*clava la bandera blanca y comienza a sacar las telarañas y el polvo*
Si lo sé. Tarde muuuucho ufff Nos vemos abajo.
La propuesta.
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Ginny frunció el ceño al verse a sí misma en aquella sala de pisos de roca y paredes de tierra, húmeda e irregular. Las últimas seis semanas había tenido un repetitivo sueño en el que se encontraba a las orillas del riachuelo que cruzaba los terrenos cercanos a la casa en la que había vivido de pequeña. Pero aquella noche era diferente. Lejos habían quedado el día de verano, el agua cristalina y las mariposas que volaban a su alrededor. No. Esta vez estaba en ese lugar frío y desconocido, mirándose a sí misma parada en medio de aquel lugar, con una larga túnica blanca. Parecía encontrarse en una especie de caverna circular, cuyo techo alto y abovedado tenía un boquete inconcebible por el cual se escurría un grueso rayo de luz pálida, que la iluminaba apenas a ella y a una roca de tamaño considerable que había en el centro del extraño lugar. Tardó unos segundos en darse cuenta que aquello no era una ordinaria piedra grande y negra. Tenía una forma rectangular bien definida y con extrañas formas esculpidas. Imágenes interminables de rostros sin ojos que estaban congelados en un grito mudo. No quiso acercarse. Inexplicablemente sabía que aquella cosa era un cofre y el instinto le decía que era mejor alejarse.
Era, sin duda, el lugar más extraño que había visto en su vida.
Permaneció inmóvil mientras se veía a sí misma, con la mirada brillante de curiosidad, acercándose al cobre de piedra y tocando el pesado candado que lo mantenía cerrado, aunque la tapa parecía tan maciza que era imaginable la idea de que se levantara sin magia.
La Ginny ante ella pasó las yemas de los dedos por los rostros tallados, con los ojos brillosos, estudiando cada detalle. Le resultaba tan raro verse a sí misma en ese lugar.
El sonido del metal arrastrándose por la roca acabó con el silencio y la Ginny junto al cofre llevó su mirada alarmada hacia donde estaba la Ginny observadora. Sus miradas se encontraron y la Ginny de túnica blanca adquirió una mueca de miedo y sorpresa al tiempo que caminaba hacia atrás. Ginny volteó para ver lo que tanto la espetaba. Estaba parada junto al umbral de la única salida de aquella sala. Por el largo pasillo iluminado por antorchas alimentadas por un débil fuego azul, se acercaba alguien. Pisando fuerte, una silueta alta y encapuchada se acercaba con prisa. Ginny se hizo a un lado tratando de ocultarse de esa sombra, el corazón le latía a mil por hora y sentía que se le iba a escapar del pecho de un momento a otro. Conocía esa sensación de pánico, esa alarma que le decía que tenía que alejarse de aquella persona si quería seguir con vida. Quería sacar la varita, pero ni siquiera sabía dónde estaban sus manos. Los pasos retumbaban en el largo pasillo con tanta fuerza que parecía sonar dentro de su cabeza. Se acercaba. Había que correr. ¿Pero a donde? Intentó gritar... Y lo hizo. Gritó con tanta fuerza que despertó a todas las personas que dormían en ese momento en su casa.
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Ginny despertó con la garganta quemándole por el esfuerzo. Se incorporó en su cama de sábanas revueltas, escuchando a lo lejos sonidos de puertas abriéndose y pasos apresurados. Pero antes de que Luna pudiera llegar a su cuarto, Nick apareció junto a su cama, haciendo un débil "plaf" que se escuchó muy fuerte en la oscuridad de la habitación.
El fantasma la miró asustado y pareció comprender con mucha facilidad lo que había ocurrido, ya que no hizo ninguna pregunta, simplemente se arrodilló junto a su cama, observándola ávidamente.
—Tranquila pecas, solo ha sido un mal sueño.
Ginny lo miró a los ojos, los cuales brillaban a pesar de la poca luz. Más allá logró escuchar voces en el pasillo, y pudo distinguir la de Luna. Sin poder pronunciar palabra se hizo un ovillo sobre la cama mientras su corazón seguía martillando en su pecho.
Ella sabía –y Nick también- que raras eran las veces que sus sueños eran eso, sueños.
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Aquella mañana el cielo estaba de un gris muy claro y una fina capa de nieve recién caída cubría la calle. Harry se levantó un poco más temprano de lo normal. Había pasado una mala noche, despertando a cada cinco minutos con la respiración agitada, después de entrar y salir de sueños raros donde se encontraba solo enfrentando a un ejército de Perros del Infierno que se le echaban encima mientras Calixto reía a carcajadas.
Cuando bajó a la cocina, la casa aún estaba en silencio y todas las cortinas estaban corridas, dejando los pequeños corredores en penumbras. La única luz que había provenía de la cocina, y Harry se sorprendió al encontrarse con Ginny allí. Durante la noche, la había escuchado gritar y un rato después Nick le había comunicado que no era necesario que se pusiera en guardia ni que tampoco sacará su espada, ya que Ginny solo había tenido una pesadilla. También tenía entendido que Luna le había suministrado una poción para dormir sin sueños. Por eso mismo encontrarse con la pelirroja sentada sobre la mesada de mármol de la pileta, con las piernas cruzadas y hablando por teléfono a esas horas tan tempranas, lo extraño bastante. Se suponía que no se levantaría hasta bien entrada la mañana.
—Deberías alegrarte Neville...—decía Ginny al teléfono— Luna te aprecia lo suficiente como para no querer jugar con tus sentimientos... Si lo sé...No lo sé... Tal vez... No sabría decirte...—Parecía derrotada.— Neville, tal vez sea por la fecha, recuerda que Luna tiene que rendir unas pruebas antes de navidad, tal vez solo te dijo que no por eso...—Soltó un largo suspiró antes de levantar la cabeza y encontrar a Harry parado en el umbral, le dedicó una sonrisa cansada en forma de saludo antes de seguir hablando con Neville— ¿Sabes? Creo que deberían dejar que se desahogue un poco, ella tiene una prueba hoy y otra el lunes. Con suerte estará con mejor humor cuando comience sus vacaciones... Está bien, buena suerte. Adiós.
A Harry no se le pasó por alto que Ginny parecía verdaderamente aliviada de poder cortar.
—Buenos días, hay café recién hecho en la cafetera—le informó la pelirroja bajándose de la mesada de un salto.
—Gracias—dijo mientras tomaba una taza del armario.—Me sorprende verte despierta a esta hora, Luna me dijo que te había dado una poción para dormir.
La pelirroja pasó su peso de un pie a otro, sumamente nerviosa. Harry entendió casi de inmediato que ella se sentía incómoda, y quizás también molesta, al saber que él estaba al tanto de sus pesadillas. Harry no la culpó, a él tampoco le gustaría que un extraño supiera esas cosas de él.
—¿Me escuchaste gritar anoche?—Asintió— Bueno...No quería dormir—se aclaró la garganta, sacando una taza del armario para servirse ella también un poco de café— así que no tome la poción.
—¿No has dormido desde que te despertaste anoche?— Mirándola con más detalle, se dio cuenta que no mentía. Su rostro estaba un poco más pálido de lo normal y tenía unas ojeras que le daban un aspecto bastante enfermo.
—Tenía cosas que hacer— masculló evitando mirarlo a los ojos. —¿Y tú? ¿No es muy temprano para levantarse?
Harry se encogió de hombros.
—Tú no eres la única que tiene problemas para dormir—le sonrió pesadamente antes de sentarse a la mesa de la cocina.
