Capítulo 12.

Pieza.

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Harry permanecía inmóvil en la oscura cocina. Sentado a la mesa con las manos alrededor de una taza de té ya frío, y los ojos fijos en la madera vieja de la mesa. Solo oía el débil tic tac del reloj de la sala.

Había intentado dormir, pero había fracasado de manera lamentable. Cada vez que cerraba los ojos un nuevo recuerdo de su vida en el inframundo lo hacía revolverse entre las sábanas. Al final, no había soportado permanecer en su cuarto, y transportó sus lamentaciones al piso de abajo, aunque aquello no presentaba ningún cambio positivo.

El hermoso rostro de Perséfone aparecía ante él, una y otra vez. Por mucho tiempo, ella había sido un apoyo. Cuando la diosa estaba de buen humor y le permitía estar a su lado, esos momentos habían sido pequeños escapes de su vida de soldado.

No importaba qué misión deplorable Hades le hubiera encomendado, siempre podía correr hacia donde Perséfone y Albus estuvieran, para así sentir su apoyo y aprecio...

Pero todo había sido mentira. Todo aquello que creía que lo volvía especial, no era más que el capricho de en turno de la diosa de la primavera.

El no era especial, simplemente había estado en brazos de Albus en el momento preciso. ¿Acaso Perséfone le habría elegido ella misma? ¿Cómo un cachorro en una tienda? ¿O fue Albus? ¿Perséfone habría quedado satisfecha con la elección?

"Los guerreros son descartables." Le había gritado en la cara la mismísima Tisífone cuando apenas era un niño de cinco años. "A nadie le importa su existencia. Nadie llorará sus muertes, y estas solo tendrán valor si la tienen cumpliendo las órdenes de su amo."

Los Guerreros de Hades ni parpadeaban cuando la Furia caminaba entre sus filas, mostrando su rostro abominable lleno de filosos dientes, soltando aquel discurso que repetía al menos tres veces al día. A los soldados les importaba un pepino sus palabras. Ninguna tenía emociones para comprender lo que significaba aquel discurso, así que todo aquello les resbalaba como gotas de lluvia.

Pero Harry no tuvo esa suerte. Moría de miedo cada vez que aquel ser casi demoníaco se le acercaba.

"No eres nada"

"No vales nada"

"Nadie te quiere, ni te querrá"

Su corazón se estrujó ante el recuerdo. Cuando había envidiado a sus compañeros por no temerle a Tisífone ni a sus ponzoñosas palabras.

"No es verdad" le había susurrado Albus con amabilidad, cuando aquel niño tonto y miedoso se escabulló del resto para llorar en brazos de su profesor. "Nadie es prescindible, pequeño. Todos tenemos un lugar en el mundo, una misión. Las Moiras te trajeron aquí por una razón."

"¿Cuál?" con los ojos empañados alzó su cabecita desesperado por oír la respuesta.

"Eso es algo que tendrás que descubrir tú solo."

Y como una mala galleta de la fortuna, Albus se las arreglaba para nunca responderle. Ahora entendía la razón.

La verdad que tanto había buscado solo lo hacía sentir miserable. Tal vez el anciano le había tomado el cariño suficiente para querer evitarle la amargura todo el tiempo que pudiera.

—¿Estás bien?

Harry casi dio un salto cuando la luz de la cocina se encendió y vio la esbelta figura de Astoria, que lo observaba desde la puerta que daba al comedor. Llevaba un pijama de color amarillo patito y el cabello castaño apretado en una trenza que caía por uno de sus hombros. Lo miraba atentamente con el ceño ligeramente fruncido.

—No me pasa nada—se limitó a responder, antes de seguir bebiendo su té.

La voz del muchacho era filosa, y ponía sobre aviso a cualquiera de su mal humor y poca paciencia. Pero Astoria ni se inmutó. Tomó la tetera que descansaba frente a Harry y se sirvió una taza ella también, calentándola con un movimiento de su varita. Sin decir una palabra se sentó al otro lado de la mesa, con los ojos en la ventana que daba al jardín, como si esperara ver a alguien allí.

