El primer día.
.
Tabitha y Ginny intercambiaron una mirada de desesperación cuando su nueva compañera, Astoria, se distrajo con el chistoso sombrero en forma de hongo que llevaba un cliente. Ginny contó hasta diez muy lentamente, conteniendo el deseo de estrangularla. Había pasado toda la tarde detrás de ella, tratando con mucha paciencia y esfuerzo, que la muchacha se concentrará en su trabajo durante al menos cinco minutos. Pero parecía imposible. Astoria no paraba de reírse a carcajadas cada vez que pasaba junto a una mesa ocupada por personas demasiado alegres.
Cansada, Ginny tomó su bandeja y se apresuró a ir tras Astoria antes que la acusaran de consumir drogas, otra vez.
—Ven guapa—la tomó del brazo y tiró de ella hacia la barra—Taby, Hermione y yo nos encargaremos de las mesas. Tu mejor quédate en la barra.
La chica asintió sonriente, emocionada con su nueva tarea. Ginny reprimió una carcajada. Ir detrás de Astoria de aquí para allá le recordaba la época en que había sido niñera de un pequeño de cuatro años muy hiperactivo
—Es rara— comentó Taby mientras limpiaban unas mesas— Al menos Hermione está más centrada.
Ginny apretó los labios, echándole una mirada a Hermione. Esa chica no estaba solamente centrada. Era increíblemente seria y un tanto amargada. Jamás había visto algo semejante, y eso que había tenido a Severus Snape como profesor de pociones. Volvió a mirar hacia donde estaba Astoria con una enorme sonrisa en los labios. Para ser hermanas, eran dos polos opuestos.
—¿Sabes? Creo que alguien no puede sacar los ojos de ti—soltó una risita soñadora Tabitha, señalando con un cabezazo la mesa que había en el rincón sur del bar. Ginny miró hacia allí y por un segundo se encontró con un par de ojos verdes que se apresuraron a perderse detrás de un libro sobre criaturas nocturnas. Reprimió una risita al tiempo que sus mejillas enrojecían un poco. Harry había pasado la tarde en aquella mesa, tomando café, tarta de melaza y leyendo aquel libraco.
—Sí, lo he notado.
—¿Y sabes otra cosa? Hace más de una hora que he notado que sigue en la misma página— Taby le guiñó un ojo a su amiga antes de volver hacia la barra para tomar otra orden. Ginny intentó disimular su sonrisa de satisfacción. Nunca había sido una de esas chicas que se ponían eufóricas solo porque un chico la miraba, pero tenía que aceptar que se sentía bien saber que Harry no podía dejar de observarla. Le gustaba pensar que su salvador tenía algún tipo de interés en ella, aunque esté fuera mínimo.
Volvió a mirar hacia donde estaba Harry y esta vez él le mantuvo la mirada, regalándole una sonrisa avergonzada antes de volver a su libro con las mejillas un poco sonrosadas. Ginny rió por lo bajo, antes de dirigirse hacia una mesa que acababan de desocupar.
Nick se sentó en una silla cercana, con los ojos en blanco.
—Si estuviera vivo tendría la azúcar por la nubes por tanta cursilería adolescente— chasqueó la lengua enfadado.
—Cállate Nick—le susurró, lo suficientemente bajo para que solo el fantasma pudiera oírla.
—"Cállate Nick"—le hizo burla—¿Es lo único que sabes decir?
—O te callas o llamo a una médium para que te ayude a ir hacia la luz—le amenazó antes de marcharse hacia el depósito. Nick la siguió sin decir nada. Desde el ataque de Zay, Nick se había vuelto un mosquito a su alrededor, sin dejarla ni un segundo fuera de su vista. Ginny hacía un esfuerzo para llevarlo bien. Por un lado le conmovía y se sentía agradecida por la preocupación que mostraba con su empeño de protegerla, pero el hecho de no poder dar ni dos pasos sin ser seguida comenzaba a asfixiarla.
—¿Sabes? Me he dado cuenta que no puedo escuchar los pensamientos de Harry—Le comentó a Nick aprovechando que estaban solos. Desde muy joven se había dado cuenta que no necesitaba realizar ninguna magia para tener acceso a los pensamientos de las personas, aunque estas estuvieran protegiendo sus mentes con Oclumancia.— Y tampoco puedo oír los de Astoria y Hermione.
Nick contuvo una mueca mientras la miraba fijamente, con los brazos cruzados sobre su escuálido pecho.
—Seguro que te encantaría poder escuchar los pensamientos de Harry —entornó los ojos.
Ginny sintió como sus mejillas comenzaban a arder al tiempo que apartaba sus ojos de él. Le molestaba que Nick la conociera tan bien. ¿Acaso no podía guardarse algún secreto solo para ella? Aunque lo amaba con cada molécula de su ser, odiaba que siempre estuviera al tanto de sus pensamientos o sentimientos. Definitivamente la pubertad a su lado había sido un suplicio.
Nick rodó los ojos. Detestaba esos sentimientos que comenzaban a surgir dentro de Ginny.
—No sé porque te sorprendes. No es la primera vez que no puedes escuchar los pensamientos de alguien ¿no?
La pelirroja asintió con la cabeza, al tiempo que tomaba una botella de hidromiel y la llevaba al frente. Nick tenía razón. Aunque eran pocas, había un puñado de personas cuyas mentes estaban protegidas de sus habilidades telepáticas. Su familia por ejemplo. Nunca había podido oír ni una sola palabra en las cabezas de sus padres o hermanos. Tampoco podía escuchar a su amiga Luna... Por lo visto los primos de la chica también estaban incluidos. Se preguntaba por qué.
.
.
—¿Aún no conoces a su hermano, verdad?
Harry sacó los ojos de la melena pelirroja que se mecía al tiempo que se perdía en la puerta que daba al depósito. Sorprendido, contempló al muchacho que se había parado frente a su mesa. Más o menos de su edad, de cabello rubio muy claro y ojos grises, alzaba una fina ceja mientras lo miraba con una diminuta sonrisa torcida. Harry le miró sin entender y el chico solo lanzó una elocuente mirada hacia la puerta por donde Ginny acababa de desaparecer.
—¿Ya conoces a su hermano?
—No, aun no lo conozco.
El chico le dedicó una amplia sonrisa de autosuficiencia.
—Entonces ve con mucho cuidado—le aconsejó— Si Ron te ve comiéndote a su hermana con los ojos, terminaras en su lista negra antes de poder presentarte.
Soltó una carcajada al ver como el moreno se ruborizaba totalmente.
—Yo no la comía con los ojos—masculló, con una vaga idea de lo que podía llegar a significar esa frase.
