Capítulo 4
-La muy zorra me ha eliminado – dijo Lyon, con la mirada clavada en el ordenador de la librería, sentado detrás de un mostrador. En la pantalla se podían ver los relucientes tonos azules de Facebook.
-Menuda zorra… - murmuré por lo bajo.
Le habíamos puesto otro nombre a Sherri, uno que no era demasiado bueno. Merecido, pero nada bueno.
Desde aquel instante empezamos a llamar a todos los que podían saber dónde se encontraba. Por suerte, hasta el momento estaba siendo una mañana de sábado tan tranquila como siempre. Sin embargo, no estábamos teniendo suerte con nuestras averiguaciones. La gente no sabía nada de ella, o quizá no nos lo quería decir. Cada uno de sus amigos parecía lamentar la situación, aunque eso no nos servía de ayuda. En absoluto. A veces los seres humanos son una mierda.
-Creo que deberíamos dejarlo – comenté.
-¿Por qué? ¿Qué pasa?
-Piénsalo un poco. Siendo realistas, imagínate que la encontramos, ¿qué puedo hacer? – Crucé los brazos y apoyé la cadera en el mostrador. Fue la única pose que se me ocurrió en ese momento para conservar la dignidad -. Empezar a darle puñetazos hasta cansarme sería ilegal. A pesar de lo satisfactorio que sería vengarme de ella, así no recuperaré mi dinero. Y tampoco tendría sentido ir a la policía, porque sería su palabra contra la mía. Reconócelo: estoy perdida.
-Oh, Juvia… Esa es la actitud de derrota que conozco y adoro.
-Venga, ya basta. – Sonreí.
Lyon me devolvió la sonrisa y unas pequeñas arruguitas aparecieron en las esquinas de sus ojos, detrás de las gafas cuadradas de pasta negra que le hacían parecer un tipo bueno y encantador. Clavé los ojos en el hoyuelo que le apareció en la mejilla. Tenía una sonrisa muy atractiva; daba igual cuántas veces la viera, nunca lograba acostumbrarme. Sin embargo, si lo pensaba bien, no me volvía loca como la pícara sonrisa presumida de Gray.
Mmm… interesante pensamiento.
Aunque tampoco era recomendable tener en cuenta a un hombre que me dejaba la mente en blanco, totalmente a merced de mis revolucionadas hormonas. Al contrario, Lyon y yo manteníamos una amistado sólida. A pesar de que, por alguna razón desconocida, no sentía la familiar emoción que me embargaba cuando estaba con él, Lyon era real, y a Gray apenas lo conocía; era solo un sueño que estaba anclado a la pared de mi habitación adolescente.
Pero ¿desde cuando comparaba la sonrisa de Lyon con la de otro hombre?
-¿Qué tal estuvo la fiesta de anoche? – me preguntó Lyon al tiempo que se pasaba la mano por el pelo de aquella manera tan adorable. El cabello le cayó sobre la frente, haciéndome pensar en los preciosos bebés que tendríamos juntos algún día. No es que pensara en el matrimonio; sin duda, eso no era para mí. La Iglesia en sí no significaba nada para mí, así que prefería vivir en pecado. Siendo compañeros en el largo camino de la vida. Sí, Lyon sería un compañero perfecto. La noche pasada, cuando Mirajane insinuó que yo sentía algo por Lyon, era posible que tuviera razón.
¡Oh, Lyon!
Comencé a trabajar en la librería Bastia cuando me mudé a Portland dos años atrás. Levy me había pedido que me trasladara durante un tiempo para ayudarla a instalarse… y aquí me quedé. Me gustaba vivir cerca de mi hermana, y además Portland me pareció una ciudad maravillosa. Me encantaba mi trabajo, estaba haciendo buenos amigos… Sin duda, todo era mucho mejor aquí.
-¿La festa…? Ah, sí. Mirajane me invitó a una fiesta informal en el nuevo apartamento de Lu – expliqué a Lyon.
Me miró con algo que parecía sorpresa.
-¿Estás hablando de la chica que se casó con el miembro de los Fairy Tail, Natsu Dragneel?
-Sí, esa misma.
