Capítulo 20.
El juego de Eros.
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Jamás en la vida Harry había despertado junto a alguien, y se sorprendió al ver lo agradable que era tener el cuerpo de Ginny pegado al de él, mientras dormía profundamente. En algún momento de la noche, la pelirroja le había dado la espalda y él la había rodeado por la cintura con un brazo, al tiempo que el otro se convertía en la almohada de la chica. Aunque ya ni sentía los dedos de esa mano, no le importaba. No quería ni moverse un centímetro por miedo a despertarla. Tenía el rostro hundido en su melena rojo fuego y sentía que podía pasar la vida oliendo aquel perfume a flores que era tan particular.
Estaba loco por ella. Negarlo sería una pérdida de tiempo. Había leído sobre eso, lo había visto cuando Perséfone lo torturaba con películas cursis... lo veía cuando el corazón de hielo de Hades se ablandaba al ver regresar a su esposa al final del verano. Había envidiado lo que ellos tenían aunque en el fondo no lo entendía del todo.
Enredó sus dedos en su cabello, oía su respiración profunda y pausada. Estaba completamente dormida y la confianza que representaba aquella acción, lo tenía completamente maravillado. Mientras se dormía se estaba totalmente vulnerable, lo sabía muy bien, se lo habían repetido hasta la saciedad durante su entrenamiento. Y el hecho de que a Ginny no le importara dormir a su lado, sino todo lo contrario, lo hacía inmensamente feliz.
Le había dicho que a su lado sentía paz. Que se sentía segura. La abrazó con más fuerza, él también se sentía en paz y seguro cuando estaba con ella.
—¡Arriba Guerrero! ¡Ginny ha desaparecido de nuevo! —En cuanto Nick apareció en la habitación le dio una patada a la cama con la intención de despertarlo. De inmediato soltó un grito comparable al de una niña de cinco años cuando vio la escena que tenía enfrente—¡¿PERO QUE CARAJOS?! ¡EXIJO UNA EXPLICACIÓN EN ESTE INSTANTE!—chilló con los ojos como platos. Si no fuera que con tanto griterío a Harry ya comenzaba a dolerle la cabeza, seguramente todo aquello le hubiera causado gracia.
—Deja dormir, Nick—protestó Ginny aún demasiado dormida como para recordar donde estaba.
—Repito: ¡¿QUÉ CARAJOS?!
El grito del fantasmagórico chiquillo atrajo a las otras tres habitantes de la casa. Todas aparecieron con sus varitas en alto, listas para darle una paliza a quien fuera necesario. Luna tanto como Hermione abrieron los ojos, sorprendidas. Aunque la rubia ya lo veía venir, no podía evitar asombrarse al ver a su mejor amiga de toda la vida abrazada al guerrero que había jurado protegerla.
Astoria soltó una carcajada tan fuerte que hizo que la pelirroja acabara de despertarse del todo.
—¿Se puede saber qué diablos está pasando aquí?—Nick miraba a ambos indignado
—Nick no comiences a agrandar las cosas...—Ginny se incorporó un poco, frotándose los ojos mientras bostezaba.
—Exijo que alguien me explique qué diablos está ocurriendo.
—¿Qué? ¿Te mataron antes de que te explicaran como se hacen los bebés? —Hermione lo miró con una ceja alzada, mientras Astoria se partía de la risa.
Las palabras de Hermione hicieron que las caras de Ginny y Harry enrojecieran, al tiempo que Nick soltó un chillido de espanto.
Superada la sorpresa inicial, Luna observó la cara de vergüenza de su amiga, mientras Nick se comportaba como todo un padre sobreprotector que acababa de pescar a su hija en la cama con un chico. Muy posiblemente fuera exactamente eso lo que estaba sucediendo de cierto modo. Pero Nick no tenía derecho a comportarse de aquel modo. Por mucho que actuará como si fuera el padre de Ginny a veces, no lo era. Menos que menos para montarle esa escena.
—Casi me re-muero cuando vi que no estabas —le reprochó el fantasma—Y tu aquí enredándote con este...
—¡Nick! —Luna lo miró furiosa. Había cruzado el límite. Hasta Astoria lo notó, ya que paró de reír en el acto.
—Nick nada, Luna—replicó el chico— No me puedo creer que...
—Oh vamos, no es para tanto—Hermione rodó los ojos con fastidio, saliendo de la habitación—Deja de estar celoso porque ellos pueden hacerlo y tu no. —Nick abrió los ojos como dos platos, ofendidisimo—Y déjate de tanto griterío, que arruinas mi mañana.
El fantasma se preparó para mandar al diablo a la guerrera, pero se detuvo al ver a Ginny salir de la cama y lo enfrentaba con los brazos cruzados sobre el pecho. Para su alivio, la chica estaba vestida.
—Nick, mejor hazle caso a Hermione y cállate de una buena vez, o te juro que comenzaré a probar mis nuevos poderes en ti.
Nick levantó las manos en señal de rendición (aunque Ginny sabía que no se había rendido nada) y apretando los labios desapareció.
—El desayuno ya está listo—anunció Astoria luego que la desaparición del fantasma dejara un incomodo silencio.
En cuanto quedaron solos, Ginny se atrevió a mirar a Harry. Sabía que estaba hecha un desastre, con el pelo desordenado y la cara como un tomate. Pero se sorprendió cuando se encontró a Harry parado a su lado y sin decir nada le dio un corto abrazo.
—¿No hemos hecho nada malo, verdad?
Ginny sonrió al ver cierta preocupación en esos bonitos ojos verdes.
—Nick es un tonto, olvídalo.—poniéndose de puntitas de pie le dio un cortísimo beso.
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Ginny rodó los ojos al entrar a su habitación luego del desayuno, y encontrarse allí a Luna y a Nick esperándola. El fantasma con los brazos cruzados y cara de haber chupado limón la miraba con el ceño fruncido desde el alféizar de la ventana. Mientras, Luna parecía calmada sentada en la cama, no obstante no se mostraba muy cómoda con la idea de ser parte de la conversación que estaban a punto de tener. Ginny había esperado ese momento desde que había visto sus rostros boquiabiertos al despertar, y aunque había esperado que aquello la avergonzara o molestara, lo cierto era que le causaba un poco de gracia.
Se preguntaba si de estar sus padres aún con vida la situación sería similar. Su padre indignado y su madre un poco más accesible. Por suerte para ella, ni Nick ni Luna eran sus padres, y podía encargarse de ellos sin tanto respeto ni delicadezas.
—Tengo casi veinte años—Miró a Nick con la frente bien en alto y sin amedrentarse —Lo que haga con mi vida es asunto mío.
—¿Cómo qué asunto tuyo?—Nick agitó la cabeza como si creyera que la pelirroja había enloquecido por culpa de las hormonas.
—Ella tiene razón...—comentó Luna tímidamente.
—¡Es una niña!
Luna y Ginny intercambiaron una mirada antes de comenzar a reír con ganas.
Que Nick la viera todavía como una niña era adorable. Pero al mismo tiempo le recordaba a Ron y eso le molestaba un poco. Con cualquier chico en la faz de la tierra no le hubiera preocupado, pero Harry era diferente. Sea lo que fuera que ellos estaban teniendo, quería que durara. No habían vuelto a hablar después de su último beso y no tenía ni idea si siquiera debían hablar del asunto. De una forma extraña, sabía que Harry sentía algo por ella, algo que no era meramente físico. Lo había sabido desde la primera vez que se vieron, la primera vez que habían hablado... Y la noche anterior, mientras Harry la abrazaba con todas sus fuerzas y la consolaba, Ginny supo que no quería volver a estar lejos de él.
Sabiendo todo eso ¿era necesario hablarlo? ¿Ponerle una etiqueta? Sentía que solo a Nick le importaba eso.
—Nick, no soy una niña pequeña...
—Verdad, tiene mi misma edad.
El tono significativo con que Luna soltó aquella frase hizo fruncir el ceño a Ginny. Supo que se estaba perdiendo algo cuando las mejillas de su amiga adquirieron un sutil rubor. Mientras, Nick parecía hacer un esfuerzo por mirar a cualquier lado menos a donde estaba Luna.
—No te pongas de su lado. Ella no tiene experiencia con los hombres...
—¿Acaso tú si?—se mofó Luna.
—Harry es hombre, y los hombres solo buscan una cosa. Puede jugar con sus sentimientos.
—Oh vamos, ese chico es más bueno que el pan. Hay más posibilidades que Ginny le rompa el corazón a él.
—Me importa un bledo el corazón de ese idiota.
—De eso no me cabe la menor duda—bufó Luna—Pero debes de dejar de meterte en lo que no te incumbe.
—Claro que me incumbe.
—Claro que no, Bones. Ginny es una adulta y merece ser feliz.
—Lo sé ¡¿pero no puede ser feliz con otro idiota que no sea un Guerrero de Hades, que se puede esfumar en cuanto todo esto acabe?!
—Lo tuyo es un caso serio—Luna negó con la cabeza, sobrepasada—¿De verdad crees que él se irá?
—¿Por qué no? Es una posibilidad ¿no? Si Hades así lo quiere puede ordenarle que regrese al Inframundo y el idiota no podría hacer nada al respecto.
—Hades le prometió su libertad.
—Los dioses cambien de opinión... —masculló Nick—Además, él muy bien podría irse en cuanto tenga su libertad.
—Eres increíble. Tienes al pobre de Harry entre ceja y ceja desde el primer día. ¡Deja de ser siempre tan pesimista y estar esperando lo peor de todo el mundo! —La semidiosa sacó un pequeño frasco de poción del bolsillo y lo dejó en la mesita de noche de su amiga.
Nick boqueó al ver la poción mientras sus ojos parecían los de un búho asustado.
—¡No la apoyes, ni le des esas cosas! ¡Solo la alientas!
—¡Eso hacen las amigas, Bones!
—Están enamorados... son una pareja...
Luego de que Ginny soltara aquello, los gritos se detuvieron de golpe. Ninguno de los dos notó como la pelirroja había quedado con la mirada perdida, concentrándose para utilizar sus nuevas habilidades en un intento de seguir una corazonada. Y ahora lo veía muy claro. Un recuerdo viejo que palpitaba entre sus dos mejores amigos. Un primer beso cuando Luna apenas era una chiquilla de primer año de colegio. Un primer beso que había sido torpe pero sincero. Luna había sonreído al apartarse y aunque Nick había sido inmensamente feliz, mas tarde se había sentido tonto por haber pensado que eso había estado bien, y una basura por haberle robado la oportunidad de tener un primer beso con un chico normal.
—No sé de qué hablas—soltó Nick de forma automática.
Por su lado, Luna se acercó a su amiga mirándola con atención. Desde que Ginny había descubierto la verdad de lo que era, Luna había estado tentada a contarle todos sus secretos... bueno, en realidad el único que le quedaba.
—Y... ¿Qué opinas?
Ginny miró a su amiga pensando muy bien lo que iba a responder. Luego le echó una mirada a Nick. El fantasma se había quedado sin palabras y parecía incapaz de mirarla a los ojos.
Quería decirles que era una locura. Confesarle que desde que sus nuevos poderes le habían permitido volver visible y tangible a Nick, había intentado hacer un poco más. Había llegado al punto de preguntarle a Astoria si había forma de ayudarlo. ¿Acaso no tenía el poder de los dioses en sus manos? ¿Acaso los dioses no lo podían todo?... Astoria la había mirado con pena al escucharla decir aquello, y había intentado ser paciente y delicada a la hora de explicarle que no había forma de ayudar a su amigo fantasmal. Había reglas irrompibles en el universo y la muerte de Nicolás Bones era algo que no se podía revertir. Nadie podía, ni los dioses, ni el Todo o la Nada, ni siquiera el de la D mayúscula, si es que este existía.
Quería decirle eso a su amiga. Explicarle que aquello tan maravilloso que tenían ellos dos era imposible en toda la extensión de la palabra...
Pero era incapaz de soltar todo eso. Luna la miraba con aquel brillo especial en sus enormes ojos que hasta entonces no había llegado a descubrir que lo provocaba. Y entonces supo que nunca tendría corazón para decirle nada de lo que de verdad pensaba, porque en el fondo Luna también lo pensaba y no necesitaba que nadie hundiera el dedo en la llaga. Solo quería alguien que le dijera (aunque fuera una mentira enorme) que lo que sentía por Nick no era una locura. Que era algo posible.
