Capítulo
Sueños de navidad.
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Lo primero que notó Ginny al despertar esa mañana del veinticinco de diciembre, fue lo frío que se encontraba el espacio que, desde hacía unas noches, Harry había comenzado a ocupar en su cama.
No se sorprendió mucho al descubrir su ausencia. Harry se levantaba muy temprano y regresaba a su cuarto para vestirse. Ginny sabía que era una excusa, y la verdadera razón por la que se marchaba antes de que amaneciera era porque no quería cruzarse con Nick o Luna y tener una escena incómoda como la que habían tenido la mañana después de dormir juntos por primera vez.
Lo entendía, pero encontraba la discreción del guerrero totalmente innecesaria. Desde el incidente de la flecha de desamor, Nick ya no se atrevía ni a mirar de mala forma a Harry, y menos hacer ningún comentario que pusiera en evidencia lo poco que aprobaba el comportamiento hormonal que había comenzado a tener la pareja. Por otro lado, Luna al enterarse sobre lo ocurrido con Eros, simplemente había sonreído y abrazado a Ginny como si fuera su cumpleaños o algo así.
—Espero que sean muy felices— le deseó de todo corazón al separarse.
Aquello había sido raro tanto para Ginny como para Harry. Con las mejillas al rojo vivo la pelirroja murmuró un muy poco convencido "gracias", al tiempo que miraba de reojo a Harry, el cual se encogió de hombros sin saber qué más añadir.
Algo similar ocurrió cuando Astoria se enteró de lo ocurrido. Mientras Hermione solo los felicitaba con tono amable y sin mirarlos a los ojos, Astoria dio saltitos sin dejar de reír y aplaudir, antes de abrazarlos a ambos al mismo tiempo y darles a cada uno un sonoro beso en las mejillas.
Ginny sintió todo aquello como felicitaciones demasiado entusiastas que no llegaba comprender del todo, y así se lo había comentado a Harry más tarde cuando estuvieron practicando hechizos en la sala de estar.
—Se comportan como si… como si les hubiéramos dicho que nos íbamos a casar o algo así.
De inmediato vio a Harry ruborizarse y desviar la mirada al otro lado de la sala. Al principio pensó que sus palabras lo habían incomodado, pero pronto comenzó a sentir una ola de emociones provenientes del muchacho que nada tenían que ver con la incomodidad. Aunque había cerrado la puerta que le permitía meterse a la mente de Harry (había renunciado a ese poder en lo que a él se refería, solo para hacerlo feliz) aún podía percibir sus emociones cuando estas eran muy fuertes y también notar cuando quería ocultarle alguna cosa.
Y en aquel momento Harry no quería compartir con ella alguna información importante. Al notar eso se molestó un poco y así se lo hizo saber en el acto. Para ella su relación era demasiado buena como para estar ocultándose cosas y guardándose rencores.
—Es que…—Rojo como un tomate, Harry miró sus zapatos mientras buscaba las palabras correctas para explicarse— Lo que sucede es que antes, cuando los humanos eran más conscientes de la existencia de los dioses, es decir cuando creían de verdad en su existencia y ellos caminaban sin ocultarse en la tierra; descubrir quién era tu compañero de alma era casi como… como un matrimonio. Para los míos, tú y yo estamos unidos para toda la vida…
—¿Para ellos es como si estuviéramos casados?—Ginny lo miró sorprendida.
Harry se atrevió a mirarla a los ojos al tiempo que afirmaba con la cabeza. Estaban cada uno en una punta de la estancia y el espacio entre ellos parecía estar lleno de electricidad.
—Yo soy tuyo y tú eres mía…—murmuró mirándola a los ojos—Nos pertenecemos el uno al otro…. Almas gemelas, ya sabes.
Al escucharlo decir eso, Ginny permaneció callada por unos momentos mientras pensaba y recordaba. Al ver a Harry por primera vez en aquel oscuro callejón, se había sentido atraída por él de inmediato. Un amor a primera vista que no se había atrevido a aceptar, porque el amor a primera vista no existía…Al menos sin la mano colaboradora de Eros.
Pero luego… le había comenzado a gustar su sonrisa afable, la tranquilidad que empleaba al hablar, su buena disposición para escuchar y su mirada amable. Jamás había hablado con nadie sobre la tragedia de su familia como lo había hecho con él aquella tarde en la cafetería de Lucy. Harry le inspiraba una confianza que pocas personas en su vida habían llegado a tener con ella.
Sabía que su guerrero pensaba que era indigno de ella. El se sentía manchado por todas las cosas que había hecho para complacer a Hades. Se veía a sí mismo como un monstruo, un asesino. Un ser despreciable que por su pasado no merecía perdón…. Pero para ella todo eso no significaba nada. Ginny solo podía ver cómo era cuando estaba a su lado, siempre amable y protector. Como bromeaba y cuidaba de Astoria como si de una hermana menor se tratara. Como respetaba y escuchaba a Luna cuando esta le hablaba, o como era paciente con Nick y Hermione aunque ellos fueran groseros con él. ¿Cómo creer que era un monstruo cuando veía genuino amor en sus ojos cada vez que lo oía hablar de Perséfone y Albus?
En aquel momento había cruzado la sala con tanta rapidez y sin pensar, que ni siquiera supo si había caminado o simplemente había aparecido frente a él. En silencio había acariciado su rostro con infinita dulzura. Harry no se movió pero cuando ella lo besó con suavidad en los labios, no dudó en corresponderle mientras la abrazaba con fuerza.
Apenas se conocían. Era una locura con todas las letras, una estupidez que no tenía lógica alguna. Pero lo amaba, era su alma gemela. ¡Dioses, como lo amaba!
Estaba tan segura de eso que lo único que esperaba esa mañana de navidad al despertar, era que el amor que Harry sentía por ella fuera al menos una cuarta parte de lo que sentía ella, y que fuera suficiente para que le perdonase lo que iba a hacer ese día.