— Vaya, parece que ninguno tuvo una buena noche entonces—se sentó frente a él, dedicándose a beber su café.
—¿Quién es Neville?—le preguntó logrando que Ginny lo mirara con el ceño fruncido.—Te escuche hablando con él cuando entre —se apresuró a decir— También mencionaste a Luna.
—Uff ¿no me digas que eres uno de esos?—sus labios se tensaron al tiempo que hacía un esfuerzo por no reír.
—¿Uno de esos?
—Uno de esos tipos sobreprotectores que cuidan tanto a sus hermanas como a sus primas de cualquier chico que pudiera intentar salir con ellas.—rió—Mi hermano Ron es así todo el tiempo.
—Yo no soy así. Solo es curiosidad. —le aseguró con completa sinceridad. ¿Preocuparse por Astoria, Hermione y Luna? Más bien debería preocuparse por los chicos que se atrevieran a acercarse más de la cuenta. Astoria podía estar siendo muy mona en esos momentos, pero seguía siendo la mejor que había visto son una varita en la mano. Hermione no tenía paciencia ni sentimientos para comprender cualquier acercamiento que no fuera un ataque, cualquier chico que intentara ligar con ella terminaría con el cuello rebanado en algún callejón oscuro, de eso no tenía duda. Y Luna ¡Por los Dioses! Esa chica era la hija de una diosa, no necesitaba que nadie cuidara sus espaldas.
Aún así, Ginny siguió mirándolo sin creerle una palabra.
—Neville, es un amigo de años. Nos conocemos desde el colegio, estaba en la misma generación que mi hermano Ron.
—¿Y qué problema tiene con Luna?
—Bueno, digamos que él quiere salir con ella, pero ella no quiere dejarlo salir de la zona de amigos.— suspiró con cierto pesar.—Es triste ¿sabes? Ellos podrían ser una buena pareja, tienen mucho en común.
—Pero si Luna no quiere...—tomó un sorbo de su café. Le resultaba muy raro hablar de un tema como aquel. Dos personas que tenían el camino libre para tener una relación, pero no la tenían porque los sentimientos no eran los necesarios para algo así. Harry se preguntó si todas las personas hacían eso. En su mundo, en el mundo de los guerreros, lo más cercano a una relación que se podía tener era sexo, sexo y más sexo. Porque al fin y al cabo, no se necesitaban emociones para saciar una necesidad tan básica.
Permanecieron en silencio un rato largo. Harry estaba haciendo unas tostadas cuando Luna irrumpió en la cocina, jadeando y con una gran montaña de libros en las manos. Tenía el cabello rubio mal atado en una coleta y las mejillas estaban manchadas de algún polvo blanco que había utilizado en el fallido intento de ocultar sus ojeras. Murmuró un ronco "buenos días" antes de dejar los libros y pergaminos sobre la mesa con un golpe seco. Ginny se apresuró a servirle una taza de café bien cargado y alcanzarle unas tostadas con mantequilla. Luna recibió el café agradecida, pero al percatarse que era su amiga pelirroja quien se lo ofrecía, la miró con los ojos entornados.
—¿Tu no deberías estar dormida?—le ladró con muy malas pulgas.
Ginny, sin dejar de sonreír, miró el reloj que había en la cocina.
—¿Y tú no tendrías que estar en la academia?
Luna también miró el reloj, soltó una maldición en griego antigua (Harry dudo que Ginny hubiera entendido alguna palabra), se bebió el café de un solo trago largo, se metió una tostada en la boca y tomando sus libros y su mochila, echo a correr hacia la sala para utilizar la red flu.
—Pobre, la universidad la está volviendo loca.—se lamentó Ginny volviendo a sentarse a la mesa. Harry estuvo totalmente de acuerdo al tiempo que toma el periódico que había sobre la mesa y comenzó a ojearlo.
Astoria fue la siguiente en levantarse. Apareció en la cocina ya arreglada. Llevando unos vaqueros morados, un suéter de cuello de tortuga color amarillo patito y unas botas para la nieve de un verde agua. Harry había notado que Astoria, a diferencia de Hermione y él, había optado por dejar de lado el uniforme de guerrero, y con ayuda de Luna y su estrambótico armario, comenzó a usar muchos colores vivos en sus prendas, tan vivos que podía lastimar las córneas de los que se atrevieran a observarla por un periodo demasiado largo. Astoria no parecía notar las miradas de la gente. Ella simplemente estaba muy feliz con su ropa de colores.
—Buenos días—los saludó sonriente como cada mañana.
—Buenos días—la saludaron de regreso los otros dos sin tanto entusiasmo.
—¿Café y tostadas?— Astoria alzó una ceja al acercarse a la mesa de la cocina y ver lo que estaban comiendo—Eso no es desayuno—se cruzó de brazos, chasqueando la lengua con desaprobación— Si Luna se enterara pondría el grito en el cielo.
—Ella acaba de irse hace un rato y solo tomo media taza de café y una tostada—señaló Ginny con una pequeña sonrisa, tomando la actitud de la chica de la misma forma que lo hubiera hecho con su prima.
—Sí, pero a ella le falta tiempo, seguro que se fue a las corridas a la academia, pobrecilla—rodeó la mesa y fue directo a la alacena—Pero ustedes ya verán, le preparare un desayuno verdadero— Y comenzó a sacar cosas que prometían un desayuno abundante de salchichas, tocino y huevos revueltos.
Harry bajó el diario que había estado leyendo y miró a Astoria con los ojos bien abiertos. Tuvo que hacer un esfuerzo grande para no parecer tan sorprendido. ¿Eso era parte de la absorción de emociones humanas?
—No hace falta Astoria.—le aseguró Ginny —De verdad.
—De eso nada—se plantó la chica al tiempo que sacaba una sartén del armario que había bajo la mesada.—El desayuno es la comida más importante del día.
Ginny estuvo a punto de resistirse cuando aquella última frase hizo que un nudo se formara en su garganta. Astoria y su afán de prepararle una comida contundente le hacía recordar a su propia madre, la cual disfrutaba enormemente llenando la mesa de comida y empachando a todas las personas que tuviera a su alcance. No le dijo nada a Astoria, así que prefirió voltear a ver a Harry y decirle en voz muy baja.
—Se nota que Luna y ella son primas
Harry hizo una mueca poco definida mientras se encogía de hombros. Aceptando la derrota, Ginny también fue hacia la mesada y comenzó a ayudarla a preparar el desayuno.
Hermione llegó justo cuando Harry, cumpliendo las órdenes de las cocineras del día, servía jugo de naranja recién exprimido en cuatro vasos.
—Buenos días—los saludó sin mucho entusiasmo, sentándose a la mesa y tomando el jugo que le ofrecía Harry.
—Hoy tenemos que ir más temprano al bar—comentó Hermione a nadie en especial, pero fue Astoria quien le respondió.
—Si lo sé, Tabby me envió un mensaje hace un rato. Dice que Draco le dio un dinero para que compre más adornos porque dice que los que hay no son suficientes. Tabby me preguntó si queríamos ir con ella a comprarlos y yo le he dicho que iremos encantados—Astoria sonrió mientras Hermione arrugaba su rostro agriado.
—Genial, no veo qué más podría hacer con mi vida hoy—dijo arrastrando cada palabra.
—¿Comprar adornos?—repitió Harry sin entender, antes de comenzar a comer el maravilloso desayuno que había preparado su hermana falsa y Ginny.
