Capitulo III
Mafia AU/Omegaverse
N/A: No se supone que esto fuera tan largo…
Advertencia de violencia física y psicológica.
"Si hacemos eso lo tomarán como un insulto, sabes como son, ya no hay vuelta atrás"
"¡NO ME IMPORTA! Los quiero lejos de mi bebé, es solo un niño ¡Es solo un beta! ¡¿Por qué lo tuvieron que elegir a él?! ¡Nos iremos mañana mismo!"
Azul observó toda la escena desde la rendija de la puerta, llevaba 20 minutos escuchando a su madre llorar y el vano intento de su padre por consolarla. Sus tentáculos se contrajeron y trató de borrar de su memoria los gimoteos emitidos por su progenitora luchando por desaparecer el amargo sabor de boca que le provocaba saber que aquello era por su culpa, aunque, originalmente, él no fuera el motivo inicial de todo aquel drama que se desataba en la casa Ashengrotto pues aquel desastre era originado por una fuerza más grande y que venía al doble; la familia Leech, o mejor dicho, los gemelos herederos de la misma.
El solo pensar en ellos provocaba que sus tentáculos se contrajeran en anticipación, presintiendo el peligro a pesar de que estos no se encontraban presente. ¿Quién hubiera imaginado que su curiosidad sería la firma de la sentencia de su destino? El estar atado a aquellos dos sujetos que vendrían a cambiar sus planes y traerían tanta tragedia y desgracia a su familia y todo, por un simple descuido, un choque de tiempos, un desliz innecesario.
Pero ahora, Azul no podía hacer nada más que resignarse, no era momento de sentir miedo o angustia como lo que estaba viviendo su madre ahora, solo quedaba trazar un plan y seguirlo al pie de la letra, esperar que funcionara y dar sus pasos con sumo cuidado (a pesar de tener tentáculos). Mientras esperaría que en algún momento el consuelo llegase a su madre a la par de que rezaba porque el destino fuese menos cruel en un futuro, pero ahora solo le quedaba resignarse a saber que todo había comenzado por un adelanto en los horarios del instituto, en aquel restaurante familiar, a pesar de estar oculto a los ojos curiosos que lo encontraron, que hallaron su escondite, su olla de pulpo y que ahora, debía lidiar con las consecuencias.
"Padre, pensé que habías dicho que no existían más sirenas pulpo en esta zona, que eran poco comunes además de que pocos sobrevivían para tener hijos"
Todavía recordaba el dialogó y…se estremecía.
El pequeño pulpo se encontraba nadando con la cabeza baja de regreso de la escuela, con sus tentáculos trataba de ocultar los moretones cercanos a sus vetosas y las raspaduras, sus ojos estaban cubiertos con algo de tinta que intento borrar con su mano mientras apretaba la correa de la mochila que llevaba tras de si, de su boca salió un pequeño sollozo pero trató de detener los demás, hoy había sido un buen día en comparación con otros pero, no quería que sus padres lo vieran así, ya era suficiente con que pagaran una escuela de alto rendimiento como para molestarlos con sus problemas escolares porque era un becado, y es que, Azul para esa edad, ya entendía cómo funcionaba el mundo, conocía como era estar en medio de un tanque con tiburones y solo le quedaba tratar de sobrevivir, aguantar y estudiar, trabajar para llegar más alto y en algún momento defenderse y obtener su recompensa, demostrar que era algo más que el hijo becado hijo de los dueños de una cadena de restaurantes.
Cuando llegó a las puertas del elegante lugar sus ojos brillaron en reconocimiento, el sitio era refinado, la fachada se encontraba pulcra y desde dentro podía escuchar la música de jazz que se colaba ligeramente por la puerta, era un lugar ostentoso, no para cualquiera transeúnte y contaban con otra sucursales cercanas, no obstante esta era el principal, el restaurante más elegante de la ciudad, con las mejores comidas y con una franquicia calculadas en millones de maldonas, ese era el sitio del cual sus padres eran dueños…
Por un segundo bajó la mirada a sus tentáculos, analizando si debía entrar o no, tal vez era mejor regresar a casa pero, sus progenitores le habían dicho que en esta ocasión debía comer con ellos pues la persona que solía acompañarlo de regreso a su hogar había solicitado un descanso. Era una ocasión especial, esperaba llegar pulcro al lugar, sin embargo, justo cuando iba nadando lo más rápido que podía para llegar en tiempo y librarse de sus acosadores, unos lo intersectaron y terminó con rasguños y moretones, apenas logró hacer el intento de arreglar su cabello en el baño del instituto mientras se lavaba la tinta de los ojos sin embargo ahora, ahí estaba, desgastado pero sin ganas de preocupar a sus padres.
Sus manos apretaron las correas de su mochila y tomó una gran bocanada para controlar sus temblores, no podía irse, aunque quisiera, su madre aún no lo dejaba solo y solo había podido caminar a ese lugar porque se encontraba cerca de la escuela, conocía el rumbo a su casa pero no estaba tan seguro de no perderse, así que, tratando de tener un poco de valor, caminó a la puerta, el portero le abrió y entró.
Lo primero que lo recibió fue el sonido de la música y de ahí, todo el espacio cambio, si desde el exterior el restaurante reflejaba un aura de dinero por dentro era todo un espectáculo; fina decoración que brillaba al sol, elegantes mesas de perlas, platos de porcelana fina, candelabros y todo lo costoso que uno se pudiera imaginar de un restaurante en el mar, sin embargo Azul ya se encontraba acostumbrado por lo tanto solo le hizo una indicación cortes al encargado de la entrada y procurando ir por la parte discreta del lugar, se encaminó a la oficinas donde seguro estarían sus padres, al fondo.
De camino al lugar cambio su actitud por completo, ya no había rastros de aquel niño llorón y en su mirada ya no había rastro de tinta, por el contrario mostraba una expresión indiferente mientras se erguía y atravesaba el lugar buscando que nadie notara su presencia, siendo lo más discreto posible aunque la gente lo conociera como el hijo de los dueños pero por suerte, no lo notaron, su madre le había enseñado bien a moverse en aquella sociedad.
Una vez seguro frente a la puerta que lo encaminaría con sus padres, la atravesó y supo que podía relajarse. Volviendo a la normalidad, nadó por el pasillo hasta que llegó a la oficina principal, ahí, tocó dos veces y obtuvo una respuesta, mientras esperaba que le abrieran se percató de estar bien presentable y ocultó sus heridas antes de que su madre abriera y lo recibiera con una sonrisa.
"Bienvenido Azul"
Una vez con sus padres el menor se dejó envolver por la sensación de estar en casa, tanto que en algún momento pudo olvidarse de sus heridas.
Sus progenitores se encontraban felices de saber que pudo llegar por su cuenta aunque se disculparon por los inconvenientes, Azul sabía que no debía culparlos al fin de cuentas su dedicación era lo que mantenía el negocio a flote aunque, por desgracia, en esta ocasión su mamá le explicó que debía permanecer un tiempo ahí pues su guardián se encontraba ocupado en otro encargo como para llevarlo a casa, además de que debía de comer. Así, en poco tiempo el menor se encontró sentando en el área VIP del restaurante, un lugar exclusivo donde sus padres solían hacer negocios con contratistas y donde los invitaban a comer para cerrar tratos, no obstante ahora ese lugar era un espacio para ellos tres, uno donde Azul se permitió estar seguro mientras comía un pequeño postre de chocolate al mismo tiempo que contestaba las preguntas de su madre sobre su rendimiento académico madre, aquel era el único espacio donde hallaba consuelo.
Todo aquel ambiente hubiera sido perfecto si no fuera porque unos toques en la puerta los interrumpieron.
"¿Qué ocurre?"
La puerta se abrió para mostrar a uno de los encargados, sin embargo este se notaba nervioso (algo que Azul notó de inmediato), incluso, parecía no querer mirar a los ojos de su padre mientras sus manos temblaban.
"Se-señor"-comenzó y Azul pudo notar el terror en su voz- "Han llegado nuevos invitados al restaurante"
De inmediato notó como la expresión de su padre cambio, frunció el ceño, lo cual era algo extraño en él.
"¿Cómo que invitados? Si para ello deben hacer reservación no…"-El mayor no pudo terminar de hablar pues el encargado de forma imprudente lo detuvo.
"Es la familia Leech"
De inmediato Azul se percató del cambio en la cara de su padre, su piel había quedados más pálida mientras la mano de su madre tomaba la suya poniéndolo en alerta, no entendía la situación pero al parecer, la presencia de aquella familia era importante.
"¿Ya los atendieron? ¿Procuraron darles la mesa en el lugar que les gusta? ¿Le dijeron a Altair que los atienda?"-Las preguntas vinieron como un rayo de la boca de su progenitor mientras el mesero asentía a cada una de ellas misma acción que pareció aliviar el ánimo de padre- "Entonces todo va correctamente, ahora salgo y hablo con ellos"- aclaró mientras se levantaba para ir en la dirección de donde el mesero había aparecido.
"Pero señor"
De inmediato el mayor se quedó quieto y sus ojos parecieron afilarse, formando un rectángulo muy adecuado a su naturaleza, hasta que, el mesero continuó.
"Quieren hablar con usted…ahora…"
Estas simples palabras fueron suficientes para que su padre volviera a su madre y esta de inmediato captara el mensaje, entonces, sintió un jalón en su brazo y observó cómo la mujer lo llevaba por detrás de ella, utilizando sus tentáculos para cubrirlo. Azul se sintió muy asustado pues hace tiempo que su madre no realizaba aquello y si lo hacía era porque había un peligro inminente. A tiempo en que estuvo completamente guardado, la mujer regresó a mirarlo y antes de cubrirlo con su ultimo tentáculo le sonrió, pero no fue una sonrisa feliz, bella y alegre como solo ella daba, no, esta era diferente, parecía más una mueca de desesperación que una sonrisa, en ese momento Azul abrió su boca para preguntar pero las palabras nunca salieron.
"Azul, debes quedarte muy quieto, no salgas para nada, por favor, prométeselo a mami" -La escuchó y pudo sentir el temblor tanto en su voz como en sus tentáculos así que solo le quedó asentir y guardarse, no entendía, no comprendía como paso de ser un buen momento familiar a aquello, pero, solo pudo cerrar sus ojitos y esperar que todo saliera bien, aunque de vez en cuando se asomaba para mirar, tratar de razonar el por qué sus padres sentían tanto miedo.