En eso pensaba con todas sus fuerzas cuando abrió los ojos y se dio cuenta que Harry aún no se había marchado de su habitación. Estaba todavía en ropa de dormir y observaba por la ventana el cielo gris y la calle nevada. Se veía pensativo. Últimamente Ginny siempre lo encontraba así cuando estaba solo. Sabía que estaba muy preocupado por el silencio de Calixto, dado que desde lo del callejón no había vuelto a aparecer. Pero también sabía que había algo más que lo angustiaba.
La noche anterior lo había notado inquieto, moviéndose incómodo en la cama. Al abrir los ojos lista para protestar, había quedado muda al verlo con la fotografía de Lily y James Potter en las manos.
La miraba con ojos tristes y eso le rompió el corazón, pero no se atrevió a decir nada. De inmediato se hizo la dormida, dándole privacidad. Consideraba que aquel era un momento íntimo en el que no debía inmiscuirse aunque le costara la vida no hacerlo. Harry le había dicho a Sirius que no iría a ver a Lily por el momento, pero Ginny sentía que quien había dicho eso había sido el Guerrero de Hades, y no su Harry.
—Hola.—Le dijo desperezándose. Harry se apartó de la ventana, abandonando su semblante triste y preocupado, y le dedicó una sonrisa radiante.
Fue allí cuando Ginny notó un peso inusual a los pies de la cama. Al mirar se encontró con un paquete alargado envuelto en papel rojo brillante. Sonrió sin poder evitarlo. Hacía mucho que no despertaba una mañana de navidad con obsequios a sus pies. Eso le recordó sus años en el colegio. Momentos que aunque no hubiera pasado tanto tiempo, ella ya sentía que habían sido hacia mil años.
—Feliz navidad— Harry no parecía especialmente entusiasmado, pero aún así le dedicó una sonrisa cariñosa y sincera. Ginny supuso que para Harry la navidad no significaba nada, pero aun así intentaba ser amable.
—Feliz navidad—le respondió con una sonrisa antes de inclinarse para tomar el paquete que había a sus pies. Titubeó al notar que no tenía tarjeta.
—No es nada peligroso— le aseguró aproximándose a la cama— Es de mi parte.
—No tenías que comprarme nada, sé que no celebras la navidad.
—Quería hacerlo—simplificó el guerrero con una sonrisa mientras la veía desenvolver su regalo. Sintió una chispa de satisfacción al ver el rostro boquiabierto de la pelirroja al encontrarse con una Saeta de Fuego recién salida de la fábrica frente a ella.
—No puedo…—comenzó a decir completamente asombrada.
—Claro que puedes. Siempre quisiste una ¿no? —sonrió sentándose en la cama, frente a ella. Tenía esa sonrisa cálida que Ginny había aprendido a reconocer y adorar. Dejando a un lado la escoba, se apresuró a rodearlo con sus brazos y lo abrazó con fuerza, buscando casi a ciegas sus labios, pero los encontró con gran facilidad, como si tuviera una brújula interna que siempre la llevaba a ellos.
Solo se lo había dicho una vez, casi de pasada y sin darle mucha importancia, pero él lo había recordado. Había recordado lo mucho que ella quería una y no había dudado en comprarla aunque la celebración le fuera completamente indiferente.
—Me alegro que te gustara—murmuró contra sus labios, feliz.
—Ahora mi regalo te será poca cosa—Ginny se separó un poco, haciendo un puchero.
—Si tú me lo das, jamás sería poca cosa para mí—le aseguró acariciando su rostro—Honestamente, nunca me han dado un regalo de navidad, ni de ningún otro tipo.
— ¿Ni en tu cumpleaños? ¿Ni Perséfone ni Albus?—preguntó sorprendida.
—No hubieran podido aunque quisieran. Eso hubiera levantado sospechas, al fin y al cabo no es normal que un Guerrero reciba regalos… Además, los cumpleaños no se celebran, ni siquiera sabía qué día era hasta que el Señor Black me lo dijo el otro día.
Ginny lo miró con tristeza, sin pasar por alto la forma formal y distante con la que mencionaba a su tío Sirius. Aunque no había hablado de eso, sabía que Harry intentaba ignorar y hasta olvidarse de la información que le habían revelado Draco y Sirius. Había zanjado el asunto sin ni siquiera enfrentarlo y ahora hablaba de su recientemente descubierta familia como si fueran personas muy lejanas a él. La intuición le decía a Ginny, que de tener que referirse a Lily, Harry la llamaría con un desamorado "señora Potter".
Lo besó sin guardarse nada, preguntándose si después de hacer lo que tenía planeado, él la perdonaría, y su extraña y muy precipitada relación seguiría siendo como hasta entonces.
Esperaba que las palabras de Perséfone fueran ciertas y que su intervención fuera tan necesaria como ella aseguraba.
—Toma, no es mucho pero espero que te guste. Lo hice yo misma—sacó un paquete del cajón de su mesita de luz y se lo entregó.
Harry palmeó el paquete emocionado, como un niño pequeño, y por un momento eso mismo se convirtió para ella. Un niño que abría su primer regalo de navidad.
De pronto, sin venir a cuentas, tuvo una especie de epifanía. Su primer beso, su primer abrazo, su primera vez, su primer regalo… para Harry todo era su primera vez, y a ella le gustaba ser la que caminaba a su lado mientras él descubría el mundo a su alrededor.
La sonrisa de Harry se ensanchó al ver el juego verde oscuro de bufanda, guantes y gorro de lana hechos a mano. Ginny suspiró aliviada al ver que su sonrisa era totalmente autentica. Por horas se había preguntado qué podía regalarle a alguien que tenía suficiente dinero como para comprarse lo que deseara. Lo que se le ocurría era la única cosa que ella no podía darle; su libertad. Destruir el lazo que lo unía a Hades, era la única cosa que sabía que Harry deseaba más que nada en el mundo.
Pero resignada a no poder darle eso, había decidido desempolvar la habilidad que su madre a duras penas había metido en la cabeza de su única y revoltosa hija, que prefería corretear descalza por el campo antes de pasar una tarde entre ovillos de lana. No era tan buena como su madre como para tejer uno de sus famosos suéteres de navidad, pero se las había apañado para hacer aquel juego, aunque debía admitir que había hecho un poco de trampa al usar un poquito de magia para acelerar el proceso.
