Capítulo 6:
Los invitados.
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—¡Ginny!
Nick corrió hacia ella con el rostro increíblemente grisáceo
—¿Ginny, estás bien?—preguntó con voz chillona al tiempo que se arrodillaba junto a ella.
—No te preocupes, solo necesita un poco de díctamo y estará como nueva.—le tranquilizó el moreno como si nada.
Ginny lo miró con la boca abierta, mientras Nick ponía los ojos en blanco con desesperación ante la metida de pata del guerrero.
—¿Puedes ver a Nick?—le preguntó pasmada.
El chico la miró sorprendido.
—Pues claro. ¿Tú no?
—Claro, pero jamás conocí a nadie que pudiera verlo.—le explicó aún sorprendida.
Harry miró a Nick sin entender. Según Albus, Ginny también era protegida por una semidiosa. Se suponía que todos aquellos que tenían algún contacto con el panteón Griego, tenían el poder de ver a los Espíritus Protectores. ¿Acaso la semidiosa fingía no poder ver al fantasma?
Nick le lanzó una mirada severa.
—Es sorprendente que pueda verme.—dijo secamente el niño.—Pero ahora lo importante es llevarte a casa antes que te desangres y te vuelvas mi compañera fantasmagórica.—Miró al muchacho y añadió con un tono brusco.—Vamos vivito, ayúdala a levantarse que yo no puedo.
—Nicolás.—le regañó en un hilo de voz la pelirroja.—Este chico acaba de salvarme la vida.
—Ya te dije que...—comenzó a contradecirla el guerrero mientras se ponía de pie y la ayudaba a hacerlo también.
—Gracias...mmm ¿Cómo te llamas?—De pronto se sentía aún más aturdida mientras él desconocido le rodeaba la cintura con un brazo para mantenerla en pie.
—Harry.—le sonrió tímidamente.
—Yo soy Ginny...— Se presentó perdiéndose en esa pequeña sonrisa. Le dolía la cabeza, el cuello y el brazo, y para rematar, estaba sumamente sorprendida por el hecho de que aquel chico podía ver a su amigo. Pero por alguna razón solo podía mirar a Harry como una atolondrada. ¿Dónde habían quedado su cerebro y dignidad?
—Lo sé—Ginny levantó una ceja.—El fantasma gritó tu nombre.
—¡Oh!
—Si, si. Ella es Ginny Weasley, tu Harry no-sé-y-ni-me-importa y yo soy Nick Bones.—refunfuñó con un humor de perros.— ¡Pero ahora muevan el culo, antes de que esa cosa vuelva!
—Tiene razón.—aceptó Harry sin molestarse lo más mínimo por el tono desagradable del fantasma.— Será mejor que te lleve al hospital.
—¡No!—agitó la cabeza Nick.—Llévala a su casa. Ella vive con tu prima Luna.
—¿Eres primo de Luna?—le preguntó aún más sorprendida con tan grande coincidencia.
—¿Lo soy?— El fantasma lo atravesó con la mirada.— ¡Oh si! Soy su primo.
Ginny frunció el ceño. Harry no parecía muy seguro de lo que decía.
—Vamos, chico, mueve el culo.—Sin más, Nick se desvaneció.
—No es un fantasma muy sociable que digamos.—comentó Harry antes de sacar la varita del bolsillo de su chaqueta.
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—Tenemos un problema.—exclamó Nick apareciendo frente a Luna en plena cocina.
—¿Cuál?—le preguntó la rubia sin darle mucha importancia.
—Un demonio atacó a Ginny.
El vaso del jugo que sostenía Luna terminó en el piso hecho añicos.
—Esta bien, bueno, no tan bien, pero está viva. El guerrero llegó a tiempo y la salvó... ¡Y hablando del guerrero! El muy idiota habló conmigo frente a Ginny.
—Genial.— resopló.— ¿Dónde están ahora?
Nick miró hacia atrás antes de contestar.