—Si tú dices—sin dejar de reír le tendió una mano— Soy Draco ¿tú eres el hermano de Hermione y Astoria, verdad? ¿Eres Harry?— Harry asintió al tiempo que le estrechaba la mano—Oye—Draco le echó un vistazo a la barra antes de decidirse a sentarse frente al chico—¿Tu hermana Astoria, tiene algún problema o algo?
Harry también miró hacia la barra donde su falsa hermana reía muy divertida con las ocurrencias de un cliente.
—Ella es así—se apresuró a mentir. Lo cierto era que no tenía ni idea porqué Astoria se estaba comportando tan alegre y relajada. Era ilógico su comportamiento dado lo que era en realidad.
Draco miró a Astoria pensativo por un momento.
—Está bien, si tú dices—se puso de pie y se fue a seguir con su trabajo. Dejando a Harry con otra gran duda en la cabeza ¿Por qué Astoria se comportaba de aquella forma? ¿Era una actitud normal en los guerreros enviados a la tierra? Contempló a Hermione, que tomaba el pedido en una mesa cercana. Ella parecía ser la misma roca sin emociones que había crecido junto a él en el Inframundo. Su mandíbula estaba tensa, como si estuviera soportando algún tipo de dolor, y sus ojos estaban fijos en su libreta sin ni siquiera parpadear. ¿Por qué Hermione seguía comportándose como siempre y Astoria no? Mientras le daba más vueltas al asunto, otra persona se sentó frente a él, esta vez no era Draco, sino Nick, el cual traía una cara tan agria como la que había puesto al conocerlo
—Ginny tiene las hormonas alborotadas—bufó con fuerza el muchachito.
—¿Las qué? —se extrañó Harry.
—¿Qué cosa, dulzura?— Tabitha, una de las compañeras de Ginny, se paró a su lado con el ceño fruncido.
Harry tardó un segundo en recordar que Nick no era visible para los humanos.
—Nada, pensaba en voz alta—se apresuró a decir.
—Vale —aceptó la joven antes de regalarle una sonrisa coqueta —Ah por cierto, estás siendo demasiado obvio.
Harry arrugó el ceño al escuchar eso.
—¿Perdón?
Tabitha dejó su libreta de pedidos en el bolsillo del delantal antes de poner sus manos en las caderas, mientras le sonreía de una forma extraña.
—Con Ginny. Ella ya se dio cuenta que la miras todo el tiempo.
Harry tragó en seco. Vale, sabía que no debía importarle lo que pensara la camarera, ya que al fin y al cabo solo observaba a Ginny para asegurarse que estuviera bien. Tabitha no conocía lo importante que era para la seguridad de Ginny, el que Harry estuviera allí haciendo de guardaespaldas en cubierto.
Pero a pesar de aquello, no pudo controlar la quemazón que acababa de aparecer en su cuello y rostro, al tiempo que al fin comprendía completamente la frase humana "trágame tierra".
En el fondo sabía que estaba tomando su trabajo de una forma que jamás lo había hecho. No le resultaba molesto tener que mirar todo el rato a Ginny. Es más, había momentos en que hacía un esfuerzo para fijar su atención en la calle o en los clientes, pero al final, sus ojos se iban solos hacia donde fuera que se encontrara esa larga melena pelirroja atada en una alta coleta. ¡Por los dioses, podía pasar todo el día mirándola sin cansarse!... ¿Qué estaba mal en él?
—No se lo niegues—le aconsejó Nick sacándolo de golpe de sus pensamientos. Por un segundo lo miró de soslayo. El fantasma parecía haber olido el aliento de Cerbero, puesto que tenía una clara mueca de asco—Si se lo niegas, solo lograras que Taby piense que tiene razón.
—¿Me llenas la taza y me das otra porción de tarta de melaza, por favor?—le pidió Harry, evadiendo el asunto.
—Está bien, lo he entendido—le guiñó un ojo antes de servirle más café y hacer aparecer una rebanada de tarta en su plato.
.
—Bueno, con eso, le has asegurado a Taby que estás hasta los huesos por Ginny ¡Muy bien hecho, chico!
—¿Y que se supone que debía decirle? ¿"Oye humana, no me fastidies, estoy aquí para evitar que un psicópata secuestre a tu amiga y la use para destruir a los dioses y por ende también al mundo"? ¿Crees que eso hubiera servido o me hubiera mandado a un loquero? —murmuró al tiempo que fingía leer su libro.
—Olvídalo—bufó el fantasma— Entre Ginny queriendo leer tus pensamientos y tú que no sabes qué son las hormonas, no se cual de los dos está peor.
—¿Por qué Ginny quiere leer mis pensamientos?
—Ella no es tonta—rodó los ojos—Ya escuchaste a Taby, Ginny ya se dio cuenta que la miras a "escondidas". Por eso quiere sabes qué piensas sobre ella, se pregunta si estas interesado en ella como una chica.
—¿Cómo una chica? —el guerrero hizo un esfuerzo para no apartar sus ojos del libro mientras fruncía el ceño— Eso y lo de las hormonas me ha dejado seco. —admitió.
Nick negó con la cabeza, completamente superado con todo aquello. Hades debía darle un curso sobre socialización humana a sus guerreros antes de tirarlos de una patada a la tierra. ¿Acaso no se daba cuenta de lo perdidos que estaban sus sirvientes? ¿Qué sería de Harry y a las otras dos guerreras si no tuvieran a Luna y a él para explicarle cómo eran las cosas?
—Olvídate de las hormonas. A Ginny le gustas, es demasiado obvio, hasta tu debiste darte cuenta que se sonroja cada vez que sus miradas se encuentran. —Harry asintió apenas— Y lo peor es que tú no paras de alentarla con esas estúpidas miradas que le lanzas.
Harry no dijo nada mientras lo pensaba un momento. Las palabras de Nick le habían provocado una extraña sensación en el pecho. Era tan abrumadora que por un segundo no pudo respirar. ¿Qué era aquello? Se sentía mareado, y a la vez extrañamente feliz. ¿Eso era una reacción humana normal?
A diferencia del resto de los guerreros de Hades, él siempre había conservado gran parte de sus emociones. Pero al vivir toda su vida en el Inframundo, había aprendido a dominar esa parte de él. Sus emociones habían permanecido dormidas durante toda su infancia, y se habían espabilado un poco durante su pubertad, pero nada que él no hubiera logrado controlar a tiempo para evitar quedar al descubierto.
Pero ahora las cosas habían cambiado. Ya no estaba en los dominios de Hades, ahora era libre de dejar que sus emociones florecieran. Ya no había límites, no había ningún muro con el que pudiera darse de bruces si dejaba que su verdadero yo apareciera. Hades ya no tenía control sobre él. Aquel pensamiento lo tomó por sorpresa. ¿Era verdad? Llevó sus ojos hacia la puerta del bar. Podía marcharse cuando quisiera y el Hades de ahora, el cual era una piltrafa patética sin poder alguno, jamás podría hacer algo para detenerlo. Tomó aire de manera agitada, llamando de inmediato la atención de Nick. Podía hacerlo, podía marcharse sin mirar atrás, lo sabía, lo sentía... Podría saborear la libertad.
