Hola estimadas lectoras y estimados lectores ^^. Aquí paso a dejar otro capítulo de este fanfic para desearles un muy feliz año 2021 a todos :D. Que todas sus metas se cumplan, sea un año muchísimo mejor que el 2020 y que estén muy felices tanto ustedes como sus seres queridos.
Por ahora estoy continuando "Esclava Sexual" así que ni este fic ni "Psicópata" los actualizaré seguido, pero los tengo muy presentes, sólo que no me da el tiempo para hacer tooodo lo que quiero, así que ténganme paciencia.
Sin más que acotar, ojalá disfruten este capítulo y les deseo un muy feliz año nuevo again ;D
2
El nombre de su amada resalta en la ventana de chat como una luciérnaga en el cielo nocturno. Como consecuencia, un estallido de emoción asaltó su corazón de forma inexorable. Las ansias de ver a Hinata nuevamente y poder hablar con ella nublaron su juicio completamente. La feliz fantasía eclipsa a la dolorosa realidad. Realmente quiere que sea ella, ruega porque así sea. La anhela; la siente como una tromba de emociones que alimentan y reaniman su alicaído corazón. Sin embargo, tras una expansión mental del tiempo habitualmente comprimido, Sasuke volvió a sus cabales. Era imposible que su prometida le estuviera hablando. No. Ella había muerto en trágicas circunstancias. Esa era la cruda realidad y, por más difícil que fuera, debía afrontarla.
A partir de aquella premisa le nace la siguiente pregunta: ¿quién, entonces, se atrevía a usar el nombre de su amada para enviarle ese mensaje? ¿Quién era la persona capaz de ejecutar tan siniestra acción? ¿Acaso un hacker había entrado a la cuenta de Hinata para atormentarlo?
La idea, aunque tortuosa, era perfectamente factible: su prometida era la heredera de una de las familias más prestigiosas del país, por lo tanto era conocida por muchos. En el mundo sobraban las personas inescrupulosas y, precisamente, una de las cosas necesarias para dedicarse al trabajo de hacker era dejar la moral de lado.
¿Pero por qué tanta maldad? ¿Por qué razón y para qué motivo?
La felicidad que Uchiha sintió en un primer momento se transformó en indignación y rápidamente mutó hacia la ira. Cerró sus puños al punto que sus nudillos se volvieron completamente blancos, como si los huesos quisieran sobresalir de la piel que los contenía. Pensó en golpear la pantalla, pero a duras penas logró contenerse para no hacerlo. Muecas llenas de emociones negativas adornaron su cara. Furioso, posó sus dedos en el teclado y plasmó su respuesta con tono beligerante:
«Hijo de puta, ¿no te da vergüenza jugar así con la muerte de una persona? Si llego a saber quién eres te voy a destripar, maldito»
Quizás como resultado de su rudeza, no hubo respuesta a su demanda. Sólo vacío en la pantalla apareció. No hubo novedad. Ninguna letra digitada.
Miró el chat de Facebook para verificar si la persona que estaba usando la cuenta de su amada seguía en línea; efectivamente, continuaba allí. Frustrado por la falta de respuesta volvió a insistir, pero esta vez decidió moderar su iracundo tono. Gente rastrera como esa buscaba precisamente eso: el dolor ajeno; afectar al otro lanzando ponzoña o perturbando de alguna manera. Uchiha no le daría ese placer; a cambio de enojarse intentaría obtener más información. Quizás aquel individuo delatara alguna pista para encontrarlo y así podría romperle la cara con sus propias manos.
«¿Quién eres y por qué estás haciendo esto?»
Un vacío blanco se prolongó en donde se suponía que debían llegar los caracteres digitados desde el otro lado. Nuevamente no hubo contestación. El viudo que no alcanzó a serlo deseó con todas sus fuerzas escuchar el característico timbre de una respuesta, pero no sucedió.
«Sasuke, ¿estás bien?», preguntó una chica a través del chat. Se trataba de Sakura Haruno, una amiga que desde la pubertad se enamoró de él hasta el punto de rozar la obsesión. Durante mucho tiempo había sido muy insistente en tratar de ser su novia, pero al pasar los años también llegó la madurez y terminó aceptando que él simplemente nunca la vería de esa forma. Le fue difícil asumirlo, pero una vez que inició su relación con Hinata se rindió por fin, procurando mantenerse sólo como una amiga.