—Me alegro por ustedes.— sonrió Ginny.
La sonrisa de Luna se iluminó, pero Nick simplemente desapareció de la habitación.
—¿Dije algo malo?
Luna negó con la cabeza, acentuando su sonrisa, aunque esta no llegó a sus ojos.
—Déjalo... a veces se comporta como un gran tonto.
Ginny sabía que había mucho más, pero prefirió dejar el tema por el momento. Por hacer algo tomó el pequeño frasquito de poción que su amiga le había dejado en su mesita. Se ruborizó cuando comprendió lo que era.
—Harry y yo no hemos hecho nada de eso—le aseguró, soltando la posición anticonceptiva como si esta le quemara.
—Lo sé—sonrió con malicia la semidiosa—Solo la traje por las dudas... y para molestar a Nick ¿viste la cara que puso? —soltó una risita.
Si, había visto su cara... y también había presentido que más tarde lo lamentaría.
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A media mañana Harry y Ginny se volvieron a encontrar en la sala para ayudar a esta última a usar sus poderes. La pelirroja tenía que descubrir hasta dónde podía llegar, y Harry tenía que proporcionarle un ambiente seguro para que lo hiciera.
Nick los vigilaba desde el otro lado de la ventana de la sala, apenas asomando la cabeza hasta la altura de la nariz para mirar dentro. Estaba usando sus poderes para ser invisible, pero no quería arriesgarse demasiado, ya que Ginny comenzaba a tener más control en sus habilidades.
Se ocultaba porque no quería hablar con nadie. Luna lo había llamado unas cuantas veces después de su conversación con Ginny, pero él había preferido ignorarla. Lo cierto era que aún estaba sorprendido de que Ginny se hubiera tomado tan bien su extraña relación. Una parte de él había esperado (y en el fondo lo deseaba) que la pelirroja enumerara todas las razones por las que Luna y él no podían estar juntos. Que al fin alguien hiciera lo que ni Atenea con toda su sabiduría había querido siquiera intentar. Pero al parecer nadie en la faz de la tierra quería hacer entrar en razón a Luna.
Y a pesar que eso le molestara, también sabía que todo aquel desastre era su culpa. Él era el mayor, él debió ser quien pusiera un alto a aquel sin sentido desde el principio. Pero ser el guardián invisible de una niña había sido un trabajo tan solitario por tantos años, que cuando conoció a Luna, simplemente no había sabido como apartarla y poner límites en su forma de relacionarse.
Por decisión propia había aceptado ser el cuidador de Ginny desde su nacimiento, y para que la pelirroja tuviera la vida más normal posible había decidido ser invisible para ella. Plan que llevó a cabo con completa resolución hasta aquella noche en el puente. Era su ángel de la guardia invisible. Pero el no poder hablar con nadie por tantos años le había dejado tan vulnerable y necesitado de afecto, que cuando los enormes ojos de Luna se pusieron sobre él y le regaló una sonrisa, ya estaba perdido.
El poder hablar con alguien... reír o hasta debatir con los temas más absurdos, había sido la gloria. Y cuando descubrió que ella tenía la habilidad de poder tocarlo como si aún tuviera un cuerpo físico... ¿Había sido egoísta por querer sentirse vivo otra vez? Tal vez no, pero lo cierto era que todo aquello solo había avivado las llamas. Se había enamorado de algo que era imposible y antes que pudiera evitarlo, Luna también lo había hecho.
Había estado esperando que al crecer, la semidiosa notara lo absurdo de su romance trágico y ya condenado, pero no fue así. Eso no le sorprendió. Cuando alguien tan maravillosa como Luna amaba, lo hacía con todas sus fuerzas, y nada la convencería de apartarse y seguir con su vida con un hombre que si le pudiera dar todo lo que ella necesitaba.
Hermione tenía razón. Sentía un poco de envidia de Harry y Ginny. Porque a pesar de todo, tenían una posibilidad de estar juntos y ser una pareja normal que hacía cosas normales. Harry era un Guerrero de Hades, pero aún así podía ofrecerle a Ginny muchas más cosas de las que Nick a Luna.
Él estaba varado entre la vida y la muerte. Era incapaz de poder hacer algo para cambiar eso y lo único que pedía con todas sus fuerzas era que Luna entrara en razón y se olvidara de él. Ella debía dejar de esperar un milagro que nunca iba a ocurrir. Había reglas irrompibles... las únicas opciones a las que podía aspirar Nick Bones el día que su misión de guardián acabara, era seguir adelante en su viaje al más allá, o reencarnar. Ninguno de esos dos caminos podían incluir a Luna.
Suspiró mientras veía a Harry y Ginny sentados muy cerca el uno del otro, al tiempo que el guerrero le explicaba los diferentes tipos de demonios que trabajaban para Calixto y la forma correcta de acabar con ellos.
—¿Eso de ir por ahí espiando a la gente es un fetiche, no?
Nick ni se inmutó. Al voltear a un lado se encontró con la mirada divertida de Eros, que estaba apoyado en el muro con los brazos cruzados. Sabía que era él aunque hubiera abandonado su aspecto de adolescente con ropa deportiva o el estilo de rockero con cuero. Ahora parecía mayor con su traje negro de tres piezas y sus zapatos lustrosos. Al parecer se había aburrido de sus risos rubios, ya que ahora tenía el cabello corto y de color azabache, hasta se había dejado crecer la barba un par de días.
El fantasma suspiró. No podía evitar que la envidia lo comiera por dentro. Él estaba condenado a tener el mismo aspecto para toda la eternidad. Doce años eternos. Era un mal chiste que seguramente sólo le resultaría divertido a los inmortales.
Eros alzó una ceja divertido, seguramente sabiendo lo que pensaba Nick. Sin decir nada se colocó a su lado en cuclillas y se dedicó a observar también. De alguna forma incomprensible para el fantasma la pareja había dejado de practicar magia y ahora Ginny le enseñaba al guerrero pasos de baile. Era más que obvio que Harry los conocía, pero se hacía el tonto para recibir más ayuda de la pelirroja. Nick rodó los ojos. Eran tan... Ginny reía de forma auténtica, de esa manera que deja a uno sin aliento y con dolor de barriga. ¿Por qué no podía dejar de sentir celos? Harry parecía ser más o menos decente y sabía que lo que sentía por ella era auténtico. Lo veía en sus ojos brillantes y en la electricidad que había a su alrededor cuando estaban juntos.
Luna decía que sus celos fraternales sólo lo perjudicarían a él, y era verdad. Harry no se iría. Aunque dijera lo contrario, Nick sabía en lo más hondo, que el guerrero había descubierto un mundo de maravillas en la tierra, y la principal de todas era Ginny. Harry lucharía contra todos los dioses con tal de quedarse y no tener que regresar al inframundo.
Pero le resultaba tan difícil todo eso. Nunca le había gustado ver a Ginny salir con chicos. Hasta había agradecido al cielo que las pocas citas que había tenido en el colegio la hubieran traumado lo suficiente como para hacerla renunciar a ellas. Es que para él, Ginny nunca dejaría de ser aquel bulto de mantas, cachetes sonrosados y una pelusa rojiza en la cabeza que había sido el día de su nacimiento. Podía cumplir cien años y Nick seguiría viendo a la pequeña bebé que había cuidado con devoción. Siempre a su lado, mirándola dormir durante las noches y cuidando sus espaldas hasta cuando volaba en su escoba.
—¿Son lindos, no? —Eros con la cabeza apoyada sobre una mano y la mirada puesta en la pareja con una sonrisa boba, parecía una adolescente embelesada mirando a su amor platónico, solo le faltaba suspirar.
—Ella se ve contenta— intentó verle el lado bueno Nick.
Ginny había creado una ilusión sin ni siquiera usar su varita y ahora la sala de su casa parecía un inmenso salón de baile salido de la época victoriana. Nick sabía que a Ginny le gustaban muchísimo las historias románticas de esa época y que en ese instante, Harry bailando con ella la estaba haciendo inmensamente feliz sin ni siquiera saberlo.
—Sí, la flecha que le lancé a esa pelirroja fue la mejor usada en décadas.
Si Nick hubiera tenido un cuello, seguramente se lo hubiera roto al girar su cabeza tan rápido al escuchar las palabras del dios. Eros puso los ojos en blanco con impaciencia, al ver la sorpresa en el rostro del fantasma.
—¿De verdad crees que una chica que le ha escapado a los hombres desde siempre, se enamoró a primera vista de un tipo que conoció en un callejón? El guerrero es de buen ver y te aseguró que si él estuviera dispuesto yo con gusto lo entretendría un rato, pero tampoco exageremos. —rió divertido.
Para Eros nada de lo que acababa de soltar con aquel tono despreocupado tenía alguna importancia. Él era el dios de los enamorados y hacer que las personas se enamoraran o al menos sintieran atracción era su trabajo. Era lo natural. Los dioses hacían y deshacían en la vida de los humanos.
Nick volvió a mirar a Ginny que reía divertida por algún comentario ocurrente de Harry. Aquel amor a primera vista había sido la razón de todos los recelos del fantasma. Ginny no era así, siempre había sido alguien sensata y para nada enamoradiza... Ahora todo tenía sentido. Aquello era falso, al menos de parte de ella. Sintió pena por el guerrero, pero su mayor interés era su amiga. Tenía que hacer algo.
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Draco se tomó un momento al llegar a la casa de sus amigas para acomodarse la capa. Controló su respiración para que no se notara demasiado agitada y se arregló el cabello de forma patética. Cuando la puerta se abrió se sintió un poco decepcionado al ver que era Luna quien le daba la bienvenida. Se reprendió duramente ante esto, mientras le regalaba una sonrisa a la chica.
Entró a la casa mirando a todos lados. Intentaba no delatarse, pero Luna lo conocía lo suficiente como para saber a quien buscaba con tan poco disimulo.
—Astoria y Hermione están patrullando— comentó como quien habla del clima.
—¿Patrullar?
—Vigilan y se aseguran que ningún seguidor de Calixto se acerque demasiado a la casa—le explicó la semidiosa mientras colgaba en un perchero la capa de Draco.—Lamento que no esté. Estoy segura que a ella también le hubiera gustado verte.
El hombre sintió las mejillas arder, pero no dejó que las palabras de Luna lo esperanzaran. Había pensado demasiado en Astoria esos últimos días, pero no estaba dispuesto a admitirlo en voz alta, menos que menos frente a ninguno de sus amigos.
—En realidad no vine a verla a ella—dijo con fingido desinterés.
—¿A no?—Luna alzó una ceja sin ocultar una pequeña sonrisa que le decía que no le creía ni media palabra.
—Necesito hablar con Harry.
Luna dudó.
—Si es sobre Lily, te recomiendo que le des más tiempo.
—No es sobre ella...
En ese momento Ginny apareció. Salía de la sala de estar riendo y más risueña y hermosa de lo que Draco la había visto en la vida. Cuando la chica lo vio, sonrió aún más.
—Dime que viniste a decirme que tengo que ir a trabajar.
Draco negó con la cabeza para desilusión de la pelirroja. Por decisión unánime de los dueños (Neville había aceptado, a pesar de no entender del todo la razón) El Canto del Fénix permanecería cerrado hasta después de año nuevo. El último ataque en el callejón junto al bar había logrado poner nerviosos a Ron y a Draco. De milagro ninguna persona había salido herida. ¿Pero qué hubiera pasado si algún cliente se quedaba en fuego cruzado? Era algo que no se podían permitir. Además, Ron quería que Ginny pusiera toda su atención en aprender a controlar sus poderes, cosa que a su vez hacía que tanto Astoria como Hermione ya no tuvieran que estar trabajando en el bar. Así que con la mitad de su personal sin poder ir a trabajar e incapaces de encontrar reemplazos decentes en esas fechas del año, cerrar les había parecido el camino más fácil.
—No será posible. Jack ya se fue a Liverpool a pasar las fiestas con sus hijas, y Taby está muy feliz con sus vacaciones pagadas.
