Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen Stephenie Meyer y su Editorial. La historia que leerán a continuación me pertenece a mí.
Capítulo Beteado por: Shades
Capítulo 1: Retratos rotos
Edward POV.
— ¿Puedes entenderlo Edward? —susurro contra mi frente, mientras sus manos acunaban mi rostro.
— Si mamá, lo entiendo —se levantó de mi cama y beso mi frente para luego salir de mi habitación—, pero no puedo perdonarlo, no lo hago y nunca lo hare… —dije en susurros cuando mi madre había salido dejándome solo.
Flash Back
Un Año Antes
Estaba terminando de recoger los apuntes que el profesor de Bioquímica había dado para el próximo examen.
Hoy había sido un día agotador. Me lo había pasado de campus en campus y de aquí para allá, cargando libros y carpetas. Necesitaba aprobar el examen, era mi primer año en la Universidad y este iba a ser mi primer examen y no quería desaprobarlo.
Estaba llegando a casa cuando recibí una llamada de mi hermana Alice. Ella era la mayor por dos años. A mi hermana le encantaba viajar, ella era sumamente sencilla, jamás ostentaba sobre la posición económica que teníamos, solo lo usaba para sus viajes. Ella era toda una trotamundos, le encantaba viajar, conocer gente, culturas ella era un espíritu libre, nunca quiso ir a la universidad, jamás se asentaba en un solo lugar, algo que casi siempre le causaba problemas en el plano amoroso.
Alice era de una personalidad muy alocada, siempre iba a la moda pero jamás con ropa de diseñador, no. Alice solía comprar sus prendas en ferias, donde vendían ropas usadas, ella siempre decía que "un diseñador no hace a la moda, sino tú mismo siempre y cuando te sientas cómoda con lo que llevas puesto". Nunca la íbamos a ver en un shopping por gusto derrochando dinero, a menos que sea para una ocasión especial, pero nunca por gusto propio.
En fin, me pareció raro que llamara, ya que siempre que lo hacía era por algo importante.
Atendí la llamada…
— Hola ¿Alice? —se escuchó una puerta cerrarse y hablo.
— Edward yo… ¿Cómo estás? —se podía escuchar cómo se le quebraba la voz, deduje que era por la emoción, siempre le pasaba lo mismo cuando hablaba conmigo.
— Bien, hace mucho que no llamabas ¿Cómo has estado? ¿Dónde estás?
— Yo… estoy bien, estoy en… en Francia —oh… papá en este momento estaba allí, había viajado por un congreso de Neurología.
— ¿Enserio? Papá esta en Francia en estos momentos ¿lo has visto? ¿Has hablado con él? —Alice era la princesita de papá, siempre la hacíamos enojar con eso.
— ¿Sabes por qué Carlisle está aquí, a que vino? —me pareció raro que ella se refiriera a papá como Carlisle, nunca lo hacía.
— Emm sí, está por un congreso de Neurología, ¿Qué pasa Alice? ¿Lo has visto? —se sintió un sollozo y luego como sorbía su nariz. Algo no andaba bien.
— Sí
— ¿Has hablado con él? Le daría mucho gusto verte y hablar contigo —a nuestro padre le encantaría ver a Alice. Eso lo haría feliz.
— No, no pude… no puedo. —entonces escuche como lloraba.
— ¿Alice que pasa? Me estas asustando ¿Estas bien? ¿Papá está bien? —paro de llorar y hablo con una frialdad que me alerto de que algo no andaba bien.
— Edward avísale a mamá que volveré a casa. Y quédate tranquilo que papá está más que bien. Adiós —y corto.
Mire mi celular antes de entrar a mi hogar y algo dentro mío se activó. Supuse que era preocupación, por Alice, por escucharla llorar, no entendía porque llamaba a papá por su nombre o porque justo ahora volvía ya que su vuelta estaba prevista para dentro de tres meses.
Entre a la casa y el olor a vainilla y caramelo flotaba por toda la planta baja. Deje las cosas en la entrada y me dirigí a la cocina, mamá estaba terminando de hacer lasaña, con los auriculares puestos mientras cantaba terminaba de cocinar. Con razón no me había escuchado llegar.
En la casa solo estábamos los dos, ya que tanto papá como Alice estaba de viaje.
La tome por la cintura y ella grito pegando un salto por el susto.
— ¡Jesús! ¡Edward me asustaste! —me dio un manotazo en el brazo para luego llevar una mano a su pecho.
— Perdón mamá, ya no lo hare más te lo prometo —dije riendo por su cara. Le di un beso en la frente y me dispuse a sentarme en la mesa.
— Llegas un poco tarde —comento, dándose la vuelta. Saco unos platos de una alacena y se dispuso a servir la lasaña.
— Lo sé, es que necesitaba terminar de estudiar esos apuntes, no puedo fallar en mí primer examen —dije como si fuera lo más obvio.
— Lo sé, pero tú eres muy inteligente, nunca fallarías… no te sobre exijas demasiado cariño, no me gustaría que dejes tu vida de lado — ¡Por Dios apenas y había empezado la universidad!
