Capítulo beteado por Mónica León, Beta Élite Fanfiction.
www facebook com/ groups/ elite. Fanfiction
Capítulo 10
Resistiendo
Edward POV.
—¡Esta noche! —grité para que me oyera ella. Se dio la vuelta y me sonrió.
Sí, esta noche sería nuestra.
Me di la vuelta y ni en mis más malditos días me imaginé encontrármela en este lugar.
Ella miró detrás de mi espalda y sonrió de manera burlona. Caminó hacia donde estaba y no me pude mover, me había congelado en mi lugar. No podía ser.
¿Qué diablos hacía aquí? ¡Joder!
—Hola, mi amor… —dijo, pasando su mano por mi pecho—. Te extraño, nene. —Se acercó y besó mis labios.
…
Mis ojos se desencajaron y como si una fuerza súper magnética me tirara hacia atrás, salí expulsado de ella. Miré hacia donde Bella se había ido, pero ya no estaba.
Me limpié la boca con la manga de mi suéter y miré a Carmen con ira y asco.
—¡¿Me puedes decir qué mierda estás haciendo aquí?! —La tomé del brazo y la llevé detrás de una de las columnas del edificio. De manera brusca al soltarla, su espalda chocó contra la pared—. ¡Habla de una vez! ¿Qué haces aquí, Carmen?
Una sonrisa perversa se apoderó de sus labios y vi bailar la lujuria en sus ojos.
—Ya te lo dije, nene. Te extraño y quiero follar contigo. Extraño tu pene… —habló, pasando su mano por mi miembro y masajeando la zona. Eché mi pelvis hacia atrás, rehuyéndole a su tacto, asqueado por la situación.
—Vete de aquí. No quiero que vuelvas a aparecerte por este lugar…
—¡No! —Alzó la voz y en su cara ya no estaba esa sonrisa perversa. Ahora su sonrisa era mucho más terrorífica—. Quiero tenerte, Edward. No me hagas hacer cosas que no quiero. Extraño tenerte en mi boca, me gusta cómo me lo haces, comienzo a anhelarlo, te deseo constantemente… Tu padre ya no me satisface y… —¡Oh, joder!
—¿Qué dices? —Esas habían sido las palabras mágicas. Sentí regocijo dentro de mí al escuchar esas últimas palabras. Solo eso me impulsó a terminar de hundirme. Cerré los ojos y maldije en voz baja.
—Lo que escuchaste. Me he acostumbrado a como me lo haces tú, y tu padre no cumple ese requisito… Te quiero a ti y a nadie más que a ti. —Se acercó y pasó una de sus manos, perfectamente cuidadas, por mi torso— . Hoy tu padre tiene guardia, por lo que tenemos la casa para nosotros solos. Estaré esperándote… No me gustó que te fueses y no se dón… No me digas que estás en la casa de esa pendeja.
—¡Cállate!
—Te lo dije una vez y esta será la última vez que te lo diga… No te quiero ver con esa pendeja de mierda. No querrás verme mala y…
—Esta noche iré al departamento y te follaré hasta dejarte en cama, ¿de acuerdo? —dije de manera ruda y usando ese tono de voz que sabía que a ella le gustaba. Quería que se olvidara de Bella.
—Sí, nene, estoy de acuerdo —dijo de manera sumisa.
—Ahora vete, tengo que entrar a clases. —Asintió con la cabeza y antes de que ella se acercara, lo hice yo y la besé con furia, mordiendo su labio y haciéndolo sangrar. Quería que le doliera, joderla más de lo que estaba.
—Eres un bruto —dijo cuándo nos separamos—, pero así me gustas. Voy a estar esperándote. Adiós. —Y sin más, se fue.
Al desaparecer de mi vista, pude libremente encogerme en el lugar y apoyando mi mano en la columna, caí de bruces en el suelo mordiéndome el puño para no gritar, o peor aún, ponerme a llorar. Si pensaba que tenía alguna posibilidad de salvarme de alguna forma de un castigo divino, con esto último sabía que no. Había perdido cualquier posibilidad de perdón.