—Los adornos de navidad—respondió la pelirroja al tiempo que se sacaba el delantal y se sentaba también—Se supone que hace semanas que deberíamos haber decorado el bar, pero entre una cosa y otra el tiempo se nos fue volando. Supongo que aprovecharán a decorar hoy que están Draco, Neville y Jack ¿no?—le preguntó a Astoria.
—Eso me dijo Tabby—asintió muy contenta. Harry intuyó de mano de qué venía tanta emoción de parte de Astoria. Aquellas serían las primeras navidades de los tres. Y si él, con sus emociones adormecidas, estaba muy curioso por lo que llegaría a pasar, seguramente Astoria, que estaba bañada en excitadas emociones humanas, estaba radiante de felicidad y muy emocionada por decorar su primer árbol de navidad.—¿Y tú qué harás? Tabby me dijo ayer que hoy es tu día libre.
Por debajo de la mesa, Astoria le dio una patada en la pierna a Harry. El moreno estuvo a punto de quejarse, pero detectó la mirada significativa que le lanzaba la Guerrera. "Pon atención, idiota"
Ginny, por encima de todo aquel intercambio, bebió un largo trago de jugo antes de contestar.
—Aprovecharé la mañana. Luna me ha pedido que le compre algunas cosas en el callejón Diagon, así que iré allí y de pasada intentaré buscar ideas para los regalos de este año.
—Harry también necesita comprar unas cosas en el callejón Diagon—Soltó Astoria, con tanta rapidez que Harry ni siquiera tuvo tiempo de contradecirla.— Podrían ir juntos, él nunca ha ido al callejón Diagon.
—Eh...Bueno, claro. No hay problema—Ginny miró a Harry con las mejillas sonrosadas antes de volver su atención a su plato. Astoria sonrió muy satisfecha de sí misma.
Por un rato no se escuchó nada más que el sonido de los cubiertos sobre los platos. Harry trataba de pensar que haría toda la mañana con Ginny. Él no era bueno hablando... bueno, en realidad no era bueno hablando con esa pelirroja en particular. Seguro que metía la pata.
—Bueno, es mejor que nos pongamos en marcha—Dijo Astoria después de comer el último trozo de huevo que había en su plato.—, Taby debe estar esperándonos. Les toca a ustedes lavar los platos. Espero que tengan un buen día.
Las guerreras se encaminaron a la puerta principal. Harry las siguió sin perder tiempo, dejando a Ginny recogiendo los platos.
—¿Qué ha sido eso?—le preguntó en voz baja a Astoria mientras esta se ponía su abrigo color naranja en el hall.
—No conviene que Ginny salga de la casa sola. Nick tiene una reunión con Albus y no sabe cuánto durará—abrió la puerta de calle, dejando que un viento helado se colara en la casa—Nick en persona me ha pedido que te diga que es mejor que acompañes a Ginny de forma abierta, en vez de seguirla, como seguramente tenías planeado.
Harry cerró la boca de golpe. Así era, ese era su plan si Ginny salía sola de la casa.
—Vale.—se resignó.
—Llámanos si necesitas ayuda—dijo Astoria y para asombro absoluto de Harry, le dio un suave beso en la mejilla en forma de despedida. Pasmado por la acción, miró a Hermione, la cual arqueó una ceja ante la mirada que le lanzaba Harry.
—No me mires así, guerrero, yo no voy a besarte—Y sin decir más, siguió Astoria fuera de la casa, cerrando la puerta detrás de ella.
Dejando atrás la sorpresa y la resignación, Harry regresó a la cocina. Cuidar a Ginny no le representaba ningún problema. Pero prefería vigilar a una distancia más amplia. No porque ella fuera una molestia, sino porque no tenía ni idea de cómo debía comportarse a su lado. ¿Qué haría? ¿Qué diría? ¿Y si Ginny comenzaba a sospechar? No, definitivamente hubiera preferido poder seguirla sin que ella supiera.
Cuando Harry se acercó al fregadero donde la pelirroja lavaba los platos de forma manual, la chica dio un respingo al verlo y el plato que enjabonaba en ese momento se le resbaló y terminó en el piso, salpicando trozos y jabón a todas partes.
—Lo siento, no era mi intención asustarte—Harry se apresuró a sacar su varita y reparó el plato en un parpadeo, entregándoselo a Ginny, la cual tenía el rostro del mismo tono encendido de su cabello.
—No pasa nada, solo es que no haces ningún ruido al caminar, creía que estaba sola—hundió el plato nuevamente en el agua jabonosa.
—¿Por qué no usas magia para hacer eso?—le preguntó, señalando los platos. No quería hablar de él y su talento para no hacer ruido al moverse.
—Me gusta hacerlo yo misma—se encogió de hombros—Me gusta hacer las cosas al estilo muggle.
Harry le echó una ojeada al teléfono que descansaba al otro lado de la encimera y recordó haber visto un televisor y un reproductor de música en la sala. Ginny rió, y Harry supo que la pelirroja sabía en qué estaba pensando.
—Mi padre era un gran amante de los cachivaches muggles. Tenía toda una colección en la casa y a mi madre la volvía loca. Él me enseñó a usar unos cuantos, como el teléfono o el televisor. Nick es hijo de muggles, así que cuando vino a vivir conmigo, tuve que hacerme de algunas cosas muggles que guardaba mi padre en su cobertizo para que Nick no se sintiera tan perdido aquí. Con el tiempo mis amigos y yo nos acostumbramos a usar el teléfono y esas cosas.
Intentando entenderla un poco, Harry tomó un trapo y uno de los platos que ya estaban limpios y comenzó a secarlo. No era una tarea muy divertida que digamos, pero ocupaba las manos y al ser tan monótona era fácil que la mente comenzará a divagar. Aunque no lo suficiente como para ignorar el tenso silencio que se había instalado entre ellos. Cuando la cocina estuvo al fin limpia, Ginny se secó las manos.
—Voy a arriba por la lista que me dejó Luna, y ya podemos irnos.
Harry asintió. También se secó las manos y fue a esperarla en el hall, donde se puso su abrigo y una bufanda. Ginny bajó unos minutos después, con su abrigo gris y un juego de bufanda, gorro y guantes de lana color rojo.
—Se te caigan las manos si no te pones guantes—le dijo al llegar a su lado. Como respuesta, Harry se puso las manos en los bolsillos de sus pantalones. Ginny rió— Como tú quieras, al final son tus manos. Ven, no nos apareceremos, iremos por red flu, es más sencillo.
Y así fue como Harry entró por primera vez a una chimenea para transportarse a otro sitio. No le fue tal mal, pero sus anteojos se llenaron del grasoso polvo negro que siempre había dentro de las chimeneas. Salió un poco mareado, justo cuando Ginny aparecía dando vueltas en una llamarada de fuego verde. Tuvo que limpiarse los cristales para darse cuenta que estaban en un bar sin ventanas y bastante tétrico. Ginny saludo al cantinero y a un par de clientes que había en la barra, pero no se entretuvo mucho tiempo. Tomó a Harry del brazo y lo guió a una puerta que daba a un pequeño patio que solo tiene un oxidado tacho de basura. Sin perder tiempo sacó la varita, y tocó con ella algunos de los ladrillos del muro que se alzaba ante ellos. De inmediato estos comenzaron a moverse, dándoles una entrada a una zigzagueante calle llena de magos y brujas que iban y venían llenos de paquetes.