—¿Oye chico, te encuentras bien? —Nick se inclinó hacia delante, preocupado. Harry lo miró, y al hacerlo sintió un escalofrío recorrer su espalda. Los ojos de Nick eran del mismo color azul brillante que los de Albus; y no solamente eso, sino que también tenían la misma forma. Cuando se dio cuenta de ese detalle se sintió enfermo. Volteó a ver a Ginny, unas mesas más allá. Le importaba un bledo traicionar a Hades, pero no podía traicionar a Albus, ni tampoco a Perséfone.
Soltó el aire muy lentamente. ¿Esos eran los ataque juveniles de rebeldía que tanto mencionaba la madre de Perséfone? ¿Los humanos solían tener esos arranques? ¿De verdad deseaban mandar todo al averno y ya?
Con el corazón en un puño, intentó concentrarse en el libro que Criaturas Nocturnas que fingía leer. Tenía que controlar sus impulsos. Ahora sus emociones estaban palpitando en su interior, volviéndose cada vez más grandes y fuertes. Todos esos sentimientos dormidos ahora lo estaban aplastando. Era algo abrumador. Aterrador.
—Estoy bien. —susurró. Al mirar a Nick, supo que el fantasma no le creía ni media palabra.
.
.
—Draco... ¡Draco! —Tabitha agitó su mano frente al rostro del muchacho cuando este parecía estar perdido en su propio mundo— Draco te estoy hablando.
El rubio dio un respingo antes de apartar sus ojos de Harry. Tabitha también le echó un vistazo a la mesa que ocupaba el joven y no pudo evitar fruncir el ceño al mirar a Draco nuevamente.
—¡¿No me digas que ya que Ron no está aquí, estás ocupando su trabajo de guardabosques?!— soltó una risita— No te conocía esa veta de hermano sobreprotector.
Draco cerró los ojos, con una diminuta sonrisa en los labios.
—Nada de eso. Aunque ya tuve un par de palabras con él— Taby rió aún más.
—Te pareces a Ron.—dijo en tono juguetón.
—Ya—Draco volvió a mirar a Harry fijamente.
—¿Pasa algo malo?—preguntó Taby, dejando la broma de lado.—Estas muy serio.
—No es nada malo—la tranquilizó con rapidez, en voz baja—Pero hay algo en ese chico... Me resulta conocido, como si lo hubiera visto antes, pero no sé dónde.
—Es muy guapo.—la chica se mordió el labio mientras enredaba un dedo en su cabello, sin sacar sus ojos del moreno. Nada en su mirada oscurecida le decía a Draco que estaba pensando en cosas castas.
—Si tú dices—el joven perdió su lucha contra el impulso de rodar los ojos otra vez. Le caía bien Taby, no podía negar que se divertía con sus ocurrencias. Pero al final del día, ella seguía siendo tan profunda como un charco, y eso le irritaba. —Creo que no debo darle más vueltas al asunto. Tal vez me resulte conocido solo por ser primo de Luna ¿no?
—No lo creo—la camarera dejó de fantasear despierta para mirar otra vez a su jefe— ¿Lo has visto? Es todo lo opuesto a Luna. No tienen ni el más mínimo rasgo en común, ni él, ni sus hermanas. Es más, él no se parece en nada a sus hermanas.
—¿Y eso qué? Tú no te pareces en nada a tus hermanos.
—Si nos parecemos, tenemos pequeños rasgos en común—se cruzó de brazos.
—Si tú dices—repitió. Algo que había aprendido hacía años, era que no había que seguir insistiendo cuando Tabitha creía que tenía la razón. —Da igual, tengo trabajo en la oficina. Te veo luego.
Se encaminó hacia el despacho que había en la planta de arriba, no antes de darle un último vistazo a Harry. El muchacho seguía en su mesa sentado, con la mirada perdida en algún punto en el muro que tenía enfrente. Sin saber por qué, Draco pensó en su padrino Sirius.
.
.
Harry dejó de lado su libro antes de beberse lo que le quedaba de café. Hacía horas que estaba en esa mesa y ya comenzaba a sentir sus músculos agarrotados. Se desperezó un poco, logrando que algunos huesos de su espalda crujieran. Le echó una ojeada a su reloj, aún faltaban un par de horas para que el lugar cerrara, pero él no aguantaba ni un segundo más. Tenía que ponerse en movimiento, no estaba en su naturaleza permanecer mucho tiempo en el mismo lugar. Tal vez dar una vuelta a la manzana para asegurarse que todo estuviera en orden no fuera una mala idea. Metió su libro en la mochila antes de llamar a Tabitha para pedirle la cuenta, puesto que hacía rato que había perdido el número de tazas de café que había bebido. Sin duda esa cosa era adictiva.
—No señor, esta vez la casa invita—dijo la camarera, rechazando el dinero de Harry. El muchacho la miró sorprendido, así que ella se apresuró a explicarle— Ginny me contó cómo fue que ustedes se conocieron.
—¿Te contó sobre Zay?—preguntó boquiabiertas.
La chica asintió.
—Ella me pidió que no le contara Ron ni a Draco. Pero yo sé que si supieran lo que hiciste, no les molestaría invitarte al bar todos los días. Ginny es todo lo que le queda a Ron. Es su pequeña. —Lo pensó un segundo— Bueno, en realidad, es la pequeña de todos. No sabes lo agradecida que estoy contigo por haberla salvado, ella es como la hermanita que nunca tuve.
Sin previo aviso, y dejando a Harry completamente helado, Tabitha se inclinó sobre él y le dio un sonoro beso en la mejilla. ¿Aquello podía ser más raro? Harry lo dudaba mientras la veía alejarse para atender una mesa abarrotada de jóvenes brujas. Se refregó la mejilla que le había besado. Todo aquello lo hacía sentirse abochornado, y no sabía por qué.
Tratando de no pensar en nada más, se dirigió hacia la barra, donde estaba Astoria limpiando vasos con su varita. La joven le regaló una sonrisa radiante, haciendo que parara en seco con la boca ligeramente abierta. Había crecido con ella, pero era la primera vez que la veía sonreír de aquella forma. Sus dientes eran perfectos y sus ojos brillaban. Era un enorme cambio si se lo comparaba con su habitual semblante de "todo me da igual". Por primera vez, pensó en Astoria como una chica simpática.
—¿Te vas, Harry?—le preguntó con un tono muy jovial, nada común en ella.
—No exactamente. Voy a estirar las piernas un poco, le daré un vistazo a la zona para asegurarme que todo esté en orden...—la voz de Harry se perdió poco a poco, mientras una sensación inusual le recorría el cuerpo, desde la planta de los pies hasta la cabeza.