Sasuke volvió sus facciones ceñudas al ver que la pelirrosa le habló. Pensó un poco antes de escribir lo siguiente:
«Sakura, ¿tú ves a Hinata conectada?»
Sin demora, un emoticón de una cara gigante de sorpresa le llegó. Luego arribó otra respuesta, pero esta vez a través de un preocupado audio:
—No, por supuesto que no, ¿por qué preguntas eso? —hecha esta cuestión, Haruno volvió a plasmar un rostro enorme de asombro a través de un símbolo gráfico.
«Por nada» fue la cortante respuesta escrita que envió.
Decidió ignorar lo que la pelirrosa respondería a continuación y volvió a centrar su mirada en la ventana de Hinata, pero ella ya no estaba conectada. Desapareció tal como había llegado: sorpresiva e inesperadamente.
Demonios, no le gustó aquello; quería respuestas, quería saber quien había sido el canalla que le había hablado a través de la mensajería de la red social. Pero a pesar de la frustración, también le fue satisfactorio saber que no lo vería nuevamente. Quizás el hacker había recapacitado su maldadosa actitud.
Su garganta reseca le indicó que deseaba líquido, de modo que le concedería el favor de aliviarla. Caminó hacia el refrigerador y de allí sacó una lata de cerveza. Tiró la arandela metálica que la sellaba, la lanzó al cubo de basura y comenzó a beber el contenido. De un sorbo se tomó la mitad o quizás más. La situación recién vivida le hizo preguntarse si los fumadores sentían la garganta así de seca cada vez que aspiraban su cancerígeno vicio. Volvió con la lata en la mano, pero al atisbar la pantalla de su ordenador casi derrama el resto del contenido sobre la alfombra. Estas fueron las palabras que lo hicieron trastabillar de sorpresa:
«Ayúdame...»
Una tormenta de la más severa indignación se apoderó de él. Sin tardar un segundo en dar su ofendida respuesta, se abalanzó sobre el teclado con la ferocidad de una saeta:
«¡Basta! No voy a permitir que juegues con algo tan serio, inescrupuloso hacker. ¡Deja a mi fallecida mujer en paz! ¡Me oyes!»
Como no hubo contestación alguna en un minuto o más, decidió observar el mensaje que Sakura le había enviado. Era un audio en que le daba ánimos, recordándole además que contaba con ella si necesitaba hablar. Echó una mirada al resto de los pocos contactos agregados que tenía, puesto que a Facebook lo usaba muy poco. Vio a un amigo suyo en línea, que seguramente no lo había saludado a fin de respetar su derecho a querer estar solo durante estos días. Decidió enviarle un mensaje conciso y directo.
«Suigetsu, ¿tú ves la cuenta de Hinata conectada?»
La respuesta llegó unos segundos después a través de un audio: —No, obvio que no. ¿Pasó algo? ¿Estás bien?
Sasuke no contestó. Evidentemente nadie se había percatado que su prometida estaba online. Sólo él podía verla.
Sólo él...
Inquieto como lo estaría cualquiera en una situación similar, clavó su vista en el chat de la persona digital que se atrevía a suplantar a su amada, aunque seguía sin haber novedad alguna.
¿Por qué le había pedido ayuda? ¿Qué rayos estaba sucediendo y por qué nadie más veía que estaba conectada?
Posó ambos codos en la mesa y comenzó a frotarse los párpados para aliviar su vista. Sus ojos se agotaban más rápido estando frente a una pantalla. En cuanto terminó su acción y abrió sus luceros azabaches, nuevas palabras lo golpearon con vileza:
«... Frío... tengo mucho frío...»
Esta vez Sasuke no sólo digitó su respuesta, sino que también la voceó mientras la escribía:
—Escúchame bien, bastardo: voy a averiguar quién eres y cuando lo haga te voy a sacar los ojos. Te arrepentirás por el resto de tu vida por haber hackeado la cuenta de quien tanto amaba. ¡Vas a pagar muy caro, imbécil!
