Capítulo 3

Acababa de entrar de la terraza cuando Natsu Dragneel me agarró por el codo, seguramente para poderme de patitas en la calle. Sin duda, discutir con una estrella del rock debía de estar mal visto en ese tipo de eventos.

-Hola – me dijo mientras miraba al otro lado de la habitación, donde Mirajane y Lu hablaban con las cabezas muy juntas. Había un pequeño problema: Mirajane movía mucho las manos cuando hablaba, así que cada poco tiempo, golpeaba a Lu en el brazo. Sin embargo, a esta no parecía importarle.

-Hola – repliqué.

-¿Estás divirtiéndote? – me preguntó Natsu.

-Mmm… sí, claro.

Movió la cabeza, asintiendo, con una actitud tan fría y ausente como antes.

-Estupendo… - susurré por lo bajo, casi para mis adentros.

Las dos botellas de cerveza y la extraña discusión me habían dejado un poco mareada. Quizá beber no fuera tan buena idea, después de todo, en especial si tenía que seguir codeándome con esa gente tan importante, diciéndoles cosas con sentido en vez de gritándoles. La música volvía a sonar otra vez y la gente charlaba sin preocupaciones. Nadie me miraba. Esperaba que lo que acababa de ocurrir, eso de que Gray eligiera a desconocidos al azar para discutir con ellos, fuera algo habitual en él. Algo que no extrañaría a nadie, supuse.

-¿Has hablado con él? – dijo Natsu.

-¿Con quién? ¿Con Gray?

-Sí.

-Ah… sí. He estado charlando con él. – Pensaba que lo había visto todo el mundo.

-Mmm… - Al otro lado del salón, Lu reía a carcajadas, lo que hizo que Natsu esbozara una sonrisa -. ¿Y habéis discutido por algo?

-No, en realidad no. – Vacilé -. No ha sido nada.

Natsu se volvió hacia mí con el ceño fruncido. Su sonrisa había desaparecido. Me estudió durante un buen rato.

-Da igual… - Se alejó, dejándome hundida en un mar de dudas.

¿Acaso no debía haber hablado con Gray? Fue él quien me dirigió la palabra en primer lugar. Quizá yo lo miré…, pero la conversación, definitivamente, la inició él. Y también la discusión, aunque no importaba. No era culpa mía haber intercambiado impresiones con uno de los baterías más famosos del mundo. Sin embargo, recordé de repente el momento en que Gray se quedó mirando la ciudad. Había fruncido el ceño antes de burlarse de mí otra vez. Pareció haber pasado de un estado de ánimo a otro de una manera rara, casi inmediata. Y que ahora hubiera venido Natsu a preguntarme…

Aquello era raro. Verdaderamente raro.

Si tener dinero y conquistar a las mujeres lo fueran todo, Gray estaba bien servido. Había visto algunas fotos de él en la preciosa casa a pie de playa que tenía en Los Ángeles, rodeado de mujeres bastante ligeras de ropa. El dinero no compraba la felicidad, eso yo ya lo sabía, pero dada mi situación actual, saberlo no era lo mismo que comprenderlo. Además, era famoso, lo adoraban en todo el mundo y tenía un trabajo increíble con el que viajaba a todas partes. ¿Cómo era posible que ese tipo no fuera ridículamente feliz? ¿Qué le ocurría?

Buena pregunta.

-Oye, ¿a qué viene ese ceño fruncido? – Mirajane enlazó mi brazo con el suyo y me arrastró al apogeo de la fiesta -. ¿Te encuentras bien?

-Sí, claro.

-He visto que has discutido con Gray.

-Imagino que lo habrá visto todo el mundo. – Hice una mueca -. Lo siento.

Se rió.

-Tranquila, Gray vive para sacar a la gente de sus casillas.

-Sin duda conmigo lo ha conseguido.

