Capítulo 5:

Zay.

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Ginny fue la primera en llegar al teléfono de la cocina, cuando esté sonó a primera hora de la mañana.

—¿Si?

¿Ginny? Soy yo, Neville.

La pelirroja frunció el ceño al escuchar la voz de uno de los mejores amigos de su hermano.

—Hola Neville... ¿le pasó algo a Ron?—le preguntó después de echarle un vistazo a su reloj y comprobar que apenas eran las siete de la mañana.

—No, nada. No te preocupes, Ron está bien... Solo llame para...eh...—el chico vaciló por un momento.—¿Esta Luna despierta?

Ginny rodó los ojos. Era tan típico de Neville. Lo más seguro era que el chico había llamado tan temprano para contar con la posibilidad de que la rubia estuviera dormida y no lo atendiera. ¡Vaya cobarde!

—¿Luna?—le preguntó tontamente, al tiempo que miraba con una sonrisa a su amiga.— Si, está a mi lado ¿quieres que te la pase?— Luna dejó de ponerle mantequilla a su tostada y se acercó a la pelirroja, recelosa.

Ginny reprimió una risita al escuchar como la respiración de Neville se agitaba.

—Bueno... este, si, por favor.

—De acuerdo.— Ginny le tendió el teléfono a Luna, la cual lo miraba dudosa.— Vamos, habla con él.

—Hola Neville...—lo saludó.— ¿Cómo estás?

Ginny volvió a la mesa para seguir con su desayuno mientras veía como Luna enredaba el dedo en el cable del teléfono. Neville estaba muy interesado en su amiga, eso Ginny lo sabía muy bien porque su hermano se lo había contado. Además, ella no era ciega. Podía notar como las mejillas del chico comenzaban a enrojecerse cada vez que Luna estaba cerca. A ella le encantaba, porque desde que conocía a Luna jamás le había conocido a ningún novio. La joven pasaba estudiando todos los días del año y nunca se detenía a divertirse un poco. Por alguna razón que la pelirroja no conseguía entender, Luna se preocupaba por todo de una forma bastante alarmante.

—¿Qué le sucede?—Nick apareció junto a Ginny y miró con el ceño fruncido a Luna, la cual se veía cada vez más incómoda.

—Neville llamó.—le susurró la pelirroja con una enorme sonrisa traviesa.— Espero que la invite a salir.

El fantasma parpadeó varias veces antes de comprender lo que había dicho la chica.

—¿Neville está interesado en Luna?—preguntó haciendo una mueca.

—Oh vamos Nick, no seas niño.—le regañó en voz baja.— Aunque tú no lo creas, hay personas que consideran que Luna es muy guapa.

Nick bufó. Él estaba en esa lista.

—... ¿Y? ¿Aceptas?—le preguntó Neville con voz casi suplicante.

Luna se mordió el labio inferior. Tal vez no sería tan malo aceptar, al fin y al cabo, Ginny le haría la vida un infierno si se negaba. Antes de contestar le echó un vistazo a su amiga, y se quedó con las palabras en la boca al cruzar miradas con Nick. El fantasma la miraba con atención, con la mandíbula apretada, esforzándose para mostrar total indiferencia en su rostro de niño de doce años.

—Lo siento Neville, pero tengo muchas cosas que hacer, será para otra oportunidad.

—Bueno, no pasa nada, será para otra. Adiós.

—Adiós.

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—¿Por qué le dijiste que no?— Ginny tenía la boca abierta.

—Porque tengo cosas que hacer ¿Acaso no escuchaste?—volvió a la mesa y a su tostada sin prestarle mucha atención a las miradas de sorpresa de Nick y Ginny.

—Tú no tienes cosas que hacer...

—Si tengo.—dijo tajante

—Luna.—resopló su amiga, tratando de ser paciente.—Neville gusta de ti, deberías darle una oportunidad.

—Se que le gusto, Ginny. El chico es demasiado obvio y por eso mismo le dije que no. A mí no me gustaría darle falsas esperanzas.