-¿Y por qué no me invitaste? ¡Joder, Juvia! Me gustan algunas de sus canciones. Ese disco suyo, San Pedro, estaba fenomenal. Aunque sus nuevas canciones me parecen una mierda, sinceramente.
-¿Sí? Pues yo adoro el último disco. Over me es una canción preciosa.
Se rió por lo bajo, curvando los labios.
-Juvia, por favor, ¡habla de que alguien se lo está montando con su mejor amigo!
-Yo no presto mucha atención a las letras.
Se abrió la puerta y entró una mujer mayor con una blusa hippie y se dirigió a la sección de Autoayuda y Filosofía. En ese momento dos adolescentes empezaron a besarse al lado de los libros de cocina. Aunque resultaban muy tiernos, no era el lugar más apropiado para ello, la verdad. Cuando que vi que comenzaban a meterse mano, carraspeé de forma contundente. Me miraron algo avergonzados.
-Chicos… Las manos por encima de la cintura, ¿de acuerdo?
La campanilla de la puerta comenzó a tintinear con frenesí cuando salieron zumbando de la librería. El muchacho parecía haberse puesto muy colorado y casi lo lamenté por él. Imagino que solo estaba intentando hacerlo bien con su chica.
Lyon se rió entre dientes. Claro que se reía; él ligaba continuamente dentro de la librería, le parecía un excelente lugar para conocer mujeres. Aún así, era un hábito que esperaba que desapareciera algún día no muy lejano.
-Vamos, Juvia… No le hacían daño a nadie.
-No era el momento ni el lugar apropiado.
La campanilla volvió a sonar, dando paso a la última persona que esperaba ver allí. Lucy se aproximó con una taza de café en la mano y una sonrisa tímida en la cara. A pesar de que trabajaba a solo dos manzanas de allí, no recordaba que hubiera pisado nunca la librería. De lo que sí estaba segura es de que nunca me había traído un café, si es que eso era lo que estaba a punto de ocurrir.
La miré, sorprendida.
Lyon se enderezó, sorprendido y visiblemente animado. Luego vio el enorme anillo de compromiso y dejó caer los hombros. Al vivir al otro lado del río, Lyon no era cliente de Ruby's Café, así que no conocía a Lu.
-Hola, Juvia. Te hemos echado de menos esta mañana – me dijo, poniendo la taza de café sobre el mostrador, frente a mí -. Así que como no has pasado a por tu café, te lo he traído yo misma.
-Oh, Lu. No deberías… Eres muy amable. Es que hoy me he levantado tarde.
-Lo he supuesto. – Sonrió.
Tomé un sorbo de aquella bebida calentita. Mmm… Estaba en su punto. Un café perfectamente preparado. Lucy era una maga con los granos de café. ¿Qué haría yo cuando ella se fuera de gira con el grupo dentro de un par de semanas? No lo quería ni pensar. Seguramente, llorar amargamente.
Lu se había recogido la larga melena rubia en una bonita trenza. Al igual que yo, iba vestida de negro de pies a cabeza, solo que ella llevaba una falda de tubo, mientras que yo me había puesto unos pantalones negros ceñidos. Sobre sus generosos pechos aparecía el letrero RUBY'S CAFÉ, y encima de los míos – que no se quedaban atrás – se podía leer LIBRERÍA BASTIA. Si no fuera por el pedrusco tan brillante que llevaba en el dedo, sería una chica cualquiera de barrio. Pero ¿por qué seguí trabajando en una cafetería cuando estaba casada con un millonario? No me cabía en la cabeza, aunque sinceramente tampoco era asunto mío.
Me di la vuelta para presentarle a Lyon, pero él ya había desaparecido en la trastienda. Cualquier interés que hubiera tenido en ella, desapareció en cuanto vio el anillo de casada.
-Además… quería pedirte perdón por lo que ocurrió anoche – añadió Lu, apoyando los brazos en el mostrador.
-¿Por qué?
-Aquella escenita de Gray… No estuvo bien que cayera al suelo contigo. ¿O hay algo más que yo no sepa por lo que también debería disculparme?
-¡Oh, no, no…! ¡Qué va! – Le quité importancia a sus palabras con un gesto; si no se había enterado de que le grité a su amigo, tampoco era necesario que yo se lo dijera -. No pasa nada, Lu. Solo estaba jugando conmigo.