Ginny no era una fanática del ocio ni mucho menos de quedarse en casa, así que la noticia no la emocionaba en lo más mínimo. Pero siguió sonriendo y les mostró su último gran logro en su entrenamiento.
Cuando entró a la sala, Draco notó lo grande que ahora parecía. Sin duda un muy bien ejecutado hechizo extensible que hubiera hecho que hasta el mago más experimentado se sacara el sombrero. Pero no fue eso lo que lo dejó sin palabras, completamente asombrado. Sino el hecho de que ahora parecía que la sala se había convertido en una selva tropical. Con enormes árboles de los que colgaban lianas y enredaderas de colores muy vivos, y animalitos que iban y venían a su gusto. No solo era la fauna y la flora típica de un lugar así, sino el aire que entraba en sus pulmones y la humedad cálida que comenzaba a hacerlo sudar bajo su suéter lo que sorprendió más a Draco. Aquello no era una ilusión, era real.
En medio de todo eso estaba Harry, muy quieto mirando fijamente a una enorme serpiente amarilla que se deslizaba perezosamente por la rama de un árbol a solo un metro por encima de su cabeza.
—A Harry le dan miedo las serpientes—rió Ginny.
—No me dan miedo—la contradijo Harry sin apartar sus ojos del reptil. — Simplemente no me gustan. Su forma de moverse me pone nervioso.
Draco la miró con atención. El animal era tan grande que tenía pinta de poder comerse a una persona de un bocado si se lo proponía. Sin duda apoyaba a Harry, a él tampoco le gustaba.
—Le tiene miedo— sonrió Ginny y chasqueó los dedos. En el acto la sala volvió a su tamaño y su forma habitual. La cara de alivio de Harry fue muy obvia al ver esfumarse a la serpiente.
—Vaya, eres buena en transformaciones—la alagó Draco.
—Y todo lo hice sin varita—le contó Ginny muy satisfecha de sí misma—Además de que no trasforme nada. Simplemente lo hice aparecer. Harry dice que manejar el entorno es muy útil en el combate.
Draco asintió. No había estudiado para ser auror, pero sabía por Ron que había una materia completa en el curso de entrenamiento sobre manipular el entorna para sobrevivir.
—Me alegro que lo estés llevando tan bien—le sonrió a su amiga. Después de haberla visto en el callejón lo que más deseaba era que tuviera control absoluto de sus habilidades, por el bienestar de todos.
—No tan bien como me gustaría—la cara de alegría de Ginny se apagó un poco al decir eso. Draco se contuvo para no hacer preguntas, más aun cuando notó la mirada que intercambiaban Harry y Luna.
La pelirroja que siempre intentaba mostrarse segura y alegre, anunció que prepararía el té y se fue en dirección a la cocina antes darle tiempo a Draco a preguntar en qué estaba fallando en su entrenamiento. Harry hizo el ademán de seguirla, pero el rubio lo detuvo.
—Necesito hablar contigo, en realidad con los dos—dijo mirando a Luna también.
Al notar el tono serio de Draco, Luna lo invitó a sentarse en la recién vuelta a la normalidad sala. En cuanto los tres estuvieron sentados, Draco comenzó a explicarse lo mejor que pudo.
—Hace una semana, más o menos, encontré a una niña en la calle frente al bar.
—¿Una niña?
—Sí, pero no creo que fuera una niña en realidad.—se apresuró Draco—Tenía el aspecto de una niña pequeña, estaba desabrigada y sucia... yo le di mi capa.
—¿Por qué dices que no era una niña de verdad?—frunció el ceño Luna.
—Actuaba muy raro y me dijo que te buscaba.
—¿A mí?— Harry no podía estar más extrañado.
—En ese momento no sabía que se refería a ti. — Explicó Draco—Ella te llamó por tu nombre verdadero, Harry Potter. Honestamente no entendía nada, intenté hablar con ella pero parecía confundida y era incapaz de formular una oración completa. Cuando intenté ayudarla soltó un grito horrible y antes que me diera cuenta se esfumó, como si hubiera desaparecido con magia... Los últimos días utilicé todos mis contactos para poder encontrarla, pero fue inútil. Estaba preocupado porque ella te buscaba para pedirte ayuda. —Se tomó un segundo antes de seguir, un poco avergonzado de lo que estaba a punto de admitir—Además, ella te llamó Potter... en ese momento pensé que era una buena pista para intentar encontrarte.
—¿Encontrarme?—Harry se mostró más sorprendido al escucharlo decir eso.—¿Por qué ibas a querer buscarme?
—Chico, tu desaparición fue un gran misterio por años. Crecí escuchando la historia y viendo como tu padre se obsesionaba con tu búsqueda. Ese hombre se murió buscándote noche y día...
Como siempre que se hablaba de los señores Potter, Luna notó como Harry se removía incómodo en su lugar. Luchaba entre su deber como soldado y su deseo de conocer detalles sobre su familia biológica.
—¿Por qué no nos contaste esto antes?—le preguntó Luna, intentando que siguieran con el tema que había traído al rubio a su casa.
—Al principio no dije nada porque no quería que ni Lily ni Sirius se enteraran de mis sospechas, por miedo de que todo acabara en nada. Pero luego de lo del callejón, luego que tu nos contaras a Ron y a mí sobre el primer ataque que Calixto le mandó a Ginny, donde un demonio se hizo pasar por un niño abandonado para tomarla con la guardia baja... Así que creí que aquella niña también era un demonio que intentaba ponerle una trampa a Harry.—Draco no paraba de mover las manos. Luna sabía que cuando algo lo molestaba se ponía muy inquieto. Entendió fácilmente que el chico se sentía enojado consigo mismo por no haber seguido con su búsqueda de la niña misteriosa—. Pero entre más lo pienso, menos creo que sea así. Creo que ella de verdad necesita ayuda.
Harry y Luna se miraron. No eran grandes amigos como para saber qué pensaba el otro con una sola mirada, pero en aquella ocasión ambos sabían lo que tenía el otro en la cabeza.
—Si era algún tipo de inmortal, será difícil saber quién era, lo siento. —Dijo Luna intentando ser amable— Ellos pueden cambiar su aspecto a su antojo, nunca usan la misma forma mucho tiempo.
Draco se mostró decepcionado al entender que su última esperanza se convertía en otro callejón sin salida. Estuvo a punto de despedirse y regresar a su casa, cuando Harry después de permanecer largo rato pensativo comenzó a hablar.
—Es verdad que los inmortales cambian de forma. Pero que yo sepa, la forma de una niña no es una opción muy popular, menos una tan pequeña como dice Draco. Y menos que menos para estar en el mundo humano.
—¿De verdad?—Luna podía ser una semidiosa, pero no había convivido con dioses tanto como lo había hecho Harry.
—Que yo sepa, solo hay un puñado de posibilidades.—lo pensó un momento frunciendo el entrecejo—Aunque si ella estaba tan confundida y apenas podía hablar...
—¿Tienes alguien en mente?—Draco se inclinó hacia delante, más que interesado.
—Bueno, los dioses son seres individuales, ellos no dependen de otros para subsistir como tal, excepto...
—¡Las Moiras!—Luna se puso de pie de un salto, pálida como cera.— ¡Mierda!
Draco se sorprendió ya que Luna nunca soltaba malas palabras.
Intentó hacer memoria, había pasado los últimos días leyendo todos los libros de mitología griega que había encontrado en la biblioteca de la familia Black, y aunque tenía un lío enorme de nombres rarísimos y seres que algunas veces rayaban con lo ridículo, supo rápidamente a quienes se refería su amiga, la cual había empezado a dar vueltas por la sala soltando palabras en un idioma extraño, que a pesar de que no entendía nada, tuvo el presentimiento que todas dejaban su "Mierda" inicial como una niñería.
—Las Moiras ¿las tejedoras? ¿Las que escriben el destino de todos?... ¿las que deciden cuándo vas a morir y todo eso?
—Ellas no lo eligen—le explicó Harry sin dejar de mirar a Luna que seguía blasfemando—Ellas solo llevan un registro de todo lo que pasará en el mundo, y también conocen los diferentes destinos de este.
—¿Hay más de un destino?
—Todos tenemos más de un destino o camino, como lo quieras ver.—le aseguró el guerrero.—Si sales ahora mismo a la calle y cruzas sin ver a los lados , seguramente mueras atropellado, pero si sales y si miras, seguramente veas el camión y lo evites.
—Todo depende de lo que tú mismo elijas hacer—entendió Draco.
—Exacto.—asintió Harry —la cosa es que ellas, al conocer los diferentes caminos, pueden manipular las circunstancias para que tú, sin saberlo, elijas el que ellas quieren.
—Lindo libre albedrío.
—Siempre hay truco, los dioses no pueden perder.
—¿Cómo sabes que es una de ellas?
—Ellas tres son una. Depende una de la otra para mantener su poder. Y solo hay una de ellas que le gusta tomar el aspecto de un infante.— les contó Harry. — Cloto, la menor de las Moiras.
—Ella necesita de sus hermanas para mantenerse fuerte. Si es como tú lo dices, ella debe estar muy debilitada —Luna se dejó caer en el sillón nuevamente, sumamente indignada— Eso explicaría porque estaba confundida y no podía hablar correctamente. ¡Se lo dije a mi madre, y ella me ignoró!
—¿A qué te refieres?
—Las Moiras siempre aparecen cuando las guerras se acercan, ¡es lo que siempre hacen! Pero esta vez no. —Luna soltó un bufido—Le dije a mi madre que eso no era normal, pero me aseguró que a ellas les gustaba desaparecer y luego hacer una gran entrada.
—Y si Cloto está perdida en el mundo humano, buscando ayuda... ¿Dónde están sus hermanas?
Harry no quería ni imaginar una respuesta para la pregunta de Draco. Y luego recordó las palabras de la madre de Carrie y Evan antes de morir: "Ginevra irá por su propio pie hacia donde está Calixto. Así está escrito."
Las Moiras habían dicho que Ginny iría por su propia voluntad a ver a Calixto. Snow le había dicho que seguramente esas eran mentiras que Calixto usaba para engatusar a sus soldados. Pero ¿acaso no era eso exactamente lo que había pasado días atrás? Ginny había salido del bar la noche de la fiesta por voluntad propia, ella había corrido hacia donde estaba Calixto. Si, era una forma muy retorcida de verlo, pero así solía pasar cuando las Moiras comenzaban a hablar. Era todo cuestión de interpretación.
Calixto habría creído que las Moiras hablaban de una alianza con la Séptima, pero lo que en realidad habían querido decir es que Ginny solo iba a tropezar con él y su ejército en un callejón. Calixto debía estar furioso de que las tres diosas le hubieran visto la cara de esa forma.
—Creo...—comenzó a decir Luna volviendo a ponerse de pie. Su rostro estaba muy serio y decidido. — Creo que sé cómo podemos saber qué está pasando y ayudar a Cloto.
Cuando Ginny se metió en la alacena en busca de los materiales para hornear sus célebres galletas de navidad, Nick apareció en la cocina con la flecha de desamor que Eros había olvidado en el árbol la primera vez que se vieron. Había pensado mucho en lo que debía hacer, pero estaba tan nervioso, seguramente de estar vivo estaría sudando a mares. Se repitió varias veces que lo que estaba a punto de hacer era lo correcto, mientras la pelirroja salía de la alacena. Se apresuró a esconder la pequeña flecha de plomo detrás de él en el segundo en que la chica alzó la mirada de la libreta en que anotaba las recetas de su madre. Al verlo allí, frunció el ceño, haciendo que Nick se sintiera descubierto, pero de inmediato la vio sonreír y se sintió aliviado.
—Creía que no aparecerías hasta la noche.
—¿Por qué lo creías?—le preguntó intentando no mostrarse demasiado alterado.
—Después de lo de Luna, creí que estarías enojado un poco más por lo de la poción anticonceptiva.
Nick rodó los ojos.
—Ya, ni me lo recuerdes. ¡Eres demasiado joven para esas cosas!
Lo ofendió bastante ver a Ginny reírse de sus palabras mientras preparaba la masa de las galletas con rápidos movimientos de varita.
—A mi edad, mi madre ya había tenido a mi hermano Bill—le recordó solo para molestarlo.
—Ella era ella, tú eres tú. —le replicó con un tono de padre sobreprotector.
