N/A: Este capítulo lo escribí por mero gusto, literalmente es todo s*xo, so, no le tomen mucha importancia, perdón por amar e imaginar como los gemelos manipularían a Azul tan fácilmente siendo mujeres –se desvanece.

PD: Este episodio también tendrá una segunda revisión, pero lo tenía guardado por tantos meses que no me resistí.

PD2: Gracias por los comentarios de esas bellas personas que se han tomado el tiempo y por la gente que sigue esta obra, la verdad, la realice con la inspiración de que el amor por esta pareja creciera.


Capítulo X

Gustos

FemFloydxAzulxFemJade

Azul desde pequeño había aprendido a distinguir a las gemelas, más allá de su mechón de lado izquierdo o derecho le era fácil diferenciarlas hasta de espaldas. Sabía que a muchos aún les costaba acostumbrarse pero reaccionaban al notar la expresión de cada una. Floyd solía llevar un aire de aburrimiento a menos de que algo le llamara la atención o quisiera jugar, mientras que Jade mantenía ese semblante impecable de amabilidad, mismo que escondía su continuo análisis de su alrededor y la recopilación de datos que luego pudiera utilizar en su beneficio.

Incluso, mucho antes, cuando tuvieron el cabello corto y la ligera ondulación en la melena de Floyd se perdió, él observaba con una sonrisa como a las hermanas les gustaba confundir y manipular a las personas a su alrededor, era el único que las entendía a tal punto que, aún cuando quisieron fingir sus actitudes para engañarlo, conocía los gestos de cada una.

De adolescentes se hicieron mas evidente esas discrepancias, el como el pelo lacio de Jade se mantuvo largo mientras que el de Floyd era un poco más corto y con algunas ondas, también el uso de las medias negras con zapatos cerrado con un ligero tacón por parte de Jade contra los tenis y la poca importancia que le daba Floyd a que alguien pudiera notar sus bragas por debajo de la falda corta (problema que Azul tuvo que solucionar con unos shorts diminutos mismos que tuvo que obligar a usar a la gemela ante la risita de su melliza que fue la única que logró convencer a su hermana a pesar de que esta siguió sin comprender porque a las personas de la tierra aquello les molestaba cuando en el agua solían estar más expuestas).

Si, eran gemelas, pero tan distintas la una de la otra, exceptuando una cosa…una ligera acción que aún no quería comprender del todo, pero, que la disfrutando como un manjar adictivo, en algún punto pensó que esto despertaba serotonina en ellas como una droga inmediata y eso era...el molestarlo, porque si, les encantaba hacerlo enojar, sacarlo de sus casillas, llenarlo con el temor que negaba cuando notaba esos ojos depredadores sobre de si, el sentimiento de estar atrapado ante ambas con una cadena en cada muñeca, una para cada una, sin salida, y luego estaba esa forma en que combinaban aquel juego con otra cosa que seguía sin saber en qué etapa llegaron a tal punto…el sexo. Y por mucho que aquello le hiciera sonrojarse, Azul no cabía en sí mismo, no comprendía el por qué ambas disfrutaban de su compañía desde el inicio de su adolescencia, hasta después de mucho análisis, se percató de esas señales que antes ignoraba, el cómo enredaban sus colas en su tentáculos, los toques, el acercamiento y, al principio creyó que era un ilusión. A Floyd le encantaba recordarle que era delicioso y que quería comérselo y el jugar con su mente era una de las actividades favoritas de Jade pero, cuando en algún momento sus manos comenzaron a recorrer sus tentáculo y subían o enredaban mas sus colas pegando sus senos contra él, se sentía atrapado, quería huir, deseaba escapar, no obstante, esos ojos que parecían brillar con aquel dorado lo mantenían quieto y entonces, su único plan era ignorarlo, fingir que nada ocurría, controlarse hasta que cediera o se aburriera y en general, eso solía funcionar, hasta que un día…las cosas se rompieron.

Por ahora no quería pensar en ello, prefería olvidar pero era difícil borrar de su memoria el día en que, cuando regresaba tranquilo de firmar un contrato con alguien, una vez el café cerrado y con el único propósito de resguardarlo, se encontró a ambas jadeando sobre tu escritorio (lo cual considerado bastante grosero e incómodo considerando que podían arruinarlo si derramaban la tinta de su tintero) mientras sus manos se colaba por aquellas faldas mientras escuchaba su nombre a coro, en ese entonces solo pudo congelarse, se quedó parado a fuera, con la mano en la manija y estrujando los papeles, dejó de respirar y en algún punto juró que ellas lo miraron pero de un movimiento rápido volvió a cerrar y huyó, escapó antes de estar enredado hasta el cuello.