—Maldad—Astoria perdió toda luz en sus ojos mientras se inclinaba hacia delante, como si Harry le estuviera diciendo algo en voz muy baja. EL guerrero ladeó la cabeza mientras recorría el bar con la mirada, deteniéndose a ver a cada uno de los magos y brujas que había allí.
Algo que había aprendido en casi veinte años de incesante entrenamiento, era a reconocer cuando el peligro estaba cerca. Al igual que le había pasado la noche anterior al encontrarse con Zay, sintió como cada uno de sus sentidos ponerse alerta. Todavía no había reconocido a su enemigo, pero ya todo su cuerpo estaba listo para la batalla.
Astoria sujetó la manga de la chaqueta de Harry para llamar su atención de manera disimulada. El muchacho la observó sin mucho interés antes de percatarse que su compañera miraba hacia la puerta de doble hoja del bar. Seis hombres y dos mujeres, entraron al lugar con un caminar lento, mientras miraban a su alrededor de manera calculadora, buscando algo o a alguien. De estatura media, menudos y de cabello caoba muy corto. Las dos mujeres que encabezaban la marcha se pararon en medio del lugar, ladeando la cabeza y olfateando con fuerza, como un sabueso detectando el aroma que buscaba. Los ojos amarillos de las dos se clavaron en Harry y Astoria, entornándose en el acto.
De inmediato los hombres se esparcieron por el lugar, mezclándose con los clientes y rodeando a los dos guerreros sin que nadie más se percatara.
Harry no tuvo que hacer un gran esfuerzo para reconocer a aquellos seres. Había peleado tantas veces con ellos durante sus años de entrenamiento, que cuando el sutil olor a azufre llegó a él, simplemente fue una confirmación a lo que ya sabía. Una sonrisa petulante apareció en su rostro. ¿Eso era lo que enviaba Calixto para vencerlos? ¿Acaso había perdido la cabeza al abandonar el Inframundo? Aunque tenía que darle un punto por la estrategia. Enviarlos mientras el bar estaba abarrotado de humanos era un movimiento tan inteligente como estúpido. Había reglas que no debían romperse ni siquiera durante la guerra: una de ellas era mantener a toda costa el secreto de la existencia del Gran Panteón. Hasta Calixto, el rey de los traidores, conocía esa regla esencial y las consecuencias de romperla.
Miró de reojo la puerta que daba a la trastienda. Ginny estaba segura allí junto a Hermione. Mientras tanto, los humanos que bebían y charlaban a su alrededor estaban a punto de quedar atrapados en un fuego cruzado por una razón tan vieja como la injusticia misma. Sin apartar los ojos de las mujeres, metió la mano en el bolsillo de su pantalón para tomar la espada que había miniaturizado para poder ocultarla con mayor facilidad.
—No podemos atacar— señaló Astoria, inclinándose sobre la barra para sujetarlo del brazo. —Hay demasiados humanos.
—Ginny es nuestra prioridad, no ellos—gruñó.
—Sí, pero si alguien resulta herido, ella hará preguntas. Preguntas que no podemos contestar sin revelar su verdadera identidad.
Harry quitó la mano del bolsillo a regañadientes. Astoria tenía razón, y eso le sorprendió nuevamente. Astoria estaba poniendo sobre la balanza los pro y los contra de comenzar una pelea allí. Antes, él era quien siempre trataba de analizar la situación para intentar minimizar las víctimas inocentes. ¿Qué le ocurría? Desde que tenía uso de razón había escuchado las palabras de Albus. "El fin no justifica los medios". ¿Por qué ahora nada de eso le importaba? ¿Estaba siendo corrompido por los humanos? Era muy posible, al fin y al cabo, ellos tenían facilidad para ignorar los métodos cuando su fin estaba justificado.
Vio como Tabitha se acercaba a las mujeres para ofrecerles una mesa, ellas ni siquiera le prestaron atención.
Nick apareció a su lado mirando a los recién llegados.
—No son humanos—dijo—puedo sentirlos.
—Lo sabemos—Harry pudo ver por el rabillo del ojo como Ginny salía de la trastienda junto a Hermione. Esta última lo miró fijamente antes de clavar los ojos en los seres que lo rodeaban.
De pocas cosas Harry estaba completamente seguro. Y una de ellas era que a Hermione no le temblaría la mano al degollar a su enemigo en un bar lleno de testigos. Con un nudo en el estómago miró a Ginny. Ella le sonrió, ignorando el peligro que la rodeaba.
—¿Qué vamos a hacer?—le interrogó Nick en voz muy baja.
—No podemos atacar frente a los mortales. Y ellos tampoco.
—¿Entonces?
—No lo sé, no podemos quedarnos al descubierto.
—Podemos hacer un embrujo desmemorizante masivo—Apuntó Nick.
—No podemos hacérselo a Ginny, ella es inmune a ese tipo de magia—Murmuró Astoria— Hará preguntas, y si descubre su verdadera identidad estará en mucho más peligro que ahora.
—Solo si sus poderes se desbloquean—insistió Nick, comenzando a enojarse.
—No correré el riesgo—le atajó Harry con voz autoritaria. Ginny guardaba mucho poder en su interior, y si se veía a sí misma en un peligro mortal, esos poderes podían liberarse, lo que equivaldría a un peligro mayor que el que les representaba Calixto.
Nick se mordió la lengua, mientras miraba a las mujeres con los ojos entornados. Ellas los observaban, esperando el momento de abalanzarse.
—Hay que sacarlos de aquí.
—Sería más fácil acarrear sapos—se mofó Astoria —Estas cosas solo viven para matar, no se irán de ninguna manera. Y menos de un lugar como este, no solo tienen a las personas que obviamente les han ordenado que eliminen, sino que también están rodeados de alimento. Mezclar trabajo con placer, ese es su estilo.
Nick parecía apunto de vomitar, si fuera posible.
—¿Comen humanos?—su voz sonó terriblemente chillona.
—Comen cualquier cosa que tenga un corazón que puedan parar—dijo con simpleza Harry, logrando que Nick se viera más enfermo, mientras miraba a Ginny con ansiedad.
—No dejaremos que la lastimen—le aseguró Astoria son voz segura. Harry la miró con una ceja alzada; primero no dejaba de reír, luego lo trataba con simpatía y ahora le daba apoyo y ánimos al fantasma... aquella chica comenzaba a asustarlo de verdad.
—Lo sé—Nick le sonrió de forma forzada antes de desvanecerse. Harry miró el lugar donde segundos antes había estado el chico ¿a dónde diablos se había ido?