—Te sientes miserable—la voz de la guerrera era amable, y Harry casi podía detectar genuina preocupación en ella.

—Eso no es asunto tuyo.—Sabía que no podía decirle que se equivocaba. Al fin de cuentas, los guerreros de Hades podían ver claramente las emociones de la gente a su alrededor. Antes, cuando vivía en el inframundo, la magia de Albus ocultaba las emociones que no lograba controlar por sí solo. Gracias a eso, ningún guerrero había podido descubrir su secreto. Pero eso había cambiado. Desde el momento que había llegado al mundo humano, las protecciones mágicas habían desaparecido, y él se había vuelto un humano más ante los ojos de sus compañeras.

Astoria podía leerlo como lo haría con cualquier cliente del bar, y eso a Harry lo ponía enfermo. Sus sentimientos eran suyos y no quería las narices de nadie en ellos.

—Cuando llegaste con Ginny anoche te veías feliz—continuó Astoria sin importarle la furia que parecía estar creciendo en el chico.

Harry ni la miró. Claro que al regresar la noche anterior había estado contento. Ginny lo había invitado a una especie de cita, y aunque aún no entendiera del todo la razón, sentía una agitación extraña pero agradable en su estómago.

No entendía porque, pero por alguna razón Ginny había logrado que se olvidara de las palabras de Perséfone. Y por un momento, mientras caminaban sin dejar de hablar y reír en dirección a la casa, Harry se había sentido como una persona normal. Aquello había sido una sensación asombrosa y se preguntaba cómo la chica lo había logrado.

En otras circunstancias hubiera creído que Ginny usaba sus poderes de Séptima para hacerlo sentir así, pero eso era simplemente imposible. Los poderes de la chica habían sido sellados en su interior, solo la Llave lograría que ella pudiera usarlos.

—Ella es especial—Astoria estiró una mano, tocando con amabilidad la muñeca de Harry. El guerrero se sorprendió tanto que no atinó ni a rechazarla. Solo permaneció allí, mirándola completamente paralizado. —Tú también eres especial...

—Vale... si dices que te gusto, voy a vomitar.

Astoria sonrió y por primera vez en casi dos décadas de convivir con ella, Harry pensó que era hermosa.

—Tonto—le dio un golpecito en el hombro antes de apartarse.—Siempre supe que eras diferente al resto. Pero por alguna razón, no podía ver lo que ahora veo.

Harry la comprendió. Las protecciones habían caído y Astoria se había vuelto un ser tan empático que ahora podía verlo como era en realidad.

—Albus me protegía en el inframundo—murmuró, con una honestidad a la que no estaba preparado.

—Ya veo.—Astoria lo estudió con la mirada—Sabes, desde que estoy aquí, todo es un poco confuso para mí. No es que sienta culpa de las cosas que he hecho, pero es una sensación extraña... es como... como...—No tenía palabras para describir lo que sentía, y Harry la entendía. Las emociones eran abrumadoras a veces, y sin la fuerza y una guía adecuada, podrían destruirte.

—Podrás entender todo cuando tengas tu alma.—le prometió.

—No sé si la quiero.—murmuró, agachado la cabeza.

—¿A qué te refieres?

—No me preocupa sentir amor o felicidad, Harry.— susurró como si temiera que alguien más la escuchara.—Pero no quiero sentir miedo... o culpa. Ahora lo veo muy claro, he hecho cosas malas.

—Obedecías órdenes—le dijo con firmeza—Ni tu ni yo podemos desobedecer una orden de Hades aunque quisiéramos.

—¿Eso cambia algo?—Negó con la cabeza—He absorbido tantas emociones que puedo sentir el fantasma de la culpa, y es horrible, Harry. No quiero ni pensar lo que sería tener un alma y emociones propias... No creo que pueda soportarlo.

