ESTOY DE VUELTA! Sé que he tardado mucho en este capítulo pero creo que merece la pena.
A leer :)
Capítulo 5
Había algo raro en el ambiente. Otra vez. Lo supe en cuanto crucé la puerta.
Por la tarde el trabajo se multiplicó por dos. No me quedó tiempo para preocuparme ni para recrearme en pensamientos negativos ni desoladores. Sin duda, eso fue muy bueno para mí. Pero estaba increíblemente cansada. Haber dormido solo dos horas y el estrés que estaba pasando por la falta de dinero, me habían dejado exhausta. Cuando salí de la librería el viento helado me congeló la cara, especialmente la punta de la nariz. Cualquier esperanza que me quedara de llevar a la práctica mi superplan de chocolate y martini se desvaneció. Lo único que me apetecía era darme un largo baño caliente y dormir. Se convirtió en mi único deseo para esa noche. De hecho, me parecía lo más maravilloso.
En el momento que introduje la llave en la cerradura, la puerta se abrió sola. Ni siquiera estaba cerrada. Perdí el equilibrio, y en la oscuridad caí justo encima de un torso dura, caliente y cubierto de sudor.
Solté el aire.
Y él gruñó.
Unas manos fuertes me sujetaron por la cintura para que no acabara en el suelo. Una suerte, porque si no hubiera sido por eso, me habría caído de bruces. ¿Me había equivocado de apartamento? Después de todo, mi mente llevaba ya varios días a años luz de la realidad. Sin duda, era lo único que explicaría que me encontrara apoyada contra aquel cuerpo tan robusto y, por cierto, tan magnífico.
¿Desde cuándo olía tan bien el sudor?
Tuve que reprimirme para no frotar mi nariz contra él e inhalar. Olisquearlo un par de veces tampoco sería para tanto, ¿no? Sobre todo si lo hacía con discreción.
-¡Juvia, amiga mía…! – El pectoral vibró debajo de mi mejilla -. ¡Bienvenida a casa!
Conocía esa voz. La reconocí de inmediato. Pero ¿qué demonios hacía ese tipo en mi apartamento, y a oscuras? Encendí la luz.
-¿Gray? – Aturdida, aparté la cabeza para mirar su hermoso y familiar rostro.
-Pues claro que soy yo. – Soltó una carcajada -. ¿Estás drogada o qué? No deberías tomar esas cosas. No es bueno.
-¿Qué dices? Yo no me drogo. – Aunque esas sustancias podrían explicar lo que veían mis ojos. Porque lo que había ante ellos resultaba surrealista -. Gray, estás aquí…, en mi casa…
Sin duda. Lo estaba. Lo sabía porque tenía las manos todavía sobre su cuerpo medio desnudo. Mis hormonas enseguida tomaron el control y me impidieron alejar los dedos. ¿Quién podía reprochárselo?
-Lo sé, bomboncito – replicó -. ¿No es estupendo?
-Sí, estupendo.
Movió la cabeza, asintiendo, mientras yo lo miraba. ¿Cómo había entrado? Quizá no cerré la puerta cuando me marché.
-¿Qué tal en el trabajo? – preguntó.
-Bien. Gracias, pero…
-Llevo horas esperándote – aseguró con una sonrisa.
-Ya. Es que me tocó hoy cerrar y llegaron algunos clientes justo en el último minuto. Pero ¿qué haces en mi apartamento sin camisa? ¿Cómo has entrado aquí?
-Es que sudé un poco al mover algunos muebles. – Estiró el cuello, haciendo ondular los músculos -. Además, vives en un segundo piso, ya sabes, y las escaleras cuestan lo suyo. Laxus y Mirajane me echaron una mano al principio, pero luego tuvieron que marcharse. De todas formas, tampoco eso importa, ¿no crees? ¿O es que tengo que seguir alguna norma específica a la hora de vestirme?
Seguí mirándolo. Las palabras salían de su boca, pero no tenían ningún sentido. Nada tenía el más mínimo sentido.
Me estudió con los ojos entornados.
-Un momento, un momento. Estoy sin camisa y no te hacen chiribitas los ojos. ¿Qué te ocurre?