—Están en la puerta, mejor ve a abrirle y evita que meta la pata otra vez. ¡Ha! Por cierto, Ginny ya sabe que tú y Harry son "primos".
Luna corrió hacia la puerta y al abrirla no pudo evitar soltar un grito. El guerrero de Hades que había conocido esa misma tarde estaba parado en el umbral con una Ginny pálida e inconsciente en brazos.
—¿Qué le pasó?—le preguntó Nick con la voz ahogada.
—No soportó la presión de la desaparición y se desmayo.—le explicó— Está muy débil, Zay la dejó seca.
—Estará bien.—susurró Luna pasando su mano sobre el rostro de su amiga.— Vamos, hay que subirla a su cuarto. Allí podré sanarla.
Harry asintió y la siguió por las escaleras hasta llegar al cuarto de la joven.
—Déjala sobre la cama ¡con cuidado, guerrero!-—le advirtió al tiempo que abría la puerta para dejarlo pasar.— Yo iré por unas pociones.
El muchacho la colocó sobre el colchón con mucho cuidado. Parecía tan frágil e inocente que era increíble pensar que tan solo una gota de su sangre era suficiente para destruir el universo completo.
Se paró a los pies de la cama y se dedicó a mirarla. Se sentía un poco confundido porque aquella chica le resultaba terriblemente familiar, como si la hubiera visto antes. Pero eso era imposible, él jamás había estado en la tierra hasta ese momento. Además, estaba seguro de que si alguna vez se hubiera cruzado con aquella pelirroja lo recordaría. Era increíblemente... ni siquiera encontraba una palabra para definirla. Nunca se había detenido apreciar el aspecto físico de alguien.
Su corazón se aceleró al caer en la cuenta de que era la primera vez que estaba tan cerca de una mujer propiamente dicha. Se deslizó hasta estar más cerca del rostro de su protegida. Esta tenía el lado izquierdo del rostro y el cuello manchado de sangre, pero eso no la hacía menos interesante. Estiró la mano para tocar su mejilla salpicada de diminutas pecas...
—¿Qué haces?
Harry se apartó de un salto. Luna estaba en la puerta con una bandeja llena de vendas y botellitas de pociones. El chico sintió sus mejillas arder por la vergüenza al ver la mirada de sorpresa de la semidiosa.
—Yo...—susurró con un poco de miedo. Definitivamente, enfrentarse a la mirada acusadora de la hija de una diosa no estaba en su manual de entrenamiento. Para la mala suerte del guerrero, la chica pudo notar su preocupación y su anterior vergüenza.
—¿Por qué tienes emociones?—le interrogó Luna acercándose. Al instante vio como el rostro de Harry se transformaba ante esa pregunta.
—Yo no tengo emociones de ningún tipo. Soy un guerrero inmortal de Hades.—dijo con voz firme, sin expresar emoción alguna. La monotonía y la mentira bañaban cada palabra del chico, y eso Luna lo notaba con gran facilidad.
—¿Crees que puedes mentirme a mí?—lo atravesó con sus ojos claros.— ¿Te olvidas con quién estás hablando, Guerrero?
Harry no sabía qué decir, apenas llevaba allí unas cuantas horas y ya había metido la pata hasta el fondo. En el inframundo la magia de Albus lo ayudaba a ocultar sus emociones cuando éstas salían de su control, pero en la tierra los hechizos del anciano eran obsoletos. Mientras pensaba qué decir para no ofender más a la semidiosa, Ginny comenzó a moverse y a gemir.
—Vete.—le ordenó Luna—¡Pero no creas que esta conversación termina aquí!
El muchacho obedeció más que aliviado. Le echó un último vistazo a la pelirroja y abandonó la habitación con rapidez. Luna le lanzó una mirada calculadora antes de cerrar la puerta.
—"Yo no tengo emociones de ningún tipo. Soy un guerrero inmortal de Hades".—repitió con voz burlona .— ¡Claro! Y yo nací de una lechuga...