-Bueno. Me alegro. Gray es como un cachorrillo, pero con esteroides. No controla su fuerza. – Miró a su alrededor con curiosidad -. Oye, me gusta este sitio. ¿Por qué no había entrado antes?
-Seguramente por falta de tiempo. Te pasas el día trabajando y estudiando. Y a estas horas ya estás cansada, ¿verdad?
-Cierto. – Sonrió muy animada -. Me alegró mucho verte ayer por la noche, Juvia. Y me alegro mucho de que Gray no te haya hecho daño.
-No, en serio, estoy bien. Muchas gracias por el café. Lo necesitaba, de verdad. No sé cómo eres capaz de levantarte tan temprano después de estar hasta las tantas de fiesta.
Se encogió de hombros.
-La fiesta acabó justo después de que os fuerais. Gajeel y Gray se largaron, arrastrando con ellos a todos los demás. Natsu y yo caímos rendidos en la cama. Pero no vayas a pensar que damos fiestas todos los días. Si fuera así, no podría con mi alma.
-Ah…
-Bueno… Natsu me ha comentado que te vieron hablando con Gray en el balcón… - Mmm… Comenzaba a encontrarle una razón a que me hubiera traído el café.
-Sí, es cierto – confirmé, algo esquiva -. De hecho, cuando volví a entrar, Natsu me preguntó sobre esa conversación. Pero no llegué a saber qué quería averiguar.
-Mmm… - Lu apretó los labios.
-¿Ha sido él quién te pidió que me preguntaras? – adiviné. Y no iba desencaminada si me fiaba del destello de culpabilidad que brilló en sus ojos.
-De todas formas, me alegro de haberte traído el café, te lo mereces. Y sí, él me ha pedido que te pregunte.
-Está bien. – Me humedecí los labios para ganar tiempo y ordenar mis pensamientos. Sin embargo, fuera del alcance de su mirada, yo no podía dejar de mover el pie, que amenazaba con hacer un agujero en el suelo -. Sinceramente, no hablamos demasiado. Y la conversación no se centró en nada personal ni privado. Solo comentamos algo sin sentido sobre la faena que me ha hecho mi compañera de piso.
-Vaya. Es verdad. Mirajane me lo comentó. – En los ojos de Lu apareció una mirada de empatía.
Me encogí de hombros.
-Ya, no importa. Me las arreglaré. Volviendo a lo que te preocupa, Gray y yo no hablamos sobre él. ¿Sabes? Sobre todo se dedicó a tomarme el pelo.
-Es lo que suele hacer. – Me miró durante un buen rato, supuse que tratando de averiguar si lo que le decía era cierto. Era evidente que estaba preocupada por Gray, pero el hecho era que ella y yo no nos conocíamos lo suficiente como para intercambiar intimidades, y estaba comenzando a sentirme incómoda.
-Gracias por contármelo – suspiró Lu -. Gray está actuando de una forma muy rara desde que regresó, hace una semana. No sé… Está más histriónico que de costumbre, y luego de repente se queda ensimismado, mirando al infinito. Hemos intentado hablar con él, pero siempre asegura que no le pasa nada.
-Lo siento.
-No sabemos si está deprimido, si está tomando drogas o qué… Pero después de que Jerall tuviera que someterse a una rehabilitación hace tan poco tiempo… - Esbozó una sonrisa triste -. Te agradecería que esto no se lo contaras a nadie.
-Por supuesto, tranquila.
-¡Bueno! Lo mejor es que ya he terminado por hoy. Me voy a casa ya. Natsu estará preguntándose dónde me he metido. Me alegro de haber venido a verte, Juvia.
-Yo también.
-Y vuelve pronto por casa, ¿de acuerdo? – Se dirigió a la puerta, donde se despidió con la mano. Su invitación parecía sincera, y eso sosegó mi corazón. Después del desengaño sufrido con Sherri, pensé que aún me quedaban buenos amigos.
-Lo haré. ¡Gracias por el chute de cafeína! – exclamé mostrándole el café que me había traído.
Levantó la barbilla tal y como hacían las estrellas del rock y luego se marchó.