Harry quedó boquiabierto cuando vio a Astoria reprimir un lamento mientras todo su cuerpo se estremecía. Jamás la había visto quebrarse. Es más, nunca había visto a un guerrero llorar, ellos no podían.

Entonces lo entendió. La chica estaba absorbiendo sus emociones. El estaba haciendo que ella se sintiera miserable. Tal vez si tuviera esas ideas en la cabeza, pero era su culpa que los estuviera llevando tan lejos como para terminar en lágrimas.

—Lo soportarás.—le aseguró tomándola de la mano y dándole un apretón que intentaba ser cariñoso—Eres una de las guerreras más fuertes que conozco... Además—Suspiró, sabía que debía callarse.—¿Quieres que te cuente porque soy diferente al resto?

Y se lo contó todo. Tal vez solo quería que alguien más lo supiera. Pero lo cierto fue que se sintió mucho mejor cuando acabó, mientras su hermana falsa lo miraba asombrada.

—Entonces ¿nunca perdiste tu alma?—había quedado con la mirada perdida, ordenando en su cabeza toda aquella nueva información.—¿Quiere decir que todas las cosas que has hecho bajo las órdenes de Hades... las hiciste sabiendo que eran malas?

—Si Hades ordena, debemos obedecer, Astoria. No tenía otra opción.

Los enrojecidos ojos verdes de la chica lo miraron fijamente mientras las lágrimas no paraban de caer.

—Oh Harry...

Sin decir más se arrojó a sus brazos, abrazándolo como nunca nadie lo había hecho. Al principio, Harry no supo qué hacer, jamás había tenido un contacto como aquel. Astoria, un ser sin alma, estaba intentando consolarlo. Intentaba mermar veinte años de pura basura. Eso lo hizo sentir bien de alguna forma y le correspondió el abrazo con cierta torpeza. Por primera vez sintió un genuino cariño por ella.

—Ya no importa...

—Claro que sí...—le afirmó mirándolo a los ojos.

—Tenemos una misión y cuando acabemos seremos libres—alzó una mano y secó el rostro humedecido de la chica. Estaba llorando por él.—Y no te preocupes por lo que pasará después ¿sí? Yo estaré allí y te ayudaré ¿de acuerdo? Te enseñaré a cómo vivir con alma.

Astoria asintió con la cabeza antes de volver a abrazarlo.

—Gracias, adelfos.

Un débil ruido hizo que los guerreros se acercarán con rapidez a la puerta de la cocina. Una figura encapuchada acababa de aparecer en los límites del jardín.

—Debe ser Hermione—le dijo Astoria, mientras se apresuraba a limpiar su rostro. Agitó su varita y en el acto todos los rastros de su momento de quiebre desaparecieron. Era como si nunca hubiera derramado una lágrima, y Harry intuyó que la chica no quería mostrar debilidad alguna frente a la otra guerrera.

—¿Hermione salió?

—Nunca regresó del bar, en realidad. Por eso bajé cuando vi lo tarde que era.

Harry no podía estar más extrañado. Le había dado a Hermione la tarea de liberar la protección que les había mandado Hestia, en el bar. Y se suponía que era una tarea que no llevaba más de dos minutos. Le echó un vistazo al reloj de la cocina, eran más de las cuatro de la mañana.

Aquello era un desastre. Hermione había desaparecido por horas y él ni siquiera lo había notado. Estaba tan concentrado en sus problemas que había dejado en segundo lugar sus obligaciones como líder. Se avergonzaba de sí mismo por eso. Tal vez Hermione no fuera su persona favorita en el universo, pero era parte de su equipo y era su deber preocuparse por ella y cuidar su espalda.

—¿Estás bien?

—¿Te atacaron demonios?

En cuanto Hermione entró a la cocina sus dos compañeros de armas se abalanzaron hacia ella, mirándola con evidente preocupación. La guerrera los miró con una ceja alzada, al tiempo que se sacaba la capa.

—Estoy bien. Nadie me ha atacado.—respondió como si nada.

