Capítulo 17.
Only You.
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Evan intentó mantenerse de pie mientras ayudaba a su amo Calixto, el cual daba traspiés. No tenía ninguna herida visible, pero su semblante grisáceo y la pérdida total de su sonrisa petulante, además del hecho de que lo necesitaba para poder caminar, era la evidencia absoluta de que la Séptima lo había derrotado.
Algo había ocurrido en el callejón. Primero ese guerrero había destruido el hechizo mental que su amo había utilizado y luego, el despertar de los verdaderos poderes de aquella pelirroja... Evan había oído que una séptima era increíblemente poderosa, todo una máquina de destrucción, pero lo que había visto esa noche le había helado la sangre. Siquiera sabía como había logrado escapar. Otros demonios también lo habían hecho y estaban igual de aturdidos, sorprendidos con su propia supervivencia.
Calixto le ordenó que lo ayudara a llegar a los calabozos. La debilidad que dejaba ver en su agotado cuerpo tomaba por sorpresa a Evan. Unas horas atrás, su amo era la representación del poder más salvaje y a la vez más controlado que había visto en la vida. Pero ahora era un piltrafa que hacía preguntarse porque le tenía miedo.
Llegaron a aquella celda misteriosa, la última del pasillo en la que nunca nadie entraba. Calixto abrió la puerta con lo último de magia que le quedaba y Evan no le quedó más remedio que entrar, ya que su amo era incapaz de dar un paso sin su ayuda.
La oscuridad era casi absoluta, excepto por una pequeñísima llama que flotaba a unos centímetros del suelo de tierra en un rincón de la celda.
Allí, iluminada apenas por la amarillenta lucecita había una mujer... No, se corrigió rápidamente Evan al ver su demacrado rostro en forma de corazón. Una diosa, una diosa completamente derrotada, con grilletes creados en el mismísimo tártaro en sus pies y en sus muñecas.
Su cabello pelirrojo estaba deslucido y sucio, sus ropas que alguna vez fueron seguramente una túnica de terciopelo negro, estaba mugrienta y hecha jirones. Parecía a punto de morir, pero Evan sabía que no lo haría, era inmortal. Su sufrimiento sería eterno a menos que alguien se apiadará de ella y la liberara.
Calixto jamás lo haría. No cuando ella era su alimento.
Evan desvió la mirada ante aquella aberración. Cuando Calixto, como un sediento que al fin encuentra un oasis en el desierto, se abalanzó sobre ella, rasgando su cuello de piel dorada y bebiendo mucho más que sangre, sino su poder, su divinidad.
Ella no luchó. Permaneció inmóvil mientras él, como una garrapata, recuperaba su fortaleza perdida. Los ojos de la diosa no expresaban nada, pero estaban fijos en Evan.
Su mirada le quemaba, pero él no se movió de donde estaba. Un híbrido alimentándose de la divinidad de una diosa, eso era herejía. Antinatural.
Calixto se apartó limpiándose la boca con la manga de su camisa, estaba recuperado completamente, aunque su sonrisa sobradora había desaparecido.
—¿La séptima te ha dado tu merecido?— Para ser un ser apaleado y encadenado, cuya fuerza estaba siendo drenada de la forma más dolorosa y bestial, se notaba la mofa en sus palabras.
—Púdrete.—masculló Calixto poniéndose de pie.
—Lo haría con gusto, querido.
Calixto le lanzó una mirada cargada de odio antes de voltear a ver a Evan. Estaba claro que la odiaba con cada molécula de su ser, pero la necesitaba.
El demonio permaneció encogido junto a la puerta de la celda sin atreverse a hacer contacto visual. Su amo lo sacó de un empujón de la celda antes de volver a mirar a la diosa.
—Sacate esa sonrisa Hécate, esta noche las cosas han salido exactamente como lo he planeado.
Evan lo miró. Su sonrisa petulante había regresado mientras cerraba la celda. Así que todos esos demonios que habían perecido, el fiel Zay... Solo eran carne de cañón.
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Nick miró a su alrededor. El cuarto de Ginny estaba exactamente como siempre. No había señal alguna de lucha. Si la pelirroja no estaba allí, era porque se había ido por voluntad propia.
Aquello lo asustó más que el ejército de demonios. Ginny estaba allí afuera, sola y con un poder enorme que aun no entendía ni tampoco controlaba totalmente.
Podía ocurrir una catástrofe. Provocarla ella misma, o peor aún, Calixto podía seducirla para que lo ayudara a provocarla.
Ron discutía con Luna. El quería salir a buscar a su hermana de inmediato y la semidiosa le decía que aquello era una mala idea.
—¿Qué se supone que harás si Calixto aparece? ¿Y sus demonios?
—Soy un auror.
—Ser un auror no te sirvio de mucho esta noche—le recordó Luna poniendo el dedo en la llaga—Si no fuera por mí, esas cosas te hubieran hecho pedazos.
Ron resopló frustrado mientras soltaba una maldición.
—¿Qué está pasando?—Astoria salió de la habitación que compartía con su hermana. Llevaba su varita, su rostro aún estaba pálido, aunque parecía más despabilada.
—Ginny no está—respondió Draco.