Al cabo de un rato Lyon apareció con su propia taza de café.
-¿Ya se ha ido tu amiga?
Regresé de nuevo a la realidad, relegando al fondo de mi mente todas las preguntas que de repente me surgían sobre Gray. Parecía que suponía toda una distracción, a pesar de las dificultades que estaba encontrándome.
-Sí, Lu tenía que volver ya al trabajo.
-Tienes el ceño fruncido. ¿Sigues preocupándote por la zorra de tu ex amiga?
Moví la cabeza para asentir, aunque era mentira. Bueno, no era realmente mentira. Siempre me preocupaba por todo. Gray se había equivocado: no es que estuviera siempre tensa, solo preocupada. Y ahora mismo lo que me inquietaba era él. Bebí un poco más de café al tiempo que intentaba borrar las arrugas de mi frente.
-Venga, ¿por qué no trabajamos un poco, jefe?
-¿Ves? Por eso mismo deberías ser tú la jefa. – Lyon soltó un dramático suspiro.
Él era licenciado en empresariales, mientras que yo solo había terminado secundaria. Sin embargo, de los dos, era la que demostraba más ética laboral. Cuando mi madre se enfrentó a sus peores días, después de que mi padre nos abandonara, no fui capaz de dejarla sola. Lo supe el día que regresé a casa y me la encontré alineando en su mesita de noche una larga fila de pastillas para dormir y codeína. Así que decidí quedarme en casa, con un programa de escolarización a domicilio. Una vez vinieron los de Servicios Sociales a comprobarlo, pero hicimos un simulacro bastante aceptable y acabaron creyéndoselo. A pesar de aquello, me aseguré de que Levy asistiera a todas las clases en el instituto.
Lyon dejó una caja con libros encima del mostrador para que les pusiéramos el precio.
-Anda, cuéntame algo más sobre la fiesta de anoche – dijo, sacando el primer montón.
-Ah, pues he conocido a un par de miembros del grupo. Fue muy guay.
-¿Pudiste hablar con ellos? – Lyon me miró con expresión de éxtasis. Por lo general nuestras conversaciones en la librería se limitaban a sus aventuras y las insinuaciones de broma que me lanzaba. Mi vida era aburrida, según él, claro; para mí no. Y todo, porque yo pensaba que no era necesario tirarse a cualquier bicho viviente para mantener una conversación interesante. Quizá esa era la razón de que no estuviéramos juntos. Nuestras ideas sobre la diversión eran muy diferentes, casi opuestas.
Pero aquel día mis pensamientos eran bastante amargos y retorcidos.
¿Dónde había dejado mi sonrisa? Seguramente en la puerta del apartamento, donde desapareció dieciséis horas antes. Aunque, a decir verdad, Gray Fullbuster la hizo reaparecer por arte de magia antes de soltarme aquella lista sobre mis supuestos defectos. Aun así, pensar en él hacía que me sintiera más ligera.
¡Qué sensación tan rara!
Levy seguía sin responder a mi mensaje, pero no me sorprendía. El estilo de vida universitario la mantenía muy ocupada. Aunque también podía ser que se hubiera olvidado de cargar el móvil. Sin embargo, sabía que podía contar con mi hermana siempre que la necesitara. Con ella y con el suelo de su habitación. También le dejé un mensaje al propietario del apartamento, y tampoco me había respondido. Incluso aunque encontrara una compañera de piso con rapidez, me temo que no iba a poder pagar mi parte del alquiler. Estaba llegando el momento de admitir mi derrota, le gustara o no a Lyon: había llegado el momento de mudarme.
Hablando de él, agitó una mano ante mi cara, posiblemente para bajarme a la realidad.
-Juvia, venga, cuéntame algo más. ¿Llegaste a hablar con ellos o qué?
-Lo siento. Sí, hablé con un tal Gray, el batería.
-¿Ah, sí? ¿Sobre qué?
Otra vez. Parecía que esa era la pregunta del día.