Comenzaron a caminar en completo silencio, mientras que Harry se devanaba los sesos buscando un buen tema de conversación que cortara con todo aquello. Él no era un ser muy hablador. Si eras guerrero era mejor hablar lo menos posible, y más cuando tenías un gran secreto que ocultar. Miró a Ginny de reojo al tiempo que caminaban. ¿De qué podían hablar? ¿Del panteón griego, de los perros del infierno o de todas las formas que conocía para torturar y matar? ¡Oh si! A Ginny le encantaría saber qué se puede conseguir una gran cantidad de información colgando a alguien de cabeza y moviendo como un péndulo, pensó con sarcasmo. Nuevamente pensó en lo mucho que detestaba las brillantes ideas de Nick. La próxima vez mandaría al diablo al fantasmita y haría lo que a él le resultara más cómodo.
Primero fueron a una botica donde Ginny compró un par de cosas de la lista de Luna y siguieron camino deteniéndose en una que otra vidriera, o al menos Ginny lo hacía y Harry simplemente se detenía a su lado, mirándola más a ella que a los artículos en exposición.
La cuarta o quinta vez que se detuvieron fue cuando Ginny se plantó frente al escaparate de una tienda de artículos de Quidditch. Harry se paró junto a ella y la observó cómo se comía con los ojos a una lustrosa escoba que tenía un cartel que decía con letras doradas: Saeta de fuego.
—Es la mejor escoba de carreras del mundo—dijo con la voz llena de respeto y fascinación— La competencia no ha logrado sacar a la venta una escoba mejor en más de siete años. ¿No crees que es hermosa?
Harry, que nunca había montado en una escoba, no pudo decir lo contrario. Sin duda era una escoba muy bella y llamaba mucho la atención.
—Sí, es bellísima—aseguró mordiéndose el labio.
—¿Por qué no la compras?—le preguntó sencillamente Harry.
Ginny soltó una carcajada y lo miró como si dudara de su salud mental.
—Es carísima Harry, trabajaría mil años e igual no podría juntar lo suficiente como para comprar el palo. —volvieron a caminar calle abajo.— Además, aunque la tuviera ¿para que la quiero? No juego Quidditch desde el colegio.
—¿Jugabas en el colegio?
—Aja, en el equipo de Gryffindor. E cazadora, y la mejor si me permiten decirlo—soltó una risita. —Creo que es lo que más amé de la época del colegio.
—¿Lo extrañas?
—Demasiado—asintió en un tono repentinamente apagado. Harry tuvo el impulso de tomarla de la mano y sonreírle. Quería patearse a sí mismo por haber logrado que Ginny, de pronto, perdiera un poco de su alegría. Tardó un largo rato en entender que lo que Ginny sentía era nostalgia... se preguntó cómo se sentiría experimentar ese sentimiento.
—¿Sabes? Siempre quise jugar Quidditch profesional, fue una de las pocas profesiones que me planteé de verdad realizar después de dejar el colegio.
—¿Y qué pasó?
Ginny volvió a sonreír.
—Me enamoré del arte de servir, ser camarera me llegó al corazón—soltó una carcajada al tiempo que mecía distraída la bolsa con las cosas que acababa de comprar en la botica.
Harry frunció el ceño y eso solo logró que Ginny riera aún más fuerte, llamando la atención de algunos transeúntes. Harry también rió, aunque no entendía el chiste.
—¿Por qué no creo que esa fuera la razón?
—La vida del jugador de Quidditch es muy sacrificada, Harry. Tienes que entrenar todo el día y solo unos pocos llegan a conseguirlo. Yo no tengo tiempo ni dinero para hacer algo así, hay cuentas que llegan cada mes sin falta y tienen que ser pagadas.
—¿Entonces por eso comenzaste a trabajar en el bar? — Harry no sabía lo que era trabajar por un sueldo. O tal vez sí, porque tenía una bóveda en Gringotts repleta hasta el techo de oro que jamás se acababa y una chequera que le permitía comprar lo que fuera que existiera en el mundo muggle. Y ambas cosas permanecerían con él mucho después de haber sido liberado.
—No es que me queje—se apresuró a decir la pelirroja—Me gusta trabajar en el bar... pero no puedo negar que me hubiera gustado poder jugar Quidditch o entrar a la academia de aurores.
—¿Querías ser auror?
—Quiero—le corrigió con una sonrisa amable— Estoy ahorrando para poder entrar el próximo año.
—¿Por qué no le pides ayuda a tu hermano? Tenía entendido que era dueño del bar.
—No podría—agitó una mano como si estuviera ahuyentando una mosca muy molesta. —El bar no produce tanto dinero, además, solo es dueño de un 25% y gasta casi todo lo que gana allí en su propia educación y en su casa. No podría pedirle que dejara la academia de aurores para poder entrar yo... Aunque ya no importa, en septiembre entraré de todas formas, he ahorrado lo suficiente para pagar los dos primeros años. Así que luego tendré dos años más para conseguir el dinero para pagar el tercer año.
—Entiendo.
Ginny continuó mirando vidrieras mientras Harry seguía mirándola en silencio. Las palabras de la pelirroja habían logrado que se planteara unas cuantas cosas. Ginny era un ser muy especial en muchos aspectos. En su interior contenía un poder demasiado grande y peligroso, que ella muy bien podía usar para que todos a su alrededor hicieran lo que deseara. Pero a pesar de eso, no lo hacía. Verónica Weasley, la última Séptima antes de Ginny, había usado sus poderes de persuasión para volverse muy rica y conseguir poder político en un mundo dominado por hombres.
El simple hecho de que Ginny fuera tan "pura" -no encontraba otra palabra en su vocabulario para definirla- era algo completamente insólito. Verónica Weasley se hubiera desternillado de risa si alguien le hubiera dicho que debía trabajar duro todos los días para conseguir lo que deseaba.
Sin poder evitarlo, le dedicó una gran sonrisa a la pelirroja, la cual se la devolvió alegremente. Albus tenía razón, Ginny aún tenía esperanzas.
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Luego de caminar un rato, entraron a una librería llamada Flourish y Blotts. Harry tuvo que hacer una revisión rápida de las estanterías mientras Ginny le pedía al dependiente los libros que Luna le había encargado. El guerrero no necesitaba ninguno, pero se suponía que estaba allí con ella para comprar unas cosas que precisaba. Al final tomó el libro más grueso y polvoriento que había en la estantería más cercana destinada a las defensas de las artes oscuras.
Al salir de la librería dos hombres se pusieron en su camino, y Ginny, que iba distraída ojeando la lista de pedidos de Luna, dio de frente contra uno de ellos, el cual soltó una risotada.
—¿No me saludas, pero tienes el descaro de empujarme, enana?
Ginny dio un respingo, pero al reconocer al hombre que acaba de pechar, también soltó una risita. Los dos hombres sonrieron. El que le había hablado a Ginny, era bastante alto, de hombros anchos y nariz alargada, con un rostro abarrotado de pecas y un desordenado cabello rojo fuego. El hombre que lo acompañaba era un poco más bajo, de cabello oscuro y cara redonda. Ambos llevaban paquetes en las manos y parecían verdaderamente agotados.
—Lo siento Ron, no te vi—se disculpó Ginny, poniéndose de puntillas para poder darle un beso en la mejilla.
—Si seguro, es que soy tan pequeño que puedo pasar desapercibido en cualquier lado—rodó los ojos el pelirrojo— No es saludable ir por la vida tan distraída, enana.
Ginny estuvo a punto de abrir la boca para protestar, pero se quedó callada al notar que la sonrisa de su hermano flojeaba cuando sus grandes ojos azules se posaron directamente en Harry, que seguía a su lado mirándolos con curiosidad.
Ron alzó una ceja sin dejar de mirarlo con recelo.
—¿Y este quién es? —Preguntó de forma áspera, mirando a Harry como si estuviera planeando su asesinato.