—¿No te gusta ni un poquito? —le miró con esperanza.

—No, ni un poquito.—suspiró y sin proponérselo miró a Nick, pero el fantasma parecía muy entretenido mirando el vapor que salía de la taza de café de Ginny.

—Está bien, si no te gusta no hay nada que hacer.—suspiró Ginny.—¡Aunque Draco está soltero! Tal vez tú y él puedan...

—Por favor Pecas, no termines esa frase— agitó la cabeza Luna antes de ponerse de pie y llevar su taza al fregadero.

Ginny iba a insistir, pero Nick se lo impidió.

—A Luna tampoco le gusta Draco.—le dijo tranquilamente el espíritu.—Puedo verlo en su aura.

—¿Entonces de quien está enamorada?—le interrogó.

—No lo sé.—mintió.

Claro que lo sabía. Podía verlo cada vez que la veía a los ojos. Y eso lo hacía feliz y lo frustraba en partes iguales. La pelirroja lo miró sin creerle ni una palabra, mientras Luna abandonaba la cocina antes de que metiera la pata hablándole al espíritu directamente con Ginny presente.

—Me preocupa.—susurró la pelirroja al escucharla subir las escaleras.

—¿Por qué?—le preguntó Nick haciéndose el tonto.

La joven suspiró largamente.

—Todos merecemos tener a alguien a nuestro lado, y Luna no debe ser la excepción.

—Te recuerdo que tú tampoco tienes a nadie a tu lado.—masculló el fantasma cruzándose de brazos.

—Gracias Nick—lo miró con los ojos entornados.— En verdad eres un gran amigo.

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—¿No vienes Nick?— le preguntó Ginny al tiempo que se ponía su abrigo.

El fantasma se acomodo un poco más en el sofá de la sala.

—No, luego te alcanzo.

—Está bien, pero no hagas de las tuyas cuando aparezcas en el bar. Tabitha ya cree que el lugar está más maldito que la Casa de los Gritos.

Nick rió por lo bajo mientras la veía tomar su bolso y salir camino a su trabajo. Cuando escuchó cerrar la reja del jardín se levantó de un salto y desapareció para reaparecer en el cuarto de Luna.

La chica estaba ordenando sus libros de la escuela de medicina mágica al tiempo que escuchaba un disco de canciones navideñas.

—¿Ginny ya se fue al bar?—le preguntó sin apartar los ojos de su estantería de libros.

—Si...

—Pues deberías ir con ella.

—Los guerreros la están cuidando ¿no? Además quiero hablar contigo.

Luna suspiró antes de darse la vuelta para mirarlo a la cara.

—¿Qué quieres?

—No debiste decirle no a Longbottom.—dijo sin rodeos.

—Ese no es asunto tuyo...—le atajó sin perder la calma.

—Sé que lo hiciste por mí.

—¡Que ego tienes chico!—exclamó cruzándose de brazos.

Nick bufó con fuerza.

—Vamos Luna, a mi no me engañas, puedo ver como tu aura brilla cada vez que...

—¿Cada vez que qué?—dio un paso hacia delante con el mentón en alto.

—Cada vez que estoy cerca de ti.—finalizó con amargura.

La rubia le sonrió con ternura y extendió el brazo para tocarlo, pero el espíritu dio un paso atrás.

—Deberías salir con Neville.—susurró mirando el piso.

—Yo no quiero.—replicó la chica con fuerza.—Prefiero quedarme aquí, contigo...

Esa frase fue la chispa que hizo explotar la inmensa frustración de Nick.

—¡¿Conmigo?! ¿Por qué conmigo?—resopló.—Mírate. Mírame, soy un maldito fantasma ¡Mírame! Eternamente tendré doce años.

—Ya te he dicho que puedo hablar con mi madre para que solucione eso.

Nick agitó la cabeza, harto.

—Ni tu madre puede hacerlo. ¿Acaso no escuchaste a Albus? Nací solo con el propósito de morir para ser el Guardián de Ginny. ¡Las malditas Moiras así lo quisieron!