Pasé gran parte del tiempo antes de mis horas sentado en la misma posición, tratando de pensar en cómo saldría de esta situación. Lo único que rondaba en mi cabeza era el nombre de Bella. Era la única perjudicada en todo esto. Solo ella.
Después de comprobar que pronto comenzaría mi hora, decidí levantarme y dirigirme a mi curso. Eran las primeras tres horas que compartía con el profesor Jasper. Había traído mis trabajos y estaba listo para entregarlo, y ahora que lo recordaba también estaba listo para tener una pequeña charla con él por lo que había visto el día anterior.
La clase era mucha teoría y el rubio profesor explicaba de tal manera que todo parecía ser fácil y sencillo. Manejaba las palabras con tanta facilidad que no me costó imaginarme a mi hermana prendida de su habla. Él sabía qué decir para cada situación.
Cuando la clase casi llegaba a su fin, me dirigí hasta su escritorio y sentándome frente a él, le pedí que después de clases tuviésemos un par de palabras…
—Cla-Claro, no hay problema. ¿Es sobre la última teoría que explique? Sé que a muchos les cuesta entenderla un poco, pero solo es cuestión de… —Hablaba nervioso.
—No, es algo personal. —Lo interrumpí y él se removió inquieto.
—En ese caso, si quieres podemos tomar un café en la cafetería. Tengo 20 minutos antes de mi siguiente clase. —Asentí y me levanté, yendo a mi banco a guardar mis cosas antes de que el timbre sonara.
Los dos fuimos en silencio hasta la cafetería y después de comprar los cafés, nos sentamos en una de las mesas más alejadas. Jasper me miraba con esa mirada, la cual sabía perfectamente sobre qué hablaríamos.
—Me gusta —soltó de golpe. Casi le escupí el café en la cara.
—¿Cómo dices?
—Tu hermana… Me gusta, y sé que no se me será difícil enamorarme de ella, es una chica preciosa y de buen corazón. —Cerré los ojos con fuerza y cuando los abrí, solo podía ver decisión y verdad.
—Confiaré en lo que me dijo mi hermana sobre ti, pero a la primera que la vea llorar o simplemente disgustada contigo, no me importará que seas mi puto profesor porque romperé todos tus huesos… Estás advertido, solo hazla feliz, es lo único que te pido. ¿Puedes hacer eso? —Asintió, casi asustado, pero muy decidido—. Dilo en voz alta.
—Sí, puedo hacerla feliz, yo… Yo puedo hacerla feliz y eso es lo que haré.
—Bien, porque me gustaría graduarme sin tener que arrancarte las pelotas antes. —Se rió nerviosamente, aunque me dio la razón.
Conversamos un rato más antes de que el timbre para la siguiente clase sonara. Lo saludé antes de salir a mi clase y antes de entrar en el curso, puede divisar a lo lejos la esbelta figura de Bella, quien conversaba animadamente con una chica. Era tan hermosa, tan graciosa y tan sociable, que aunque muchos compañeros no la aceptaran por ser una chica becada y con la ayuda de muchos profesores, a ella no le importaba. Su frente siempre estaba en alto y me aterraba ser yo quien pusiera inestable su mundo. Me daba miedo que ella sufriera por mi causa, pero no quería ni imaginar si ella me alejaba de su vida. Bella me daba alegría y me hacía querer disfrutar de las pequeñas cosas cotidianas. La había dejado entrar en mi vida, en mi sistema y ahora no me veía sin ella, y sin su amor incondicional.
Sabía que si la quería mantener alejada de toda la mierda de Carmen, tenía que hacer ciertos sacrificios y nuestra noche de hoy, tenía que uno de esos sacrificios.
Bella POV.
Me dolía el estómago por los nervios. Había estado todo el santo día pensando y esta noche sabía que Edward me estaría esperando, me lo había dicho, pero ahora mismo moría por un baño y necesitaba tener un tiempo para mí misma y hacer lo que seguramente todas las chicas hacían cuando estarían por primera vez con su novio.