— Mamá no te preocupes, apenas y pasaron dos meses desde que empecé la universidad, da las gracias que vivo cerca del campus y que no me hizo falta viajar… anda a saber cuándo nos veríamos —por suerte vivíamos cerca de la universidad. Hyde Park era un barrio que quedaba muy cerca y me permitía viajar con comodidad.
— Tienes razón —me sonrió, mientras sacaba una jarra con agua de la nevera y la colocaba en la mesa.
— Edward, la cena ya está lista, lávate las manos y comemos.
— Claro… oh antes de que me olvide, hable con Alice y… —no me dejo terminar, sus ojos brillaron de intensidad y en su rostro adornaba una hermosa sonrisa. Mamá adoraba a Alice.
— ¡Oh Dios Mío! Porque no me lo dijiste antes ¿Qué dijo? ¿Cómo está? ¿Dónde está? ¡Habla por Dios! —se apresuró a decir.
— Sí me dejas con gusto —me miro feo— ok… me llamo para saber cómo estaba, no hablamos mucho, solo dijo que te avisara que… —quise crear suspenso, pero eso no le gusto, no cuando se trataba de Alice.
— ¡Ya… habla de una vez Edward Cullen! —me reí
— Que vuelve pronto —la boca de Esme se abrió en una perfecta O para luego llevar sus manos a la boca. Sus ojos, como me lo pensé, se humedecieron. Se abalanzó contra mí y me abrazo igual que yo a ella. A mamá le costaba horrores dejarla partir cada vez que su bebita volvía y al tiempo le salía con un nuevo viaja.
Sabíamos que era tener a Alice en casa. La alegría desbordaba, todos los días eran fiestas no literales sino más bien emocionales. Ella con su espíritu de libertad, de amor y paz, era simplemente mi complemento. Yo era más bien un poco serio. Más a la personalidad de papá.
— ¿Cuándo vuelve? —dijo al separarse y tomar asiento a mi lado, tomando mis manos. Esme era una madre increíble. Nunca hizo diferencia entre los dos, para ella ambos éramos sus bebes, en cambio para papá se podía decir que Alice era su debilidad. Y yo no envidaba eso ni mucho menos, yo también era muy celoso con ella.
— No me lo dijo, pero supongo que pronto. También me ha dicho que estaba en Francia y que ha visto a papá, pero que no ha podido hablar con él —omití el resto de la conversación y de su llanto, su voz triste, no quería preocupar a Esme sin primero hablar con Alice.
— ¡Oww! Podemos hacer una fiesta de bienvenida para tu hermana, solo espero que papá este devuelta para ese momento —necesitaba saber algo.
— Mamá… ¿En qué cuidad de Francia se está llevando a cabo el congreso? —pregunte. Algo paso por mi mente tan fugas que no me permití ni siquiera considerarlo.
— En Paris ¿Por qué? —tenía que preguntarle a Alice donde es que ella estaba solo eso.
— No, por nada. Anda mamá siéntate a comer, estoy que me muero de hambre —dije para cambiar de tema. Aunque Esme cambio de conversación, Alice siempre estuvo presente. Estaba tan contenta que no me atreví a decir el estado en que mi hermana me había llamado.
Pasaron dos días desde que había hablado con Alice. Ella no había vuelto a llamar y eso me preocupaba un poco. Mamá estaba más que ansiosa. No dejaba de hablar de que ya tenía todo preparado para cuando viniera su bebita.
Hoy era viernes y esperábamos su llegada para este fin de semana. Necesitaba hablar con Alice y sacarme una duda que me está carcomiendo, me sentía tan culpable, tan mal por pensar eso de papá que me daba vergüenza. Pero la forma en que Alice me hablo de él me daba a pensar otra cosa.
Estaba en la sala de casa terminando de guardar los libros en mi bolso cuando se escuchó un auto estacionarse en la calle de mi casa. Termine de guardar lo libros y fui hasta la ventana que daba al jardín y su figura pequeña e inigualable se distinguió al salir del taxi. Su larga cabellera había desaparecido para darle lugar a un corto cabello color azabache.
Alice había llegado.
— ¡Mamá! —grite a todo pulmón, dirigiéndome hacia la puerta de la entrada.
— ¡¿Qué paso, porque gritas así?! —dijo mientras salía casi corriendo de la cocina. De pronto la puerta de la entrada se abrió y una Alice con ojos rojos e hinchados se hizo presente. Tiro las maletas que llevaba en cada mano y literalmente corrió hacia mamá.
A mi madre no le dio tiempo de ver su rostro por lo que cuando Alice se separó de ella, ambas lloraban por la emoción de verse. O eso creía yo. Mi madre la besaba y acariciaba su corta cabellera diciéndole "estas tan bonita" "mira, te has cortado el cabello" "oh no sabes cómo te he extrañado" pero para mí no había pasado desapercibido la tristeza de sus ojos apenas ella había entrado. Alice supo camuflarlo bien con mamá, pero no conmigo.
Ella se separó de nuestra madre y me miro. Mis manos se sobaban ansiosas en mis jeans por acariciar su rostro, sin darme tiempo de nada se lanzó a mis brazos. Lloro a más no poder, nunca lloraba tanto cuando volvía. Su pequeño cuerpo se convulsionaba por el llanto dejándome desolado e impotente de no saber cómo hacer que parara de llorar. Alice se aferraba a mi camisa como si de eso pendiera su vida. Algo no andaba bien, yo lo sentía.