-Bueno, supongo que estoy demasiado sorprendida de que estés aquí. Y cansada.
Bajó las cejas al tiempo que la comisura de los labios. Sin duda parecía decepcionado.
-Juvia, llevo esperándote todo el día… No importa. Ven, echa un vistazo. – Me hizo entrar en el apartamento, mi apartamento, y cerró la puerta sin haber respondido a mi pregunta. Seguía sin saber qué hacía allí. Sin embargo, lo que más me molestó fue la forma en la que apartó mis manos de su cuerpo. Parecían estar llorando por él… Era eso o que me sudaban las palmas. Seguramente se tratara de esto último. Gray tenía un efecto muy extraño en mí -. ¡Tachán! – cantó haciendo un gesto grandilocuente con los brazos para mostrarme el pequeño salón.
-Guau!
-Es magnífico, ¿verdad?
-Desde luego.
-¡Sí! Sabía que te iba a encantar.
Volví a mirar y luego me froté los ojos, que empezaban a dolerme. Seguramente era por lo hinchados que los tenía, pero no estaba segura.
¿ué demonios había pasado?
-¿Te… te has venido a vivir conmigo? – No encontraba otra explicación a que hubiera una batería en un rincón, por no hablar de todo lo demás. Aquello parecía oficial: acababa de entrar en una dimensión desconocida -. ¿Es eso?
Hizo una mueca y se balanceó sobre los talones.
-Ya sé lo que vas a decir: que todo va muy rápido. Pero es que, ¿sabes?, Nats me ha echado de su casa, así que pensé que ¿para qué esperar más?
Bajé la vista a sus Chuks y parpadeé. El resto de mi cuerpo estaba demasiado paralizado para responder.
-De acuerdo – continuó -. Es una larga historia. La cosa es que he pillado a Lu desnuda, pero ha sido sin querer. – Levantó las manos con un gesto de inocencia -. Ha sido solo el lateral de un pecho, te lo juro. No le he visto el pezón ni nada. Pero ya sabes cómo es Natsu en lo que a ella respecta, siempre tan dramático… Se puso como un loco y perdió los papeles por completo.
Moví la cabeza para asentir, realmente fascinada. En realidad no entendía nada, pero debía dar alguna respuesta. Mientras tanto, él seguía hablando.
-¡Exacto! Como si fuera culpa mía… Además, ¡ha sido en la cocina! Quería ir a buscar algo de comer y allí estaban ellos, haciéndolo contra la pared. Ni siquiera sabía que ella había vuelto del trabajo. ¿De verdad piensan que me interesa ver cómo se lo montan? Es como pillar a tus padres. Aunque, bueno… Lu tiene unas tetas de infarto. – En sus ojos apareció una mirada culpable -. De acuerdo, es posible que haya visto un pezón de refilón… pero, de verdad, lo prometo, ¡no era mi intención! No es culpa mía que ella estuviera desnuda. De todas formas, Nats se puso como una fiera.
-¿De verdad?
-¡Oh, sí! Estaba muy cabreado y ha soltado algunas palabras fuertes. Confieso que incluso nos hemos pegado un poco. De todas formas, le he perdonado. El amor a veces te vuelve un poco loco.
-Cierto… - Sin duda era un sentimiento que no me importaba admitir. Cuando a los dieciséis años mi novio rompió conmigo, mi mundo se vino abajo. Por no hablar de mi madre, que se derrumbó cuando mi padre nos dejó.
-Mmm…
-Entonces, ¿te has venido a vivir aquí, conmigo? – pregunté para que continuara con la historia.
Se encogió de hombros.
-Pues sí.
-Solo quería confirmarlo. Te has mudado aquí, a mi apartamento. Pero insisto: ¿cómo has podido entrar? Es simple curiosidad.
-¿Hay algún problema? – indagó con un largo suspiro -. Venga, Juvia. Ya hablamos de esto ayer por la noche. Si no querías que viniera a vivir aquí, deberías habérmelo dicho entonces, no ahora.
-Es que pensé que era una broma.
-Amiga mía… Me parece muy mal que pienses eso. ¿Me crees capaz de bromear sobre algo tan importante?
-Estabas borracho.
