Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen Stephenie Meyer y su Editorial. La historia que leerán a continuación me pertenece a mí.
Capítulo Beteado por: Shades
Capítulo 3
No cometeré los mismos errores que tu…
No dejaré que mi corazón sienta tanto dolor…
No me desmoronaré de la forma en que tú lo hiciste;
tu golpe fue tan duro,
Que he aprendido de la manera más difícil a no dejar que las cosas
lleguen tan lejos..Es por ti que
nunca me arriesgare…
Es por ti, que
aprendí a no correr riesgos,
para no salir nunca más lastimada…
Es por ti que
me cuesta confiar, no sólo en mí,
sino no en todo aquél que me rodea…
Es por ti
tengo miedo.
Kelly Clarkson/Because of you
Esme POV.
—Me ha quedado claro Siobhan, en cuanto tenga los catálogos completos paso por tu casa y decidimos que es lo mejor que hay en el mercado en vajillas, y eso sería lo ultimo… ya estoy ansiosa por abrir —dije con cierto entusiasmo en mi voz.
Quedamos conversando unos minutos más, acerca de la reunión de mañana y corte.
Estaba muy entusiasmada con este nuevo proyecto, sabia que tendríamos éxito, la locación del local estaba en un lugar de la cuidad muy céntrico y transitado. Y lo mejor de todo era que quedaba muy cerca de la universidad de Edward.
Edward.
Lo extrañaba demasiado, él y Alice, se habían convertido en mi refugio, en mis salvavidas, eran mi lugar seguro. Nada se comparaba cuando los tenia conmigo, y ahora que Edward no estaba, en ocasiones me sentía hasta perdida, pero siempre estaba mi princesa, ella siempre me hacia ver las cosas buenas que me estaban pasando y que a Edward no le hubiese gustado que yo me preocupara por él. Pero como evitarlo, era mi hijo.
Su partida, a la casa de su padre me había dejado un poco insegura. Estaba de acuerdo en que él tratara de arreglar, aunque sea una pequeñez de lo que su padre había roto. Sabia como era Edward, y lo mucho que había sufrido y que aun sufría, y eso era un impedimento para que tratara de sanar. Edward se había vuelto una persona fría y sin sentimiento respecto a su padre y eso me asustaba un poco, yo no lo quería de esa forma, mi hijo no era una persona rencorosa, pero también entendía que lo que había hecho su papá, su ejemplo a seguir, no tenía perdón.
Yo misma aun me sorprendía, pero por sobre todo me dolía la forma tan vil de engañarme que tuvo, no reparo en nada ni en nadie al momento de dejarse llevar por la lujuria, no se acordó de nuestra familia ni de su mejor amigo, no se acordó de mí. De mí, que siempre le jure amor y respeto por sobre toda las cosas, que le había dedicado mi vida a amarlo como creí que él se merecía. Deje de lado mi vida por tomar el rol que me correspondía como madre de familia, y nunca me arrepentiría, pero ahora me doy cuenta que me prive de demasiadas cosas estando casada.
Deje a un lado mis sueños y proyectos por apoyar los suyos. Y así fue como él lo valoro, engañándome de la peor manera que se le puede engañar a una mujer.
Las cosas habían terminado muy mal, toda una vida tirada a la basura, años de felicidad quedaron en el olvido, recuerdos y promesas rotas que aun siguen aguantando en mi corazón para que no los quite. Porque sabia muy bien que en el momento que esos recuerdos y promesas, dejaran de estar en mi corazón; Carlisle seria cosa del pasado y aunque quisiera negarlo con toda firmeza, no podía, todavía lo seguía amando.
Como bien se dice: el amor no se termina de un día para el otro.
Entendía que ya había pasado un año, y sí, lo admitía era una masoquista de primera, pero yo no mandaba en mi corazón, no lo hacia. Si así fuera el día de la última audiencia del divorcio no habría caído en sus brazos ni en sus besos, esos besos que aun con recordarlo, me quemaban los labios…
Flash Back
—Señores, debido a que es una norma que debo cumplir, mi deber como Juez a cargo es que en este preciso momento debo darles unos minutos a solas antes de firmar los documentos finales ¿están de acuerdo? O alguna de las partes prefiere que los abogados estén presente, ustedes deciden… —miré a mi abogado, el Señor Jenk y le hice una seña que estaba bien, que podía dejarme a solas con él. Este asintió y salió de la sala de audiencias del juzgado, flanqueado por el abogado del que pronto seria mi ex esposo.