—Harry y yo la iremos a buscar—aseguró la guerrera, pero no dio ni dos pasos cuando comenzó a tambalearse. Draco la sujetó con fuerza para evitar que acabara en el piso. En ese instante Nick lo vio. En la mirada preocupada de Draco y en las mejillas sonrosadas de Astoria al encontrarse en brazos del chico. Al parecer Eros se había divertido de lo lindo con sus flechas esos últimos días.
—Tú no irás a ningún lado—Luna se colocó su armadura de madre sobreprotectora al verse rodeada de idiotas incapaces de cuidar de sí mismos.
Hubo protestas generales y Luna tuvo que comenzar a amenazar con su varita a todo el mundo.
En el desorden del pasillo, Nick le hizo señas a Harry para que regresara a la habitación. En cuanto estuvo dentro el fantasma se apresuró a decir.
—Si ella se marchó, creo saber dónde están.
—¿Dónde?
—Es solo una posibilidad... Y creo que deberías ir tú. —parecía que decir aquello le provocaba dolor—Apuesto mi colección de discos que nos escuchó mientras le contábamos todo a Ron... Si así fuera, yo sería la última persona que quiere ver ahora mismo, al igual que Luna.
—Yo también le mentí—le recordó abatido Harry.
—Lo sé, pero tal vez contigo sea más amable.
"Tal vez" o lo partiría en dos con un rayo de energía astral, pensó Harry con la pequeña sensación de que Nick no le importaba deshacerse de él enviándolo a la boca del lobo.
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A pesar de sus dudas, siguió las indicaciones de Nick y acabó en plena madrugada (cuando los demonios eran más fuertes) en uno de los puentes peatonales que cruzaban el Támesis. Una pequeña capa de nieve cubría todo y copos diminutos no paraban de caer de un cielo oscuro. Se ajustó la capa mientras intentaba ignorar el frío.
No le resultó muy difícil encontrar a Ginny. Estaba en medio del puente, sentada en el barandal con los pies colgándole. Se sintió aliviado al verla sana y salva, sin ningún demonio o Calixto cerca para lastimarla o tentarla.
Permaneció a considerable distancia. Cuidarla desde lejos como siempre debió hacer.
Abrió el canal de comunicación que horas atrás le había salvado la vida, y envió un mensaje rápido y claro a Astoria.
"La encontré y está bien"
Permaneciendo entre las sombras vigilaba a Ginny y los alrededores. Pero el lugar estaba desierto. Se preguntaba porque de entre todos los lugares que había en la ciudad, Ginny había elegido ese en particular y qué significado podía tener para que Nick acertara sin pensarlo demasiado.
Tomó una bocanada de aire nocturno y lo soltó lentamente, creando una nube de vaho a su alrededor. Intentaba no pensar en nada más que no fuera su vigilancia. Pero era complicado. Cada vez que sus pensamientos divagaban un poco, estos se volvían inmediatamente a las palabras de Draco.
"Lily"
Ni siquiera cuando había abandonado el inframundo para tomar la misión de cuidar a Ginny se había tomado un momento para pensar en la posibilidad de encontrar a su familia biológica.
Cuando Hades lo miró a los ojos y le prometió libertad si tenía éxito, su mente había soñado con conocer el mundo y hacer lo que le antojara cuando se le antojara.
Su familia real nunca había sido una opción, y ni siquiera sabía porque. Se preguntó si eso era normal. Si tanto entrenamiento y lavado de cerebro provocaban eso en los guerreros; ya que ahora que lo pensaba, buscar a su familia le parecía el proceder más obvio.
Nunca había conocido un guerrero liberado. Habían pasado siglos desde que uno hubiera obtenido su libertad, así que no tenía ni idea que solían hacer cuando al fin se "jubilaban".
Un ruido llamó su atención. Un montón de nieve cayó al río cuando Ginny se puso de pie sobre el barandal. Aunque se había prometido no acercarse, sus pies se movieron solos y echó a correr. La perspectiva de que cayera... Que se tirara, le produjo pánico. En su cabeza solo había un pensamiento claro: "No podía perderla".
La tomó por la cintura, obligándola a sentarse nuevamente en el barandal. Ginny pegó un respingo y lo miró con el ceño fruncido.
—Con miedo de ser comparado con un muy congelado Leonardo DiCaprio, tendré que advertirte que si tu saltas, yo salto también.—intentó sonreírle, pero era incapaz mientras su respiración era agitada y aún la sujetaba, casi abrazándola.
Ginny alzó una ceja.
—¿Viste Titanic?
—Es una de las películas favoritas de Perséfone.
—¿Perséfone?
—Sabes quién es.
Ginny asintió. Su cabeza era un torbellino desde que había despertado. Sentía que el mundo se amplificaba a su alrededor. Cosas que hasta ese momento creía no conocer parecían obvias en su mente.
—¿Cómo es posible que lo sepa?
—Todo ese conocimiento está dentro de ti, dormido como tus poderes. Ahora que despertaron, eres consciente de muchísimas cosas que no te imaginas.
La pelirroja se bajó del barandal, permitiendo que Harry la ayudara, aunque sentía que podía con todo. Desde que había abierto los ojos había tenido una sensación de absoluto poder. Sentía que podía luchar con todo un ejército ella sola y ganar... ¿acaso no lo había hecho ya? Todo lo ocurrido en el callejón parecía una pesadilla lejana.
En cuanto estuvo segura en el puente, Harry se apartó, permaneciendo con las manos detrás de la espalda y a considerable distancia.