-Siempre se me ocurren las mejores ideas cuando estoy bajo la influencia del alcohol.
-Pensé que ni siquiera lo recordarías.
-Oh, vuelves a ofenderme – me advirtió -. No soy un adolescente de quince años. Sé cuánto puedo beber.
-Lo siento. – Ni siquiera sabía por qué me disculpaba. De todas formas, no me importaba. Comenzaba a notar las piernas débiles, así que me senté en el borde del sofá. Era muy cómodo, por cierto, aunque no aliviaba mi repentino mareo.
Gray Fullbuster.
Iba a vivir conmigo.
En efecto, parecía que hablaba en serio al respecto, o al menos eso indicaba el surco que se le había formado en la frente al fruncir el ceño. Me di sutilmente una patada para comprobar que estaba despierta y no en un sueño. ¡Caray, me hice daño! Un ramalazo de dolor atravesó mi tobillo y me estremecí. Sí, estaba despierta. Además, la suela de mis Docs era muy dura.
-Me estás mirando de una forma muy extraña – observó.
-¿De verdad?
Puso los ojos en blanco.
-¡Mujeres! En serio, Juvia. Te lo juro. Apenas le he visto un pezón y nada más. No era mi intención faltarle al respeto a Lu.
Me incliné y me froté con disimulo el tobillo.
-Te creo.
-Bien. Entonces, ¿podemos de una vez por todas dejar de hablar de ese tema, por favor?
Abrí la boca para negarme, pero me pareció que era mejor que no lo expresara en voz alta. A saber con qué divagación me salía esta vez. Gray Fullbuster era un hombre difícil de entender.
-¡Joder! No te gusta este sofá, ¿es eso, verdad? – preguntó -. Por eso me miras así.
-¿El sofá…?
-¡Hombre! – Bajó la cabeza y apoyó las manos en sus delgadas caderas -. Me puse en contacto con Lu para preguntarle de qué color lo preferirías, pero empezó a hacerme preguntas y luego a gritarme, así que todo acabó en un puto desastre. No es posible entrar en una tienda de muebles mientras discutes por teléfono, ¿sabes? Uno tiene una reputación que mantener. Así que luego llamé a Mirajane, porque se me ocurrió que podía tener una llave de tu apartamento.
-¿Entonces, fue Mirajane quien te abrió la puerta?
-Sí. Y también fue la que me aconsejó que eligiera este sofá. Me dijo que te encantaría.
-Ya. Es… Mmm… Es muy bonito. – Pasé la mano por el terciopelo. Era suave y cálido al tacto. No quería ni saber cuánto le había costado.
-¿Lo dices de verdad? – Me miró con los labios apretados de preocupación. Pero aun así, destacaba el color azul oscuro de sus ojos. Ese hombre parecía un niño vulnerable -. ¿Te gusta, Juvia? ¿Lo dices en serio?
No podía apartar los ojos de él para estudiar el sofá de una forma más intensa. No obstante, seguro que era tan bonito como parecía.
-Sí. Es precioso, Gray.
-¡Guay! – Fue como si su repentina sonrisa iluminara mi mundo.
Se la devolví con tanta intensidad que me dolió la cara.
-Oye, escucha: no es que no quiera que te mudes aquí. Imagino que todavía estoy tratando de entender la razón. Pero ¿podrías explicarme por qué has venido a vivir conmigo?
-Me caes bien – respondió con suma sencillez.
-Pero si apenas me conoces…
-Eres amiga de Lu y Mirajane. Estuvimos hablando. Te hice cosquillas. Rodamos juntos por el suelo… Fue una experiencia de unión absoluta. Creeme.
Parpadeé.
-¿Necesitas más razones? ¿De verdad? – preguntó sorprendido.
-Sí, me encantaría.
-¿Sabes, Juvia? Yo nunca he vivido con una mujer. Bueno, al menos desde que dejé de hacerlo con mi madre y mis hermanas, pero ellas no cuentan. Dame un minuto, por favor, esto es más difícil de lo que parece. – Se hundió en el sillón de cuero negro, frente a mí. Era un sillón magnífico. No tanto como el hombre que estaba sentado en él, pero aun así, era un mueble estupendo. Esperé mientras Gray hacía algunas muecas y se pellizcó el puente de la nariz -. Y lo fundamental: pareces una buena chica.