Esa noche puso un conjuro en su puerta (aunque el dormitorio estaba dividido entre hombres y mujeres y había una maldición sobre ambas áreas para que nadie pasara del otro lado…aunque sabía que ambas podían romperlo) y dejó de forma descuidada el contrato en un cajón para cambiarse rápido y acostarse, quería olvidar aquello pero cada que cerraba los ojos podía verlas…podía escuchar sus voces pronunciando su nombre a coro, sus manos moviéndose, el sonido que provocaba la fricción cuando tocaban ese lugar que ni él conocía y entonces, sintió como si su mundo se cayera cuando cierta molestia creció en sus pantalones…

Solo cerró los ojos y repitió hechizos en su cabeza, tratando de huir de los monstruos del abismo hasta que cayó rendido por el cansancio, dispuesto a olvidar, borrar aquello de su mente para siempre…

Al día siguiente las evitó, fue evidente y los demás lo notaron, lo sabía y predijo que sería acorralado pero, no esperaba que tan pronto…

Entonces, no se le hizo extraño que lo encerraran en su oficina cuando fue por un documento que solo ahí se encontraban, al principio dio escusas, se quiso ir, pero, cuando notó la mirada triste en Floyd y vio a Jade contener una mueca, no pudo más y entonces…cedió, las volvió a recibir pero…grave error…muy grave error…Azul nunca olvidaría eso y desde entonces…las gemelas lo reclamaron como suyo, a la mañana siguiente le fue difícil ocultar las marcas aunque ellas se encargaron de mostrar sus cuellos con orgullo y Floyd no se midió en decirle a cualquiera que preguntara que había tenido "Mucha diversión" el día anterior, y así, sin querer, había agregado nuevos términos a su contrato con las gemelas y, ahora que recordaba, por fin entendía cómo es que la diversión se mezcló con el sexo, las gemelas había combinado aquello que tanto disfrutaban, el molestarlo y su hambre (en este caso carnal) para arrastrarlo, Azul pasó a ser su nuevo juguete, tenían otro entretenimiento y como siempre, al igual que la primera vez que lo mordieron y supo que estaba perdido, afirmó que ellas eran las del poder, solo esperaba ver cuando se aburrirían pero entre tanto, estaba en sus manos, atado a ellas y a sus gustos…

Floyd

"Ahhh, Azul, mmmás, ¡Estas siendo perezoso!"

Escuchó la queja de Floyd mientras sentía como sus muslos se apretaban alrededor de su rostro provocando que se hundiera en su intimidad, estaban en el sofá y ella casi lo asfixiaba, moviendo sus caderas, buscando mayor contacto mientras el tritón trataba de no morir en aquel acto. Floyd era intensa, desesperaba y le gustaba recibir, tener el poder, pero Azul la tomó de las caderas con fuerza para controlarla recibiendo en respuesta un jadeo por tal acción.

Su lengua se movía a un ritmo lento acariciando el clítoris y los labios con habilidad, mientras su mandíbula se abría para que pudiera abarcaran una mayor área y cumplir sus caprichos, la carne palpitaba en su lengua, caliente y suave, tuvo mucho cuidado pero no era suficiente, jamás era suficiente para Floyd.

"Así Azul, más, ahí"

Sintió como esta quería aumentar la velocidad pero la detuvo a tiempo, a pesar de que tenía el poder, debía tratar de que aquello fuera a un ritmo seguro aunque la sentía saltar ligeramente mientras el solo podía recibir a pesar de tener la saliva y sus jugos escapando de sus labios, el área era suave, su lengua acariciaba y probaba sus reacciones, entrando y saliendo dependiendo del ritmo en el cual respondiera.

"Más rápido Azul, más"

Percibió como las manos de esta se movían al cinturón de su pantalón y supo lo que venía, debía apurarse, a ella le gustaba correrse mínimo una vez antes de pasar a la penetración, le encantaba estar resbaladiza para recibirlo así que, aumentó un poco el ritmo para cumplir sus deseos hasta que sintió un ligera palpitar y el cómo sus muslos se contraían indicando que estaba por llegar al orgasmo justo antes de que terminara de bajar sus boxers y liberar su erección.

"Me vengo Azul ¡Ahh, me vengo!"

Fue todo el aviso que recibió antes de sentir cierta contracción y las consecuencias de su climax, podía sentir la zona temblar bajo su lengua y los jugos que inundaban su paladar, toda ella temblaba y jadeaba, apretándolo, lo mantenía capturado hasta estar satisfecha, le gustaba sentirlo en ella hasta que el orgasmo pasase mientras sus paredes se contraían succionándolo.

