono nada, supuso que la kunoichi decía eso porque así es como pensaba su hermano "don perfecto".
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Las siguientes cuatro noches Kaoru violó a Kushina salvajemente, incluso llego azotarla con látigos de cuero. El hecho de que el no supiera manejar el látigo muy bien y por el entrenamiento al que se sometía la kunoichi muy pocas heridas fueron abiertas. Lo que realmente le dolía a ella era cuando derramaba en sus heridas abiertas jugo de limón o/y sal. Kushina había aprendido que dejarle creer que le causaba dolores difíciles de soportar lo calmaban un poco y evitaba que le hiciera un daño físico más grave.
La última noche ocurrió algo que no se esperaba, Sagawara bebió más de la cuenta y se quedó dormido. El médico que lo reviso dijo que probablemente no despertaría en toda la noche y que cuando despertara tendría una dura resaca.
Debido a que él le había ordenado pasar la noche con su hijo, y, para su mala suerte, su vida no corría un alto peligro, Kushina debía de ir a la habitación de su hijo menor.
En cuanto llego fue sacada de la habitación por Kaoru.
—Aquí no, hoy nos vamos al calabozo —dijo Kaoru con una sonrisa enferma plasmada en su rostro.
Kushina tembló, pero no demostró miedo ante Kaoru.
En cuanto Kushina llego observo a cerca de 10 sujetos ahí. Todos eran shinobis o soldados que habían terminado su turno de guardia.
—Atención, esta noche no se preocupen de que mi tío les quite su "juguete" —dijo diciéndole a la kunoichi que entrara.
Kushina entro, pero cuando alguien agarró su cabello ella reacciono y le disloco la muñeca al osado.
Todos los demás mostraron muecas de disgusto.
—Si no te dejas hacer, kunoichi, me encargare que mi padre destruya esa apestosa aldea del demonio de dónde vienes —amenazo Kaoru.
Kushina no sabía si tomar en cuenta la amenaza del adolescente, pero sabía que no se podía arriesgar, así que se quedó quieta. Sintió como le quitaban el chaleco, rasgaban su camisa y su brasear. Sintió las manos de al menos tres sujetos sobre su cuerpo, ella cerró los ojos e hizo lo posible por desconectarse de su cuerpo. Sintió que la jalaban de los pelos y la encadenaban, procedieron a quitarle sus botas, sus pantalones y arrancaron de un fuerte tirón sus bragas. Sentía ahora no solo como la tocaban bruscamente, sino que además lamían sus muslos, su trasero, sus pechos, su cintura, su pelo; dejaban húmedos y asquerosos besos en su cara, su cuello, la cara interna de sus muslos, sus pechos, su espalda. De un momento todos se apartaron y sintió como uno de ellos comenzaba a penetrarla, pasaron 4 horas en la que se turnaron para violarla y los otros la toqueteaban. Solitarias lagrimas se escapaban de sus ojos a medida que su cuerpo se movía por las fuertes embestidas, escuchaba claramente los fuertes gemidos y palabras que ella no se molestó en comprender.
De pronto sintió como uno de los sujetos se posiciono por detrás, colocando su endurecido miembro en la entrada de su ano, ella en un principio abrió los ojos de la sorpresa, pero en cuanto comprendió lo que pretendía dicho sujeto los volvió a cerrar. Varias lagrimas se escaparon de sus ojos cuando sintió como otro hombre se posicionaba en la entrada de su vagina, sintió como la penetraban por ambos lados y lanzo un gemido de dolor, que lamentablemente excito a todos los enfermos de esa celda, los sujetos embistieron fuertemente a Kushina.
Cuando ambos terminaron dentro de ella la acostaron, uno de los sujetos levanto las piernas de Kushina mientras la penetraba, otro se sentó arriba de su vientre mientras metía su endurecido miembro entre sus pechos, para luego moverse, apretándolos brusquedad. Kushina solo sintió un líquido espeso entre sus pechos antes de que alguien más colocara una manta sobre sus pechos, se sentara encima de ella, le obligara a abrir la boca de tal manera que no pudiera cerrarla y metía su pene dentro de esta. Kushina intentaba sacar el miembro invasor de su cavidad bucal con la lengua, lo cual solo provocaba que el sujeto se excitara y eyaculara en su boca. Kushina sintió que el hombre que todavía se encontraba penetrándola le soltaba las piernas y las dejaba caer, solo para darse cuenta que alguien más las levantaba otra vez y la penetraba, también sintió como alguien más se sentó sobre ella y le metió su pene a la boca.