No sabía si reír o llorar. Imaginé que sería mejor reír.
-Gracias.
-Un segundo… - Gimió por lo bajo -. No estoy acostumbrado a tener que convencer a las mujeres para nada. Por lo general se sienten tan felices a mi lado que me dicen a todo que sí.
Y no las culpaba por ello. Sin embargo, estaba bastante convencida de que ese sería el camino directo hacia el desastre. Dentro de poco acabaría siguiéndolo como un perrito enamorado. No, definitivamente no era el camino que me convenía.
Observé que comenzaba a mover los dedos sobre los brazos del sillón, siguiendo un ritmo que existía solo en su cabeza. Gray Fullbuster era un alma inquieta. Y era evidente que ese derroche de energía lo convertía en un maestro de la batería.
-Mira, anoche me divertí mucho estando contigo. Lo pasé muy bien. Fue un alivio que no fueras un psicópata de esas que acosa a los famosos. A pesar de que estás loca por mí y te hacen chiribitas los ojos y todas esas cosas, me resulta tranquilizador tenerte cerca en este momento.
Percibí una sombra en su rostro pero desapareció al instante. Si Lu no me hubiera visitado, habría pensado que ese encuentro tan surrealista era cosa de mi alocada imaginación. Pero no era así: este hombre estaba aquí, a mi lado, y le pasaba algo.
-Tú no me agobias con preguntas. Al menos no lo hiciste anoche. – Se reclinó en el respaldo de la silla en una postura regia, con un tobillo apoyado en la rodilla contraria. La energía, o quizá la tensión, lo envolvían como un halo, mientras seguía tamborileando los dedos de forma interminable -. Mira, veámoslo de otra manera. Necesitas dinero, ¿no es cierto?
Vacilé un momento, pero era la pura verdad, y los dos lo sabíamos.
-Sí.
-Y yo también necesito algo.
Entorné los ojos. Si comenzaba a hablar de nuevo sobre sus costumbres sexuales, lo echaría a patadas, junto con los maravillosos sofás, la batería y todo lo demás. O lo lamería de pies a cabeza. Dado mi nivel actual de confusión y de estrés, las posibilidades estaban empatadas al cincuenta por ciento. Tener la oportunidad de lanzarme sobre Gray Fullbuster era demasiado bueno para dejarlo pasar. Después de todo, ¿volvería a tener la ocasión alguna vez? La suerte acabaría por agotarse. Cosas así no pasaban todos los días.
-Y, además, creo que eres perfecta para mis necesidades – continuó.
-¿Tus necesidades?
Curvó la comisura de la coca, las posibilidades se pusieron en cuarenta-sesenta.
-Cada hombre tiene las suyas, mi dulce Juvia. Por cierto, ¿cuántos años tienes?
-Veintitrés. Y soy plenamente consciente de que todo el mundo tiene sus necesidades. Pero te aseguro, Gray, que no voy a satisfacer las tuyas. – Elevé la nariz. ¡Santo Dios! Tenía muchísimas ganas de saber cuáles eran sus necesidades, pero tenía mi orgullo, sobre todo cuando él esbozaba esa sonrisa de suficiencia.
-Por supuesto que serías capaz de satisfacerlas. – Se rió por lo bajo de forma maliciosa, leyendo mi mente a la perfección (veinte-ochenta) -. Estás deseando hacerlo. No puedes apartar la vista de mi exquisito cuerpo medio desnudo. Empezaste a tocarme por todas partes cuando te abrí la puerta. ¿Recuerdas? Parecías bastante excitada o algo así.
¡Mierda!
Cerré los ojos un instante, bloqueando sus palabras para intentar responder algo ingenioso. Si no se me detuviera el corazón cuando lo viera o lo oyera, todo sería mucho más fácil.
-No, Gray. Cuando tú abriste la puerta, perdí el equilibrio. Eso fue todo. Me sorprendió mucho encontrarte aquí. ¿Sabes? No estoy acostumbrada a que nadie venga a vivir aquí sin haberlo acordado antes conmigo.