Dejó la bandeja sobre la mesita de luz y comenzó a limpiar las heridas de su amiga para poder sanarlas con díctamo. Cuando la herida de la cabeza comenzó a humear al tiempo que se cerraba, Ginny abrió los ojos muy despacio.
—¿Hola, Pecas?—le sonrió.— ¿Cómo te sientes?
—Como si una manada de centauros hubieran bailado tap sobre mi.— le sonrió con esfuerzo.
—Esa cosa sí que te dio duro. Pero no te preocupes, para mañana estarás como nueva.—le aseguró Luna.
—¿Dónde está el chico guapo?—preguntó en un susurro con las mejillas manchadas de rubor.
—¿El chico guapo?— ¡Genial! ¡Lo que faltaba, que a Ginny le gustara el Guerrero!
—Tu primo...creo que dijo que se llama Harry.
—Sí, mi primo. —suspiró—Está abajo...
—¿Puedes llamarlo?—le pidió.—Quiero hablarle antes de que se vaya.
Luna resopló, no planeaba comenzar con la mentira tan pronto pero tenía que liquidar el tema de una buena vez.
—Lo llamare. Pero tengo que pedirte un favor enorme antes, Ginny.—comenzó a decir con seriedad. Mientras seguía limpiándola con un paño húmedo la sangre del rostro.
—¿Qué pasa?
—Bueno, iba a hablar contigo mañana pero... bueno como sea.—Tomó aire para decirle una nueva mentira a su más querida amiga.—Mis primos, Harry y sus hermanas necesitan donde quedarse por un tiempo ¿te molesta si se quedan aquí?
Ginny parpadeó un par de veces. Estaba tan cansada que le costaba procesar las palabras.
—Claro que pueden—asintió antes de beber la poción que le alcanzaba su amiga.—Harry acaba de salvar mi vida, aunque él no quiera aceptarlo... Lu ¿puedes llamarlo? Quiero... quier...— se quedó profundamente dormida antes de poder terminar la frase.
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Harry frunció el ceño al ver su reflejo en el vidrio de la ventana de la cocina. Con mucho cuidado tocó el raspón que tenía en la frente con un dedo, como si fuera un adolescente histérico que le acababa de salir un feo grano lleno de pus horas antes de una importante cita.
Al estar en la tierra, su parte humana se despertaba con mucha más fuerza, y solo podía decir una cosa ante tal hecho: ¡Que mierda era ser humano! Zay, el maldito demonio, lo había golpeado y le había dolido. ¡Por los dioses, si que le había dolido!
Trató de limpiarse la herida mientras pensaba en todo lo que había pasado en la última hora. Y nuevamente su mente se fue hacia esa pelirroja que estaba arriba bajo los cuidados de la semidiosa. Perséfone siempre le había dicho que los humanos eran inescrupulosos, terriblemente egoístas... Pero Ginny no había sido egoísta. Lo había salvado de Zay cuando el demonio se aprovechó del hecho que él todavía no se había acostumbrado a pelear en el plano humano, y además se había preocupado por su diminuto raspón cuando ella estaba mucho peor.
¿Por qué lo había hecho?
—Hay una botella de díctamo en ese cajón.—Nick entró a la cocina con las manos en los bolsillos. Harry tomó la botella y se puso un par de gotas en la frente. En el acto la herida desapareció.
—Gracias... Esto es un poco raro para mí.—Comentó con voz ronca.
—El inframundo debe ser muy diferente a esto ¿verdad?—Nick hizo un esfuerzo muy grande para hablar de forma indiferente. Pero le costaba bastante. Siempre había tenido gran curiosidad por cómo era el inframundo, y ahora tenía ante él a alguien que podía darle un relato de primera mano.
—Mucho. Aquí hay tanta luz, todo brilla y está tan lleno de colores y vida.
El moreno paseó la mirada por la cocina y se detuvo en un frutero lleno de manzanas que había sobre la mesa. Se alarmó cuando su estómago comenzó a rugir.