Dicha su amenaza se levantó airado de la silla, ademanes de por medio, y comenzó a caminar de un lado a otro como una forma de aliviar su creciente furia. El agobiador silencio comenzó a sugerirle una demente idea, un concepto que deseaba ultrajar su cordura; algo totalmente fuera de toda lógica y razón: ¿Y si era Hinata quién le hablaba realmente? Tal vez solicitaba ayuda ante el despiadado frío de la muerte... quizás imploraba auxilio ante la gelidez tenebrosa del limbo...
—¡No! ¿Qué estoy pensando? —se recriminó con un grito a la vez que agitaba su cabeza, preocupado por la posibilidad absurda e insana que estaba creando su imaginación. Se revolvió como si lo hubieran atacado con una afilada guadaña, mientras un respiro profundo y virulento emitieron sus pulmones. Lleno de furia, sus dedos moviéndose sobre el teclado anunciaron lo siguiente: «Voy a descubrir quien eres canalla y te juro que te haré pagar»
A su ultimátum, vio que aquel infame que se hacía pasar por su amada se desconectó.
Masculló el furor de la ira entre sus dientes y debido a ello tomó una decisión que, de haber previsto sus terroríficas implicancias, nunca hubiese tomado: pondría todo su empeño en descubrir a quien estaba haciendo tamaña canallada y lo castigaría terriblemente por su infamia. Muy poco le importaba irse a la cárcel si lo descubrían, ya que su vida sin Hinata ya era peor que estar en el mismo infierno.
Uchiha volvió a mirar la pantalla con acuidad, esperando ver otra vez en línea al inmoral que se atrevía a perturbar la muerte de un ser tan amado como lo era su novia. Sólo una mente podrida podría jugar de esta manera con un trágico tema mortuorio. Era realmente deleznable. En todo caso, no le sorprendía el nivel de maldad humana. Después de todo lo que había visto en su vida, ya nada lo asombraría. ¿Pero por qué razón alguien querría torturarlo de esta manera? No importaba cuantas veces se lo preguntara, nunca podría obtener una respuesta que le fuera satisfactoria hasta encontrar a ese tipejo.
Caminando hacia una ventana, se dispuso a contemplar el bosque que se movía bajo la torrentosa lluvia. Lo insondable de la noche le susurró sugerencias a fin de descubrir quien era el ignoto al otro lado de la pantalla.
—Evidentemente —comenzó un breve soliloquio— es alguien que odiaba a Hinata o me odia específicamente a mí por alguna razón.
Se masajeó la frente como una manera de invocar ideas, las cuales siguieron fluyendo con excelsa rapidez. Hinata era el alma más pura y noble que podría habitar este planeta, pero aun así no faltaría la gente que pudiera odiarla por ser de clase acomodada o cualquier otra razón de absurda envidia. En cuanto a él, tenía claro que mucha gente lo detestaba por su carácter frontal y ego desmedido. La lista seguramente incluía a mucha gente, desde compañeros de infancia, de la secundaria, de la universidad o del trabajo. La nómina debía ser realmente interminable.
Más allá del vergel, se distrajo observando las columnas biológicas azotadas por la lluvia. Caprichosa fue la dirección que tomó su mirada, que se elevó hacia las copas y luego hasta el cielo, queriendo ver a la luna ocupando su trono pese a las nubes. Antes de la muerte de su amada, él solía ver con ella a la majestuosa reina nocturna junto a sus súbditas estrellas. Por eso mismo ambos habían decidido instalarse en este rural lugar: por la vista preciosa del cielo que las luces citadinas no permitían disfrutar a plenitud.
—Hinata... —musitó el nombre de quien nunca dejaría de amar, extrañando su dulce compañía.
Cerró fuertemente los ojos para retraer las incipientes lágrimas que deseaban nacer. No iba a llorar nunca más, pues hacerlo resultaba inútil. El consuelo que el llanto le dio en los primeros días de luto, ahora sólo le significaban magnificar todavía más el dolor. Cuando has llorado muchas veces, cuando has soltado tantas lágrimas que un río comenzaría a envidiarte, entonces ya no sirven ni siquiera como desahogo.
Luego de someter a las emociones bajo su control, el dilema rebrotó en su mente: ¿Cómo capturar a un hacker? Sus conocimientos de informática eran de nivel amateur así que tamaña misión le sería difícil sin ayuda. Sabía cosas básicas como las direcciones IP, pero aún buscándolo a través de ese modo no sería tarea fácil. Navegadores como «Tor» se usaban para mantener ocultas las localizaciones de las conexiones, logrando así el anonimato en la red como también el de la información que viaja a través de ella. De esta forma era muy difícil ser detectado cuando se navegaba por la ya famosa «Deep web», por nombrar un ejemplo.
