Capítulo 18.

Familia.

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Lo primero que percibió al despertar fue un aroma a flores. Lo conocía a la perfección. Había pasado horas sintiéndolo en la casa en la que ahora vivía. Lo olía cada vez que Ginny se inclinaba un poco hacia él cuando iba a tomar su orden con su pluma mágica. Era su perfume y se sentía tan cerca... toda ella se sentía muy cerca. Un peso anormal sobre su falda logró sacarlo de ese momento confuso entre estar dormido y el despertar. Al abrir los ojos, tomó con fuerza el mango de su espada, listo para lo que fuera. Pero no estaba listo precisamente para lo que se encontró.

Ginny estaba a horcajadas sobre su regazo, tan cerca que podía contar las pecas sobre su nariz. Su rostro estaba congestionado y su cabello desordenado. Sus ojos oscurecidos por el horror y la indignación lo miraban como si en vez de verlo a él, estuviera estudiando su alma. Sus manos, pequeñas y suaves acariciaban su rostro como si buscaran algo. Y lo estaban haciendo. Rozó la cicatriz que tenía en forma de rayo en su frente mientras las lágrimas caían por sus mejillas pecosas.

—Aquí te golpeó el ataque de Ares—la voz de Ginny era un susurro —y aquí donde la Furia te azotó cuando tenías cinco años—. Casi como si estuviera en trance pasó su mano por encima de la ropa, en el lugar exacto en que una de las Furias lo había azotado hacía mucho tiempo atrás.

Así, en voz baja, Ginny fue enumerando cada una de las cicatrices que tenía en el cuerpo como si pudiera ver a través de su ropa. Harry era incapaz de moverse ante su mirada horrorizada mientras ella hacía un resumen de la historia de cada herida. ¿Cómo lo sabía? ¿Cómo sabía que el último escalón de su entrenamiento había sido enfrentar a Ares en combate? ¿Cómo era posible que supiera que el método de enseñanza de las Furias fuera con un látigo, ya que lo único que podían experimentar los guerreros era el dolor físico? ¿Cómo sabía de las interminables palizas que le proporcionaban desde muy niño para poner a prueba su capacidad de aguantar el dolor y su fuerza? ¿Cómo sabía que Calixto había intentado matarlo durante el entrenamiento más de una docena de veces?

—Ginny...

Había tanto dolor en su mirada. ¿Estaba llorando por él?

—Tuve un sueño... Pero no era un sueño. —apoyó sus manos al fin sobre el pecho de Harry al tiempo que se acurrucaba en él y hablaba con voz ronca—no sé cómo pero eran recuerdos... tus recuerdos.

Harry se tensó al escucharla decir aquello. ¿Había entrado en su mente sin ni siquiera proponérselo? ¡Eso era imposible! Su mente, sus recuerdos, eran información sobre uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Se suponía que Albus había cerrado las mentes de los guerreros para proteger los secretos de su amo. ¡Pero Ginny había tirado abajo las barreras sin hacer esfuerzo alguno!

—Perséfone solo quería un hijo... ¡Maldita! ¡¿Cómo pudo dejarte pasar por eso y luego decir que te ama?! Las madres protegen, dan sus vidas para evitarle sufrimientos a sus hijos... ella no fue tu madre, solo fue una caprichosa de mierda...

—Los dioses son diferentes a nosotros Ginny... Ella no fue cruel, sólo fue lo que por naturaleza es.

La pelirroja alzó la cabeza para mirarlo a los ojos. Su mirada chocolate brillaba de indignación. Acunó su rostro con sus manos con infinita ternura.

—No la defiendas —resopló—Eras un bebé, un bebé precioso, y ella te entregó a esos monstruos para que te torturaran.

Harry negó con la cabeza antes de abrazarla con fuerza. Nunca nadie había puesto sobre él una mirada tan llena de emociones. Ginny sufría por él, por lo que había tenido que vivir.

—Perséfone y Albus intentaron protegerme tanto como pudieron —intentó defenderlos en vano mientras la pelirroja aún fuertemente abrazada a él, negaba con la cabeza.—Pero eso ya no importa. Ya pasó, es el pasado. Mira, las heridas ya sanaron...

Ginny volvió a mirarlo a la cara, había tanta bondad en sus ojos.

—No todas. —Posó su mano sobre el corazón del muchacho. —Vi lo que pasó con Katra. ¡Mi pobre guerrero! Tu no querías... pero él te lo ordenó.