—¿Ya te marchas?—Ginny se acercó, con su libreta para anotar los pedidos retorciéndola entre sus dedos. La chica lo miró con las mejillas manchadas con un suave color rosa. Harry sintió cómo su estómago se agitaba de una forma extraña cuando percibió el perfume de flores que ella llevaba. Era un cambio agradable después de soportar el hedor a azufre que solo Astoria, Hermione y él podían percibir.
—No, todavía no—Por el rabillo del ojo pudo localizar a uno de los hombres que se había movido hacia ellos, al ver o tal vez oler, a Ginny. Harry gruñó. Así que esa era la verdadera razón por la que todavía no habían atacado. La estaba esperando a ella. Sin saber muy bien porqué, Harry sintió como su sangre comenzaba a hervir. Por primera vez en su vida sentía verdadero desprecio por aquellas cosas. No tenía ningún problema con que se metieran con él, que lo golpearan. Pero Ginny Weasley era harina de otro costal. No iba a permitir que nadie le pusiera un dedo, garra o colmillo encima.
Un grito al fondo del local puso en alerta a todos. Actuando casi por reflejo, Harry tomó el brazo de Ginny y la obligó a situarse entre la barra y él. Aquella acción no le gustó ni un gramo a la pelirroja, la cual trató de deshacerse de su escudo humano. Pero Harry le dio la espalda, poniéndose firme entre ella y lo que fuera que provocaba aquel escándalo.
—¿Pero qué diablos...? —su voz se perdió entre tanto griterío cuando pudo ver la razón de tanta agitación. Por encima del hombro de Harry llegó a ver a una extraña criatura. Era pequeña, no más de un metro cincuenta, con la piel agrietada de un raro color ceniza y cabello negro muy largo y sucio. Ginny jadeó. Por un momento recordó a Zay, ya que aquella bestia también se veía feroz mostrando los largos dientes manchados de sangre.
Ojos de un amarillo fosforescente y manos con largas garras negras. Eso bastaba para hacer retroceder a más de un mago valiente que a duras penas había logrado sacar la varita. Pero aquella bestia podía ser aún más aterradora, y Ginny lo comprobó cuando soltó un gruñido feroz al tiempo que desplegaba un par de alas de murciélago enormes. Al igual que Zay, tenía el cuerpo lleno de cicatrices de luchas pasadas.
Ahogando un grito, se apresuró a meter su mano en el bolsillo del delantal. No había llegado siquiera a rozar el mango de su varita cuando, en un destello de luz azulada, aparecieron Luna y Nick. Dándole la espalda, su amiga rubia levantó lo que parecía un bastón coronado por una irregular piedra blanca. La piedra comenzó a brillar hasta que iluminó el bar entero, dejando a todos momentáneamente cegados.
Cuando la luz perdió su fuerza, Ginny no dio crédito a lo que veía. Cada uno de los clientes estaban congelados, en su sitio, como si el tiempo se hubiera detenido y solo ella pudiera notarlo. Tabitha se encontraba a unos metros de donde ella estaba, completamente petrificada, con la bandeja que había estado llevando segundos antes, a medio camino de tocar el suelo. Era como ver la escena en pausa de una película muggle.
—¡¿Qué es todo esto?!—Su voz sonó increíblemente aguda, captando de inmediato la atención del pequeño grupo que, al igual que ella, no estaban congelados. Luna volteó a verla. Ginny se apretó contra la barra al encontrarse con la mirada de su amiga. Ya no eran los ojos grises soñadores que siempre la miraban con dulzura. No. Ahora eran amarillos, oscurecidos por una rabia que nunca hubiera creído ver en ella ni en sus más retorcidas pesadillas. Antes de que pudiera decir nada, una mano la tomó de sorpresa, posándose sobre su frente. Un escalofrió le recorrió el cuerpo antes de precipitares a un agujero negro.
.
Nick jadeó cuando vio a Ginny caer inconsciente en brazos de Harry.
—¿Qué le has hecho?—bramó con los ojos muy abiertos.
—Solo está desmayada—lo tranquilizó Harry antes de girarse para ver a Luna. —Cuídala, nosotros nos encargamos ahora.
Puso a Ginny en brazos de Luna antes de sacar su espada del bolsillo y darse vuelta para enfrentar a los demonios que ya habían dejado atrás sus disfraces humanos y ahora eran una nube de alas y garras que se abalanzaban hacia ellos.
Hermione fue la primera en dar el primer golpe. Arrancándole la cabeza a uno con la espada que acababa de hacer aparecer. Astoria saltó por encima de la barra con largas cuchillas en las manos. Luna y Nick se apresuraron a llevar a Ginny al otro lado de la barra, para mantenerla lo más alejada del campo visual de los demonios.
Las dos hembras demonio se lanzaron sobre Harry a la vez. De una patada logró alejar a una, pero no fue suficientemente rápido como para poder deshacerse de la otra, la cual, sin perder tiempo, le clavó los largos dientes en punta en el hombro. Soltando un gruñido, le clavó la espada en la garganta. La demonio dio un paso atrás con los manos en el cuello al tiempo que escupía un líquido negro aguado, que olía horrible. Sin tener la menor compasión –y con el hombro ardiendo por la mordedura- terminó con ella arrancándole la cabeza con un movimiento limpio, digno del mejor Guerrero de Hades.
Recuperando el aliento mientras intentaba ignorar el dolor, Harry vio como Astoria, al otro lado de la habitación, acababa con dos demonios adultos que eran del doble de su tamaño.
—¡Harry, cuidado!
El guerrero no necesitó del grito de advertencia de Nick para darse cuenta que iba a ser atacado por dos de los demonios machos y la demonio que quedaba, la cual parecía ser más joven que la que acababa de matar.
"Corta la cabeza y el cuerpo morirá solo"
La voz de Hades resonó en su cabeza como un recuerdo de sus horas de entrenamiento. Aquella especie de demonio se movía en manada, y cuando se mataba a sus líderes, o sea a las hembras, el resto del grupo era fácil de exterminar.
—Hermione, échame una mano aquí—gritó. La chica acabó de una sola estocada al demonio con el que combatía antes de apresurarse hacia ellos y sacarle de encima a los dos demonios para que él tuviera vía libre para ir tras la hembra, la cual estaba muy cabreada por la muerte de su compañera.
La demonio se lanzó por su cuello, pero Harry la alejó de una patada, haciéndola chocar contra una mesa que hizo pedazos bajo su peso.
—Te envió Calix ¿verdad?—la sujetó del cuello para obligarla a que lo mirara. Cuando sus ojos se encontraron, ella le mostró los colmillos.
—Él tiene el poder ahora, Guerrero. Tu amo se debilita mientras el mío se hace más fuerte. Todos ustedes morirán antes del solsticio de invierno.
—Lo que tu digas—resopló, asqueado—Será una verdadera pena que no estés aquí cuando el momento llegue y yo le rebane el pescuezo a ese intento de villano que tienes por amo.