La pelirroja rodó los ojos al tiempo que soltaba un largo y profundo suspiro.
—Ron déjate de tonterías o lo espantaras—Bufó ella mientras su hermano le lanzaba una mirada que claramente decía: "Ese es el plan"—Él es Harry, el hermano de las chicas que trabajan ahora en el bar. También es el primo de Luna. Harry—Ginny miró al muchacho que parecía no darse cuenta que Ron quería descuartizarlo solo por atreverse a respirar el mismo aire que su hermanita— Harry, el es mi queridísimo hermano Ron y mi amigo Neville.
—Un placer—Harry les tendió una mano con una sonrisa despreocupada en los labios. Neville la aceptó sin ningún problema mientras reía por lo bajo. Por otro lado, Ron miraba con los ojos entornados tanto a Ginny como a Harry. Al final le estrechó la mano para no quedar como mal educado. Y a pesar que Harry no hizo ninguna muestra de dolor, Ginny estaba casi segura que el bruto de su hermano sobreprotector le acaba de pulverizar la mano al pobre chico.
—Rooonn—le regañó Ginny con los dientes apretados. El aludido soltó la mano de Harry al tiempo que le regalaba a su hermana su sonrisa más inocente y compradora.
—¿Si, hermanita?
—No me hagas esa cara, Ronald—le advirtió—Ya dejó de funcionar conmigo hace años.
—¿Qué hacen ustedes dos aquí...solos? —preguntó, ignorando a su hermana.
—No sabía que en una librería repleta de gente se podía estar a solas—refunfuñó mirando el techo del local.
—Ginny
—Rooonn.
—¿Así que eres el primo de Luna?—Neville, que veía venir otra tonta pelea de hermanos, se acercó a Harry con una sonrisa. El guerrero asintió sin muchos ánimos. Si mal no recordaba, ese chico de cara redonda era el guerrero caído en lo que Nick denominaba como la "Friendzone" —¿Tú y tus hermanas están pasando una temporada en su casa, no?
Harry no llegó ni a procesar la pregunta cuando la mano firme Ginny lo tomó del brazo con mucha brusquedad y lo sacó de la librería.
—Que tengan un buen día. Los veo mañana—se despidió por encima del hombro mientras el viento del exterior agitaba su cabello, dejando que Harry pudiera ver que sus orejas estaban tan rojas como su rostro.
—Adiós, fue un placer conocerlos.—atinó a decir Harry mientras era arrastrado calle abajo por la pelirroja.
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—Lo siento, de verdad lo siento—le dijo a Harry. —Mi hermano siempre es así, no sabe cómo comportarse. Mejor ignóralo, es un tonto con licencia.
—Se preocupa por ti.—le aseguró, sin saber muy bien de dónde venía esa afirmación.
—Lo sé, y lo amo con todo mi corazón, pero hay veces en las que me gustaría... —apretó los dientes con mucha fuerza y Harry prefirió no seguir con el tema.
Al llegar nuevamente al muro que daba al Caldero Chorreante, Ginny sacó la varita otra vez
—Tenía planeado dar una vuelta por Londres. ¿Te apetece acompañarme?—le pregunto, mirándolo expectante.
Harry sabía que podía elegir. Que a Ginny no le molestaría si le decía que prefería regresar a casa, y así podría seguirla y cuidarla sin necesidad de preocuparse por entablar una conversación o decir algo malo. Pero a pesar que sabía que eso era lo correcto, no pudo evitar el impulso de sonreír y decirle:
—Jamás he visto el Londres muggle. Me encantaría que me lo enseñaras.
La pelirroja parecía encantada. Y sonrió de oreja a oreja mientras tocaba los ladrillos de la pared con la varita.
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El Londres muggle era mucho menos entretenido que el callejón Diagon. Pero por lo visto Ginny lo encontraba infinitamente interesante. Entraron a unas cuantas tiendas de chucherías y vieron un montón de escaparates. Ginny reía cuando algo la sorprendía y Harry no podía dejar de contagiarse con su alegría. Se descubrió más de una vez mirándola de más y preguntándose cómo sería tocarla sin limitación alguna. Bien, nunca había estado con una chica, y jamás le había interesado estarlo. Pero sin duda aquella pelirroja despertaba en él algo que nunca antes había sentido. "Te gusta" le había dicho Albus en su última reunión. Y Nick le había comentado que ella estaba interesada en él, que quería conocer sus pensamientos...
¿Qué se suponía debía hacer? Hades le había ordenado que la cuidara. Solo cuidarla, nada más... Pero Albus había parecido contento cuando se enteró que le gustaba Ginny... Aunque para ser francos, Albus siempre se ponía contento por las cosas raras. ¡Hasta había parecido feliz cuando Calixto robó el cofre!
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—¿Te apetece algo caliente?—Le preguntó Ginny cuando ya había dejado atrás un lote de tiendas de ropa y comenzaban a desfilar por una calle llena de comercios destinados a la gastronomía.
Harry, cuyo estómago ya comenzaba a quejarse por la falta de alimento, pensó que comenzaría a babear a chorros cuando el delicioso aroma de bizcochos recién hechos llegó a él con el viento frío. .
—La verdad no me caería nada mal un café.
Ginny sonrió antes de guiarlo a un pequeño local unos metros más allá. Sobre la puerta de cristal descansaba un gran cartel con los dibujos de un pastelito y una taza humeante de té junto a las palabras "La tacita de Lucy" en letras doradas. Al entrar una pequeña campana sonó y Harry se sintió agradecido cuando le volvió la sensibilidad a un par de partes de su cuerpo que ya no respondían muy bien gracias al frío.
El lugar no era nada del otro mundo. Pero sus mesas de madera bien lustradas, la luz suave y las pesadas cortinas rojo oscuro que colgaban a cada lado de las ventanas, le daban un aire muy cálido y acogedor. Una mujer bajita y rechoncha, con un cabello rizado de un rubio muy desvaído y mejillas sonrosadas salió de detrás del mostrador, directo hacia ellos y recibió a Ginny con un fuerte abrazo.
—Oh mi niña. Hace tanto tiempo que me tenías abandonada, que ya creía que me estabas engañando con ese puestucho de comida rápida que hay en la esquina... Aunque pensándolo bien, creo que eran otros los motivos que te mantenían ocupada y lejos de mis delicioso pasteles.— Los grandes ojos azules de la mujer cayeron sobre Harry, el cual se sintió muy incómodo bajó aquella mirada que parecía capaz de ver a través de él— ¡Hasta que al fin me traes un novio!
Ginny enrojeció hasta las orejas, aunque Harry no supo si era por lo dicho por la mujer o por el repentino cambio de temperatura que les representaba estar dentro de la cafetería.
—Oh no, él solo es un amigo—murmuró al tiempo que Harry asentía con la cabeza, un poco abochornado.
—Vale—La mujer acentuó su sonrisa irrompible antes de tenderle la mano a Harry—Mucho gusto "solo amigo" de Ginny. Me llamo Lucy y estaré encantada de servirles esta tarde.
—Harry—Masculló estrechandole la mano, mientras sus mejillas ardían bajo la bufanda.
—Oh, chico tímido. No me sorprende que aun sea solo tu amigo—rió risueña antes de señalarles una mesa del lado derecho, junto a un gran ventanal que daba hacia la calle.
Harry la siguió sin saber qué decir, mientras Ginny murmuraba cosas como "No es así" "Solo amigos" "es primo de una amiga". Lucy le dio una palmadita amistosa en el brazo, guiñandole un ojo.