Si Ginny no hubiera estado sobre él abrazándola con todas sus fuerzas, Harry estaba seguro de que hubiera salido corriendo de aquella oficina.

Katra. Hacía mucho que no pensaba en aquella chica india a la que había... Le había suplicando a Albus que borrará esos recuerdos de su mente, pero él anciano se había negado. Le había dicho que esos recuerdos lo hacían más fuerte. ¿Pero cómo matar a una inocente chica de dieciséis años cuando apenas tenía quince años podía ser algo que lo hiciera más fuerte? ¿Cómo el recuerdo de sus gritos mientras la torturaba podía provocar algo más que el más grande horror?

Sintió los ojos arder y un nudo en el pecho cuando la presa que contenía esas memorias se hacía pedazos gracias a las palabras de Ginny. Y ahora ella lo sabía. Conocía lo peor de él... ¿Por qué no lo repudiaba? ¿Por qué no lo insultaba y lo miraba con odio? ¿Por qué mínimo no lo golpeaba?

Lo abrazó con más fuerza, como si sintiera su sufrimiento como propio.

—Mi pobre guerrero...

Katra había sido una chica de asombrosa inteligencia que había creado una fórmula que daba inmortalidad. No como la piedra filosofal que daba más años de vida a quien bebía su elipsis, pero después de unos siglos te volvías un saco de huesos pálido y muy frágil. No. La fórmula de Katra funcionaba como la ambrosía de los dioses. La inmortalidad y la juventud eterna iban de la mano. Y Hades eso no le gustó.

Fue la primera vez que Harry torturó para sacarle información a alguien. Y cuando al fin la tuvo, la ejecución fue algo casi piadoso.

Perséfone le había restado importancia al asunto, asegurando que un humano menos en el mundo no era relevante. Albus por otro lado sólo le había dicho que era un soldado, y que a veces los soldados debían seguir órdenes que no eran de su agrado.

Decían que la primera vez era la difícil y con el tiempo te acostumbrabas. Harry sabía por experiencia que eso no era verdad.

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Draco entró al bar arrastrando los pies. Ese día no iban a abrir, pero Neville le había mandado un mensaje para pedirle que diera una vuelta por el local. En teoría, Neville había sido el designado con la tarea de verificar que todo estuviera en orden después de la fiesta, pero el chico había tenido un imprevisto (seguramente una chica con piernas largas que había logrado que se olvidara de su encaprichamiento con Luna). Así que ahora Draco debía hacer su trabajo, ya que, según las textuales palabras del muchacho: "estaba molido".

El rubio bufó. Había dormido menos de la mitad de la noche, y lo poco que había podido dormir lo había pasado teniendo pesadillas horripilantes con demonios alados, pero Longbottom era el que estaba molido después de tener sexo toda la noche. ¡Cómo lo envidiaba!

Se sorprendió al ver que ya había alguien en el bar. Se frotó los ojos aún adormilados al encontrar a nadie más ni nadie menos que a Sirius Black en la barra del bar. Llevaba su chaqueta de cuero negro y su cabello negro sedoso y brillante cayendo alrededor de su rostro atractivo. Tenía una sonrisa boba en los labios que le decía a Draco que Neville no había sido el único con suerte esa noche.

—¿No crees que es muy temprano para eso? —Draco se sentó en uno de los taburetes de la barra, mirando con una ceja levantada como su padrino se servía un whisky de fuego.

—No cuando aún no te has ido a dormir. —le sonrió divertido mientras Draco negaba con la cabeza de forma reprobatoria.—Esto es la cena.

–No eres humano —bostezó Draco, apoyando la cabeza en la barra, adormilado. Sirius no había dormido en toda la noche y estaba fresco como una lechuga, mientras que él (veinte años más joven) estaba muerto de cansancio.

—Ahhh la juventud de ahora no aguanta nada. —se rió haciendo girar la botella en la mano con chulería. Draco soltó una carcajada cuando la botella se le cayó y se hizo pedazos en el piso de madera.

—Mierda.—resopló antes de agacharse para recoger los pedazos.

Se sorprendió al escuchar pasos en el piso de arriba. Ya totalmente despierto, Draco sacó la varita y apuntó a la escalera de caracol en el momento en que Ginny y Harry bajaban por ella.

—¡Por dios Malfoy casi me matas de un susto! —le reprochó Ginny al llegar al final de la escalera. Estaba despeinada y llevaba un pijama color violeta.