Cuando se cerraron las puertas, sentí como el aire se volvía escaso, me sentía claustrofóbica e incapacitada a pensar con claridad cuando él estaba cerca de mí. Como siempre sucedió.
Me pare de mi asiento y caminé hasta la ventana mas cerca, tratando de encontrar alguna corriente de aire. La brisa que entraba por la ventana dio de lleno en mi rostro haciéndome cerrar los ojos, solo fueron unos segundos.
—Los chicos vinieron ¿Verdad? — ¡Mierda!
—Sí, pero están en otra sala, ellos no… —no pude terminar de decir que en realidad no querían verlo.
—Lo sé, no querían verme, entiendo —¿Qué? No él no entendía y no sabia lo que mis hijos sufrían, por su maldita culpa.
—No, no lo haces —dije lo mas fría que pude, mirando por la ventana.
—Esme por favor… yo—no lo deje terminar, no lo dejaría que él volviera a lastimarme.
—Por favor nada Carlisle, en unos minutos tienes la oportunidad de volver a ser libre al igual que yo, así que no lo arruines y respétame aunque sea eso —dije con la voz media tomada.
— ¡No! Yo no quiero ser libre… sí por mí fuera estaría encadenado a tus pies y… —dijo desesperado, con la voz estrangulada y anudada.
—Deja de decir mentiras, acaso no ves que con lo que dices sigues lastimándome —me di la vuelta para verlo a la cara—. Yo ya no quiero tener nada contigo, no después de lo que hiciste —mis palabras le causaron un temblor que pude verlo desde donde yo estaba. Su cara hizo una mueca de dolor, no más de lo que a mi me había dolido.
—Esme yo estoy arrepentido, no se que mierda se me cruzó por la cabeza cuando lo hice, supongo que el momento de sentir que podía controlarlo me sobrepaso, y no medí las consecuencias, me deje llevar y no puede pararlo, pero jamás, y escúchame bien: yo jamás deje de amarte. —él no podía decirme esto.
Mis ojos se aguaron y él vio la oportunidad de acercarse hasta donde yo estaba. Me tomó de los brazos y me acercó hasta su pecho, abrasándome y sollozando con fuerza. Me besaba el cabello y mi frente. Mis ojos, mis mejillas hasta que muy despacio se acercó hasta mis labios y los beso, tan despacio y lento que mi corazón dolió. Ejerció un poco mas de fuerza y tomó mi labio inferior entre los suyos. Quiso profundizar el beso, pasando la punta de su lengua por mis labios, hasta que la imagen de Edward y Alice llorando se me cruzo por la cabeza, haciéndome acordar el porque de donde estaba, eso había sido todo para mi. Me separé de su abrazo y de él, quien me miraba con confusión.
En ese instante aunque quise no pude odiarlo, no como él se merecía. Solo me limite a alejarme de él e ir hacia la puerta y antes de abrirla, hable…
—Puede que no hayas dejado de amarme, pero si lo olvidaste, olvidaste porque nuestra familia era una fortaleza impenetrable, algo que tú hiciste que eso careciera de valor —dije con todo el dolor y la angustia del mundo.
—Jamás podrás perdonarme ¿No es así? —sólo giré mi rostro para mirarlo a los ojos, y que viera la verdad en ellos.
— Lo siento… No. —abrí la puerta y llamé a mi abogado y al resto de los presentes.
Al cabo de diez míseros minutos, yo dejaba de ser una Cullen, y Carlisle dejaba de ser mi esposo ante la ley.
Y aunque quise, no me pude aguantar. Lloré al momento de firmar el último documento que certificaba nuestra separación definitiva, ambos lloramos cuando el Juez nos dijo que dejábamos de ser el Señor y la Señora Cullen.
Me fui sin mirar atrás, sin siquiera darle una mirada cuando pase junto a él. De ahora en más mi vida giraría alrededor de mis hijos y de nadie más. Escondería ese amor que aun seguía latente en mi corazón y no lo dejaría salir nunca más.
Fin Flash Back
Aun recordaba la ultima vez que lo vi, cuando fui a dejar a Edward a su departamento. A lo lejos lo había conocido sin la necesidad de acercarme. Él seguía siendo un hombre hermoso, tan hermoso que no me di cuenta de que otra también se había dado cuenta de eso.
¡Maldito sea él!