Cuando abrí los ojos de nuevo, me miraba en silencio. Me examinaba con atención.
-Y no me puse a tocarte por todas partes – insistí.
La expresión de su rostro, demasiado tranquila para mi gusto, lo decía todo. No me creía ni por asomo.
-Eh, no tienes que avergonzarte por eso.
No era una virgen ingenua. Dejé de serlo con el primer y último novio con el que mantuve una relación larga, a los dieciséis años. Cuando me establecí en Portland, empecé a salir de vez en cuando. ¿Por qué no? Era joven y soltera. Me gustaba el sexo. Tampoco me pasaba la vida pensando en montar a un hombre medio desnudo en un sillón. No.
¡Un momento, un momento! Estaba empezando a perder el control. Sin embargo, no iba a dejar que él lo supiera.
-De acuerdo, bomboncito. No me importa que me toques. Me parece fenomenal que sea esa la manera que tienes de transmitir tu afecto.
-Gray… - Esto iba cada vez peor. No sé por qué empecé a reírme -. Por favor, ¡deja de hablar! – le grité -. Necesito que me des un minuto, ¿de acuerdo? Considéralo uno de mis límites, esos que me animaste a poner a los demás. ¿Recuerdas?
Sus ojos se iluminaron.
-Bien – dijo con alegría -. Has estado pensando en lo que te dije. Es estupendo. Respetaré tus límites, Juvia.
-Entonces, ¿por qué no te has callado todavía?
-Lo siento.
Traté de encontrar la calma. ¿Por qué no había ido nunca a yoga? Saber controlar la respiración me habría venido muy bien en aquellos momentos.
Cuando abrí los ojos, Gray me sonreía tan tranquilo. Menudo idiota arrogante. Se le veía tan confiado… tan guapo… tan desnudo… ¿Qué le pasaba? Estábamos en otoño, en Portland, y hacía frío, incluso a veces llovía. La gente normal iba vestida en esa época del año, no con el pecho al aire.
-Oye, ¿te importaría ponerte la camiseta?
-Mmm… No. – Se rascó la barbilla -. Ese es uno de mis límites. Lo siento. Me gusta demasiado que te hagan chiribitas los ojos como para ponérmela.
¡Mierda! ¿Qué le pasaba a mis ojos?
-Juvia, eres perfecta – musitó, esbozando una sonrisa llena de prepotencia.
¡Maldición! Era normal que mi mirada me delatara.
-¿Cuáles crees que son mis necesidades, Juvia?
-Soy consciente de que estás refiriéndote al sexo. Es evidente. Pero ¿por qué me has elegido a mí, con todas las mujeres que tienes a tu disposición? No lo entiendo. Y tampoco comprendo que quieras vivir conmigo. No me conoces. Podrías haberte ido a un hotel o alquilar un apartamento mucho mejor que este. Tú no tienes problemas de dinero.
-No. – Se deslizó sobre el asiento y apoyó las manos entrelazadas en su vientre plano -. Y no estoy hablando de sexo. Prefiero pensar que tú y yo estamos por encima de todos esos caóticos impulsos físicos, a pesar de que estés obsesionada conmigo, claro. No es eso. Lo que necesito es que seas mi novia… Bueno, que finjas que eres mi novia. Porque eres realmente perfecta para eso.
-¡¿Qué!?
Empezó a reírse.
-Estás tomándome el pelo – concluí, aliviada. Bueno, entre enfadada y aliviada. ¿Es que ser una estrella del rock resultaba tan aburrido como para llegar a esos extremos?
-No, Juvia, no estoy bromeando. Veo que has reaccionado de una forma muy divertida. – Se pasó los largos dedos por el pelo azabache, retirándolo de la cara -. Estoy hablando muy en serio. Totalmente. Verás, se trata de una transacción comercial, pero me tienes que guardar el secreto. A cambio, te pagaré el alquiler y te compraré los muebles necesarios para sustituir los que se llevó esa idiota que vivía contigo. Pero tendrás que fingir que eres mi novia durante un tiempo. ¿Qué te parece?
Lo miré boquiabierta.
-No lo dices en serio.
-¿Por qué nunca crees nada de lo que digo? Juvia, estoy hablando completamente en serio.