Miró su reloj de pulsera y comprobó lo tarde que ya era. Cuando se cavilaba, el tiempo realmente pasaba volando. Cada día se estaba acostando más tarde y estaba transformando el día en noche y la noche en día, así que debía comenzar a cambiar esa rutina lo antes posible: iría a dormir.
Curiosamente, gracias a este desagradable incidente, Sasuke comenzaba a tener algo por lo cual luchar. Se había abandonado en los brazos hirientes de la depresión por muchos días, empero, esto logró distraer su mente de la tristeza a la vez que le otorgaba un motivo para continuar adelante. Esta mala jugada del destino le estaba obsequiando un objetivo: atrapar al infame de la informática que se hacía pasar por su mujer.
Fue hacia el ordenador para apagarlo y así poder dormir de una vez, pero justo cuando se disponía a cerrar Facebook y dar el consiguiente clic en «Apagar el sistema», un nuevo mensaje instantáneo lo perturbó hasta el cimiento más profundo de su alma:
«No te vayas a dormir todavía»
Respingó nuevamente, abriendo sus pozos azabaches completamente. Por un momento se sintió observado, ahí mismo en su casa, al punto que miró con suspicacia cada rincón. Escrutó de manera muy atenta los oscuros resquicios de ese cuarto sin siquiera saber qué estaba buscando realmente. ¿Acaso había sido una simple coincidencia que el hacker le dijera eso cuando iría a la cama?
—Sí, por supuesto que es una casualidad —trató de convencerse de ello—. Es ilógico pensar lo contrario.
Dio un respiro, decidiendo no adherir molestia al tono de la respuesta que enviaría; enfureciéndose sólo lograba que el pirata informático se sintiera satisfecho en su afán de perturbarlo.
«Me iré a dormir, tengo que hacer cosas mañana»; a lo escrito, agregó un emoji que plasmaba un guiño con una sonrisa.
«Las rosas azules que le pusimos a tu hermano ya se secaron. Deberías ir a visitarlo de nuevo cuando termine la cuarentena»
Sus pupilas se contrajeron tanto que imitaron la fineza de las gatunas durante el día. Su boca se abrió formando la penúltima vocal inevitablemente, mientras un sudor completamente helado brotó en su nuca y en las palmas de sus manos. El acto de visitar el cementerio fue un día antes de que se declarara la cuarentena y de que Hinata cayera enferma. Nadie debería saber eso, pues además él siempre le pidió a su amada que no hablara de esas cosas con nadie.
«Fue tan bonito cuando me pediste matrimonio delante de tus padres. Me hubiera gustado tanto casarme contigo»
El impostor siguió recordando aquel mismo día, causando que Sasuke abriera sus ojos como nunca lo hizo en toda su vida. Incluso sus mandíbulas se separaron por el grosor del asombro.
Ambos caminaban por una calle arbolada a ambos costados, perteneciente a un hermoso cementerio con ya tres siglos de antigüedad. Portando rosas azules se dirigían al mausoleo de la familia Uchiha, en donde descansaban los restos mortales de Mikoto, Fugaku e Itachi. Los dos primeros eran los padres de Sasuke y el último su hermano mayor. Estas visitas al panteón eran algo muy íntimo para el joven pelinegro, tanto que nunca las había realizado en compañía de nadie. Esta era la primera vez que alguien compartía este momento con él y decidió que fuera Hinata, la mujer de su vida. Llegaron al lugar, abrieron la reja de entrada y se introdujeron. Tras depositar la ofrenda de flores que ambos traían, Sasuke sorprendió a su chica con algo que ninguno de los dos podría olvidar jamás.
—Hinata... te he traído a este lugar tan íntimo para mí porque quería pedirte lo siguiente delante de mi familia.
Ella alzó su mentón, buscando en su negra mirada con curiosidad. Por lo sagrado del sitio, supo enseguida que debía tratarse de algo muy importante. Emociónandose por las expectativas creadas por su corazón enamorado, se aferró a su brazo cariñosamente.