Harry y Astoria intercambiaron una mirada. Como siempre el rostro de Hermione no mostraba ninguna emoción, ni por mínima que fuera. Pero su cabello castaño que siempre llevaba perfectamente sujeto en una cola de caballo, estaba suelto y completamente despeinado. Y sus ropas, que habitualmente llevaba prolijamente, estaban arrugadas y puestas con evidente prisa.

— ¿Segura? ¿Pareces que acabas de salir de una batalla especialmente intensa?

—Estoy bien.—repitió de forma cortante sin mirar a nadie. Tomó una de las manzanas que había en un frutero, y sin más se marchó en dirección a su habitación, dejando a sus dos colegas aún más atónitos.

—Me preocupa.—le confesó Astoria, en cuanto estuvo segura que Hermione no la oía.—Lo que le hizo a Lavender hoy pudo haber terminado en un verdadero desastre.

—Lo sé... Tendremos que estar con los ojos bien abiertos. Hermione es una bomba de tiempo...

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Neville apareció con un clic frente a la puerta de atrás del bar que gestionaba junto a sus amigos. Era tan temprano que las luces de los faroles aún no se habían apagado. Segundos después, el motor de una motocicleta, le advirtió que alguien acababa de entrar en el callejón. Al voltear, la luz del vehículo lo dejó momentáneamente deslumbrado. Cuando las luces se apagaron junto al motor, al fin pudo encontrarse con un hombre alto pasado los cuarenta, de cabello negro que le llegaba a los hombros. Todos lo comparaban con una estrella de rock de los 80, con sus botas de motorista y chaqueta de cuero. Sirius Black se bajó de la Harley Davidson de un salto y le regaló su sonrisa más sincera.

—¿Que hay, Longbotom?

Se veía contento, y eso sorprendió a Neville. Diciembre no era un buen mes para Sirius, hacía una semana se había hecho la fecha de la muerte de su amigo, James Potter, y eso siempre lo volvió alguien depresivo. El hecho que sonriera era una demostración de que tal vez estaba dejando a su amigo en el pasado, donde debía estar. Neville se alegró por él, no podía imaginar lo que era perder a alguien que era como un hermano.

—Hola, Canuto—lo saludó usando su apodo.—¿Todo bien?

—No puedo quejarme.—se encogió de hombros despreocupado. —¿Cómo te va a ti?

Neville detectó una nota de diversión en la pregunta de su amigo y eso logró hacerlo sonrojar.

—¿Te lo han contado, no?—bufó al tiempo que entraban al bar.

—Es la comidilla del pueblo, amigo— Sirius trataba de ser amable, pero se estaba riendo descaradamente.

—Me alegro que se divierten a costillas mías.—refunfuñó

—Oh vamos— le dio una amistosa palmadita en la espalda al tiempo que subían las escaleras de caracol que daban a la oficina.—No lo tomes a mal, solo es divertido ver a Luna huir de ti. "Friendzone" así le dicen los jóvenes ahora.

—No le encuentro la gracia, he quedado como un completo idiota, y ahora tendré que verla en la fiesta de cumpleaños de Taby. Será un completo des...

Las palabras del chico quedaron en el aire en cuanto atravesó la puerta de la oficina y se encontró con el trasero desnudo de Ronald Weasley, que dormía profundamente en el sillón-cama que había allí.

—Pero qué carajos.—La carcajada de Sirius se pareció mucho a un ladrido. Tan estridente que Ron se levantó de un salto, dejando que sus dos socios lo vieran como su madre lo trajo al mundo, mientras daba tumbos en la alfombra intentando orientarse.

A Neville no le sorprendía tanto encontrar a su amigo en esas fachas. Todos sabían que aquella oficina más de una vez se había convertido en un cuarto de motel para cualquiera de los socios; exceptuando Draco, que era demasiado recto y moralista como para acostarse con alguien en un cuarto en la parte de atrás de un bar.

—Uff me quedaré ciego—se rió Neville tapándose los ojos de forma dramática

—¡Cállate!