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Ginny ladeó la cabeza de un lado a otro, observando con atención a todos los clientes que abarrotaban el local. No había rastro de Nick por ningún lado.

—¿Buscas a alguien en especial, picarona?—le preguntó Tabitha mirándola con los ojos entornados.

La pelirroja soltó una risita.

—No busco a nadie.

Tomó la propina que le habían dejado y limpió la mesa antes de salir lo más rápido posible del campo visual de su compañera. No tenía ganas de escuchar los petulantes consejos de Tabitha acerca de los hombres. Suspiró mientras entraba a la parte de atrás para dar un vistazo. Estaba vacío.

De acuerdo, eso ya comenzaba a preocuparla, Nick le había dicho que iba a ir al bar más tarde, pero ya era casi la hora de cerrar y el fantasma no había hecho acto de presencia.

Regresó al frente, aún más nerviosa. Nick era muy apegado a ella y jamás había estado tanto tiempo sin verlo. El fantasmita era insufrible, pero lo quería tanto como a su hermano Ron.

—¿Te encuentras bien?—Draco se acercó a ella, intranquilo.—Te ves preocupada.

Ginny echó un vistazo alrededor.

—Nick no está aquí.—le explicó en un susurro.

—Pero ya ha desaparecido otras veces ¿no?— frunció el ceño el rubio.

—Sí, pero esas veces fueron treinta minutos, a lo mucho una hora.—agitó la cabeza mientras se apretaba las manos, ansiosa.—No lo veo desde que salí de casa... ¿Crees que le haya pasado algo?

—Oh vamos Pecas ¿Qué le puede pasar? ¡Ya está muerto de todos modos!

Ginny lo fulminó con la mirada.

—En serio Malfoy, no pases tanto tiempo con Ron, ya se te está pegando su poco tacto.

—¡Ay!—exclamó al darse cuenta de lo que había dicho.—Lo siento Ginny, ya sé que adoras a ese mocoso, lo siento de verdad, no quería ser tan cruel.

—Déjalo, no importa.—suspiró derrotada.—Creo que tienes razón, me estoy ahogando en un vaso de agua.

—Ya verás que ese pesado está bien.—le dio aliento Draco antes de salir del bar para fumar un rato.

Ginny trató de tranquilizarse. Draco estaba en lo cierto, a Nick nadie lo podía ver, escuchar o tocar. Lo más seguro era que se hubiera quedado en casa viendo algún programa muggle en la televisión. Trató de pensar en eso mientras despachaba a los clientes.

Después de darle la cuenta a una pareja, comenzó a tener la incómoda sensación de que alguien la miraba. De reojo miró la barra con la esperanza que fuera Nick con su sonrisa llena de hoyuelos, pero no era él, ni tampoco ningún otro cliente. La barra estaba completamente vacía. Con el ceño ligeramente fruncido regresó a su trabajo, tomó el dinero de la cuenta y despidió a los clientes con una sonrisa.

Volvió a mirar la barra recelosa, aquella sensación había desaparecido tan rápido como había llegado.

—¿Han visto a Draco?—Ron había abandonado la oficina y se acercó a Ginny y a Tabitha mientras ellas terminaban de limpiar antes de marcharse.

—Se fue a fumar afuera hace un buen rato.—le contestó Tabitha regalándole su sonrisa más coqueta.

—¿A fumar? ¿Otra vez? ¡Rayos, ese chico parece una maldita chimenea!—resopló el pelirrojo de mala gana.

—Antes no fumaba tanto— recordó Ginny con tristeza.—Pero después de lo de Pansy no ha soltado la caja de cigarrillos.

—Lo sé, pero creo que hoy no está preocupado por esa tonta.—le aseguró su hermano mirando por una de las ventanas del bar, por donde podía ver a la perfección a su amigo fumar en la acera.

—¿Y ahora que le preocupa?

—Hoy es el aniversario de la muerte del amigo de tío Sirius — contestó con voz apagada.— Ya sabes, ese tal James Potter. Draco no sabe si ir a casa o no esta noche.