Ese infierno se extendió durante dos horas y media, en la cual de vez en cuando alguien limpiaba sus pechos solo para volver a usarlos y dejarlos impregnados de semen. Ya cerca del final Kushina abrió los ojos al no sentir a nadie sobre ella. Vio a 12 hombres, Kaoru incluido, mientras se masturbaban con la imagen de ella, sintió como al eyacular dejaban caer el semen sobre su cuerpo, manchando incluso su rojo cabello. Oyó a alguien comentar que no la podían dejar así de sucia y entonces sintió como caía agua amarilla sobre ella, la estaban orinando. Cuando todos terminaron de orinar se retiraron, abriéndole paso a tres shinobis.
Kushina se levantó lentamente, intentando mantenerse seria, aunque ella sabía que esa noche fue sumamente humillante y algo dentro de si se había roto. Kushina analizó los tres shinobis, dos de la hoja uno del humo; la kunoichi de la hoja la miraba con infinita lastima, su compañero la miraba con lascivia y perversión, la kunoichi del humo la miraba con satisfacción, dándole a entender con su mirada que disfrutaba de su sufrimiento y humillación, como si ella lo mereciera.
—Se nos mandó a informarle que ya no es necesaria su presencia aquí, el Feudal distrital está a salvo, aquellos que lo querían matar están neutralizados. Puedes partir de este castillo hoy mismo —dijo la kunoichi de Konoha mientras estiraba su mano con un pergamino en él. Kushina lo recibió agarrándolo con lo que quedo de su camisa, la cual no estaba muy sucia.
—Ella te escoltara de vuelta a Kemurigakure —dijo señalando a la kunoichi del humo. Los shinobis de la hoja procedieron a retirarse.
—Aséate, partimos al medio día —fue todo lo que dijo la kunoichi del humo mientras salía de ese calabozo.
Kushina se sentía sucia; estaba cubierta de saliva, sudor, semen y orines. Imaginaba que su aspecto y su olor no eran muy agradables. Contuvo las lágrimas, su ropa interior estaba pisoteada, rota e impregnada de lo que parecía ser semen, sus pantalones se veían bien, igual que sus botas, se las coloco junto con su chaleco. Salió de allí rápidamente y se fue a la habitación por sus cosas, al no encontrarlas pregunto a una de las sirvientas, la cual le dijo que fueron retiraras por órdenes de Kaoru.
Kushina se quitó la ropa que llevaba puesta y se aseo con una cubeta de agua, jabón y dos trapos. Llorando mientras se aseaba.
No le dio tiempo de lavar la poca ropa que le quedaba, así que opto por no hacerlo. Leyó el pergamino y se apresuró a empezar a escribir el reporte preliminar de la misión.
Fin del flashback
Faltaba menos de media hora para el mediodía, se estaba por irse de ahí cuando apareció un sirviente y un joven de 13 o 14 años, de piel blanca, ojos y pelo negros. Todavía conservaba algunos rastros de lo que fue un rostro infantil, y ya se apreciaban algunos rasgos del hombre que algún día él llegaría a ser.
—Saludos, mi señor me envió a decirle que no podría despedirla —Kushina se alegró de ello, con algo de suerte esperaba jamás volver a entablar una conversación con ese Feudal distrital —sin embargo, me informo que le complacería mucho si acompañaba al señorito Yukito, su sobrino.
—Mi misión ya término… —comenzó a decir Kushina, más fue interrumpida por el sirviente.
—Según me informaron tu misión termina al mediodía, cuando estés en la entrada del castillo, solo pasaras 15 minutos con él —le respondió el sirviente.
Kushina solo parpadeo intentando entender el significado de esas palabras, no podía ser cierto lo que imaginaba.
El sirviente se retiró dejándola solo con el adolescente, que tenía puesta solo una bata de baño color rojo carmesí. El adolescente se retiró la bata, quedando desnudo, una sonrisa entre traviesa y perversa se dibujó en su rostro.