Vio como su padre se acercó a su esposa y le tomó de las manos, entrelazándolas y dándole un apretón, en ambos ojos solo pudo encontrar el terror pero también la determinación, entonces, escuchó un ruido, pero no era un sonido cualquiera, era la de una aleta y en un movimiento y cambio de la temperatura a su alrededor, la puerta se abrió y mostrando tres figuras largas, una imponente, mayor y la más extensa de todas (incluso pudo calcularle dos metros de largo) y dos pequeñas, le sorprendió ver que los pequeños que lo acompañaban a la figura superior era muy, parecido. Azul apenas se había percatado de que el mesero se fue y el sujeto más grande se acercó a sus padres. Pudo sentir a su madre temblar pero sus tentáculos se mantuvieron firmes y en eso, el mayor habló mientras los pequeños se mantenían al margen.
"Familia Ashengrotto"
La voz del sujeto era grave, en barítono que hasta parecía sonar con sinceridad, pero la sonrisa que portaba y los ojos afilados que lo acompañaban no presagiaban nada bueno. El menor solo sintió un pequeño movimiento que indicaba que su madre (y probablemente su padre) se habían inclinado ante aquel sujeto.
Su piel era color turquesa salpicada con manchas blancas y negras típicas de los tritones anguilas, pero lo que más sorprendía eran sus ojos dorados, llamativos pero que portaban una mirada que te hacía congelar, como si en cualquier momento pudiera arrancarte la yugular, aunque, eso podría ser verdad debido a las garras que lo acompañaban.
Detrás de él se encontraban las anguilas más pequeñas, una con expresión de aburrimiento y otra con un porte más presentable sin embargo lo recalcable de ambas es que parecían compartir aquellos ojos heredados por el que parecía ser su padre, solo que las miradas presentaban heterocromía, siendo irónico que el ojo dorado coincidiera con el contrario del otro gemelo, logrando que si juntabas ambas, formaras la mirada imponente del padre.
Ambos pequeños parecían no querer involucrarse en la charla, se hallaban parados sin perder la postura a pesar de que uno se mostraba aburrido, no obstante, en sus ojos pudo notar que se encontraban atentos a la conversación, por un segundo Azul se asomó curioso entre un tentáculo sin embargo rápido volvió a su escondite cuando pensó que uno de los gemelos lo vio.
La platica de los adultos pareció avanzar de manera amena, Azul quería evitar escuchar sabiendo que sería una falta de respeto a sus padres, pero no pudo impedir atrapar uno que otro diálogo.
"¿No desea que evacuemos el lugar para que puedan comer tranquilos?"
"Podemos ofrecerles los especiales de invierno si desean, cualquier platillo de estación se encentrará disponible para la familia Leech"
El menor se quedó sorprendido ante aquellas declaraciones, ¿De verdad sus padres se iban a adaptar a los caprichos de ese sujeto? Si ni siquiera lo hacían con sus clientes más exclusivos, aunque notó que aquellas palabras eran más impulsadas por el miedo que por el respeto, el ligero movimiento en las ventosas de su madre la delataba.
El tiempo iba pasando y por un minuto se preocupó pues la conversación parecía alargarse y tenía el temor de que en cualquier segundo el sujeto pudiera solicitarles a sus padres cambiar de ubicación y tuviera que salir, pero este parecía tan enfrascado en el negocio con su padre que incluso su madre solo se encontraba de oyente.
Justo cuando las manos se extendieron y los adultos parecían cerrar un negocio, se distrajo y trató de seguir el movimiento de su madre que tuvo que nadar ligeramente a la anguila para corresponderle el gesto, los tentáculos la mujer fueron rápidos para envolverlo y tratar de llevarlo consigo pero, ya era demasiado tarde, parte de su cuerpo había sido expuesto.
"Oh, disculpen, parece que interrumpí un momento familiar"
Al escuchar aquella declaración sintió como su corazón bombeo a gran velocidad mientras trataba de retener las lágrimas de tinta que luchaban por salir de sus ojos.
"Hace tiempo que no escuchaba del pequeño Azul, ha crecido bastante bien"
El menor pudo notar el cambio en el tono de voz de mayor mientras sus ojitos se negaban a verlo, no era tonto, sabía el significado detrás de sus palabras y por primera vez en su vida, tuvo miedo, miedo de ser devorado pues, era bien sabido que algunos instintos animales se conservaban en la genética de las sirenas, dependiendo de la especia, como la fosforescencia de las sirenas de las profundidades, o los dientes afilados que aquellos descendientes de los tiburones, o en este caso, la enemistad entre anguilas y pulpos…
La mano de su madre paso a acomodarse en su cabeza sacándolo de aquel su transe y fue ese mismo gesto, el que le dio valor para ver a los ojos de la anguila.
"Si, ha crecido mucho, Azul, ¿Por qué no te presentas cariño?" –La voz de su mujer temblaba, incluso en aquella caricia pudo sentir como las yemas de sus dedos se clavaban en su cuero cabelludo en un instinto de protección, para resguardar a su hijo. Detrás de ella su padre los veía atentamente, calculando si era necesario intervenir, podía notar sus tentáculos tensos y sus ventosas a aplanadas – "Ellos son la familia Leech"
No obstante, Azul era más inteligente de lo que la gente pensaba, sus padres le habían enseñado correctamente a comportarse, en cenas, la apertura de restaurante, en sociedad (las pocas veces que había tenido que asistir), el conocía los protocolos, incluso había leído sobre esto a pesar de que sus padres hicieron todo lo posible para mantenerlo al marguen y ahora, había llegado el momento de aplicar lo aprendido. Entonces, su porte cambio, despacio, salió por detrás de su madre y en una inclinación perfecta, se mostró ante el jefe de la familia Leech.
"Es un placer conocerlos, mi nombre es Azul Ashengrotto"
Con esto, lentamente volvió a estirarse con seguridad y observó al mayor a la cara, este a diferencia de lo que esperaba, no había cambiado de expresión, solo sonreía con los ojos cerrados y cuando los abrió, Azul no negaría que sintió el miedo estremecer su columna.
"Todo un gusto Azul-kun"
La imponente mano acompañada de las garras afiladas fue extendida al pequeño y tuvo que morderse la lengua para no retroceder asustado, por un segundo creyó oler sangre de esos dedos, pero lo olvido cuando vio la suya corresponder el gesto de modo automático.
Por un segundo consideró que todo aquello había acabado, pues la atención del mayor pareció volver a su padre, ambos ya se habían dado las frases de despedida e incluso su madre le lanzó una mirada llena de orgullo antes de volver al señor Leech, la familia sentía que había ganado, pero se olvidó de un "pequeño" detalle, o mejor dicho, dos…
El movimiento fue tan rápido que esta vez Azul no tuvo tiempo de controlarse y ya había retrocedido, frente a él se presentó una mirada dorada con oliva que se hallaba acechándolo, mirándolo con interés a pesar de que antes esos ojos caídos no había reflejado nada más que aburrimiento, tuvo que tener mucha fuerza de voluntad para no dejar escapar un chillido mientras aquel ser comenzaba a inspeccionarlo y dar vueltas su alrededor ante la mirada atónita de sus padres, intento hablar, pero toda la fachada formal se derrumbó y por más que quisiera abrir la boca de esta no nada salía.
"Padre, pensé que habías dicho que no existían más sirenas pulpo en esta zona, que eran poco comunes además de que pocos sobrevivían para tener hijos"
La voz de menor sonaba ligeramente irritada mientras seguía girando alrededor de Azul, fijándose en sus tentáculos, pero, antes de que el mayor pudiera contestar, el otro gemelo se había acercado a su hermano y lo regañó.
"Floyd, no es educado acercarse a la gente de esa manera" –Su voz era más formal que la del denominado Floyd, y al mirarlo, parecía más sensato- "Disculpe a mi hermano, suele ser impulsivo"
Una sonrisa parecida a la del padre se instaló en las facciones del menor haciendo que se remarcara el parecido sin embargo detrás de esta Azul no encontró esa malicia y el miedo que le provocaba como con el jefe de familia. Por segunda vez intentó abrir su boca y hablar, notando que sus padres aún parecían congelados por ser descubiertos, hasta que sintió un jalón en su espalda, al parecer el gemelo más activo había descubierto sus útiles escolares y se encontraba abriéndola sin pudor alguno, eso puso en alerta a su persona y sin querer se le escapó un reclamo.
"¡Oye! Eso es mío"
"¿Mmm? ¿Por qué hay tantas conchas marinas aquí? ¿Qué tienen escrito?"
"¡No los toques! ¡¿Quieres que te manche su tinta!?"
Por un momento a los pequeños se les olvidó la presencia de los adultos, Azul se encontraba demasiado enfrascado en recuperar sus tesoros que olvidó las formalidades y por lo tanto las consecuencias de sus acciones, todo aquel ambiente se mantuvo un tiempo hasta que el sonido de una risa grave se escuchó por todo el lugar, unas carcajadas que le helarían la sangre a cualquiera, fue entonces cuando el menor se dio cuenta de su error y dejó de luchar por sus cosas, solo pudo nadar junto a su progenitora y bajar la cabeza, soltando una disculpa, misma que fue seguida por la inclinación de sus padres y su arrepentimiento, Azul pudo notar que ahora tanto su madre como su padre temblaban y se dio cuenta que era su culpa.
"L-lo sentimos señor Leech no fue nuestra intención…"
Sin embargo, a diferencia de lo que pensaban, el jefe de las anguilas paró de reír y los detuvo.
"No, está bien, mis hijos suelen ser traviesos, en especial Floyd"
Para cuando Azul tuvo el valor de levantar la vista se sorprendió al encontrar que ambas anguilas ya se encontraban junto a su padre (una de ellas aún con sus cosas…) y este les acariciaba la cabeza, incluso el que tenía el mechón del lado izquierdo se había dignado a aparentar estar un poco avergonzado, aunque su postura firme y su sonrisa demostraran lo contrario.
Azul quería aferrarse a su madre y esconderse, pero lo hecho estaba hecho y solo quedaba aceptar las consecuencias aunque su sangre hervía al notar como la morena que aún tenía sus cosas, continuaba explorándolas y sacándolas, solo se detuvo cuando su padre le acarició la nuca en advertencia y le dio soltó una mirada aterradora.
"Señor Leech"- Escuchó la voz de su padre –"Le prometemos recompensar este incidente…"
Las ofertas iban a comenzar a derramarse de la boca de su padre pero la mano del jefe de familia lo detuvo mientras negaba.
"Tranquilos señores Ashengrotto, esto fue un simple accidente y debo admitir que mis hijos actuaron de forma imprudente, a uno todavía le cuesta aprender el arte de la etiqueta y la negociación"-los pulpos pudieron notar la mirada que le envió la morena a su hijo y por un primera vez Azul observó el miedo en la mirada del menor seguida por una preocupación visible en los ojos de su hermano, así, nadie en la habitación pudiero ignorar el como la mano que se hallaba sobre la cabeza del menor y la acariciaba, ahora había aumentado su fuerza, tanto que sus uñas parecían clavarse en la nuca de este. Azul escuchó un ligero sonido de sorpresa procedente de su madre y notó preocupación de esta pero nadie en la sala pudo hacer movimiento alguno mientras el niño aceptaba su castigo, Azul solo observó como este aprentaba los dientes hasta que el adulto se detuvo y lo soltó.