—¿Qué cosa? —preguntó abiertamente emocionada, viviendo sensaciones hermosas en su interior.
Él dio una pausa larga, disfrutando su semblante ansioso y lo notorio de sus nervios. Finalmente, lanzó las palabras que uniría sus destinos por siempre.
—¿Quieres casarte conmigo?
—¿Y-yo? —preguntó sin poder creerlo —. Pero tú me dijiste que no querías casarte nunca, que no crees en el matrimonio ni en el amor eterno.
—Contigo sí lo creo. Quiero estar contigo por el resto de mis días. Sé que te amaré por siempre y quiero enfrentar juntos cualquier problema que se nos presente. Apoyarte cuando estés triste, amarte en la alegría y en la tristeza y todo eso. Quiero casarme contigo, Hinata.
—Ay, Sasuke, por supuesto que quiero. ¡Por supuesto que sí quiero! —exclamó dichosa, rebozando júbilo por cada poro —. Te lo habría pedido yo, pero como siempre me dijiste que no querías casarte pensé que era innecesario. Sin embargo, es algo que he ansiado por mucho tiempo, por muchísimo tiempo. ¡Te amo tanto!
Eso sucedió horas antes de que se decretara la cuarentena, en uno de los momentos más íntimos que habían tenido juntos. En teoría absolutamente nadie podía saber en donde le pidió la mano a su amada, pues era un momento íntimo que Sasuke no deseaba compartir con nadie. El matrimonio en sí lo sabrían solamente sus amigos más cercanos, pero el lugar en donde se lo pidió ni siquiera ellos. Y tenía muy claro que Hinata era completamente fiel al secretismo que deseaba al respecto. Nadie lo sabía, salvo él y ella. Era totalmente imposible que el hacker consiguiera esa información desde la red.
Un brutal y desconcertante escalofrío recorrió la espalda de Sasuke. Sus emociones cabalgaron entre el asombro, el temor y la expectación ante lo imposible.
«¿Cómo sabes eso tú? Dime» apremió por una respuesta, con el corazón saltándole en la mismísima garganta.
Nuevamente la horrible sensación de no obtener ninguna respuesta se hizo presente. Los segundos, los cuales mutaron a una eternidad, transcurrieron uno tras otro sin novedad en la pantalla, pero sí en su cuerpo: el estupor logró que sus músculos se contrajeran completamente y que la sangre llena de adrenalina fluyera por sus venas como hirientes cuchillas de estalactita.
¿Cómo era posible que la persona en el otro lado de la pantalla supiera algo tan privado como eso? Las conjeturas que armaba su mente lo estaban castigando severamente, aunque esto sólo era el principio...
«¿Recuerdas nuestra primera vez? ¿Cuando tenías miedo de embarazarme y tuvimos que hacerlo un día después?»
Fue un momento de excitación agobiadora tras apenas dos semanas de relación; pese a ello, la abrumadora química que los poseía cada vez que estaban cerca los impulsaba a hacer el amor como una necesidad ineludible. Ambos querían hacerlo, pero corrían el riesgo de que Hinata quedara embarazada y tuvieron que esperar a tener anticonceptivos para iniciar la entrega total de sus almas y cuerpos.
Uchiha sintió todas las emociones juntas como un estallido de granadas al mismo tiempo. Frío y calor lo recorrió entero en oleadas isócronas. Los ojos abiertos habían abandonado un tamaño natural para alcanzar uno que parecía sobrenatural. Trastabilla en un respingo y cae al suelo; tiembla, transpira como un río en época de lluvias. No sabe qué pensar o cómo reaccionar. Está confundido, perdido en el tiempo y en el espacio. Su corazón late en forma estridente. Su faz está contraída por la impresión. Nadie podía saber esos detalles íntimos. Absolutamente nadie. Sólo Hinata y él.
¿Acaso era ella quien estaba al otro lado de la pantalla? ¡Pero eso era imposible! Ella estaba muerta... ¿o no? Pensándolo bien, en realidad nunca tuvo la posibilidad de ver siquiera su cadáver...
«Hinata...», cuando se acercó a teclear temblaron sus dedos, mas el tartamudeo virtual no se notó como si lo haría en la vida real. «¿Eres tú? ¿Pero cómo es posible? ¿Me estoy volviendo loco?» la última pregunta escrita en realidad iba dirigida a él y no hacia el desconocido que lo estaba empujando a la locura.