Ahora fue turno de Ginny rodar los ojos. Nick sabía que la pelirroja tomaba sus palabras con humor simplemente porque de lo contrario lo mandaría a freír espárragos de una forma poco amable. Apretó con fuerza la flecha en su mano, era la única que tenía, así que debía ser cuidadoso y no desperdiciarla con su habitual mala puntería.
Se sentó en una silla de la mesa de la cocina mientras la veía trabajar, en menos de lo que canta un gallo las galletas estuvieron horneadas y bien decoradas en un plato. Pero eso no le bastó a la pelirroja, estaba de tan buen humor que comenzó a preparar una tarta de melaza, aunque esta vez comenzó a hacerla de forma manual. Nick no pudo evitar compararla con su madre. Molly Weasley había amado cocinar, y cuando más contenta estaba lo hacía sin magia. Ginny había perdido a su madre demasiado joven como para haber notado ese hábito, y mucho menos para darse cuenta que ella también lo tenía.
El fantasma resopló en silencio mientras la veía mezclar los ingredientes. Se había atado el cabello rojo fuego en una coleta y ya tenía harina en una de sus mejillas. Sonreía como una tonta y Nick solo podía pensar que había solo una persona en esa casa que era fan de la tarta de melaza.
Tenía que parar con todo eso. De inmediato.
—¿Me dirás que te pasa?—le preguntó Ginny sin mirarlo mientras agregaba huevos a la mezcla.
—¿Qué?—Nick dio un brinco, apretando la flecha en su mano con fuerza, creyéndose descubierto nuevamente. Apretó los dientes con fuerza intentando no pensar en su plan. Ahora su mente ya no era solo suya. La protección que había mantenido los poderes telepáticos de Ginny a raya se habían venido abajo, ahora que ella era libre de usar todo su potencial
—Tienes una nube negra sobre ti—murmuró la pelirroja mirándolo a los ojos. —Y es desde esta mañana... desde que me enteré de lo tuyo con Luna.
Al fantasma le hubiera gustado que Ginny hubiera descubierto su plan antes de tener la charla que estaba a punto de comenzar.
—Ginny... ¿Por qué nos apoyas? —Esa pregunta lo carcomía por dentro.
—¿Querías que no lo hiciera? —parecía sorprendida.
Nick miró hacia otro lado. La pelirroja siempre había sido su último recurso, completamente confiado de llegado el momento, su protegida sería la que convenciera a Luna de lo loco y sin sentido que era amarlo precisamente a él. Ginny siempre había sido alguien con los pies bien puestos en la tierra. Si había alguien que podía ver lo absurdo e imposible de la situación, sería ella. Pero su reacción de la mañana lo había dejado desconcertado. Por un segundo había visto la sombra del rechazo en sus ojos chocolate, pero casi de inmediato había desaparecido siendo sustituido con una mirada amorosa y una sonrisa cálida. ¿Por qué? Por mucho tiempo no le había resultado difícil entender a Ginny. Pero aquella mañana nada había tenido sentido para él.
—Sabes que Luna solo sufrirá si sigue empecinada en amarme. — dijo en voz muy baja sin atreverse a mirar a su amiga a los ojos.
—Eso no lo sabes.—replicó Ginny, pero su voz sonó lo suficientemente insegura como para que Nick lo notara.
—Ginny, se honesta ¿de verdad crees que Luna y yo tenemos una oportunidad de ser felices?—la miró fijamente, sin perderse ni la más mínima expresión de la chica. La sombra volvió a aparecer en sus ojos y el fantasma supo que había mentido en la mañana al decir que los apoyaba en su relación.
—Ayer hablé con Astoria... le pregunté si había alguna forma de que tu... bueno, que tu volvieras a ser humano, a tener una vida—le explicó mientras sus manos se hundían en la masa que estaba preparando. Se quedó muy quieta por un momento mientras intentaba buscar la mejor forma de expresar lo que pensaba. Pero no era necesario, Nick la comprendía. Entendía lo que había querido hacer pero había descubierto que era incapaz. Sus poderes tenían limitaciones, como los de todos.
—Nunca volveré a ser el humano Nick Bones— susurró levantándose y aproximándose a su amiga. Se detuvo a unos pasos.
—Ni los dioses pueden.—No era una pregunta.
—Sí, hasta ellos tienen sus limitaciones... lo único que pueden ofrecerme para ser nuevamente humano es reencarnar.
Ginny volteó para verle el rostro, parecía esperanzada.
—Entonces...
—Olvídalo—le atajó—Si reencarno me olvidaré de quien soy, además de que pasarán años para que pase. Si tomo ese camino yo seré un bebé y tal vez Luna esté en el ocaso de su vida. Jamás coincidiremos, esas son las reglas.
Los ojos de Ginny se llenaron de lágrimas. Se las secó con el dorso de la mano intentando no ensuciarse con los dedos llenos de masa. Sufría por el amor imposible de sus amigos y a Nick eso lo hizo sentir aún peor.
—¿Si sabes que esto es imposible... por qué la alentaste esta mañana?—preguntó en un hilo de voz—¿Por qué no le dijiste a Luna que estaba loca o algo así?
Ginny agachó la cabeza.
—Nadie puede decirle a Luna lo que debe sentir, Nick. Los sentimientos son algo que nadie puede controlar.—suspiró— Ella te ama, ¿Qué importa lo que yo pueda decirle? Su amor no será menor solo porque la gente a su alrededor le diga que está equivocada... el que sí está completamente equivocado aquí eres tú, si crees que un puñado de palabras puede matar sus sentimientos por ti. Menosprecias su capacidad de amarte.
Nick sintió el peso de la flecha en su mano mientras cerraba los ojos por un momento. El no menospreciaba el amor de Luna. Para él era lo más grande y perfecto que había tenido en toda su existencia. Pero a veces amar no era suficiente para lograr un final feliz. El amor era una fuerza muy poderosa... pero no podía arreglarlo todo.
De vez en cuando pensaba en Afrodita. La personificación del Amor que las malas lenguas decían que disfrutaba de los amores no correspondidos. Si la diosa del Amor se pasaba los días disfrutando de los amores que acababan mal ¿Por qué se sorprendía al verse envuelto en uno que solo podía traer desgracia? Se imaginaba a Afrodita sentada en un cómodo sillón, comiendo palomitas mientras veía desde el Olimpo como Luna y él se enamoraban... tan hipnótico como ver un accidente en la calle. Morboso y desolador, pero no puedes apartar los ojos.
—De qué vale si sólo va a sufrir... Si todo esto nunca llevará a nada...
—A veces lo que importa es el viaje —Ginny tenía los ojos en la masa sobre la mesa enharinada.
—Eso no tiene sentido.
—Si lo tiene—le contradijo con firmeza sin mirarlo—Aunque ella te pierda, atesorara cada segundo que ha pasado a tu lado. Para ella eso valdrá la pena. Y tú deberías pensar igual... disfrutar de cada momento que puedas pasar a su lado sin perder el tiempo sintiéndote miserable.
—¿De verdad crees que vale la pena perder el tiempo en alguien que nunca podrá ser completamente tuyo? ¿Qué valga todo aunque sepas que lo perderás?
—Mi madre decía que el amor era la fuerza más grande del mundo. Es un sentimiento bueno... puro. —Aseveró — Y yo creo que hay que atesorarlo cuando lo experimentas... aunque luego te rompan el corazón.
Nick se situó detrás de ella, exactamente en el lugar en que Harry le había dicho, en su última lección de autodefensa, que nunca dejara que un enemigo se posicionará. Pero el fantasma no era un enemigo, era su protector, así que Ginny ni siquiera notó que se había salido de su rango de visión.
Nick alzó la flecha con mano temblorosa, repentinamente dudoso de su decisión. Era lo correcto... le estaba haciendo un bien a su amiga.
—¿Lo crees de verdad? ¿Piensas que lo único que importa es poder sentir amor?
—Enamorarse es un privilegio, Nick. El poder sentir ese burbujeo en tu interior, esa paz que sólo sientes cuando estás con esa otra persona... —Se detuvo por un momento, con la vista perdida en la pared que tenía en frente —Aunque sea no correspondido o si, te aseguro que vale la pena sentir amor...
—¿Aunque no sea real? ¿Aunque sea algo creado por los dioses para manipularte? —No se contuvo Nick.
Ginny no le preguntó a qué se refería, sonrió mientras sus pensamientos se hundían en los recuerdos de la noche anterior, cuando sintió que todo estaba bien en el mundo sólo porque Harry la abrazaba.
—Los dioses crearon el amor, Nick. Y no creo que lo hayan hecho para manipular a nadie. Es un regalo, uno maravilloso.
Ante esas palabras, el fantasma protector quedó petrificado en su lugar. Sin siquiera notarlo bajó la flecha. Las palabras de Ginny le hicieron zumbar los oídos mientras se replanteaba cada una de sus acciones. ¿Estaba en lo correcto al hacerlo? ¿De verdad la estaba ayudando?
—¡Oh por favor, esto se está alargando más que una telenovela mexicana! —resopló una voz a su lado. Nick dio un respingo cuando los dedos largos y fuertes de Eros tomaron la mano que aún sostenía la flecha de desamor y con un leve impulso la hundió en la espalda de la pelirroja.
En cuanto la flecha tocó a la chica esta desapareció en un humo negro, la inequívoca señal de que había funcionado.
Aunque Nick había pensado que se sentiría aliviado al ver que ya nada manipulaba las emociones de Ginny, lo cierto es que se sintió horrorizado cuando vio a la chica dar media vuelta para mirarlo. Los ojos color chocolate de la pelirroja estaba muy abiertos y pasaban de su mano levantada que segundos atrás había tenido la flecha, a su rostro fantasmal, para acabar con el dios de cabello negro y traje caro que miraba la escena con una sonrisa burlona en los labios.
La confusión se apoderó de Ginny por un segundo. Sabía que algo iba mal, pero su mente no encontraba el problema todavía. Nick dio un paso atrás y en la lluvia confusa de sus ideas pudo atrapar un pensamiento. Una idea tomada con determinación que de pronto se había debilitado.
Abrió la boca horrorizada en cuanto el plan de Nick estuvo claro para ella, al igual que el recuerdo de la flecha de desamor tocándola segundos atrás. Observó al hombre desconocido que había en su cocina y de inmediato supo que no era humano.
—¿Cupido?—preguntó dejándose llevar por su instinto.
Este se cruzó de brazos mirándola sumamente ofendido.
—¿Cómo que Cupido? ¿Tengo pinta de ser un estúpido querubín con pañales? ¡Más respeto, niña!—le reprochó con una voz que aunque estuviera cargada de indignación no dejaba de sonar aterciopelada y atrayente.
Ginny se sorprendió ante ese arranque de parte del dios, pero no tenía tiempo para que le importara. La imagen de aquella flecha tocándola hacía que sintiera frío en todo el cuerpo. Miró nuevamente a Nick que parecía completamente avergonzado.
—Lo siento...— Murmuró el fantasma mientras dos recuerdos chocaban en su mente, aturdiendo a Ginny. Por un lado estaban las palabras que ella misma había soltado minutos atrás, que por lo visto habían hecho dudar a su amigo. Y por otro lado estaba aquel dios y la conversación que había tenido con este en la mañana...
"—¿De verdad crees que una chica que le ha escapado a los hombres desde siempre, se enamoró a primera vista de un tipo que conoció en un callejón?"
Sus manos llenas de harina comenzaron a temblar mientras a su alrededor los utensilios colgados comenzaban a caerse y las puertas de los armarios se abrían y cerraban haciendo muchísimo ruido.
Su cable a tierra... La única persona que le daba paz en aquellos momentos de locura. ¿Y no era real? Su corazón se disparó. La atracción inmediata que había sentido al ver esos ojos verdes ¿No había sido real? ¿Todo había sido producto de una flecha? Vio a Nick cada vez más asustado, mientras sus propios pensamientos perdían el control y era incapaz de ver los de alguien más.
¿Y ahora? Pensó desesperada. ¿Qué pasaría ahora que la flecha de desamor la había tocado?
Recordó la sensación de fuego en las entrañas cuando Harry la besaba la noche anterior. Como su piel se calentaba con cada torpe caricia del muchacho y su corazón perdía la calma mientras le correspondía a pesar de estar nerviosa al no saber qué hacer.