-¿A ver si lo adivino? La llamada que recibiste es de tu amigo Lyon. – Su voz destilaba desdén. Mirajane y yo habíamos comenzado a pasar más tiempo juntas cuando Lu se casó y se mudó. Eran muchos los fines de semana que Laxus tenía que trabajar, y Mirajane era de esas personas que se aburrían cuando estaban solas. Así que solíamos salir a tomar algún café o ver una película, lo cual a mí me venía muy bien. Sobre todo porque mi relación con Sherri había ido de mal en peor durante los últimos meses. Ella me evitaba con la disculpa de que quería estar más tiempo con su novio, pero ahora dudaba de que fuera por eso.

Dios, como odiaba dudar de todo. La sensación de perder la confianza es muy incómoda y desagradable.

-La cita de Lyon le dio plantón – confesé a Mirajane -. Me pareció que Lu decía algo sobre que aquí habría pizza, ¿no? Tengo un abre…

-Espero que algún día dejes de ser el plan alternativo de ese tipo.

Enderecé la espalda.

-Mirajane, solo somos amigos.

Me acompañó hasta la cocina. Sobre la encimera de mármol había una amplia variedad de pizzas.

-Ya, claro – repuso con ironía -. Lyon es un manipulador. Es consciente de que a ti te gusta y se aprovecha de ello.

-No, no es cierto. Te repito que solo somos amigos. – Acababa de hacer el ridículo delante de Gray Fullbuster, así que pensar que me comportaba como una tonta en lo que a Lyon Bastia se refería, podía esperar a mejor ocasión.

O también podía olvidarlo por completo. Sí, eso estaría mejor.

-Si tuvieras un poco de confianza en ti misma, podrías aspirar a algo más – aseguró.

Hice un gemido vago mientras daba un bocado a la pizza con la esperanza de que fuera suficiente para poder fin a la conversación. En ese momento, mi estómago gruñó ante el olor del queso derretido. Mmm… delicioso. A la hora de comer había estado tan preocupada por la perspectiva de tener que hablar con Sherri, que me había saltado el almuerzo. Con dos cervezas y el estómago vacío, necesitaba comer algo ya. Sin embargo, las pizzas no eran como yo esperaba.

-¿Esa es de alcachofas y espinacas? – pregunté a Mirajane.

-Seguramente. – Movió la cabeza con disgusto y se sirvió una porción de pizza de jamón y piña sobre una servilleta -. Ten, cómete esta. Lucy todavía sigue obsesionada con esa idiotez de pedirlas de verduras. La quiero mucho, la verdad, pero tiene muy mal gusto en lo que se refiere a elegir los ingredientes de las pizzas. Mezcla cosas muy raras.

Mordí mi porción de inmediato, quemándome la lengua y el paladar. Algún día aprendería a esperar un poco hasta que se enfriara, pero sin duda no sería esa noche.

En el salón la música subió de repente un millón de decibelios. Comenzaron a zumbarme los oídos, las paredes se estremecieron y Black Rebel Motorcycle Club resonó en el apartamento. Alguien había elevado el volumen casi al máximo.

-¡Fiesta!

Mirajane sonrió y se acercó para que pudiera oírla.

-¡Parece que Gray ha decidido unirse a la juerga! – me gritó al oído -. ¡La verdadera diversión comienza ahora!

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Gajeel Redfox, el bajo de Fairy Tail, acababa de llegar, incrementando mi sorpresa. Gray y él comenzaron a servir copas, pero yo me quedé con mi cerveza, aún casi llena. Así tenía algo que hacer con las manos: sostenerla. A partir de aquel momento la velada fue todo lo que uno podría esperar de una fiesta de estrellas del rock. Bueno, tampoco era que hubiera drogas o grupies, pero sí gente emborrachándose y haciendo ruido. Se parecía un poco a las juergas universitarias a las que Levy conseguía arrastrarme de vez en cuando, solo que en vez de cerveza barata en vasos rojos de plástico, había botellas de Cîroc y Patrón. Casi todos los presentes usaban exclusivamente ropa de marca, y la fiesta se desarrollaba en un apartamento que costaba un millón de dólares. Así que no, definitivamente no era como las fiestas a las que acompañaba a Levy. Pero mejor olvidar tal cosa.

Estuve bailando y charlando con Lu y Mirajane. Resultó divertido. Mi vecina me había hecho un gran favor al obligarme a salir esa noche. Lo estaba pasando mucho mejor que si me hubiera quedado en casa sola. Aunque no estaba pendiente de él, noté que Gray desapareció un momento con Natsu y Gajeel y que se metían en otra habitación.

