Bueno, muchas gracias por los comentarios del último capitulo. Espero que este les guste! Se aceptan criticas :D

Capítulo 2.

La misión.

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Otra vez ese lugar, otra vez ese aroma a flores mezclado con el olor del bosque...

La luz del sol lo cegaba, la hierba lo rodeaba y el sonido del agua corriendo, lo guiaba.

Nuevamente la vio, ella estaba ahí, junto a la orilla de aquel río tan conocido y a la vez desconocido. Como siempre, estaba dándole la espalda con su largo y pelirrojo cabello reluciendo bajo el sol y moviéndose suavemente gracias a la tibia brisa.

Con la simple determinación que sólo puede tenerse en un sueño, corrió hacia ella.

Necesitaba acercarse. Deseaba con desesperación poder verla a la cara aunque no la conociera. Trató de llamarla pero como en veces anteriores, la voz no le salió, dejando las palabras atrapadas en su garganta. Como siempre se sintió preocupado. Sabía que era un sueño porque jamás en su vida había estado en un lugar tan hermoso. Tanta belleza estaba prohibida para los que eran como él. Pero todo aquello era demasiado real para ser algo que solo sucedía en los terrenos de Morfeo. Todo, la hierba que había bajo sus pies, los olores, hasta el roce de aquellas mariposas de alas negras que revoloteaban por todas partes parecían reales.

Faltaba poco, podía escuchar como aquella desconocida tarareaba una canción en un tono muy bajo, estiró el brazo para tocar su hombro... Pero su mano solo tanteó el aire.

Nuevamente había despertado...

—¡Harry! ¡Harry! ¡Arriba, niño!

Dos huesudas manos lo sacudieron con fuerza, y al abrir los ojos se encontró con la figura borrosa de su maestro frente a él.

El muchacho de cabello negro y grandes ojos verdes que había estado durmiendo plácidamente minutos atrás, se colocó sus gafas al sentarse de golpe en la cama.

Su mentor, un anciano alto, de larga barba plateada y brillantes ojos azules detrás de unas gafas de media luna, lo miraba con preocupación.

—Soñé con ella, otra vez.—Susurró Harry —Pero otra vez no pude ver su rostro...

—¡Silencio!— Le ordenó Albus, mirando todos los rincones de la pequeña habitación de su pupilo, a la espera de que alguien saliera de entre las sombras.—Medio ejército está despierto. Sabes muy bien lo que puede llegar a pasar con ambos si alguien te oye decir que estás soñando con una mujer.

Harry suspiró con cansancio. Soñar con una mujer no era lo malo, el simple poder de soñar era un terrible pecado.

—Odio ser el único que puede soñar.—susurró Harry al tiempo que retiraba las mantas para poder levantarse.

—Lo se, pero ahora no es tiempo para eso.—Lo apremió.—Ha ocurrido una desgracia y Hades te quiere frente a él en este instante.

—¿Qué ha ocurrido?

—Calixto traicionó a su amo.—contestó el anciano con sencillez

El moreno empalideció mientras se ponía de apuro los zapatos. Se suponía que Calixto era el más fiel de los sirvientes del dios del Inframundo, y su traición podía llegar a traer consecuencias terribles para todos los mundos, el de los dioses y el de los humanos.

—¿Qué ha hecho Calixto?

—Una larga historia—Resopló Albus.— Hades estaba tan furioso que solo atinó a ordenarme que te llamara, está esperando en el Salón de las Almas.

Harry asintió mientras que se dirigía hacia la puerta de su cuarto, pero Albus lo detuvo.

—Escúchame bien, Harry. Debes tener cuidado. Hades está más furioso de lo normal, y dar un paso en falso ante él es muy peligroso. Recuérdalo, no demuestres emoción alguna frente al amo.

—Siempre lo he hecho, esta noche no será diferente.—le aseguró el chico.

—Harry, hay algo que tu no sabes, hay una posibilidad de que el amo te mande a una misión en la Tierra...

El rostro del joven se iluminó ante aquellas palabras. Ir a la tierra siempre había sido su mayor deseo.

—¡A eso me estoy refiriendo! No puedes mostrar alegría alguna.