—¿Yo asustarte? Habla la chica que se carga a un ejército de demonios chasqueando los dedos. —Ginny se ruborizó violentamente. —¿Y este era el lugar seguro donde iban a pasar la noche? —miró a Harry con desconfianza, logrando así que Ginny se pusiera más roja. Todos en el bar sabían lo que se hacía en esa oficina algunas noches.

—Este lugar está protegido con magia celestial, ningún seguidor de Calixto, ni él pueden entrar. —le explicó Harry sin notar el doble sentido de Draco.

El rubio lo miró intrigado ante la idea de la magia celestial, pero un jadeo a sus espaldas lo regresó a lo que había estado haciendo antes de que la pareja apareciera. Al voltear vio a Sirius al otro lado de la barra, con los ojos muy abiertos y rostro pálido... como si hubiera visto un fantasma. Sus ojos grises estaban puestos sobre Harry, el cual le devolvía la mirada extrañado.

—James...

"Mierda" Draco miró a su padrino preocupado. Por un segundo se había olvidado de él. Había pasado horas pensando en cómo le iba a decir a Sirius acerca de su reciente descubrimiento. Pero sin duda en ese preciso momento no estaba preparado para hacerlo. Ni siquiera había hablado con Harry. Luna le había aconsejado que no lo presionara, ya que conocer a su familia biológica podía ser algo un tanto intimidante para un guerrero recién salido del inframundo.

—No es James. —murmuró sin saber qué más decir.

Casi en transe, Sirius salió de detrás de la barra y se acercó al guerrero que lo estudiaba con el ceño fruncido.

—¿Harry?

—Disculpe ¿lo conozco?

Sin decir palabras, Sirius se abalanzó sobre el muchacho en un intento de abrazarlo. Pero este no se dejó, al confundir la acción con un ataque. Ginny pegó un grito y Draco dio un paso atrás de la sorpresa, cuando Harry sujetó de un brazo al hombre y retorciéndolo hacia su espalda, estampándolo sobre una de las mesas. Lo mantuvo bien sujeto, sin darle chances alguna de defenderse.

Para más sorpresa de todos, Sirius Black soltó una carcajada.

—Sin duda tienes el carácter bravo de Lily.

El agarre de Harry se suavizó, pero no lo soltó.

—¿Lily? ¿Conoce a mi madre?

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En cuanto las primeras luces del amanecer se colaron por la puerta enrejada del mausoleo, los símbolos dibujados en las paredes se borraron con un estallido momentáneo de fuego azul.

Al fin Carrie era libre. Y ahora estaba muy enojada. Tenía tantos planes de cómo asesinar a su hermano menor que no sabía por cuál decidirse.

En cuanto estuvo fuera del mausoleo y pudo respirar una gran bocanada de aire fresco, se permitió calmarse un poco. La noche había sido eterna al verse incapaz de dormir en un lugar tan frío e incómodo. Se movió con rapidez entre los árboles y tumbas camino de una de las salidas del cementerio, tenía que averiguar qué diablos había estado pasando mientras estaba allí metida contra su voluntad.

Al menos el cielo era el típico cielo encapotado de diciembre. Si estuviera lloviendo fuego sabría que Calixto había ganado ¿no? Eso era un consuelo a medias, porque si había habido una batalla, las probabilidades de que su estúpido hermano hubiera sobrevivido eran entre escasa y nulas.

Resopló y una nube de vaho salió de su boca. Si no había muerto ya, lo mataría ella misma. "Maldito idiota" refunfuñó para sus adentros hasta que una sombra negra salió de la nada y se paró a su lado.

—No sabes la noche de mierda que acabo de tener...—comenzó a decir antes que dos brazos poco habituados al contacto físico la envolvieron en un abrazo torpe.

Carrie quedó confusa por un momento mientras Snow la abrazaba con fuerza. Sin estar del todo segura, le devolvió aquel abrazo. No sabía si era porque había pasado la noche sobre un frío piso de mármol, pero jamás una cercanía de ese tipo le había resultado tan cálida y acogedora.

—¿Dónde estabas? Pasé la noche entera buscándote, pensé que los sirvientes de Calixto...—Hablaba demasiado rápido mientras la miraba de arriba abajo en busca de alguna herida.

Carrie se apartó incomoda. No era una tonta y tampoco una niña sin experiencia. Comprendía perfectamente cuáles eran sus sentimientos por Snow. Y al mismo tiempo sabía que aquella mirada preocupada del dios era más que suficiente para que su estúpido corazón se hiciera ilusiones.