Tome su rostro entre mis manos eh hice que me mirara, entonces lo vi en sus ojos. Esos mares verdes tan cristalinos como los míos y como los de nuestro padre. Nuestro padre. Todo se debía a él, lo estaba sintiendo, ahora me daba cuenta que ella no lloraba de emoción por vernos, ella lloraba de tristeza, decepción y rabia. Alice sabía algo, que estaba seguro, destrozaría al resto de los presentes. Bese su frente y volví a abrazarla, necesitaba calmarse a mamá ya le estaba pareciendo raro tantas lágrimas.
Esme la tomo en brazos y la dirigió hasta la sala, la sentó en uno de los sofás y pasó un brazo por sus hombros.
— Cariño ¿Estas bien? — ¡Oh, oh! Esme se estaba dando cuenta de que algo no andaba bien. Me miro y yo tuve que agachar la mirada y cambiar de tema.
— Alice… ¿Cómo estuvo tu viaje, la has pasado bien? —ella asintió para luego acomodarse en el asiento y limpiar su rostro con las mangas de su suéter. Bien se estaba calmando.
— Yo… mamá yo necesito hablar contigo, yo… — ¡No! Que pensaba decir, primero debía esperar a hablar conmigo.
— Mamá, porque no le preparas algo para comer a Alice, su viaje tuvo que haberla dejado famélica —mi madre asintió, apoyando lo que yo decía y se paró de su lado dejándole un beso en su frente, asegurándole que enseguida volvía.
Cuando quedó fuera de nuestra vista, me senté a su lado y tome sus manos. Ella volvió a soltar un sollozo y escondió su rostro en el hueco de mi cuello. Yo volví a abrasarla.
Tenía que saber en qué cuidad estaba ella cuando vio a nuestro padre.
— Alice nena… en que parte de Francia estabas cuando… cuando viste a papá —sollozó más fuerte, pero aun así le entendí cuando hablo.
— E-en Annecy, es una pequeña localidad de Alta Saboya que queda en la región de Ródano-Alpes —suspire, pero algo parecido a la ira crecía dentro mío y se instalaba tanto en mi pecho como en mi cabeza.
— ¿Queda cerca de Paris? —ella me miro con el ceño fruncido
— No, Annecy queda casi en la otra punta de Paris ¿Por qué?
— Porque es en Paris, donde supuestamente tenía el congreso papá —ella asintió con su rostro desfigurado de tristeza.
— Lo sé —apreté sus manos e hice que me mirara.
— Alice ¿Qué… que fue lo que viste? —le pregunté sintiendo miedo de lo que iba a contestar. Ella me miro y una lagrima rodo por su mejilla.
— Yo… yo vi a Carlisle con… –sollozó y volvió a hablar— con una mujer de la mano, abrazados y hasta… besándose —y lloro más.
Le solté el rostro cuando sentimos como algo metálico retumbaba contra el piso de la sala. Giramos nuestras cabezas y el rostro desfigurado de nuestra madre nos miraba. Alice se paró de inmediato.
— Mamá… —susurro queriéndose acercar. Pero Esme levanto sus manos dando un paso hacia atrás.
— ¿Qué… que has dicho? Re-repítelo —Alice se negaba a hablar otra vez, negaba con la cabeza, no lo quería repetir.
— Lo siento mamá, lo siento yo… tú no debías enterarte así, no… lo siento —repetía llorando una y otra vez Alice.
— Mamá, porque no te calmas tiene que haber una explicación no se… —sabía que no había explicación para algo así, mi hermana jamás jugaría con algo de ese estilo.
Alice me miro rabiosa…
— ¡Que te pasa Edward, yo lo vi con mis propios ojos! ¡Maldita sea, lo estuve siguiendo por dos días! —la mire sorprendido, mientras ella se sentaba otra vez en el sofá. Su cuerpo temblaba ligeramente. Ella me miro y su mirada estaba opaca, recién ahí caí en la cuenta de su aspecto. Alice lucia más delgada que de costumbre, tenía unas profundas ojeras y aunque su vestimenta era de por si vieja y limpia, esta era en tonos oscuros. Alice nunca vestía así, a menos que sea para un funeral.
¿Qué había hecho mi padre? Odiaba admitirlo, pero él estaba destrozando a su familia. Dios a nuestra madre, ella siempre fue abnegada con nosotros, con él. Había dejado sus sueños de lado para entregarse por completo a su familia y así le pagaba.
— Tranquila cariño, no te enojes con tu hermano—mire a mi madre, sin expresión ¿acaso ella…?—, desde hace un tiempo que sospechaba algo, yo… yo no quería creer, yo tendría que haberme asegurado, jamás debí permitir que ninguno de ustedes dos se enterara de algo, no antes que yo… lo siento pequeña —Esme se acercó a Alice y la abrazo, besando su cabeza—, jamás debí permitir que tu vieras algo así, lo siento mi amor lo siento —las dos comenzaron a llorar.