Aunque lo amaba, no lo podía perdonar, me negaba a hacerlo, yo me merecía algo mejor que eso. No merecía un engaño por tanto amor y dedicación. Tal vez ese fue mi error, y me deje estar en los laureles, confiando en él y en su amor. Confiando que él era mío y que solo a mi me miraba con devoción. Sí, a lo mejor yo también había tenido la culpa de que todo terminara.
Un ruido de platos me saco de mi ensoñación. Mire sobre mi hombro y una de las camareras, había roto un plato sin querer, la pobre estaba toda colorada. Me levante de mi asiento y me acerque a ella para ayudarla con la porcelana rota…
Cuando terminamos ella me dio las gracias y me ofreció disculpas por las molestias ocasionadas, a lo que yo solamente me limite a decirle que carecía de importancia.
Mire mi reloj y ya se había hecho muy tarde, debía regresar a casa, todavía tenía que llamar a Edward para saber cómo le había ido en la universidad.
Cuando me di la vuelta choque de lleno con un fuerte pecho ¡Mierda!
—Lo siento, no lo vi… discúlpeme —dije mirando al hombre con el que había chocado.
Era muy guapo, su cabello era de un bonito castaño y tenia lo ojos color marrones claros. Era alto y de buen porte, con aires de extranjero, me inclinaba a que era europeo.
—No, por favor discúlpeme usted a mí, yo venía distraído —¡Oh era Italiano!
—De igual manera, lo siento… —quise saber su nombre.
—Marco, Marco Vulturi —dijo con elegancia.
—Bueno, mis disculpas Señor Vulturi —dije media sonrojada, algo que me sorprendió, ya que hacia mucho tiempo que esto no me pasaba.
Me dirigí a mi mesa y tomé mi cartera y mis carpetas que aun seguían desparramadas sobre la mesa, con un café casi intacto. Deje un billete de veinte dólares debajo de la taza y salí hacia la puerta, sintiendo una penetrante mirada sobre mi; antes de salir volteé y vi como el Señor Vulturi me miraba con una sonrisa en su rostro…
Nose porque pero hacia mucho que no coqueteaba con un hombre que no fuera mi espo… debía de sacarme eso de la cabeza, debía de cambiar esas palabras. Yo era una mujer libre y sin compromisos. Por lo que sin permitirme sentir culpa, le devolví la sonrisa a Marco.
Al llegar a casa Alice me esperaba con una sonrisa en su rostro y con una efusividad muy de ella. Deje mis cosas y mi cartera en la entrada y fui hasta donde estaba.
— ¡Hola cariño! —salude dándole un beso en su frente y sentándome a su lado.
— ¡Hola mamá! ¿A que no sabes? —negué con la cabeza sonriéndole por no poder estarse quieta en su lugar.
—No dime.
—Edward me llamó y me dijo que quería cenar con nosotras, que sí porfavor lo podíamos pasar a buscar por la universidad, obvio le dije que sí… así que anda, ve a prepararte que en media hora partimos —contagiándome su entusiasmo, salí disparada a darme un rápido baño para ir a buscar a mi bebe.
¡Oh este día había sido muy gratificante! ya casi teníamos todo listo para lanzar nuestro proyecto con Siobhan, lo que pasó hoy en la cafetería con el tal Marco y terminaría la noche cenando con mis dos hijos.
Extrañaba horrores a Edward, desde que se había ido, solo había podido hablar con él por teléfono, así que esto era genial. Pero me extrañaba que él quisiera cenar con nosotras y justamente hoy que empezaban sus clases y que debería llegar a casa y descansar. Aunque pensándolo bien, no importaba. Estaba segura que mi hijo era un chico responsable y juicioso.
Cuando termine de darme el baño y cambiarme de ropa, Alice literalmente me arrastró hasta el auto para que nos diéramos prisa. No sabía de donde sacaba tanta energía junta.
Cuando estábamos llegando a la universidad y aparcando en la acera de enfrente de la entrada principal, Alice quiso salir a esperarlo, ya que habíamos llegado diez minutos antes.
—Mamá ¿me veo bien? —la mire de arriba abajo y lucia preciosa como siempre. Con unos jeans azul oscuros gastados y viejos, y una camisa a cuadros también bastante vieja, muy típico de ella.
—Siempre te ves bien hija.
—Es que no quiero que Edward sienta vergüenza de mí —dijo media cabizbaja. Me acerque a ella y le acaricie su mejilla.
—Mi amor porque dices eso, tu hermano jamás sentiría vergüenza de ti, eres su hermana y te ama ¿Por qué dices eso? —ella titubeo un poco antes de hablar pero al final lo hizo, y juro que me hubiese gustado que no dijera nada.