—Ufff vaya fiesta, ¿eh?—Sirius levantó con la punta de su varita un par de calzoncillos blancos que habían tirados sobre una lámpara de pie.

— Ya lo creo—Neville miró alrededor. Todo era un verdadero caos. Los cojines del sillón estaban tirados por todos lados, y las cosas que habitualmente se encontraban sobre el escritorio, estaban tiradas en el suelo. Neville no quería ni imaginarse lo que Ron había hecho sobre aquella superficie de madera. Jamás volvería a usarla en su vida.

Ron miró alrededor aún desorientado. Todavía era de noche, podía ver estrellas por la ventana de la oficina. Se rascó la cabeza mientras tomaba los pantalones que muy amablemente le tendía Sirius Black.

—Espero jovencito que hayas usado protección ¡Sin sombrero no hay vaquero!—le riñó muerto de risa.

—Cállate, Canuto—gruñó Ron de malas pulgas.

—Uff con ese humor, me imagino que no debió ser una noche con final feliz. No te preocupes, a todos nos pasa, a veces nuestro amiguito se pone un poco tímido. —le tomó el pelo Sirius recibiendo en el acto un cojín en la cara, mientras Neville se desternillaba de risa.

—Oye, ¿pero qué pasó? Anoche cuando me fui dijiste que te irías a casa—su amigo se puso serio—¿No me digas que Lavender...?

—¿Lavender? No, ni loco volvería a meterme con esa psicópata—le aseguró al tiempo que se ponía su camisa.

—¿Entonces con quien...?—Sus socios se morían de la curiosidad. Ambos sabían que Ron era bueno ligando y se preguntaban qué chica había logrado conquistar en tan poco tiempo.

—¿Melody?—Neville sabía que hacía poco el pelirrojo había salido a tomar un café con una compañera de la academia, pero no había creído que fuera algo que diera para algo más.

Ron negó con la cabeza, mostrándose demasiado hermético en un tema que solía convertirlo en todo un charlatán.

—Chico, si no hablas te hago hablar—le amenazó Sirius con una sonrisa mientras agitaba su varita.

Ron llevó sus ojos a la puerta de la oficina, y Neville lo comprendió. Una vez a la semana los cuatro socios se reunían para ver cuentas y proponer ideas, y en aquella ocasión solo faltaba uno. El hecho de que Ron tuviera miedo de revelar la identidad de la chica con la que se había acostado en presencia de Draco, no auguraba nada bueno.

—Draco todavía no llegó, así que habla, idiota—lo apremió Sirius mas intrigando que nunca.

—Hermione.

Sirius lo miró sin entender, pero Neville soltó un silbido

—Estás loco—negó con la cabeza.— Muy loco.

—¿Quién es Hermione?

—Es la prima de Luna y para rematar es una de las nuevas camareras del bar

—Eres un idiota.— Sirius era un alma libre, Ron había aprendido todo de él. Pero hasta Black tenía un límite, y tener un ligue de una noche con alguien tan cercano era la estupidez más grande de una larga lista de estupideces.—¿Y ahora que vas a hacer?

Para sorpresa de todos, Ron comenzó a reírse sin parar.

—Chicos, no creo que pase nada.

—¿De qué hablas?

—Jamás me sentí más usado en mi vida...—y con una sonrisa bobalicona añadió—¡fue la mejor noche de mi vida!

—Draco va a matarte... Y Luna, joder Luna...

Ron negó con la cabeza. No creí que Luna fuera precisamente muy apegada a Hermione, así que dudaba que esta se lo contara.

Aunque estaba seguro que Draco sin duda lo asesinaría. Había roto la regla de no ligar con el personal. Al principio de la noche había tenido que acallar la sensata voz del rubio en su cabeza. Algo sin duda molesto, pero en lo que Hermione le había ayudado a las mil maravillas a ignorar.

—No me lo puedo creer—Neville agitó la varita y todo volvió a su lugar en la oficina.—Bueno de ti si me lo creo, pero de ella... Parecía una chica tan formal y...fría.