Como sola respuesta y como forma de agradecimiento, Harry la besó vorazmente, haciéndolos terminar tendidos sobre la cama. Ginny se mordió el labio cuando sintió los labios de Harry sobre su cuello, precisamente en aquel lugar tan sensible para ella. ¡Qué maravilloso sería poder dejar que continuara! A regañadientes lo detuvo cuando sintió sus manos volverse deseosas de ir directo bajo su pijama.
—Es navidad.—le dijo apartándose mientras este la miraba con cara de desilusión— Hay un montón de cosas que tenemos que hacer.
—¿Qué cosas?—seguía sonriendo y la miraba con fingida desconfianza.
—Cosas importantes—salió de la cama de un salto, poniendo saludable distancia entre ella y los tentadores labios de Harry— Tengo que ir a un par de lugares, y ya que eres mi guardaespaldas personal, supongo que debes venir conmigo. Así que ve y ponte guapo.
Harry rodó los ojos al tiempo que se ponía de pie y se dirigía a la puerta con una actitud de niño pequeño que era obligado a visitar a parientes odiosos con una sonrisa en el rostro. Ginny no pudo reprimir una sonrisa ante su comportamiento.
—Enserio, ponte muy guapo, iremos a ver personas muy importantes.
Ante esa frase, el muchacho se detuvo con la mano en el picaporte y la miró, esta vez, con verdadera desconfianza.
—¿A dónde vamos, Ginny?
—Ya verás—sonrió con cierto esfuerzo, intentando convencerse a ella misma de que aquella era una buena idea.— ¿Es que no confías en mí?
La miró con los ojos entornados. Confiaba en ella como nunca se había atrevido a confiar en nadie, pero eso no quitaba que de pronto todo el asunto le diera mala espina.
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La primera parada sorprendió a Harry. La verja de hierro del pequeño cementerio de Ottery St. Catchpole estaba cerrada pero Ginny la abrió con solo mirarla fijamente. La siguió mientras atravesaba el campo santo en silencio y se mantuvo a respetuosa distancia cuando al fin se detuvo frente a una hilera de siete tumbas. Todas estaban bien cuidadas, limpias de nieve y con flores frescas.
—Ron ha pasado temprano este año.—comentó la pelirroja mirando el pequeño destornillador que había sobre la lápida de su padre.
Harry se apresuró a envolverla con sus brazos cuando notó sus ojos llenarse de lágrimas. Para él la muerte no era un adiós definitivo, sino un simple "hasta luego". Pero aún así entendía los sentimientos de la pelirroja. Decir hasta luego también podía ser doloroso. El no podía ni imaginarse tener que separarse de ella de esa forma, aunque fuera por un corto tiempo.
—Estoy seguro que toda tu familia está en el rincón más hermoso de los Campos Elíseos—le dijo en un susurro antes de darle un suave beso en la frente.
Ginny asintió. Tenía tanto para decirle a su familia ese día, pero tenía un nudo en la garganta que no le permitía soltar ni una palabra.
Para empezar quería pedirles perdón, en especial a sus cinco hermanos, hombres tan jóvenes con prometedoras vidas por delante, que lo habían sacrificado todo por ella. Era tan injusto. Si tuviera el poder para cambiar las cosas, sin duda cambiaría eso. Sus hermanos merecían mucho más.
Harry sacó su varita y agitándola, hizo aparecer pequeños ramos de delias color malva, uno en cada tumba.
—¿Que significan? —preguntó con la cabeza apoyada en su pecho.
Harry acarició su cabello.
—Se usan para ofrecer agradecimiento.
—Agradecimiento….
—Ginny, ellos dieron la vida por ti, porque era lo que quisieron hacer. Te amaban. Sentir culpa es inútil, debes honrar su sacrificio viviendo la vida que ellos hubieran deseado que tuvieras.
Miró las siete tumbas mientras Harry seguía abrazándola.
—Los amo…. —dijo con la voz rota. —Gracias.
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—¿Sabes? Esa bufanda te queda muy bien—Comentó Ginny luego de aparecer una hora después, junto a Harry en una solitaria calle. — Combina con tus ojos.
El guerrero no le prestó mucha atención mientras recorría el lugar con la mirada, buscando cualquier signo de peligro. Estaban en una calle cualquiera en lo que parecía un pacifico pueblito inglés. Todo era una postal navideña, con las casas cubiertas de nieve y sus coronas sobre las puertas. Ginny le tomó de la mano y lo guió lejos de la plaza principal, directo a la zona donde las casas eran más grandes y con extensos jardines.
Harry se detuvo de pronto al llegar a una esquina con un repentino mal presentimiento. Miró a Ginny, la cual parecía muy interesada en sus botas de nieve y comenzó a preocuparse, más aún cuando la puerta principal de la casa que había al otro lado de la calle se abrió de golpe y salió por ella el inconfundible Sirius Black.
—Ginny… —comenzó a decir sintiéndose aturdido.
—Perséfone apareció ante mí el otro día. —se apresuró a decir deteniéndose en la acera y sujetándole la mano con fuerza, como si temiera que se marchara con un clip. — Ella dijo que esto te haría bien, y que sabía que tú no lo harías sin un empujón.
Harry quedó hipnotizado mirando a Sirius al otro lado de la calle. Perséfone no se había aparecido ante él desde aquella tarde caótica, en que la diosa le contó la verdad sobre por qué era un guerrero con alma. Aunque había estado furioso con ella por un momento, el amor que le profesaba había sido muchísimo más grande. Aún así no se creía listo para perdonarla, mucho menos después de la revelación de Ginny.
Tal vez Perséfone estuviera en lo cierto y conocer a su madre biológica fuera lo mejor que le pudiera pasar en la vida. Tal vez era su extraña forma de pedir disculpas.