Por un segundo no comprendió su actitud, pero la conversación que había escuchado sin ni siquiera salir de la cama se repitió en su cabeza. Luna y sus explicaciones la hicieron temblar.
—Toma—Harry se sacó su capa al verla estremecerse y se la ofreció, pero Ginny la rechazó. Lo cierto era que a pesar de solo estar llevando un pijama y una capa vieja, hacía rato que había descubierto que si se concentraba y lo deseaba con fuerza podía volverse inmune al viento invernal.
—¿Cómo me encontraste?—le preguntó, pero de inmediato la imagen de Nick diciendo la ubicación del puente apareció en su mente—Nick...
—Él creyó que estarías aquí. Aunque no entiendo porque...
Ginny lo miró y supo que por un momento Harry había temido que hiciera una tontería al verla parada sobre el barandal.
Observó el río. Aunque saltara y sus pulmones se llenaran del agua sucia que había allí abajo, no moriría. Ahora lo sabía. Tenía una misión. Todo y Nada no le permitirían abandonarla.
Lo sabía, como sabía que Harry había estado los últimos treinta minutos vigilándola desde la orilla sur. Cómo sabía que Luna estaba rezándole a los dioses en ese preciso momento, suplicando para que las cosas salieran bien...
—Vi a Nick por primera vez aquí—susurró, sabiendo muy bien que Harry no se perdía ni una palabra—Aunque ahora sé que antes de esa noche, él siempre me estuvo rondando ¿verdad? Desde que nací ¿no?
—Eso creo.
Ginny asintió. Había dejado atrás la furia que la había llevado al puente en primer lugar. Se sentía traicionada por la infinidad de mentiras y engaños, pero ya no tenía fuerzas para estar enojada, al menos con ellos.
—Pero la primera vez que se hizo visible ante mí fue aquí—pasó sus dedos enrojecidos por el frío barandal—había escapado de casa. Tenía catorce y los gemelos, Fred y George, acababan de morir... y yo... sentía que no podía más.
Harry la observó conteniendo el aliento. Envuelta en esa viaja capa con el emblema de Gryffindor, parecía pequeña e indefensa. Con los ojos brillantes por los recuerdos dolorosos, miraba las aguas oscuras del río Támesis. Quería abrazarla, desaparecer los pasos que los separaban y abrazarla con todas sus fuerzas, decirle que todo estaba bien y que no estaba sola. Que mientras él estuviera caminando sobre la tierra, ella nunca estaría sola.
—Nick evitó... Supongo que era parte del plan ¿no? Yo no podía morir esa noche. Me necesitaba con vida, y Luna también.
La amargura en sus palabras heló a Harry más que el viento o la nieve. Se sentía traicionada, por sus amigos, por él.
—No creo que a Nick le importe la misión más que tu bienestar, Ginny.— le aseguró—Soy capaz de ver las emociones de la gente a mi alrededor y aunque Nick es un fantasma no es del todo inmune a mis poderes. Así que créeme cuando te digo que él te quiere más que a nadie, al igual que Luna. Para ellos eres su hermana. Tal vez llegaron a tu vida de una forma poco usual, pero el cariño que tú has sembrado en ellos es totalmente real. Te quieren, Ginny.
—¿Y cómo es eso posible?—lo miró indignada y dolida al mismo tiempo—Escuché a Luna, Nick es MI espíritu protector... ¿eso quiere decir que murió para serlo? ¿Su muerte también fue mi culpa? ¿Cómo pueden quererme si es mi culpa?
Cuando las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro, a Harry se le partió el corazón. Restándole importancia a la posibilidad de que ella lo rechazara, dio un paso adelante, envolviendola en un torpe abrazo que intentaba ser reconfortante.
Ginny, que siempre se había considerado una chica dura que pocas veces recurría al llanto, apoyó su rostro en el pecho de Harry, dejando que las lágrimas cayeran mientras se permitía aceptar el cálido consuelo de aquel muchacho que horas atrás había sido su cita perfecta.
—Nick no te culpa de nada... y Ron tampoco—susurró Harry, dado en el clavo con aterradora certeza.
Se estremeció, abrazándose con fuerza a Harry. Porque en aquel momento él era lo único real mientras el mundo que ella creía conocer se caía a pedazos.
¿Con qué cara volvería a mirar a Ron a los ojos? No eran los Weasley malditos ¡era ella! Solo ella estaba maldita. ¿Cómo podía esperar que Ron volviera a hablarle, si ni siquiera ella podía verse al espejo? Ron no podía perdonarla, no después de saber que por su culpa se había quedado sin familia.
Se odio. Odio todo lo que era y odio a todos los que la habían convertido en lo que era.
—Ron... por mi culpa...
—Eres su hermana, te ama y no te culpa de nada.—le dijo con firmeza al tiempo que se dedicaba a acariciar su cabello.
—Tú no lo conoces... el...
—Él luchó contra demonios por ti. Casi se enfrenta a una semidiosa cuando quiso salir a buscarte al encontrar tu cuarto vacío... te aseguro que él te quiere y el resto no le importa.
Ginny asintió con la cabeza al tiempo que intentaba controlarse. De todas las personas en el mundo, jamás había creído que terminaría llorando en el hombro de Harry. ... el estúpido chico cuya cercanía la volvía despistada y una completa torpe. El chico que con una sonrisa lograba derretirle el corazón y enrojecerle las mejillas... el chico que le había mentido. Un guerrero de Hades le había dicho que era a Ron, enviado del inframundo para protegerla.