Ron le echó un vistazo al sillón con todos sus cojines en su sitio. Él también había creído que Hermione era demasiado seria y fría, pero lo que se había encontrado era algo muy diferente.

—Te aseguro Nevi, que ella puede dejar de ser formal y fría en las circunstancias correctas.

Sirius y Neville se miraron resignados, Ronald no tenía remedio.

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Las primeras luces del día comenzaban a colorear de rosa el cielo. Era la mañana más fría hasta el momento y Draco apenas podía sentir sus dedos alrededor del cigarrillo que estaba fumando. Estaba en la acera frente al bar, esperando que los minutos pasaran. Sabía que al menos su padrino Sirius estaba dentro, ya que había visto su inconfundible motocicleta estacionada en el callejón. Pero aun no le apetecía entrar, había dormido muy poco y no estaba de humor para socializar tan temprano en la mañana.

El viento frío le atravesaba la piel descubierta del rostro como agujas, pero eso no lo movió. Estaba a punto de encenderse su segundo cigarro cuando la vio.

A unos pocos metros de donde él se encontraba, en el umbral del negocio de al lado, había una pequeña criatura. Cuando la notó por el rabillo del ojo, por un segundo había creído que se trataba de un elfo doméstico, pero cuando la observó fijamente se sorprendió mucho más al encontrarse con una pequeña niña que no tenía ni seis años.

Su palidez era enfermiza y su cabello negro, despeinado y sucio, le daba una apariencia salvaje, aunque lo observaba con unos ojos verdes que parecían amenazar con comenzar a derramar lágrimas. Lo que más lo inquietó fue su atuendo. A pesar de la temperatura tan gélida de aquella mañana, la pequeña llevaba un vestido de verano de color blanco (aunque la mugre lo había vuelto gris) que dejaba sus piernas y bracitos al descubierto. Y lo que más le partió el corazón fue notar que sus sucios piecitos estaban descalzos.

Miró alrededor, en busca de alguien adulto que la acompañase, pero la calle estaba desierta, cosa que no era muy extraña ya que ni siquiera había terminado de amanecer.

—Hola—la saludó con amabilidad, intentando no asustarla.—¿Estás sola?

Sabía que aquello sonaba terrible. Y se lamentó al pensar que un adulto ya no podía ser amable con un niño sin ser mirado con desconfianza.

La pequeña miró la calle, de izquierda a derecha, asustada antes de clavar sus enormes ojos otra vez en Draco.

El muchacho la observó preocupado. Un poco dudoso, se atrevió a acercarse despacio como quien se acerca a un animal herido. La pequeña lo miró fijamente mientras se sostenía con ambas manos al umbral con decoraciones navideñas de la mueblería. Parecía ser que él no era quien le provocaba aquel miedo que se reflejaba en sus ojos. Pero seguía escudriñando la calle como si esperara a que un monstruo horrible saltara de detrás de un contenedor de basura y se la fuera comer entera.

—¿Dónde están tus padres?— La niña no le contesto. Se puso de cuclillas para quedar a su misma altura, al tiempo que se preguntaba si era de sus padres de lo que precisamente estaba huyendo. No le costó mucho creérselo, hasta sus padres que eran dos grandes sacos de excremento de Dragón, jamás hubieran permitido que él vagara por las calles de Londres con ese frío tan cruel, solo y desabrigado.

Con cuidado se desabrochó su gruesa capa de piel, y lentamente se la acercó a los hombros, buscando su aprobación. La pequeña dejó que la abrigara, cerrando los ojos por un momento, disfrutando de la calidez de la prenda.

—¿Tienes frío, no? Ven, vamos adentro ¿tienes hambre? Te daré chocolate caliente ¿qué te parece?—Mientras decía esas palabras pensaba en lo que debía hacer. Sin duda debía llamar a la policía muggle, ellos sabrían quién era y seguramente alguien estaría buscándola.

—A...a...ayu...ayuda...