¿En qué momento nuestra familia se destrozaba, se caía a pedazos? ¿En qué momento a mi padre se le había cruzado por la cabeza destrozarnos de esa forma? ¿Por qué había traicionado a su familia? Porque no solo a mamá había traicionado, también había traicionado nuestra confianza.
Algo de mí se apodero. Sentía como iba carcomiendo cada parte de mi ser, arrasando con todo el amor, respeto y confianza que alguna vez pude llegar a sentir por él.
— ¿Quién era Alice? —esa pregunta retumbo en las paredes de mi casa. Mi voz había sonado sin emoción alguna, no me iba a derrumbar delante de ellas, no ahora.
Mi madre al parecer no lo sabía, por lo que miro a mi hermana esperando su respuesta. Las facciones de nuestra madre eran del dolor puro, su pecho subía y bajaba con cada reparación que hacía.
Alice se removió en su asiento y al fin hablo, no sin antes dejar salir nuevas lágrimas.
— Ca-Carmen Denali —Esme se paralizo. Yo jadee y Alice escondió su rostro entre sus manos. Mama se separó de ella llevando las manos a su boca queriendo tapar los sollozos contra sus manos, pero era imposible.
Todos sabíamos quién era esa mujer. Ella era la esposa del colega y mejor amigo de Carlisle. Eleazar Denali. Él era un buen hombre, respetado en toda el área de neurología en el hospital, aparte de eso, siempre estuvo con nuestra familia cuando más lo necesitamos ¿Cómo Carlisle pudo haberle hecho algo así a su mejor amigo? Esa mujer era el mismísimo demonio, siempre había desconfiado de ella. Jamás me gusto que viniera a mi casa.
Ahora más que nunca la odiaba. Me daba asco.
Pude ver como mi madre se levantaba como un resorte y comenzaba a mirar a su alrededor hasta que dio su vista con las fotografías que posaban sobre la chimenea. Corrió hasta allí y de un solo manotazo barrio con todos los portarretratos; se dio la vuelta y volvió a hacerlo con los que estaba sobre la mesa ratona que estaba en medio de la sala. Pero lo que jamás esperamos fue que ella tomara el jarrón de cristal que Carlisle le había regalado, traído de uno de sus viajes, camino hasta el centro de la sala y lo lanzo hacia la majestuosa pintura de nuestra familia que colgaba de una de las paredes. Corrí hasta donde mi madre estaba y la tome por los brazos mientras ella se desmoronaba. No dejaría que ella se lastimara más de lo que ese, al que ahora la palabra "padre" le quedaba grande, lo había hecho.
Podía escuchar como la garganta de mi madre se desgarraba con los gritos de dolor que soltaba junto a su llanto.
En el suelo como estábamos deje que descargara su dolor. Alice no estaba en mejores condiciones que Esme, por lo que estire mi mano hacia ella para que se acercara y así lo hizo. Se agacho junto a nosotros y ella también abrazo a nuestra madre, queriéndole brindar el apoyo que ni ella misma tenia. Aún más la admire por eso. Las abrace a ambas y bese sus cabezas. En ese momento ellas dos me necesitaban, ya me desahogaría yo en otro momento cuando estuviera solo.
Al cabo de un buen rato pude sentir como mi madre se tranquilizaba. Alice se separó un poco y me hizo señas de que se había dormido. La tome en mis brazos y ella se acomodó en mi pecho. Sus ojos estaba hinchados e irritados ¡Maldito sea Carlisle y esa puta mujer! Por hacer miserable la vida de mi madre.
Subimos las escaleras con Alice pisándome los talones y entramos en su habitación, no estaba seguro de dejarla allí pero aun así lo hice. Le quite sus bailarinas y la metí en la cama. Alice rodeo la cama y se dispuso a quitarse sus zapatos y también se metió dentro de la cama junto a mamá. Le sonreí en un intento de sonrisa y ella me devolvió el gesto. Abrazo a nuestra madre y como reflejo nuestra madre se acurruco entre sus brazos. Parecía tan frágil, tan desorientada… tan rota. Y todo por culpa de esos dos malnacidos.
Salí de la habitación y me encamine hacia la sala. Todo destrozado. No había quedado portarretratos sanos y en pie. Suspire y algo se agarroto en mi garganta cuando levante la vista a la pintura de mi familia. Los cristales rotos habían rajado el lienzo, dejándolo estropeado. Era una clara señal de que esta familia ya no era familia. Y de eso se había encargado Carlisle.
Tome mi bolso y saque mi celular, no me importaba la hora que era en Francia solo… solo, necesitaba escucharlo. No le diría ni reclamaría nada. Eso se hacía de frente no por un puto teléfono. Yo no era como él, no era un maldito cobarde, lo enfrentaría, claro que sí, pero ahora solo quería escucharlo. Y ver cuán sínico podía llegar a ser.
El celular sonó cinco veces, hasta que atendió.
— ¿Ho-hola?—su voz sonaba agitada. Ya me imaginaba que estaba haciendo ¡Maldito hijo de mil putas!
— Soy yo, solo… solo quería saber cuándo regresas —hasta ahora no me daba cuenta cuanto había cambiado mi voz, había sonado fría sin emoción. Tuve que aguantarme y morderme la lengua para no gritarle lo mal nacido que es.