—Los dejaré solitos, ya vuelvo por sus pedidos.
Ginny se sacó el abrigo y la bufanda, y Harry pudo confirmar que todo su rostro estaba de un rojo muy brillante.
—Lo siento, jamás creí que diría esas cosas—su voz era más aguda de lo normal— Ya había olvidado que ella es tan pesada como Luna con el tema de tener novio.
—¿Por qué quieren que tengas novio?—preguntó muy interesando al tiempo que él también se sacaba el abrigo y lo dejaba en el respaldo de la silla.
Ginny se encogió de hombros mientras tomaba el menú que acaba de dejarles Lucy sobre la mesa.
—Lucy quiere que vida la vida, y Luna cree que tener novio es algo que puede considerarse saludable para mí.
—¿Saludable?
La pelirroja volvió a encogerse de hombros.
—Pero lo gracioso de la situación es que Luna nunca ha tenido novio—sonrió apenas— ¿Sabes? Aquí sirven una tarta de melaza muy buena. Es tu favorita ¿no?
—¿Cómo lo sabes?
—El otro día en el bar te comiste una tarta entera tú solo... O tenías mucha hambre o era tu favorita.
Lucy regresó un minuto después, con su sonrisa de dientes relucientes mucho más grande que antes. Ginny pidió un chocolate caliente y una porción de tarta de manzana. Harry, siguiendo el consejo de Ginny, pido tarta de melaza, y aunque minutos atrás hubiera matado por una gran taza de café, el aroma dulce que venía de la cocina logró que él también pidiera una taza de chocolate caliente.
—Me gusta mucho este lugar— comentó Ginny cuando Lucy se marchó hacia la cocina para encargarse ella misma de su pedido—Como ya te conté, mi padre era un gran amante de las cosas muggles y solía traerme aquí cuando era pequeña.
El guerrero no pudo ignorar el extraño tono que había adquirido la voz de la chica, casi igual al que usaba Nick cuando hablaba de sus propios padres. Se removió incómodo en sus silla. La palabra "padre" comenzaba a ser sinónimo de un mal rato para él.
—Debió de ser bonito pasear con tu padre en el mundo muggle—comentó con voz neutral lo bastante bajo para que nadie además de Ginny pudiera oírlo.
—Sí, él era una gran persona, cuando estaba con él siempre me divertía.
—¿Lo extrañas?—se le escapó a Harry. Lo cierto era que él nunca había experimentado aquel sentimiento. Para extrañar primero había que haber estado a gusto con alguna persona, pero él jamás se había sentido así.
—No hay forma de no hacerlo—le dedicó una sonrisa tranquila. Aunque sus ojos brillaban de una forma inusual, asegurándole a Harry que su mente estaba muy lejos de la cafetería de Lucy.
—¿Qué fue lo que le pasó?—Ginny abrió ligeramente los ojos, y Harry cayó en la cuenta de que seguramente había metido la pata, otra vez. Tal vez también a ella le molestaba hablar de sus padres ahora que no estaban. Al pensar en eso se apresuró a añadir—No tienes que decírmelo si no quieres. No es mi intención molestar.
Ginny soltó una suave risita al verlo sonrojarse sin remedio. Le gusta eso de Harry. Ya había comenzado a notar que siempre se sonrojaba cuando creía que estaba diciendo algo inapropiado. Era un toque de inocencia que no había visto hace mucho en un muchacho.
—No molestas. Solo que es raro hablar con alguien que no está al tanto de la Tragedia de los Weasley... Supongo que Luna jamás habla de esas cosas ¿no?
—¿Qué es la Tragedia de los Weasley?
—Así es como lo llama la gente que solo busca darle un nombre al asunto. Los otros, los idiotas como los llama mi tío Sirius, prefieren titularlo de una forma más interesante: "Los Weasley malditos"
Harry frunció el ceño, sin comprender absolutamente nada. Ginny se quedó callada cuando Lucy, sonriente como ella sola, regresó con su comida. Cuando la mujer se fue a atender otra mesa, Harry se animó a preguntar.
—¿Por qué la gente necesitaría ponerle nombre al "asunto"?
—Hace años hubo muchos rumores. A la gente le gusta hablar ¿sabes? Le gusta ponerle nombre al sufrimiento ajeno. —Revolvió su chocolate con los labios bien apretados—Mis padres murieron cuando tenía diez años, fueron a una fiesta en el ministerio, donde mi padre trabajaba, hubo un ataque de Puristas y mis padres y otros más se enfrentaron a ellos... Pero no lo lograron.
—¿Puristas?
—Esos idiotas que creen que la sangre pura es lo más importante del mundo.—respondió con sencillez.
—Eso sí es idiota—le aseguró con total sinceridad, ganándose una pequeña sonrisa de parte de Ginny. — Pero sigo sin entender eso de "la tragedia de los Weasley". Bueno, comprendo que tus padres hayan... Bueno, muerto—No estaba muy seguro de cómo debía tratar el tema. Para él la muerte era tan normal que le resultaba extraño hablar de ella como algo malo.—No digo que sea normal, ¿pero por qué la gente diría cosas como "Los Weasley Malditos"?, es muy tonto etiquetar de esa forma el asunto. Todos los días hay niños que quedan huérfanos de una forma u otra, y no por eso dicen que están "malditos".
—Bueno veras, ese fue solo el comienzo—dijo con la mirada fija en la calle— Después de la muerte de mis padres, mis hermanos Percy, Fred, George, Ron y yo nos quedamos a cargo de nuestro hermano mayor, Bill. Él era un rompedor de maldiciones, y cuando yo cumplí once algo salió mal en una de sus misiones y murió—El rostro de Ginny era indescifrable mientras hablaba de manera desentendida. Fue entonces cuando Harry recordó lo que Albus le había dicho en una ocasión, sobre que a las personas no les gustaba demostrar los sentimientos que le provocaba ciertos temas.— Luego fuimos a vivir con otro de nuestros hermanos, Charlie, pero él también falleció tiempo después.
—¿Cómo?
Suspiró.
—Él trabajaba con dragones. Un día hubo un problema en la colonia que tenía a su cargo. Él y otras murieron tratando de contener a un Colacuerno y a su pareja que trataban de destruir un pueblo de muggles. En esa época Percy acababa de cumplir la mayoría de edad, así que quedamos bajo su cuidado.
—¿Él también...?
—Si—asintió antes de tomar un largo sorbo de su chocolate—Murió en otro ataque de Puristas mientras hacía un trabajo para el departamento de cooperación mágica internacional.
—Vaya—respondió Harry. Había oído muchas cosas en su vida, pero todas esas muertes... ¡Por los dioses, que sabia era Luna al no contarle la verdad a Ginny!
—Sí. Luego Ron y yo nos fuimos con los gemelos, Fred y George.—una diminuta sonrisa surcó sus labios— Ese año fue uno de los mejores en esa época, pero...
—¿Pero...?—Harry sabía que los únicos Weasley que quedaban eran Ron y ella, así que podía imaginar lo que le había pasado a los gemelos.
—Ellos inventaban cosas para su tienda de bromas. Un día las cosas salieron mal y hubo una explosión. Fue ahí cuando Ron y yo nos quedamos completamente solos y la gente comenzó a decir cosas sin molestarse si nosotros lo oíamos o no. Antes era la tragedia de los Weasley, después de la muerte de los gemelos todos comenzaron a decir que Ron y yo estábamos malditos.
—Eso es ridículo, tú no estás maldita ni nada de eso— dijo con aplomo Harry. Qué gran ridiculez, los humanos podían llegar a ser verdaderamente idiotas cuando querían.