"Azul es un buen chico"

La escuchó alagarlo y soltar una risa infantil, casi parecía inocente, pero aquel acto era todo menos eso. Su rostro ardía y no pudo mirarla a los ojos aun cuando la evidencia era demasiado notable en su rostro, su mandíbula dolía y en sus labios había rastros de su humedad, aún podía oler y sentir el gusto en sus papilas gustativas.

"Ne, Azul, es hora de tu recompensa"

Sus ojos regresaron a verla y su cerebro se detuvo, lo había notado en su voz, aún no estaba satisfecha, Floyd no se iría hasta no estar conforme, pero ver el deseo a través de sus ojos siempre lo dejaba con la garganta seca.

A veces dudaba si estaba viendo a su compañera de juegos ahora convertida en mujer o, a una hechicera de lo profundo del mar, engañosa, que te engatusa con su voz y presencia porque, eso era Floyd, así lo tenía, hechizado, no podía dejar de verla, con esos ojos oscuros del deseo que escondían el brillo de su excitación mientras se sentaba sobre su pecho. Podía sentir el calor tan cerca, estaba húmeda, caliente y a poca distancia de su hombría, pero, no era lo único, ella sabía que le gustaba lo que veía y no tuvo piedad, nunca lo tenía. Con una sonrisa tuvo el descaro de arquearse y mostrar sus pechos a través de la blusa abierta, entre la tela transparente podía ver sus pezones rosados porque si, no llevaba sujetador, esa fue la primera señal de peligro cuando entró en su oficina. Esos botones rosados y erectos que sin pena se mostraban, la dueña tampoco mostró pudor cuando tomo su mano y la llevó a ese sitio, la blusa ya se encontraba medio abierta así que pudo colarla con facilidad.

"Azul…"-Ahí estaba el tono necesitado y el gemido cortado cuando su dedo rozó el botón erecto- "Tócame"

Su mente se quedó en blanco pero Floyd se encargó de que cumpliera, le hizo apretar con firmeza su pecho y jugar con el mientras ella se tocaba por debajo de su falda, aunque sabía que se encontraba sobre de él, no le importó manchar su vientre con sus jugos mientras él solo podía observar como jugaba con su cuerpo, sin embargo, eso no es lo que ella quería, lo que buscaba. Entonces, cuando se fastidió, llegó al punto que habían dejado pendiente.

La mente del octópodo apenas había registrado su necesidad, el miembro duro y erecto aguardando, pero Floyd no olvidó aquello.

"Ah, el amigo de Azul sí que esta duro hoy, ¿Te gustó jugar con mis pechos?"

Esa boca tan sincera era lo que le avergonzaba porque sabía que era verdad, ella lo conocía demasiado bien.

"Prometo cuidar bien de Azul"

Con esto, Azul solo pudo mirarla mientras subía, aunque sabía que venía, trató de detenerla.

"Espera Fl….¡AH!"

Entonces el ritmo desenfrenado comenzó.

De una sentada su miembro se hundió en ella, no hubo necesidad de ir lento pues Floyd se había preparado para ello (además de que así era su estilo, salvaje, rudo). La sensación de ser envuelto lo abrumó, las cálidas paredes que rodeaban todo su falo y lo invitaban a hundirse más en aquella cavidad, era succionado, lo exprimía y el placer lo dejó con poca conciencia, solo podía pensar en ese calor y en llegar más lejos pero, su parte lógica sabía que no debía dejarse llevar, Floyd se daría cuenta de cuanto lo disfrutaba y conociéndola, usaría eso en su contra. Sin embargo, la hembra tampoco le dio mucho descanso pues rápidamente comenzó a mover sus caderas, siempre tan fuerte y flexible, comenzó a montarlo, subió y bajo con velocidad mientras buscaba que Azul se enterrara más en ella, el octópodo no tuvo tiempo para reaccionar al momento que su miembro volvía a hundirse más profundo en aquel cuerpo.

"N-no seas tan perezoso Azul"

Escuchó como esta lo regañaba y jalaba sus mejillas, fue rápida en tomar sus manos y hacer que le sostuviera la cadera. Como una orden, Azul obedeció y la ayudó con aquella acción a pesar de que sabia que no era corrector, más tarde se arrepentiría pero ahora, Floyd no estaría satisfecha hasta que se corriera y si lo negaba…no, no había esa posibilidad, podría parecer inocente pero el nivel de análisis de Floyd era igual al de su hermana, lograría convencerlo y la negación la molestaría, buscaría como alargar su agonía.