Harry resopló haciendo un esfuerzo para mostrarse sereno. Salió de su recamara dejando atrás a su mentor. En su camino al Salón de las Almas, se topó con muchos de sus compañeros. Todos caminaban sin producir sonido alguno, sin muestra alguna de alegría o cansancio en sus rostros marchitos. Andaban lentamente hacia sus destinos, como si no les preocupara nada en el mundo. Harry odiaba todo eso. Odiaba estar rodeado de muertos en vida que solo existían para obedecer órdenes sin el más mínimo remordimiento. Seres huecos sin ningún tipo de deseo personal o pensamiento independiente. Detestaba a cada uno de los soldados de Hades, les tenía tanto asco como le daba asco él mismo. Pero no le quedaba de otra más que soportarlo con la cabeza agacha.

Cuando nació hace veinte años atrás, él lo hizo con algo que muy pocas personas en el mundo poseían: Sangre de Guerrero. Por ese detalle sin importancia estaba allí atrapado. Entrenando noche y día para cuando llegara el momento. Para el día en que tuviera que dar su vida por aquel dios que tanto odiaba, por aquel dios egoísta que lo había arrebatado de los brazos de aquella madre que no podía recordar.

"Estás demasiado ahogado en el rencor, Harry" le había dicho más de una vez Albus. Y ante esto, el moreno era rápido y expresaba en voz alta las únicas preguntas que su maestro se negaba a responder: "¿Pero cómo es posible que sienta tanto rencor por todos? ¿No se supone que mi alma está encerrada, junto a todas mis emociones, en ese maldito cofre?"

Se suponía que Hades se había encargado de quitarles sus almas a todos los integrantes de su ejército para asegurarse de que nunca hubiera una rebelión, y que al momento de matar no fueran detenidos por las terribles debilidades humanas. Todos los guerreros de Hades carecían de sentimientos... todos excepto Harry. Por alguna razón que este ignoraba- pero estaba seguro que Albus conocía - él aún conservaba emociones humanas.

Harry podía odiar y querer, podía sentir remordimiento al matar y misericordia al momento de torturar.

Al entrar al pasillo que daba al Salón de las Almas se encontró con dos muchachas que aguardaban frente a la enorme puerta de roble. Una de ellas tenía una alborotada cabellera castaña y la otra un pelo caoba muy lacio que le llegaba hasta los hombros. Ambas llevaban túnicas negras y largas capas del mismo color. Las dos lo miraron sin expresión alguna en sus rostros pálidos.

—Tardaste demasiado.— le dijo con voz rasposa la castaña.

—No fastidies, Hermione.— le espetó Harry, mirándola con rabia.

—¿Qué es eso?—saltó de inmediato la otra chica. —¿Enojo, tal vez?

Harry trató de mirarlas con indiferencia. No sabía a cuál de las dos detestaba más. Dándole la espalda abrió la puerta del salón y entró en este, seguido de cerca por Hermione y Astoria. El lugar era enorme, el piso era de granito negro al igual que las paredes y estaba todo exquisitamente amueblado con lo mejor del mundo mortal.

Los tres agacharon la cabeza, dándole una muestra de respeto a Hades, que estaba allí, parado junto a una enorme chimenea. Harry lo miró con interés. El dios que tanto había odiado estaba diferente a la última vez que lo había visto. Su rostro estaba pálido y su larga cabellera negra estaba deslucida. Algo en su mirada lo inquietó.

—¿Nos llamó, señor?—preguntó el moreno con voz monótona.

—Así es.—dijo el dios sin quitar los ojos de la chimenea encendida.

—¿Qué es lo que podemos hacer por usted?

—A ocurrido una desgracia, supongo que Albus ya les informo que han sido elegidos para una importante misión

—El Guardián solo nos dijo que Calixto a huido del inframundo.— Intervino Astoria.

—¿Desea que lo matemos por su traición?— preguntó Hermione, con tanta serenidad que parecía que acabara de preguntar cómo estaba el clima.

El dios los miró, parecía furioso, pero Harry notó como la mano que tenía aferrada a la repisa de la chimenea temblaba ligeramente. Hades estaba débil y hacía todo lo posible para ocultarlo.