Sasuke, ante la ausencia de respuestas, analizó la posibilidad de que su mente estuviera tan afectada por la muerte de su amada que quizás había llegado a un punto de shock emocional, uno que lo estuviera llevando a alucinar e imaginar en la pantalla las palabras que él deseaba ver. Su propia mente, perturbada por el fallecimiento de quien más amaba, unida a la soledad de tantos días, podía estar llevándolo a un estado crítico de paranoia y distorsión de la realidad.
Consciente de que la mente podía enfermar en situaciones desesperadas, caminó rápidamente hacia el cuarto de baño, se remojó la cara y se frotó los párpados como nunca antes lo hizo. Luego escrutó atentamente su mirada en el espejo para comprobar que estuviera normal. Había escuchado sobre casos de alucinaciones provocadas por intoxicaciones con comida en mal estado. Sin embargo, no había ningún indicio de alguna contaminación lisérgica en su forma de mirar o percibir.
Como última prueba, fue por papel y lápiz y escribió: «Estoy bien». Enseguida lo leyó para asegurarse de que veía correctamente lo que había plasmado en letras. Y así fue, no había distorsión alguna en su visión; tampoco en sus sentidos. Y aunque confiaba en sus capacidades cognitivas, hacer una prueba para comprobarlas no estaba de sobra en una situación tan desesperante y extraña como la que estaba viviendo en este preciso momento. Sasuke era así de sagaz, así de inteligente.
Fue hacia el computador y volvió a leer las palabras nuevamente. Eran completamente reales. Todo estaba escrito allí, definitivamente no era una invención de su mente. ¿Pero cómo era posible tal cosa? Era una locura, ¡una demencia!
Se sentó en el escritorio respirando agitado. No sabía como reaccionar. Sacó un pañuelo de papel desde un cajón y comenzó a secar el sudor de su frente. Su prioridad debía ser mantener la tranquilidad. La desesperación no era útil en absolutamente nada.
Antes de tocar el teclado nuevamente, tamborileó sus nerviosos dedos sobre la mesa de fina madera. Finalmente, tras varios segundos interminables, se decidió a escribir lo siguiente:
«Si realmente eres tú... ¿en qué quieres que te ayude?» había recordado el pedido de ayuda que le hizo unos cuantos mensajes atrás.
Silencio; casi absoluto sino fuera por el leve murmullo del ordenador funcionando. Invocar paciencia en una situación así se antojaba muy difícil, pero trató de hacerlo a pesar de todo. Quería seguir escribiendo, exigir respuestas, pero controló ese impulso a duras penas. Se agarró los dedos de una mano con la otra a fin de inmovilizarlos.
De pronto, lo que tanto anhelaba por fin apareció. Pero la respuesta fue totalmente incongruente a lo que esperaba. Incoherente hasta el grado de propinar la confusión más profunda.
«Mi abeja no siempre hace miel»
El pelinegro enarcó tanto una ceja que la misma pareció querer abandonar su rostro. Se sintió tan confundido como un tiburón al que de pronto le surgieran piernas. ¿A qué se refería con esa frase? ¿Qué clase de significado podía tener algo que a todas luces carecía de sentido?
«¿Qué me estás diciendo?» preguntó rápidamente sin ocultar la ansiedad que lo estaba dominando. De hecho, estuvo a punto de escribir el nombre de Hinata otra vez, pero lo borró de la frase antes de enviar el mensaje. Debía seguir teniendo presente que quien le hablaba no era su fallecida pareja, sino otra persona. Pensar lo contrario era simplemente una locura.
«Muerte es una palabra vacía»
¿Vacía? ¿Qué quería dar a entender con eso? Antes de que Sasuke siquiera pudiera cuestionar algo, otro mensaje igual de desconcertante y extraño llegó:
«Es triste sufrir, pero mucho más triste es no sentir nada...»
«Es triste sufrir, pero más triste es no sentir nada». Recordaba muy bien una charla que tuvo con ella sobre el lado positivo de la aflicción. La opinión de que el sufrimiento, a pesar de lo desagradable que era, tenía un lado positivo: el luchar para suprimirlo. Ambos compartieron la opinión de que se debía tomar el sufrimiento, a pesar de lo incómodo que era, como algo positivo pues significa que sigues vivo. Que todavía sientes... que no estás muerto...