-¿Y por qué recurres a mí? Seguro que tienes muchas amigas.
Suspiró y miró al techo.
-No lo sé. Imagino que porque tienes buen corazón. No te importó ayudar a tu amiga aunque después te lo pagara de esa manera.
-Gray, eso no me convierte en una buena persona. Me convierte en una idiota, una ingenua idiota. – Teniendo en cuenta cómo resultó todo, no era ni más ni menos que la pura realidad -. Tú mismo me lo dijiste ayer por la noche: dejé que mi amiga me utilizara.
Gray me enseñó los dientes.
-Oye, yo jamás te he llamado idiota, y no quiero que hables así de ti misma. Es otro límite que no quiero que traspases, ¿entendido?
-De acuerdo, pero cálmate.
-Estoy muy calmado. – Hizo una pausa mientras se rascaba la barbilla -. Mira, Juvia, todos tenemos nuestros problemas. Nunca he dicho que seas perfecta. Espera… Bueno, sí, eso sí lo he dicho. Bueno, no es lo que quería decir exactamente… No es que no seas maravillosa y todo eso, pero… Sí. Sigamos.
-No. Vamos, estrella del rock, sigue. ¿qué querías decir exactamente? – pregunté, conteniendo la risa.
Así era él. No podía evitarlo; era un hombre muy divertido.
Hizo caso omiso a mi pregunta.
-Lo siento, ya pasó el momento. Sólo por curiosidad, ¿no se te ha ocurrido pedirle a Lu el dinero que necesitas?
Me eché hacia atrás, sorprendida.
-¿Cómo dices? ¡No! Jamás lo haría.
-Seguro que te lo hubiera prestado. Ya sabes que Nats y ella tienen mucho dinero.
-Mis problemas son asunto mío, de nadie más.
Me lanzó una mirada presumida.
-Pero eso no prueba nada – añadí -. Además, si me has elegido por mis principios éticos, ¿crees de verdad que soy la persona más indicada para mentirle a tus amigos y a tu familia?
-Bomboncito, no vamos a hacerle daño a nadie. Solo nos ayudaremos el uno al otro. Nada más. Los dos saldremos ganando. Ya verás.
-Has asegurado varias veces que no sé mentir.
-Todo saldrá bien – dijo, poniendo punto final a mis protestas.
Permanecí sentada mirándolo.
-¿Crees que lo podremos hacer? ¿De verdad? – pregunté.
-Claro. Confía en mí.
-Y a todo esto, ¿para qué necesitas una novia falsa?
-La necesito.
-Gray…
Puso los ojos en blanco y me miró muy serio.
-No es de tu incumbencia para qué la necesito, ¿de acuerdo? Pagaré el alquiler y no tendrás que mudarte. A cambio, solo te pido que me mires con adoración cuando estemos con otras personas. Y como ya lo haces de todas formas, no veo ningún problema en que lo sigas haciendo.
-¿No me lo vas a decir?
-¿Has ido a revisarte los oídos últimamente? Solo te diré que tengo una buena razón, una razón…personal. Vamos a dejarlo ahí. De verdad, comienzas a ser tan pesada como Nats y Lu: ¿qué te pasa, Gray? ¿estás bien, Gray?. Hasta que me harté de que me preguntaran lo mismo una y mil veces. – Se levantó y comenzó a caminar por la habitación. Dada la longitud de sus piernas, la recorría enseguida. Tres pasos hacia delante…, tres hacia atrás. Después de dar un par de vueltas, se detuvo y miró por la ventana -. Dime, Juvia, ¿por qué todo el mundo es tan irritante? La vida es demasiado corta para andar revelando detalles insignificantes de mi vida personal. Tú estás aquí y yo también. Podemos ayudarnos el uno al otro y divertirnos juntos mientras lo hacemos. Punto. Eso es lo único que importa. – Dio media vuelta sobre sus talones con los brazos abiertos de par en par -. ¡La vida es como una magnífica canción, Juvia! Vamos a tocarla.
Pero mi vida no era como ninguna canción, y mucho menos maravillosa… Al menos no lo había sido hasta ese instante.