Pero no había nacido ayer. Conocía muy bien cómo funcionaba las cosas. Los dioses no se enamoraban de demonios, y menos que menos de uno mutilado como ella. ¿Por qué engañarse al pensar que podría tener algo más de lo que ya habían tenido? Snow la deseaba, a los dioses les gustaba desear cosas y personas, y les gustaba poseerlas hasta que su atractivo novedoso perdiera su encanto. Que a La Muerte aún no hubiera intentado meterle mano no significaba que no lo estuviera pensando.

Y tuvo la confirmación de todas aquellas ideas que rondaban su cabeza, cuando Snow tomó su rostro y la beso.

Carrie se dejó hacer, sin atreverse a apartarlo. ¿Para qué hacerlo? Había deseado que la besara desde la noche en que sus caminos se cruzaron. ¡Y el desgraciado besaba bien! ¿Quién hubiera pensado que la Parca sabía usar la lengua tan bien?

—Creía que habías muerto en la pelea. —Snow apretó sus labios sobre su frente mientras la abrazaba con fuerza, aliviado de verla con vida.

—Espera ¿Qué pelea?—dio un paso hacia atrás para mirarlo a la cara. El desgraciado era malditamente guapo, pero el hechizo que la tenía babeando por él se había roto al escuchar sus palabras—Evan me encerró toda la noche en un mausoleo en el cementerio.

—Calixto y parte de sus sirvientes intentaron atrapar a la Séptima, pero esta los hizo carbón.

—¿Calixto está muerto?—Lo que en realidad quería saber era si su hermano era el muerto.

—No, escapó—respondió, y después de dudar un poco añadió—Y creo que lo logró gracias a tu hermano. Él lo ayudó a escapar, ya que Zay ha muerto.

Carrie soltó una maldición. Se alegraba saber que su hermano estaba aún con vida. Pero si Zay estaba muerto y Evan había ayudado a Calixto... No había que ser un genio para hacer esa suma. Evan actuaba como todo un sirviente fiel. ¿Cómo se suponía que lo sacaría de todo ese lío si el idiota de Calixto lo convertía en su mano derecha?

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—¿Así que has vivido toda tu vida en el Inframundo?

Sirius Black ya iba por su tercer whisky y cuando Harry terminó su relato, sentía que debía servirse un cuarto. Todo aquello parecía una locura digna de una novela muggle. Pero era real. Era aterrador pensar en todo un ejército de guerreros sin alma y en monstruos terribles. Mientras Harry hablaba, Sirius había hecho un digno viaje de montaña rusa. Por un lado era feliz de poder tenerlo cara a cara al fin. Luego se preocupó al enterarse del peligro que corría Ginny gracias a un tipo llamado Calixto, y que este había intentado secuestrarla la noche anterior. Pero luego nuevamente se alegró al saber que Harry tenía su alma y nunca la había perdido.

Cuando Harry acabó de contar su historia, permanecieron en silencio mientras Sirius digería todo aquello.

Hubo un momento, no hacía mucho tiempo, que Sirius había perdido las esperanzas. James había muerto sin dejar de creer que su hijo todavía estaba con vida, y a pesar de que Lily ya no hablaba del asunto, sabía que tampoco ella había dejado de tener esperanzas.

Lily. Sirius no podía ni imaginarse la cara que pondría su amiga cuando viera a Harry. Seguramente sonreiría de verdad por primera vez en años. Aquella mujer había sufrido lo impensable en esas dos últimas décadas, pero al fin algo bueno pasaría. No tenía ni idea como se tomaría toda aquella historia sobre dioses y guerreros, pero estaba seguro que todo quedaría eclipsado en cuanto viera a Harry entrar a la habitación... Como desearía que James aún estuviera para ver ese momento.

—¡Lily tiene que verte! ¡Ahora mismo!

Sirius se puso de pie de un saltó resplandeciendo de felicidad, pero Draco notó en el acto que Harry daba un paso atrás, para nada convencido. No le sorprendió su actitud, Luna ya se lo había advertido. Harry necesitaba tiempo para acostumbrarse a la idea antes de siquiera pararse frente a la casa de los Potter.

—Sirius no creo...—Comenzó a decir Draco con voz amable.

—¿Qué no crees? Lily ha esperado la mitad de su vida por este momento.

—Sirius—Ginny miraba fijamente a Harry el cual estaba pálido e incómodo.

—Pero Lily...

—Tengo una misión.