«Creo que el dolor, la ira y la tristeza forman parte de nosotros y eso es lo que convierte a la vida en algo único y especial. La vida es hermosa porque estamos llenos de emociones, porque tenemos un alma que nos permite sentir. Somos un todo en que los sentimientos negativos, al igual que los positivos, también forman parte. La vida es una lucha constante para transformar lo negativo en positivo... ¿no crees, Sasuke?»
Presionó la lengua contra sus dientes con fuerza, repitiendo el mismo patrón unas cuantas veces más. Estaba tensionado, a la vez que impactado, y de alguna manera su cuerpo necesitaba descargar esa sensación trastocada. Habría caído en un océano de tristeza de no ser porque las letras siguieron apareciendo en la pantalla:
«Un hilo rojo nunca se corta...»
La leyenda del hilo rojo. Aquella que señala que cuando dos personas están unidas de una forma tan especial, pase lo que pase el hilo rojo que los vincula jamás desaparecerá. Pase lo que pase.
«Engaño al sentido...»
La conciencia de Uchiha explotó en confusión. ¿Qué le quería decir ella?
¿Ella? ¿Había dicho ella? ¿Realmente comenzaba a creer que era Hinata quien le hablaba?
Ese pensamiento lo hizo respingar de la impresión. No podía ser ella. Era imposible que lo fuera. ¿Pero por qué su corazón lo conminaba a pensar que realmente lo era? De algún modo inexplicable y misterioso, casi podía sentir que era su amada. Su forma de hablar y los hechos que le mencionó; hechos que solamente ella podía conocer. Era imposible que nadie más los supiera porque eran cosas tan íntimas que jamás las hablaron por ninguna red social. En el vasto mundo del ciberespacio no había nada, absolutamente nada, que pudiera delatar esos secretos.
«¿Hinata?» se atrevió a tipear el nombre de su amada. «Contéstame»
Pero nada aconteció. Quien le hablaba del otro lado de la pantalla desapareció una vez más. El de negros ojos previó que por esta noche no habrían más mensajes; una fuerte corazonada se lo señalaba con fulgor.
Miró las letras una y otra vez. Ascendió hacia los primeros mensajes en la ventana de chat e hizo atento contacto visual con cada palabra como si la vida se le fuera en ello. Esperaba sacar algo, un indicio, una clave para poder entender que estaba sucediendo. Tenía que dilucidar el acertijo a como diera lugar.
Meditó el significado de las oraciones, esperando encontrar algún mensaje oculto o encubierto en cada una. Pero nada venía a su mente. Ni siquiera tomó conciencia del tiempo que transcurría mientras su cavilar intentaba hallar una solución.
«Mi abeja no siempre hace miel». ¿Qué podía significa aquello? La abeja era conocida por hacer miel, pero evidentemente no era lo único que hacía. Caviló que Hinata era muy conocida por ser la vicepresidenta de la prestigiosa corporacion de la familia Hyuga, pero, tal como la abeja, esa no era su única labor. ¿Querría ella que buscara algo más acaso? ¿Pero qué podía ser? ¿Y a qué se refería exactamente con mi abeja?
«Muerte es una palabra vacía». Aquí tampoco sabía que pensar. ¿Podía ser una especie de contrariedad acaso? Si la muerte es una palabra vacía, entonces la vida sería la palabra llena. ¿Pero a qué se referiría con eso?
«Es triste no sentir nada». Aquí tenía mediana claridad al respecto. Fue una de las conversaciones profundas que más en memoria tenía Sasuke. Lo habían hablado en un parque cobijados por la pálida, pero bella luz selenita. Hinata atravesaba problemas tanto en los estudios como en la relación con su padre y aquello le estaba provocando un gran dolor. Sin embargo, ambos estaban de acuerdo que era mejor sentir dolor que no sentir nada.
Y la muerte debía ser la nada...
«Un hilo rojo nunca se corta». El significado de esta palabra era claro: unidos por siempre, incluso más allá de la muerte. No podía vislumbrar un significado soterrado en ella. Era muy claro, a su vista. Si el hilo rojo nunca se corta, era por eso que ella, pese a estar fallecida, le hablaba a través de un medio como una red social... pero hacer aquello implicaba circunstancias que a razón de la lógica eran simplemente imposibles. Un muerto no puede escribirte por internet...