Pasé un buen rato en la cocina, hablando con un técnico de sonido que se llamaba Simon. Al parecer, trabajaba con un tal Gildarts, que acompañaba al grupo desde sus inicios, al que consideraban casi de la familia. Simon era muy guapo, inteligente, tenía el pelo negro y un piercing en el labio. Sí, sin duda me ponía a tono. Me pidió que me fuera con él a la habitación que había reservado en un hotel, y me resultó muy tentador. Pero estaba demasiado estresada para olvidar lo que pasaba por mi mente; se podría decir que hubiera necesitado que fuera un dios del sexo para que consiguiera que me relajara con él. De modo que le deseé buenas noches en la misma puerta de la cocina.

Entonces Gray regresó con sus compañeros y volvieron a subir la música. Finalmente ocurrió lo que sucede inevitablemente en todas las fiestas: las parejas comenzaron a juntarse. Natsu y Lu desaparecieron, Mirajane se sentó en el regazo de Laxus, en una esquina del sofá, y se pusieron a meterse mano. Contuve un bostezo. Sí, me lo había pasado genial, pero eran las tres de la madrugada y ya no me quedaba energía. Seguramente nos marcharíamos pronto.

O eso esperaba. Solo unas horas después me tocaba levantarme y rendir en mi trabajo. Aunque quizá sería un poco difícil, porque las palabras de Gray todavía me daban vueltas en la cabeza. ¿Yo, demasiado confiada? Sí, seguramente. ¿Yo, un felpudo? No, eso ni de coña.

-¡Gaj, colega! – gritó Gray. Estaba bailando sobre la mesita de café con una rubia de piernas largas. La joven parecía empeñada en envolverlo con su cuerpo como si fuera una enredadera. Él tuvo la habilidad suficiente para mantenerla a una distancia decente. Bueno… casi.

-¿Qué? – repuso Gajeel con una voz grave y masculina.

-¿Te he presentado a Juvia, mi novia? - Gray señaló el lugar donde yo estaba sentada, en un extremo del sofá. Me quedé paralizada. Había estado ocupado durante horas, pensaba que se había olvidado de mí por completo.

-¿Cómo? ¿Te has echado novia? – preguntó Gajeel.

-Sí. ¿A que es guapa?

Gajeel me lanzó una mirada antes de mover la barbilla, asintiendo. Su gesto resultaba muy similar al que había recibido de Natsu. Quizá era una señal secreta que solo hacían entre ellos las estrellas del rock.

-Hemos estado hablando en la terraza un rato. Creo que pronto nos iremos a vivir juntos – le informó Gray. La morena que tenía entre sus brazos frunció el ceño, pero él ni se dio cuenta. De todas formas, ¿de qué narices estaba hablando? -. Lo digo en serio, colega. Muy en serio. Tiene algunos problemas con sus amigos… La pobre es un desastre. Lo que quiero decir es que necesita mucho apoyo y toda esa mierda, ¿sabes?

Estrangulé con los dedos a la pobre botella de cerveza.

-¿Va a ser igual que lo de Nats y Lu? – se interesó Gajeel.

-Exacto. ¡Joder! Voy a sentar cabeza, colega. Soy un hombre nuevo. Me he enamorado y todas esas cosas.

-Bien. Parece interesante – aseguró Gajeel -. ¿Y cuánto tiempo crees que te durará?

-La lujuriosa pasión que siento por Juvia será eterna, Gaj. Espera y verás.

Gajeel arqueó las cejas.

-¿Estás dispuesto a hacer una apuesta?

-¡Pon tu precio, capullo!

-Mis cinco mil dicen que no conseguirás seguir con ella hasta que nos vayamos de gira.

-¿Estás de broma? ¡Apuesta algo que valga la pena, colega! Que sean veinte mil.

Gajeel soltó una carcajada.

-Serán los veinte mil dólares que más fáciles me han resultado ganar en toda mi vida.