— ¿Hijo paz-paso algo? Te noto la voz rara ¿Tú madre está bien? — ¡Oh por dios! Jamás pensé que llegaría a tal punto su necedad ¡Él maldito estaba con su amante y tenía la desfachatez de preguntar por mi madre!
— Sí todo está bien, ¿Carlisle cuando regresas? no tengo mucho tiempo —quería gritarle, pero me estaba conteniendo a morir.
— ¿Carlisle? Nunca me habías llamado así, estas seguro que está todo bien.
— Sí papá… —dije en forma de burla la palabra papá.
— Esta bien, yo… mañana, sí mañana estoy saliendo para Estados Unidos y hazme un favor —se escuchó como una puerta se cerraba— dile a mamá que la amo —sentí la necesidad de salir corriendo y vomitar todo lo que había ingerido en el día. Cerré los ojos y trate de tranquilizarme— ¿Edward? Sigues ahí… —respire hondo y trate que mi voz sonara clara.
— Alice regreso… —pude sentir como su voz se agitaba, sabia cuando él amaba a mi hermana ella era su debilidad. Algo de lo que se olvidó cuando decidió traicionarla a ella también.
— ¿Cómo? Pero… ¿Cuándo, dónde estuvo? ¿Qué no regresaba dentro de tres meses? ¡Oh por Dios, no sabes cuánto la he extrañado! —ya no aguantaba más esto. Debía cortar o no me aguantaría gritarle todo el mal que nos había hecho.
— No lo sé, tengo que irme, nos vemos el domingo supongo, Adiós —escuche como me llamaba, pero no le conteste y le corte igual.
Caí con todo el peso de mi cuerpo sobre el sofá. No podía llorar ¿Por qué no me salían las lágrimas? ¿Porque no gritaba? ¿Por qué no me desahogaba? No lo sabía, tampoco quería averiguarlo. Él no se merecía nada, solo mi odio y rencor.
Jamás creí que el amor y respeto que sentía por Carlisle se transformaría en sentimientos tan malos como lo eran el odio y el rencor. Pero así había pasado, y esto estaba matándome.
En un arranque de furia lance mi celular contra la pared, no necesitaba volver escuchar, nada proveniente de su boca; porque estaba seguro que él iba a intentar llamar otra vez.
Pero ese momento no llego en todo ese fin de semana. La casa había quedado como la había dejado mi madre.
El día sábado lo habíamos pasado metidos en su habitación, tratando de consolar a mamá junto a mi hermana. Al momento del almuerzo con Alice bajamos dejándola sola un momento para preparar algo de comer, cuando comenzamos a escuchar cosas rompiéndose.
Inmediatamente corrimos escalera arriba. Llegamos hacia la habitación y nos sorprendió, ver todo destrozado. Otra vez.
La encontramos recostada sobre la alfombra, ovillada garrando sus piernas. Dios…
Volví a tomarla en brazos y la saque de esa habitación para llevarla a la de Alice.
No había comido ni bebido nada en todo el sábado y en la mañana del domingo.
Antes del medio día de ese día quiso darse una ducha, para luego volverse a recostar y dormir.
Con Alice dejamos que descansara un poco más, sobre la mesa de noche habíamos dejado un vaso de leche con galletas por si le agarraba hambre. Vimos que seguía dormida así que sin más bajamos a tratar de acomodar el desastre que había en la sala.
Estábamos en la cocina guardando algunas cosas, habíamos decidido empezar por ahí ya que no estaba tan desordenada.
Sentimos como se estacionaba un auto en la entrada de la casa, eh inmediatamente Alice y yo nos tensamos, ella me miro y sus ojos se humedecieron. Hasta ahora no había podido hablar de nada con ella, aun no me atrevía a preguntar nada. No imaginaba por lo que tuvo que pasar ella estando sola, sin nadie que la apoyara mientras descubría el engaño de Carlisle.
Escuchamos como la puerta de la entrada se abrió y el sonido de los zapatos de Carlisle sobre el parquee de madera. Alice respiraba entrecortadamente y yo mantenía mis puños cerrados, conteniéndome de no salir corriendo y partirle la cara.
Yo no era ningún cobarde como él, por lo que salí de la cocina dejando a Alice tratando de tranquilizarse e hice frente al que hasta hace poco llame "padre".
Sus ojos pasaban por sobre toda la sala. Su rostro estaba más blanco que de costumbre, dio la vuelta apresurado sobre sus talones y cuando se disponía a subir las escaleras, me vio, quiso acercarse a mí, pero inmediatamente levante mi mano…
— Hijo… ¿Qué… que ha pasado? ¿Qué sucedió aquí? —se quedó en su lugar.
— Esto… —hice una seña con la mano, apuntando a la sala—, es toda obra tuya —él me miro frunciendo su ceño, me acerque un paso hacia él y le lance todo lo que hasta ahora tenía guardado. Esto no se lo iba a perdonar jamás.
— Esto ha sido y es toda tu culpa —dije mirándolo a los ojos.
— ¿Pe-pero de que hablas? —su voz temblaba, se le notaba el nerviosismo.
— ¡De que hablo! Eres un maldito sínico de mierda Carlisle —sus ojos se abrieron como plato, pero luego frunció el ceño.