"Pero"
Todos volvieron en si cuando el mayor comenzó a hablar, sin embargo nadie pudo evitar mirar de reojo a la anguila que ahora parecía más callada cuando antes se había mostrado más enérgica mientras su hermano parecía no dejar de vigilarlo, clavando su mirada en este. Algo dentro de Azul se movió y sintió pena por el pequeño, no tenía mucho conocimiento del tema pero había leído en algunos libros que la naturaleza de la anguila era depredadora y no tenían mucho instinto paternal, era una cosa más de supervivencia
"En vista de que me interesa que el evento que va a ocurrir en el restaurante salga lo mejor posible, me veo en la necesidad de solicitarles concretar ciertos aspectos ahora"-Continuó-"Originalmente mi plan era regresar en una horas después de dejar a mis hijos al cuidado de mi esposa pero a ver que parecen tener interés en el joven Azul no sé si sería posible que estos se quedará con el mientras nosotros ¿Cerramos algunos tratos?"-La voz del mayor no era exigente, pero tampoco parecía que diera opción a replica, la pregunta era más que una formalidad que aparentaba amabilidad, una amenaza escondida- Claro, si los Ashengrotto están de acuerdo.
Toda esa situación le dio a Azul ganas de llorar, no quería pasar más tiempo con esas personas, deseaba estar a solas con sus padres, tener una linda velada, ayudarles a cerrar el restaurante, ir a la cocina y robarse un postre, quería una tarde tranquila pero no, ahora no solo había sido descubierto por unos sujetos que parecían amenazar su seguridad familiar, si no que también, debía convivir con los hijos de aquel ser intimidante. Sus pequeñas manos regordetas temblaron, pues sabía cuál era su destino y debía aceptarlo…o eso pensó hasta que escuchó la voz de su madre.
"Señor Leech, mis disculpas, es que Azul está regresando de la escuela y se encuentra algo cansado, apenas ha comido y…"
La voz de su madre, a pesar de temblar era segura, se notaba la desesperación por salvar a su hijo de aquella situación sin embargo, a pesar de recibir una mirada amenazante del señor Leech esta no retrocedió aun cuando su padre la sostuvo del brazo en una súplica silenciosa para que se detuviera.
"Además el guardia está por llegar para llevarlo a casa…"
"Cariño…"
Azul observó como su padre insistía para que su esposa se callara pero esta, aún con el miedo seguía tratando de converse al cliente, luchando para que la anguila los dejara en paz, alejar a su hijo del peligro, aunque no medía las consecuencias.
"Ya veo…"
La amenaza fue firmada apenas esas palabras escaparon de los labios del mayor, incluso cuando Azul levantó la vista, pudo notar como los gemelos bajaron la cabeza y retrocedieron, resignados a no hacer nada por detener a su padre. El menor observó como la cola de la anguila comenzó a moverse y las garras parecían listas para atacar, los ojos del mayor se oscurecieron y mostraron un brillo diferente, entonces Azul lo supo, si no hacía algo habría un incidente en el restaurante.
Aún con sus tentáculos regordetes y su lentitud aunada a los moretones y rasguños que llevaba, dio un impulso adelante y se colocó entre la morena y sus padres, formando una barrera mientras su expresión cambiaba y mostraba una sonrisa que escondía el miedo profundo que se clavaba en su corazón, el terror de ser devorado en aquel momento.
"Señor Leech, sería un honor acompañar a sus hijos"
Aun cuando cada parte de su cuerpo temblaba y sentía el corazón en su garganta, el pequeño pulpo se inclinó ante el otro en un gesto de profundo respeto y esperó.
El silencio que siguió reinó en la sala, nadie se movía, incluso su madre había dejado de temblar, sintió el cambio en el agua y pensó, que tal vez, sus acciones no habían sido suficientes hasta que escuchó una palmada.
Al levantarse, se sorprendió al ver que de nueva cuenta el señor Leech sonreía, parecía contento como un niño que se acababa de salir con la suya.
"Perfecto, entonces Azul-kun le encargo a mi hijos"
Con esto, el mayor dirigió su completa atención a sus padres y le hizo un gesto para que se encaminaran a la puerta.
"¿Continuamos nuestra reunión el otro lugar?"
Por un segundo Azul pudo notar como sus padres aún seguían atónitos, su padre fue el primero en reaccionar y asintió, pero su madre parecía aún en negación, incluso miró a su hijo con una expresión de completo terror pero Azul hizo lo único que creyó le daría un poco de consuelo, le tomó de la mano y le dio un apretón.
La señora Ashengrotto aún así no pareció querer cambiar de parecer pero, cuando su esposo le tomó del brazo y la arrastró fuera de la sala su mirada nunca dejó a Azul a pesar de que este le sonrió en todo momento, lo único que pudo leer de los labios de su madre antes de que atravesara la puerta fue un "cuídate" y entonces, se quedó solo con ambas anguilas.
Azul no lo negaría, se encontraba nervioso, sentía miedo, pero el había aceptado aquel trato con tal de proteger a sus padres, no obstante ni tiempo le dio de arrepentirse de sus acciones, cuando tuvo a ambos gemelos frente a él, uno aún sosteniendo su mochila, pero esta vez, era el gemelo contrario.
"Así que tú eres Azul"
El hermano que cargaba con sus objetos se los extendió y Azul no pudo contenerse y tomarlos de inmediato, cosa que hizo sonreír al contrario.
"Perdón por agarrar tus cosas, por cierto mi nombre es Jade"
Ahora que lo notaba, en todo el tiempo no escuchó el nombre de este y solo supo de su hermano porque fue regañado, ahora que lo pensaba, ¿Dónde se encontraba el otro gemelo?
"Tienes cosas interesantes, ¿Por qué hay tantas conchas con escrituras ahí?"
La voz sonó justo al lado de su oído derecho y casi suelta un pequeño grito debido al susto, no había notado cuando la otra morena lo rodeó y se colocó tan cerca de si.
"Floyd, lo vas a asustar, vas a hacer que derrame su tinta"
"Eso sería interesante, ¿No lo crees Jade?"
"…Sin duda, Floyd"
Azul tardoóun poco en darse cuenta de que se encontraban burlándose de él, pero, cuando lo notó, retrocedió y por algún motivo, su cuerpo se puso a la defensiva.
"¡Cállense!, estudiaré más y más y me volveré tan fuerte como la bruja del mar, así que ¡No se metan en mi camino!"
Las palabras salieron tan naturales de su boca que no tuvo tiempo de darse cuenta de su error, tal vez era la emoción por lo que había pasado o los ataques previos de sus compañeros pero sintió la fortaleza para responder de aquella manera, sin embargo, cuando notó que ambos se mantuvieron callados ya no tuvo tiempo de retractarse. Al momento notó la tensión en el ambiente y como estos lo observaban fijamente, fue entonces que sintió miedo, la mirada de ambos se transformó y sus risas se detuvieron, ahora había un brillo nuevo en sus ojos, uno hambriento como si pudieran devorar a Azul en cualquier momento, pero tan rápido como vino, se fue. Su cuerpo se puso rígido, sus tentáculos se contrajeron como forma de defensa y pensó que esta vez el número de moretones sería el doble, sin embargo, las morenas no se movieron y después de un momento, sonrieron.
"Jade ese pulpo es interesante"
"Si Floyd, admito que estoy intrigado"
Después de ambos comentarios, los jóvenes se movieron alrededor de su persona soltando pequeñas risitas que hicieron que el menor se sintiera nervioso, era una extraña sensación, parecida al de una presa entre dos depredadores, pero al mismo tiempo su cuerpo no retrocedió, como si hubiera una determinación que no le permitiera bajar la cabeza ante esos gemelos, como si ya no les tuviera miedo.
Justo cuando quiso analizar este nuevo sentimiento, ambos habían detenido su acecho y se acercaron, no tuvo tiempo de rechazarlos cuando sus colas se acomodaron cómodamente cerca de sus tentáculos y el gemelo más activo se apoyó en su hombro mientras el otro, se acercaba con sus cosas y se las ofrecía.
"¿Podrías explicarnos un poco más acerca de cómo funcionan esos hechizos que tienes escritos en las conchas?"
Azul sabía que no tenía por qué compartir aquello con las morenas, bien podría inventar una excusa o tratar de salir de ahí, era lo suficientemente inteligente aunque supiera que sus palabras no engañarían a ambos, sin embargo, al notar la sonrisa de que le habló (Jade si no se equivocaba) se percató de que, a diferencia de las sonrisas burlesca que recibía de sus compañeros, aquella curiosidad que escondían los ojos del contrario era sincera y al final, en el fondo de su corazón, sintió esa necesidad que hace tanto había abandonado, el tener a alguien de su misma edad con quien hablar, contarle parte de sus secretos, el ser escuchado por una persona aparte de sus padres y fue esa misma ilusión infantil que creyó muerta la que lo impulsó a abrirse e intentarlo, tal vez luego se arrepentiría por dejarse llevar por las palabras de los gemelos, pero ahora, como niño, solo quería satisfacer su necesidad de pertenecer y ya que uno de los gemelos había dado pie a eso y el otro parecía observarlo con curiosidad, decidió dejarse llevar por el ambiente y aceptó, aunque, aun tomaría sus precauciones.
"¡hmp! Se los explicaré si prometen no tocar mis cosas de nuevo"
Con una expresión molesta tomó su bolsa y comenzó a sacar su contenido, compartiéndole pacientemente a los gemelos el contenido de cada concha sin mencionar detalles relevantes que pudieran provocar que sus ideas fueran robadas, solo pequeñas descripciones relevantes. En algún punto Azul pensó que los gemelos se aburrirían, pero a diferencia de ese pensamiento que le carcomía, los gemelos parecían estar hipnotizados por su explicación, incluso aquel que parecía más enérgico había guardado silencio y observaba las conchas con interés aunque nunca las tocaba, respetando el acuerdo que había realizado con Azul.
Azul se sentía…conmovido, no sabía que era aquel sentimiento que crecía en su pecho al ver que por fin alguien le prestaba atención, que se encontraban dispuestos a pasar de tiempo con él y que por primera vez, no se había centrado en su físico, solo estaban ahí, conversando, compartiendo opiniones y puntos para mejorar lo hechizos, casi se sentía familiar, como si fueran…amigos. Esa palabra sin duda derritió su corazón, pero no, debía ser consiente, si tenía suerte jamás volvería a encontrarse con aquellos dos, no después de todo lo ocurrido con sus padres y aquel incidente quedaría olvidado, aunque muy en el fondo, quisiera que esa reunión no terminara.