—¿Qué rayos...?
Nick soltó una sonora carcajada, relajándose un poco.
—Lo que sientes es hambre.—le informó con una sonrisa burlona al tiempo que le lanzaba una manzana.— Y la sequedad de la garganta se le llama "sed"
— ¿Hambre? ¿Sed?—el moreno miró con recelo la fruta.
— ¿Jamás las has sentido?—frunció el ceño el fantasma.
—Pues no, los guerreros comemos frutos de Demetre. Jamás sentimos hambre o sed.
—Wow, pues debe ser una porquería que te manden aquí. Yo que tu comería algo antes que te de algo ¿Por qué puede darte algo, verdad?
—Pues técnicamente soy tan humano como cualquiera cuando estoy en la tierra—le explicó antes de darle un mordisco a la manzana. La dulzura de la fruta inundó su boca.—Por Zeus...
Nick rió con ganas y Harry no pudo evitar sonreír también. De pronto el fantasma no parecía tan desagradable.
— ¿Qué edad tienes?—preguntó por pura curiosidad ya que dudaba que tuviera la edad que aparentaba
— ¿Acaso no se nota?—agitó los brazos haciendo un extraño baile— Estoy en mis dulces doce años.
—Si claro—chasqueó la lengua, escéptico— Y si no hubieras muerto ¿Qué edad tendrías?
—Treinta y cinco años—contestó sin darle mucha importancia al asunto.
Harry se sorprendió, el "niño" era mucho mayor que él.
— ¿Cómo le dijiste adiós a la respiración?
—Accidente de auto, uno bastante feo. En julio del 78, fue un día muy gris para la familia Bones... ¿Y tú? ¿Cómo terminaste en tremendo trabajito?
Harry se apoyó en la mesada de mármol mientras veía a Nick flotar sobre la mesa en posición de flor de loto. Era verdaderamente agradable hablar con el chico sin que este le lanzara una mirada envenenada. Desde que había llegado a la tierra, solo había tenido contacto con Luna y él, y ninguno de los dos habían sido muy agradables.
—Yo no me metí, a mi me metieron—respondió—Nací con la sangre del guerrero, y eso bastó para que me llevaran al inframundo a empezar mi entrenamiento.
—Vaya. Luna me dijo algo parecido pero no le creí ¿Entonces en verdad que no conoces a tus padres? — Nick lo miró receloso. No le agradaba la idea de que Harry en verdad hubiera sido obligado a hacer ese trabajo, porque eso hacía que tuviera lástima por él, y le resultará aún más difícil detestarlo por haber llegado a tomar su lugar como guardián de su Ginny.
—No, no tengo ningún recuerdo de ellos— respondió negando con la cabeza.
—Vaya—repitió Nick con un tono melancólico— ¿Y tus padres no te buscaron?... cuando yo morí mis padres fueron con psíquicos estafadores y una vez hasta llegaron a jugar a la bujía.
— ¿Y pudiste hablar con ellos?
—No, soy un espíritu protector, así que técnicamente no soy un fantasma que pueda comunicarse con los humanos "normales"... Aunque eso no quita que me gustaría mucho hacerlo alguna vez ¿sabes? Mis padres todavía se sienten culpables por no haber muerto también en el accidente...
El guerrero lo miró con una extraña mezcla de incomodidad e interés. La voz de Nick al igual que su mirada se habían llenado de un conmovedor cariño al recordar los intentos de comunicarse de sus padres. Sin poder evitarlo, Harry se preguntó si sus padres hubieran hecho lo mismo por él, se preguntó si ellos lo buscaron cuando desapareció.
Molesto por la dirección de sus pensamientos, agitó la cabeza espantando esa absurda idea. Lo más seguro era que sus padres hubieran seguido con sus vidas, teniendo otros hijos que pudieran llenar con el amor que jamás pudieron darle a él.