Miré mi reloj y eran las seis de la tarde. Edward ya debería estar esperándome. Llegué a casa y todo estaba apagado.
—¿Edward? —grité llamándolo—. ¡Ya estoy en casa! —Dejé las cosas en la entrada y me descalcé para caminar más cómoda. Entré a la cocina y todo estaba en su lugar. No había llegado. A lo mejor se le había hecho tarde con alguna de sus clases y tuvo que quedarse a hacer unas horas extras. —Bien, Bella, creo que te toca preparar la cena a ti y ser tú quien lo espere a él.
Lavé mis manos y comencé a preparar todo para hacer pollo salteado con verduras. Cuando hube preparado todo, comencé a colocar la mesa. Puse mi mejor mantel y mi mejor vajilla, agregué dos copas para vino y dos copas para agua. La comida era sencilla, pero no por eso debía dejar que la mesa fuese menos elegante, eso siempre lo decía mi abuela.
Dejé todo listo y cuando estuve conforme, subí a mi habitación a preparar mi baño. Llené la bañera y le agregué las sales que la profesora de filosofía, Vivian, me había regalado para mi anterior cumpleaños. La bañera se llenaba y cuando estuvo lista, me metí, disfrutando un buen rato de lo deliciosa que se sentía el agua caliente. Exfolié mi cuerpo con una esponja marina y lavé mi cabello con el mismo shampoo del kit. Olía delicioso.
Cundo salí del baño, me bañé en crema hidratante y me coloqué la ropa interior más sexy que tenía, la cual no lo era demasiado. Era un conjunto de algodón blanco con bordes de encaje en rosa. ¡Dios! Era vergonzoso no tener nada sexy, pero era lo único que tenía. Me puse un vestido blanco de hilo y unas sandalias sin tacón. Peiné mi cabello y dejé que se secara solo, así lograría que mis rizos se formaran naturalmente.
Sin maquillaje, sin perfume. Lo natural era lo que le atraía a Edward, así que así fue como bajé a esperarlo.
Tomé una de las copas sobre la mesa y me serví dos dedos de vino blanco. Eran las ocho de la noche y Edward no tardaría en llegar.
Dios, ¡estaba muy nerviosa! Había esperado esta noche desde la primera vez que lo había visto cuando sin querer lo había chocado.
Estaba jodida, bien jodida.
.
.
20:45 pm.
Edward todavía no llegaba y estaba un poco preocupada. No quería atosigarlo por si estaba ocupado, así que en vez de llamarlo, le envié un mensaje:
"Edward, te estoy esperando en casa. Espero que estés bien. avísame cuando estés por llegar." —B.
Volví a servirme vino, un poco más de dos dedos, y seguí esperándolo.
21:25 pm.
Caminaba de un lado a otro en la sala, parecía leona enjaulada. Estaba a punto de arañar las paredes por la preocupación. Le había mandado dos mensajes más y lo había llamado, pero no me contestaba. En realidad no sabía si estaba preocupada o enojada. Si él estaba ocupado, debía avisarme, pero no creía que estuviera lo suficientemente ocupado como para que no me contestara un jodido mensaje.
Esperaría un rato más antes de volver a llamarlo.
23:55 pm.
La comida se había enfriado y había dejado todo como estaba. Él simplemente no iba a venir esta noche. Le había mandado un sin fin de mensajes y llamadas y no había recibido respuesta de nada.
Ahora, acostada en mi cama, mirando hacia el techo me preguntaba cuáles eran sus conflictos. ¿Por qué no quería que me acercara a su padre? ¿Por qué él no se quería acercar a su padre? ¿Por qué no terminaba de aceptar a su pareja? ¿Dónde mierda se había metido?
Dios, necesitaba saber de él, necesitaba saber qué le había pasado. La preocupación no me dejaba pegar los ojos y dormirme de una puta vez, pero algo mucho más profundo me carcomía las entrañas.
¿Podría confiar ciegamente en Edward?
Con ese pensamiento me dormí pasada las dos de la mañana. Y no fue un sueño reparador. Fue tan tortuoso como la primera noche que había pasado sin mi abuela luego de que muriese.