Así pasaron las horas y sin darse cuenta los tres niños se encontraron acurrucado en el piso, compartiendo ideas y secretos, olvidándose por un momento de los contratos y yendo a conversaciones más amenas
-"Ne, Azul"-Ahora era el niño Floyd quien le hablaba, en poco tiempo aprendió a diferenciarlos aunque la personalidad era una ventaja importante- "¿Por qué tienes estas marcas en tus tentáculos?"
El mencionado se encontraba compartiendo una propuesta con Jade sobre cómo mejorar los apuntes de una poción para convertir arena en cristales cuando la pregunta del otro gemelo lo tomó por sorpresa. Que tonto había sido, ahora con la cercanía de ambos estos fácilmente pudieron notar sus marcas, mismas que antes había cuidado con tanto pudor.
Sus tentáculos se contrajeron y trato de cubrir sus heridas, sin embargo, la mirada de ambos gemelos ya se hallaba en su cuerpo, analizándolo de cerca.
"N-no es nada"
Trató de detenerlos pero la anguila como siempre, ya había tomado uno de los brazos y lo estaba observando de cerca.
"Pero este tentáculo tiene un rasguño morado y feo, ya no se ve apetitoso"
Un ligero rubor cubrió las mejillas del pulpo y trató de alejar al otro de su cuerpo, jamás nadie se había acercado a tocarlo, la mayoría de sus compañeros no ocultaban el asco que sentían por su cuerpo y el estar cerca de este, y ahora aquel sujeto que apenas acababa de conocer tenía el descaró de palparlo, estaba a punto de soltar una protesta hasta que la voz del otro gemelo se escuchó.
"Floyd…" –Escuchó el tono de regaño en su voz y de inmediato el mencionado soltó su extremidad, haciendo que la contrajera contra si y la abrazará-"Aunque si es extraño"- sin embargo, a diferencia de lo expresado, ahora ambos gemelos parecía mirarlo con curiosidad como si esperaran que hablara sobre de ello, sin embargo Azul tenía los labios sellados, no por miedo, si no por vergüenza de que supieran lo que pasaba, de que ambos gemelos recordaban que se encontraban con un pulpo tonto y regordete y al igual que sus compañeros, lo rechazaran, así que solo pudo bajar la cabeza y negar.
No obstante, a pesar de su negación los gemelos se miraron y parecieron hacer un acuerdo para no dejar eso hasta ahí, antes de calcularlo, el pequeño pulpo tuvo a ambos cerca y rodeándolo.
"Ne, pequeño pulpo, ¿Alguien te hizo esto?"
Esta vez fue la morena más activa quien tuvo la iniciativa de acercarse, pero a diferencia de otros acercamientos, este fue discreto, Azul ahora solo deseaba poder ocultarse en su olla de pulpo, incluso por instinto comenzó a contraerse, tratando de guardarse a pesar de que no había donde asi que, solo pudo encogerse en el piso esperando a desaparecer, mostrando una nueva faceta diferente a la que los gemelos había visto antes, su otro yo.
"Nuestro padre nos ha dicho"-Escuchó la aleta del otro gemelo moverse y ahora lo tenía a su lado de lado derecho, prácticamente estaba rodeado por ambos - "Que si alguien nos molesta tenemos derecho a defendernos, a Floyd le gusta estrujarlos"
"Estrujar si es divertido"
A pesar de que el tono del contrario era amable y fue seguido de la risita de su hermano Azul aún no se sentía seguro, los recuerdos de lo ocurrido previamente aún estaba grabados en su cráneo como las marcas y el dolor que había sentido en aquel momento, sin embargo, ahí, en medio de ambos, siendo rodeado por estos mientras sentía como sus tentáculos eran ligeramente acariciados por sus aletas, se sintió seguro, algo que no había sentido con ninguno de sus compañeros en la escuela, ese sentimiento de que alguien se preocupara por ti y, a pesar de que todo eso podría ser falso y solo un chantaje de los gemelos, quiso creer que pertenecía.
"Asi que pequeño pulpo, si necesitas ayuda, puedo estrujar personas por ti"
Era increíble que el gemelo que más lo intimidaba dijera eso, aunque pudo notar un tono oculto detrás de su declaración, como un deseo de ver correr sangre que fue acompañado cuando su lengua acarició sus dientes afilados (aunque Azul decidió ignorar ese detalle).
Poco a poco su cuerpo se fue abrieron y volvió a levantar la cabeza de su escondite entre sus brazos y al mirar, pudo notar como ambos seguían ahí, curiosos, como si esperaran su reacción.
"N-no es necesario, yo puedo cuidarme solo"
A pesar de su respuesta tajante los gemelos esta vez no parecieron ofendidos, solo sonrieron. Azul ya no quería hablar de esos temas, de ese incidente, así que rápidamente desvió el tema y comenzó a platicar acerca de otras cosas.
Tan enfrascados se encontraban en su plática infantil que no se percataron en que momento los adultos entraron pero, lo que estos encontraron los sorprendió, el ver como ambas anguilas se encontraban cómodamente cerca del hijo de los Ashengrotto mientras este parecía poder seguir el ritmo de ambas morenas, ante la perspectiva de cualquier padre aquello sería bueno, el ver que sus hijos se relacionaban tan bien pero para los Ashengrotto aquello parecía ser el destino sellaba la sentencia de su hijo y tuvieron miedo, no obstante su tren de pensamiento fue interrumpido cuando el señor Leech carraspeo.
De inmediato los niños salieron de su plática y el ambiente cambio, por su parte Azul se contrajo y adoptó una posición recta al momento de pararse y los gemelos volvieron a cubrir sus facciones con indiferencia mientras nadaban a su padre.
"Padre"-Pronunciaron ambos mientras se colocaba cada uno a lado del susodicho.
"¿Se divirtieron?"
La pregunta del señor Leech fue sencilla, pero ocultaba muchas cosas, cosas que por el momento ni Azul ni su familia entenderían, mientras tanto, la madre y padre de Azul se colocaban a lado de su hijo como una manera de protegerlo.
Ambos gemelos solo asintieron y sus ojos regresaron a Azul contemplándolo por un momento antes de asentir y sonreírle, una sonrisa que heló la sangre del pulpo. Azul no lo supo en aquel entonces pero un frio dentro de si le estremeció, una intuición, una nueva sensación de peligro inminente que no pudo detener aunque, no logró detectar origen principal sin embargo si pudo observar como la cara de sus padres perdía color.
"Azul es muy divertido"
El comentario y la risa de Floyd se quedó en el aire mientras su hermano asentía a la declaración.
"Ya veo"
Con esto, el señor Leech contempló a sus hijos y les dio una mirada que la familia de los pulpos no pudo descifrar pero que tampoco presagiaba algo bueno.
"Bien, creo que ha llegado la hora de irnos"
Con ello, el señor Leech se acercó a la familia junto con sus hijos y después de estrechar la mano con los adultos volvió su mirada a Azul, mostrando un brillo en sus ojos dorados que hizo asustó al menor.
"Un gusto saludarte Azul-kun"
Con cuidado se enderezó y con una sonrisa se despidió.
"Nos vemos Azul-chan"
La voz del Floyd revotó por el lugar mientras se alejaba, como si aquella declaración fuera un sentencia, pero eso no fue lo peor, lo peor fue lo que pronunció su hermano a continuación, misma declaración que alertó al pequeño pulpo.
"Nos veremos pronto"
Y así, con una sonrisa tan parecida a la de su padre, las morenas desaparecieron detrás de la puerta dejando una sensación de intriga, pero sobretodo un ambiente de miedo en la familia quienes desconocían el destino de lo Ashengrotto en ese momento.
Azul se mantuvo quieto mientras movía su mano a forma de despido, no se había percatado que sus acciones fueron en automático y solo salió del trance cuando a lado suyo su madre colapsó y lo abrazó, lo siguiente que escuchó fueron sollozos, aquel abrazo no era tranquilo, parecía casi asfixiante y su madre temblaba como envuelta en miedo, como si en cualquier momento pudiera desaparecer mientras pronunciaba su nombre en una súplica.
Azul no entendía el origen del llanto de su madre aunque tenía una idea y la expresión serie y desgastada de su padre solo lo confirmo mientras abrazaba tanto a su hijo como a su esposa.
Asi, la familia solo pudo abrazarse mientras el pequeño Azul solo se dejaba llevar y trataba de analizar, predecir, que tantas consecuencias produciría aquel encuentro aunque de algo si estaba seguro, habría muchos cambios a partir de ahora.
Desde entonces Azul no volvió al restaurante por un tiempo, incluso en época de degustación, cuando sus padres solían llevarlo para probar los postres nuevos, aquello era una gran decepción para el pequeño pero comprendía el significado oculto detrás de las acciones de sus padres. Incluso, notó con mayor frecuencia que el guardián que tenía asignado para acompañarlo de regreso a casa ahora se presentaba antes a la escuela, incluso en los días que salía tarde, siempre vigilando, observando a los alrededores atento cuando caminaban. Todas esas precauciones causaron una sensación de alerta en su cuerpo como si en cualquier segundo pudiera ser atacado, era más profundo que el miedo que le tenía a sus compañeros, un cambio en la rutina donde ya solo se le permitía ir de ida y vuelta de la escuela a la casa y viceversa, sin poder ir al parque o comprar algo en el camino. Cada que les insinuaba a sus padres el querer comprar algo estos terminaban trayéndole el objeto de interés directo a la casa y si deseaba visitar algún lugar siempre alargaban las fechas o esquivaban la pregunta, todo ese ambiente mantenía bajo estrés al pequeño pulpo, incluso se sintió tentado en morder alguno de sus tentáculos, pero ese hábito lo había dejado atrás, cuando se decidió ser mejor. No obstante las alteraciones en su entorno no le permitían estar tranquilo, como la calma antes de la tormenta esperando a que en cualquier momento una ola destruyera aquella paz que sus padres deseaban mantener, esa burbuja donde quería meterlo y todo eso, a partir de los eventos de aquel encuentro.
Mientras escribía en las pocas conchas que pudo rescatar en su camino aún recordaba las manos de los gemelos y sus uñas en forma de garras pero también, ese sentimiento de calidez a partir de su interés en lo que hacía, todo esto dejaba al pulpo con un amargo sabor en la boca pues sabía que debía caminar con cuidado pero, al mismo tiempo anhelaba eso de vuelta, estar con ellos sabiendo que no se sentía amenazado (no del todo), simplemente fue un momento demasiado…natural, aquellos gemelos no lo juzgaron por su aspecto (además de mencionar que se veía apetitoso pero esos comentarios logró esquivarlos) y parecían sentir curiosidad por su inteligencia lo cual, sin querer, llenaba el orgullo de Azul, pero, sus padres no parecían verlo del mismo modo…y tal vez, tenían razón.