-Pues… de nada en particular. Estaba ocupado. Había mucha gente en la fiesta. – Por alguna razón, a él no quería contarle nada más. En realidad había varias explicaciones: para empezar, era raro hablar con Lyon sobre otro hombre. Además, hice el ridículo de una manera increíble con Gray Fullbuster, ahora me daba cuenta. No existe la conexión instantánea con nadie; nadie ve el alma de otra persona. Sin duda, mi imaginación tan desmesurada hizo horas extras la noche anterior -. Pero, ¿sabes? Natsu Dragneel me ha parecido un tipo muy agradable. ¡Ah, sí! Gajeel también estaba presente, pero no hablé con él.
-Vaya, estás presumiendo de haber conocido a gente famosa. – Se rió por lo bajo.
Le di un codazo en las costillas.
-Oye, ¡has sido tú el que ha preguntado! No estaría presumiendo de nada si no estuvieras cotilleando.
-De acuerdo, de acuerdo. Tienes razón, no me pegues más. Entonces, ¿qué, vas a poder colarme en la próxima fiesta?
-Dudo mucho que asista a otra, Lyon. Que estuviera en esta ha sido pura casualidad.
-¡Pues vaya! ¿Para qué me sirves, entonces? – bromeó.
La mujer con la camisa estilo hippie se acercó al mostrador arrastrando los pies. Llevaba un ejemplar de El Alquimista en la mano.
-Es un libro magnífico. Estoy segura de que le gustará. – Le cobré y le entregué la compra para que la guardara en una bolsa reutilizable. ¿Hay algo mejor que alguien se vaya a su casa con un libro que te encanta? No, definitivamente no lo hay.
Me volví hacia Lyon, que estaba guardando los recibos de las tarjetas de crédito.
-¿Quieres que pasemos un rato juntos esta noche? – le pregunté -. Si no tienes nada que hacer, puedo intentar perfeccionar mi Martini.
-Mmm… Todavía no lo sé. He conocido a una chica y me gustaría quedar con ella.
Claro, por supuesto…
-Perooo… - alargó la palabra -, si no sé nada de ella, me pasaré por tu casa a beber ese maravilloso Martini. ¿Te parece bien?
Noté una opresión en el pecho. De nuevo, mi estúpido corazón. Forcé una sonrisa.
-Claro, Lyon, como si no tuviera otra cosa que hacer que estar esperándote toda la noche.
-¡Perfecto…! – dijo. Y no supe si estaba bromeando o no.
Me pregunté qué demonios me pasaba, qué estaba buscando y por qué. La respuesta más simple era que perseguía un sueño porque era simplemente estúpida. Quizá Gray tenía razón y permitía que todo el mundo me utilizara. Había cuidado a mi madre durante tanto tiempo, que ya se había convertido en una costumbre.
Lyon se puso a escribir en su teléfono móvil con una sonrisa tonta en la cara.
-¡Guau, sí! ¡Quiere quedar conmigo! – confirmó casi aullando -. Juvia, por favor, necesito que me hagas un favor enorme. ¿Puedes cerrar esta noche tú, ya que no tienes planes?
-De verdad, Lyon, debería decirte que no. No soy una colgada, ¿sabes? Tengo ciertos límites. – No importa lo que hubiera dicho al respecto Gray Fullbuster.
-Oh, lo siento. Perdóname. No debería habértelo pedido. Y respeto tus límites, de verdad. Soy un capullo, y tú una pedante que conoce a gente famosa y asiste a las fiestas de las celebridades. ¿Podrás perdonarme? – No parecía arrepentido, solo desesperado. Pero fuera como fuese, era Lyon, el tipo que me había ofrecido su sofá la noche pasada cuando de repente me encontré en estado de emergencia.
Además, ya era hora de que me enfrentara a los hechos: él estaba en lo cierto, yo no tenía planes para esa noche.
-De acuerdo, cerraré yo – repuse, aunque el resentimiento me quemaba el alma.
La sensación que me quedaría al final sería una profunda tristeza. Quizá debería comprar chocolate o alcohol de camino a casa. Ese sería un buen destino, el más inteligente, para el dinero que había conseguido haciendo horas extras. Martini y chocolate… ¡allá vamos!
-Gracias, Juvia. Te debo una – dijo, dándome un beso cordial en la mejilla.
-No te preocupes. Como decías, tampoco iba a hacer nada especial.
No pensaba volver a ver a Gray.
Hola! Cómo habeis llevado la esper?
Un review :)?