.
.
.
Algo suave acariciaba mi mejilla.
Sentía mi cuerpo muy cansado y las ganas de seguir durmiendo se extendían por todo mi cuerpo. Podía ver la claridad atreves de mis párpados, pero todavía era temprano porque no había escuchado que sonara el despertador de mi celular.
Comencé a abrir mis ojos y percibí que la claridad del día se filtraba por la ventana abierta, la cual dejaba pasar una agradable brisa. Eso era lo que acariciaba mi rostro, lo que me había despertado.
Lo extraño era que no recordaba haber dejado abierta la ventana la noche anterior.
Salí de la cama, sintiéndome más cansada que nunca. No había dormido casi nada. Miré mi cuerpo y aún seguía vistiendo mi vestido de hilo blanco. Bajé las escaleras y apenas puse un pie en la planta baja, escuché un movimiento en la cocina. Me asomé por la puerta y sobre una silla de la mesa, estaba la mochila de Edward. Continué mirando y pude verlo de espalda frente a la cocina. Parecía estar preparando hotcakes. Repasé la mesa y estaba muy diferente a como había quedado en la noche. Ahora estaba muy bien acomodada con las vajillas del desayuno. Había un ramo de fresias sobre la mesa, a un costado de una de las tazas. Algo dentro de mí burbujeaba como si quisiera salir en una explosión. Cerré mis manos en puños. Quería golpear algo y eso era el rostro de Edward. Estaba vestido con la misma ropa de ayer, pero su cabello parecía húmedo y una punzada pinchó mi estómago y se fue tan rápido como llegó.
—¿Qué estás haciendo? —Mi voz lo hizo saltar en su lugar. Se dio la vuelta y su rostro estaba más pálido e inquieto que de costumbre. Se pasó las manos por el cabello y comenzó a mirar hacia todos lados menos a mí.
—Yo… —Aclaró su garganta—. Quería prepararte el desayuno. Mira, hice hotcakes, preparé café e hice jugo exprimido. No había muchas frutas, así que solo corté bananas con un poco de arándanos…
Volví a mirar su mochila.
—¿De dónde vienes? —Esta vez mi voz salió, sin que me lo propusiera, más helada y hueca de lo que quisiera. Edward tragó saliva y agachó la mirada—. ¿Recién llegas? —Volvió a mirarme—. ¿Se ha averiado tu celular?
—No…
— ¿Entonces porqué no me contestaste ningún mensaje o llamada? ¿Te das una idea de cuántas veces traté de contactarte? ¿Sabes lo preocupada que estaba? —Me acerqué y pasé mis dedos por su cabello—. ¿Y por qué traes el cabello húmedo? ¿Te lo lavaste aquí o en otro lado? —Dio un paso hacia atrás y mi mano cayó al aire.
—Bella, yo… Lo siento, se me complicó…
—¡¿Se te complicó?! —Levanté la voz—. ¡Y no tuviste ni un minuto de sobra para contestarme un mensaje o una llamada! —Él solo me miraba sin decirme nada. Cerré los ojos con fuerza y me di la vuelta caminando a mi habitación. Lo sentí venir detrás de mí.
—Bella, déjame explicarte… —Entré a mi habitación y cerré la puerta en su cara.
Después de una ducha, en la cual terminé con la piel de mi cuerpo roja por frotarme con furia, salí y me vestí con una falda plisada y una camisa que metí dentro de la falda con mis Converse. Peiné mi cabello y el pobre sufría cuando tiraba de él con el peine. Al tomar el pomo de la puerta y abrir, el rostro impasible de Edward me miraba con angustia. Sus ojos me escanearon de arriba hacia abajo y un intento de sonrisa asomó en sus labios cuando reparó en mi falda y zapatillas.
—Perdóname, Bella, perdóname por ser un imbécil… —Lo esquivé y salí escaleras abajo sin decirle nada. Él me siguió—. Bella, escúchame cariño, yo…
—Por favor, Edward, no me llames de esa forma… —dije, tomando mis cosas, las cuales había dejado en la puerta la noche anterior.
