Capitulo 4:

Los orgullosos guardianes de Ginny Weasley.

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—¿Por qué te molestas conmigo?—resopló Nick mirándola con los ojos entornados.

Ginny lo ignoró al tiempo que introducía la llave en la puerta de su casa. Estaba verdaderamente agotada y no le apetecía ponerse a discutir con nadie, mucho menos con Nick. El fantasma se cruzó de brazos antes de atravesar la puerta mientras murmuraba vaya uno a saber qué cosas.

La pelirroja tomó aire. Nick a veces era insufrible.

Al entrar a la vieja casona se encontró con la habitual imagen de su mejor amiga sentada ante la mesita de café del viejo living, leyendo gruesos libros, rodeada de plumas y pergaminos. Su largo cabello rubio le caía a los lados de su pálido e infantil rostro, mientras sus brillantes ojos grises iban de izquierda a derecha en la página del libro.

—Hola Ginny. — la saludó Luna Lovegood sin sacar los ojos del papel.

—Holaaa.— la saludó conteniendo un bostezo.

—¿Día pesado?

—No sabes cuánto... a un cliente se le cayó toda una estantería encima.

—¿Se le cayó?—Luna alzó la cabeza con el ceño fruncido.

La pelirroja miró de reojo las escaleras, donde Nick estaba parado con una enorme sonrisa de autosuficiencia.

—Nick se la tiró porque el tipo estaba pasándose de listo con una chica...

—Una chica muy linda, vale la pena resaltar. — sonrió pícaramente el fantasma.

—¡Bien hecho, Nick!— le felicitó Luna mirando hacia todos lados, haciendo que el chico riera con desgano.

—Está en la escalera Luna, el muy pesado...—le avisó Ginny rodando los ojos.— Pero hazme el favor y no lo incentives. Si no, jamás entenderá que no debe intervenir en el mundo de los vivos.

—Te cuido desde los catorce años, Weasley, creo que ya he intervenido tanto que un poco más no hace daño.

La pelirroja no se atrevió a debatir, el maldito fantasmita tenía toda la razón. Desde los catorce años, Nick había estado a su lado, cuidando de Ron y de ella.

—Mejor vete a dormir. — le sugirió Luna.— Luces terrible...

—Gracias Lu.—le sonrió perezosamente. —Tú también te ves cansada, deberías ir a dormir.

—Primero quiero terminar con esto, con suerte tendré las fiestas libres de tarea.— Y sin más regresó a su libro.

—Está bien, diviértete.

Dejó su abrigo en el perchero que había junto a la puerta y subió las escaleras siguiendo a Nick. El fantasma caminó hacia la puerta trampa que daba al desván y desapareció allí. Ese lugar era su cuarto, aunque él no necesitaba dormir, ahí pasaba el tiempo todas las noches, rodeado de objetos raros que había recolectado con el paso del tiempo, mientras escuchaba canciones de rock malísimas.

Se metió en su propio cuarto para recoger ropa, lo único que quería era una larga ducha. La inmensa habitación de paredes blancas y muebles viejos era su mejor refugio y amaba las horas de paz en las que podía sentarse ante su escritorio y leer los libros que había heredado de su abuelo materno. Miró de reojo su biblioteca personal al tiempo que se encaminaba al baño. Era su única propiedad de valor, y lo único que le quedaba de su familia rota.

Sus abuelos, sus padres y cinco de sus hermanos habían muerto uno a uno, dejándola sola con su hermano Ron. Los huérfanos Weasley.

Resopló al tiempo que se metía en la ducha. No le gustaba pensar en todo eso, porque la soledad y el abandono se volvían más palpables cuando se hundía en esas ideas. "Aférrate a los que aún están contigo" Le había dicho Nick la noche que lo conoció, y desde entonces lo había hecho, aferrándose con fuerza al hermano que aún le quedaba, a Luna, a Draco, a su tío Sirius y hasta de Nick mismo.

Después de un largo baño se puso su camisón y regresó a la habitación, no antes de dar un vistazo al espejo, y comprobar que Luna tenía razón, se veía horrible. Al entrar a su cuarto no se dejó sorprender al encontrar a Luna sentada a los pies de su cama con un libro de pociones medicinales en las manos.

—Creí que estabas batallando con tu tarea.—le sonrió al tiempo que tomaba un cepillo del tocador.

—Sí, pero me dio hambre. Estoy calentando estofado ¿se te antoja?

—No, gracias. Ya pique algo en el bar.

—Está bien.— se levantó de donde estaba y se dirigió a la puerta dando saltitos.— Deberías sacar otra colcha del armario, esta noche será muy fría.

Y sin más sacó la varita y con un movimiento hizo que la pequeña chimenea de la habitación se encendiera. Ginny rio por lo bajo mientras veía las llamas. Luna era su mejor amiga, pero a veces se comportaba como su madre.