—Tengo una duda enorme que me está matando—dijo Harry tratando de alejar el tema de la palabra "padres"
—Dispara.
— ¿Dispara?
—Que me hagas tu pregunta, chico— rodó los ojos Nick.
—Oh, está bien. ¿Por qué Ginny no sabe que Luna puede verte?
Para su sorpresa el fantasma se encogió de hombros despreocupadamente.
—Ni idea, jamás me lo ha querido explicar.
—Esa chica es un poco... extraña. Cada vez que me mira siento que quiere morderme.
—Y tal vez lo haga si la molestas o te acercas de forma inapropiada a alguna de sus amigas. —Rió Nick— Oye, para ser un guerrero de Hades carente de emociones no eres tan seco y aburrido como esperaba...
— ¡Y de eso mismo quiero hablar!—Luna entró a la cocina con las manos en la cadera, mirando fijamente a Harry—. ¿Y bien? ¿Alguna explicación que puedas darme?
—Ah... eh...—comenzó a sudar— No sé de qué habla.
—Tienes emociones—dijo aproximándose a él de una forma amenazante— ¿Cómo es eso posible?
—Yo no tengo...—dijo, aferrándose a la mentira.
—Las tienes, a mi no me mientas—le atajó y volviéndose a ver a Nick, ordenó— Míralo y dime si me equivoco.
Harry maldijo en su fuero interno la capacidad de los Espíritus Protectores para ver las emociones de los vivos. Nick lo miró de pie a cabeza con una sonrisa burlona.
—Su aura es celeste muy claro—sonrió el fantasma—Está preocupado.
Luna miró a Harry con los ojos entornados.
— ¿Y bien?
El muchacho dudo.
—Ahora está inseguro y tiene una pizca de pánico—informó Nick alzando las cejas.
—¿Puedes callarte, Nicolás?
—Oh Enojo. Solo te estás hundiendo cada vez más guerrero. —canturrió el fantasma.
—Habla Harry—le ordenó Luna— ¿Por qué tienes emociones?
—Yo...— ¿Qué podía contestar? Ni él mismo conocía la respuesta.
—Responde.
En el jardín trasero se escuchó un fuerte "crac" y dos figuras encapuchadas aparecieron.
—Ay no—susurró Harry al ver a Hermione y Astoria caminando hacia la puerta de la cocina.
— ¿Qué eres?—volvió a preguntarle la rubia acercándose un poco más. Ella y Nick lo tenían acorralado.
—No lo sé— admitió con voz estrangulada al tiempo que veía acercarse cada vez más a sus dos colegas— Solo Albus lo sabe, y jamás me lo ha querido decir.
—¿Por qué?
—Qué sé yo. Pero por favor no se lo digas a ellas. De esto nadie debe enterarse, es un secreto. Albus así lo quiere mantener.
Los dos guardianes lo miraron recelosos pero no dijeron nada, ya que la puerta que daba al jardín se abrió y las dos mujeres con capas negras entraron.
—Perseguimos a Zay, pero lo perdimos—informó Hermione con voz seca— Creo que se unió a Calixto en alguna parte, resguardandose bajo el escudo protector que ese infeliz montó para que no podamos encontrarlo.
La cocina quedó en silencio. Astoria fue la única que parecía darse cuenta que Harry estaba contra la mesada con el fantasma y la semidiosa rodeándolo de una forma extraña.
— ¿Pasa algo?—preguntó curiosa.
En el acto Harry miró a los guardianes, suplicándole en silencio.
—No nada, no pasa nada. —se apresuró a contestar Luna con una pequeña sonrisa.
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Ginny se levantó a la mañana siguiente más fresca que una lechuga. No tenía ni un moretón y la noche de sueño profundo había logrado que recuperara las energías. Ahora lo único que tenía en la mente era disfrutar del desayuno más grandes que pudiera atrapaba en la cocina.