-Entonces, ¿vas a venir a vivir conmigo? – le pregunté, interrumpiendo aquel alarde masculino de dinero. Ni siquiera le di importancia a lo que un momento antes había dicho sobre mis amigos.

-Sí, bomboncito – confirmó Gray muy serio -. Iré a vivir contigo.

Me encogí ante aquel horrible apodo, pero decido concentrarme en lo más importante.

-¿Cuándo hablamos acerca de ello? Porque no lo recuerdo…

-De hecho, es posible que te hubieras ido ya. Pero eso no cambia los hechos. – Gray se volvió de nuevo hacia Gajeel -. Es el momento perfecto, mi madre está a punto de llegar y Juvia le va a encantar. Seguro. Siempre ha querido que yo conociera a una buena mujer, sentara la cabeza y todas esas mierdas.

-Pensaba que no te gustaba Portland – comentó Gajeel.

-Y no me gusta, pero Juvia me gusta un montón. – Me guiñó un ojo -. Además, Nats no tiene ganas de regresar a Los Ángeles. Incluso Jerall ha insinuado la posibilidad de establecerse aquí. Quizá compre el apartamento de al lado. No sé.

-¿Lo dices en serio?

-Si. Por cierto, ¿has conocido ya a su nueva niñera? – Al fin Gray cambió de tema, pero no dejó de prestarme atención.

-No, todavía no – repuso Gajeel -. ¿Qué le pasó a la anterior, a aquel enorme negro?

-Ja, ja, ja. Esa no fue la última. Desde él ha habido muchas. La nueva comenzó hace un par de semanas. – Se rió entre dientes. El sonido consiguió distraerme -. Cuando Jerall no quiere tener cerca a alguien, conoce maneras muy creativas de hacerle la vida imposible.

-¡Joder! Ya me lo contarás más tarde.

Gray volvió a reírse y me miró fijamente.

-Volviendo a lo mío: hay algo muy intenso entre Juvia y yo. Quizá también me quede por aquí un tiempo.

La mirada de la morena se volvió todavía más fulminante. Estaba segura de que la mía solo reflejaba confusión. ¿Quizá se refería a otra Juvia? Una que sí supiera de qué estaba hablando, digo yo…

-¿Y a tu novia no le importa que otra mujer te sobe así? – preguntó Gajeel arqueando una ceja -. Joder, yo también necesito una novia así.

-¡Ah, mierda! Tienes razón. Sinceramente, llevará mucho tiempo acostumbrarse a esto de la monogamia. – Gray se separó sin pensárselo dos veces de la irritada morena flexionando los músculos de los brazos y la dejó con cuidado en el suelo -. Perdona. Estoy seguro de que eres muy simpática y tal, pero mi corazón late solo por Juvia. Lo comprendes, ¿verdad?

La morena me lanzó una mirada airada, hizo ondular su cabello y se dio la vuelta para marcharse. Ignorando su indignación, Gajeel la agarró por la cintura para sentarla en su regazo. A la chica no le llevó ni un segundo conformarse con el cambio. Para ser justos, debía decir que Gajeel también era muy atractivo. Pocas mujeres le dirían que no.

Gray se arrojó a mis pies, haciendo que yo me echara hacia atrás por la sorpresa.

-¡Perdóname, Juvia! No era mi intención alejarme de ti.

-De acuerdo. – No sabía cuanto había bebido Gray, pero supuse que muchísimo.

-¿Sabes que, bomboncito? – Gray se puso a mi lado en el sofá y me puso sobre sus rodillas -. Cuando miras a Gajeel no te hacen chiribitas los ojos.

-¿Y cuando te mira a ti sí? – preguntó Gajeel.

-¡Oh, sí! ¿verdad, Juvia? – Me puso un dedo debajo de la barbilla y me la subió con suavidad, obligándome a mirarlo a la cara.

Gray me escudriño fijamente y yo le sostuve la mirada a pesar de que no tenía esa intención. Su expresión se suavizó. Realmente no parecía la de un borracho. Únicamente me miró, y al instante todas esas cosas que había escuchado acerca de ver el alma de otra persona comenzaron a tener sentido. Era aterrador. Casi podía sentir cierta conexión entre nosotros. Como si pudiera extender la mano y tomar la suya físicamente. Eso era imposible, lo sé. Sin embargo, no sé cómo, fue un momento perfecto; solo contábamos él y yo. Estábamos dentro de una pequeña burbuja y no existía nadie ni nada más. Fue inquietantemente tierno.