¿Entonces todas esas sensaciones que Harry le provocaba iban a desaparecer? ¿Esa calma que nacía dentro de ella cada vez que lo miraba a los ojos, nunca más volvería? Quiso llorar al experimentar aquel sentimiento de pérdida que le provocaba pensar en ya no sentir amor por Harry. Porque si, había sido amor lo que había sentido por él desde el primer momento, así Eros lo había querido, y a pesar que Nick creyera que era algo aberrante, ella no lo veía así. Lo que había sentido por Harry había sido tan intenso, tan hermoso, que no le importaba si había sido provocado por la magia de los dioses.
Por un momento había olvidado todos sus problemas, la inmensa mochila con la que había cargado durante años había perdido su peso hasta casi ya no sentirla. Por un efímero momento había sido feliz... Pero eso había acabado.
—Ginny...—Nick miraba alrededor asustado, mientras la luz de la cocina brillaba con cegadora intensidad. Miró a Eros en busca de ayuda, pero el dios parecía no darse cuenta de la agitación a su alrededor. Miraba a Ginny con intensidad, como si la estuviera analizando. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Ginny salió de la habitación como alma que llevaba el diablo. Sentía que si se quedaba allí un minuto más, le haría daño a Nick. Una pequeña parte de ella sabía que las intenciones de su amigo habían sido buenas. En su retorcido razonamiento, él había buscado lo mejor para ella. Eso era lo único que evitaba que lo atacara, y eso era lo que seguramente más tarde haría que lo perdonara, aunque por el momento no lo tuviera tan claro.
Subió las escaleras a las corridas y al llegar al piso superior se topó con la persona que más miedo le daba ver en ese momento.
Harry estaba frente a la puerta del cuarto de Luna con un frasco de cristal en la mano. Dentro de este brillaba una pequeña lucecita que a Ginny le recordó a la llama de Hestia, que protegía el Canto del Fénix. El chico le sonrió al verla. Su sonrisa era la de siempre, amable y despreocupada aunque el mundo le viniera encima.
Ginny quedó petrificada mientras su corazón se aceleraba como cada vez que él le dedicaba aquella sonrisa.
—¿Está todo bien?—le preguntó con ese tono sereno que la noche anterior había descubierto que era perfecto para relatar historias. Mucho más cuando la abrazaba y se las susurraba al oído.
Lo vio fruncir el ceño repentinamente preocupado por su silencio. Pero Ginny no perdió el tiempo. Necesitaba saber. Necesitaba comprobar lo que su corazón agitado le estaba gritando en aquel momento, mientras aquellos preciosos ojos verdes la miraban fijamente.
Decir que se acercó al Guerrero con delicadeza era decir mentiras. Como un ser poseído y sin control, se abalanzó sobre él, desesperada y hambrienta, buscando a ciegas sus labios. Cuando los encontró los poseyó con fuerza y salvajismo. Hundió sus manos sucias de harina en su cabello azabache al tiempo que apretaba cada centímetro de su cuerpo contra el suyo. Sintió como las manos sorprendidas de Harry la tomaban de la cintura y luego su boca se abría dando libre acceso a todo lo que ella deseara hacerle. Sintió su sabor y su suavidad. Sus labios húmedos apretándose contra los suyos mientras soltaba un jadeo. Su lengua lo exploró por completo. El intentaba seguirle el ritmo a ese tornado de sensaciones que enloquecían su corazón y prendían fuego todo su cuerpo.
Cuando se apartaron faltos de aliento, en el pasillo solo se escuchaban sus respiraciones erráticas mientras Ginny aún abrazada a él se sentía la ganadora del premio de lotería, al ver que todo lo que siempre había experimentado desde el primer momento junto a Harry seguía allí. Puro e inmaculado.
La tentación de sus labios, el corazón martillando, las manos ansiosas por tocar, y la paz, aquella perfecta paz que solo sentía cuando él la abrazaba. Todo, absolutamente todo estaba en su lugar. Nada se había perdido.
—Yo...—Harry parecía aturdido, Ginny solo sonrió—Draco y Luna...ellos... me estaba esperando...yo...
Estaba claro que tenía algo importante que hacer, pero no parecía tener muchas intenciones de alejarse, así que fue Ginny la que se apartó. Tenía una sonrisa radiante mientras Harry seguía mirándola como si no entendiera nada, aunque parecía feliz por el inesperado asalto.
—Ve, haz tu trabajo, buen Guerrero.—le dio un beso ridículamente casto antes de dejarlo allí plantado, sorprendido y con el corazón tan agitado como el de ella.
Cuando entró a su habitación no se sorprendió al ver que no estaba vacía. Nick estaba sentado en el alféizar de la ventana con cara de sorpresa, mientras Eros yacía tendido en la cama con las manos detrás de su nuca y los pies colgados del borde. Con esas pintas, él podía ser perfectamente el dios de la despreocupación.
—No lo perdí.—le dijo a Eros, cerrando la puerta tras ella mientras contenía las lágrimas de puro alivio.— Lo que siento por él no ha desaparecido.
—¿Cómo es posible?—Nick parecía todavía más sorprendido.
—Claro que no, Calabaza. —sonrió Eros, sentándose en la cama para mirarla a los ojos.
—Pero la flecha...
—Ni mis flechas celestiales pueden acabar con los lazos que unen a dos almas gemelas. —Su sonrisa se volvió más ancha. —Lo que hay entre ustedes es algo que ni los dioses podemos destruir.
Desde el otro lado de la habitación, Nick lo miró boquiabierta.
—Entonces... ¿Por qué mentiste? ¿Por qué me dijiste que usaste una flecha en Ginny?—intentaba contenerse para no hacer enojar al dios, pero su furia era difícil de mantener a raya en esos momentos.
Eros rió juguetonamente.
—Casper, yo nunca miento. —Miró a Ginny divertido—Yo si use una flecha de amor en ella la noche que se conocieron.
La pelirroja frunció el ceño sin comprender nada.
—Pero...
—Llevó mucho tiempo pidiéndole a Morfeo que hiciera que Harry y tú se vieran en sueños. Pensé que eso era suficiente, pero luego entendí que necesitaría algo más para acelerar el asunto—Se encogió de hombros despreocupado— Mi flecha solo funcionó como un reflector sobre Harry, para que lo vieras solo a él y le dieras una oportunidad, el resto fue cosa suya. —Y mirando a Nick directamente, añadió con una nota de severidad en su voz— Yo no manipulo a nadie. Mis flechas son semillas, si florecen o no, es asunto de los humanos que las reciben.
—¿Por qué hiciste eso?—le preguntó Ginny al tiempo que intentaba procesar toda aquella información. ¿Harry era su alma gemela? ¿El amor de su vida?
—Te he observado toda la vida, Calabaza. No le das oportunidad al amor. —Le dedicó una sonrisa casi paternal— Durante miles de años he visto a humanos que no encuentran a su alma gemela, y hasta he visto a algunos rechazarlas por puro orgullo o ignorancia. No podía permitir que tú hicieras eso, así que decidí darte un empujón.
Ginny lo miró asombrada. Era cierto, nunca se permitía mirar a ningún chico con demasiado interés, y seguramente sin la ayuda de Eros, ella hubiera pasado de largo cualquier intento de acercamiento de Harry.
—¿Con Harry también usaste una flecha?—preguntó no muy segura de querer saberlo.
Eros volvió a reír, como si no le sorprendiera la pregunta.
—Eres dulce y amable, los hombres con vidas como la de ese Guerrero no tienen defensas contra esas armas. Lo tuviste a tus pies en el segundo en que se vieron.
El corazón de Ginny se contrajo al escuchar esas palabras. Harry jamás había tenido a nadie que lo amara de manera sana. La dulzura y la amabilidad habían sido conceptos que solo había leído en libros.
—¿Por qué me diste la flecha de desamor entonces?—dijo Nick.
Eros volteo a verlo con los ojos entornados.
—¿Quien te dijo que te la di para que la usaras en Ginny?
El fantasma sintió como si lo golpearan en el estómago.
—Entonces era para...—No tuvo fuerzas para decir su nombre. Él era el primero en decir que aquel amor era una locura, pero se veía incapaz de hacer algo para destruirlo.—¿Entonces por qué le lanzaste la flecha de todos modos?
El dios tenía una sonrisa entre divertida y malvada.
—Yo no manipulo a los humanos, pero eso no quiere decir que no me guste jugar con ellos.—le guiñó un ojo divertido—Además, después de esto las cosas se pondrán interesantes.
Nick tuvo miedo de preguntar a qué se refería, así que prefirió callarse mientras miraba a Ginny, la cual parecía perdida en sus pensamientos.
—¿Entonces los sueños que tuve de Harry... no son visiones del futuro?—le interrogó Ginny luego de permanecer en silencio durante un largo momento. Las imágenes de Harry y ella en aquel río durante el verano le habían dado esperanza de que sobrevivirían a toda aquella guerra infernal.
—Calabaza, que Morfeo las haya creado no significa que tu no puedas hacerlas realidad.
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.
Draco alzó la vista del suelo cuando escuchó la puerta del cuarto de Luna abrirse de golpe. Frunció el ceño al ver a Harry con las mejillas encendidas y el cabello alborotado llenó de harina y hasta con bolitas de masa cruda.
—¿A dónde fuiste por esa cosa? ¿A una panadería? —intentó bromear Draco aunque en el fondo estaba muy nervioso por lo que estaban a punto de hacer.
Confundido, Harry se llevó una mano a la cabeza, encontrándola de regreso sucia de harina. Su rostro se puso aún más rojo, mientras Luna rodaba los ojos antes de chasquear los dedos y hacer desaparecer la suciedad que cubría al guerrero. Draco supo que se estaba perdiendo de algo, pero prefirió ignorarlo, ya estaba acostumbrado, todo en la alcoba de Luna lo hacía sentir que se perdía de algo.
Jamás había estado en el cuarto de su amiga, y al principio todo parecía normal. Una cama con una colcha con los colores de Ravenclaw y las paredes claras repletas de vívidos dibujos de animales que ponía de manifiesto su talento artístico. Pero le sorprendió verla mover la alfombra para dejar a la vista el dibujo en tiza blanca de un círculo lleno de raros símbolos. También sacó una vasija oscura del armario y un muy antiguo pergamino que estiró ante ella, con más letras raras que a Draco le fue imposible descifrar.
La solemnidad con la que se movía Luna mientras colocaba la vasija en el centro del círculo ponía cada vez más nervioso al muchacho. Su experiencia con seres celestiales como los llamaba Harry, era muy básica o casi nula. Hasta hace unos días no tenía ni idea quién era la madre de Luna y mucho menos la importancia de Ginny. Y ahora había visto lo que eran capaces de hacer, en especial la pelirroja. ¿Si eso podía hacer alguien que ni siquiera era un dios, que podía llegar a hacer uno de verdad? No iba a mentir, estaba acojonado de lo que pudiera llegar a salir mal en esa habitación.
—Yo solo aviso que no entregó ninguna parte de mi anatomía por el bien del equipo —rió Draco, aunque lo decía muy enserio. Tanto Luna como Harry lo miraron extrañados mientras los tres se arrodillaban alrededor del círculo.—No me miren así, pasé los últimos días leyendo libros sobre los dioses griegos, y sólo diré que eran unos depravados, en especial Zeus. Ese tipo le entraba a lo que sea.
Luna soltó una carcajada.
—Si, mi abuelo es muy especial. —Sonrió, y con cierta malicia le preguntó. —¿Y sabes que puede estar en cualquier lugar y tomar cualquier forma?
—Ni lo digas. Esta mañana el perro de mi vecina me miró muy fijo y me puso de los nervios.
Por unos instantes los tres rieron como viejos amigos y a Harry le agrado la situación. Era una camaradería muy diferente a la que había llegado a experimentar con Astoria, que a pesar de que lo veía como un hermano, aún lo trataba como su general. Ni Draco ni Luna lo veían como una figura de autoridad y eso lo hacía sentir bien.
—Muy bien ¿Qué se supone que haremos? —Draco fue el primero en ponerse serio mirando la vasija con interés.