Había pasado mucho tiempo pensando en aquella fotografía que le había dado Sirius, observándola mientras Ginny dormía a su lado. No negaría que se moría de ganas de verla, de sentirla a su lado. Abrazarla por primera vez. Pero cuando Ginny tiró de él para que cruzara la calle, simplemente no pudo dar ni un paso. Sus pies se habían soldado al concreto y sus ojos se habían perdido en las ventanas de la casa de dos plantas que había ante él.
Ella estaba allí. Y él no se atrevía a acercarse.
—Lo siento, Harry —la voz de Ginny tembló con el viento invernal, mientras sus mejillas se volvían dos manchones escarlata. — No quiero obligarte a hacer nada. Nadie quiere obligarte. Sirius no le ha dicho…Pero, tú podrías ser su obsequio de navidad, el mejor de la vida si cruzaras esa puerta.
—Yo no…
—Está bien, Harry. Lo siento. No debí meterme en algo tan personal para ti. Perséfone se equivocó, yo no debo ser la que te convenza de hacer esto. —Intentó sonreír, quitándole el hierro al asunto — Tú quédate aquí. Yo iré a saludarla y luego nos iremos. —se puso de puntilla y le besó en los labios—Ahora sabes donde vive, cuando estés listo puedes venir a verla.
—¿Y si no soy lo que ella espera? —le interrogó en un susurro antes de que ella se apartara. —Mírame Ginny, ni siquiera sé cómo es posible que tú me ames. Soy alguien despreciable. Hice muchas cosas terribles, cosas que ni te imaginas.
—No digas eso. —le reprendió rodeando su rostro con las manos.
—Pero es verdad.
—Pero a ella eso no le importa. —Le aseguró —Te ama desde el día que naciste y jamás lo ha dejado de hacer.
Vaciló, pero cuando Ginny tiró de su mano, no opuso resistencia alguna.
—Feliz navidad, tío Sirius — Le saludó Ginny en cuanto llegaron ante él.
—Feliz navidad – le respondió el hombre aunque tenía sus ojos grises en Harry. — Me alegro que hayas decidido venir.
—No tenía muchas opciones – dijo, mirando de reojo a una Ginny que no parecía para nada arrepentida.
—Pues igual me alegro.
—Oh por dios…
Un hombre alto y muy delgado acababa de salir por la puerta principal, deteniéndose en seco en cuanto vio a los recién llegados, en especial a Harry.
—Cuando dijiste que lo habían encontrado…
—Lo sé. No me creíste. – le sonrió Sirius sin resentimiento.
Remus Lupin no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Después de tanto tiempo y tantos sufrimientos, Harry Potter había regresado a casa.
Para incomodidad de Harry que no estaba habituado al contacto físico, el hombre lo abrazó, con tanta o más fuerza de lo que lo había hecho Sirius en su momento.
El guerrero le permitió la muestra de cariño aunque no se la devolvió. Era abrumador el modo en que aquellos hombres lo miraban. Por tanto tiempo se había sentido tan solo, y de pronto estaba rodeado de personas que le querían sin ni siquiera conocerlo.
—Lo siento. – se apartó al notar lo incómodo que estaba el chico. – No debes ni recordarme. Soy Remus Lupin, soy amigo de tu familia.
"Tu familia"
Tragó con fuerza. No tenía ni idea de lo que debía hacer. Miró a Ginny en busca de orientación y la chica le sonrió mientras le sujetaba con fuerza de la mano.
—Esto es demasiado raro para explicárselo y dudo que nos crea—comentó Sirius pensativo.
—Entonces que sea como una bandita, que se saque rápido y sin muchos miramientos. —dijo Ginny resuelta, entrenado a la casa a paso firme y guiando a un Harry completamente sumiso.
La casa era bonita y acogedora, se parecía mucho a la de Ginny y Luna, pero a pesar de su aire hogareño allí no reinaba la alegría de las fiestas. No había adornos, ni árbol. El ambiente se sentía un poco triste.
Lo primero que vio al entrar a la amplia sala de estar, fue a una joven mujer embarazadísima, con rostro en forma de corazón y cabello rosa chicle. Cuando los grandes ojos de esta se posaron en Harry, pegó un grito de absoluta sorpresa, dejando caer la bandeja con el servicio de té que llevaba en las manos.
El alboroto llamó la atención de una mujer mucho mayor que salió por una puerta que parecía dar a la cocina. De la altura de Harry, llevaba unos vaqueros viejos y un suéter color verde que le quedaba grande. Su cabello pelirrojo no tenía brillo y estaba apretado en una coleta que dejaba que se notaran las canas que comenzaban a salirle. Su rostro se veía cansado y ojeroso. Y sus ojos verdes, iguales a los de su hijo, no tenían aquella chispa que décadas atrás habían enamorado con locura a James Potter.
—Tonks casi me matas de un susto. Te dije que me dejaras a mí, yo….
Las palabras quedaron en el aire cuando los ojos de Lily Potter se posaron en aquel muchacho que estaba en su sala. Hubo un momento de silencio absoluto. Remus y Sirius observaban todo desde el pasillo del recibidor sin atreverse a abrir la boca. Tonks y Ginny miraban a ambos expectantes. Harry estaba pálido y Lily tenía la sorpresa grabada en su rostro prematuramente envejecido.
Pero la primera impresión pasó rápido, y con los ojos vidriosos por las lágrimas, Lily atravesó la estancia sin decir una palabra. Cuando estuvieron a unos palmos de distancia, Harry no pudo pensar en otra cosa que no fuera en lo hermosa que era. No tenía una belleza deslumbrante como Perséfone, pero su mirada, ese amor infinito y la pena más dolorosa que se reflejaban en aquellos ojos verdes, la hacían el ser más maravilloso que había visto en la vida. Ella alzó las manos, titubeó un momento como si temiera que si lo tocaba este fuera a desaparecer. Al final acunó su rostro entre sus manos, suaves que olían a tarta de melaza.
—Hola. —fue lo único que se atrevió a decir Harry mientras sentía un nudo en la garganta que no lo dejaba respirar.
Su tacto era amable, suave, cálido
—¿Harry?