Después de darse una ducha rápida, bajó las escaleras dando saltos. Se sentía más viva que nunca, y se preguntó si aquella sensación la experimentaban todos los que habían estado tan cerca de la muerte. Al pensar en eso recordó el rostro tentador del primo de Luna. Quería verlo y obtener un par de respuestas lo más pronto posible.
Entró a la cocina con una gran sonrisa que se ensanchó mucho más al ver a Harry sentado a la mesa tomando un café. Al igual que la noche anterior, vestía totalmente de negro, la única diferencia estaba en que no llevaba su chaqueta de cuero, sino un suéter muy elegante. Junto a él había dos muchachas, ambas llevaban los mismos pantalones formales y suéteres negros, como si fueran algún tipo de uniforme.
Una de ellas tenía el rostro muy pálido y una revoltosa melena castaña que le llegaba hasta los hombros, tenía sus enormes ojos marrones fijos en la mesa, con una clara mueca de indiferencia. La otra, tan pálida como los otros dos, miraba la cocina con sus ojos verdes desbordados de curiosidad mientras enredaba su dedo índice en un mechón de su cabello caoba.
Sentada frente a aquellos tres recién llegados estaba Luna, la cual desayunaba con una tranquilidad poco común. Nick estaba parado en un rincón y al verla entrar, la recibió con una sonrisa cálida.
—Ginny—. Al verla en la puerta, Harry se levantó, en un gesto de caballerosidad que la joven no había visto en años.
—Hola Harry—lo saludó con una pequeña sonrisa.
Luna también se levantó.
—Buenos días Ginny ¿Te sientes bien?—la pelirroja asintió. — bueno ya conoces a mi primo Harry, ellas son sus hermanas: Hermione y Astoria Vryzas
Ginny no advirtió la risita ahogada de Nick, ni tampoco la mirada fastidiada de Harry al escuchar el apellido que le había inventado la semidiosa.
—Un placer—las saludó alegre. La castaña, la que se llamaba Hermione, a diferencia de Astoria la cual la saludó con una sonrisa y un beso en la mejilla, apenas la miró y se limitó a asentir con la cabeza, bastante impasible.
— Ven Ginny ¿tienes hambre, no?—Luna la hizo sentarse a la mesa antes de ponerle enfrente un plato lleno de huevos y tocino. Nuevamente la idea de la madre sobreprotectora volvió a su cabeza. Sin duda Luna lo era.
Harry volvió a su lugar sin sacarle los ojos de encima. La pelirroja trató de no mostrarse nerviosa ante la mirada del chico y comenzó a comer el desayuno que su amiga le había preparado. De pronto se percató de que Harry no era el único que la miraba fijamente, sus hermanas también lo hacían. Eso la puso mucho más incómoda. Miró a Luna con disimulo, pidiendo ayuda.
— ¿Te encuentras mejor, verdad Ginny?—preguntó Luna sentándose a su lado.
—Sí, las pociones que usaste anoche fueron muy afectivas.
—Me alegro—sonrió satisfecha— Mira, tendré que salir un rato con...mis primas. No te molesta si te dejo sola ¿no?—miró de reojo de una forma significativa a Harry.
—No te preocupes—y en voz más baja añadió—Tengo a Nick.
Luna asintió al tiempo que se ponía de pie.
—Espero que te cuide bien. Volveremos en un rato.
—Si mami.
La rubia se mordió el labio para no soltar una risita.
—Vamos chicas, es tarde y tengo que suplicarles a muchas personas hoy.
—Nos vemos luego Ginny—le sonrió de forma amigable Astoria.
Cuando las tres chicas salieron de la cocina camino a la puerta principal, Nick abandonó su lugar y se sentó junto a su amiga con una mirada de preocupación.
— ¿Seguro que ya estas mejor? Ayer no te veías nada bien.
—Me siento muy bien Nick, para ser sincera, me siento mejor que nunca.
—Suele pasar— comentó Harry después de beber un sorbo de café—Cuando te arrebatan tu energía, luego cuando la recuperas te sientes mucho más fuerte, como si bebieras una poción energética.