Kushina solo siguió las indicaciones del adolescente, el cual le dio instrucciones de bajarse el pantalón hasta la altura de las rodillas y ponerse en cuatro patas. Kushina sintió el pene del puberto chocar con su trasero e intentando encontrar la entrada a su vagina. Kushina sintió que había ya llegado a su límite, que algo más dentro de si se rompía, y aunque en comparación con lo que sufrió en la noche anterior esto no era nada, ella solo lloro. Lloro como la primera vez que la forzaron hace ya tanto tiempo, pero a la vez que parecía tan poco.
Sintió como el adolescente había conseguido penetrarla, y como comenzó a mover sus caderas ligeramente, mostrando su inexperiencia en el asunto. Kushina sintió como las manos de Yukito se recargaron en su espalda, sus embestidas carecían de fuerza, coordinación y ritmo, pero aun así comenzó a gemir. Menos de un minuto después eyaculo y retiro su pene de su interior. Todo el acto sexual del muchacho duro menos de 5 minutos, pero durante todo ese tiempo Kushina permaneció llorando. El adolescente no le dio importancia a eso, se colocó de nuevo la bata y salió de la habitación con una sonrisa de satisfacción en la cara.
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Kushina se encontraba ya en la salida del castillo, sintió las miradas burlonas de varios soldados y shinobis, e incluso escucho varios comentarios obscenos. Kushina hizo lo posible por ignorarlos.
Cuando llego su compañera ya no la miraba con satisfacción, sino con una mezcla de lastima y asco. Ambas kunoichis se retiraron de ese castillo. Kushina comenzó a preguntarse como estaría su hijo, hace más de dos meses y medio que no lo había visto, se preguntaba como estaría su clan, sinceramente esperaba que estuvieran celebrando. También pensó en otras cosas, en darse un largo y relajante baño, en consultar a un médico sobre sus heridas cicatrizadas en la espalda. Probablemente ella tendrá que ponerse una crema para desaparecer esas cicatrices, también necesitaba una revisión ginecológica, esperaba sinceramente no haber quedado embarazada, y si así era, ella no iba a tener ese bebe, por más que el consejo del clan la amenazara. También iba a necesitar terapia.
Sin embargo, Kushina poco sabía que su clan ya no era el refugio seguro que antes solía ser. Y eso lo iba a descubrir a su regreso a la aldea.
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Respuesta a reviews
RAYHACHIBY: Lamento la tardanza, Kushina seguirá teniendo altibajos lo que le resta de vida.
El angel de la oscuridad: Como acabas de leer no mejoro, pero pronto mejorara, y luego volverá a empeorar, y en este punto de la historia no volverá a mejorar su situación. Tómalo como spoiler.
: Lo de entrenar a Naruto será en dos o tres capítulos más. Además a Naruto no le alcanzaría la vida para vengarse de todos los que le hicieron y le harán daño a su madre, tampoco es que Kushina vaya por ahí presumiendo sus desgracias a su hijo. Ya verás conforme avance la historia.
Kumikoson4: Me alegro que te haya gustado, espero que este capítulo no te haga detestarlo. Y si, Minato recibirá su merecido.
Alice Taisho Gremory: Si terminaste de leer este capítulo, no odies el fic, será la última vez en este fic donde aparezca violencia sexual hacia Kushina de forma tan explícita. En tres o cuatro capítulos más sabrás de nuestro amigo de nueve colas.
Guest: Me alegro que pienses así, yo me considero un escritor novato, probablemente no leas esto pero te agradezco tu comentario, una historia menos traumante (desde mi punto de vista) es el nacimiento del guerrero fénix.
Nara me cae bien: Y seguirá aguantando todo lo que la vida le lance, y en efecto, Kushina será una madre muy estricta en este fic, formara un duro carácter a su hijo, pero no vengativo. Y (me van a odiar por esto) los que lastimaron a Kushina en este capítulo quedaran impunes en este fic.
42: Más bien intento reflejar la dura situación por la que pasan un grupo de personas del bando perdedor de una guerra, personas que se van de su tierra natal desde el punto de vista de una de esas personas, al menos eso es en las primeras dos terceras partes del fic. Si te interesa este tipo de fics de shinobis te invito a leer Naruto ANBU. Juro que ya no tardare tanto en actualizar.
Mangekyo rinnegan BB7: espero haya cumplido tus expectativas, y si no ya las cumpliré.
BlackStarBlake1: la protagonista en esta historia es Kushina, Naruto tendrá poco protagonismo en este fic.
Mollodag: actualizada.