— Cuida tu vocabulario cuando hables conmigo Edward, yo no te permito… —y hasta ahí dio mi paciencia.
— ¿Tu no me permites qué? Eres un mal nacido de mierda, has acabado con esta familia Carlisle, lo has destruido todo y puedo asegurarte que no queda nada —le grite al muy sínico.
— ¿Pero de qué demonios hablas? —no podía creer lo cara dura que era. En ese momento salió Alice de la cocina hecha una furia y encaro a Carlisle como nunca pensé. Al parecer la necedad de nuestro "querido padre" había colmado la paciencia de mi hermana.
Carlisle al verla se le iluminaron los ojos e intento acercarse a ella pero nunca se esperó la tremenda bofetada que le dio su propia hija. Él la miro con los ojos desencajados y juro que vi que su cabeza empezaba a atar cabos.
— Hija… —la miro con sus ojos aguados y tragando forzosamente.
— Eres la misma escoria Carlisle —el frio con que Alice pronunciaba cada palabra no me sorprendió en lo más mínimo, yo mismo me refería con odio hacia él, lo que si pude distinguir fue el inmenso dolor con el que pronuncio su nombre— te vi, maldita sea, te vi con esa… zorra barata —la cara de Carlisle se desfiguro al verse expuesto por su propia princesa — te suena Annecy… pues bien porque fue en ese mismo lugar donde murió mi padre… me das asco Carlisle, has acabado con todos nosotros de una sola vez ¡Maldito sinvergüenza! ¡Hijo de puta! —tan pequeña como era se le lanzo encima a golpes.
Carlisle derramaba lágrimas. Ahora estaba dándose cuenta del daño que había cometido. Me sorprendí a mí mismo sintiéndome bien al ver como Alice lo dañaba con las palabras. Me acerque a ella y la tome de la cintura para separarla, ella lloraba desconsolada, él se tapaba la cara con sus manos queriendo ocultar la vergüenza que figuraba en sus ojos. Tarde. Muy tarde.
Intento acercarse a nosotros…
— Por favor, déjenme explicarles yo… —no tuvo tiempo de hablar, por el grito que provino de las escaleras.
— ¡Aléjate de ellos! —Mamá.
Todos giramos y nos encontramos con Esme bajando por las escaleras con toda la dignidad que una dama engañada pueda tener.
— Esme por favor, yo… yo… déjame explicarte yo… por favor —Carlisle soltó un sollozo al ver como lo miraba y trato de acercarse a ella. Eso no se lo iba a permitir.
— ¡No te atrevas a acercarte a ella! —él me miro e hizo un paso hacia atrás. Volvió a mirarla y podía ver cuán desesperado estaba. Tome a Alice y la jale detrás mío mientras me acercaba hacia nuestras madre. Quien se ponía delante mío y de Alice. Como toda una madre.
— Lo siento… por favor déjenme explicarles yo… —mi madre negaba con la cabeza, tratando de ocultar su decepción y el dolor que todo esto le causaba.
— No seas sínico, yo misma vi como disfrutabas yendo de la mano con esa puta, como te besabas con ella ¿Cómo… como pudieron hacerle eso a Eleazar? ¿Cómo pudiste hacerle esto a mamá? Escúchame bien Carlisle, porque es la última vez que hablare contigo. A partir de hoy estas muerto para mí, tu mera presencia me da asco, me repugna si quiera respirar el mismo aire que tú. Te odio, me has escuchado. Te odio —lo último lo dijo llorando.
Carlisle no dejaba de llorar, negando con la cabeza, tirando de su cabello desesperado.
Nuestra madre camino hacia la puerta y la abrió, tomo las maletas que él antes había dejado en la entrada y las lanzo hacia el patio delantero.
—Aquí no hay más lugar para ti, vete por dónde has venido —Carlisle corrió hasta donde estaba y la tomo por los brazos, llorando, rogándole, pidiéndole perdón.
Esme se soltó de su agarre y pude ver como derramaba lágrimas. — Vete con la puta de tu amante, porque en mi corazón ya no tienes lugar —él intento tomarla otra vez y ella le soltó una bofetada que le dio de lleno en su mejilla— Suéltame y vete de una vez.
Él recorrió la casa con la vista y luego miro a mi hermana, a mamá para terminar mirándome a mí.
Camine hacia él y me pare frente a su cuerpo.
— Vete y no regreses, tanto Alice, como mamá y yo no te necesitamos, olvídate de esta familia porque ya no perteneces a ella… —sus ojos me mostraron cuanto dolor le causaron mis palabras. — Vete, de una vez por todas, no me hagas olvidar que alguna vez fuiste mi padre —dije con todo el rencor que tenía.
— Hijo por favor… —dijo con la voz temblando por sus sollozos
— Vete Carlisle —susurro mi madre.
— Perdónenme—dijo para darse la vuelta y salir por la puerta.
Esa fue la última vez que lo vimos. O por lo menos yo y mi hermana.
Las semanas siguientes mí madre Alice y yo nos concentramos en tratar de olvidar ese día. Alice nos había dicho que ya no se iba a ir más, que se iba a quedar con nosotros para que como la familia de tres que éramos saliéramos adelante y yo se lo agradecí eternamente.