—Mamá ¿tú crees qué Carlisle sintió vergüenza de nosotros… de mí? —dijo con sus ojitos medios húmedos.
¡Por Dios, ¿qué había hecho Carlisle con mis hijos?! Ellos jamás pensarían eso de ellos mismos, mucho menos Alice, ella era tan segura de si misma, con una personalidad tan firme… ¿Cómo habrá llegado a esa conclusión tan desagradable?
— ¡No! Como dices eso cariño, no. Lo que tu padre hizo, no tiene nada que ver con nosotros, ni siquiera contigo… no vuelvas a decir que alguien pudiera sentir vergüenza de tu forma de ser porque no es así. Edward jamás sentiría eso por ti ¿Has escuchado? —Ella asintió y se refregó los ojos—. Luego vamos a seguir hablando de esto Alice —ella volvió a asentir con su cabeza.
Nos quedamos en silencio esperando por Edward, hasta que escuchamos como sonaban los timbres que indicaban la finalización de la jornada. Alice comenzó a inquietarse al igual que yo, ambas queríamos ver a Edward. Empezamos a ver como salían los jóvenes cargados de libros. A lo lejos lo vimos. ¡Dios como lo extrañaba! Venia caminando hacia la salida con un muchacho rubio y ambos venían hablando muy animadamente. Miré a Alice y ella parecía embobada, estaba tan quieta que hasta me asustó un poco.
Edward nos busco con la mirada y nos hizo señas saludándonos con su mano. Se acercaron hasta donde estábamos y Alice pareció reaccionar, literalmente salto hacia Edward, abrazándolo y besándolo…
— ¡Te extrañe, te extrañe! —dijo Alice gritando. Edward la había levantado en el aire y le daba vueltas. Amaba verlos así, tan unidos, y contentos de volver a verse. El muchacho rubio, un poco cohibido se hizo unos pasos hacia atrás, sosteniendo unos libros y mirando a Alice de una forma en particular. Yo conocía esa mirada, la conocía muy bien.
— ¡Alice, también te extrañe! ¿Dónde esta mamá? —dejo a su hermana en el piso y se hecho a mis brazos, abrazándome tan fuerte que dolió.
Una madre nunca se equivoca respecto a sus hijos, y yo sabía, intuía que algo no andaba bien, él me abrazaba de una forma desesperante y hasta con miedo.
—Edward cariño ¿Estas bien? Mamá esta aquí, lo sabes ¿verdad? —dije acunado su rostro con mis manos. Sus ojos estaban nublados en lágrimas. Eso termino de alarmarme. Sí el lo estaba pasando mal con su padre, inmediatamente lo haría volver a casa. No dejaría que volviera a poner un pie en ese lugar.
—Estoy bien mamá, solo… solo las extrañaba, te extrañaba mucho a ti —su semblante se compuso y sonrió—. Te amo a ti y a mi hermana, las extrañaba eso es todo. —asentí a lo que me dijo, pero luego hablaría con él. Ya no quería que ni él ni Alice volvieran a sentir dolor de ninguna forma. Los quería bien, felices y contentos como lo eran antes.
Un carraspeó nos avisó que alguien todavía seguía esperando.
—Oh lo siento… mamá, Alice, les presento a mi tutor y profesor el señor Jasper Whitlock, es su primer año como profesor y se ofreció para ser mi tutor en una de las materias que mas me cuesta. Ellas son mi madre y mi hermana —el profesor de Edward era muy joven para ser profesor. Se acerco a nosotras y nos saludo tendiéndonos su mano, muy caballero.
—Encantado Señora Cullen.
—Mmm Platt, Esme Platt es mejor —el profesor se sonrojo un poco y asintió.
—Lo siento, Encantado Señora Platt… igualmente a usted señorita Cullen —dijo Jasper dirigiéndose a mi hija quien lo miraba con su rostro todo sonrojado. Le tendió la mano y Alice la tomó, más de lo que era debido. Edward y yo nos miramos y ambos entendimos que era hora de interrumpir esa interacción de miradas.
—Profesor Whit… —Edward no pudo continuar. Cuando nos dimos cuenta yacía en el suelo con una chica encima de él. Todos nos quedamos mirando hacia el suelo.
Al parecer la chica había chocado contra él sin querer. Edward al verla a los ojos un brillo intenso se instalo en sus ojos.
¡Oh Oh!
Edward POV.