—Convocaremos a Cloto—le explicó Luna sin darle mayor importancia —La traeremos aquí mismo
—¿Y si se puede hacer eso, por qué los dioses no lo han hecho ya?
—Un dios no puede convocar a otro, se considera una falta de respeto muy grande.
—¿Pero un humano si?—A Draco el asunto no le cerraba
—Los humanos siempre han llamado a los dioses, desde el principio de los tiempos. Pero ellos pueden decidir si prestarles atención o no.
—¿Y si ella decide no prestarnos atención?
Luna miró ambos con los labios apretados, como si los estuviera midiendo. Al final suspiró resignada.
—Vale. Lo que estoy a punto de contarles es un secreto que mi madre me confió, así que por su bien físico espero que sepan cerrar la boca.
Su mirada asesina fue suficiente para convencer a ambos de que lo decía muy enserio.
—Cuando un dios está debilitado por alguna razón, es incapaz de tener total control de sí mismo —les explicó mientras tomaba el pequeño frasco de cristal que Harry había traído consigo. Con facilidad liberó el fuego de Hestia, dejando que se posara dentro de la vasija ubicada en el centro del círculo.—Se limitan a existir dejándose llevar por sus impulsos más primitivos. Y suerte para nosotros, responder a una plegaria es algo que harían por instinto sin poder evitarlo.
Harry la miró sorprendido. No se sorprendió de que esa información no fuera de dominio público. Hades estaba muy debilitado en esos momentos, si Calixto supiera aquello, seguramente ya hubiera convocado al dios y lo hubiera destruido o encerrado.
Draco miraba con atención cada acción de Luna, sin perderse palabra alguna. Toda su vida había sentido una gran curiosidad por todo. Y aunque lo intimidaba coquetear con los dioses todopoderosos, no podía evitar el burbujeo de emoción en su estómago al ver algo nuevo e interesante.
Luna sacó una vieja fotografía del bolsillo y luego de soltar lo que parecía una plegaria en un extraño dialecto, dejó caer la fotografía dentro de la vasija. La llama la devoró en un parpadeo, adquiriendo por un momento un color violeta que apenas duró unos segundos.
Harry y Draco miraron a Luna expectantes mientras soltaba una maldición en griego y negaba con la cabeza frustrada.
—No ha funcionado ¿verdad?
Luna solo frunció el ceño molesta como respuesta a la pregunta de su amigo.
—¿Qué falló? —Harry se inclinó hacia delante para mirar dentro de la vasija. La llama de Hestia brillaba digna y despreocupada.
—Para convocar a un dios se necesita dar un sacrificio...
—¿Sacrificio? —Draco la miró espantado.
Luna negó con la cabeza, restándole importancia.
—Cómo vieron no implica nada macabro. Bueno eso espero...—se quedó pensativa por un momento.
—¿Cómo que esperas?... Sabes, no me haces sentir tranquilo.
—No te asustes, Draco. —Le sonrió la semidiosa —Cada dios representa algo, así que se supone que debemos quemar algo que represente al Dios que intentamos llamar. Y a la vez sea un objeto importante para quien hace la plegaria. Cloto es una Moira, así que representa la vida de las personas y todo lo que eso significa. Momentos, recuerdos... Quemé la única fotografía que tengo de mí con mi bisabuela, pero al parecer el fuego de Hestia no lo considera algo de verdadero valor—se cruzó de brazos y miró con mala cara la vasija. —Necesitamos un objeto que represente nuestro pasado o quiénes somos en este preciso momento.
Luna miraba a su alrededor, buscando entre las cosas que había en su habitación algo que cumpliera con los requisitos. Harry se quedó pensando que podía ofrecer para solucionar el problema. Él no tenía nada que le perteneciera de verdad. Lo más valioso que tenía era la espada, pero en realidad no era suya, la tenía en condición de préstamo. En cuanto la misión acabara, la espada mágica regresaría a la bóveda de los tesoros de Hades.
Aquello era una idea deprimente. El no tener ni una fotografía de un ser querido o siquiera un buen recuerdo que no estuviera oscurecido por los muros del Inframundo.
Ante esa idea, miró sus manos vacías, incapaz de imaginar que sería tener un objeto que representara sus memorias, su historia. Fue en ese momento en que vio la pulsera de cuentas que llevaba alrededor de su muñeca.
Veinte cuentas negras, una por cada año. ¿Qué podía ser más representativo de su existencia hasta entonces? Tal vez a Hades no le gustaría que destruyera aquello que lo señalaba como de su propiedad. Pero esa idea solo avivó su deseo de hacerlo.
—Toma.
Draco se le había adelantado y se había sacado el anillo con el emblema de la familia Malfoy que siempre llevaba en su mano derecha. Luna lo miró sorprendida cuando le entregó aquella reliquia familiar.
—Pero... —la chica intentó rechazarlo pero su amigo no se lo permitió.
—Dijiste que el sacrificio debía ser un objeto que represente algo importante en la vida de alguien. —le recordó con voz firme—Pues este anillo representa todo lo que fui alguna vez... pero ya no quiero ser.
Luna tomó el anillo como si de un ser vivo se tratase. Aquella joya era el último lazo que Draco tenía con su familia de sangre. Luego que su compromiso con Pansy Parkinson se hiciera pedazos, sus padres no se lo perdonaron, y la misma pelea que había tenido con su ex comenzó con Lucius y Narcissa. Nuevamente lo habían obligado a elegir entre su posición como hijo heredero de una de las familias de sangre pura más antiguas de Inglaterra y sus amigos y su padrino.
Draco seguía usando el anillo por costumbre, aunque hacía mucho que había perdido significado y valor afectivo
La llama de Hestia pareció mucho más complacida al recibir aquel anillo que había pasado por generaciones en la familia Malfoy. El fuego volvió a tomar un color violeta y de la vasija comenzó a salir un espeso humo negro que pronto llenó la habitación. Asustado, Draco contuvo el aliento mientras aquel humo le impedía ver a su alrededor. Se preparó para el horror del aire envenenado, pero ni sus ojos quemaron ni su pecho ardió cuando incapaz de aguantar por mucho más la respiración, dio una bocanada. Olía a agua hervida y era fría dentro de su cuerpo. Una niebla negra que lo desorientaba. Hizo un esfuerzo para no entrar en pánico, concentrándose en la voz de Luna que seguía recitando su conjuro con voz firme.
De pronto el silencio. Draco no supo cuánto duró, pero sentía que pasaban horas antes de que una respiración ruidosa e irregular acabara con aquella inquietante quietud.
Y aquella respiración la siguió un lamento. Un lamento infantil.
Cuando la niebla desapareció ya no eran ellos tres los únicos que estaban en la habitación. Tirada junto a la vasija había una pequeña niña envuelta en una capa que le quedaba inmensa.
Sin pensarlo Draco se aproximó a ella. La tela de la capa estaba húmeda y llena de escarcha en los bordes.
En sus brazos parecía aún más pequeña. Su rostro pálido lo miró con una mueca de dolor mientras la alzaba del suelo. Tenía el ceño fruncido y sus dientes chocaban entre sí a causa de los temblores que sacudían todo su cuerpo. Estaba más sucia y enferma de la última vez que la vio.
—Enciende la chimenea. —ordenó. Harry lo hizo con un movimiento de varita y pronto la chimenea de la habitación tuvo un gran fuego que calentó rápidamente todo a su alrededor. Luna usó su magia para secarla e hizo aparecer una colcha de lana gruesa con la que la envolvió, mientras Draco se arrodillaba frente a la chimenea a la espera de que aquella niña recuperara el color en su rostro.
—Jamás pensé que estuviera tan mal... —susurró Luna arrodillándose junto a su amigo para mirar el rostro de la niña que gimoteaba acurrucada en sus brazos.
—Tiene que alimentarse ¿no? —dijo Draco al notar los huesos de Cloto debajo de la tela de su fino vestido.
—La comida humana no le servirá de mucho—Harry sacó una pequeña bolsita del bolsillo y de ella sacó un trozo de lo que parecía algún tipo de fruta seca. —Mi señora Cloto, necesita recuperar las fuerzas. Esto no es ambrosía pero son frutos de Deméter, la harán sentir mejor.
Cloto abrió la boca, permitiendo que Harry la alimentara. Draco no pasó por alto el tono suave y respetuoso con él que le hablaba. Luna también la miraba con sumiso respeto. Miró a la niña mientras masticaba con un poco más de rosa en sus mejillas. Era una diosa... estaba abrazando y dándole parte de su calor corporal a una diosa todopoderosa que no tenía control en sus poderes. Pasó saliva, tenía miedo de lo que podía llegar a pasar si ella se asustaba y atacaba. No le sorprendía que tanto Harry como Luna permanecieran a prudente distancia. Seguramente lo creían un loco inconsciente por no haber dudado en acercarse a Cloto.
Una mano pequeña distrajo a Draco de sus pensamientos. Cloto estaba acariciando su mejilla con una mano que poco a poco comenzaba a dejar atrás el frío del exterior. Buscaba su atención y cuando sus ojos se encontraron, le sonrió. Hasta ese momento no se había dado cuenta de lo increíblemente hermosos que eran sus ojos. De un verde oscuro con una chispa dorada que parecía oro fundido que hacía remolinos. Por un segundo sintió que ya no estaba allí, sino muy lejos, cayendo en recuerdos antiguos, como si hubiera entrado en un pensadero. Fue un segundo, pero por un instante volvió a tener cinco años frente al monstruoso árbol de navidad que los elfos domésticos armaban cada año en la mansión. Ocho años y sus padres diciéndole con severidad como debía comportarse. Ocho y medio años y Sirius Black apareció ante él en el jardín de la mansión Malfoy, y mientras le enseñaba a montar en su escoba, le explicaba que el mundo no era como lo pintaban sus padres. Catorce años y las larguísimas pestañas de Pansy Parkinson parecían aún más larguísimas luego de darse su primer beso... los momentos de su vida pasaron como un relámpago ante él. El día que se dio cuenta que Ron y Neville les caía bien, la primera visita a la casa de la señora Potter, su primer cumpleaños en casa de Sirius, Ginny diciéndole que lo quería como a un hermano, la noche que inauguraron el Canto del Fénix... Pansy Parkinson terminando con él frente a todos sus amigos. Fue una punzada del olvidado dolor en el corazón, pero Cloto no permitió que centrara su atención por demasiado tiempo en aquel recuerdo. Pronto, el rostro sonriente y sonrojado de Astoria apareció en primera línea, eclipsando todo lo malo que había en su pasado. El mensaje no podía ser más claro.
—Gracias... —murmuró Cloto con voz débil.
—Necesita ambrosía —Escuchó a Harry decirle a Luna con un tono preocupado.
Sin entender nada, Draco vio como Luna se aproximaba a la vasija y le habló a la llama que había dentro como quien habla con una persona.
—¿Podrías llamar a tu ama? Por favor, es muy importante —Se escuchó un chisporroteo— Si, se que tu ama está muy ocupada para ir por ahí visitando a humanos, pero Cloto está muy mal, necesita ayuda...
La llama dobló su tamaño, indignada.
—Hestia ama a Cloto, chispita—bramó Harry, mirando con malos ojos hacia el fuego—Si algo le pasa por que tu eres demasiado idiota como para no llamarla, te juro por el hades que le diré a Hestia que todo ha sido tu culpa.
El tono de Harry no daba lugar alguno para las discusiones y de inmediato la llama volvió a su tamaño normal.
Al instante, una mujer menudita envuelta en un chal color dorado apareció junto a Draco tomándolo por sorpresa. Del susto casi deja caer a Cloto, pero la mujer fue más rápida y la envolvió en sus brazos protectoramente. Sin decir palabra hizo aparecer una botellita de cristal oscuro y le dio de beber a la Moira hasta la última gota.
El color regresó completamente al rostro de Cloto. Cuando acabó de beber se relamió los labios, como si aún estuviera sedienta.
—Sabía que estaban equivocados. Sabía que algo malo les había pasado.
—Mí querida Hestia— su voz todavía sonaba cansada, pero logró regalarle una sonrisa a su querida amiga.
—Zeus decía que todo estaba bien ¡que dios tan grande es mi hermano!—soltó con sarcasmo — Oh mi pobrecita Cloto.