Tal vez era porque al vivir toda la vida sola con su padre después de la muerte de su madre, se había acostumbrado a tener que cuidar de las personas que tenía más cerca. Le parecía algo adorable de su parte. Aunque había ocasiones en las que Ginny tenía que contar hasta diez para no quejarse por la actitud maternal de la chica.

—Si mami, mira ahora misma sacó otra manta.— Encontró una en el fondo de su armario y la puso sobre la cama antes de meterse en esta.-—Ahora mami arrópame y cuéntame un cuentito.

—Payasa. — sonrió Luna.

Ginny le echó la lengua antes de hundirse entre las mantas.

—Buenas noches...

—Buenas noches. No estudies demasiado.

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Luna salió del cuarto. Podía sentir el cansancio de Ginny tanto como el suyo propio. Se quedó en el pasillo por unos minutos mientras percibía como la pelirroja lentamente abandonaba el plano humano y se hundía en el perfecto mundo de Morfeo. Pudo sentir como la tranquilidad y la felicidad la inundaban cuando volvía a recrearse en su cabeza aquel habitual sueño del muchacho misterioso que la buscaba a la orilla de aquel espléndido río.

Sin hacer ruido, Luna fue hacia la puerta trampa que llevaba al desván.

—Nick.— llamó al fantasma con suavidad. —Baja por favor.

La cabeza del muchacho atravesó el techo y la miró con mala cara.

—¿Ahora si me ves?

La rubia puso los ojos en blanco al escuchar el comienzo del berrinche nocturno de Nick. Por el bien de Ginny, Luna fingía no poder verlo ni escucharlo, y eso al fantasma le fastidiaba mucho. Pero a pesar de todo el pataleo del chico, nada podía convencer a la rubia de contarle su secreto a Ginny.

—No empieces Nicky.— le atajó Luna en un susurro. —Ven, necesito hablar contigo.

Bajó las escaleras y al llegar a la sala se dejó caer en un sillón, derrotada.

—Esta tarde vino a verme mi madre.—Le informó a Nick.

—Lo sé, El Viejito me convocó hace un rato y me lo contó todo.—dijo el fantasma con un tono malhumorado.—En verdad no puedo creer que vayan a mandar Guerreros— bufó.—¿Acaso nosotros no podemos protegerla? ¡Rayos! ¡Lo hacemos desde hace años y nadie le ha tocado ni un pelo!

Nick daba vueltas por la sala, echando chispas por los ojos.

—Nicky.—susurró dulcemente —Ninguno de esos guerreros va a ocupar tu lugar. Ginny te quiere.

El fantasma volvió a resoplar al ver que Luna lo entendía tan bien.

—Sé que ella me quiere, pero sigo sin entender porque tenemos que lidiar con esos tres ¡Porque vamos a tener que ayudarlos! El Viejo me dijo que tendremos que darles libre acceso a Ginny.

—Nicolás.— Luna pronunció su nombre con inmensa paciencia.— Mi madre me ha dicho que todo esto es necesario.

—Si, como no.

—¡Por los dioses, Nicolás Bones!— explotó— La cosa es grave, Calixto está en el mundo de los humanos ¡Está aquí! Con más poder de lo que me gustaría aceptar. Yo no puedo estar detrás de Ginny noche y día sin levantar sospechas, y tú... ¡Por el búho de mi madre, Nick! Tú eres un fantasma, no puedes contra ese infeliz, y lo sabes. Calixto podría enviarte al Tártaro si así lo desea.— Tomó una gran bocanada de aire antes de continuar.—Es mejor aceptar la ayuda si no queremos que Ginny termine... termine mal.—su voz se fue perdiendo a medida que hablaba y comprendía el peso de sus palabras. Ella no quería que nada malo le pasara a su mejor amiga.

—¿Tu madre te dijo todo esto?—le preguntó Nick, mirándola con preocupación.

—Sí, ella me pidió que ayudara a los enviados de Hades. Me dijo que estarán muy perdidos cuando lleguen y que van a necesitar una guía.

Nick se sentó junto a ella en el sillón. Podía sentir las olas de miedo que ahogaban a la chica en aquel momento. Estaba tan asustada como él.

—Todo saldrá bien—le ánimo aunque tenía sus serias dudas.

Luna le sonrió, podía percibir la preocupación del chico, pero a pesar de eso intentaba subirle el ánimo y darle esperanzas. Extendió la mano y la pasó por el cabello rizado de Nick. El chico cerró los ojos para disfrutar aún más el contacto. Le encantaba cuando Luna se tomaba el tiempo para hacer eso. Desde la trágica noche en que había muerto, Luna había sido la única persona que conocía con el poder de tocarlo. Ni siquiera Ginny podía abrazarlo sin terminar atravesándolo.

—Es una pena...—Susurró Luna mientras ella también disfrutaba del inocente contacto.

—Lo sé, es una pena que yo esté muerto y tú seas una semidiosa.—Nick tomó su mano y la besó con suavidad en la muñeca.


Si lo sé, mate a medio pueblo en este capítulo, pero les juro que fue por una razón noble xd