Flashback
El regreso a casa fue incómodo, un silencio perpetuo que se había instalado en la familia Ashengrotto después de lo ocurrido. Azul solo pudo observar la tensión que acompañaba a sus padres pero no fue lo suficientemente valiente como para interceder así que permaneció callado todo él tiempo mientras el día se les escapaba de las manos, aquel que había comenzado con un momento familiar y terminó en pesadilla.
Para cuando llegó la cena, la familia se encontraba alrededor de la mesa consumiendo los alimentos en silencio, a pesar de que los caracoles a la mantequilla estaban exquisitos y había sido preparado por el mejor de sus chef nadie expresaba sus halagos y debido a la tensión, la comida se sentía insípida. Aquel ambiente sombrío provocaba que los tentáculos de Azul se contrajeran nerviosos, solo quería que todo se acabara, volver a ver a tener una cena normal con sus padres, aquel único espacio donde los tenía para él, disfrutar del postre acompañado de las risas de su madre pero cuando este llegó el silencio permanecía.
A pesar de que la fresa en su copa de se viera apetitosa, Azul no la tomó, simplemente se mantuvo observándola en un intento de esquivar los ojos de sus padres, el postre en sí era magnifico, pero el saber que no podía compartirlo le quitaba el apetito, toda aquel ambiente comenzaba a molestarlo y a pesar de que no quería ser grosero, consideraba que era momento de afrontarlo.
"Pa…"
"Azul"
La voz de su madre fue lo que lo interrumpió, se encontraba tan enfrascado en sus pensamientos que no notó cuando estos volvieron su mirada para verlo, apenas y se fijó que habían entrelazado sus manos sobre la mesa, como si buscaran darse apoyo mutuo. El menor se quedó callado y analizó sus expresiones, ambos mostraban una sonrisa tranquila, como si trataran de aparentar que todo se encontraba bien, como si no quisiera quebrarse frente a Azul.
"Azul"
Su madre volvió a hablar y su mirada volvió a enfocarse en ellos, dando un leve asentimiento para demostrar que se encontraba escuchando.
"Azul ¿Qué opinas de los niños que vinieron a visitarnos hoy? ¿De los hermanos Leech?"
El menor no espero una pregunta tan directa por parte de su progenitora aunque, ahora que lo pensaba, ¿Qué sentía ahora con respecto a esos dos seres? A su corta edad Azul ya sabía identificar sus sentimientos, dicho proceso tuvo que desarrollarlo prematuramente para poder controlarse ante las ofensivas de sus compañeros pero ahora, después de interactuar con aquellas anguilas las emociones que habían provocado en él eran algo nuevo, una sensación de aceptación que hace mucho no experimentaba, como si el tenerlos cerca le fuera natural, no le molestaba su compañía pero tampoco podía negar que le era agradable aunque sin formar un lazo más profundo era simplemente…cómodo, quitando el hecho de que sus dientes, garras y ojos heterocromaticos lo intimidaban, pero, olvidando esos detalles, su compañía le era indiferente, ni demasiado cómoda pero tampoco amenazante.
Sin embargo, al observar la mirada que le ofrecía su madre, pudo notar el temor que le causaba su respuesta y entonces dudo, ¿Qué reacción tendría si admitía que se encontraba intrigado por aquel par de gemelos que no le molestaba? ¿Les causaría más angustia? En ese momento lo menos que quería era causarle más dolor a sus pobres padres así que, decidió manipular sus palabras.
"Son…diferentes, tienen una personalidad muy particular"
Su respuesta fue corta y tampoco quiso dar más detalles, solo esperaba que fuera correcta. Su mirada fue de inmediato a los ojos de su madre y pudo notar cierto alivio detrás de ellos lo cual hizo que su corazón volviera a latir a un ritmo normal, sin embargo notó que su padre lo veía serio, como si conociera que se encontraba mintiendo aunque pareció no comentar nada por el bien de su madre.
Con un asentimiento, su madre acercó su mano y tomó la suya regordeta, acariciando suavemente el dorso en un gesto para tranquilizarlo a pesar de que Azul se encontraba tranquilo.
"Azul, sé que todo lo que ocurrió pudo ser…inesperado para ti, incluso para nosotros lo fue" –su caricia no se detuvo- "Tampoco esperábamos la visita del señor Leech y menos que estuviera acompañada de sus hijos"
La voz de su madre siempre fue aterciopelada, Azul recuerda que cuando era más pequeño, era esa misma voz que lo hacía dormir mientras los tentáculos de su madre lo mecían y se enredaban en su cuerpo, sin embargo sabía que ese mismo tono era el que usaba para cuando quería ocultar algo y evitarle ciertos temores, como el primer día de clases, era un arma de doble filo, no obstante siguió prestando atención a las palabras de su madre y guardó sus reclamos.
"Pero…"-El agarre en la mano del menor aumento ligeramente de presión y la caricia se fue – "Creo que Azul es muy inteligente y habrá notado que el señor Leech es un cliente muy importante para papá y mamá"
Y Azul lo sabía, antes que nadie sus padres conocían acerca de sus grandes capacidades.
"Azul, hijo"- Ahí estaba la respuesta que tanto anhelaba, aunque ya tenía una idea de lo que iban a decir – "Los gemelos son los futuros herederos de la familia Leech, de entre todos sus hijos, el señor Leech lo seleccionó por sus habilidades" –su madre jamás mencionó cuales- "y ahora lo acompañan para aprender del negocio familiar" –tampoco mencionó que tipo de negocio- "asi que…"
Su madre se detuvo ahí, su mano se contrajo, pero el movimiento, el apretón se detuvo. Azul pudo notar como el miedo en sus palabras la dominaba, como si no pudiera seguir, como si no quisiera contarle más a su hijo para protegerlo, pero, Azul necesitaba saberlo, deseaba conocer porque aquel suceso era tan importante y de qué manera marcaría el rumbo de su destino, entonces, fue cuando su padre tomó la palabra ante el mutismo de su madre.
"Asi que, mi pequeño Azul"-La voz de su padre era gruesa, firme, pero con la misma preocupación – "Es importante que todos nosotros tratemos a los miembros de la familia Leech con respeto ¿Si? Creo que Azul-kun comprende eso ¿No?"
Su padre formó una pequeña sonrisa en su rostro pero sus ojos ocultaban una desesperación que remarcaron sus ojeras detrás de sus lentes cuadrados. Azul solo pudo observar aquel panorama en silencio, sus dos padres, ambos, aterrados por una visita tan sencilla, un encuentro tan casual, un movimiento peligrosa y mientras él, lo único que pudo hacer en ese al final fue asentir, era el único consuelo que pudo darle.
"Muy bien cariño, mami sabe que eres un niño bueno y tratas a todos de forma amable"-La voa de su madre volvió un poco a la normalidad y sintió como su mano pasaba de agarrar la suya a acariciar aquel mechón largo que le había heredado- "Se que puede ser algo extraño que te pidamos esto, aunque, el señor Leech en raras ocasiones se presenta en el restaurante y aún así, tú te encuentras en la escuela pero…"-La caricia se detuvo otra vez- "Su llegas a ver a los gemelos, trátalos amablemente ¿Si?"
El menor sintió que esa mano en su cabeza, esa sonrisa que le dio su madre era como un nuevo peso en sus hombros, una presión que lo asfixiaría en algún momento, la marca del estatus que tenía que conservar al pertenecer a esa rama social, a ese medio, una sensación que le llenaba de deseo por gritar pero lo único que pudo hacer, era imitar a sus padres, a pesar del miedo, la inseguridad y los enigmas que dejaba esa conversación y el inminente peso del destino, solo pudo sonreírle a ambos y asentir.
"Si madre"
Y con esto, el tema murió para siempre, el apellido Leech jamás volvió a mencionarse en esa casa y desde entonces Azul adoptó una nueva rutina que lo tenía más apartado que antes, todo por su seguridad y la tranquilidad de sus padres.
Sin embargo, esa noche, cuando Azul fue a buscar un libro de la biblioteca porque no podía dormir después de aquella platica, de regresó a su habitación escuchó el llanto desconsolado de su madre a través de la puerta. Un sentimiento pesado de querer entrar y consolarla y decirle que todo estaba bien, que podría manejarlo se instauró en su pecho y le hizo quedarse un momento ahí pero al final el miedo pudo más con él y regresó a su habitación, sabiendo que por mas consuelo que quisiera darle a su madre, este no sería suficiente, los Leech estaban al acecho a partir de ahora y las cosas habían cambiado.
Y asi pasó el verano, que dio paso al otoño y con ello a una nueva calma. No habían vuelto a saber de los Leech por un tiempo e incluso Azul comenzaba a poder desarrollar sus actividades a la salida de una forma más calmada aunque siempre con las precauciones y el temor de ser seguidos. Sus padres parecían más tranquilos pero siempre alertas, las visitas al restaurante seguían restringidas pero a veces lo dejaban pasar y tomar un postre para llevarlo casa, todo estipulaba volver a la normalidad hasta que, un día de noviembre, llegó una invitación a la puerta.
Esa vez Azul se encontraba terminando de leer su libro sobre la anatomía de las sirenas, un tomo del cual aún no entendía todas las palabras pero le había servido para investigar. La casa se encontraba tranquila y sus padres estaba por llegar, cuando escuchó el sonido de la puerta se encaminó con una sonrisa para recibirlos hasta que, se encontró con sus caras pálidas, desde entonces, supo que cierta familia había vuelto.
Una nueva discusión se entabló en la casa Ashengrotto, al parecer había llegado una invitación para Azul por el cumpleaños de los gemelos, una invitación personal, eso quería decir que sus padres solo debían llevarlo, incluso su padre reconoció que aquella dirección efectivamente era de la mansión de la familia sin embargo su madre insistió en que no se encontraba obligado a ir.
"Podemos decir que te duele el estómago, o que tienes fiebre debido al cambio en las aguas, no estás obligado a ir Azul"
Con cada palabra que salía de la boca de su madre sabía que el temor aumentaba pero por la expresión de su padre, sabía que si no aceptaban aquello, las consecuencias podrían ser graves, asi que, ese día, tomando la mano de su madre y acariciándola como ella lo hacía cuando tenía miedo, aceptó su destino.
"Tranquila mamá, solo serán unas horas, estaré bien, después de todo no debemos ser irrespetuosos con la familia Leech"
Sus palabras parecieron pesarle a su progenitora y pudo notar un leve rastro de tinta queriendo escapar por la comisura de sus ojos pero la retuvo y solo le sonrió a su hijo antes de abrazarlo con fuerza, como si deseara que aquello fuera un sueño.