Hubo noches en que tanto ella como mamá se despertaban llorando y sudadas por las pesadillas que tenían. Yo trataba de acompañarlas en todo lo que podía, trate de enfocarme en mis estudios y mediante eso llevarle un poco de alegría a nuestra madre. Cada día la veíamos más deteriorada.
Los meses siguientes pasaron. Mi vida era de la casa a la universidad, de la universidad a la casa. No salía a fiestas, no tenía vida social, no tenía amigos y mi aspecto era horrible, todo desaliñado.
Alice había encontrado trabajo en un vivero atendiendo y cuidando de las plantas. Era lo único que sabía hacer, no le dejaba mucho pero algo era algo. Para sus gastos alcanzaba. Era tan terca que no quería que mamá la mantuviera.
Mi madre había decidido cerrar cualquier cuenta de banco que recibiera depósitos de las cuentas de Carlisle, así mismo de las extensiones de sus cuentas. Ella había heredado una gran herencia de sus abuelos al ser única nieta y nunca había tenido la necesidad de usarla, y al estar toda en los bancos hizo que acrecentara al pasar el tiempo.
Aunque intente buscar trabajo, mi madre no lo quiso, dijo que jamás permitiría que dejara la universidad por algo así, que tanto a mí como a mi hermana no nos hacía falta, y que no había podido convencer a Alice de que no trabajara, pero que lo haría conmigo. Y así lo hizo. Yo seguí con la universidad estudiando y refugiándome éntrelos libros.
En un principio, Carlisle nos llamaba a todos, a mamá, a Alice, a mí; pero ninguno atendía. Nadie quería saber de él.
Ocho meses después de aquel día, mamá nos había dicho que le había solicitado el divorcio a nuestro padre, porque según una amiga suya lo había visto con la zorra de Carmen Denali, comiendo en un restaurant muy acaramelados. Ese día sentí tanta rabia que quise ir a golpearlo, pero mi madre me detuvo. Lo odiaba, lo odiaba más que nunca.
El día de la audiencia de divorcio acompañamos a nuestra madre hasta el edificio de tribunales donde su abogado la esperaba. Ahí nos encontramos con Eleazar, él estaba destrozado al igual que mamá a diferencia de ella, él no tenía hijos con la arrastrada esa, haciéndoles el divorcio más fácil. Por él nos enteramos que no era la primera vez que Carme le hacía algo así, de engañarlo con otro hombre, esta había sido la tercera vez. Ese fue el dato que me carcomió durante los meses venideros. Porque si ella lo había traicionado a Eleazar tres veces ¿Qué quitaba que a Carlisle no le hiciera lo mismo?
Once meses después de ese día. Las cosas mejoraban para mi pequeña familia. Una vez estábamos cenando en el centro comercial cuando de la nada apareció una antigua amiga de mi madre. Hablando y contándose cosas, le había comentado que había estaba por abrir un gran restaurante al otro lado de Chicago y que aún no tenía a la persona que le diseñara el interior del local. Siobhan aún no había encontrado a un socio de confianza para poder lanzarse del todo. Ahí en el centro comercial a mamá le propuso ser su socia, a lo que ni lenta ni perezosa Alice la incentivo diciéndole que era lo que le hacía falta para despejar su mente.
Siobhan le había comentado que ella había comprado una gran cantidad de cosas en el extranjero, pero por cosas que ella no podía desatender del local no había podido ir a buscar. Ahí fue cuando mi lamparita se prendió y comente como quien quiere la cosa que tanto ella como Alice podían ir a buscar las cosas. Sabia cuanto quería volver a viajar Alice. A las tres les pareció bien.
Solo había un problema, y era que yo no me podía quedar solo, mamá no quería. No entendía que ya estaba grande, pero aun así no quería saber nada de dejarme solo.
Entonces una idea macabra vino hacia mí. Era el momento de mi venganza. Ellas se fueron de viaje y yo me quede solo pero con la condición de que permitiera recibir llamadas de Carlisle para saber si todo estaba bien. Lo acepte.
Todo lo que duro el viaje de mi madre y Alice, Carlisle me llamo todos los días a la misma hora, para saber cómo estaba. Mis contestaciones siempre eran las mismas…
— ¿Hola?
— Hola hijo, solo…
— Estoy bien, Adiós.
Siempre fue así, nunca cambiaba nada. Mamá había hecho un gran esfuerzo para hablar con él y pedirle el favor de llamarme, algo que a él le había sorprendido, pero que según mamá había aceptado gustoso.
Las vacaciones de verano llegaron y todo estaba muy tranquilo, hasta que tuvo que empezar el nuevo año. Faltaba un mes para empezar mi segundo año en la universidad. Sutilmente fui dando el pie para que mi propia madre me propusiera el irme a pasar el año con Carlisle; al principio me negaría pero luego aceptaría para no levantar sospechas.
Hasta que un día lo dijo…
— Hijo por favor, ya ha pasado casi un año, tú en un mes comienzas la universidad y no me gustaría que siguieran separados tú y tu padre, por eso… ¿has pensado en lo que te pedí? —suspire
—Sí, lo he pensado… yo… yo me iré con Carlisle este año —ella pensaba que lo hacía para que nuestra relación volviera a resurgir. Pobre de mi madre, ni se imaginaba lo que yo pensaba hacer.