-¿Ves? – dijo Gray, sin apartar sus ojos de los míos, y adquirió un tono muy bajito -: Sin embargo, no mira así ni a Nats ni a ti. Sus chiribitas solo son para mí. Porque soy especial.

Gajeel le dijo algo que no llegué a escuchar. Luego Gray apartó la vista y el momento íntimo se evaporó. El hechizo se rompió.

-Es muy dulce, de verdad. No puede vivir sin mí. – Volvió a dirigirse a Gajeel.

-Es evidente, colega. – Gajeel se empezó a reír.

Apreté los dientes. Gray Fullbuster y sus jueguecitos podían irse a la mierda.

-Por cierto, todavía no he conocido al cantante, a Jerall Dragneel – dije. Había encontrado la manera de luchar. Era con palabras o con puños, y dada la forma en que acababa de ponerme en ridículo delante de todos, me valía cualquiera de las dos -. Quizá eres especial o quizá solo seas el segundón. ¿No se te ha ocurrido eso?

Me miró con la boca abierta.

-Sé que no quieres decir eso.

No respondí. Solo quería comprobar si a él le gustaba ser objeto de burla.

-Juvia, no estarás tratando de ponerme celoso, ¿verdad? ¡No te gustaría nada verme celoso! – rugió el chiflado de Gray y empezó a golpearse el pecho como si fuera King Kong o El Increíble Hulk o quien demonios estuviera imitando -. Retira lo que has dicho, Vamos.

-No.

-No juegues conmigo, bomboncito. Retira lo que has dicho o te obligaré a hacerlo.

Lo miré con incredulidad. ¿Y decía que yo estaba loca, o mejor dicho, que me hacían chiribitas los ojos? Bueno, lo que fura.

Él sí que estaba loco de verdad. Se encogió de hombros.

-Muy bien, Juvia. Luego no digas que no te lo advertí.

Sin mediar palabra, se lanzó sobre mí. Solté un grito de alarma. El ruido fue increíble y la botella de cerveza saló volando por los aires.

Puedo asegurar que tengo muchas cosquillas, así que odiaba que me las hicieran. Y él no paraba de mover los dedos sobre mí, clavándomelos en los puntos más sensibles. ¡Maldición! Era como si alguien le hubiera facilitado un mapa secreto de mi cuerpo. Comencé a jadear y a retorcerme al tiempo que intentaba alejarme de él.

-Ya basta, idiota – farfullé presa de una risa que intentaba contener.

Sin embargo, la risa que emitió en respuesta fue bastante maligna.

En ese momento empecé a deslizarme por el sofá.

Lo reconozco, intentó evitar que me cayera, e incluso usó su propio cuerpo para impedirlo. Me agarró para darme la vuelta en vez de para torturarme, y caímos al suelo en un enredo de brazos y piernas. Por suerte, yo aterricé encima. Gray soltó un gruñido cuando su cabeza golpeó contra el suelo.

¡Uy! Eso debió dolerle.

A pesar del impacto, siguió apretándome entre sus brazos, estrechándome contra él. Sentirlo debajo de mi cuerpo era bueno, mucho mejor de lo que podía haber imaginado. De hecho, mi imaginación se había quedado muy corta en la terraza. Me miró sin parpadear, con los labios un poco separados. Me dio la impresión de que estaba esperando a ver qué era lo que yo hacía a continuación. Si llevaba las cosas más lejos… Así que me concentré en la respiración, hasta que me miró directamente a los labios.

Dejé de respirar.

No podía querer que lo besara. Sn duda, se trataba de otro jueguecito más, salvo que no lo parecía, al menos no lo parecía del todo. Notaba como su miembro se estaba poniendo duro contra mi muslo. Mis zonas bajas se tensaron en respuesta. Hacía años que no sentía nada parecido.