«Engaño al sentido». Esta era la que más atención le llamaba. ¿Sus sentidos estaban siendo engañados? Quizás todo se circunscribía a esto... ¿Tal vez Hinata no pereció? Un nuevo escalofrío recorrió su tuétano al pensarlo.
Necesitado de aire, fue hacia la ventana; quizás ver y escuchar el sonido de la lluvia pudiera resfrescar su mente y ayudarle a encontrar las respuestas que tanto ansiaba. Miró hacia el lago, que, desde la lejanía de casi un kilómetro, se podía atisbar desde su vivienda como un punto cerúleo hundido en las entrañas de la madre tierra. Como por arte de magia, una leyenda que había escuchado de pueblerinos circundantes vino a su cabeza. La susodicha contaba que una chica estuvo muy obsesionada con el esposo de una amiga, de modo que, para quedarse con el hombre, decidió matarla y lanzarla al lago hacía más de doscientos años atrás. Desde entonces la gente del pueblo prendía velas a orillas del lago e imploraban porque la asesinada hallase el descanso eterno. Otros iban incluso a pedirle favores terrenales, cual santa.
Dio un suspiro y pensó en cuanto le habría gustado estar ahí, dos siglos atrás, para ayudar a esa pobre mujer de tan funesto destino. No es que se considerara una buena persona, de hecho muchas veces era un cabronazo, pero evidentemente ayudaría a una mujer en peligro sin dudarlo siquiera un segundo.
Agitó su cabeza para no seguir pensando en cosas inútiles. Debía enfocarse en lo que sucedía actualmente. Y así lo hizo. Pasó otro tiempo cavilando, cuando de pronto su corazón comenzó a dar vueltas como un carrusel, hasta el punto de que poco le faltó para terminar muriendo de un infarto de emoción.
¡Lo había encontrado!
Con una ansiedad canibalesca posó sus ojos en las frases y sus pupilas parecieron volverse etéreas en el globo ocular, puesto que la sorpresa había sido muchísima. Hilvanó la primera palabra de cada frase con la primera de la siguiente y entonces todo, absolutamente todo, tomó sentido.
Desde que los escritos de Hinata se habían vuelto incoherentes, las cinco primeras palabras de cada frase formaban lo siguiente:
«Mi abeja no siempre hace miel» - «Muerte es una palabra vacía» - «Es triste sufrir, pero mucho más triste es no sentir nada» - «Un hilo rojo nunca se corta» - «Engaño al sentido»
«Mi muerte es un engaño»
¡Era tan obvio! ¡Cómo rayos no lo había visto antes si todo calzaba como una llave en su cerradura!
Hinata sabía muy bien que él era un asiduo lector de las novelas de Sherlock Holmes y en un caso titulado "The Gloria Scott", el famoso detective literario resolvía un enigmático mensaje con un código parecido al usado aquí. ¡¿Cómo rayos no recordó eso antes!? Ante las implicancias que acarreaba este detalle otro escalofrío recorrió su columna, pero esta vez no lo caló tan fuerte como los anteriores. Quizás comenzaba a acostumbrarse a ellos.
Definitivamente, esta era otra pista que insinuaba, a pesar de la locura que significaba, que era Hinata quien le enviaba estos mensajes.
Pero lo más importante es que todo esto sólo podía representar una cosa: algo en el fallecimiento de su novia no se había resuelto; algo había quedado inconcluso; algo espeluznante yacía soterrado...
¿En qué circunstancias pereció Hinata realmente?
Ahora que lo pensaba jamás la vio morir, tampoco observó su cadáver en el ataúd y, por alguna razón, nunca le entregaron los detalles de la autopsia. ¿Tal vez a Hiashi sí le entregaron el informe? ¿O acaso por el coronavirus ni siquiera le hicieron una necropsia a su amada?
Fuese lo que fuese lo que realmente sucedió, él tendría que descubrirlo. Le aterró pensar en qué derivaría todo esto, pero algo si tenía muy claro: averiguaría la verdad a cualquier precio.
Hinata estaba pidiendo ayuda desde el otro mundo... o quizás no...
Continuará.