Mientras su mente trataba de ignorar los ruidos que esta producía o peor, el sonido de sus pieles chocando, sus ojos se desviaron, no quería verla, o a su cuerpo, el como sus senos rebotaban, o su cintura, se negaba admitir lo mucho que le llamaban la atención, no obstante, ella vio sus intenciones y sostuvo su cara con fuerza, clavando sus uñas.

"Que malo es Azul-chan"

Notó su mohín, a pesar de todo lo que se encontraban haciendo seguía manteniendo esa actitud infantil lo cual le causaría inmensa ternura si no fuera porque luego lo besó de forma salvaje. Todo era caliente, la forma en que mordió sus labios era una consecuencia de sus acciones y aprovechó que se encontraba distraído para aumentar su ritmo. Azul sabía que si no la ayudaba recibiría más marcas, ella usaría todo en su contra frente a los demás, atacaría su orgullo, así que cooperó, la tomó con fuerza (como a ella le gustaba) y aumentó su ritmo, entre el beso y sentir como esas paredes se contraían a alrededor de su falo trató de mantener su mente enfocada pero, en algún punto (y aunque quisiera negarlo) el instinto tomó partido.

Entonces, en la habitación solo se escucharon los jadeos, el sonido de sus cuerpos chocando, un ambiente lascivo mientras ella no se retenía en vocalizar, gemía su nombre mientras le arañaba la espalda, amaba dejar las señales de lo que habían hecho, que este la recordara y Azul por supuesto que la recordaría, la forma en como su cuerpo se movía, sus caderas, sus senos, todo se grababa en su mente, esa expresión y brillo lujurioso y el cómo su intimidad se contraía antes del orgasmo, estaba cerca, lo podía sentir.

"Asi Azul, AZUL, ¡SI!"

En la mesa estaba la poción lista, una anticonceptiva, siempre guardaba para ella y Jade, aunque sabía que estas mantenían un estricto control de su natalidad, aún así, tenía cuidado, no era un misterio el hecho de que a futuro, estas buscarían atarlo y si no era por matrimonio, sellarían el contrato de otra forma (Azul lo supo desde hace tiempo, cuando fue mordido por primera vez).

Tanto Jade como Floyd amaban que terminara en ellas, el sentirse plenas y también les gustaba comentar sobre ello después del sexo.

"Quiero a Azul, ¡Ahhh! A-ahí viene"

Ella lo conocía demasiado bien, tal vez incluso entendía mejor su cuerpo que él, entonces, la miró a los ojos y la vio sonreír, como cuando obtenía lo que quería, él era su juguete y consumiría cada parte de su persona, sabía que le gustaba regodearse al saber que lo disfrutada e incluso, cerró un poco mas sus piernas para asegurar su amarre, entonces, sintió como su interior lo apretaba y asi, viendo esos ojos que brillaban con felicidad pura ante la carta ganadora, sintió como ya no podía contener su calor y lo liberó dentro de esta.

"¡AHHH!"

Su semilla fue depositada y se percató de cierto escozor en su espalda, había clavado las uñas con mas fuerza, a tal punto de hacerlo sangrar. No lo liberaba, sus brazos lo mantenían prisionero hasta que el orgasmo pasase, el cuerpo de Floyd temblaba en sus brazos mientras se recuperara, ambos jadeaban tratando de regularizar sus alientos.

Por un momento hubo silencio y Azul tuvo el error de verla, era tan…perfecta.

Esos labios rojos e hinchados, el cuerpo fuerte, el cabello ondulado y revuelto, no era secreto de que ambas gemelas eran tan atractivas como letales, incluso en el mundo marino, se les consideraba joyas exóticas, lo cual lo dejaba más confundido ¿Por qué? ¿Por qué estaban con él? Sin embargo siempre llegaba a la misma conclusión, solo lo mantendrían hasta que se cansaran de él y, a pesar de que sabía la verdad, a veces detestaba sentir esa opresión en su pecho.

"¿Te gusta lo que ves?"

La risita lo sacó de sus pensamientos y al verla a los ojos, sus mejillas se calentaron, se había distraído demasiado tiempo y su vista no dejó de apreciar el cuerpo ajeno. Su boca hizo un ruido de protesta y luchó por negarse, aplicar alguna escusa, pero fue callado cuando esta le acarició la barbilla.