Un recuerdo lejano de la infancia la llevó a la biblioteca de su abuelo materno. Recordaba un viejo mito que su abuelo le había contado, una historia que a sus tiernos cinco años había hecho que se entristeciera y lamentara la mala suerte de aquellos soldados carentes de alma.
—Eres un guerrero de Hades —no era una pregunta —mi abuelo tenía un libro de mitología en su biblioteca. Leí la historia de niña. Fue idea de Atenea lo del cofre, lo de quitarles las almas. —lo miró de arriba abajo con ojo crítico —Pero ese sujeto que estaba en el callejón dijo que tu nunca la perdiste ¿Por qué? ¿Por qué Astoria y Hermione si, pero tú no?
—Es una historia demasiado larga como para contarla en una noche helada en un puente—le dijo Harry con los dedos de las manos a doloridos por el frío.
Ginny iba a protestar, ya que ella no sentía el frío, pero rápidamente notó como las mejillas del guerrero estaban enrojecidas y no podía evitar el castañeo de sus dientes.
—Vete.
—No te dejaré sola.
Sabía que no lo haría. Y le dolía saber que lo hacía porque era su trabajo y no por otra razón. ¿Había estado siempre tan pendiente de ella porque ese era su trabajo? Después de todo lo que había descubierto en las últimas horas le sorprendió percatarse que aquello lograba herirla.
—No quiero ir a casa. —murmuró incapaz de mirarlo a los ojos—No estoy lista para ver a Luna y Nick por el momento...
Harry asintió con la cabeza. Entendiendo a la perfección cómo se sentía.
—No podemos quedarnos aquí toda la noche... ¿Qué tal si vamos a un lugar seguro?
Ron no se sintió menos inquieto cuando Astoria le comunicó que Harry había encontrado a Ginny. Mucho menos cuando le informó que no regresarían esa noche, porque al parecer a su hermana no le apetecía volver a casa.
Primero se había puesto como animal enjaulado yendo de un lado a otro de la sala, pero al final se dejó caer en el sofá afirmando que no se movería de allí hasta que regresará Ginny. Cinco minutos después, Draco se sorprendió al verlo caer dormido. Al ver la sonrisa de satisfacción de Luna, supo que la chica había hecho un poco de esa rara magia suya que podía hacer sin necesidad de una varita.
—A sí que... ¿Semidiosa eh? —Draco intentaba que aquella idea dejará de sonar ridícula en su mente.
Luna lo miró con expresión triste.
—Lo siento
—¿Por qué?
—Por mentirles a todos.
Draco le sonrió antes de darle un rápido abrazo.
—A veces hay que hacer cosas incorrectas para hacer cosas buenas.
Luna asintió. Deseando que Ginny pensara igual. Ron aún la miraba con desconfianza a pesar de haberle asegurado que la entendía.
Draco se despidió y se colocó la capa camino a la salida, pero al pasar por el pasillo que daba a la cocina titubeó. Luna suspiró y lo miró con las cejas levantadas.
—Ella está experimentando un cambio muy grande, Draco. —le dijo intentando ser lo más gentil posible.
—¿Cómo...?
—Eres un poco obvio querido.
Draco bufó, molesto consigo mismo. Hacía unas horas le había dicho a Astoria que él no podía tener algo serio con ella. Por un segundo había creído que lo que sentía por ella era calentura... pero cuando la había visto en el suelo del callejón, indefensa y sufriendo... No estaba listo para analizar lo que sentía por ella. Tenía demasiadas cosas en la cabeza para meterse en un lío como ese. Pero a pesar de todo, sus pensamientos siempre lo llevaban a la guerrera. Estaba sufriendo de un modo que él nunca podría llegar a comprender del todo. Quería poder hacer algo, lo que fuera para ayudarla.
—¿Crees que pueda hablar con ella un momento?
Luna se encogió de hombros pero dio un paso al costado para que pudiera pasar. Draco entró a la cocina, encontrando a la guerrera parada frente a la ventana de la cocina, mirando el jardín a oscuras. Llevaba un pijama rosa pastel y el cabello apretado en una trenza. Atrás había quedado la mujer decidida que lo había besado apasionadamente en el piso de la sala de Grimmauld Place
¿Por qué su suerte era tan mala? Meses pensando en una mujer que le había roto el corazón y cuando al fin miraba a su alrededor y encontraba a otra cuyo carácter resuelto y amable lo atraía como una estúpida polilla a la luz, esta resultaba ser una guerrera sin alma. ¿Acaso algo de todo lo que había sentido con sus besos y caricias habían significado algo para ella?
Harry había temido que Hermione le rompiera el corazón a Ron. Draco no se creía con él corazón roto, pero sin duda se sintió mucho más consciente de su soledad al pararse junto Astoria en la silenciosa cocina.
—¿Cómo te sientes?
Astoria lo miró con una pequeña sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Me siento diferente... pero al mismo tiempo la misma—soltó una risita sin alegría — ¿Puedes creer todo lo que ha ocurrido en tan pocas horas? Parece que la fiesta de Taby fue hace semanas.
Lo miró de una manera que Draco supo que estaba pensando en lo que había estado apunto de ocurrir entre ellos en la oscura sala de su casa. Si él no hubiera visto la fotografía de James, si aquel tipejo no hubiera aparecido para atacar a Ginny... Seguramente en esos momentos estarían en la cama, exhaustos y satisfechos, uno en brazos del otro.