Esa mirada de Alice, no me gustaba nada, no al ver que el profesor Whitlock la miraba de la misma forma. Nos miramos con mi madre y sabía que ella se había dado cuenta lo mismo que yo.
Cuando me decidí a interrumpir esa interacción, que se podía sentir hasta en el aire la química que ambos había desprendido, lo sentí. Sentí mi segundo golpe en el día, esta vez fue en mi espalda, haciéndome caer al piso. Cuando vi que me iba a dar de lleno en mi rostro volteé enseguida quedando boca arriba y con un agradable peso encima de mí.
En ese momento me di cuenta de quien se trataba. La miré a los ojos y juro que me perdí en ellos. Pude ver hasta lo más profundo de su ser. Sus raros ojos verdes eran puros, sinceros y muy a mi pesar… eran hermosos. Toda ella era hermosa.
¡Qué diablos estás diciendo Edward! ¡Contrólate!
Me levanté del piso, tratando de no ser tan brusco cuando la hice a un lado, volví a mirarla y ella se sobaba el brazo ¿La habré lastimado? ¡Mierda!
—Oye, ¿Tú no miras por donde caminas? ¿O lo haces a propósito?—mi voz salió un poco molesta. Mas de lo que hubiese deseado.
—No, yo… lo siento es que cuando te vi, trate de llegar rápido no querías que te vayas sin antes darte esto — ¿Había escuchado bien?—, lamento mucho lo de tu camiseta, yo me sentí muy mal, así que en el primer receso salí a comprarte una en la tienda de la otra cuadra —un lindo sonrojo se instaló en sus mejillas y me sentí mal por haberla tratado tan mal esta mañana. Me tendió una bolsa de cartón y cuando mire, dentro de esta había una camiseta en color azul oscuro, la saque y me gusto, era de cuello V con mangas tres cuarto. La camiseta era de buena calidad. Ella tenía buen gusto.
— ¡No tenías porque! Solo tienes que dejar de correr en el campus, puedes lastimar a alguien—esta vez mi voz sonó un poco más suave.
—Bella, otra vez has llegado tarde ¿verdad? —el profesor Whitlock hablo dirigiéndose a ella con total naturalidad ¿le había llamado "Bella"?
—Sí, el trabajo en el bar se extendió y hoy en la mañana no me podía despertar y para colmo, sin querer arruine la camiseta de… de… ¿Cómo te llamas?—dijo mirándome con una tímida sonrisa en sus labios. Me la quede mirando, como el tarado que era y ella seguía esperando que le dijera como me llamaba, y dude en decirlo o no porque eso significaría que ya nos conocíamos ¿o no? De todos modos el profesor la conocía, bien podía preguntarle a él como me llamaba, así que dudando un poco le conteste.
— Edward Cullen.
—De Edward Cullen, por cierto soy Isabella Swan, pero todos me llaman Bella, es… mejor, me gusta más —Y a mi que. Porque estaba dándome explicaciones, yo no se las estaba pidiendo.
Lo mejor era terminar con esto de una buena vez por todas, y alejarme de ella. No podía desviar mi mente de temas sin importancia. Sí, ella no me importaba en este momento. Traté de ignorarla, saludando al profesor. Quería salir de ese lugar enseguida.
—Profesor Whitlock, nos vemos mañana y le traigo mis trabajos del año pasado —el asintió tendiéndome la mano pero frunciendo un poco su ceño.
—Edward, llámame Jasper, no soy tan grande —dijo mirando de reojo a mi hermana ¿Qué demonios?
— ¿Cuántos años tiene? —¿Qué mierda?
— ¡Alice! —la reprendió mi madre, pero con una sonrisa tratando de salir ¡Oh Dios!
—No se preocupe Señora, tengo veinte seis pero parezco mas joven, será la genética —las tres mujeres presente asintieron. Pero Alice era otro caso. Ni que hablar de Bella, que de pronto me surgió el sentimiento de querer alejarla del lugar y vendarle los ojos para que no mirara a nadie.
Edward sal de ese lugar. Ahora.
—Adiós profesor, nos vemos mañana.
—Adiós Edward, Señora Platt… Alice —a esta última le hizo una inclinación de cabeza como todo un caballero.
—¡Adiós Jasper! —gritó mi hermana cuando el profesor se había ido. Este se dio la vuelta y la saludo agitando su mano.
—Alice ¿estabas coqueteando con mi profesor? —no lo podía creer... ella era mi hermana y él... él mi profesor.
—Es guapo —dijo así, sin más como si estuviera hablando del tiempo.