"Azul es un buen chico"

El tono alegre e infantil volvió y cualquier duda fue callada por el beso que le dio esta, ahora, después de coito llegaba cierta sensación de calma. Aunque se negara a tales afectos, al final, terminó por corresponderlos, esa era su rutina, Floyd era más empalagosa después de que obtenía lo que quería (Jade también, pero ella se volvía más servicial) y ahora venía el siguiente reto, sabía que le gustaba ser consentida, así que se preparó mentalmente para dormir abrazado a esta y después luchar por convencerla para tomar un baño, esos eran los procesos a los que se había acostumbrado (aunque muy en su interior, se decía que debía tener cuidado, porque en algún momento el volverse dependiente de ello podría destruirlo cuando todo terminara). Un bostezo por parte de esta la delató y al final, cansado, abrumado (y no quería admitirlo pero, satisfecho), se dejó llevar por ella como siempre lo hacía, se permitió descansar entre sus senos mientras era abrazado (más bien, encarcelado entre tales extremidades) y era arrastrado al mundo de los sueños, estaba seguro que Jade se les uniría en algún punto pero aquel era un pensamiento para después.

Jade

Jade era más discreta, pero no por eso menos deseosa, un toque por ahí, un masaje en sus hombros, una inclinación para que sus pechos rozaran sus mejillas cuando trabajaban en la sala VIP, sus piernas cruzándose elegantemente, a él le gustaba ese pequeño tacón, no lo admitiría pero lo adoraba, aprendió a apreciarlo cuando ella lo sometió a uno de sus juegos. Más que Floyd, lo juegos mentales que preparaba Jade lo hacían rendirse bajo su mano y al final, no sabía si realmente tenía el control, solo conocía que terminaba agotado, saciado y deseando más, la morena era buena manipulando la gente a su antojo, logrando que hicieran lo que ella quería.

O a veces solo era directa, se exhibía, sabía que era hermosa, el perfume de su cabello largo y lacio, el cómo se balanceaba, su caminar y el ruido de tacón que solo Azul conocía en la intimidad, cuando movía sus caderas de más, se sentaba en el escritorio y abría las piernas para mostrar lo que escondían sus faldas, esa lencería negra pero discreta, solo salvaguardada por sus mallas negras, pero dentro, se encontraba el premio, Azul tragaba duro cuando lo hacía, sabía que estaba húmedo y a ella le encantaba tentarlo. Aun cuando su pluma garabateaba rápidamente para seguir con los contratos….

"Azul…"

Un llamado era suficiente para que su pluma se detuviera y sus mejillas quedaran rojas, no quería verla, no lo deseaba, no se supone que fuera así, trató de ignorarla, no le gustaban esos juegos pero, ella era un depredador, sabía emplear sus cartas y cuando tomó el bolígrafo aún en contra de sus protestas, el mirar los ojos heterocromáticos fue su error, en ese momento perdió, solo pudo tragar mientras ella acomodaba los papeles perfectamente en una pila y los guardaba en el cajón del escritorio, sus ojos la perseguían, cada movimiento, mientras un sentimiento de pavor se removía en su estómago, entonces pudo correr, lo sabía, pero, era Jade, muy astuta en todos los sentidos, un pequeño pulpo ante la morena imponente, como si su cola estuviera presente, asfixiándolo, bajo su hechizo.

Cuando parpadeó la realidad de aquello lo quemó y quiso alejarse pero, era tarde, cuando se apoyó para retroceder la silla, el tacón de Jade ya se encontraba en su entrepierna y lo acarició. Al principio se sorprendió y luego vino la molestia, sus cejas se juntaron, su boca se abrió para lanzar una protesta pero el sonido que deseó ,no salió, en cambio la presión aumentó en su ingle y se le escapó un pequeño grito entrecortado, pudo ver su sonrisa crecer y no se detuvo, nunca se detenía, una vez que la morena tenía su atención, ese solo era el inicio del juego. Poco después su sombrero se encontraba en la mesa, su corbata mal hecha y los primero botones de su camisa abierta con múltiples marcas en su cuello sin cortar el dulce pecado que se encontraba entre sus piernas. Azul quería ignorarlo, negar que sus trucos funcionaban pero por cada acción de esta, la mancha en sus pantalones crecía, se avergonzaba de su hambre carnal.

Cuando el beso salvaje terminó, ella lo atrajo, lo jaló del cuello, no lo soltaría y lo obligó a apoyarse en el escritorio, rodearla mientras se acomodaba en este, por suerte los contratos estaban a salvo. Quería salir pero el agarre era de hierro y luego su pierna hizo que sus intimidades rozaran, la falda desde hace mucho estuvo alzada y Azul podía sentir su calor. Hizo un movimiento de cadera tentativo, quería que sintiera su deseo, era una prueba para hacerlo caer pero no, se quedó quieto, no obstante eso no la detendría.