Todo quedó en silencio en cuanto Harry habló. No lo hizo un muchachito asustado, sino el soldado muy bien entrenado que parecía que todo el mundo se olvidaba que era. Con la cabeza erguida y el semblante endurecido, no dio muchas posibilidades de discutir.

—Me enviaron aquí para cuidar a Ginny, y eso es lo que haré. A pesar de mi extraña condición, soy un guerrero de Hades y debo cumplir mis órdenes.

—Pero Lily...

—Allí afuera se está preparando una guerra, señor Black, lo menos que ella necesita es tenerme cerca, se lo aseguro.

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Ron despertó mareado, con la inconfundible sensación de haber sido drogado. Luna se estaba tomando demasiada libertad a la hora de meter cosas en las bebidas de sus amigos. Luego tendría que aclararle unos cuantos tantos, ya que no toleraría que lo volviera a hacer.

Frotándose los ojos y murmurando maldiciones a su amiga, entró a la cocina, sorprendiéndose al encontrarse a Hermione sentada a la mesa. Era muy temprano y el resto de la casa estaba en silencio, pero ella ya estaba vestida y arreglada para comenzar el día.

Pero a pesar de lo pulcramente arreglada que estaba, Ron no pudo dejar de notar su rostro más pálido de lo habitual y sus ojos castaños enrojecidos e hinchados.

Quiso preguntar si había estado llorando pero no se atrevió. Harry había estado preocupado por lo que Ron pudiera llegar a sentir por Hermione, pero era precisamente esa actitud cero emocional lo que lo había llevado a acostarse con ella. Sabía tratar con su versión sin alma porque se movía por instinto, pero ahora no sabía ni qué decir.

No sabía cómo ayudarla y ni siquiera si ella quería que la ayudara.

—Hermione.

La chica alzó el rostro. Estrujaba sus manos sobre su regazo completamente sumida en sus pensamientos. ¿Cómo penetrar en su cabeza? ¿Cómo ayudarla si sentía que era una completa desconocida?

—Todo estará bien. —le dijo antes de abrazarla con fuerza. La sintió rígida en sus brazos y cuando posó las manos sobre su pecho supo que lo rechazaría sin la menor amabilidad. Pero fue un segundo, solo uno, antes de que le devolviera el abrazo, enterrando su rostro en su camisa.

Permanecieron así por unos momentos. Ron acarició su espalda sin saber si estaba llorando o no. No se atrevía a moverse. Se sentía un crío otra vez en clase de cuidado de criaturas mágicas, tenso e inmóvil, muerto de miedo de que cualquier movimiento brusco asustara a la fiera y lo atacara.

Hermione se apartó al escuchar pasos en el piso de arriba. Antes de que Luna entrara a la cocina, la guerrera ya había salido por la puerta que daba al jardín. Ron quiso seguirla, pero no había dado ni un paso cuando la chica desapareció con un clic al llegar al final de la propiedad.

—Oh... hola—Luna parecía sorprendida de verlo levantado. Ron, aún con los ojos puestos en el lugar en que había desaparecido Hermione, prefirió no reprocharle por haberlo dormido contra su voluntad.

—Hermione acaba de irse.

Luna frunció el ceño.

—Ni se te ocurra Ron—le advirtió su amiga.

—¿De qué hablas?

—Conozco esa cara. Déjala en paz, ella ya no es la chica con la que te acostaste—Ron la miró sorprendido —Nick me lo contó.

—Mocoso chismoso. ¿Así que tú también puedes hablar con él?

Luna sonrió, mirando a un lado de la estufa donde los utensilios colgados de un gancho se movieron juguetonamente.

—Te recomiendo que le des su espacio—Luna volvió al tema mientras preparaba todo para hacer el desayuno.

—No pretendo hacer nada—le aseguró—está muy vulnerable, hasta yo lo noto. Estuvo llorando.

—Esto será difícil para ella.

—Quisiera poder hacer algo para ayudar.

—Ser amable y paciente es más que suficiente —Astoria entró a la cocina ya vestida con un suéter rojo y unos vaqueros viejos. A diferencia de su colega, su rostro había recuperado el color y sus ojos, aunque cansados, no estaban hinchados.

—¿Cómo estás? —le preguntó Luna interesada.

—Muerta de hambre, me comería un hipogrifo.

Ron notó lo poco interesada que estaba Astoria en hablar de lo que había ocurrido la noche anterior. Luna se lo permitió, siendo paciente y amable. El también intentó armarse de esas cualidades para no hacer más preguntas. La diferencia entre Hermione y Astoria era abismal. Desearía que Hermione pudiera llevar todo aquello como lo hacía su compañera.

