Capítulo 1.
La traición.
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Inframundo, tiempo actual. (Año 2000)
—Sabes qué engañarte a ti mismo no es la solución.— Suspiró Albus mientras acariciaba distraídamente su larga barba plateada.
La estancia en penumbras, parecía entonar con los tiempos oscuros que se avecinaban, pero ninguno de los tres integrantes de esa secreta reunión parecía preocuparse por una tontería semejante como la mala iluminación.
—No me engaño a mi mismo, Albus.—Replicó su interlocutor cansadamente, desde su trono de piedra negra.— Pero poner en alerta a todo el ejército, sería alertar también a los demás. Simplemente no creo poder tolerar la sonrisa burlona de Poseidón, ni el "te lo dije" de Zeus en este momento.
—Oh Hades...— lagrimeo Perséfone, arrodillándose junto a su esposo. La diosa de largo cabello dorado miró con desesperación a Albus, suplicándole con sus ojos verdes que hiciera algo, lo que fuera.
—Aunque no te guste, tenemos que aceptar que los consejos de tus hermanos fueron muy acertados. Confiar en el joven Calixto fue un error terrible.
Perséfone tembló ligeramente, Albus trató de ignorarla para no hacerla sentir peor. Sabía que la diosa se sentía culpable, porque había sido ella la que le había pedido a Hades que acogiera a Calixto y le diera un lugar importante en el Inframundo. Su esposo no la culpaba, la amaba demasiado como para echarle en cara su error.
Hades, fornido, con su largo y sedoso cabello negro, miró al anciano a la espera de que dijera algo más. Pero al parecer su fiel consejero ya había expresado con palabras todo lo que pensaba y sentía.
—Calixto pagará por su osadía...— tosió Hades, ahogándose con sus palabras. Su esposa lo tapó con una capa negra, en un intento desesperado y demasiado humano de cuidar al dios de los muertos.
—Si es que lo atrapas antes que te destruya.— Replicó Albus, odiándose momentáneamente por ser tan sincero.
El anciano le clavó sus amables y milenarios ojos azules. Apenas habían pasado un par de horas desde que Calixto abandonó el inframundo, y Hades ya comenzaba a marchitarse, dejando en el olvido su fortaleza y su semblante de Todo-lo-puedo.
—No puedes abandonar el Inframundo.—le recordó tristemente Perséfone, al ver que el dios intentaba ponerse de pie. La diosa también estaba débil y su belleza angelical iba perdiendo poco a poco su luz. Su amor había entrelazado sus energías, ahora si uno caía, los dos lo harían.
—Tu esposa tiene razón, querido amigo. Estás demasiado débil.—Hades los miró con mala cara. —Sabes que te lo digo por tu bien.
—Debo hacer algo, Albus, no solo yo estoy en peligro.—masculló, tomando con más fuerza la mano de su esposa.
Hades podía ser considerado el más frío y cruel de todos los dioses, pero estaba muy en claro que para él su mujer era lo más importante del mundo, mucho más importante que su propio reino.
—Lo sé, pero recuerda que tú dejaste una parte de ti en ese cofre.
—¡Exacto! ¡Y ahora debo recuperarla!
—El Inframundo se caería a pedazos si lo abandonas estando tan enfermo.
—Entonces dime qué debo hacer, amigo, solo en ti confío ahora.—sentenció Hades con un hilo de voz.
Los ojos del Guardián del Cofre brillaron ante la batalla ganada.
—El cofre debe volver a aquí antes de que sea abierto, y Calixto debe ser destruido lo más pronto posible.— dijo con firmeza Dumbledore— Ahora tenemos muy poca ventaja, no sabes si el muchacho conoce los paso a seguir y tampoco si conoce la ubicación actual de la Séptima Bruja.
Hades se recargo en el respaldo clavándole sus fríos ojos color oro. El hecho de que la Séptima Bruja ya estuviera en la tierra le preocupaba terriblemente.
—¿Qué propones?
—Envíalos, Hades. Envía a tus tres mejores guerreros, solo ellos podrán detener a Calixto.
Hola. Bueno, aquí está otro capítulo, sé que es corto, pero prometo más en las próximas actualizaciones.
Ahora tengo que decir que no esperaba tanta aceptación para esta historia y menos con solo el prologo :D así que muchas gracias por los favoritos, las alertas y a todas aquellas personas que se tomaron un tiempito para comentar! De verdad muchas gracias por el apoyo!
Nos leemos mañana :D Besos grandes
Elly