"Ahhh Azul"

El susurro cerca de su oído casi destruye su lado racional pero hubo un corto cuando luego llegaron las garras, esas uñas en su espalda, destruyéndola, conocían su potencial para la curación así que no había problema, era un gusto de Jade como las mordidas de Floyd, entonces, las clavó.

Apenas pudo gritar porque otro beso lo atacó, esta vez las caderas se movieron con mayor frenesís, no, no debía ceder pero parecía como si su cuerpo se adaptara a ella, aunque esto no era el término de aquello.

Tan fácil fue para ella abrir su camisa como deshacerse de su pantalón, sin embargo todavía dejó la ropa interior, no era el único vulnerable, sus voluminosos senos estaban al aire mientras su boca los atendía, su agarre de hierro en sus cabellos no le permitió detenerse, chupón como si se estuviera amantando y mordió, la punta siempre era la más sensible, lo sabía aunque no quería admitir que era después de mucha experiencia.

Cuando por fin lo libero, su mandíbula estaba cansada y la vio sonreír, algo en lo que no eran diferentes ella y Floyd era en que les gustaba que les cumplieran sus caprichos.

Por un momento pensó que estaba satisfecha cuando lo dejó ir, a pesar de cómo se encontraba, prefería atenderse de manera individual su "problema" con tal de parar ese juego, pero no, la vio bajar sus mallas y quitárselas, se sintió sucio cuando sus ojos siguieron todo ese camino desde estas hasta las bragas húmedas, pero ese solo fue un preámbulo, ella no se las quitaría, quería que él lo hiciera, así que lo miró a los ojos, se puso a la defensiva, negándolo, pero, cuando su sonrisa creció y sus ojos se afilaron…

"¿Tienes miedo pequeño tako?"

Apretó los dientes, no quería sucumbir al reto inminente, pero era bastante difícil negar que todo el acto le había afectado, un instinto animal lo tentaba a seguir retándola ignorando el peligro, aunque, eso no fue suficiente para convencerlo y ella lo notó. Vio su mirada oscurecerse pero este detalle pasó desapercibido cuando la sonrisa volvió, Jade era una estratega y si el primer curso de acción no funcionaba, siempre existía un plan B.

Sus manos soltaron su fuerte agarre en su espalda y una de ellas descendió hasta su intimidad, tanteó sus bragas. Azul pensó en escapar pero las piernas enredadas en sus caderas se lo impidieron.

"Si tako-san no puede encargarse…"

Fue descarada cuando su mano comenzó a acariciarse, sus dedos iban con un masaje suave y se deslizaban en aquel punto dulce que él conocía, a veces hacían círculos y vio el cambio en su rostro, el éxtasis mientras jugaba consigo misma y gemía su nombre, la puerta estaba cerca, huiría si no fuera porque esta lo tenía bien atrapado, incluso tenía la osadía de restregarse contra su erección dejando más manchada la parte delantera de sus boxers, todo aquello era una tortura, un castigo por su negación.

"S-sabes"

Su atención volvió a esta cuando habló.

"A-ahh"-sus dedos no se detenían- "¿Recuerdas aquel n-negocio programado p-para el mañana?"

No…no se atrevería.

"Lo he adelantadahhh"-su ritmo comenzó a aumentar pero no se vendría, ese no era el plan- "L-llegaran en media hora"

Y ahí estaba la estrategia, su plan por debajo de la manga, entonces, sintió el agarre de sus piernas aumentar y como pegó sus cuerpos antes de ser jalado de cuello de la camisa para que sus rostros se encontrasen.

"Sería una lástima que nos encontraran así ¿No crees?"

El miedo se plasmó en su expresión y ella lo notó, sonrió y lamió sus labios antes de soltarlo para desenredar una de sus piernas y contraerla para acariciar con su pie su pecho y bajar hasta su erección.

"¿Qué harás Azul?"

El apodo había desaparecido lo cual indicaba que era su última advertencia, esa mujer se negaba darle salida y para su desgracia, no le quedó otro camino más que aceptar la sentencia que desde antes había tejido. Entonces, mordió su mejilla por dentro y movió sus manos temblorosas hasta las bragas de esta, ella observó complacida como las deslizaba por sus muslos e incluso abrió sus piernas para exhibir su intimidad, quería reafirmar su poder sobre Azul, que conociera su lugar mientras se reía de su desgracia.

Una vez la prenda íntima estuvo fuera, se negó a verla, que esta notara su debilidad pero el tiempo corría y tanto Jade como él lo sabían, los clientes estaban por llegar (aunque Azul podría colocar un hechizo en la puerta pero ,su pluma no estaba cerca y sería una ofensa muy grave no recibirlos, siendo tan importantes).