El aroma del tocino al cocinarse habitualmente lograba distraer a Ron de lo que fuera, pero en aquella ocasión tenía cosas más importantes que la comida.

—¿Me dirás dónde está Ginny?

—Honestamente, no lo sé—respondió Luna.

La tranquilidad de la semidiosa ponía a prueba su paciencia.

—¿Y eso no te preocupa, "guardiana"?

—Esta con Harry

Ron rodó los ojos.

—Ya, Harry.

—La protegerá con su vida si es necesario. Harry haría lo que sea por Ginny —lo defendió ferozmente Astoria.

—Sí, y también le haría lo que sea. No nací ayer querida...

—Pues a veces parece que sí, porque dices cada cosa.

Ginny entró a la cocina por el corredor que daba a la sala. Sus mejillas estaban sonrosadas, al igual que las de Harry que iba unos pasos por detrás de ella. Sin duda habían escuchado las palabras de Ron, pero este ni se molestó en disculparse.

En dos zancadas atravesó la cocina y atrapó a su hermana en un abrazo de oso digno de su madre.

—Lo siento mucho —susurró.

Ron agitó la cabeza, abrazándola con más fuerza. No se disculpaba por haber desaparecido, sino por todo lo que había ocurrido los últimos años.

—Cállate, enana.

—Pero...

—No importa, no me importa—la tomó por los hombros y se inclinó para mirarla a los ojos—es el pasado.

Fue turno de Ginny de abrazarlo con todas sus fuerzas.

Cuando los dos hermanos se separaron, Ginny volvió la mirada hacia donde estaba Luna.

La semidiosa se había quedado rígida y pálida junto a la estufa sin atreverse a mirar a los ojos a su querida amiga. La cocina quedó en silencio. Todos allí parecían contener el aliento por un instante.

—Se te quema.

Luna frunció el ceño al tiempo que Ginny miraba elocuentemente al sartén que en esos momentos echaba humo.

Ron se extrañó ante aquella forma inusual de solucionar sus problemas, mientras Luna maldecía y Ginny reía. De pronto lo que fuera que hubiera roto entre ellas se recompuso y ambas amigas estaban nuevamente unidas y abrazadas, como muestra de que nada era más fuerte que su hermandad.

Cuando las dos chicas acabaron de reconciliarse y el ambiente tenso se disolvió, Ginny miró hacia un rincón de la cocina, y en el momento que sus ojos se posaron allí, un chiquillo de no más de doce años apareció de repente. De cabello negro y grandes ojos azules. Vestía ropa muggle de décadas atrás y a pesar que no era transparente, Ron tenía la seguridad que no era precisamente tangible.

—¿Quién carajos es ese?

Todos en la cocina voltearon a ver a Ron, incluido el niño, que parecía mirarlo asombrado.

—¿Puedes verme?

—Pues claro que puedo verte... —le aseguró el pelirrojo, pero pronto cayó en la cuenta de algo —Tú... ¿Tú eres Nick?

Este asintió antes de mirar a Ginny.

—Siempre deseaste que todo el mundo pudiera verme.

—¿Fui yo?

—Lo más seguro.

La chica se miró las manos, abrumada ante la idea de seguir haciendo cosas sin ni siquiera proponérselo.

—Me preguntó...

Estiró una mano dudosa y cuando llegó a Nick, en vez de atravesarlo, tocó al fantasma como este lo había hecho la noche anterior.

—Ginny... —la voz de Nick era temblorosa mientras sus ojos se empañaban.

La pelirroja le dio un golpe poco amable en el hombro.

—¡Auch! ¿Y eso por qué fue?

—Por mentirme todo este tiempo.

—Luna también lo hizo y a ella no la golpeas. —protestó indignado al tiempo que se frotaba el hombro.

Cómo respuesta, Ginny le dio un fuerte abrazo. Estaba llorando mientras rodeaba con los brazos a aquel escuálido niño que tanto quería y al que, a pesar de sus diferencias, le debía muchísimo. Si no hubiera sido por él y su "aférrate a los aún te quedan"; estaba segura que aquella noche en el puente hubiera cometido un error irremediablemente.

—No llores—le dijo Nick—Si tú lloras, yo lloro, y sabes cómo me pongo de sensible. No es bueno para mí delicada piel.