Aquella imagen se le antojó perfecta a Draco, pero se odió al entender que sólo pensaba en lo que él quería.
—Lo siento —se disculpó con sinceridad, y sin ni siquiera pensarlo la tomó de la mano. Su tacto aún le producía electricidad y subía su temperatura. —Te pido perdón por mi actitud.
—¿Tu actitud? —Astoria miraba la mano que él sujetaba, mientras su entrecejo se fruncía al no comprender lo que quería decirle Draco — ¿Cuándo actitud?
—Luna me explicó cómo funcionan los Guerreros... me refiero a que tu absorbiste mis emociones y fueron ellas las que hicieron que tu... Bueno ya sabes.
—¿Qué cosa se?
En otro momento, con otra persona, Draco hubiera pensado que le estaba tomando el pelo. Pero Astoria parecía verdaderamente confundida.
—Casi tuvimos sexo, Astoria —dijo siendo completamente directo— por suerte nos interrumpieron... Nunca me lo hubiera perdonado si lo hubiéramos hecho.
—¿Tanto asco te produzco ahora que sabes lo que soy?
Su voz tembló al tiempo que lo miraba a los ojos por primera vez desde que había recuperado su alma. Sus ojos verdes que a Draco tanto habían enloquecido se humedecieron, mostrando lo herida que la habían dejado sus palabras.
—¿Qué? ¡No! No quise decir eso. Jamás lo diría—tomó su rostro entre sus manos y se tuvo que contener para no besarla mientras veía como sus mejillas se manchaban de rubor. A la luz de la cocina, notó las pequeñas pecas que tenía en su nariz respingona. ¿Podía ser más adorable? ¿Más tentadora? —Fueron mis sentimientos lo que hicieron que quisieras estar conmigo... Si hubiéramos estado juntos hubiera sido solo porque yo lo quería. Eso es terrible, sería como aprovecharme de ti, como haberte convencido a base de poción de amor, o algo así.
Para su sorpresa, Astoria sonrió y aún con el rostro enrojecido le dio un pequeño beso en la mejilla.
—El único sentimiento que hizo que quisiera estar contigo fue tu bondad. —Susurró —Las últimas semanas no he parado de absorber sentimientos de todo tipo, y esta noche, cuando me encontré contigo, fue como si tuviera emociones propias... Tu buen corazón fue lo que hizo que te deseara Draco Malfoy.
Draco estuvo apunto de besarla, pero ella solo le sonrió antes de marcharse a su habitación.
Mientras la veía irse se dio cuenta que la necesitaba.
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Ginny dudo cuando aparecieron frente al Canto del Fénix. Sin poder evitarlo miró hacia la entrada del callejón recordando con un estremecimiento aquellos seres. Recordó a Zay. Estaba muerto y había sido ella quien lo había matado. Sentía que debía sentirse mal, o al menos eso se esperaría, al fin y al cabo había terminado con una vida. Pero el recordar su tacto repugnante, sus garras uniéndose en su piel y su respiración nauseabunda en su nuca, eliminaba cualquier tipo de remordimiento que pudiera llegar a tener.
No sabía si eso era bueno o no. Aunque tenía el presentimiento de que ni Luna ni Nick aprobarían su carencia de remordimiento por acabar con una vida, aunque está fuera la de un demonio. O mejor dicho, con las vidas de decenas de demonios.
Se preguntaba si eso era parte de esa nueva Ginny que había despertado cuando sus nuevos poderes se habían liberado. Se sentía tan extraña. Se observó las manos recordando como por instinto había manipulado aquellas llamas y acabado con esos seres. Había estado en automático, ni siquiera había sido consciente de lo que estaba haciendo hasta que fue demasiado tarde. Pero de haber tenido control ¿hubiera actuado diferente? Lo dudaba. Su hermano y sus amigos habían estado en peligro. Mentiría si dijera que no lo volvería a hacer sin pensarlo dos veces.
Harry abrió la puerta del bar con un movimiento de varita, apremiándola para que entrara. El lugar estaba desierto y oscuro, la fiesta había acabado hacía rato. Miró hacia la puerta que daba al depósito, parecía que habían pasado siglos desde que había encontrado a Ron y a Hermione divirtiéndose allí.
Sin hacer demasiado esfuerzo para evitarlo, también recordó a Harry esperándola en la zona del bar mientras ella ayudaba a Taby. Por un momento se había sentido tan cómoda entre sus brazos, besándolo sin ninguna otra preocupación, mientras fantaseaba con poder tener el valor de hacer algo más.
Lo miró mientras se sacaba la capa. No la miraba a los ojos y parecía más interesado en cualquier cosa que pudiera ofrecerle el bar antes que en ella. Quería preguntarle porqué había aceptado ser su cita y porque la había besado. Pero tenía miedo de su respuesta.
—¿Por qué crees que aquí es seguro?
Cómo respuesta, Harry alzó una mano poniendo la palma hacia arriba. De inmediato una pequeñísima lucecita cayó desde las vigas del techo. Se posó en la palma de su mano, pequeña y con vida propia. Ginny se acercó para verla mejor. Era una pequeña llama que brillaba orgullosa. Sin saber por qué sintió que tenía vida propia y la miraba con una sonrisa socarrona.