Su voz era débil y muy aguda, y Draco sintió unos escalofríos que poco tenían que ver con el viento helado que se filtraba entre los tejidos de su ropa. Tuvo el impulso de tomarla en brazos, tan pequeña y frágil, pero se contuvo por miedo a asustarla aún más.

—No te preocupes. Yo te ayudaré. —Le aseguró—soy Draco, ¿me dirías tu nombre?

Pero la niña lo ignoró nuevamente, con la vista fija en el otro lado de la calle.

—Bus... busco alguien.

Draco comprendió que le costaba mucho construir una oración.

—¿Buscas a alguien?—. La niña asintió—¿A tus padres?

—No... Busco ayuda, alguien—temblaba como una hoja, y a Draco temió que le diera algo.

—¿Quién?

—Ha...Harry Potter.

Draco quedó de piedra. De pequeño solo tenía una regla cuando pasaba los veranos con su padrino; tenía terminantemente prohibido pronunciar ese nombre, más cuando estaba cerca de Lily Potter. No por una razón cruel, sino porque no había persona que escuchara ese nombre y no se entristeciera.

Harry Potter era el único hijo que habían tenido Lily y James Potter, los mejores amigos de su padrino Sirius. Por lo poco que sabía, el niño había desaparecido de su cuna una noche días después de nacer. Sin ningún rastro que seguir, solo un cuarto vacío y un dolor atroz. Nunca lo encontraron, a pesar que sus padres habían movido cielo y tierra. Aquella pena había matado a James, y parecía estar haciendo lo mismo con Lily.

—¿Harry Potter? ¿Es una especie de broma?—la tomó de los hombros con cuidado, olvidándose de su calma.

—Broma no—balbuceó al borde de las lágrimas—Harry Potter ayudar.

—¿El te ayudará? ¿Sabes dónde está Harry Potter?

Cuando la niña asintió con la cabeza, el muchacho sintió que su ritmo cardíaco se aceleraba. Aquello era una jodida locura, casi veinte años de ausencia no podían terminar con los murmullos incoherente de una niña de la calle.

—Harry aquí.—dijo y señaló la puerta del bar.

Cualquier grado de esperanza que de pronto hubiera crecido en su interior se esfumó. Si en alguna ocasión el hijo de Lily y James hubiera cruzado la puerta de su establecimiento, él lo hubiera sabido. Había pasado la vida escuchando lo parecido que era a James pero con los ojos verdes de Lily. Estaba convencido que de tenerlo enfrente lo reconocería.

—Él nunca ha estado aquí, desapareció hace mucho.

—No—agitó su cabecita con terquedad.—Aquí ,aquí , aquí...

—Está bien...te creo. —Le aseguró, tratando que no se alterarla más. —Ven, te daré algo para que comas y luego buscaremos juntos a Harry.

—¡No, él aquí, él ayuda! ¡AYUDA! ¡Ayuda!—Draco se tapó las orejas con las manos, el grito de la niña le perforó los tímpanos. De pronto su voz ni siquiera parecía humana.

Y en un suspiro, la niña desapareció. Draco solo había cerrado los ojos una fracción de segundo, pero cuando los volvió a poner en la pequeña, esta no estaba. Aturdido miró de un lado a otro, pero no había ni rastro de ella.

Permaneció inmóvil un momento, completamente sorprendido. Cuando se puso de pie, pensó por un segundo que estaba loco, que había sido un momento de delirio. Pero el viento helado y la falta de su capa eran la prueba de lo que acababa de suceder. ¿Era una bruja? Era muy pequeña para aparecerse... Miró hacia la puerta del bar. Ella lo había visto, y solo los magos podían hacerlo.

Volvió a escanear la calle con una mirada, pero no había nadie. Ni rastro de un persecutor aterrador ni una niña pequeña que estuviera huyendo de él.