Nick asintió con la cabeza mientras pensaba lo que acababa de decirle Harry. Mientras tanto Ginny recordó todas las preguntas que había mantenido en silencio mientras conocía a las nuevas residentes de la casa.
—Harry— lo llamó dejando el cuchillo y el tenedor a un lado— Tengo muchas dudas sobre lo que pasó anoche.
El muchacho miró a Nick, y Ginny supo que ambos ya habían hablado sobre eso mientras ella dormía.
—Pregunta lo que quieras—la alentó Harry regalándole una sonrisa tan tranquila y dulce que casi logra hacerla sonrojar.
—Bueno...—tomó aire para tranquilizarse un poco— ¿Qué era esa cosa?
— ¿Zay? Bueno, no tengo ni idea—mintió, apegándose a lo que le había ordenado que dijera Luna.
—Pero sabías su nombre—insistió Ginny mirándolo con los ojos entrecerrados.
—Sii, bueno... Este... Me dedico a investigar a criaturas como Zay—trató de explicarle lo mejor que pudo, aunque ni él entendía lo que la semidiosa le había dicho—He estado tras su pista mucho tiempo. Lo único que sé es que se llama Zay y le encanta lastimar a las chicas guapas que andan por los callejones.
Ginny no pasó por alto el pequeño cumplido que le había dado Harry. Nick también lo notó y no le causó ninguna gracia.
— ¿Así que salvas a todas las chicas que él ataca?
—Se puede decir que si...
— ¿Quieres atraparlo, verdad?
—Por supuesto, esa cosa no es humana, ni tampoco nada conocido.
— ¿Así que cazas cosas como esa criatura, Zay?
—Ehh si— Harry no parecía muy seguro y Ginny se percató de eso.
—Bueno, sea lo que sea esa cosa, yo espero que no vuelva a acercarse a ti, pecas. —dijo Nick con seriedad.
—Yo también.
—No volverá a tocarte, no tienes de qué preocuparte. —le aseguró Harry. El fantasma parecía satisfecho con esa declaración, pero la pelirroja aún tenía dudas.
— ¿Por qué puedes ver a Nick?—Esa duda la estaba volviendo loca, y se sintió muy frustrada al ver cómo el joven se encogía de hombros.
—No sé, Luna y mis hermanas no puedes verlo.—mintió
— ¿Y tu Nick? ¿Sabes por qué él puede verte?
El fantasma también se encogió de hombros.
—Ni idea...
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Luna y las dos Guerreras aparecieron frente a la puerta del bar El Canto del Fénix. Iban en silencio, Luna no estaba dispuesta a gastar su energía en ser amiga de alguien que no poseía emociones. Sin poder evitarlo volvió a pensar en Harry. ¿Por qué él tenía sentimientos? Seguro que Hades no lo sabía, porque de ser así ya hubiera puesto el grito en el cielo, el muy egoísta. Le dio muchas vueltas al asunto mientras entraban al bar. Tendría que hacerle muchas preguntas a Albus cuando lo viera.
—Ustedes esperen aquí un momento—. Les indicó, señalando una mesa que había en un rincón. Las guerreras la obedecieron mientras ella subía a la oficina. Allí se encontró con Draco Malfoy, que estaba desparramado en un sillón mirando el techo sin ver nada en realidad. La rubia sintió una punzada de culpabilidad. Conocía la razón por la que el chico estaba tan deprimido y era totalmente consciente de que ella, al igual que el resto de sus amigos, eran responsables de gran parte de lo que había pasado entre Pansy y él.
Se aclaró la garganta de una forma exagerada para captar su atención.
—Hola Draco...—Lo miró temerosa, pero como siempre el muchacho la miró con una sonrisa un tanto forzada, llena de un aprecio que ella no se sentía merecedora.
—Hola Lu—. Draco se puso de pie, arreglando su ropa arrugada— ¿Qué haces aquí tan temprano?