Asintió débilmente, al tiempo que alzaba una mano para secarle las lágrimas que se habían desbordado de sus preciosos ojos. Fue en ese momento en que se dio cuenta que él también había comenzado a llorar.
Se sorprendió. No había llorado desde que era un niño y Albus le advirtió de lo peligroso que podía ser expresar sus emociones de aquella forma tan evidente. ¿Pero qué emociones podía querer ocultar en esa casa, con el tacto de la mujer que le había dado la vida en su rostro?
Lily perdió las pocas fuerzas que le quedaban, y cuando sus piernas se volvieron gelatina, amenazando con dejarla caer, Harry la sostuvo mientras simplemente la abrazaba con todas sus fuerzas, como si temiese que fuera a irse en cualquier momento.
En cuanto estuvieron en el sillón doble sentados, el resto parecía haber desaparecido aunque aún estuvieran allí.
Cuando Sirius acabó de traer un nuevo servicio de té, luego de limpiar el desastre que la sorpresa le había hecho hacer a Tonks, Lily había recuperado su voz y comenzaba a hacer las preguntas complicadas, sin dejar de sostener las manos de su hijo.
Harry había dudado. El mundo que consideraban normal, era una locura para el resto de las personas. Fue Sirius el que se dio a la tarea de explicarle todo lo que había sucedido aquella noche terrible. Lily permaneció en silencio, cada vez más pálida mientras el mundo de los dioses se volvía real en su cabeza y descubría todo lo que había vivido su hijo los últimos veinte años.
—Un guerrero de Hades… —Lily repitió un par de veces aquellas palabras, perdida en sus pensamientos.
—Es increíble —Remus, que también oía la historia por primera vez, no podía estar más asombrado.
—Vaya mierda ¿eh? —Tonks miraba a Harry con pena.
—Pero se va a terminar. —El guerrero había superado su cuota de personas que le tuvieran lástima por el resto de su vida. —Cuando mi misión acabe, ganaré mi libertad.
—¿Libertad? —Remus se mostró indignado—Hablas como si fueras un esclavo ¡ellos te secuestraron!
—No puedes juzgar a un dios con la misma vara que juzgas a los hombres.
Albus solía decir eso todo el tiempo, y Harry se sintió raro al repetirlo. Más al ver cómo Remus se lo tomaba. Ver la mirada de enojo del hombre era como verse en un espejo.
Harry sabía que tenía razón y que los dioses lo habían jodido, a él y a muchos más, ¿pero qué podía hacer? Había pasado la vida enojado con ellos, pero ya estaba cansado de ese sentimiento que parecía quemarle el alma hasta consumirla totalmente.
—Creo que Harry y Lily deben hablar solos un rato—. Ginny se puso de pie. Intentaba evitar que el asunto acabara en una discusión en la que Harry se dedicará a defender a los dioses. Amaba a aquel chico, pero la sacaba de sus casillas cada vez que tomaba esa postura, los dioses lo habían herido y quitado infinidad de cosas, y él seguía siéndole fiel. A veces se preguntaba si era demasiado bueno o un idiota.
Les lanzó a todos una mirada que no daba lugar a réplicas. De inmediato estuvieron en la cocina atacando el tazón de galletas de Lily. En el camino las miradas de Ginny y Harry se encontraron y la chica le ofreció una sonrisa de ánimo mientras él se veía claramente nervioso.
—Al parecer él hace todo lo que tú quieres. —comentó con segunda intención Sirius destapando una cerveza de mantequilla.
Ginny sintió las mejillas calentarse mientras Tonks la mirada con suma atención y sin contener una sonrisa traviesa.
—Vaya vaya—Rió la bruja —al fin nuestra pequeña ha extendido sus alas…
La pelirroja rodó los ojos. Taby y Tonks debían formar un club.
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Harry entró a la habitación de paredes celestes no muy seguro de lo que hacia. A un lado había una cuna con un móvil de lechuzas sobre ella. Había osos de peluche y un montón de otros juguetes más, desbordando de un canasto de mimbre. Hasta vio una escoba de juguete olvidada sobre una cómoda. Había estantes con libros infantiles, historias que conocía porque Perséfone se las leía cuando estaba de buen humor. Todo estaba sin excepción cubierto por una gruesa capa de polvo. La habitación olía a encierro, asegurándole a Harry que hacía mucho que nadie entraba allí. Miró de reojo a Lily, parada en el umbral, estrujándose los dedos, avergonzada.
Harry no podía juzgarla por haber cerrado aquella tumba y olvidándose de ella. Él había desaparecido hacía más de veinte años. La fe era lo último que se perdía, pero los años podían apagar la llama. No la culpaba.
—¿Por qué no te deshiciste de todo?—preguntó al tiempo que tomaba un ciervo hecho de madera que descansaba sobre una mesilla.
Lily le sonrió con ternura.
—Cuando seas padre lo entenderás.
Ser padre. Jamás se había detenido a pensar en eso. Ni siquiera cuando Ginny le habló de la poción anticonceptiva que Luna le había dado. El no podía ser padre, era estéril. O al menos lo sería mientras fuera un Guerrero de Hades.
Pero eso no lo sería siempre. Cuando todo terminara, él sería libre de hacer lo que quisiera con su vida. Miró la cuna que alguna vez había sido suya, y pensó en la pelirroja que estaba en el piso de abajo. Poco a poco la vida que deseaba tener se hacía más clara en su mente.
—Igualmente, no creo que conservar todo esto es… —dudó, no quería decir nada que pudiera lastimarla.
— ¿Patético? ¿Enfermizo? —ella seguía sonriéndole, y Harry supo que no importaba que pudiera llegar a decir, aquella mujer seguiría sonriéndole.
—Iba a decir que era triste—dijo con voz ronca—Es como si hubiera una tumba en medio de la casa… no deberías vivir así.
—Suenas como James. —Sacó su varita y con un movimiento hizo que el polvo de todo el lugar desapareciera. Con sólo eso, la habitación parecía más alegre y viva.
—¿Él quería deshacerse de todo?