—¿Por qué? Siempre nos decimos esas cosas, a ti te gusta… —Su desesperación rayaba la locura. ¿Que por qué? ¿Por qué se ponía de esa forma? Yo solo estaba enojada, en la tarde se me pasaría. ¿Por qué lo desesperaba tanto que no quisiera que me llamara de esa forma cariñosa?
—¡Porque estoy enojada contigo, Edward! ¿Acaso tengo que dibujarte cómo me siento para que lo entiendas? —Cerré los ojos e inhalé aire tratando de calmarme—. Me prometiste que anoche sería especial, que sería nuestra noche. No quiero parecer una estúpida virgen desesperada, porque no es así, pero me aterra que… —Cerré mi boca de golpe. Mis mejillas se pintaron de un rojo furioso.
—¿Qué, que? —preguntó, perforándome con su mirada—. Dime, Bella, habla conmigo, por favor.
—No puedo… Yo… Me da mucha vergüenza, es una estupidez. —Solté una risita nerviosa y acomodé mi bolso.
—Dime… —Lo miré a los ojos y confesé lo que había estado pensando, pero que no lo quise repetir en mi mente por miedo a que fuera cierto.
—Me aterra que caigas en cuenta de que yo no soy más que una chica loca sin familia y sola en el mundo, y que encima busques en otras chicas lo que es evidente que yo no tengo y… —Sus labios tomaron los míos en un beso abrasador, en un beso que silenciaba mis miedos, en un beso de esos que no eran castos, sino en un beso que hacía temblar mis piernas.
Tomó mi cabello con sus manos y me atrajo más. Su lengua danzaba en mi boca y bailaba con la mía. Había necesidad y desesperación, tanto anhelo que hasta un punto, su beso llegó a ser asfixiante.
—Nunca, nunca digas eso. Tú eres lo más hermoso que mis ojos vieron alguna vez, sé que estás un poco loca, pero me gusta tu locura y una tener una familia no te garantiza una vida feliz, yo lo sé muy bien… Y no estás sola en este mundo porque me tienes a mí… —Volvió a acariciar mis labios suavemente—. Y bien puedo prestarte a mi familia si tú lo quieres, mi madre y hermana estarían encantadas de compartir tiempo con mi novia. —Una sonrisa tímida se extendió por mis labios—. Lamento mucho lo de anoche, mi… mi padre me pidió ir a su departamento para hablar conmigo y se nos hizo muy tarde, la conversación fue tan intensa que simplemente se me pasó y cuando me di cuenta, se había hecho demasiado tarde así que decidí quedarme y…
Esta vez fui yo quien detuvo su verborragia. Besé sus labios y él se dejó hacer.
—Ya no digas nada, lo siento si fui una idiota…
—Shh, no digas nada. Ahora ven a comer tu desayuno. —Miré mi reloj.
—Vamos a llegar tarde, y…
—Hoy no iremos a la universidad. Vamos a tener un día para nosotros. —Me abrazó, rodeándome con sus brazos, dejándome tan pegada a su cuerpo que me costaba respirar. Apoyó su frente sobre la mía y cerró los ojos—. Te compensaré lo de anoche… Vi lo que habías hecho para la cena y te agradezco el tiempo que me dedicaste, pero ahora me toca a mí dedicarte mi tiempo, y quiero que sea un día del cual no te puedas olvidas por el resto de tu vida, Bella… Hoy será nuestro día y nuestra noche.
Suspiré y lo copié, cerrando los ojos. Asentí dejando caer mi bolso.
—Voy a matarte la próxima vez que me asustes de esa forma. —Edward sonrió, pero fue más una sonrisa triste que otra cosa.
Y algo en mí despertó.
Despues de mucho tiempo les aparezco con esta actualizacion... amo este fic, y para las chicas que me han preguntado por si terminaria mis fic, bueno esta es una clara respuesta... YO seguire con mis fic, los terminare... a todos.
Bueno, que es parecio el cap? Edward... esta siendo idiotA, lo se...
espero actualizar pronto.
Gis.