—Es un regalo de la diosa Hestia. Una llama de protección. Hay una aquí y otra en tu casa. Mientras que esté encendida nadie con malas intenciones podrá entrar. —le explicó antes de lanzar la llamita al techo donde desapareció entre las vigas. —Hestia es la diosa del hogar y la que mantiene el fuego de este encendido. Habitualmente no se mete en las guerras ni tampoco elige bandos. Pero esta vez por lo visto está haciendo una excepción.
—¿Que otros dioses están de nuestro lado?
Harry suspiró.
—Menos de lo que me gustaría. Atenea, Eros, Afrodita, Demetria, Tánatos, y claro Perséfone y Hades.
—¿Y El Todo y La Nada?
Harry la miró con los ojos entornados.
—¿Qué sabes de ellos?
Ginny se encogió de hombros. No sabía cómo explicarle a Harry lo que había sentido cuando sus poderes se liberaron o lo que había ocurrido después. Su mente abriéndose y aceptando información que parecía estar allí desde siempre. Y las voces... no quería hablar de ellas con nadie. No podía explicar cómo sabía que aquellas voces eran las de Todo y Nada. Y no quería que nadie supiera lo que ellas le decían. Tenía una misión, una que no sabía si tendría la fuerza para llevarla a cabo.
—Ellos me dieron esta fuerza—dijo mirándose las manos.
—Sí, fueron ellos. —Asintió Harry —pero eso será lo único que harán para ayudarte. Ellos no intervendrán más.
—¿Por qué?
—Porque así son las cosas. Ellos crearon a los dioses para que cuidaran del mundo y cuando los dioses se tomaron libertades, crearon a las personas como tú. Ahora es tu trabajo poner orden.
—¿Y quién los creó a ellos?
Harry sonrió ante esa pregunta tan certera. Ginny a pesar de todo se estaba dejando guiar por sus instintos, los cuales no le estaban fallando en lo más mínimo
—Algo aún más grande que espero que no esté de lado de nuestros enemigos.
—Calixto...
—Necesitas descansar, Ginny. —cambio de tema Harry. La noche había sido larga y su joven protegida no podía seguir así.
—No quiero dormir. No tengo sueño.
Sus palabras sonaron a las de una niña y ambos lo notaron. Sin proponérselo rieron. Una risa floja que desapareció con rapidez. La comodidad que habían descubierto horas atrás, ahora parecía muy lejana y ajena a ellos.
Le había mentido, al igual que el resto. Era lo único que podía pensar mientras se recostaba en el sillón de la oficina con la capa de Harry como frazada.
Harry sólo cumplía una misión. ...
Tenía que ordenar sus prioridades urgentemente, se dijo con severidad mirando el techo de la oficina apenas iluminado por una de las lámparas del escritorio. Su vida había dado un giro de ciento ochenta grados en cuestión de horas. Ahora era consciente del peligro del que la habían protegido todos a su alrededor. Pero eso tenía que parar, estaba decidida a que ya nadie muriera por su culpa. No tenía ni idea de cómo controlar sus nuevos poderes ni sabía hasta que magnitud podían llegar. Pero estaba segura de que en cuanto supiera cómo usarlos podría hacer lo que al parecer todo el mundo esperaba que hiciera. Su misión, la razón por la que los destinos la habían dejado nacer. Cumpliría y ya nadie saldría lastimado.
Aún así, a pesar que hacía una lista de todo lo que debía hacer y en lo que debía concentrar toda su atención, Harry estaba sentado en el suelo alfombrado de la oficina con la espalda apoyada en el sillón y su espada descansando en su regazo. La estaba cuidando y ella solo quería besarlo. ¿Qué estaba mal en su cabeza? Luna y Nick necesitaba tenerlos lejos por un rato, pero a Harry, a pesar que también había mentido, no quería que se marchara. ¿Qué le pasaba? Entendía qué le gustaba Harry, y era el primer chico que lograba hacerla sentir así, pero se supone que debía estar molesta. Estaba molesta por no estar tan molesta como debía ¿Aquello tenía lógica o ya había enloquecido?
Harry permanecía inmóvil con la vista en el ventanal de la oficina. Sabía que estaban en un lugar seguro, pero aún así permanecía en alerta. Calixto había hecho tantas cosas en los últimos días que ya se esperaba cualquier tipo de sorpresa. Cerró los ojos mientras seguía dándole vueltas a lo ocurrido esa noche. Sentía la mirada de Ginny en él. A pesar de haberse acostado hacía rato, ella seguía despierta. Tenía que descansar, ya que a la mañana siguiente las cosas serían duras, especialmente para ella.
Albus se lo había advertido en su última reunión. Si Ginny accedía a sus poderes tendría que comenzar un duro entrenamiento para aprender a controlarlos de manera adecuada. Luna y Harry tendrían que ayudarla en eso. Ahora Harry entendía al fin porque su profesor había puesto tanto empeño en enseñarle durante años como funcionaba la magia de los celestiales. Al parecer nada de lo que hacía el anciano era al azar.
Ojalá la previsión de Albus hubiera abarcado más que su educación, y así haber visto en lo que se estaba convirtiendo Calixto.
Apretó los puños con fuerza de pura impotencia. Calixto con un par de movimientos había dejado fuera de combate a Hermione y Astoria, y le faltó muy poco para hacerle lo mismo a él.