—Claro que no. Él estaba seguro que algún día te encontraríamos. Pero aún así no creía que fuera sano que yo siguiera comprándote obsequios.
—¿Obsequios? —la miró extrañado
Lily suspiró mientras buscaba algo en uno de los cajones de una cómoda.
—Cada día de tu cumpleaños o navidad, yo compraba algo para ti y lo dejaba aquí.
Harry entendió al fin porque el cuarto estaba tan lleno de juguetes, ni el niño más mimado del mundo hubiera tenido tantas cosas el primer día de vida.
La vida entera había escuchado a las Furias decir que él o cualquier otro guerrero no valían nada. Que era prescindible, hasta con Perséfone sabía que un buen día, tarde o temprano, ella se aburriría de jugar a la madre y se olvidaría de él como lo había hecho con Calixto.
Pero Lily Potter lo había esperado tanto como su corazón pudo resistir.
Un nudo en la garganta lo dejó sin palabras. Quería consolarla, hacerla sonreír. Hacerla feliz.
La abrazó con todas sus fuerza. Ella tembló entre sus brazos y por un segundo temió que sus piernas volvieran a perder las fuerzas, pero cuando la miró a la cara, la encontró húmeda por las lágrimas pero con una inmensa sonrisa.
—Este fue el último, lo compré para tu cumpleaños número diecisiete. Luego de eso yo…
"Había perdido las esperanzas "
Harry no la culpo.
Tomó la cajita negra que le ofrecía y dentro encontró un reloj de pulsera de oro.
—Es tradición regalar un reloj a los diecisiete. —le explicó con la voz tomada.
Sin decir nada y con esa quemazón en la garganta y en los ojos volvió a abrazarla.
—Lo siento —la escuchó decir sin dejar de llorar. —Perdón por no esperarte un poco más. Pero cuando James se fue… yo me quedé sin fuerzas. Lo siento Harry.
— Ya no importa. Ya estoy aquí.
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Astoria permaneció junto al fuego de la chimenea. Se había acurrucado en uno de los sofás mientras contemplaba la decoración navideña. Nick y Luna se habían esmerado en el árbol de Navidad y las guirnaldas porque tenían la pesimista sensación de que esa serían las últimas fiestas en las que estarían todos juntos.
Era un pensamiento muy triste…. Y Astoria sentía que era una posibilidad muy real.
Suspiró. Harry y Ginny se habían marchado sin querer decir a dónde hacía horas. Nick se había encerrado en el desván y Luna la había echado de la cocina cuando intentó ayudarla a preparar la cena de navidad. No sabía qué hacer para matar el tiempo, el aburrimiento era un daño colateral de su recuperada alma. En el inframundo nada le importaba, quedarse quieta esperando su siguiente misión era lo normal. Ahora no sabía qué hacer. Podía subir y molestar a Hermione, pero hacer eso solo haría que la chica la echara de la habitación de forma más violenta de la que usó Luna. Desde hacía unos días, Hermione solo se ocupaba de su guardia y cuando estaba en casa solo se dedicaba a leer el libro mágico que le había entregado Hades.
—Feliz Navidad.
Había escuchado los pasos aproximándose desde la cocina, pero se sorprendió al ver a Draco ante ella. Estaba muy bien arreglado, Luna ya le había dicho que él estaba invitado a pasar aquellas fiestas con ellos, pero por lo visto su corazón no había prestado mucha atención. Se puso de pie de un salto. Era tonto fingir que no había pensado en el esos días, ni que había escuchado cada palabra que cualquiera pudiera decir que involucrara Draco.
Al enterarse que el bar cerraría durante un par de semanas, a Astoria lo único que lamentó fue que ya no podría verlo todos los días.
El tiempo había pasado y se había descubierto rememorando infinidad de veces aquel momento que habían estado juntos. Pensando en lo profundos que se veían sus ojos grises cuando la miraban fijamente, como su sonrisa torcida y sin dientes lo delataba cuando regañaba a alguno de sus amigos por algún comportamiento inmaduro que en el fondo le causaba gracia, o como rodaba los ojos al oír el parloteo de Taby.
Había extrañado todo eso y se preguntaba si él había pensado en ella al menos una décima de lo que ella había hecho.
—Feliz Navidad —le devolvió el saludo intentando no sonreír demasiado, cosa difícil ya que solo verlo allí parado la hacía inmensamente feliz.
—No sabía si festejaban estas fiestas…. —dijo mientras dejaba una caja de cartón sin tapa sobre la mesita de café.
—Estas son las primeras. —Se encogió de hombros la chica– Y la verdad es emocionante, aunque suene tonto.
—No es nada tonto– le aseguró con amabilidad al tiempo que sacaba un paquete envuelto con papel dorado de la caja y se lo entregaba. Astoria lo tomó curiosa y Draco no tuvo que insistirle demasiado para que lo abriera.
Su sonrisa se iluminó al ver el suéter azul oscuro con copos de nieve.
—Feliz navidad… espero que te guste
—Es perfecto —le sonrió con los ojos brillantes —pero yo no tengo nada para ti.
—No importa, no es necesario. —con su sonrisa era suficiente.
—Deberías besarme
La chica se rió al ver la cara de sorpresa de Draco. Divertida, señaló el pequeño decorado de muérdago que había sobre sus cabezas.
—Luna nunca usa muérdago en la decoración —comentó mientras miraba el muérdago con el señor fruncido.
—Lo colocó Nick, quiere ver si logra que Harry bese a Ginny frente a Ron. Creo que piensa que así logrará que le den una paliza a Harry.
—Supongo que eso quiere decir que esos dos están juntos.
—No puedes separar a dos almas gemelas.
—¿Almas gemelas? ¿Eso no es un poco mucho?
—Eros lo dijo. —Se encogió de hombros otra vez.
—¿Eros?... Claro, ¿porque no?—Había tenido tiempo suficiente para aceptar que esos seres mitológicos eran tan reales como el polvo bajo su cama.