—Tú no podrás controlarla eternamente—chilló cuando lo vio levantar su espada— Está en su sangre, ella es lo que es, al igual que tu. Ginevra irá por su propio pie hacia donde está Calixto. Así está escrito. Ella es destrucción, no puedes pelear contra su naturaleza.
Sin mover el más mínimo músculo de su rostro, decapitó al demonio y vio como se hacía polvo sobre la mesa destartalada. Aunque odiara admitirlo, ella tenía razón. Ginny había sido creada para ser la herramienta que, en manos incorrectas, destruiría el mundo conocido. Y de poco servirían los interminables esfuerzos de Luna para mantenerla en el lado de la luz. Un día de estos, Ginny descubriría lo que era ¡Y ay de los dioses cuando eso ocurriera!
Con un sabor amargo en la boca, se volvió para ver cómo iban sus compañeras. Solo quedaba un demonio, y este estaba en el suelo con las espadas de Hermione en el cuello, como una gigantesca tijera que amenazaba con separarle la cabeza del resto del cuerpo de un momento a otro.
En comparación con los otros, este demonio era solo un niño que no llegaba a cumplir el medio siglo.
—¡¿Qué?! ¡¿Acaso no me van a matar, asquerosos asesinos?!—bramó, haciendo relucir un coraje que no llegaba a sus grandes y aterrorizados ojos amarillos.
—Estas de suerte—una sonrisa ladina apareció en el rostro pálido de Hermione al tiempo que se inclinaba un poco sobre él—Hoy no morirás. Necesitamos un poco de tu cooperación.
—¡Entonces mátenme!—le escupió el demonio— Ese maldito de allí acaba de matar a mi madre y a mi hermana. ¡Jamás ayudare a los de su calaña! ¡Primero la muerte!
Harry bufó apretando los puños. El mordisco del demonio le ardía demasiado. Aunque hubiera sido letal para un humano normal, a él solo le provocaba ardor y un insoportable dolor de cabeza. ¡Por los dioses! Estaba haciendo un esfuerzo muy grande para no patearle la cabeza al demonio y así lograr que dejara de gritar de una vez por todas.
—No nos culpes a nosotros por las estupideces de tu manada, chico—le cortó masajeándose la sien con la mano libre. —Los tuyos cavaron su propia tumba al venderse a Calixto.
El demonio se agitó indignado, mostrándole los colmillos de la misma forma que lo había hecho su hermana. Hermione le plantó su pie embotado sobre el pecho, inmovilizándolo aun más.
—¡Malditos! ¡Ustedes verán lo más profundo de los dominios de Lucifer por lo que hicieron esta noche! ¡Lo juro! ¡Ningún demonio muere en vano, y menos en manos de unos perros como ustedes!
—¡Cállate!
Luna salió de detrás de la barra con los ojos fijos en el demonio.
—¡Mestiza!—Soltó el ser como el peor de los insultos.
—Mestiza o no, sabes que puedo hacerte pedazos a ti o a cualquiera de los tuyos—dijo con voz filosa— Y eso mismo es lo que le dirás a tu amo esta noche. Le dirás a Calixto que no solo los Guerreros de Hades protegen a Ginevra. Y que si se mete con ella, se mete conmigo. Y que a menos que quiera que caiga sobre él la cólera de mi madre, le recomiendo que comience a cambiar sus planes. ¿Has comprendido?
El demonio la miró furiosa, apretando los labios.
—La semidiosa te ha hecho un pregunta ¡Contesta!—Hermane apoyó un poco más de su peso sobre el pie que tenía sobre el demonio.
—Vale, lo he cazado. La Séptima está bajo la protección de los dioses. Si la tocan, arderá Troya, otra vez. —Resumió de mala gana.
Luna asintió antes de hacerle una señal a Hermione para que lo soltara. Poniéndose de pie de un salto y replegando las alas, el demonio se desvaneció en el aire.
—Wow, eso sí estuvo bien loco—Silbó Nick, asomando la cabeza por encima de la barra—Para la próxima batalla no me inviten. En serio, no me enojaré en lo más mínimo.
—Esto no fue una batalla, Nick—Le dijo Harry, al tiempo que hacía que su espada quedara del tamaño de un abrecartas antes de guardarla en el bolsillo del pantalón.—Eran Perros del Infierno, nadie que quiera ganar de verdad una pelea manda a esas cosas.
—Evidentemente querían medir nuestras fuerzas—Razonó Astoria.
—Exacto...
—¿Perros del Infierno? Creí que esos trabajaban para Lucifer.— frunció el ceño Nick.
Harry negó con la cabeza.
—Son demonios de caza, su lealtad es muy voluble. Ellos trabajan para el mejor postor.
—Eso no me suena nada bien. Si esas cosas trabajan para Calixto...
—No tienes de qué preocuparte Nick—le aseguró Harry— seguramente este era el único clan que trabajaba para él, y sólo los envió para saber cuánto poder tenemos de nuestro lado.
—Eso cuadra. Nos atacó en un lugar público, nos puso entre la espada y la pared, y esperó a ver cómo nos las arreglábamos.
—Entonces, si estaban midiendo nuestras fuerzas...—Luna se mostró pensativa por un momento — Entonces decirle que estaba de vuestra parte no fue la cosa más brillante. —parecía horrorizada.
—Da igual. Aunque dudo que saber que estás aquí cambie las cosas. Tal vez, Calixto irá con más cuidado de ahora en adelante, pero nada más.
—Vale—No muy convencida, la rubia sacó la varita mientras miraba a su alrededor. El bar no había sufrido grandes daños, había un par de mesas rotas, unos cuantos vasos y botellas quebradas y un par de lámparas caídas. Suspiró largamente ¡Cómo odiaba las peleas! Trató de ver el lado positivo. Al menos no hubo heridos. Al pensar en eso, volvió la mirada hacia Harry, el cual se miraba la herida que tenía en el hombro con asco.
—Déjame que te ayude con eso—posó la punta de la varita en la mordedura, y de inmediato esta comenzó a soltar un suave humillo color verde. En menos de un minuto la herida desapareció y solo quedó un círculo de piel lisa de un suave color rosa. El guerrero la miró agradecido. —Ustedes arreglen el lugar, yo me encargare de limpiar cualquier recuerdo sobre los perros.
Trabajando rápido y en silencio, y en pocos minutos el lugar recuperó su aspecto hogareño, y ellos volvieron a lucir ropa limpia y sin rasgaduras. Con un último movimiento de varita, Luna borró los últimos recuerdos de Tabitha y arregló la bandeja a medio caer que había estado llevando.
.
—¿Qué hacemos con Ginny?—Nick había regresado junto a su amiga.
—No despertara hasta que yo le quite el encantamiento que le lance—le explicó Harry acercándose también.