—Gracias Harry—Lo miró sonriendo a duras penas— En fin, después de eso, nadie quería hacerse cargo de nosotros. Estuvimos a punto de pasar los veranos en un orfanato, hasta que apareció Sirius y pidió la tutela.
—¿Él no creía en lo que decía la gente?
—No, al revés. Se reía a carcajadas cada vez que alguien trataba de advertirle de los peligros de cuidarnos. Los llamaba idiotas en la cara.
—Creo que ese tío tuyo ya me cae bien.—le sonrió.
Ginny soltó una risita, aligerando el momento.
—Creo que se llevarían bien. A Sirius le encantaría tu forma de vestir. Él tiene cuarenta años, una motocicleta voladora y se viste como una estrella del heavy metal o algo así.
—¿Yo me veo como una estrella del heavy metal?—Alzó una ceja el guerrero.
—No, pero creo que Sirius amaría esas botas que usas.
Rieron mientras comenzaban a comer sus tartas. Harry se alegró al volver a ver a Ginny relajada y sonriente. Era raro pensar que hacía medio minuto sus ojos estaban apagados y sus labios fruncidos y tan apretados que apenas se podían ver.
—¿Y tú? ¿Qué hay de tus padres?—preguntó curiosa, dándole un mordisco a su tarta— Siendo honesta, Luna jamás me habló de ti o tus hermanas.
—Oh bueno mis padres...—trató de recordar lo que Luna le había ordenado que dijera si Ginny comenzaba a hacer preguntas— Pues ellos murieron cuando mis hermanas y yo éramos muy pequeños.
—Oh lo siento mucho...
—No importa, no los recuerdo, así que me da igual.—le aseguró con voz monótona. —Vivimos con un anciano amigo de la familia y tuvimos educación en casa. Hace poco murió y mis hermanas y yo decidimos acercarnos un poco a la familia que nos quedaba, ósea a Luna. Fue una suerte tenerla, ella nos ha ayudado mucho, consiguiéndoles un trabajo a mis hermanas y dándome un lugar tranquilo donde puedo estudiar.
Aquello debió de sonar convincente, ya que Ginny no hizo más preguntas referidas al pasado de Harry. Y él no pudo estar más contento. Aprovechando el silencio que se había instalado entre ellos, comenzó a comer su tarta de melaza, y sin duda Ginny estaba en lo cierto, era mil veces mejor a la que servían en el Canto del Fénix.
—¿Sabes? Jamás había escuchado sobre la profesión de "Cazador"—Comentó como quien no quiere la cosa Ginny. Harry casi se atragantó con la tarta al escucharla. Levantó la mirada y la vio con los ojos entornados, recelosa. Por lo visto no la había convencido de nada.—Veras, he vivido toda la vida con personas que trabajan en el ministerio, y jamás había escuchado sobre los Cazadores. Si sobre los controladores de Hombres Lobos y los exterminadores de Vampiros... Pero nunca sobre una profesión que se dedicara a matar seres que parecen salidos del mismísimo infierno.
Harry tragó, sabía lo que la pelirroja intentaba. Trataba de atraparlo con la guardia baja, esperando que él le dijera que lo que había visto días atrás en el bar había sido real.
Más incómodo que bajo el escrutinio de la señora Lucy. Harry se removió en su asiento. ¿Por qué Ginny tenía que hacerle tan difícil la misión de cuidarla? Los humanos tenían un talento innato para ignorar las cosas sobrenaturales. ¿Por qué Ginny no lo hacía también?
—Son muy pocos los que aceptan la existencia de esas cosas... la gente le tiene mucho miedo.
Ginny entrecerró los ojos un poco más. El silencio de la mente de Harry le inquietaba, y más aún, porque su instinto le decía que él ocultaba algo. Algo tan grande que involucraba a Zay y a ese supuesto pico de estrés que ella había sufrido hacía unos días.
La pelirroja quiso seguir con el tema, pero Harry se enderezó en su silla con rapidez, como si de repente estuviera en alerta. Su mirada se había ido hacia la puerta, cuya campanilla acababa de sonar. Una ola de frío se adentro en el local, junto a un extraño aroma que Ginny no logró reconocer. Era un aroma ácido, pero no desagradable. Todo lo contrario, era bastante atrayente. Se volteó para mirar quien acababa de entrar, curiosa de saber de dónde provenía aquel aroma.
Siendo recibido por Lucy, se encontraba un muchacho que no llegaba a los quince años, bajito y con la cara puntiaguda como la de un duende. De cabello de un inusual tono grisáceo y los ojos ocultos detrás de unas gafas de sol negras. Lo vio negar con la cabeza ante el ofrecimiento de un menú de Lucy y, para sorpresa de Ginny, se encaminó hacia donde ellos estaban con las manos en los bolsillos delanteros de su pantalón. Al instante Ginny notó como Harry observaba al chico, lo miraba como si estar compartiendo el mismo aire fuera la cosa más desagradable del mundo. Aquello no le gusto. No conocía suficiente a Harry como para saber si era capaz o no de comenzar una pelea allí mismo. Preocupada de lo que podía llegar a pasar a continuación, se sorprendió cuando el chico se detuvo ante ellos y les dedicó la sonrisa más forzada que había visto en toda su vida (y eso que había visto a su hermano Percy sonreírle a su jefe) Harry, por su lado, alzó las cejas, sin el más mínimo asomo de una sonrisa.
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—Hola — los saludo con parsimonia el chico.
—Tu...— dijo Harry inclinándose hacia delante con los ojos entrecerrados.
—Sip, soy Evan ¿me recuerdas?
—Cómo podría olvidarte— la forma de hablar de Harry era tan seca que Ginny lo miró asombrada. Él siempre se había mostrado como un muchacho amable. ¿Quién era ese tal Evan, y que rayos le había hecho para que actuara así?
—¿No me presentas?— el chico inclinó la cabeza hacia donde estaba Ginny. La chica dio un respingo en su lugar, no sabía si debía sonreírle o no. Algo en aquel muchacho le ponía los pelos de punta. No le gustaba, no sabía porque, pero no le gustaba nada su presencia ni mucho menos su sonrisa hipócrita y su mirada oculta.
—Ginny, él es Evan, Evan ella es Ginny Weasley.— Ginny no supo qué era, pero sintió como si Harry estuviera diciendo algo más. Como si quisiera señalarle algo a Evan... o advertirle algo.
—Un placer— le sonrió, mostrándole todos sus perfectos dientes blancos.
La pelirroja hizo un movimiento con la cabeza en modo de saludo. Apretó los labios y evitó la mirada del chico. La había asaltado el deseo de levantarse y salir corriendo de allí lo más rápido posible. Instinto de supervivencia. Miró a Harry con intensidad, él también parecía inquieto.
—Tengo que hablar contigo, Guerrero... ¿Te molestaría si te quito a Harry un momento, guapa? —le preguntó Evan a Ginny, sin dejar de sonreír.
Harry se tensó considerablemente. Aquel Evan era el demonio que ellos habían dejado vivir noches atrás. El mismo que había jurado vengarse por la muerte de su manada. Miró de reojo hacia la calle. Su instinto le decía que no estaban en peligro, que Evan estaba allí solo y que no había peligro en dejar a Ginny sola unos minutos.
Además, los demonios de ese tipo no representaban ningún tipo de peligro durante el día. Asintió pesadamente, antes de disculparse con Ginny y ponerse de pie. A regañadientes siguió a Evan fuera de la cafetería. Luna lo había usado como un mensajero y ahora por lo visto Calixto estaba haciendo lo mismo.