Durante un momento, ninguno de los dos dijo nada. Él vibraba de expectación e impaciencia. De hecho, yo tenía el mal presentimiento de que volvía a burlarse de mí. Sin embargo, no era por maldad; ese hombre no le haría daño ni a una mosca. Aunque podía aplastar a una por accidente, eso sí.
Visto desde fuera, parecía un buen trato. Yo necesitaba de verdad el dinero y me gustaba estar con él. Me divertía más de lo que lo había hecho jamás en toda mi vida. Pasar lo que pasase, iba a ser un camino difícil, pero si sabía desde el principio que aquel trato tenía fecha de caducidad, no correría el riesgo de encariñarme demasiado con él. Me limitaría a disfrutar del tiempo que estuviéramos juntos y luego… si te he visto no me acuerdo. Podía resultar muy bien. ¿Por qué no?
-De acuerdo, Gray – accedí finalmente -. Me vas a solucionar un problema. Muchas gracias. Pero todavía no me convence mucho ese plan de tener que fingir que soy tu novia. Supongo que ya veremos cómo nos va.
Se puso a dar palmas, feliz.
-No te arrepentirás. No voy a complicarte la vida, Juvia… Al menos no demasiado.
-¿No demasiado?
-Ya sabes que es muy guay estar conmigo. No todo el mundo lo consigue. Además, sirvo para abrir botes que se resisten y para trasladar cosas pesadas. He oído que ambas cosas suelen ser un problema para las mujeres. – Dio saltos por la habitación. ¡Dios mío! Ese hombre tenía un exceso de energía. Debía dejar de tomar azúcar -. Bien, ¿qué hacemos esta noche? ¿Qué te parece si pedimos algo de comida? ¿Qué te apetece?
Me derrumbé en la silla, agotada con solo mirarlo.
-Gray, no tengo dinero para pedir nada. Pero pide lo que quieras para ti.
-¿Por qué no dejas de preocuparte por el dinero? Ya estoy aquí. Todo irá bien a partir de ahora. Vamos, dime, ¿qué te apetece cenar?
-Lo que tú quieras estará bien.
-Esa es la respuesta perfecta. Vamos a ser la mejor pareja falsa de todos lo tiempos, bomboncito.
-Por favor, deja de llamarme así.
-Bomboncito, bombonciiitooo… - canturreó arrastrando las palabras al tiempo que arqueaba las cejas -. Es un mote fantástico. Eres así de dulce, y resulta que ahora somos novios. Los novios siempre se ponen motes estúpidos. Venga, piensa tú en uno para mí.
-Tranquilo, ahora mismo me pongo a ello.
-Bueno. Luego podremos meternos mano. – Se frotó las palmas -. En realidad da igual, eso podemos hacerlo más tarde, en la cama.
Mi mente despertó de su letargo.
-¿En la cama? ¿Meternos mano? Es un eufemismo, ¿verdad? Pensaba que no íbamos a tener sexo. Me acabas de decir que todo sería fingido.
-Vamos, venga, tranquilízate. No vamos a tener sexo, solo vamos a dormir juntos. El plan se iría al carajo si nos pusiéramos a follar. Lo único que necesito es una relación respetuosa. Si empezamos con el sexo, todo acabaría siendo: ¡Oh, Gray, no sabía que se podía sentir este éxtasis! ¡No puedo vivir sin ti! ¡Fóllame, Gray! ¡Por favor!. – Dobló las rodillas y se dejó caer al suelo como suplicando. Resultó una actuación digna de un premio. Aquel hombre sabía cómo mover las pestañas.
Me reí como una adolescente. Casi me dieron ganas de pegarme un tiro en defensa de mis principios al oír el sonido histriónico que emití.
-Y al final serías como la psicópata de atracción fatal. Créeme, ya lo he visto y no es nada bueno. Así que mantengamos las cosas por encima de la cintura, ¿entendido? Juvia, saca de tu mente todas esas sucias ideas, por favor.
-Eres muy bueno, ¿no?
Me sostuvo la mirada.
-Señorita Loxar, no se hace usted una idea.
-¿Sabes? Con sinceridad, todavía no puedo distinguir si tu ego es repelente o solo impresionante.