—¿Fue Calixto?—Luna se próximo dudosa a las dos diosas. Jamás había interactuado con otros dioses, la única que la visitaba era su madre. —¿Fue él quien le hizo daño, mi señora Cloto?
Cloto miró a la semidiosa y luego posó sus grandes ojos en Harry. Débil, alzó una mano en dirección del guerrero, el cual se apresuró arrodillarse ante ella y aceptar el contacto. Cuando sus dedos tocaron su pequeña mano, una lluvia de imágenes cruzó su cabeza. Era todo muy confuso, porque la diosa intentaba decirle demasiadas cosas al mismo tiempo. Cosas que era incapaz de decir en voz alta.
Calixto había usado magia muy poderosa para atrapar a las tres Moiras, pero Laquesis, había logrado ayudar a Cloto a escapar. Lanzada al mundo humano había intentado volver al Olimpo. Pero sus poderes, debilitados por la separación de sus hermanas, no le permitían hacer tan largo y complicado viaje. Al final, mientras su mente se perdía día a día, un segundo de lucidez le había otorgado un nombre y un rostro.
Harry Potter. Ella había enhebrado aquel hilo con gran cuidado. Ella lo había señalado como un Guerrero de Hades y su hermana Laquesis había colocado en su lugar cada uno de los momentos que lo había hecho quién era. No había sido casualidad que Albus lo eligiera precisamente a él como el hijo tan deseado de Perséfone. Ni tampoco que Hades lo eligiera como su favorito, mucho menos que lo hubiera mandado a aquella misión. Todo ya estaba escrito.
Y si todo ya estaba escrito, Harry quiso preguntar cómo acabaría todo aquel desastre, pero Cloto apretó su mano con más fuerza. Le mostró a las otras Moiras encerradas en un calabozo, al Cofre de Almas en una bóveda oscura y a Calixto hablando sobre un nuevo orden con sus demonios. Y luego: el mundo destruido. Una tierra desolada, desértica...
—¿Y ya está?—preguntó con voz rasposa, soltando aquella mano que solo le mostraba destrucción— ¿No hay nada que podamos hacer al respecto?
—Esa... esa es una... opción—Cloto parecía estar haciendo un gran esfuerzo con cada palabra que soltaba— Tú eliges... si pierdes la esperanza, seguramente sea eso lo que pase.
—¿Cómo acabo con Calixto?
Cloto negó con la cabeza.
—Tú no...
—Ginny aún no tiene el suficiente control para hacerlo...
Cloto volvió a agitar la cabeza de forma negativa, parecía a punto de quedarse dormida.
—Debes ver más allá... no todo es blanco y negro, guerrero.
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—Cosas de chicas, no te metas.
Así le había contestado Nick a Harry cuando este preguntó por la ausencia de Ginny el resto de la tarde y también en la hora de la cena. Vio a Luna fruncir el ceño al oír al fantasma decir aquello.
Harry, rodeado de chicas en la mesa de la cocina, miró a Astoria en busca de explicaciones, pero la guerrera se encogió de hombros tan confusa como él.
Luego que Hestia se llevara a Cloto al Olimpo para protegerla, Harry había intentado hablar con Ginny, mitad para contarle lo que había sucedido, y mitad para hablar de lo que había ocurrido en el pasillo antes que él fuera con los demás a convocar dioses. Aquel beso había tenido un sabor muy diferente a cualquier otro. La entrega y a la vez la exigencia de los labios de la pelirroja lo habían sorprendido completamente.
Quería saber lo que había significado para ella, pero Nick se había interpuesto entre él y la puerta de la habitación de la chica, asegurándole que ella necesitaba estar sola un rato.
Ginny no había salido de su cuarto en lo que quedó del día y eso para Harry le daba la razón a Nick. La chica quería estar sola, y aunque él no entendía porque razón, prefirió no molestarla. Hacía unos días era la despreocupada camarera de un bar, y ahora grandes fuerzas del universo la observaban a la espera que cumpliera con una misión. No era sorpresa que necesitará un tiempo a solas para procesar todo. Lo que sí le asombraba era el hecho que hubiera tardado tanto en necesitarlo.
Mientras llegaba a su cuarto para dormir, pensó en lo diferente que era todo a la primera noche que pasó en esa casa. Cuando recién llegó, todo le parecía nuevo e interesante, y cada acción de las personas a su alrededor lo confundía. Había conocido la tierra a través de los libros o la mirada crítica de los dioses. Había llegado con ideas preconcebidas que no podían estar más lejos de la verdad. Había esperado un puñetazo en cada esquina, humanos traicioneros que intentarán hundirlo. No decía que aquella ponzoñosa parte de la humanidad no existía. No era tan ingenuo como para creerlo, pero los humanos que había a su alrededor le enseñaron que no todo el panorama era tan desalentador. La imagen de Draco acunado a Cloto en sus brazos o la mirada de preocupación que siempre aparecía en Ginny cuando alguien estaba herido o triste. Cosas como esas lo hacían sentir bien y se preguntaba en qué otras cosas se equivocaban los dioses con respecto a los humanos. En qué otras cosas los subestimaban.
Entró a su diminuta habitación y miró la cama pulcramente tendida. Cuando había llegado, Ginny era su protegida, la última mujer en la tierra que podía siquiera imaginar tocar. Pero la primera vez que la vio había captado toda su atención, una atención que poco tenía que ver con su tarea de protegerla. Su corazón jamás había enloquecido o derretido con ninguna otra persona como lo hacía por ella.
Se contuvo para no ir a buscarla. Sabía que podía inventar alguna tonta excusa para verla una última vez ese día. Aunque verla no era lo único que quería. Se sintió fatal por desearlo, pero por un momento anhelo que tuviera otra pesadilla que la hiciera correr a sus brazos otra vez
Recordó la primera conversación que había tenido con Luna, la primera vez que había visto a Ginny a través de los ojos de alguien más. Lo primero que pensó al oír de ella había sido que era inocente. Otra pobre alma inocente atrapada en los retorcidos juegos de los dioses.
Por esa razón, cuando Luna le propuso el plan de mantener a Ginny en la ignorancia, e intentar solucionar el problema de Calixto sin que su amiga nunca llegará a liberar sus poderes, no se lo discutió.
Según sus estudios, a lo largo de los milenios había habido una que otra Séptima cuyos servicios no habían sido requeridos. Eran poquísimas, pero las hubo. ¿Por qué Ginny no podía ser una de ellas?
Se sentó en la cama mientras se refregaba la cara con ambas manos, cansado.
Se imaginó un mundo en el que Ginny nunca hubiera salido al callejón la noche de la fiesta. Se imaginó teniendo el poder para acabar con Calixto él mismo... Se lo imaginó, y a pesar de todo no le gustó totalmente. Mantenerla en la ignorancia era continuar con la mentira. Perpetuarla hasta que todo lo que hubiera entre ellos se irguiera sobre falsedades.
¿Era egoísta sentirse aliviado de que Ginny supiera la verdad de lo que era? Sus poderes todavía sin el control suficiente, se habían convertido en un puente entre ellos. Ahora ella sabía todo sobre él. Cosas que Harry jamás hubiera pensado o siquiera deseado compartir con otra persona, ahora eran de su conocimiento. Y para su gran sorpresa, ella aún lo miraba con los mismos ojos cálidos del primer día.
Conociendo su peor cara, y aun así lo buscaba. Le había confesado que sentía Paz a su lado ¿podía existir un milagro más grande?
Para sorpresa de Harry, el universo respondió aquella pregunta con una rotunda afirmación, cuando la puerta de su habitación se abrió y Ginny entró sin esperar invitación. Llevaba aquella melena pelirroja que tanto le gustaba cayendo sin mucho acomodo sobre sus hombros y sus mejillas estaban sonrojadas. Le regaló una sonrisa radiante que lo sorprendió. Hasta entonces había creído que Ginny la estaba pasando lo que se dice regular, encerrada en su habitación, mientras pensaba en todas las cosas terribles que le estaban ocurriendo. Pero la chica ante él parecía risueña. Con los pies descalzos y un enorme suéter azul oscuro con la letra F en dorado en el pecho, parecía más pequeña de lo que era. Intentó ignorar el hecho que parecía que no llevaba nada debajo de aquella prenda. Se concentró en su rostro sonriente para evitar la tentación de mirar sus bonitas piernas salpicadas de pecas.
—Hola. ¿Es cosa mía o estás muy contenta esta noche?
—¿Eso crees?
—Te ves mucho más relajada. Como si estuvieras aliviada o algo así— le comentó, recordando a la Ginny asustada que había llegado en medio de la noche el día anterior. La pelirroja también la recordó y su sonrisa sólo se acentuó
—No sé si alivio es lo que siento—se encogió de hombros despreocupada. – Solo estoy feliz, aunque no haya muchas razones para estarlo dadas las circunstancias.
Harry también sonrió. Un psicópata con un ejército demoníaco quería destruir el universo y ellos eran los que estaban en primera línea para evitarlo. Era muy retorcido sentir felicidad en un momento como aquel. Pero aún así allí estaban, y Harry no podía evitar sentirse feliz de tenerla a su lado. Su pequeño gran milagro.
—Te comprendo, yo también me siento igual – le confesó tomándola de la mano. Se preguntó si su felicidad era provocada por la misma razón que la suya, pero tenía miedo de expresar esa cuestión en voz alta.
—Siento como si acabara de encontrar algo que llevaba muchísimo tiempo buscando sin saberlo... ¿tiene sentido? — se paró ante él mientras este estaba sentado en la cama. Sin dejar de sonreír comenzó a acariciar su cabello. El guerrero cerró los ojos, disfrutando del contacto, recordando como la pelirroja lo había dejado lleno de harina después de aquel inesperado beso apasionado. No pudo contener una carcajada.
—Tiene sentido si tú así lo quieres —le dijo en un susurro. No necesitaba hablar más fuerte, no estando tan cerca uno del otro.
—¿Has notado que nuestro destino siempre ha sido conocernos? Aunque nunca hubieras sido un Guerrero de Hades o yo la Séptima, igualmente nos hubiéramos conocido. Ya sea por la amistad de nuestras familias o por el colegio, no importa las variaciones. Tú y yo acabaríamos uno frente al otro sin importar el cómo o el cuándo. Como dos almas destinadas a encontrarse.
Harry la miró a los ojos. Ginny parecía resplandecer al hablar y él la observó embelesado. Lo que ella describía era el inevitable encuentro de dos compañeros de almas. La envolvió con sus brazos, apoyando la mejilla en su pecho. El contacto se sintió tibio y acogedor. Podía sentir su corazón acelerado bajo el suéter. Su aroma le robó el aliento.
Que maravilloso sería que aquello pudiera ser real para él, pensó Harry al tiempo que hundía sus sentidos en las caricias y el aroma de flores que Ginny le proporcionaba. Que simple y perfecto sería que ellos estuvieran destinados a amarse y caminar uno junto al otro por designio de la mayor fuerza del universo...
—Harry.
Alzó el rostro y fue recompensado con un beso que rivalizó dignamente con el de la tarde.
Rió cuando quedaron a oscuras luego que el bombillo de la lámpara de noche estallara.
—Ups
—Eres una amenaza para las lámparas de Luna.
—Es tu culpa, tú haces que pierda el control. —admitió sin miedo ni vergüenza, antes de encender con solo desearlo las tres velas decorativas que había sobre la cómoda de la habitación.
Harry miró las pequeñas llamas bailar inseguras, antes de que comenzaran a iluminar la estancia solo lo suficiente. Sin poder evitarlo recordó a Cloto. Nada era blanco o negro... y la esperanza tanto como el amor eran bienes preciados que debían cuidar...
Los labios de Ginny volvieron a buscar los suyos. Todo su cuerpo reaccionó a la pelirroja cuando sin cortar con el beso se sentó a horcajadas sobre su regazo. Había una ferocidad en sus movimientos que convertía en fuego líquido la sangre de sus venas. Gratamente sorprendido la envolvió con sus brazos preparados para no dejarla apartarse. No entendía qué había vuelto los besos de Ginny tan apasionados, pero tampoco le dio demasiadas vueltas al asunto. Su cerebro parecía incapaz de pensar cuando aquel cuerpo suave y provocador se apretaba contra el suyo.