Ginny suspiró. Sirius Black había sido su tutor cuando sus hermanos, Fred y George fallecieron. Aquel hombre era muy simpático y comprensivo, pero se transformaba de una forma radical cuando llegaba diciembre y se cumplía un año más de la muerte de su mejor amigo. Había años en que simplemente pasaba ese día en silencio, había otros en que estaba de un humor de perros, y a veces simplemente salía de su casa para visitar a la viuda Potter e iban a ver a su amigo Remus Lupin.

Entendía totalmente a Draco y su duda de ir a la casa que compartían. Si Sirius estaba triste, Draco se iba a deprimir más de lo que ya estaba, y si el hombre estaba de mal humor, lo más seguro era que se desquitaría con el pobre chico.

La puerta del bar se abrió y Draco entró salpicando nieve a todas partes. Bufó con fuerza al darse cuenta de que Ron, Ginny y Tabitha lo miraban preocupados.

—No me voy a morir por fumar un par de cigarrillos.—les dijo, rodando los ojos.

—Bueno, según los médicos muggles si te puedes morir por fumar tanto.—comentó Tabitha con tono inocente.

El rubio la fulminó con la mirada mientras ella agitaba las manos.

—Está bien, no digo nada y me voy—y sin más, fue a la parte de atrás para sacarse el uniforme y tomar sus cosas.

—Draco ¿quieres venir hoy a mi casa?—le invitó Ron tratando de darle una salida a su amigo. Para sorpresa de los dos hermanos, el rubio negó con la cabeza.

—Gracias, pero voy a pasar la noche en Grimmauld Place, no quiero dejar solo a mi padrino justo esta noche.

—Está bien. Pero si este año está malhumorado, me llamas ¿bien? Iré allí y le patearé el culo para que deje de desquitarse con inocentes.—le sonrió Ron.

Draco le sonrió agradecido, antes de despedirse y subir las escaleras para usar la conexión red flu que había en la chimenea de la oficina.

—Me gustaría que Black pudiera superar eso. Draco ya tiene bastante con sus padres y con Pansy.

—Vamos Ron, creo que tu y yo podemos entender mejor que nadie a Sirius. No te olvides que James era como su hermano.

Aquel comentario no le gustó mucho a Ron, pero no dijo nada al respecto.

—Apaga las luces cuando te vayas, hasta mañana enana.—le dio un suave beso en la frente antes de seguir a Draco.

—¡Espera!—lo detuvo Ginny al recordar otra cosa que la preocupaba tanto como la repentina desaparición de Nick.— ¿Has visto a Neville hoy?

Ron frunció el ceño.

—No, hace días que no pasa por aquí ¿Por qué preguntas?

—Esta mañana llamó a Luna y la invitó a salir.—Ron soltó una carcajada.—Y ella dijo que no.

La risa del pelirrojo se paró de golpe e hizo una mueca.

—Pobre chico.

—Sí, estoy preocupada por él, sabes que es muy sensible y no quiero pensar como estará ahora.

—No te mortifiques, pecas. Hablaré con él luego. Hasta mañana.

Ron se marchó y a los pocos minutos Tabitha también se fue. Ginny tomó sus cosas, cerró las puertas y las ventanas, apagó las luces y se dispuso a marcharse. Pero al cruzar el establecimiento en penumbras para llegar a la puerta de atrás, sintió nuevamente aquel cosquilleo en la nuca. Volteó de inmediato con la varita en alto. Convocó un silencioso Lumus y la pequeña lucecita iluminó la barra vacía. La pelirroja entornó los ojos, habría jurado que aquella vez si había alguien observándola desde allí.

—Estás alucinando.—se dijo a ella misma en voz baja.