—Quería pedirte un favor, a los chicos y a ti.
—Ron todavía no llegó y Neville hace días que no viene por aquí—la miró de una manera extraña, y de inmediato Luna supo que ya todo el mundo sabía que el chico la había invitado a salir y ella lo había mandado a volar sin la menor consideración. Su estómago se revolvió, pero hizo un esfuerzo para ignorar la desagradable sensación.
—Entonces tendré que pedírtelo a ti solo.
—Adelante.
—Bueno... ¿Todavía necesitan un par de meseras?
Draco arrugó el ceño por un momento.
—No sabía que buscabas trabajo.
—No, yo no. Pero tengo dos primas que necesitan empleo de inmediato. Dime por favor que todavía no has contratado a nadie.
—No, todavía no. Le dije a Ron que teníamos que conseguir a alguien antes que comenzaran las fiestas y el bar empezará a llenarse, pero nunca nos pusimos de acuerdo para hacer entrevistas.
— ¿Y eso significa...?—lo miró esperanzada.
—Diles que vengan esta tarde y hablare con ellas—le sonrió muy divertido.
—Mmm ¿Qué tal si hablas con ellas ahora?
— ¿Están aquí?
—Abajo.
Draco salió de la oficina junto a Luna. Tenía sus dudas con respecto a las primas de la chica. Primero, jamás la había escuchado hablar de ellas; segundo, los parientes que conocía de la rubia no estaban lo que se podía decir exactamente cuerdos. Comenzó a sudar, no quería decirle que no a su amiga, pero si sus primas eran un par de hippies que pasaban el día hablando de nargles, tendrían serios conflictos.
Al ser tan temprano el bar estaba casi vacío, así que Draco no le costó mucho descubrir a las primas de Luna. Se llevó una agradable sorpresa al verlas. Eran un par de chicas normales y muy lindas.
Al llegar a la mesa que ocupaban empezó a dudar con la parte de "normales". Pasando por alto el hecho de que vestían de negro con un estilo que su padrino Sirius hubiera amado, una de las chicas, la de enmarañada cabellera castaña, tenía una mirada apagada mientras observaba la nada con estupor. El rubio apartó sus ojos de ella, incomodo. Jamás había creído que una persona podía mantenerse tan quieta como lo estaba esa chica ¡Ni siquiera pestañeaba!
—Bueno Draco, estas son mis "queridas" primas. Hermione—señaló a la castaña con mirada perturbadora, la cual lo saludó con un asentimiento. —Y ella es Astoria.
Draco observó por primera vez a la otra chica, era muy bonita, con el cabello largo y sus grandes ojos verdes debajo de unas pestañas increíblemente largas. Pero lo que más le llamó la atención de la joven no fue su aspecto, sino el hecho de que estuviera jugando con un servilletero, como si fuera una niña pequeña fascinada por el brillo del metal. Frunció el ceño. ¿Eso era normal?
—Chicas, él es Draco Malfoy, uno de los dueños del bar.
—Hola—las saludó sin sacar los ojos de Astoria, la cual estaba tan divertida con el servilletero que ni se había percatado de su presencia.
—Bueno Draco, hazles todas las preguntas que quieras—le animó Luna con una sonrisa risueña—Pero te aseguro una cosa, no encontrarás a dos camareras más eficientes y que se acoplen al ritmo de trabajo de Ginny y Tabitha, como estas dos chicas.
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Hola! Ahhh que puedo decir? tengo sueño y me estoy durmiendo sobre el teclado y de yapa tengo frío ¬¬
Bueno ahora sí que no actualizo hasta la próxima semana (se acabaron las actualizaciones a cada tres días :?) pero no se preocupen, les prometo capítulos muy largos :D quiero terminar rápido con esta historia y los capis largos me ayudaran a hacerlo!
Gracias por los comentarios! Hasta la próxima!
Besos grandes
Elly