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El guerrero se rezongó a sí mismo cuando estuvo fuera y se dio cuenta que no había tomado su chaqueta del respaldo de la silla. Trató de ignorar el frío mientras le daba una rápida inspección a la calle para asegurarse que no fuera ningún tipo de trampa. Pero como había supuesto anteriormente, no había ningún peligro, en la zona solo había humanos que entraban y salían de las diferentes tiendas y restaurantes.
Con las manos en los bolsillos del pantalón, volteó a ver a Evan. El demonio ya no lo miraba con su sonrisa irrompible. No, ahora estaba muy serio.
—¿Qué quieres, perro?
—Empecemos por soltar tu espada y cambiar el tonito, guerrero—gruñó mirando la mano derecha de Harry, la cual estaba un poco más hundida en su bolsillo. Harry no se sorprendió que el demonio supiera que en ese preciso momento estaba tomando la espada miniaturizada que escondía en su pantalón. Al fin y al cabo, la supervivencia de su especie dependía de que tan buenos fueran detectando el peligro. Y sin duda un Guerrero de Hades armado estaba en lo más alto de una larga lista de enemigos mortales.
—¿Qué quiere Calixto?
—Quiere hacer un trato contigo, Guerrero.—Dijo sin rodeos.
Harry alzó una ceja. ¿Un trato con Calixto? Eso era algo que había que escuchar.
—Calixto quiere a la chica.— con un cabezazo señaló la cafetería que acababa de abandonar.
—Lo sé. Y puedes decirle de mi parte que se puede ir muy bien al averno—le espetó poniendo punto final a esa idea.
Evan cambió de postura, tratando de conservar la calma.
—Calixto dijo que dirías eso—resopló— Pero él me aseguró que quiere darte algo a cambio de la Séptima.
—¿De verdad él cree que me venderé?—soltó una risa hueca— ¿De verdad cree que traicionaré a Hades?
Sin dejar de reír con amargura, intentó regresar con Ginny, pero Evan lo frenó sujetándolo del brazo.
—¿Podrías al menos escucharme medio minuto?—escupió— ¿Crees que a mí me gusta esto? Calixto y los tuyos me han arruinado la vida. Estoy de verdad muy jodido, y estaré más jodido todavía si Calixto se entera que no te di su mensaje. Él tiene poder, guerrero, y yo prefiero ser su mensajero que su enemigo.
Harry le echó una mirada furiosa a la mano con la que Evan lo había sujetado. El demonio se apresuró a soltarlo, mostrándole las manos en señal de rendición.
—¿Cuál es el trato que quiere ofrecerme tu jefecito?—se cruzó de brazos en medio de la acera. El viento era cada vez más fuerte, pero él ya no notaba el frío. De solo imaginarse que Calixto pensara que él también podía llegar a ser un sucio traidor, hacía que la sangre le hirviera.
—La Séptima a cambio de un lugar privilegiado en el Nuevo Orden.
Harry quedó de piedra.
—¿Un lugar privilegiado en el Nuevo Orden?—repitió sin lograr que las palabras tuvieran un significado.
—Calixto sabe que no eres como los otros Guerreros, sabe que eres especial...
—¿Y tú qué sabes de eso?—gruñó.
—Yo no sé nada. Me limito a repetir lo que me ordenaron que dijera—se revolvió el cabello sin entusiasmo— Hades es una piltrafa de Dios, no le queda mucho. Calixto es justo, y sabe apreciar a los buenos soldados. Así que por eso quiere que tú estés de su lado.
—¿De su lado?
—Así es. Tú le entregas a la chica y él te dará tu libertad y un lugar bajo su protección. Y no nos olvidemos de la riqueza y el poder.
El guerrero permaneció inmóvil. ¿Calixto le proponía algo semejante? Miró a Evan con mucha atención. No parecía como si estuviera mintiendo.
—¿Cuál es el truco?
—No hay truco— se encogió de hombros—Hades será el primero en caer y luego le seguirán los otros. Calixto será el rey cuando todo acabe.
—¿Eso es lo que cree él?
—Eso es lo que pasará—sentenció— La Moiras lo han dicho.
—Tonterías.—refunfuñó Harry con la mirada perdida. No quería creer que las Moiras había dicho eso. Estarían jodidos si fuera así.
—¿Qué dices?—Evan se inclinó un poco hacia delante. Ansioso— Mejor a su lado como sirviente, que como cadáver bajo sus pies.
Harry tuvo que contenerse para no echarse a reír en su cara. Aquel era un dicho muy popular entre los demonios. "Mejor sirviente que cadáver". No podía negar que tenía su punto de razón en una muy retorcida filosofía de vida. Pero no dejaba de ser el lema de los cobardes y los traidores.
—Yo jamás...
—No tienes porque contestar ahora— lo interrumpió— Piénsalo. Piensa en lo que ganarías con Calixto.
Evan se alejó a paso rápido, y al pasar por enfrente de los ventanales de la cafetería de Lucy, hizo un movimiento con la cabeza, despidiéndose de una Ginny que no había perdido detalle de ninguno de los movimientos de ambos.
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—Tu amigo es muy interesante—comentó la pelirroja cuando Harry regresó y se derrumbó en su silla.
El muchacho dio un bufido muy prolongado antes de soltar un débil: "No sabes cuánto". Las palabras de Evan todavía le hacían zumbar los oídos.
"Piensa en lo que ganarías con Calixto..."
Hola! Bueno si, tarde mucho con la actualización. Lo siento mucho. Pero de verdad este capítulo me ha sacado canas verdes, lo he re-escrito tantas veces, eliminándole y agregándole escenas que ya comencé a odiarlo mucho. (Así que si no les gusta pueden irse muy bien a la porra ¬¬ con todo respeto y amor se lo digo :D)
Tal vez este capítulo les resulto un poco aburrido (o del todo) pero de verdad quería hacer algo aquí. Quería entre muchas cosas contar un poco más sobre Ginny, hasta ahora ella es la pobre chica a la que le ocultan cosas sobre su pasado y quien es en realidad. Quería crear un acercamiento entre ella y Harry en el que Ginny le contara su historia familiar y sus ambiciones. Hasta ahora ellos solo tiene una fuerte atracción física, por eso mismo trate de traer un poco de la Ginny de los primeros libros: la que se sonrojaba y tiraba cosas cuando Harry entraba en la habitación. Aunque también trate de mostrarla como aparece en el penúltimo libro: alegre y compañera. Espero haberlo hecho bien, aunque sé que me fui un poco del rumbo.
Bueno, se que aquí Nick no apareció nada, pero quería hablar un poquitito sobre él. Nick no está enamorado de Ginny ni nada de eso. Creo que quedó claro que él tiene fuertes sentimientos hacia Luna, la cual los corresponde a pesar de que su relación sea casi imposible. Yo veo a Nick como otro hermano de Ginny, y al igual que Ron, es un guardabosque de primera que no dejara que ningún fulano se arrime a su hermanita.
Ahora bien, a pesar que esto es AU trato de mantenerme lo más cerca posible a lo establecido por Jk. Así que contestando la pregunta que me han hecho un par de veces: Si, Sirius si conoce a los padres de Harry, es más, si se fijan bien, en el capítulo "Zay" se menciona a James.
Bueno, creo que ya no hay nada más que decir. Muchísimas gracias a todos los que comentaron el capítulo anterior! Y también gracias por las alertas y los favorito! De verdad aprecio mucho el apoyo que me han dado con esta rara historia :D
Besos grandes!
Hasta la próximo.