Soltó una risita temblorosa al tiempo que secaba las lágrimas que rodaban por el rostro del fantasma. Eran como gotas de rocío iluminadas por el sol de la mañana.

—Siempre has cuidado de mí...

—Como me hubiera gustado abrazarte de esta forma la noche que me viste por primera vez, en lugar de decir tantas tonterías

—Esas tonterías salvaron mi vida

—Solo te recordé que aún te quedaba una familia—alzó la barbilla para mirarla a la cara. Aunque en la noche del puente ambos habían tenido la misma altura, en aquel momento, tantos años después, Ginny era dos cabezas más alta. —Aférrate a ella.

Ginny miró hacia dónde estaban Luna y Ron. La semidiosa no dudó en unirse al abrazo, y al final, luego de rodar los ojos y soltar un suspiro, Ron también lo hizo

—Vengan aquí, mi trío de raritos

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—¿Estás bien?

Harry ya estaba en mitad de la escalera, camino a su habitación cuando Astoria llegó a los pies de esta.

Al voltear a verla, se encontró con unos ojos a punto de dejar escapar unas cuantas lágrimas. Quiso darse una patada en la cabeza. Era un completo desconsiderado que sólo pensaba en sí mismo. Astoria debía estar pasándola fatal y él se dedicaba a lloriquear. Jamás lo había notado antes, pero comenzaba a creer que era un egoísta. En el inframundo era el único que podía sentir algo, así que se había acostumbrado a pensar sólo en él. Pero eso tenía que cambiar, en ese preciso momento.

—Creo que debería preguntarlo yo ¿no crees? —le dijo al bajar. Cuando llegó a su lado le ofreció el pañuelo que siempre guardaba en el bolsillo de su chaqueta por orden de Perséfone. Ella había criado a un caballero.

Astoria se tocó la mejilla, mostrándose sorprendida al encontrarla humedecida por las lágrimas.

–No es tristeza—le explicó mientras se las secaba—Verlos a ellos así abrazados... no sé, sentí algo extraño en el pecho. Como si no pudiera respirar y mis ojos picaron.

—Te conmovieron—le explicó Harry con una sonrisa cansada.

—Son una familia, pequeña y rara, pero una familia.

—Sí, son una familia.

Harry se esforzó por no pensar en Sirius. Hace unos días no tenía ni idea quién era, ni siquiera su día de cumpleaños. Pero ahora sabía que había nacido un 31 de julio a las cinco y quince de la mañana, su madre se llamaba Lily y tenían los mismos ojos verdes. Y su padre, James Potter, se parecían mucho, pero lamentablemente había muerto años atrás. A pesar que en su cabeza eran solo nombres, no podía evitar pensar que eran su familia, su verdadera familia. Aquello lo perturbaba y le daba miedo, y aún no entendía por qué. Pocas eran las veces que se había detenido a pensar en esas cosas, pero ahora tenía que esforzarse para mantener sus pensamientos a raya.

Ginny lo había mirado raro cuando lo escuchó rechazar la propuesta de Sirius, pero Harry no quería dar más explicaciones. Tenía una misión, y aunque no le gustara la idea, aún le rendía cuentas a Hades, y también a Perséfone. Si la diosa se enteraba que él iba corriendo a ver a la mujer que lo había dado a luz, no sabía lo que podía llegar a pasar. Los dioses eran territoriales. Y él le pertenecía a Perséfone. Era su hijo, así lo veía ella y así debía comportarse él.

—¿Por qué estás triste?—Por mucha alma que Astoria hubiera recuperado, sus poderes de Guerrera seguían siendo los de siempre, y el corazón de Harry continuaba siendo un libro abierto para ella.

—No estoy triste, y deberías dejar de absorber emociones ajenas, ya no las necesitas.

—No las absorbo, pero si las siento. Es difícil no hacerlo—se defendió—Y más contigo...

—Astoria...

—Sé que no soy tu hermana, y sé que he sido odiosa contigo cuando estábamos en el inframundo... Pero tú... Tú eres la única familia que tengo.

Harry la miró asombrado. Un ataque directo era algo con lo que sabía lidiar, pero el corazón desesperado de cariño de Astoria era otra cosa.

A esas horas apenas podía recordar completamente la ilusión en que lo había encerrado Calixto, pero las cosas importantes aún estaban allí. Como el hecho de que la Astoria imaginaria era su adorada hermanita menor... La había visto así, porque así la quería ver. Calixto le había dado un mundo perfecto, y en su mundo perfecto ellos dos eran familia.