La miró con atención. Sus ojos verdes mucho más en paz que en la última vez que la había visto. Su cabello castaño rojizo estaba apretado en una trenza que, como siempre, caía por su hombro izquierdo. Sus pecas sobre su nariz y sus labios ligeramente abiertos.
Estaban en medio de la sala, muy cerca uno del otro. Le echó un vistazo al muérdago sobre sus cabezas.
—¿Quieres que te bese?
Astoria soltó una carcajada.
—Lo haces todo mal si tienes que preguntar, Malfoy. —Rodó los ojos e hizo el ademán de apartarse. Pero Draco, que había pasado los últimos días sólo pensando en ella, se lo impidió, besándola con todas las ganas que había estado manteniendo a raya desde que había llegado.
Cuando Hermione llegó a media escalera, el espectáculo que estaban montando Draco y Astoria en la sala se veía perfectamente y no dejaba lugar para la confusión. Parecía que los habían pegado con pegamento y que ambos se habían propuesto tocar las campanillas del otro con sus lenguas. En el pasado Hermione hubiera mostrado indiferencia, pero ahora sentía las mejillas arder y tropezó al intentar regresar sobre sus pasos.
—Lo siento—dijo abochornada al ver a la pareja separarse y mirando hacia ella. —No quise interrumpir, regresaré a arriba.
—No, espera —Astoria se acercó a la escalera. —Es navidad. No puedes pasar el día de navidad escondida en tu habitación.
Hermione la miró como si creyera que había perdido un tornillo.
—Jamás hemos festejando navidad…
—Ahora estamos en el mundo de los humanos, así que lo haremos. —le dijo con una sonrisa —Así que baja, la navidad es para estar en familia.
—No somos familia.
—Si lo somos. —Astoria era terca cuando algo se le metía en la cabeza. Le ofreció una mano, invitándola a ser parte de la celebración, a ser parte de su rara familia. Hermione no la aceptó, pero terminó de bajar los escalones que le faltaban.
—¿Cómo estás, Hermione? —se interesó el rubio cuando la chica entró a la sala.
Se encogió de hombros como única respuesta. Estaba claro para Draco que ella no estaba del todo segura de permanecer allí. Su lenguaje corporal era demasiado obvio, con los brazos cruzados sobre el pecho y la espalda ligeramente encorvada, como si quisiera hacerse pequeña e invisible.
Por lo visto ella no estaba llevando tan bien como Astoria el asunto de tener alma.
No importaba cuánto esfuerzo pusiera en intentar imaginar lo duro que era la situación de las chicas, sabía que nunca llegaría a entenderla totalmente.
—Toma. —sacó otro regalo de la caja y se lo dio a la castaña. —Luna dice que no paras de leer, así que pensé que esto te gustaría.
Hermione frunció el ceño con desconfianza, sin ni siquiera tener la intención de tomar el regalo envuelto en papel escarlata le ofrecían.
—¿Por qué?
—Porque es navidad y tú necesitas algo que te anime un poco.
Hermione se mordió el labio inferior, dudosa. Pero al final aceptó ante la mirada de apoyo de Astoria.
—Es un libro de ficción… Cuando estoy abrumado por algo, suelo leer ese tipo de cosas, ayuda a desconectar un poco—le explicó Draco con una sonrisa sincera. —Pensé que tal vez te ayudaría.
—Gracias. —Astoria notó una nota especial en la voz de Hermione, y supo que de alguna forma la acción de Draco la había conmovido. Eso era bueno.
—¿Y esto qué es? —Astoria se inclinó sobre la caja de Draco, un poco con curiosidad y otro poco para que Hermione no se siguiera sintiendo incómoda al verse dueña de toda la atención.
Sacó de la caja un montón de fotografías mágicas. Soltó una exclamación al ver lo que había en ellas.
—Por los Dioses, Hermione tienes que ver esto. —le extendió una de las fotografías sin dejar de reír. —¿No se ve adorable?
Hermione le echó un vistazo. En ella había una pareja joven, un hombre moreno con gafas y una pelirroja de brillantes ojos verdes que sostenía a un pequeño bebé recién nacido.
—Las recolecté para Harry. Sirius las tenía en casa. —les explicó Draco.
—¿Son los padres de Harry? —preguntó Hermione con voz ronca, sin apartar los ojos de la fotografía.
—Si, James y Lily. —dudo un momento antes de continuar con un asunto que no le había dejado de rondar en la cabeza los últimos días. —Pensé mucho en ustedes chicas. Si Harry tiene a su familia, eso quiere decir que ustedes también, posiblemente.
—¿A qué te refieres? —Astoria lo miró con gran interés
—Ambas son brujas y si nacieron en Reino Unido, sus nombres tienen que estar en la lista del colegio Hogwarts. Es una lista mágica.—se apresuró a explicarles —Cada vez que nace un niño o niña con magia en sus venas, su nombre aparece automáticamente en esa lista. Luna dice que los guerreros conservan su nombre de pila ¿no? así que si revisamos la lista seguramente encontraremos una Astoria y una Hermione. Y estoy convencido de que la directora puede ayudarnos a localizar a sus familias.
Astoria sonrió cómo nunca y sin pensarlo le dio un beso que lo dejó sin aliento. La satisfacción de hacer una buena acción duró lo que tardó Hermione en salir de la sala como alma que lleva el diablo. Lo había visto venir, era una posibilidad en la que había estado pensando. Si Harry tenía sus dudas de conocer a su madre, estaba claro que Hermione también podía mostrarse intimidada ante la simple idea.
—Lo siento. No quería hacerla sentir mal.
—Ya se le pasará—le tranquilizó Astoria tomándolo de la mano— Solo necesita tiempo.
En esos momentos Ron Weasley acababa de aparecer en un callejón cercano y estaba en camino a la casa de su hermana, cuando se topó con un Hermione que parecía haber perdido los nervios completamente.
—Oye ¿estás bien? —la sujetó de los hombros y la chica parecía tan desorientada que por un segundo no lo reconoció. Ron estaba entre asombrado y espantado, Hermione estaba pálida como un papel y sus ojos estaban llenos de pánico. —¿Qué te sucede? ¿Ha ocurrido algo malo?