Ella hundió sus dedos en su cabello azabache como ya había descubierto que le gustaba. Sin muchos miramientos lo sujetó por la nuca, acercándolo todavía más para darle un beso aún más apasionado y profundo. Entreabrió los labios y Harry no la hizo esperar, correspondiéndole con la misma voracidad. Salvaje, hambriento. Sus lenguas se encontraron en una batalla campal en que ambas partes salían victoriosas.
Harry no necesitaba de muchos incentivos para dejarse llevar. Ginny tenía el poder de despertar sentidos y necesidades que habían pasado años dormidas en su interior. En el inframundo era sencillo olvidarse de ciertas "necesidades". El entrenamiento podía ser tan agotador que no dejaba lugar para otras cosas. Más a él, que buscaba algo más que lo meramente físico. Quería que sus caricias no fueran para la otra persona el simple camino a la satisfacción del momento. Él quería una conexión real.
Ginny lo hacía sentir bien. Vivo como nunca antes.
No estaba solo en ese momento, ella también sentía, tal vez con más intensidad que él.
La pelirroja se apretó más contra él, continuado con aquel beso.
Había una fiereza en su intensidad que lo aturdía. Intentaba seguirle el ritmo mientras su rostro parecía arder tanto como el resto de su cuerpo. Se estaba quedando sin aliento, pero no le importaba, no mientras ella estuviera entregándose de esa manera.
Podía sentir como todos sus sentidos se agudizaban con el único propósito de apreciar cada rose de aquel cuerpo seductor. No se sorprendió cuando su entrepierna comenzó a palpitar dolorosamente, suplicando satisfacción.
Con resignación, intentó apartar a Ginny como lo había hecho la noche anterior, cuando sus besos habían provocado sin querer aquella misma reacción. Pero esta vez ella no se dejó, pasó sus labios a su cuello, provocándolo todavía más, si era posible ya.
La chica lo empujó con más fuerza de la que hubiera querido, y Harry acabó con la espalda sobre la estrecha cama. Le preocupó que la posición lo pusiera más en evidencia, pero Ginny se adaptó a la nueva postura sin dar muestra de incomodidad al notar su obvia erección bajo la tela de sus pantalones.
—Ginny...—sentía la boca seca al tiempo que los labios de la pelirroja bajaban por su cuello haciéndolo sentir un estremecimiento de lo más agradable.
—¿Quieres que me vaya?—se alzó para poder mirarlo a los ojos. Había un brillo de determinación en su mirada chocolate. Y no solo eso, parecía ser guiada por un deseo tan intenso como el que él sentía en ese momento.
Como respuesta para tan estúpida pregunta, Harry hundió un codo en el colchón para levantar un poco su dorso y con la otra mano sujetó a Ginny por la nuca, obligándola a acercarse a él, llevándola directo a sus labios necesitados de sus besos.
No quería que se marchara a ningún lado, ni tampoco que parara con aquel asalto de besos y caricias. La quería a ella de la forma que jamás había deseado a otra mujer. Sentía que nada que obtuviera de ella en aquel momento le sería suficiente. Jamás se sentiría satisfecho. Nunca tendría suficiente de ella. Solo un deseo cada vez más grande.
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Las manos valientes de Ginny buscaron el borde del suéter de Harry y comenzó a levantarlo con audacia. Jamás en la vida había deseado tanto tocar el cuerpo de otra persona como quería tocar el de Harry en ese momento. Estaba ansiosa por acariciar y besar cada rincón.
No quería pensar y que las dudas la detuvieran. Solo quería sentir. Quería hacer lo que por semanas había deseado pero había sido demasiado insegura y cobarde como para buscarlo. Harry la hacía desearlo todo con solo regalarle una sonrisa. Sentía que iba a morir de una combustión espontánea cada vez que sentía su mirada sobre ella. Nunca había sido amiga del contacto físico, mucho menos cuando sabía todo lo que pasaba por la cabeza del otro al tocarla, pero el solo imaginar que Harry la acariciara hacía que temblara de placer.
Lo quería todo, y lo quería en ese momento.
No sabía si hubiera pensado igual dos días atrás. Se preguntaba si hubiera actuado tan impulsiva como en aquel instante si sus poderes no se hubieran liberado.
La magia dentro de ella era una tormenta que arrasaba con todo. Luna le había contado que las otras como ella que habían vivido en el pasado, habían sido seres que se movían impulsadas por el instinto.
Y su instinto le decía que Harry era lo que deseaba más que nada. Lo besó. Aunque tuviera poderes grandiosos, Ginny sabía que no era indestructible y la posibilidad de morir era muy real. Así pues, se había dicho momentos atrás al llegar ante la puerta de Harry, que si moría quería hacerlo sin arrepentimientos. Había encontrado a su alma gemela ¿no? Pues la aprovecharía y le sacaría todo el jugo, y cuando se encontrara con Tánatos lo haría con una sonrisa en el rostro, segura de haber vivido tanto como la vida le había ofrecido.
Harry no se resistió cuando lo ayudó a sacarse el suéter y la camiseta, apartándose solo lo necesario para llevar a cabo tal acción.
Ante la suave luz de las velas se encontró con un dorso entrenado lleno de cicatrices. No se sorprendió, ya había visto cómo se las había hecho, pero tampoco podía apartar la mirada, estudiando cada una de ellas. Sintió un nudo en la garganta de solo imaginar el dolor soportado.
—Mi querido guerrero—acarició sus muñecas y siguió subiendo por sus brazos hasta llegar a su pecho oscurecido por el vello negro que contrastaba con su piel pálida.
—Mi Ginny...
Sonrió al escucharlo decir aquello en voz ronca. Era suya y no iba a negárselo. Acarició las cicatrices de su pecho y cuando llevó su exploración a su espalda sintió entre los músculos trabajados las marcas de los azotes.
La enfurecía la idea de que cualquier ser en la faz del universo se hubiera atrevido a hacerle daño a su guerrero. Por un segundo, deseó la cabeza de cada maltratador, pero el fuego de su rabia y deseo de venganza quedaron relegados a un cajón olvidado, cuando Harry la miró a los ojos y preocupado le confesó algo que para ella era más que obvio.
—Nunca estuve con alguien así...
—Yo tampoco—le sonrió—¿Qué tal si probamos a ver qué pasa?
Ninguno tenía la experiencia suficiente como para tomar la mano del otro y guiarlo. Pero había tanto deseo involucrado que era un fuego difícil de controlar.
—No veo nada sin ellas—Le dijo de pronto Harry cuando Ginny tomó sus gafas e intentó quitarselas. Aquello era una cosa que al chico le molestaba muchísimo. Era el único guerrero de Hades que necesitaba lentes. Era patético tener un talón de Aquiles tan evidente.
—No necesitas ver, solo sentir—lanzó las gafas fuera de su alcance a pesar de sus protestas. Y sin dejar de sonreír tomó las manos de Harry, que hasta entonces habían permanecido pudorosamente en lugares seguros y las llevó bajo su viejo suéter.
Con aquella clara invitación, Harry se atrevió a explorar a gusto como había fantaseado tantas veces. Las llamas de sus dedos rozaron la tela de su ropa interior inferior. Miró a Ginny a los ojos mientras avanzaba, recorriendo su vientre ligeramente redondeado y seguía su ascenso. Sus manos se volvieron ambiciosas y sonrió al verla cerrar los ojos y contener el aliento cuando sus manos grandes y cálidas atraparon sus pechos por encima del sujetador. Sin saber cómo, el suéter desapareció y se encontró completamente expuesta ante la mirada oscurecida de Harry. Le devolvió la mirada al tiempo que él apartaba la fina tela de sus bragas de algodón para que sus dedos tuvieran un libre acceso a su calidez, que lo esperaba ansiosa.
Fue nuevamente una tormenta. De pronto las dudas parecían niñerías y la vergüenza un completo absurdo. Nada tenía importancia cuando él la tocaba, cuando la desnudaba. Sus labios buscaron cada rincón de su cuerpo para besar, lamer o mordisquear. Ginny intentó seguirle el paso con la urgencia de querer hacerlo sentir las maravillosas sensaciones que él provocaba en ella.
Fue apresurado por momentos. Torpe en otros. Ninguno sabía bien qué esperar pero intentaban encontrar juntos el camino correcto.
Ginny se olvidó de todo con cada beso y perdió la cabeza cuando Harry se abrió paso en su interior, que lo esperaba humedecido y anhelante. El pinchazo de dolor que sabía que pronto llegaría apenas duró un segundo, las velas ardieron con más intensidad, y sin ni siquiera proponérselo utilizó apenas una parte de su magia fuera de control para eliminar todo lo que no fuera placentero de aquella unión.
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—No tenías por qué intervenir.
Eros acentuó su sonrisa al ver a Atenea ante él con el ceño fruncido, mientras también miraba hacia la tierra desde el Olimpo, y observaba los resultados de los juegos del dios de los enamorados.
—Ya, pero si no lo hacía ¿Dónde estaba la diversión?—le regaló su sonrisa más coqueta.— Además, ellos me lo agradecerán luego.
—Es una pérdida de tiempo, deberían estar usando su energía en cosas más importantes, como darle caza a Calixto por ejemplo.
—Mi señora Atenea —la miró con solemnidad Eros—No sea tan dura con esos humanitos.
—¿Desde cuándo eres tan amable con los humanos? Habitualmente te limitas a hacerlos sufrir para tu placer.
Eros se encogió de hombros, despreocupado. Atenea tenía razón, hacía mucho tiempo que los amoríos entre mortales habían dejado de tener su encanto para él. Además que por regla general nunca revelaba la unión de dos almas gemelas. Ni siquiera en aquellos tiempos en que los mortales sabían de su existencia y él caminaba entre ellos sin ocultarse, había tomado por costumbre no decirle a nadie quien era su alma gemela a menos que fuera estrictamente necesario.
Con Ginny y Harry no tenía necesidad alguna de abrir la boca, lo había hecho solo porque así lo quiso. Al fin y al cabo, ya tenían fuertes sentimientos el uno por el otro, solo era cuestión de tiempo para que sucumbieran a lo inevitable. Pero le gustaban aquellos dos y solo quería ser él quien diera el empujón final.
No había dos almas que hubieran sufrido más y que se necesitaran con tanta desesperación. Las cosas que pasarían pronto serían muy duras, las guerras siempre lo eran. Por esa razón, y aunque tenía fama de ser cruel, el dios de los enamorados solo quería regalarles un momento de felicidad y paz a aquella pareja.
Su madre siempre decía que no había fuerza más grande en el mundo que el amor, y Eros lo sabía muy bien. Por eso mismo esperaba que con todo aquello, tanto Ginny como Harry pudieran encontrar el impulso suficiente para seguir adelante en sus misiones.
—Te estás volviendo sentimental, Cupido.— chasqueó la lengua Atenea.
El dios puso los ojos en blanco.
—Maldigo a los romanos por ponerme ese estúpido nombre.
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Hola! No estaba muerta, ni tampoco de parranda :( No se hacen una idea de lo que me costó escribir este capítulo. Imaginen un inconveniente o falla técnica y les aseguro que lo tuve. Desde perder apuntes, archivos que se borraron sin dejar rastro y falta total de inspiración ¡el universo estaba encontrar de este capítulo! Pero lo conseguí, le gane al universo! We Are The Champions suena a lo lejos.
Bien ¿qué es puedo decir de este capítulo? Siento que Ginny y yo le robamos la virtud al inocentón de Harry jaja espero que les haya gustado la escena de ellos dos juntos, sé que no soy buena para ese tipo de narraciones, pero que se yo, se me antojo darles ese momento especial Harry y Ginny.
¿Les gusto la intervención de Eros? (en mi cabeza es Tom Ellis) yo lo imagino como todo un fan del hanny, haciendo porras y toda la cosas. ¡Y recuerden, no lo llamen Cupido que el pobre se molesta! Jajaj
No saben el entusiasmo que tengo encima, desde el primer capítulo que estaba ansiosa por llegar a tocar el asunto de las almas gemelas, espero que les guste.
Muchísimas gracias por todos los comentarios que me incentivan a seguir escribiendo!
Los quiero! Cuídense mucho!
Besos grandes y virtuales! hasta la próxima!
Elly