Se sintió un idiota. Había sido tan soberbio al creerse incorruptible. Le había dicho a Calixto que nunca le podría dar algo que le tentara, y el muy maldito le había dado exactamente lo que más quería en la vida. Una vida normal. Había caído en la trampa como un novato y si no hubiera sido por Hestia seguramente seguiría metido en aquella ilusión.
Ginny se removió en el sillón y Harry no pudo evitar pensar en la Ginny de su fantasía. Pensó en sus besos los cuales ya casi no podía recordar del todo, como un sueño que se va volviendo más difuso en cuanto iban pasando las horas. Pero lo que sí recordaba (con un hormigueo agradable en los labios) era el beso que se habían dado mientras bailaban.
El recuerdo formado en su cabeza fue como un golpe al estómago que lo dejó sin aliento. Por un instante, mientras Ginny le devolvía aquel beso, había imaginado un futuro para los dos. Había tenido por primera vez en la vida esperanzas de que todo pudiera ser, algún día, mejor.
Pero eso solo eran fantasías de alguien sin duda muy ingenuo. Después de saber quién era él, o mejor dicho, qué cosa era, Ginny jamás volvería a permitir que se acercara de aquella forma. La simple idea lo destruyó. Alzó la mirada hacia el bulto de mantas que había sobre el sofá. Toda la vida se había resignado a muchas cosas, el ejemplo más claro era su vida entera. Se había resignado a ser un soldado, lo había aceptado sin chistar. Uno diría que estaba acostumbrado, pero una parte de él, esa parte rebelde y ambiciosa que por años había mantenido a raya en el inframundo, se negaba resignarse a que aquel beso había sido el último que le daría a Ginny Weasley.
Ginny permanecía en silencio mirando a un Harry hundido en sus pensamientos. De pronto lo vio levantar la mirada a su dirección. La imagen de ellos dos besándose llegó a su cabeza junto a una sensación de mucha pena. Tardó un largo momento en comprender que aquellos sentimientos no eran suyos, si no de Harry.
—¿Por qué el recuerdo de nuestro beso te hace sentir tan miserable?—le preguntó, sin poder contenerse.
Harry rió sin ganas.
—Veo que comienzas a descubrir parte de tus poderes—le dijo con tono de amargura— te felicito, al fin sabes lo que pienso...
—No me has respondido.—insistió. En la oscuridad de la oficina, lo escuchó suspirar con fuerza.
—Es difícil de explicar, Ginny.
Había tanto cansancio en la voz del chico que Ginny prefirió no pedirle esa explicación, por mucho que la necesitara oír. Cerró los ojos, intentando conciliar el sueño, pero no podía. Aquel beso seguía quemándole los labios, haciendo que se confundiera aún más. Había sido el mejor beso de su vida, pero todo lo que había ocurrido después, lo había arruinado. Si tan solo no hubiera salido al callejón...
—¿Harry?
—¿Si?
—¿Por qué me besaste?
Hubo un largo silencio. Ginny se sentó en el sofá para poder mirarlo mejor
—No sé porque lo hice, Ginny. Jamás había besado a nadie antes, lo sabes.
Horas atrás esa idea había calentado su corazón, pero ahora las cosas habían cambiado.
—Entonces fue un experimento—A Ginny le sorprendió que aquella idea lograra estrujarle el corazón de la forma que lo estaba haciendo— ¿Querías probar y yo era la chica más cercana?
—¿Qué? —Harry se sorprendió —claro que no. Te aseguro que eso no es verdad. Te bese...te besé porque tu no eras lo que yo esperaba.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Eres dulce, Ginny. Y te aseguro que de donde yo vengo eso no es muy común. Eres divertida. Cuando estoy contigo no paro de reír y es fácil sentirse feliz. También eres decidida y bondadosa. Cuando llegué aquí, me sorprendió tu amabilidad. Quisiste ayudarme cuando viste que estaba triste, te preocupaste cuando estaba herido... No tienes ni idea de lo maravillosa que eres Ginny, eres un tesoro.
La chica se estremeció mientras algo cálido burbujeaba en su pecho. Se preguntaba si Harry comprendía que todo ese discurso sonaba a una declaración de amor. Era sincero, podía verlo con total claridad. Y también veía cuán inocente era. No comprendía lo que sentía por ella aunque lo dijera en voz alta.
—Te bese, Ginny—continuó mirando el piso— te bese porque por primera vez en la vida tuve el deseo de besar a alguien. Te juro que no fue ningún experimento... Lo hice porque eres perfecta y no pude contenerme.
—Está bien, te creo—asintió Ginny, y Harry se mostró mucho más aliviado. ¿Qué se suponía que debía decir? Acababa de decirle que era perfecta, y aunque su cabeza le decía que no se entusiasmara, su corazón no paraba de dar saltos como liebre asustada. —Harry, me alegro que te hayan enviado a ti a cuidarme.
Después de aquello quedaron en silencio, hasta que Ginny recordó otra cosa que picaba su curiosidad.
—¿Qué pasó en el callejón? —Preguntó—Por un momento parecías que tu mente se iba.
Harry se removió incómodo.
—Me sumergió en una fantasía con el propósito de controlarme. .
—¿Qué tipo de fantasía?
—Me vi con una vida normal. Tenía una familia, estudiaba y tenía amigos. Ya sabes, algo normal.