"Mi pequeño Azul es muy valiente…"
Con esas palabras el pacto fue sellado y ahora Azul se encontraba de camino a la fiesta. En esta ocasión la mano que la acompañaba era la de su padre pues había sido un acuerdo entre ambos, sabían que su madre no aguantaría la tentación, era muy probable que se quisiera retractar a último minuto, es por eso que su progenitor lo acompañaba aunque sabían que al final debían de dejar a Azul en la puerta y este tendría que enfrentarse a la situación solo.
El camino fue silencioso, a diferencia de su madre, su padre aparentaba estar tranquilo, seguro, algo que hizo que sintiera cierta paz a pesar de las circunstancias sin embargo antes de llegar a la puerta de la mansión, el mayor se detuvo y se inclinó ante Azul.
En ese momento el menor dudo si había ocurrido algo malo pero los ojos claros de su padre, tan similares a los suyos, se mostraron serenos acompañados de una sonrisa que le dio fuerzas al menor.
"Bueno Azul estamos por llegar, yo sé que eres un niño bueno y todo va a salir bien, pero, si llega a pasar algo puedes pedir hablar con mami y papi ¿Si?"
La instrucción era sencilla, una simple oración, pero el menor comprendía la advertencia real, "pórtate bien, se discreto y todo pasará rápido", aquella ocasión iba a ser diferente al encuentro en el restaurante, ahora, ya no tendría la protección de sus padres a lado, ni un guardián, eso le hizo sentir más nervioso, misma sensación que quiso aparentar frente a los adultos, principalmente frente a su madre no obstante, como siempre, su padre era observador, una característica que le había heredado y ahora, había logrado ver a través de las barreras de Azul (no por nada su padre era bueno en las negociaciones, un experto en su rama), asi que, ahí parados, a unos metros de lo que aseguraba ser una tarde agitada, el adulto observó a su hijo con una sonrisa confiada y el menor no aguantó mas, a pesar de que el regalo para los gemelos se iba a arrugar, se lanzó a su padre y lo abrazó, quería robar un poco de la seguridad que sus brazos le daban antes de entrar con los depredadores, permitirse no sentir miedo por un segundo, llevarse un poco de la valentía de su progenitor. Este como siempre no dudó y le acarició el cabello en consuelo, como hacía cuando lloraba por un mal día de escuela. Así, el gesto duró unos segundos y de nuevo, se encontraron encaminados al lugar.
Antes de alejarse su padre le revolvió el cabello y le dio una última sonrisa, como si le asegurara que todo iría bien y así, el menor se quedó frente a la puerta unos segundos, dudando en tocar.
Su mente trató de distraerse, pensar que solo era una visita normal, como los cumpleaños en la escuela donde podría ocultarse para evitar un mal trato pero la fachada imponente de mármol misma que pudo visualizar desde lejos se lo impedía, no quería pensar en lo que implicaba aquel lujo, todo lo que escondía, aunque tenía una idea.
Asi, con un ligero toque, la puerta fue abierta por lo que parecía ser un mayordomo que lo hizo pasar, si la fachada por fuera era imponente, por dentro, todo el lugar era intimidante.
El aspecto pulcro del lugar, la decoración exquisita que hacía juego con algunos letreros de fiesta, los candelabros, todo, indicaba un lujo que pocos se podían dar, sin embargo ese no era el centro de la fiesta, afuera, se podía escuchar la música que al parecer era en vivo y el encargado de recibirlo lo invitó a seguir el camino de alfombra de algas, Azul tuvo que salir de su impresión para avanzar.
Entonces, una vez en el patio no se sorprendió cuando encontró un banquete, con un grupo de música al fondo, las mesas escoradas con diseños de piedras preciosas y los adornos, niños nadando por ahí, con diferentes colas, algunas más intimidantes que otras y uno que otro adulto vigilando, sin embargo, lo que le lo dejó sin palabras fue que todos parecía llevar adornos lujosos, collares de perlas, adornos de cabello de minerales preciosos y los mayores no aparentaban ser personas normales, incluso le pareció ver al algunos de los clientes exclusivos de su familia charlando amenamente, todo ese ambiente parecía asfixiarlos, lo congeló en su lugar, pero la voz del mayordomo lo sacó de dentro de si.
"Puede acomodarse donde desee joven, la mesa de regalos esta de ese lado y la de bocadillos en la parte derecha cerca del escenario, si necesita algo con gusto puede solicitarlo a un mesero"
Con ello, el adulto se alejó y dejó solo a Azul, abrumado por el sentimiento de no pertenecer, ahora deseaba haber escuchado a su madre y fingir una enfermedad pero, aquí se encontraba, estático, un pulpo entre varios depredadores y lo único que pudo pensar fue en regresar a su escondite, sin embargo aquel era terreno desconocido, asi que solo pudo optar por nadar a la mesa de regalos y asentar el suyo, después en el camino encontraría donde esconderse.
Mientras se encaminaba notó ciertas cosas que no había visto antes debido a su temor, la primera era que al parecer, había más morenas de las que esperaba, de su madre había escuchado que los gemelos habían sido seleccionados por su padre para ser los herederos pero no imaginó que tuvieran tantos hermanos, por el momento logró contar cuatro en el camino, aunque había notado dos más mientras asentaba el regalo, todos tan similares pero ligeramente diferentes, una mancha, el largo de la aleta o la forma de su cabello, pero al fin y al cabo morenas.
Una vez el obsequio estuvo depositado decidió que era momento de ocultarse, por suerte hasta ahora no se había encontrado con los gemelos aunque no dudaba que si se quedaba ahí estos lo encontrarían asi que, aprovechándose de que el evento era en el patio y este parecía más el espacio de un lugar de eventos por lo grande que era, se dirigió con un nado lento a la parte mas alejada, ahí donde las algas eran mas largas y parecía haber una corales. Aprovechando su forma, logró colarse entre estos y quedó resguardado tras las plantas mientras sacaba de entre sus tentáculos una diminuta libreta y una pluma, comenzando a escribir.
La escritura era lo que lo mantenía distraído cuando no quería estar en un lugar y era la forma más efectiva para pasar el tiempo, ahora no tenía sus conchas pero tenía aquello, un artículo especial entregado por su padre que funcionaba bajo el agua gracias a un hechizo y que en ese momento era uno de sus tesoros más preciados, así, la tarde paso, incluso ignoró el hambre y la sed pues prefería estar seguro que exponerse, prefirió perderse entre sus palabras.
Mientras las ideas surgían y repasaba los ingredientes para una pócima de encogimiento, no se percató que unos ojos lo acechaban y antes de darse cuenta una voz le habló al oído.
"¿Qué haces pequeño pulpo?"
El susto fue inevitable y el pequeño salto que dio le hizo pasar vergüenza.
"Floyd, Jade…"
Ante él se encontraban lo cumpleañeros observándolo con curiosidad, por un momento pensó que su presencia podía pasar desapercibida durante todo el evento pero al mirarlos mejor, observó que llevaban algo entre manos, era su regalo…
"¿Qué haces pequeño pulpo, por qué no estás en la fiesta?"
Un pequeño puchero adornaba las mejillas de la anguila con ojos caídos y aquello provocó que se pusiera nervioso, estaba en territorio ajeno y había roto la primera regla que su padre le había dicho, sin embargo, antes de inventar una excusa, la otra morena intercedió, en su rostro estaba plasmado la misma sonrisa y la mirada analítica.
"¿Tu también te aburriste con esos tontos tritones presumidos?"
Los gemelos no le dieron tiempo de responder y ya se encontraba cada uno acomodado a sus costados casualmente, como si ese fuera su lugar siempre.
"Ah, si que son aburridos, no paran de hablar sobre cosas tontas como adornos, viajes, escuela ¡Que aburrido! Solo estamos aquí porque papá nos obligó a hacer esta tonta fiesta"
Floyd no parecía ocultar su disgusto por el evento y a diferencia de lo que esperaba, Azul escuchó la risita de su hermano que parecía coincidir con aquella opinión. Todo aquel escenario era extraño y por un momento quiso dejarse llevar, incluso una sonrisa comenzaba a formarse en su cara pero la detuvo, se supone que no debería juntarse con aquellos sujetos y ahora estos lo acompañaban.
"Entonces Azul"-Era la primera vez que los gemelos se dirigían tan directamente a él- "¿Qué estás haciendo?"
La mirada curiosa de ambos se dirigió a sus escritos y por un momento el menor quiso ocultarlos, sin embargo, siendo el cumpleaños de ambos supo que aquel gesto sería grosero, además que deseaba romper el mínimo de reglas que le habían recomendado sus padres, asi que, contra toda sensación de huida, les mostró su trabajo.
En todo momento los gemelos lo miraron con interés y prestaron atención a lo que decía, parecían realmente interesados en el tema y Azul no pudo evitar que su lengua se soltara mientras explicaba cada concepto y propiedad de los ingredientes, sin darse cuenta otra vez se estaba dejando envolver por ese sentimiento de pertenencia y el que alguien le prestara atención, que lo respetara. Así el tiempo pasó y terminó conviviendo con quienes se supo que debía evitar y ahora los gemelos estaba procediendo a abrir su regalo en frente de un muy avergonzado Azul.
"Mmm, es una pluma y una libreta mágicas, ah, y un *mineral esmeralda de la superficie"
El menor trató de ocultar su vergüenza mientras observaba como estos miraban interesados sus regalos, era la primera vez en un tiempo que alguien lo invitaba a algo y la primera en que abrían el regalo frente a él. Las últimas veces que realizó eso con sus compañeros por cumplir, estos no habían dudado en botar sus obsequios a la basura en frente de su cara.
"Oh… no se corre"
Jade ya se encontraba probando su pluma, observando con fascinación como la tinta permanecía en el papel y al mismo tiempo, este no se mojaba a pesar de estar bajo el agua, después de todo era un material hechizado.
"¡Es asombroso, gracias Azul-chan!"
Con una sonrisa, sintió como el gemelo más hiperactivo le palmeaba la cabeza y eso hizo que su vergüenza creciera, no se encontraba acostumbrado a recibir muestras de cariño, siempre había visto como sus compañeros se abrazaban, compartían saludos, gestos mientras él, solo podía observar desde la distancia pues nadie quería a un pulpo gordo y torpe cerca, lejos, anhelando algún día tener una relación asi, aunque hace mucho había dejado morir ese sueño, sin embargo, aquí, con los gemelos, a pesar de que sabía que no debía, sentía cierta calidez al ver sus sonrisa, el que aceptaran sus regalos y no los botaran, el pertenecer.
"Gracias, Azul"
El agradecimiento de Jade fue más suave pero no por eso menos amable, la sonrisa que antes escondía tanto ahora parecía sincera aunque Azul no quería ser tan codicioso.