Comenzaba a asustarse él también. Se suponía que ella era una guerrera de Hades, y según Luna eso significaba mucho. Su mente estaba entrenada al igual que su cuerpo, entrenada para mantenerse fría ante el peligro. Pero ahora estaba asustada, muy asustada.
–Yo… yo… no… —Estaba hiperventilando.
—Tranquila, respira. —intentó calmarla.
Desesperada se abrazó con todas sus fuerzas a Ron, ocultado su rostro en su pecho. Sin pensárselo mucho la rodeó con sus brazos mientras la sentía temblar. Estaba llorando.
—Hermione.
—Llévame a cualquier lugar, pero por lo que más quieras sácame de aquí…
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.
Había otra tumba en la casa de los Potter. Otra habitación que se había congelado en el tiempo y su sola contemplación hacía infeliz a Lily. Harry entró observándolo todo. Había mucho desorden en el estudio que alguna vez había utilizado su padre, James Potter. Había libros apilados hasta en el piso a pesar que las estanterías estaban casi vacías, de todos salían trozos arrugados de papel que marcaban páginas. Había hojas sueltas llenas de garabatos indescifrables y mapas colgados en los muros. También había pequeños papeles de colores con apuntes puestos sin ningún orden sobre los mapas.
Se acercó al escritorio de caoba tan deslustrada y lleno de polvo como el resto de la habitación. Allí reinaba un poco más de orden para alivio de Harry, que acababa de descubrí que sus años de servicio militar lo habían vuelto reacio al desorden.
Sobre el escritorio había un portaretratos con una fotografía que al verla hizo que sintiera un nudo en el estómago. Allí estaban sus padres. Su madre un poco despeinada y con la cara enrojecida por el esfuerzo físico, ambos sonreían mostrando todos sus dientes desde la cama de un hospital, y entre medio de los dos había una masa rugosa y muy rosada envuelta en una mantita color blanca. La tomó un momento antes de dejarla en su lugar. Lily le había contado que nada de aquel espacio se había movido desde la muerte de su padre. Así había estado todo mientras James había pasado hora tras hora, siguiendo su propia línea de investigación para dar con el paradero de su hijo perdido. Sobre el escritorio también estaba su varita y un par de libros viejos llenos de moho en la cubierta.
Levantó uno de ellos al reconocer el título de letras doradas. El aire se escapó de sus pulmones.
—¿Cómo pasó? —le preguntó sin sacar los ojos del libro, abriéndolo en la única parte que estaba marcada con un trozo de papel dorado. Lily seguía en el umbral, en esta ocasión ella no entró, parecía incapaz de hacerlo.
—Fue aquí. Una noche James se quedó hasta tarde y…Los aurores dicen que fue una lethifold que se coló por la ventana abierta. Sé que es extraño dado que viven en climas tropicales y todo eso, pero trajeron a un experto en criaturas mágicas y dijo que las señales de la ventana son las típicas que deja un lethifold.
Harry tensó la mandíbula mientras observaba unas marcas de arañazos que había en el marco de la ventana del estudio, sin dejar de escuchar a su madre.
—La lethifold lo devoró por completo. Ni siquiera quedó algo que pudiera enterrar. —su voz se volvió muy chillona entre más hablaba— Remus tuvo la idea de hacer algo conmemorativo, y acabamos enterrando su escoba en una tumba con su nombre en el cementerio del pueblo —soltó una risa temblorosa—Sirius aseguran que a James le hubiera parecido genial y muy divertido.
Harry la miró, tenía una sonrisa triste en los labios mientras su mirada estaba perdida.
—¿Todo bien, tía Lily?— Ginny llegó por el pasillo y se aproximó al umbral del estudio, sorprendida de ver la puerta abierta.
—Jamás he estado mejor que hoy, pequeña—le sonrió la mujer.
—Me alegro, por los dos. —Le aseguró —Luna ha preparado todo un banquete de navidad, y estoy segura que no me perdonará si no te invito. Y estoy segura que Harry estará muy feliz si vienes ¿verdad Harry?
—Sí claro—respondió un tanto distraído sin apartar los ojos del libro que tenía en las manos.
Ginny rodó los ojos e intercambió una mirada divertida con Lily.
—Está bien, solo déjenme ponerme algo más festivo. —dio un paso hacia su habitación pero se detuvo mirando a Harry, indecisa. Ginny comprensiva la tomó de la mano y le dio un cariñoso apretón.
—Te prometo que no se irá a ninguna parte mientras te vistes—le aseguró la chica en voz muy baja para que el guerrero no las escuchara. —Lo tendré bien vigilado.
—Gracias—le dijo casi voz antes de irse.
En cuanto estuvieron solos, Ginny entró al estudio, acercándose a Harry como quien se acerca a un animal salvaje. Lily no lo había notado, pero a Ginny le había bastado un vistazo para saber que el muchacho no estaba bien. Más allá de la conmoción del encuentro con su madre y la gran felicidad que este le había proporcionado, en aquel momento lo rodeaba un aura de rencor. Una furia que intentaba controlar y guardar en su interior con gran esfuerzo.
Preocupada lo sujetó del brazo, buscando su mirada.
—Harry… ¿qué está pasando?
El guerrero le mostró la página que estaba marcada en el libro que tenía en las manos. Ginny lo tomó, se parecía mucho al libro de mitología de su abuelo y el mito marcado llevaba el título de "Los guerreros de Hades: el ejército sin Alma "
—Creo que mi padre lo descubrió todo… y Hades lo mató
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Hola! Como están?
Espero que les haya gustado el capitulo, sus opiniones serán bien recibidas.
Muchas gracias por sus comentarios y todo el apoyo que le dejan a esta historia. Este capítulo lo tengo escrito casi desde que comencé la historia, y es muy especial para mí. El encuentro de Lily y Harry es algo muy importante, al menos para el personaje de Harry.
Sin más que decir me retiro. Cuídense!
Besos grandes.
Lethifold: por información leer la guía de animales fantásticos y dónde encontrarlos de Newt Scamander.