Fin Flash Back
Tome las maletas de mi cama y fui directo a la sala donde me esperaba Alice con una caja en sus manos y con lágrimas en los ojos. Me abrazo y me dio la caja, junto con un beso en mi mejilla.
— Te amo Alice, no lo olvides —ella me sonrió y dejo caer una lagrima. Yo se la limpie y la abrace.
— Yo igual Edward. Cualquier cosa llama por favor —asentí.
Salí y me monte en el Audi de mamá.
Aquí me encontraba yendo hacia el departamento de Carlisle, mientras mi madre iba manejando. Odiaba hacerla pasar por esto, pero solo serían unos minutos que tendría que aguantar la presencia de él. No la haría pasar por el mal trago de tener que verlo mucho tiempo.
Al llegar a la dirección que mamá tenia anotada en un papel, pudimos ver como Carlisle nos esperaba en la puerta del edificio. En cuanto nos vio una sonrisa nerviosa se instaló en su rostro. Mamá suspiro y cuando se disponía a salir la detuve.
— No hace falta mamá, quédate aquí, no quiero que salgas, se cuánto te cuesta —ella asintió y me abrazo un buen rato. Pude ver como Carlisle agachaba la cabeza.
— Bien… por favor trata… solo eso te diré, sé que es difícil pero… trata —solo asentí. Beso mi frente y antes de salir inhale aire. Salí del auto colocándome mis Ray-Bans.
Abrí la puerta de atrás y saque las maletas, cerré la puerta y deje las maletas sobre la vereda frente al edificio. Me acerque hacia la ventanilla del auto de mamá y ella me sonrió.
— Te amo, tú y tu hermana son mi vida ¿lo sabes verdad? —asentí con mis ojos aguados.
— Lo sé, yo también te amo mamá —la abrace, metiendo casi medio cuerpo dentro del auto y bese su rostro.
— Adiós.
— Adiós y cuida que Alice no se meta en problemas —ella sonrió y me empujo para que saliera del auto. Subió la ventanilla y arranco, yéndose. Sin siquiera dar una mirada a Carlisle.
Al darme la vuelta vi cómo se acercaba dudoso. Tome mis maletas y me acerque.
— ¡Hijo! ¿Cómo has estado? —saludo.
— Carlisle —dije a modo de saludo. Intento acercarse pero yo retrocedí—, mantén la distancia, esto que hago lo hago por mamá, así que no te ilusiones… —él me miro y sus ojos se entristecieron— recuerda lo que te dije la última vez que te vi —él asintió y no trato de acercarse a mí. Se dio la vuelta y camino haciéndome señas para que lo siguiera.
Al ingresar al edificio subimos al ascensor y hablo, con nerviosismo en la voz.
— Yo… Hijo me gustaría presentarte a alguien —el nerviosismo en su voz lo delato. El muy hijo de mil putas la tenía metida aquí. Por Dios, no podía entenderlo.
La vez que estuvimos en la última audiencia de divorcio, según mamá él había llorado y se negaba a firmar los papeles. Ahora que mierda hacía con la tipa esa aquí.
— Tú no tienes cara Carlisle —me reí irónicamente.
— Por favor Edward… —su cara denotaba dolor ¿Quién mierda lo entendía?
— ¡Cállate! Hubieras esperado a que por lo menos me acomodara, ni siquiera eso pudiste respetar —él suspiro y agacho su cabeza.
— Tienes razón, lo siento —ninguno de los dos hablo más.
Al llegar a su piso, porque sí, el muy maldito tenía un piso para él solo, lo seguí hasta que dio con una puerta blanca. La abrió y me hizo señas para que pasara, pase y el olor a incienso se coló en mis fosas nasales.
Me hizo entrar a la enorme sala, donde sillones blancos y pulcros estaba situados alrededor de una mesa ratona de vidrio moldeado.
De una puerta salió, como dueña y señora la muy perra Carmen Denali. Me sonrió nerviosa, gesto que no le devolví y se situó a la par de Carlisle.
— Ya… ya la conoces ¿verdad? —cuando mi padre agacho la cabeza, al ver mi negativa de no contestar. Le sonreí a la muy zorra.
Ahí comenzaba mi venganza.
Bueno emmm... como ya saben este es mi 2º fic "largo" y la idea siempre a estado pero nunca la había sacado de mi cabeza, hasta que tuve que hacerlo porque no me dejaba en paz, ya saben, las que escriben me entenderán... cuando la idea esta ahí, tienes que sacarla o no te deja en paz, en fin. este fic es medio especial, hay muchas cosas que fueron escrita y que realmente pasaron en mi vida personal, en especial en este capitulo. Así que espero el mayor de los respetos en sus reviews... Creo que eso era todo... AHHH NO! ya me estaba olvidando.
¡MUCHAS GRACIAS SHADES... Y DISCÚLPAME POR TODO!
***solo para aclarar, ni yo, ni mi beta somos profesionales (por si encuentran errores, que se han escapado) aceptamos sus concejos siempre y cuando sean con respeto***
Ahora sip... espero vernos (leernos) pronto
Se Las Quiere
***Gis Cullen***