Después de unos minutos, en los cuales se aseguró que el bar estaba vacío, salió al callejón que siempre utilizaba para desaparecer hacia su casa. Ya era muy tarde en la noche y no había ni un ruido. Eso la alarmó, el bar estaba en el centro de la ciudad, pero no se escuchaba ni el motor de un auto a lo lejos o el maullido de un gato callejero. Se sintió incomoda, hasta el aire parecía diferente. Demasiado denso y caliente, como para ser normal en ese inusualmente frío diciembre. Pero a pesar del calor, estaba rodeada de unos cuantos centímetros de nieve que no eran usuales para esas fechas. El clima estaba cada vez más loco, pensó, recordando al locutor de las noticias asegurando que aquel año el invierno se había adelantado y sería al parecer el más cruel y largo en décadas.

Trató de relajarse, pero el sonido agudo de un gemido le puso los pelos de punta. Se aferró a su varita con fuerza. Aquello la asustaba. Maldijo en sus adentros la ausencia de Nick. El fantasma siempre le había dado valor. Junto a él, jamás había sentido miedo.

Los gemidos continuaron, era el llanto desesperado de un niño. Alarmada con la idea de que fuera un pequeño perdido y asustado, se armó de valor y se acercó a los contenedores de basura que había en el callejón. Junto a uno, oculto en las sombras, había un niño pequeño acurrucado con el rostro apoyado en la pared de ladrillo. El corazón de Ginny comenzó a latir con fuerza. Algo en su interior le decía que no debía acercarse, que era mejor salir corriendo.

Miró al chico con atención, estaba descalzo y mojado, temblando sobre la nieve recién caída.

—Hola...—se acercó con cuidado para no asustarlo. Se puso de cuclillas junto a él y estiró una mano temblorosa.— ¿Dónde están tus padres? ¿Puedo ayudarte?

El llanto se convirtió en una risa fría y aguda. Ginny tembló, ahora entendía a esa vocecita en su interior que tanto le había gritado que se alejara.

—Claro que puedes ayudarme, preciosa.

Aquella voz no era para nada la de un niño asustado. Era potente y escalofriante, parecía salida de una de las películas de exorcistas que tanto le gustaba a Nick. Soltó un grito e intentó ponerse de pie de un salto, pero aquella cosa le clavó sus ojos rojos y le mostró sus dientes largos y afilados al tiempo que la tomaba del brazo con una fuerza descomunal.

Ante la sorpresa y el dolor, solo atinó a clavarle su varita en uno de los ojos. Aquel ser soltó un chillido tan agudo y potente que sintió que su cabeza iba a estallar en cualquier momento. La soltó con tanta fuerza que hizo que su cabeza chocara contra la pared del callejón. Al instante sintió como un líquido cálido le bañaba un lado de la cara. El dolor de la herida era terrible, pero había algo que la asustaba más que la herida o aquella bestia: ¡su varita había resbalado de su mano cuando chocó contra la pared!

Desesperada trató de buscar su varita a tientas. Cuando al fin el dorso de su mano la rozó, la tomó con fuerza y apuntó a la criatura que en aquel momento se había erguido ante ella, enorme y letal.

—¡Impedimenta!— aquella cosa ni se inmuto. — ¡Confringo!

Nada, aquella bestia se acercaba a ella con firmeza y ningún hechizo parecía ser lo suficientemente poderoso para hacerle daño. El ser la levantó del piso con facilidad, tomándola del cuello, dejándola sin aire. Sintió como sus fuerzas desaparecían, era como si de pronto hubiera llevado días sin dormir o comer.

—No te muevas preciosa, esto no dolerá...

— "No te muevas preciosa, esto no dolerá" ¿Es enserio?—Una voz mucho más humana se hizo escuchar en el callejón.— ¿Es lo mejor que se te ocurre decirle a alguien que vas a golpear hasta la inconsciencia y luego entregar a su peor enemigo? Aggg ¡Los demonios son tan poco originales! ¿De dónde sacas esa basura de convertirte en un niñito para atraerla? ¿Y esas frases tan malas? ¿Las tomaste de una mala película categoría B, verdad?

Una sombra alargada apareció de la nada y se acercó a la bestia sin mostrar miedo alguno. El demonio soltó a la pelirroja, dejándola caer en el suelo. Ginny trató de aprovechar el momento y alejarse, pero no tenía fuerza alguna, aquella cosa, fuera lo que fuera, no solo tenía una facilidad aterradora para hacerle daño, sino que también absorbía su energía como lo haría un Dementor con la alegría.