¡A la mierda con todo! Me apetecía ir a por ello. Tenía que conocer el sabor de esos labios. En esos momentos lo que estaba fuera de toda cuestión era no besarlo.

-¡Gray, no! – Lu nos estaba mirando, tumbados en el suelo, con una expresión de profunda consternación -. ¿Qué haces? Suéltala. Con mis amigas, no. Me lo prometiste.

Cualquier señal de tensión sexual se desvaneció cuando la vergüenza me inundó. Todos a nuestro alrededor se reían. Bueno, todos menos Natsu y Lu, que, por desgracia para mí, habían elegido ese momento para regresar al salón.

-Por favor, tu amiga y yo estamos destinados a estar juntos. Acéptalo. – Gray me apretó por un instante -. ¿Sabes?, yo pensaba que eres de esas personas que reconocen el amor verdadero cuando lo ven. Me decepcionas profundamente, Lucy.

-Suéltala, Gray.

-Nats, controla a tu esposa, está pasándose al montarme esta escena. – Con aquella distracción, Gray aflojó su agarre y yo me las arreglé para liberarme. Por suerte para él, no le puse la rodilla en la ingle.

-Eres tú el que está tirado en el suelo, colega – replicó Natsu.

-No-con-mis-amigas – repitió lentamente Lu con los dientes apretados.

-Por cierto, Lucy, llevas la camiseta del revés – comentó Gray, curvando los labios en una media sonrisa -. ¿Qué habéis estado haciendo?

Lucy cruzó los brazos sobre el pecho mientras sus orejas se ponían rojas. Natsu no se molestó en reprimir una sonrisa.

-Lo que hemos hecho no es asunto tuyo – replicó Natsu con la voz ronca.

-Que asco dais… - Gray se levantó y luego me tendió una mano para ayudar a ponerme de pie -. ¿Estás bien? – me preguntó.

-Sí. ¿Y tú?

Esbozó una sonrisa tonta al tiempo que se frotaba el cuero cabelludo.

-Seguramente me dolería la cabeza si pudiera sentir algo – dijo, ya más calmado.

Ahí estaba la respuesta que buscaba: estaba borracho y yo solo había sido una diversión. Cualquier señal romántica que hubiera detectado era cosa mía. Sí, sin duda era la historia de mi vida. Una vez más, mi imaginación me jugó una mala pasada.

Por fin las risas cesaron, aunque seguíamos siendo el blanco de todas las miradas.

-Gray, ¿es tuya la cerveza que está derramada por el suelo? – preguntó Lu, señalando el desastre que había causado mi botella.

Gray respondió antes de que yo pudiera abrir la boca.

-Sí, es mía. Pero no te preocupes, ya lo limpio ahora. – Se quitó la camiseta y se puso de rodillas para absorber el líquido con ella. Ante mis ojos aparecieron músculos duros y una piel bronceada. Muchísimos. Tenía un tatuaje en la espalda, una escena en la que un pájaro levantaba el vuelo con las alas extendidas, abarcando la anchura de sus hombros. Un suspiro colectivo recorrió el salón ante su imagen: medio desnudo de rodillas. No fui la única que suspiró, lo juro. Aunque confieso que contribuí de buena gana.

-¡Por Dios, Gray! – intervino Mirajane, riendo -. Vístete antes de que alguna se desmaye.

Él alzó la mirada y sonrió.

-Creo que ha llegado el momento de que nos vayamos – Mirajane se levantó del regazo de Laxus -. Ha estado bien. Pero, a diferencia de vosotros, músicos perezosos, mañana tenemos que madrugar para ir a trabajar.

-¿Qué? ¿Ya? ¿Vas a llevarte a mi Juvia? – preguntó Gray a Mirajane con una triste mueca en los labios. Se levantó, dejando la camiseta empapada en el suelo -. No puedes llevártela. La necesito para hacer… cosas privadas. En mi habitación.

-En otra ocasión. – Mirajane le dio una palmada en la espalda.

-Juvia, quédate a jugar conmigo.

-No – repitió Lu.

-Gray, buenas noches – me despedí.