Su atención se desvió cuando esta se bajó del escritorio y pasó a apoyarse en este, mostrando sus glúteos y recargándose en la madera, conocía la señal, a diferencia de Floyd, a Jade le gustaba aquella posición, poder sentirlo a profundidad y recibir un trato "especial".

"Azul"

Su voz melodiosa lo llamó, como el canto de una sirena a la par de que se acomodaba en el escritorio y contoneaba su cadera, lo estaba esperando y se regodeaba en su triunfo. Todo aquel acto lo hizo sentir sus mejillas colorarse aunque había presenciado tal imagen antes. Su negativa aún estaba presente, su orgullo en juego, pero, para ese momento la situación había llegado demasiado lejos, no era la primera vez que tomaba a Jade en ese escritorio (o a Floyd), sin darse cuenta, su vida había sido profanada por las gemelas, era su títere, un juguete receptor de sus deseos, estaban encaprichadas con él y no lo soltarían.

A pesar de tantas veces, sus manos jamás dejaban de temblar cuando realizaba aquello, siempre tomaba sus caderas con sumo cuidado cuando era el momento de consumar el acto y tal momento no fue la excepción. Desprendiéndose de su última tela de ropa, se posicionó, la tierna entrada de Jade lo recibió bien y la escuchó dejar escapar un jadeo e inclinarse hacia él, en esta acción notó lo ansiosa que estaba y no la hizo esperar, entonces, la penetró.

El cuerpo de ambas era cálido y ya se adaptaba con facilidad a él, Azul podía grabar en su memoria cada sensación y no quería admitir que esa conexión lo llenaba con algo más que placer pues, al final, no realizaría aquel acto con nadie más que con las gemelas, el poder observarlas en ese estado era un privilegio, algo que hasta donde sabía, no se lo habían concedido a nadie, ellas se le habían entregado, la primera vez que lo hicieron notó el ligero sangrado y tal recuerdo aún le provocaba sentimientos encontrados, de igual manera, él les entregó su primera vez, no obstante ahora, podía leerlas con facilidad, la forma en que Jade se arqueaba y se aferraba a la madera indicaba que quería que fuera más rápido, era más silenciosa que Floyd pero no por ello menos apasionada, ahí, en su escritorio tenía a uno de los seres más hermosos del océano, clamando su nombre y permitiendo que se hundiera más profundo y Azul, no podía hacer nada más que tomarlo.

Su respiración se volvió más errática mientras sus estocadas aumentaban de ritmo, ella arañó la madera, jadeaba y pedía más.

"A-Azul, Azul"

La vio apartar un poco su cabellera y mostrar su cuello, su mirada tenía un aire peligroso que le indicaba su solicitud silenciosa, entonces, se inclinó y beso su espalda, mordió, le gustaba aquello, era otro tipo de placer masoquista similar al de su hermana pero al mismo tiempo diferente, Azul conocía cada punto de presión de ambas, lo habían adoctrinado, entrenado como un cachorro y recompensado con placer, había caído en aquella enredadera, sus colas tenían atrapado cada tentáculo y habían marcado con labial cada centímetro de su piel.

La sintió contraerse, lo cual indicaba la llegada de su clímax, notó los arañazos en la madera y en su mente anotó repararlos antes de la llegada de las visitas, entonces, justo cuando su miembro llegaba más profundo y sentía ese calor a punto de explotar en su vientre, ella lo miró, lo observó con esos ojos heterocromaticos que escondían tantos misterios que solo él podía revelar, era una atracción inmediata, una droga y él, quiso pensar que era debido al acto que realizaban que se dejó llevar y la beso, unió sus labios en su beso que guardaba muchos sentimientos mientras se venía en su interior, era su error, su pena pero cuando esta lo recibió y solo se separó para gemir, ver esos labios rosas y las marcas en su espalda, cuando su corazón latió fuerte al observarla disfrutar de su orgasmo, comprendió que tan perdido estaba, ellas…lo tenían colgando de sus manos.


La reunión pasó de forma tranquila, por suerte, lograron limpiar todo a tiempo e incluso ordenaron un té para sus invitados, sin embargo, Azul tuvo que utilizar su mejor sonrisa cuando Jade se inclinó y trató de que sus ojos no fueran directo a su falda, no llevaba su ropa interior pues esta se encontraba guardada en su chaleco, lo había obligado, además de que todavía tenía el descaro de sonreírle mientras volvía a erguirse, sabiendo perfectamente que se encontraba pensando.