—El pasado es el pasado, Astoria.—la tomó de los hombros mirándola a los ojos—Y deja de decir esa estupidez, tu si eres mi hermana.

La sonrisa de la chica fue completamente genuina, al igual que el abrazo que le prosiguió. Harry se lo regresó, sintiendo un poco de consuelo. No sabía cómo, pero aquella chica que tantas veces había deseado mandar al diablo durante sus años de entrenamiento y la cual había llegado a odiar, ahora era su mejor amiga. Era raro cómo funcionaba el mundo.

—¿Ahora me dirás por qué estás tan apagado?—insistió cuando se separaron.

Harry suspiró.

—Son muchas cosas. Calixto se escapó otra vez y tiene más poder del que pensábamos. Esta mañana conocí al hombre que se supone es mi padrino, y lo único que quería hacer era llevarme con mi madre ¡mi madre! —negó con la cabeza— Y ahora Ginny tiene sus poderes y los usa sin darse cuenta... Anoche los usó para conocer mi pasado, todo mi pasado. No puedo creer que lo sepa todo...

—Oh... ¿y eso es malo?—Astoria lo miraba sin comprender, y Harry quería golpearse.— Mira entiendo lo de Calixto, y hasta lo de tu madre verdadera, pero ¿Por qué te preocupa que Ginny sepa tu pasado?

¿Por qué le molestaba?... Porque había visto lo peor de él. Había visto lo que le había hecho a Katra, y a pesar de que se había mostrado compasiva, Harry aún esperaba que lo insultara y se lo reprochara todo.

—Me preocupa que no tenga control...

—Mientes—se cruzó de brazos, y Harry supo que a ella no había modo de engañarla.

—Ahora sabe que soy un asesino... un monstruo...

Astoria abrió la boca para replicar pero de inmediato la cerró. Él no había sido el único que había hecho cosas malas para complacer a Hades.

—¿Está todo bien?

Desde el pasillo que daba a la cocina apareció Ginny, aún con su pijama y la capa de viaje. Harry y Astoria se miraron un momento.

—Todo bien—Sonrió la chica— ¿Cómo va la vida con súper poderes?

—Ahí va, supongo—se encogió de hombros Ginny.— ¿Cómo estás tú con un alma cero kilómetro?

—Ahí va.

—Quería darte las gracias

—¿Por?

—Por venir aquí a protegerme.

—Ni lo menciones, lo hacemos con gusto... algunos más que otros—le lanzó una mirada elocuente a Harry mientras este entornaba los ojos.

Ginny reprimió una sonrisa mientras veía a Harry asesinando con la mirada a la guerrera.

—Sé que estos momentos deben ser difíciles para ti, así que si necesitas algo... pues, sabes donde vivo.

Astoria se conmovió con esas palabras y antes que la pelirroja pudiera evitarlo, ya la estaba abrazando con toda sus fuerzas. Harry suspiró, todos recibían un abrazo de Ginny, pero él no tendría esa suerte ese día.

—Yo lo único que necesito es tiempo para acostumbrarme, la que necesita ayuda eres tú, Weasley.

—¿Ah sí?

—Astoria tiene razón.— asintió Harry.— Tienes que aprender a controlar tus nuevos poderes.

—Sep, es hora que comience tu entrenamiento.

Ginny frunció el ceño, le daba mala espina la sonrisa divertida que había aparecido en el rostro de Astoria.

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Hola. ¿Cómo va la cuarentena, ya acosaron a su escritora favorita para que termine la historia que abandono en el 2013? Espero que se estén cuidando como se debe y no sean de esos tontos que andan saliendo a la calle cuando pueden estar perfectamente en casita. Yo aún tengo que salir a trabajar y lo seguiré haciendo aunque en mi país declaren cuarentena obligatoria, pero enserio, quiero darme en la frente a cada cinco segundos cuando veo gente paseando! ¡Paseando! De verdad, parece que el ser humano es la única especie que le dicen que no haga nada y lo hace mal xd ¡Por lo que más quieran cuídense!

Bueno, dejando todo eso de lado, espero que este capítulo les haya gustado ¡apareció mi querido Sirius! Ahhh se vienen mis capítulos favoritos gente!

Sé que últimamente los capítulos son muy cortos, pero estoy intentando publicar más seguido para que tengan algo nuevo para leer. Estoy poniendo todo mi empeño en eso, y espero tener el siguiente capitulo para la próxima semana.

Un fuerte abrazo de lejitos.

Elly