No sé si él lo decía en serio o no. Pero no había ni la más mínima posibilidad de que me arrastrara fuera de su cama por la mañana e hiciera la salida de la vergüenza por el pasillo de mi amiga. Ni soñarlo.

-Juvia, bomboncito, no me dejes – gimió.

-Venga, vete. – Lu me empujó hacia la puerta -. Cuando se pone así, es imposible. Si no lo conociera, juraría que no recibió suficientes abrazos cuando era niño.

-Me alegro de haberte visto de nuevo, Lu – me despedí.

-Yo también. – Me dio un beso rápido en la mejilla.

-Necesito terapia sexual – empezó a quejarse Gray detrás de nosotras, y acto seguido se puso a bailar. Sus movimientos consistían en mover la pelvis mientras su mano surcaba el aire, como si estuviera danto unas palmadas en algún trasero. El oh sí y el más duro, nena solo hizo que fuera mejor. No creo que ninguna mujer presente pudiera pasar aquello por alto. Aquel hombre sabía como mover la pelvis. Vaya que sí.

-Necesitas controlar tus impulsos y una buena taza de café. Eso es lo que necesitas – intervino Natsu, frunciendo el ceño. Empujó a Gray con una mano y puso fin al espectáculo porno de baile -. Mejor dicho: ¿cuánto tiempo llevas sin dormir una noche de verdad?

-Dormiré con Juvia.

-No, no lo harás.

-Sí. Claro que lo haré. – Alzó una mano -. Soy Gray, ¡el dios del sexo!

Natsu murmuró una grosería por lo bajo y fue a por él. Al instante, Gajeel se levantó del sofá, tirando a la morena al suelo. La pobre no estaba teniendo la mejor noche de su vida.

-Ya has oído a Lu – advirtió Natsu, con cara de pocos amigos, pegando la nariz a la de Gray -. No con sus amigas. ¿Está claro?

La expresión de Gray se endureció.

-¿Me estás impidiendo que tenga sexo, Nats?

-Sí.

-Eso no está bien, colega.

Gajeel le pasó un brazo por los hombros y le revolvió el pelo.

-Ven, vamos a buscarte otro juguete.

-¡Hey, que no soy un niño! – protestó Gray haciendo pucheros exagerados.

-¿Qué te parece esta? – Gajeel señaló a una rubia que sonrió y meneó las caderas en respuesta -. Apuesto lo que sea a que le encantaría conocerte, Gray.

-Oh… como brilla.

-¿Por qué no le preguntas cómo se llama? – sugirió Gajeel, dándole una palmadita en la espalda a su amigo.

-¿Es necesario que sepa su nombre?

-He oído que suele ayudar.

-Quizá a ti sí – se burló Gray -. Yo sólo grito mi propio nombre cuando me corro.

La habitación estalló en risas. Incluso Natsu no se pudo contener y curvó los labios.

Pero estaba claro: cuando se trataba de mujeres, a Gray le valía cualquiera. Había visto más que suficiente para asegurarlo. Natsu y Lu me habían hecho un gran favor al alejarlo de mí. No eran celos lo que me retorcía el estómago cuando veía cómo miraba a otra mujer. No sé que era, pero sin duda era otra cosa.

Estaba siendo la noche más rara de mi vida. La ganadora absoluta de todas mis veladas.

Apenas podía esperar a llegar a casa para contárselo a Sherri. Iba a partirse de risa. ¡Oh, mierda! No, ya no lo podía hacer. Las payasadas de Gray habían hecho que me olvidara por completo de ella. Por sorprendente que pareciera, y a pesar de lo pesado que había sido, consiguió hacerme reír. Y eso era todo un logro.

Aquel hombre volvió a acordarse de mí estando entre Lu y Mirajane, casi como si necesitara que ellas me protegieran de él. Quizá fuera así. Lo único que sé es que cuando me miró, mi mente se quedó en blanco.

¿Qué tenían los tipos malos? Alguien debería encontrar una cura contra ellos.

El objeto de mis pensamientos me guiñó un ojo.

-Hasta luego, chiribitas – me dijo, mientras salía por la puerta.

Sé que esta no es la imagen que se suele tener de Gray, pero no me digais que no es divertido.

¿Un review? :)