—Edward no seas tan cascarrabias, tu hermana ya es mayor y… Edward no piensas presentarnos a esta niña tan bonita — ¿Qué niña?¡Oh mierda! Aun seguía aquí...
—Porque tendría que presentarla, yo no la conozco —dije cruzándome de brazos.
—Acabo de decirte mi nombre, pero no importa yo me presento sola: soy Bella y soy compañera de Edward, compartimos una clase, aunque él no se haya dado cuenta —¿Compartíamos una clase? ¿Cómo es que no me había dado cuenta?
—Encantada, soy la mamá de Edward y ella es mi hija mayor Alice —dijo mi madre, hablando por los tres. Muy de ella.
—El gusto es mío… bueno me tengo que ir, en una hora entró a trabajar —me miró y una muy leve sonrisa apareció, fue muy, muy leve—. Enserio lamento lo de esta mañana y… y lo de recién, no volverá a ocurrir. Adiós. —dijo acercándose a mi y plantándome un beso en mi mejilla derecha. Un cosquilleo muy agradable acarició mi piel donde ella había dejado el beso.
Saludó a mi madre y a mi hermana con su mano y se alejó, casi corriendo. Lleve mi mano a mi mejilla y la acaricie, mirando por donde Bella se había ido.
No se cuanto tiempo estuve mirando, por donde se había ido, pero de pronto tenia a Alice frente a mi rostro agitando su mano en mi cara. La miré a ella y a mi madre, quien me miraba con una sonrisa enorme.
— ¿Qué? —pregunté un poco alterado por verme atrapado.
— ¡Nada, nada! —las dos se encaminaron hacia el auto, riendo a carcajadas.
Volví a mirar la bolsa que Bella me había dado y un suspiro involuntario salió de mis labios.
— ¡Hasta suspirando te tiene la chica verdad! —gritó mi hermana desde la ventana del auto. La miré mal y camine hasta meterme dentro del vehículo de mamá, empujando suavemente a mi hermana por ser tan metida y para que cerrara la boca.
El restaurante donde habíamos parado a comer era sofisticado, no tanto porque los tres estábamos vestido de sport, pero tampoco era un lugar burdo de mala muerte.
La comida paso entre risas y bromas por parte de los tres; mamá nos conto que dentro de muy poco su negocio estaba por abrir, y eso me ponía muy contento ya que su cabeza iba a estar totalmente ocupada.
Disimuladamente Alice me preguntaba como estaba Carlisle, cuando decía "¿Cómo te tratan? ¿Cómo están las cosas con él? "y casi siempre le respondía con la verdad. Realmente no quería hablar de ninguno de ellos, no estando mamá presente.
Cuando terminamos de comer, mamá quiso llevarme hasta el departamento de Carlisle, pero me negué rotundamente. Tenia ganas de caminar, de despejarme un poco, de reacomodar las cosas en mi cabeza, de pensar en los últimos sucesos de hoy. Me despedí de Esme y de Alice, prometiéndonos que todos los lunes serian fijos para cenar, en el mismo restaurante que habíamos comido. Y realmente eso seria como un bálsamo para mí. Las salude con un abrazo y un beso a cada una y espere a que partieran con el auto, no sin antes hacerme prometer que las llamaría cuando llegara al departamento.
Comencé a caminar y de la nada su rostro apareció en mi cabeza. Tan preciosa como era ella. De rostro puro y angelical, de mirada clara, transparente y perspicaz. Simplemente hermosa, así era ella… así era Bella.
De pronto me encontré cuestionándome ¿Qué hacia yo, pensando en Bella? No tenía porque pensar en ella de esa forma, no podía seguir involucrándome, no más de lo que ya lo había hecho. No iba a negar que fuera linda, más que eso… era hermosa. Pero hasta ahí. Tenia que alejarme, no tratar de encontrármela en ningún lado, aunque de eso se ocupaba ella sola. Y más ahora que sabia que compartíamos una clase.
Ella tenía que entender una negativa, mis malos tratos debían de causarle algo; si tenia instinto de supervivencia, debía de apartarse de mi lado, no buscarme toda una mañana como lo había hecho hoy. Eso me enojaba y mucho. No quería tratarla mal, pero me estaba obligando.
¡Maldita ella, por hacerme sentir así!
Más enojado que de costumbre llegue al departamento a altas horas por irme caminando. Estaba furioso y sabía como y de que forma podía desquitarme.