Ginny lo vio un poco abochornado. Le sorprendió saber que aquello que más lo tentaba era una vida común y corriente.
—¿Yo estaba ahí?
Harry se ruborizó violentamente sin atreverse a mirarla a la cara.
— No, no lo recuerdo
Mentía. No entendía cómo lo sabía, pero así era. Le estaba mintiendo, otra vez.
Cuando estuvo apunto de reprocharselo, la cabeza de Harry cayó a un lado y su respiración se volvió pausada. Frunció el ceño al entender que se había quedado profundamente dormido en menos de un segundo.
—Déjalo descansar, para Harry el día ha durado el doble.
Ginny dio un brinco del susto al oír a su lado la voz de una mujer. Se puso de pie con rapidez y sacó la varita de manera instintiva.
En uno de los sillones individuales había una mujer mayor envuelta en un chal. Melena castaña y rostro pecoso. Tejía tranquilamente con la suave luz de la lámpara del escritorio.
—¿Quién es usted?
—Hestia, querida. —le sonrió sin dar muestras de incomodarse ante la varita levantada de la muchacha.
Ginny ladeó la cabeza y bajó su varita unos centímetros. Harry había dicho que ella estaba de su lado. Había protegido su casa y el bar con su magia...
—¿Qué le hizo? —le preguntó mirando de reojo a Harry que seguía durmiendo profundamente.
—Lo dormí, querida—su sonrisa no aflojó. Su tono era amable, casi cariñoso. Sin saber porque, Ginny pensó en su difunta madre. Se guardó la varita mientras era abordada por un sentimiento que llevaba años sin sentir. Era como regresar a la casa de su infancia, a la Madriguera, pero que está no estuviera vacía, si no con todos aquellos que se habían ido. Era una sensación cálida. Era regresar al hogar.
—Él estará bien.— Le aseguró —El pobrecito necesita descansar, no despertará hasta la mañana.
Entendía el mensaje. Ellas iban a hablar, le gustara o no.
—Usted...
—Siéntate por favor. —su tono seguía siendo amable, pero no daba lugar a réplicas, así que Ginny le obedeció, tomando asiento en el sofá que acababa de dejar.
La diosa chasqueó los dedos y todo un servicio de té apareció sobre la mesa ratona que Ginny tenía enfrente y antes que pudiera negarse, una taza llena de té de jazmín llegó volando a sus manos. Estaba a la temperatura perfecta y endulzado como a ella le gustaba.
—Yo... este, gracias.
La diosa sonrió restándole importancia al tiempo que seguía con su tejido.
—Bueno jovencita, creo que esta ha sido una noche muy movida para ti.
—No sabe cuánto, señora.
—Me imagino. Pero ahora es tiempo de aclarar algunas cositas. Habitualmente no suelo salir del Olimpo ni tampoco intervengo en las guerras, pero tiempos oscuros requieren medidas especiales. Personas que amo están en peligro y soy incapaz de ayudarlas. Pero estar aquí y ayudarte a ti, puede ayudarlas a ellas.
—¿Quiénes?
—Lo sabrás cuando tengas que saberlo.—dijo con sencillez, dejando a Ginny confundida. —lo que sí debes saber es que tienes un largo camino por delante. Debes entrenar, Harry y Luna te ayudarán. Debes confiar en ellos, al igual que en Nick, Astoria y Hermione...
—Ellos...
—¿Te mintieron? ¡Vaya calamidad! —Resopló con sarcasmo—Cuando las guerras llegan a veces debes hacer cosas que no quieres. Luna y Nick te aman y fueron sus deseos de protegerte lo que los llevó a mentir. Suena horrible, pero en la vida debes aprender a perdonar a aquellos que lo merecen. Nick cuando murió pudo haber rechazado el puesto de tu guardián. Tuvo años para decidir, pero cuando vio a la hermosa bebita que algún día fuiste en brazos de tu madre, él simplemente no pudo negarse. Te amó, y te seguirá amando para siempre, al igual que Luna. Ella también pudo haberse negado. Pero adivina que, no lo hizo ¿Por qué? Por ti, querida. Tienes amigos que harían lo que fuera por ti. Y no sólo ellos—miró a Harry de forma elocuente. —Dime querida, ¿tú no hubieras hecho lo mismo en su lugar? ¿Acaso tú no hubieras actuado igual para proteger a quienes amas?
Ginny no se atrevió a negar nada de eso.
—Tienes una misión muy importante y necesitas de tus amigos. El amor de las personas correctas es algo bueno para mantenerse por el camino correcto
—El camino correcto...
—Al fin y al cabo eres humana, y los humanos tienen algo maravilloso: libre albedrío. Las fuerzas que te han hecho lo que eres te han dado una tarea que no puedes evitar, pero la cosa está en que tú eliges cómo la llevarás a cabo. Pero ten en cuenta esto, querida, el alma humana es algo poderoso, llena de energía, y la vez algo muy delicado. Necesita de muy poco para dejarse arrastrar por la oscuridad...
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Hola gente! ¿Cómo les va con la cuarentena, ya leyeron su fic favorito por cuarta vez? Espero que estén bien, que se estén cuidando y cuidando a los demás. En serio, si pueden quedarse en casa, no sean pendejos y no salgan!
Los quiero y cuídense!
Muchas gracias por el apoyo de siempre.
Besos de lejitos.
Elly
Hécate: diosa de la magia y la hechicería