—De acuerdo, pero eso hay que hacerlo después que yo revierte mi hechizo del tiempo—Luna se arrodilló junto a su amiga.
—Pero ella vio demasiado antes de desmayarse—intervino Nick.
—¿Y qué quieres que haga, chico?—aunque la jaqueca se había ido junto a la mordedura sanada, Harry sentía que podía volver de un momento a otro si Nick ponía en voz alta cada una de sus preocupaciones.—Si Ginny vio de más, no podemos borrar los recuerdos. Lo único que nos queda es negarlo todo.
—Va a pensar que está loca.
—Nick, en estos momentos es mejor que crea eso a que sepa la verdad.—decretó Harry con voz áspera, zanjando el tema allí mismo.
Nick y Luna se hicieron a un lado cuando Harry tomó en brazos a Ginny y la llevó hacia el lugar exacto en que había estado antes que todo aquel lío comenzará.
—Luna, tu disuelve el encantamiento y vete, por favor, yo me encargo del resto—posó los pies de Ginny sobre el piso, tratando que estuviera lo más horizontal posible mientras hacía que todo su peso descansara sobre él. —Chicas, ustedes tomen sus puestos—les ordenó a Astoria y a Hermione.
Cuando todos estuvieron en el lugar en que habían estado antes de que comenzara el congelamiento, Luna levantó nuevamente su báculo y una segunda luz blanca lo iluminó todo, presidida casi de inmediato por otro destello azul que anunciaba la partida de la semidiosa.
Los sonidos regresaron cuando las personas petrificadas volvieron a lo que hacían minutos antes, como si nada hubiera perturbado su paz.
.
Harry tomó aire antes de comenzar con una actuación en la que debía verse tan sorprendido como preocupado. Con rapidez dejó que Ginny cayera sobre él, directo a sus brazos.
—¡Ayuda por favor!—dijo con voz potente.
Más de un cliente recurrente se acercó preocupado al ver a Ginny inconsciente. Tabitha dejó lo que estaba haciendo y corrió hacia ellos con el rostro pálido.
—¿Qué ha pasado?—su voz sonaba insoportablemente aguda.
—No lo sé, todo estaba bien y de pronto se desmayó.
.
.
—La joven Ginevra no se ha creído lo del desmayo ¿verdad?
Albus, elegante como solo él podía verse con una larga túnica morada, se sentó en una banca frente a una fuente de angelitos casi congelada en el medio de un parque inexplicablemente vacío. Harry se sentó a su lado con las manos en los bolsillos para protegerlas del frío de diciembre. Una nube de vaho se esparció en el aire cuando Harry soltó un largo y profundo suspiro. Aún no podía creer que el invierno siempre había sido su estación favorita cuando vivía en el Inframundo.
—Astoria hizo todo lo que estaba a su alcance para convencerla de que había sufrido un ataque a causa del estrés que le había provocado su enfrentamiento con Zay la otra noche. Pero ella no se lo ha creído, lo sé, aunque asegura que así fue.
—Es normal.—le aseguró el anciano— Al final del día ella sigue siendo una Weasley. Suspicaz y muy inteligente por naturaleza.
Harry asintió con los ojos fijos en la nieve. Tenía muchas preguntas que hacerle a su anciano mentor, pero la verdad no sabía por dónde empezar. Tenía muchas dudas sobre la misión y otras tantas sobre su estadía en la tierra, y estas últimas eran un tanto embarazosas.
—Vamos, estamos aquí sentados congelándonos, has que al menos valga la pena. Vamos Harry ¿Qué es lo que siempre te he dicho?
—El tonto es el que no pregunta.—respondió en voz muy baja.
—Entonces, siéntete privilegiado y descarga todas tus dudas, te prometo que contentare todas— Harry enrojeció bajo su bufanda ante la perspectiva de contarle acerca de todas sus dudas. Adoraba a aquel hombre, era más que solo su mentón. Pero había temas que jamás habían tocado, y él no iba hacer nada para llegar a una conversación de aquel tipo.
—Estoy preocupado por Astoria— comenzó a decir mientras veía a su maestro desenvolver un caramelo de limón. — La he estado observando y se comporta de una forma extraña.
Ese no era su gran problema, pero prefería mantener la conversación lo más alejada de sus propios asuntos.
—¿Extraña en qué sentido?
—Parece como si tuviera emociones. A veces parece tener más alma que yo. Sé que es imposible, pero la otra noche había una mujer en el bar, estaba muy deprimida, y cuando Astoria fue a tomar su pedido casi cayó de rodillas llorando.
—Interesante...
—¿Interesante? Por el búho de Atenea ¿alguna vez había escuchado de un Guerrero de Hades llorando? —El moreno no podía creer tanta tranquilidad de parte de Albus.
—Oh Harry, a veces parece que te olvidas lo viejo que soy—le sonrió— He vivido mucho y he vista tantas cosas... El comportamiento de Astoria no es tan raro como tu crees, lo he visto muchas veces en los Guerreros que son enviados a la tierra.
—¿De verdad?
—Pues claro. Los Guerreros llevan en su interior una especie hueco vacío donde deberían estar sus sentimientos. Los humanos derrochan todo tipo de emociones, así que cuando los guerreros entran en contacto con los humanos, ese espacio vacío comienza a llenarse con "emociones de segunda mano" ¿Entiendes? Es como si los sentimientos fueran contagiosos y a Astoria le faltara la vacuna.
—Vale—lo pensó un momento— Pero a Hermione eso no le pasa... ella sigue siendo la misma perra insoportable de siempre.
Albus lo miró por un momento de forma desaprobatoria ante el lenguaje que usaba.
—A Hermione no le ocurre lo mismo porque su "Personalidad Base" no se lo permite.
—¿Personalidad base?—frunció el ceño.
—Claro, cuando un alma es sacada del cuerpo, no es extirpada totalmente.
—¿A no?
—Pues no, queda una pequeñísima parte. Una pizca que le sirve al resto del alma a reconocer a su cuerpo de origen cuando el Guerrero es liberado y recupera su alma. Esa pequeña esencia que queda en el cuerpo se le llama Personalidad, y sale a relucir con más fuerza cuando se está en contacto continuo con emociones humanas. — Explicó el anciano— Por lo visto si Astoria tuviera alma, sería una persona alegre y despreocupada y tal vez también tendría una gran capacidad para sentir empatía por los demás. Por eso su cuerpo se llena de las emociones de los humanos que la rodean con tanta facilidad. Su Personalidad no sabe luchar contra los sentimientos, está hecha para disfrutar de ellos.
—¿Y Hermione?
—Bueno, Hermione es una persona increíblemente controlada. Tiene una misión, y no aceptará distracción alguna hasta que cumpla su cometido.
—O sea que, con alma o sin ella, Hermione sigue siendo una pesada insoportable.