Cuando entre al departamento, se podían escuchar voces de la cocina. Deje mis cosas dentro de mi habitación y salí, para encontrarme con Carlisle y Carmen, ambos cenando y tomando vino. Cuando me vieron, Carmen me sonrió, sin que Carlisle se diera cuenta. Fui hasta la nevera sin saludar y sin dirigir la palabra a nadie y saque una botella individual de agua. Carlisle me miraba inquieto y sabía que quería preguntarme donde había estado.
—Edward ¿quieres comer? Hay carne en el horno.
—Ya cené con mamá y Alice —caminé hasta la puerta de la cocina y antes volteé para decir—. A lo mejor más tarde me de un poco de hambre —dije mirando furtivamente a Carmen, quien se removió en su silla, entendiendo como buena puta que es, la indirecta dirigida a ella. Carlisle me quedo mirando, esperando que le contara algo más.
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Me removí en mi cama, despertándome abriendo lo ojos y mirando sobre la mesa de noche para fijarme la hora. Hasta en los malditos sueños la tenia presente a Bella, hasta en los lugares más recónditos se metía, no tenía piedad de mí y de mi paz mental.
2:45am.
Me levante y salí, la sed se estaba portando mal últimamente conmigo. Todas las noches me levantaba con ganas de tomar agua como un sediento. Supongo que eran manías mías.
Cuando llegue a la puerta de la cocina, me quede helado al encontrarme a Carmen sentada en la mesa. De pronto caí en la cuenta de que a mi, era a quien esperaba.
Me miró a la cara y me hizo señas para que me acercara, así lo hice; solo para ver con satisfacción como creía que ella tenia poder sobre mi. Sabiendo que era al revés.
Me sitúe entre sus piernas, acariciando sus muslos con mis manos mientras levantaba su camisón hasta dejárselo en su cintura. Ella llevo sus manos hacia mi cuello y me atrajo para besarme de manera voraz y profunda. La tomé de sus cabellos con mi puño y ella jadeó, frotándose contra mi miembro. Hice que cayera de espalda sobre la mesa y la tomé de los muslos acercándola hacia mí de un movimiento brusco. A ella esto le gustaba, la encendía, la calentaba que la tomará de forma dura.
—Ya te extrañaba, Edward —gimió sonoramente, casi dando un grito cuando pase la punta de mi miembro por su hendidura.
— ¿Dónde está Carlisle? —pregunté un poco fuera de mi. Respirando entrecortadamente.
— Tuvo que salir por una urgencia en el hospital… pero no hables de él, ahora te quiero a ti dentro mío —entre en ella lo mas despacio que mi necesidad de hombre me lo permitía. La iba a castigar por no dejarme dormir anoche con sus gritos de perra en celo.
Así estuve un buen rato, con ella pidiéndome más fuerte y más duro. Solo una imagen pasando como fantasma por mi mente, desato semejante faena. El rostro de Bella sonriéndome, hizo que cerrara los ojos con fuerza y penetrara duramente empalando todo mi pene dentro del cuerpo que yacía sobre la mesa.
Me olvide de todo, y todos; solo la veía a ella. Llamándome, haciendo gestos con su mano para que me acercara hasta donde estaba. Estaba caliente, y necesitaba liberarme urgente para ir con ella. Un gritó agudo hizo que la imagen de Bella se difuminara un poco. Comencé a embestir sin delicadeza al cuerpo que me tenía atrapado entre sus piernas.
—Así Edward… así —esa voz no era la de Bella llamándome. Abrí lentamente los ojos, para darme cuenta de mi cruda realidad. No era Bella con quien estaba, sino que me estaba follando a Carmen.
La miré con todo mi desprecio y la embestí sin ni una pizca de amabilidad. Con fuerza y con desprecio, volcando en ella toda mi frustración y enojo.
Me incliné sobre ella mientras le daba duro y bajé su camisón rajando la tela un poco. Mordí sus pechos con fuerza, estaba seguro que eso le dejaría una marca. Ella arqueó su espalda dándome más, como si yo lo estuviera necesitando. Con mi mano libre tome su mentón apretando, haciendo que ella soltara un quejido de dolor y placer a la misma vez.
—Quiero que me la chupes, quiero terminar en tu boca… ¿Me vas a complacer? —dije apretando mis dientes.
No quería terminar dentro de ella. Me negaba. Ella asintió no muy convencida, pero antes que dijera algo, me salí de ella y la baje de la mesa. Se arrodillo y tomó mi miembro con su mano, acariciándolo de arriba hacia abajo, lo metió en su boca y jugo con la punta de este y su lengua.