Para cuando el cliente se fue, por fin logró dejar salir un suspiro, aunque Floyd entró al minuto siguiente.

"Por fin el mejillón se fue"

La primera acción de Floyd fue sentarse en el sofá y cruzar sus piernas, por suerte la falda del café era más discreta que la escolar por lo que se aferraba a sus largar piernas, manteniendo oculta su ropa interior a la vista de cualquiera.

Entre tanto Azul revisó los contratos recién firmado y las clausulas mientras Jade lo acompañaba a su lado, recogiendo las tazas y colocándolas en un platón para transportarlas a la cocina del lugar, no obstante su hermana notó cierto detalle.

"¡Mmm, se estuvieron divirtiendo sin mi!"

Tan rápido la más baja de las hermanas dejó la última taza en la bandeja, su gemela estaba sobre de ella, olisqueando y tomándola de la cintura.

"Jade huele a Azul"

Escuchó una risa en respuesta pero prefirió ignorar la escena por su seguridad, sin embargo, un jadeo repentino le hizo subir la mirada, la imagen que lo recibió le hizo sonrojarse.

La mano de Floyd se había colado por la falda de su igual y se encontraba acariciando su intimidad descubierta, Jade se reía pero no la detuvo cuando esta coló uno de sus dedos entre sus labios y estimuló la zona mientras el lugar dejaba escapar cierto líquido blanco que con todos en la sala conocían, Azul solo pudo callar.

Porque si bien, tuvieron tiempo para limpiar el lugar, la morena se había negado a retirarse para atenderse y, aunque pudiera utilizar un hechizo, decidió alargar su castigo no solo con el conocimiento de que Azul sabía que carecía de ropa interior, si no también, de que su semilla aún se albergaba en su interior.

"¡Je! Azul depositó bastantes huevos en Jade"

La declaración le hizo arrugar los papeles mientras veía al dúo juguetear, parecía todo tan inocente, como si se olvidaran de su presencia pero, tenía conocimiento de que estaban atentas a todas sus reacciones.

"Debo admitir que esta vez, estuvo más entusiasta"

La risa de Jade fue cortada cuando Floyd introdujo un dedo, fue más difícil ignorar cuando un gemido escapó de sus labios y sus caderas comenzaron a moverse contra la mano de su hermana, buscando mayor estimulación.

"¡Es injusto! No me invitaron"

La queja de Floyd fue acompañada por un movimiento brusco que hizo jadear a la otra morena, sus dedos salieron de ella y su atención esta vez fue a él, por un segundo recordó que había sido buen momento para escapar pero Floyd ya se hallaba acorralándolo contra el sofá.

"Floyd, cuidado, los contra…"

"¡Yo también quiero a Azul!"

Pronto la vio alejarse pero solo fue para subir su falda y deshacerse de su ropa interior, aunque, a medio camino, se detuvo.

"Creo que Azul no ha aprendido, debería recibir un castigo por no cumplir con las normas del nuestro trato"

Con una sonrisa, apartó la prenda lentamente ante la mirada anonadada del mencionado, cuando esta terminó en algún lugar de la sala, ya la tenía encima, atrapado entre sus brazos mientras la más alta comenzaba a acariciar detrás de su cuello lentamente, aunque las uñas se clavaron en su cuero cabelludo.

"Floyd, hay mucho trabajo, no podemos…"- pero era inútil, lo ignoró y volvió su mirada a su melliza.

"¿No lo crees Jade?"

Esta, ya se encontraba a pocos pasos de ambos y al igual que su gemela, comenzó a subir su falda, a pesar de lo pasado con anterioridad el brillo en sus ojos delataba su entusiasmo por la idea y pronto la tuvo a su lado, susurrando hechizos a su oído.

"Me parece correcto Floyd"

A lo lejos escuchó el seguro de la puerta activarse con magia, el cierre de su única salida, y entonces, las manos comenzaron a desvestirlo.

En todo eso, Azul solo pudo aceptar como ellas lograban enredarlo, una cadena invisible que lo ataba a cada una como el hilo rojo y finalmente se resignó a dejarse llevar, para esa edad, ya sabía que no había alternativa y hace tiempo había aceptado su destino, conformado con los designios de su corazón que correspondía a ambas, no había peor tortura que saber que desde hace tiempo era de ellas y, mientras las prendas caían, sus ojos visualizaron esos dientes afilados, aquellos que marcarían su piel por siempre, la risa, melodía que poco a poco colocaba un pesado collar en su cuello, ya no era él el hechicero que las retenidas bajo contrato, eran ellas, las sirenas que desde hace mucho, había devorado su corazón.