"No es necesario agradecer, es su cumpleaños después de todo"
A pesar de que su respuesta fue algo tajante los gemelos no dejaron de sonreír y sin darse cuenta sus aletas se movieron cerca de los tentáculos de Azul, cerca de tocarse pero sin llegar al contacto, aunque por algún motivo, en el transcurso de la plática en algún momento Floyd se acercó y lo olfateó.
"¡Hey! ¿Qué haces?"
Azul volvió su mirada a Jade como buscando una explicación, pero este no se encontraba mirándolo, al contrario, observó a su hermano y prestó atención a lo que este dijo.
"Mmm, Azul no huele a nada"
En ese momento el menor no comprendió el por qué de sus acciones pero se sintió nervioso.
"¡¿D-de que estas hablando?!"
Sin embargo, ambos gemelos parecían ignorarlo, como si estuvieran en su mundo, y en un parpadeo, volvieron a la normalidad.
"Entonces Azul"- Era Jade el que comenzó – "¿Qué propiedades mencionabas que tenía la baba de caracol marino?"
El menor quería replicar, pero, la mirada peligrosa que le dio Floyd mientras esperaba su respuesta lo hizo callar y siguió comentándole a los gemelos sobre la poción para poder tocar las anemonas sin que estas los dañaran. No obstante, en algún momento escuchó algo de la boca de Jade que lo hizo estremecer.
"Aun no es momento Floyd"
Y a pesar de que el mensaje era para un receptor, no hizo mucho porque no lo escuchara pero, ante la perspectiva de que los gemelos ya no querían tocar ese tema, siguió explicando como si nada hubiera pasado.
Asi, los gemelos lo acompañaron un rato hasta que llegó la hora del pastel, donde fue arrastrado contra su voluntad por Floyd.
Ahí, en medio de la gente, mientras veía a los gemelos de cerca pues ahora habían sido arrastrados por sus hermanos y sus padres (era la primera vez que Azul veía a la madre de los gemelos, una mujer hermosa, elegante pero sin duda con una mirada afilada, parecida a la de Jade) se olvidó por un momento de donde se encontraba, se imagino que tal vez podría entablar algún tipo de amistad con ambos, un acuerdo, algo más, pero, al sentir como la mirada del padre de ambos se clavó en él, recordó su lugar y lentamente, se alejó nadando, sin darse cuenta que los cumpleañeros lo notaron.
En el camino, mientras se movía entre las personas pudo escuchar algunos comentarios de los adultos que le pusieron nervioso y le hicieron impulsarse más rápido.
"¿Ya viste a los gemelos?"
"Si"
"Dicen que van a ser los herederos del negocio familiar"
"Hablas de…¿Ese negocio?"
"Si"
"Que peligroso"
"Si, hay que tener miedo de esa familia, por eso evito que mis hijos se junten con ellos, son peligrosos, pero uno no puede evitar asistir a este tipo de eventos"
"Lo que uno tiene que hacer para sobrevivir a este mundo dominado por depredadores"
"Asi es"
Esta vez decidió esconderse mejor, no regresó al lugar entre las algas, simplemente se escabulló al sanitario y de ahí, no salió hasta que llegó la hora en que lo fueran a buscar, por suerte no faltaba mucho, ese día no comió pastel y por algún extraño motivo los gemelos no volvieron a buscarlo.
De regreso a casa su padre no comentó nada pero parecía aliviado al ver que su hijo estaba a salvo y al llegar a la casa su madre lo abrazó como nunca, por hoy, había logrado salir adelante, sobrevivir aunque el trago amargo hicieron que esa noche derramara su tinta, sabiendo que aquello era una ilusión, que debía olvidarse de ese sentimiento, debía enfocarse en salir adelante solo, demostrarle a los demás que podía valerse por si mismo.
…A la semana los gemelos Leech habían sido trasladados a su escuela y a su salón…
Cuando Azul observó que los gemelos al frente del salón mientras la maestra los presentaba con una sonrisa nerviosa su sangre se heló, la pluma en sus manos casi se romper y no pudo evitar notar los detalles a su alrededor, el como que su maestra se encontraba nerviosa, que el director personalmente los había traído personalmente y que sus compañeros de inmediato comenzaron a susurrar.
"No puedo creer que en esta escuela acepten este tipo de personas"
Azul no había sido indiferente a las advertencias que habían llegado a sus oídos y de a poco su hipótesis con respecto a los hermanos se iba fundamentando más y más, pero esto, era la gota para derramar el vaso y entonces…tuvo miedo.
Mientras tanto los gemelos estaban ahí, parados, sonriendo, como si todos a su alrededor no se hubieran alterado con su presencia, sin embargo su atención no estaba en el salón, no, sus ojos se encontraban fijos en un lugar, en el objeto de su atención, ese…era Azul.
Por suerte para este los únicos lugares libres eran unos asientos delante de los suyos y en la fila continua, sin embargo eso no evitó que toda la clase, los gemelos voltearan de vez en cuando a verlo y lo saludaran, de inmediato el pulpo notó el cambio en la actitud de sus compañeros y como estos se quedaban atónitos cuando ignoraba el gesto, ahora no se encontraba de humor para las bromas de ambos, y es así que, apenas terminó la clase, trartó de nadar lo más rápido lejos de estos pero, como siempre, sus tentáculos no se lo permitían y fue alcanzado con facilidad.
"¡Déjenme solo! ¡¿Que rayos hacen aquí?!"
Sin embargo los gemelos no parecían inmutarse con sus gritos, solo sonreían y compartían una mirada, aunque Floyd comenzaba a mostrar cierta irritación por su actitud.
"Azul-chan es muy escandaloso" – Le recriminó con una sonrisa mientras su gemelo soltaba una risita.
"¡No se supone que estén aquí! Ustedes no estudian aquí, no pueden cambiarse de un momento a otro ¡No esta bien!"
Pero lo gemelos siguieron ignorando sus palabras.
"Es que queríamos estar con Azul, todos nuestros compañeros de la otra escuela eran tan aburridos"- Ahí estaba de nuevo el puchero del menor.
"En efecto Floyd, mucha carnada insípida"
Como si no estuvieran hablando de sus compañeros como si fueran comida, Azul los observó con verdadera ira sin embargo, al final, algo dentro de si no pudo evitar alegrarse de saber que aquellos dos estaban ahí, en su escuela, que por fin tendría compañía y tal vez no estaría solo en los descanso, aunque fuera por un tiempo y luego estos se aburrieran de él. Es por eso que no pudo enojarse de verdad, al final, tuvo que ceder, aunque se dijo a si mismo que era en búsqueda de su preservación.
"Aun asi, no deben ser tan indiscretos"
Con ese último comentario el pequeño pulpo siguió avanzando, ignorando que los otros dos lo seguían aunque tampoco los apartó, asi, los tres nadaron lejos de sus compañeros, aunque Azul podía sentir la mirada sobre ellos, esas de desprecio, que significaban peligro y sabía que en algún momento debía enfrentar y dentro de si, las advertencias de su madre sonaron, aunque al sentir la calidez de aquellas aletas que nadaban junto a sus tentáculos aquello se transformó en ruido en su cabeza, un ruido que pronto se convertiría en una tormenta.
El traslado de los Leech no fue mencionado por Azul ese día, aunque días después su padre lo llamó a su oficina para platicar con él, un día que su madre fue de compras. Ahí, el menor tuvo que enfrentar una larga platica sobre la situación y tomar las advertencias de su padre, a diferencia de su madre, su progenitor era más centrado y sabía que no podía escapar de ello una vez adentro, asi que solo pudo aconsejarle y dejarlo con una advertencia antes de soltarlo, sellando un pacto con Azul acerca de que tendría cuidado.
Sin embargo, todo no terminó ahí, una vez los gemelos cerca, la atención en Azul aumento y era imposible no escuchar sobre los rumores de su traslado, lo que sus padres habían hecho para mover a los gemelos, los trabajos que desempeñaban y su poder, y es que, además de ser herederos, Azul sabía que aquello se hacía más evidente a partir de la forma en que llegaron a la escuela, sobretodo siendo un lugar tan prestigioso, lleno de niños mimados además de que la inscripción debía ser con anticipación y ahora, los gemelos habían sido trasladados con tanta facilidad, era todo demasiado sospechoso, sin embargo Azul logró manejarlo, hasta que un día, todo le explotó en la cara…
Fue a la hora del descaso, cuando un profesor le solicitó entregar unos papeles a su maestra que lo atraparon, estaba regresando al patio cuando dos de sus compañeros que siempre lo fastidiaban lo intersectaron junto con otros cuatro que los acompañaban, formando un total de seis.
"Asi que ahora el pulpo se siente muy arrogante solo porque se encuentra acompañado de esos mafiosos y corruptos"
"¡Ja! Miren al pequeño de Azul, no se siente tan fuerte cuando sus amigos no se encuentran cerca"
"B-basta, por favor"
El menor pudo sentir como la tinta quería escapar de sus ojos mientras era ahorcado por el que lo había capturado, los otros se fueron acercando y poco a poco comenzaron a repartir golpes en su abdomen y aplastando sus tentáculos, haciéndole soltar gemidos de dolor.
"D-duele, por favor, no he hecho nada malo"
"Hiciste algo malo desde que te juntaste con esa basura"
"Me da asco solo verlos, ¿Qué no sabes que su familia se dedica a matar gente? ¿Qué no tiene piedad? ¡Son unos cobradores!"
"Eres basura al igual que ellos, y la basura merece ser tratada como tal"
Varios golpes más siguieron mientras ya no pudo retener las lágrimas de tinta, derramándolas.
Su cuerpo dolía, cada parte, cada tentáculo, sus brazos y solo podía pedir que pararan, quería utilizar sus hechizos pero su cabeza seguía en blanco, quería gritarles que los gemelos no eran basura, no cuando lo habían acompañado, no cuando lo ayudaron, no cuando eran los únicos que no se habían fijado en su físico, que encontraban interesante sus hechizos, que lo escuchaban y aceptaban su actitud mezquina, que lo veían como lo que era, un niño buscando la amistad de alguien…el ser reconocido…
"¡Ja! Ya empezó a llorar tinta, ¡Que asco!, pulpo gordo y tonto"
Los insultos dolían mas que las heridas físicas pues en algún punto, a pesar de que lo negara, Azul había comenzado a aceptarlos, creérmelos, es por eso que actuaba con indiferencia, no quería que nadie notara el como lo habían herido y al mismo tiempo eso alejaba a la gente pero, al los gemelos no y ahora, ¿De que servía? ¿De qué servía tanto estudio si seguía siendo aquel pulpo débil, que no sabía defenderse?