—Más… más rápido, estoy por… ¡Oh mierda! —Chupó y succionó mi miembro, sin dejar espacio en su boca lo metió todo, tocando el inicio de su garganta. —Tócate… métetelos dedos —tenía que hacer que ella también acabara o no me dejaría en paz.
Vi como trataba de complacerse. Me desespere tanto que la tomé del cabello e hice que aumentara el ritmo. No dure mucho para terminar derramándome en sus labios. Ella frotó mi miembro unas veces más y me di cuenta que ella aun no había terminado, por lo que la tomé e hice que volviera a acostarse en la mesa, apoyo los talones de sus pies en el borde de esta y abrió las piernas. Definitivamente tenía que volver a meterme en ella, no había otra. La embestí duro y mi pene volvió a cobrar vida, hinchándose y doliendo.
Sus paredes comenzaron a estrecharme y cuando la sentí irse en el orgasmo me quite de ella terminando justo en su bajo vientre. Ella seguía gimiendo como condenada, pero para mi hasta ahí había terminado. Guardé mi miembro dentro de mi pantalón, me di la vuelta sin dirigirle la palabra como era costumbre, saliendo de la cocina y yendo directamente a mi baño.
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Miré la hora y esta no pasaba más, eran las 10:45 am., y yo estaba que caía del sueño.
¡Maldita noche de porquería!
Mis ojos se cerraron por inercia y no se cuanto me dormí pero desperté sintiendo un leve golpe en mi gemelo, me di la vuelta para ver quien era y juro que sentí como algo volvía a mi cuerpo. Una agradable sensación me recorrió.
— ¿Por qué estas durmiéndote? —dijo Bella con una sonrisa.
Recuerda lo que dijiste ayer Edward. No debes tratarla bien.
—A ti que te importa… y deja de patearme —ella me miró con una mueca en su rostro y siguió garabateando mirando su carpeta.
Así que Bioquímica era la materia que compartíamos… hoy había llegado tan ensimismado en mi mismo que no mire quienes eran mis compañeros.
Mi cuerpo se quería dar la vuelta y pedirle disculpas por como la trataba, pero enseguida me recordé que no podía, no debía involucrarme más. No podía tenerla cerca mío.
El profesor Smith llamo la atención de todos y explico como serian los grupos para un nuevo trabajo que se presentaría en una feria estudiantil…
—Swan y… Swan antes que nada, promete no atosigar a tu compañero asignado por favor, no quiero que antes de que termine el trabajo venga tu compañero a pedirme que lo cambie, porque usted habla mucho… ¿prométalo? — ¿Qué demonios? Ya le veía cara de charlatana.
—Pero si aquí todos me quieren… mueren por hacer grupo conmigo—el profesor la miro mal y pude sentir un suspiro a mis espaldas— Esta bien, lo prometo… no recibirá ninguna quejas de mi —el profesor asintió no muy convencido y siguió hablando.
—Bien, entonces Swan te toca con… Cullen, Edward Cullen —el profesor me miro y sus hombros se encogieron levemente—lo compadezco Cullen —yo trague grueso, pero no por saber que a ella le gustaba hablar, sí no que en juego estaba todo mi autocontrol.
El profesor siguió hablando, y entregó los puntos que cada grupo de parejas debía trabajar. Isabella recibió muy animada el folder que el profesor le entregó. Intente no darme la vuelta, pero no lo conseguí. Me exasperaba no saber que hacer.
La miré a los ojos y por un momento dude en lo que iba a decir… esos ojos me podían.
— Mira… quiero estar lo más posible alejado de ti, así que dime de una vez donde, cuando y a que hora no vamos a juntar para hacer el trabajo —iba a decir algo pero la interrumpí—, ya escuchaste al profesor, no me atosigues —sentí regocijo y placer cuando mordió su labio inferior para no replicar nada.
¡Mierda no tendría que haber hecho eso!
No pude dejar de mirar sus labios, o por lo menos no hasta que nos llamaron la atención. La miré a los ojos y ella me miraba de la misma forma que yo a ella, pero con la diferencia que a ella se le notaba su angelical pureza, en cambio yo…
En tremendo demonio me había convertido.
No. Definitivamente, estar cerca de ella no iba a ayudarme en nada.
Bueno acá esta este precioso capitulo de este fic que a mi en lo personal me encanta... perdón por la tardanza...
bueno espero que lo hayan disfrutado. y que creen
¿Merezco reviews?
***Gis Cullen***