Permaneció allí de pie, sin saber qué hacer, hasta que sus músculos se agarrotaron. Casi por inercia entró al local. Como un zombie llegó a las escaleras de caracol y las subió, apenas sintiendo la diferencia de temperatura con el exterior. Cuando irrumpió en la oficina, las risas de sus amigos se desvanecieron, mientras se miraban como niños que escondían un jugoso secreto.

De la bruma en la que su mente se había perdido, pudo entender a qué se debían sus sonrisas de complicidad. Solo tenía que ver el cabello sin peinar de su amigo Ron y el hecho de que aún llevaba la misma ropa del día anterior, para comprenderlo todo.

Pero al voltear a ver a su padrino Sirius, que le sonreía inocentemente, simplemente no podía soltarle un sermón a su pelirrojo amigo o regañar al resto por aplaudir sus tonterías.

Harry Potter. Dos palabras que destrozaban a muchas personas que él quería... por un segundo estuvo tentado de contarle a su padrino lo que acababa de ocurrir, pero se contuvo. No podía, no debía. No hasta que encontrara a esa niña y obtuviera respuestas.

—¿Te ocurre algo, Draco?—Sirius lo miró preocupado, perdiendo su sonrisa.

Draco miró a su alrededor, todos lo miraban extrañados.

—Yo... Tengo frío, olvide mi capa en casa...

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Hola humanos! Si lo sé, es un capitulo bastante corto, pero que le va a hacer, quería actualizar de una vez. Ame la escena Harry/Astoria! ¿Ustedes que opinan? ¿Y qué les pareció la escena final de Draco y la niña misteriosa? Jaja ya falta poco para que comience lo bueno xd

Bueno, contestando algunas dudas (¡muchas gracias por tu comentario andryharryp!) empiezo: Uno) Tal vez no lo deje muy claro en capítulos anteriores, y si es así, aquí lo explico. Por mucho que Harry no haya perdido su alma y tenga muy claro lo que es bueno y malo, el no puede desobedecer las ordenes de Hades, el es un esclavo, como un elfo domestico o como si le hicieran un Imperius. El sabe que está mal, y sufre mucho por eso, pero no puede luchar contra Hades. No olviden lo que dijo Perséfone en el capitulo anterior, aunque Hades no tenga su alma, ellos tiene una conexión que no deja que Harry le desobedezca. AUNQUE, que quede claro también, en estos momentos el poder del dios es my débil, así que Harry muy bien podría desobedecerlo y no habría ninguna consecuencia, por eso mismo Calixto intenta persuadirlo de que se pase a su bando. ¿Se entendió, o ya la embarre más? A mí ya me duele la cabeza xd Dos) Ginny nunca ha tenido una relación verdadera en esta historia, no olviden que ella puede saber lo que la gente piensa sin necesidad de usar magia, y como le sucedía a la desafortunada Sookie Stackhouse, eso no ayudaba mucho en el mundo las citas. Y tres) Harry es una blanca palomita xd En capítulos anteriores se menciona que él nunca ha estado con una chica, en ninguna forma. Lo cual es una diferencia bastante grande con Hermione y Astoria, las cuales si tiene experiencia, aunque esta no es emocional, sino mas "física" :) ay dios me quiero jubilar jajaj

Bueno no hay más que decir jajaj

Nota:

Tisífone: Es una de las tres Furias, específicamente la que se encargaba de torturar a aquellos que cometieron actos de sangre, como el asesinato.

Hestia: Diosa Griega que representa la familia, la cocina y el hogar, o mejor dicho al fuego que mantiene el calor en el hogar. Es muy pacifica y siempre está al margen de las disputas de los dioses. Prometió permanecer virgen para siempre y siempre ocuparse del fuego que hay en el Olimpo.

Tánatos: Representación griega de la muerte, específicamente de la muerte sin violencia. Es un dios pacífico, a diferencia de sus hermanas las Keres que son las encargadas de las muertes violentas en los campos de batalla.

Adelfos: Palabra griega que usa Astoria con Harry, significa hermano, pero con una connotación de mucho cariño y respeto.

Que tengan una buena semana!

Besos grandes.