Sus tentáculos dolían y nadie llegaba, los maestros no lo ayudarían por temor a meterse en problemas con aquellas familias así que estaba solo, se encontraba a punto de desmayarse del dolor cuando, el olor a sangre llegó a sus fosas nasales.
Al abrir un poco los ojos, vio como Floyd tenía clavado sus garras en el rostro de aquel que lo había sostenido, dejando que la sangre fluyera mientras las garras se encontraban muy cerca del ojo del sujeto, pero Floyd no era el único, Jade sostenía a dos contra la pared mientras su cola tan larga como era, se encontraba enrollada alrededor de otro mientras lo estrujaba, tan parecido a las acciones de su hermano pero, lo más sorprendente, era la mirada de ambos, un brillo sádico en sus ojos dorados, ese instinto de matar único de los depredadores como cuando un tiburón está al acecho. Azul quería detenerlos, decirles que pararan, pero se encontraba muy débil, cansado, sus ojos se estaban cerrando y apenas pudo escuchar algunos dialogos de la conversación.
"Ne ¿Por qué están tocando a Azul? Solo nosotros tenemos permiso de tocarlo"
"La basura siempre huele tan asquerosa, por eso pudimos encontrarlos"
Seguido a eso escuchó el lloriquear de sus compañeros y el olor a sangre se intensificó, necesitaba decirles que los dejaran, que detuvieran esa masacre pero su cuerpo ya no aguantó mas y se desmayó, lo último que captó fue un olor fuerte pero no supo de dónde provenía, no era la sangre, era algo más…
Ese día los gemelos afirmaron su lugar como herederos, se habían presentado como Alfas...
Para cuando Azul abrió los ojos ya no se encontraba en el pasillo, ni en la enfermería, ni en la escuela, se hallaba en su habitación. Ahora que lo notaba era de noche y todo el cuerpo le dolía, incluso sintió algunas vendas en sus tentáculos. Su cabeza le dolía y daba vueltas pero aún asi decidió pararse, necesitaba saber que había pasado, quería respuestas, necesitaba conocer lo ocurrido y sobre todo, quería saber que había ocurrido con los gemelos.
Su nado tuvo que ser lento debido a las lesiones y por ese mismo motivo, sus movimientos eran discreto, como si supiera que debía seguir en cama aunque su mente se negaba a estar tranquila. Al salir de la habitación notó que todo se encontraba apagado y al revisar el reloj supo que ya había pasado su hora de sueño, efectivamente, ahora debía estar acostado pero, continuó.
Al mirar desde el pasillo notó que todo se encontraba apagado a excepción de algunas luces iluminadas por lámparas con bichos que emitían una luz fluorescente, así, comenzó a avanzar hasta la puerta de sus padres hasta que un llanto lo detuvo, un grito desgarrador que le partió el alma, era su madre…
No quería inmiscuirse, pero al escuchar aquello lo inquietó y terminó con la oreja pegada a la puerta de la habitación de sus padres y uno de sus ojos mirando de vez en cuando por la rendija.
"Ya no lo soporto, ¡No lo soporto!, ¡Mi bebé no debería estar pasando por esto!"
"Lo se querida pero no tenemos otra opción…"
"¡Todo por esa estúpida familia!"
El menor nunca había escuchado a su madre insultar y eso lo puso en alerta, sabía de quienes hablaban.
"No aguanto, ¡Lo voy a cambiar! Lo cambiaré, tomaré nuestras cosas y nos iremos de aquí, a algún lugar donde nadie nos encuentre"
Los ojos de Azul se abrieron, ¡No!, no quería mudarse, eso implicaría volver a comenzar, ¿Qué pasaría con el negocio de sus padres, en todo lo que habían trabajado? Si los rumores de los Leech eran ciertos sería lo mejor, pero, ¿Perder todo, solo por su error? La culpa comenzaba a carcomerlo.
"Si hacemos eso lo tomarán como un insulto, sabes como son, ya no hay vuelta atrás"
Al través de la puerta Azul notó el movimiento del agua, eso indicaba que su padre se había movido, probablemente para acercarse a su madre.
"¡NO ME IMPORTA! Los quiero lejos de mi bebé, es solo un niño, ¡Es solo un beta! ¡¿Por qué lo tuvieron que elegir a él?! ¡Nos iremos mañana mismo!"
La voz de su madre era desgarradora, pero lo que vino después casi detiene su corazón.
"¡DEBES ACEPTARLO!, SI SIGUES NEGANDO AQUELLO, ¡TERMINARÁN HACIENDOLE DAÑO A AZUL!"
En toda su vida, Azul nunca había escuchado que su padre le gritase a su mamá, pero ahora, en medio de aquella discusión, no era por enojo, no, aquel grito de su padre fue un llamado desesperado, un golpe que de aceptación que les hacía caer en la realidad de la situación, de aquello que desde antes quisieron evitar.
"Debemos proteger a Azul…"
Fue todo lo que dijo y entonces, vino el silencio…
"Mi bebé..,"
Lo último que escuchó fue el sonido y el movimiento abrupto en el agua cuando los tentáculos de su madre cayeron de golpe al piso ante su colapso, durante un tiempo hubo silencio y después de eso, desde su escondite, escuchó como su padre se movía y a través de la rendija observó como abrazaba su madre y juntos, enredando su tentáculos en una búsqueda de consuelo, lloraron juntos, lloraron porque no podían proteger a su único hijo, aquel que les dio tanto trabajo de concebir y que ahora, se encontraba a merced de los depredadores, y Azul no aguantó más, ese día regresó a su cuarto sin respuesta y con muchas dudas, muchas dudas e incertidumbre sobre su futuro.
Azul aún recuerda ese día como si fuera ayer, y mientras pasa las hojas de su libro acerca de la biología de las especies, trataba de buscar información acerca de las morenas y sirenas morenas para recopilar información y prepararse para lo que vendría.
Después de esa noche al día siguiente sus padres le informaron que tenía tres días libres concedidos por el director para que se recuperara y por mientras sus tareas serían aplazadas y aquello no afectaría su rendimiento, el tema con la familia Leech no se mencionó y Azul tampoco preguntó lo ocurrido después de su desmayo, parecía un pacto realizado para evitar la preocupación de su madre y sentimientos incómodos.
Hoy también se había quedado solo y ahora se encontraba leyendo, como se prometió, por el bien de sus padres se prepararía para lo que venía, asi que, mientras degustaba una fruta mientras en su mente llevaba un conteo de calorías (dese ese día supo que las cosas debían de cambiar, empezando con su aspecto) escuchó la campana de su casa. Evidentemente no abrió, pues no primero que hizo fue revisar por la rendija, pero, gran sorpresa se llevó al encontrarse con la cara de los gemelos.
"Abre ¡Azul!"
El más desesperado como siempre era Floyd, que tocaba con insistencia, asi que, con un suspiro no los hizo esperar más y les abrió, sin embargo vaya sorpresa que se llevó al encontrarse con los gemelos, y es que, no es como si sus caras hubieran cambiado pero sus cuerpos…
Los hematomas que los cubrían eran notablemente visibles y una que otra cicatriz que parecía están en proceso de curación rápida, todas esas marcas que mostraba una evidente pelea, sin embargo la sonrisa de ambos seguía ahí, como si nada hubiera pasado.
"Azul"-fue la voz de Jade que lo sacó de sus pensamientos- "¿Podemos pasar?"
"Ah…si"
Con un asentimiento se apartó y los dejó entrar a su morada, a diferencia de la mansión en donde vivían la casa Ashengrotto era más discreta y sencilla. Así, acompaño a ambas morenas al comedor y les ofreció un poco de fruta.
"¿Gustan?"
"No gracias"
"Puag, es mejor la carne"
Trató de ignorar la expresión de asco de Floyd y se enfocó en Jade.
"Y… ¿A que vinieron?"
Ambos gemelos parecían confundidos al percatarse que no había preguntado por el incidente, sin embargo, después de mirarse unos segundos, sonrieron y parecieron ignorar ese detalle.
"La maestra nos pidió pasarte los apuntes"
"Si, ya queremos que Azul vuelva a clases, todos los niños son tan aburridos"
El menor miró los apuntes y tímidamente los tomó sorprendido por la sinceridad de Floyd, esas palabras hicieron que cierto sentimiento volviera a surgir en su pecho, ese que solo los gemelos provocaban, sin embargo lo ignoró, pues aún no quería mostrarse débil ante estos y que perdieran interés.
"No se preocupen, pronto estaré de regreso, no puedo perderme las clases si quiero llegar a ser como la bruja del mar y demostrarle a aquello enclenques de lo que soy capaz"
Aquel comentario a pesar de ser arrogante no molestó a los gemelos, por el contrario, la sonrisa en ambos creció y seguido a esto, vino la contestación cruel de ambos.
"Pero a Azul aún le falta mucho"
"Me pregunto si realmente tendrá el potencial para llegar a ser tan bueno, será algo interesante de ver"
"¡¿Eh?! Ya lo verán ¡Seré igual de poderoso que ella!"
Y asi, la tarde en la casa Ashengrotto pasó de forma amena hasta que tocó el turno de que los gemelos se fueran, justo antes de que sus padres llegarán, sin embargo, antes de atravesar la puerta, algo particular ocurrió…
Así como había sucedido en el pasado, Floyd se acercó y olfateó a Azul, pero esta vez, Azul pudo notar cierto aroma fuerte que expedían los gemelos, aunque cuando entraron no lo mencionó.
"Mmm, Azul aún no huele a nada"
"Floyd…"
El regaño de su hermano fue interrumpido por una risita, esta vez era Azul el que reía por las acciones de los gemelos y es que, ambos se quedaron sorprendidos pues era la primera vez que lo veían reírse desde que lo conocieron.
"¿Qué?"-El menor trató de controlar su risa mientras los veía con cierta arrogancia – "¿Aún lo ha notado? Son beta, jamás voy a tener olor"
Con esto, por primera vez el pulpo observó como las mejillas de Floyd se teñían en un tonó más oscuro que el de su piel e incluso, observó que a Jade le pasaba lo mismo, como si ambos tuvieran la ilusión que Azul tuviera otro segundo género, pero sin saber cuál exactamente.
"¡E-es que Azul es diferente!"
Quiso escuchar las escusas de Floyd pero su risa no dejó de salir hasta que este estuvo por darle un "abrazo" especial y fue ahí que se detuvo, mientras tanto Jade parecía observar desde lejos aunque aún aparentaba no caer en cuenta de su error. Asi, los gemelos se despidieron y Azul pudo volver a sus deberes, ahora con la tarea en manos se puso a trabajar antes de que sus padres regresaran, y entonces, desde ese día, el destino de la familia Ashengrotto cambio, pero, Azul ya se estaba preparando para lo que venía…
N/A: *Los adornos en los oídos de los gemelos están hechos con el mineral que Azul les regaló en su cumpleaños.