—¿Tu eres lo mejor que envían para enfrentarme?—se mofó el demonio.

—¿Dónde está Calixto?—le preguntó la sombra con voz potente.

—¡Eres un idiota si crees que te lo voy a decir!

—Mmm respuesta incorrecta, Zay.

Brillando a la tenue luz de un farol lejano, la espada que el hombre tenía escondida en su capa, se agitó en el aire antes de clavarse a un lado del abdomen del demonio.

Zay chilló al tiempo que la sombra volvía a intentar clavarle la espada. Esta vez en el pecho. Pero no llegó a su destino, ya que la bestia le dio un puñetazo en la cabeza, haciéndolo retroceder.

Ginny volvió a alzar la varita. Tal vez la magia no servía con esa cosa, pero un poco de luz ayudaría a aquel desconocido que trataba de encargarse del demonio.

—¡Lumus máxima!— una esfera de luz iluminó el callejón.

Por primera vez pudo ver con claridad a ese ser que tanto daño le había hecho. Por un segundo pudo verlo, era enorme, con una piel rojiza cubierta de cicatrices, y sus garras estaban cubiertas de sangre, de su sangre.

Cuando la luz lo iluminó por completo soltó un grito y se desvaneció en una humareda negra de un olor nauseabundo. Cuando el humo se disipó, todos los sonidos de la calle llegaron a sus oídos de golpe. El aire que la rodeaba se volvió menos denso y más fresco. Era como si la brisa volviera a correr.

Tomó una bocanada de aire al tiempo que observaba al muchacho que había luchado con aquella cosa.

Era alto y bastante delgado, tenía el cabello muy corto, negro y completamente alborotado. Ginny parpadeó un par de veces al verle la cara. Hasta la mujer con gustos más exquisitos hubiera volteado el rostro al cruzarse con un hombre como aquel. La palabra guapo no le llegaba ni a los tobillos. Por un momento se quedó sin aliento al verlo a los ojos, eran de un verde brillante detrás de unos anteojos redondos.

Un verde brillante que ya había visto antes...

Por alguna razón que no entendía, no se sentía amenazada por aquel sujeto. Había visto lo suficiente aquella noche como para estar muerta de miedo y desconfiar hasta de su sombra. Pero a pesar de todo, se sentía segura, como si tuviera a Nick a su lado.

El muchacho que no aparentaba más de veinte años se acercó a ella con cuidado al tiempo que se quitaba la capa. Vestía de una forma muy muggle, llevaba una chaqueta de cuero negra, vaqueros gastados y un jersey del mismo color. Tenía unas botas negras de motorista muy parecidas a las que utilizaba su tío Sirius. Se agachó junto a Ginny sin decir ni una palabra y le colocó la prenda sobre los hombros. Hasta ese momento no se había dado cuenta que estaba temblando.

—Está herido.— susurró mirando el raspón que tenía en la sien.

—Tú estás mucho peor.—Le sonrió de una forma encantadora al tiempo que pasaba la yema de los dedos en la herida que tenía en la cabeza la chica.

—Gracias...

—¿Por qué?—frunció el ceño de una forma tan infantil que Ginny tuvo que contenerse para no estirar la mano y tocarlo.— Fuiste tú la que espantó a Zay con esa luz.

Ginny no se atrevió a decir nada, estaba adolorida sentada en el callejón cubierto de nieve, pero nada de eso le importaba. Podría quedarse allí mirando eternamente esos ojos verdes...

—¡Ginny!

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Hola! Y al fin estos dos se encontraros! Espero que ya estén felices :D Bueno: lo odiaron? Les gusto? Díganmelo si!

Muchas gracias por todos los favoritos y alertas :D y a fatty73, Leo Slyther, Alas De Fuego y MAGGIEHP por sus comentarios! Se agrádese mucho el apoyo :D

Hasta el jueves!

Besos grandes

Elly