—Escuchadme —dijo con voz potente.— Tengo cosas que decirles, cosas que no pueden salir de esta habitación. Si se atreven a divulgarlo, serán castigados.— la mirada amenazante que les lanzó fue tal que podría haber hecho temblar al mortal más valiente.

—Ellos son fieles a ti, Hades.— le recordó una voz cansada. Albus acababa de entrar al recinto y no parecía contento con la actitud del dios.— Puedes confiar.

Hades lo miró un momento, tomó aire y volvió a hablar con los tres guerreros como si no hubiera habido ninguna interrupción.

—Hace tiempo las Moiras me dijeron que tendría un traidor entre mis filas. Esta noche he descubierto que ese traidor que profetizaban era Calixto, el que se suponía era mi más leal sirviente. — Volvió a tomar aire, estar de pie frente a ellos era un dolor insoportable. — Esa sabandija ha robado el Cofre de Almas.

—¿Desea que lo recuperemos?—preguntó Harry sin poder sacar los ojos de las manos pálidas y temblorosas de su amo.

—Sí, y en el proceso quiero que maten a esa rata traidora.— escupió furioso.

—Así será, mi señor—asintió Hermione.

Hades caminó con firmeza hacia un enorme escritorio que había allí y se dejó caer en una silla. Harry desvió la mirada hacia el fuego, no le gustaba verlo así de vulnerable, porque le producía lastima, y ese era el último sentimiento que quería tener hacia el maldito que le había arruinado la existencia

—Calixto está en el mundo de los humanos.—comenzó a hablar Albus cuando su amo le dio una señal.— Tendrán que ir allí y buscarlo. No sabemos dónde se encuentra, ese muchacho sabe de magia negra y se las ha ingeniado para ocultarse de nosotros. No obstante, sabemos lo que busca. Para llevar a cabo sus planes necesitará a una joven...

—¿Una joven?—le miró curioso Harry, pero al notar la mirada entornada de Hades, se apresuró a decir.—El mundo está lleno de jóvenes, no le resultará muy difícil encontrar una.

—El ritual debe hacerse con una joven en especial; esta nació hace diecinueve años en Inglaterra.—dijo el anciano.— Mientras Calixto esté suelto, esa chica estará en grave peligro. Deberán protegerla, porque él va tras ella.

—Si ella es lo que busca Calixto, entonces podremos usarla de carnada.— razonó Hermione.

Hades negó con la cabeza, mientras Albus miraba con malos ojos a Hermione.

—La chica no puede sufrir ningún daño por nada del mundo—le advirtió Hades con rotundidad. Aquello sorprendió a Harry, dado que al dios pocas veces le interesaba el daño colateral.

—Tomen, esto los ayudará en su misión— dijo Hades al tiempo que aparecían tres objetos sobre el escritorio. Harry fue el único que los miró con curiosidad, eran un libro de tapa de cuero negro, un espejo redondo y pequeño, y una espada con joyas incrustadas en el mango.

—Hermione.—la llamó Albus mientras tomaba el libro.— Esto es para ti, es el Libro de los Sabios, en él encontrarás todo acerca del mundo de los humanos y el de los dioses. Es una gran fuente de información, te será muy útil.—La castaña lo recibió haciendo un gesto con la cabeza en forma de agradecimiento. — Astoria, a ti te daremos el Espejo de los Hecho Futuros.—le entregó el Espejo con cierto titubeo.—Con él podrás saber cosas que pasarán en el futuro, no grandes cosas, sino cosillas pequeñas que te ayudarán cuando estén en problemas.

El anciano fue a tomar la espada, pero Hades ya la tenía entre las manos.

—Harry, la espada del Destino, es un arma muy poderosa, creada por Hefesto. Con ella podrás destruir lo que sea.—el dios le tendió la espada y Harry se vio obligado a mirarlo a los ojos mientras la tomaba. Cuando sus miradas se encontraron, el dios dijo:—Trae la cabeza de Calixto y el Cofre de las Almas, y los recompensaré a los tres con su libertad...


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Aclaraciones:

Moiras: Cloto, Láquesis y Átropos. Eran personificaciones del destino, las hiladoras de este.

Hefesto: Es el dios del fuego y la forja, así como de los herreros, los artesanos, los escultores, los metales y la metalurgia.