—No seas así Harry—le reprendió pacientemente su maestro— Un día de estos conocerás a la verdadera Hermione, y te sentirás muy mal por pensar así de ella.
El joven tuvo que morderse la lengua para no soltar un "lo dudo mucho" bastante mal educado.
—Tengo una duda sobre la semidiosa—cambió de tema para no entrar en discusiones— No entiendo porque no le dice a Ginny que...
—¿Qué puede ver a Nick? ¿O por qué no le dice sobre su origen?—Harry asintió— Pues por la misma razón por la que tú y tus compañeras se hacen pasar por primos de Luna. Ginny tiene una protección adicional al no saber la verdad. Triste pero real. La ignorancia la protege. Entre más lejos de los problemas de los dioses este, más feliz y segura estará.
Harry no discutió esa idea. Cada vez que un dios se metía en la vida de alguien, todo iba de mal a peor. Él y los miles de Guerreros de Hades eran un claro ejemplo. La vida sería mucho más fácil si no hubiera un Panteón lleno de cretinos egocéntricos que solo sabían poner la lupa sobre las hormigas.
—¿Qué tal si me preguntas lo que de verdad quieres saber? Prometo no reírme.
Harry se ahogó con su propia saliva al oír aquello. Miró al anciano mientras tosía, este le sonrió de forma amigable y con un destello de diversión en sus ojos azules. Odiaba cuando Albus hacía eso.
—No es algo importante—masculló sin mirarlo.
—Cualquier cosa que te preocupe a ti es de gran importancia para mí— aseguró— Así que dime ¿Cuál es el problema con Ginevra?
Sintió su rostro y cuello arder bajo la lana de su ropa de invierno. Ni siquiera entendía porque todo aquello le provocaba tal bochorno, pero simplemente era una reacción que no podía controlar. Era mencionar a Ginny, y él comenzaba a sentir como sus manos sudaban y su estómago se agitaba. Era algo casi incontrolable.
—No es un problema, creo—murmuró— simplemente no sé cómo comportarme con ella.
—¿A qué te refieres?—su voz comenzó a sonar jovial y divertida.
—A que cuando ella me habla digo demasiadas incoherencias.—sintió como se hacía cada vez más pequeño en la banca—Es como si me olvidara de todos los temas interesantes que conozco y solo puedo decir tonterías como que hace frío o que parece que lloverá. Es algo lamentable, lo sé, pero es que cada vez que se para frente a mí, simplemente...
—¿Simplemente...?
Siempre se había sentido orgulloso de los sentimientos que podía sentir, pero en aquel momento, mientras su cara quemaba, comenzaba a tenerle odio a una emoción en particular: la vergüenza.
—Simplemente no puedo pensar y solo me dedico a mirarla.—apretó los labios, tratando de no decir nada más mientras Albus reía suavemente.— Dijo que no se reiría.
—Lo siento muchacho, pero tu cara no tiene precio. Parece que vas a prenderte fuego de un momento a otro.
—Me alegro que a usted le divierta, señor. Yo sigo aquí sin saber que hacer—soltó con mucha amargura. —¿A todos los guerreros les pasa? ¿Es normal?
—Ay niño, tu eres especial y lo sabes. No hay Guerreros como tu...
—Entonces usted no...
—Pero no te preocupes, creo saber qué es lo que pasa contigo. Es algo que les ocurre mucho a los humanos. —Harry lo miró esperanzado, si aquello tenía algún antídoto, él estaría feliz de tomarlo.
—¿Qué cosa es? ¿Una enfermedad?
Albus soltó una carcajada.
—No Harry, no es ninguna enfermedad, simplemente te gusta esa chica.—un pequeño brillo de triunfo aparecía en los ojos azules del hombre.
—¿Gustar?—frunció el ceño con profundidad— ¿Cómo me gusta la tarta de melaza?— No sabía porqué, pero por primera vez en la vida pensaba que su maestro estaba equivocado. No creía posible que el término "gustar" fuera el que Albus estaba buscando en ese momento. ¿Podía gustarle Ginny? A él le gustaba el chocolate y le encantaba devorar una tableta antes de irse a dormir... pero a Ginny no la quería devorar... ¿o sí?
Se pasó la mano por su cabello alborotado. Todo aquello lo había dejado demasiado confundido. El mundo de los humanos era tan complicado.
—Tú solo encárgate de protegerla, Harry, y no te preocupes por lo demás, lo que ha de venir, vendrá. Tu solo mantente firme y abraza con todas tus fuerzas lo que eres ahora.
Al escuchar esa última frase, Harry recordó lo que la demonio le había dicho unas noches atrás, y sintió algo frío y desagradable en la boca del estómago. Tembló, pero poco tenía que ver con el frío de aquel día. Abrazarse con fuerza a lo que eres. El problema radicaba en que quien era en ese momento, no podía ni imaginarse levantando un dedo contra Ginny. La simple idea lo asqueaba. Pero si el momento llegaba, tendría que hacerlo. Tendría que destruirla antes que Calixto la usara a favor de sus oscuros propósitos.
—Una de las hembras de la manada de perros del infierno me dijo algo— miró al anciano con cautela, listo para notar cualquier cambio en su rostro lleno de arrugas—Dijo que Ginny se reuniría con Calixto. Dijo que estaba escrito.
Albus lo miró impasible.
—Nada está escrito, mi querido muchacho, excepto tal vez el desenlace, pero hasta el carece del donde y cuando.
—Pero...
—Hazme un favor Harry—dijo en voz baja, su rostro parecía repentinamente cansado— No subestimes a Ginevra. Nadie sabe cuánta fuerza guardamos hasta que se nos pone a prueba. Ten fe.
Harry no dijo nada. Quería tener fe. Quería poder cerrar los ojos y pensar que todo saldría bien al final. Pero una pregunta le hacía picar la lengua. Una pregunta que temía hacer en voz alta porque le tenía terror a la respuesta. No podía tener fe cuando en lo más profundo de su ser conocía la respuesta que no quería oír, y mucho menos de boca de su mentor.
¿Qué pasaría con Ginny si el lado oscuro que había dentro de ella ganaba?
.
.
*1 Cerbero: Perro de tres cabezas que custodia la entrada al inframundo.
.
Lo sé, estoy para que me aten y me quemen x_x les prometí un capítulo por semana, pero digamos que las cosas no salieron como yo esperaba (para variar un poco) falta de inspiración, internet y demás hicieron que me atrasara bastante. De verdad lo siento, y espero poder recompensarlos muy pronto!
Bueno, espero que les haya gustado el capítulo, si no entendieron algo avisen, si? ya que hasta yo me he mareado un poco mientras escribía.
Muchas gracias por sus comentarios, como siempre digo, agradezco mucho el apoyo que me dan para seguir con esta historia :D
Bueno, espero no tardar tanto con la próxima actualización! ;D Besos grandes!
Elly