-¿Prefieres que te mienta?
-Gray, ni siquiera sé cuando me estás hablando en serio.
Avanzó a cuatro patas hacia mí mientras me lanzaba una mirada de malicia.
-Cuando hablo contigo, siempre voy en serio. Es evidente que vamos a tener que besarnos en público. ¿Qué pensaría la gente si vamos a cenar por ahí y te tensas porque te meto la lengua en la oreja? Podrían preguntarse qué te ocurre. Así que tenemos que practicar y meternos mano, ya sabes…
-¿La lengua en la oreja? ¿Lo dices en serio? No sé si…
-Por suerte para ti, estoy aquí y sé lo que es mejor… - Se levantó y sacó el teléfono móvil. Se puso a deslizar el dedo por la pantalla -. Y lo mejor es que nos aseguremos de que parezca que estamos prometidos. Mirajane se pasa por aquí a todas horas, ¿verdad? Pues no podemos arriesgarnos a dormir separados y que nos pille. ¿Sabías que ni siquiera llama a la puerta y se dedica a entrar como si fuera la propietaria del apartamento? Alguna gente no tiene modales. ¡Hay que ver!
Me sentí demasiado abrumada para indicarle lo irónico de esa declaración.
-Sí, pero podríamos limitarnos a bloquear la puerta – sugerí, notando que volvían a sudarme las palmas de las manos. Aunque, si era sincera, no habían dejado de hacerlo en ningún momento.
¿Compartir la cama con Gray?
No. No era una buena idea. Tenerlo paseándose medio desnudo por el apartamento ya era suficiente para mí. Si lo tocara en la oscuridad, acabaría lanzándome sobre él a pesar de mis buenas intenciones. Y si teníamos en cuenta que íbamos a vivir juntos, llevar la situación hasta el límite sería jugar con fuego.
-No podemos contar con que cerrar la puerta sea la solución – aseguró -. Mirajane tiene una llave de repuesto. Es necesario que mejoremos la seguridad.
-Cierto.
-Oye, no roncarás, ¿verdad?
Le lancé mi mirada más fulminante.
-Solo era una pregunta. – Dio un paso atrás sin levantar la mano de la pantalla del teléfono -. Ah, y llevaré con discreción cualquier rollo que tenga, ¿de acuerdo? No quiero avergonzarte ni nada de eso.
-Gracias. – No sabía de qué me sorprendía. Me sentía idiota, rematadamente idiota -. ¿Y todo esto se te ocurrió ayer por la noche? ¿Por eso te comportaste así conmigo?
-Bueno… Sí.
Abrí mucho los ojos. Como platos. Respiré profundamente por la nariz. En realidad no me importaba. Mi orgullo acababa de recibir un duro golpe, pero al menos tendría un techo sobre mi cabeza en un futuro cercano. Solo debía aguantar un poco.
De algo estaba segura: lo de dormir juntos no iba a funcionar. No hablar. Que me pusiera rígida cada vez que pensaba en ello, era buena prueba de ello. Pero ¿y comportarme como si fuera su novia? Al menos eso tenía que intentarlo. Podía llegar a ser divertido. Muy, muy divertido. Y bien sabe Dios que necesitaba un poco de diversión en mi vida.
Me senté con la espalda muy recta, y respiré hondo.
-Bien, de acuerdo… Estoy conforme con todo, menos eso de que nos andemos tocando y besando.
Abrió la boca para protestar, pero atravesé el salón firmemente antes de que pudiera decir una palabra.
-Mañana pondremos un pestillo a la puerta para que Mirajane no pueda entrar cuando quiera, y dormirás en la habitación de invitados. Mis condiciones son esas.
-Vaya, vaya… que exigente. Me gusta. Aunque lo cierto es que preferiría que pensaras que yo estoy más allá de tus límites.
-Hablo en serio, Gray. Lo tomas o lo dejas. Acabo de tener una mala experiencia con mi compañera de piso… No voy a meterme en otro problema con un desconocido.
Cruzó los brazos y bajó la vista para mirarme con los ojos entornados. Al principio pensé que iba a discutir… La parte más loca de mí esperaba que lo hiciera, por lo menos que se mantuviera firme en lo de dormir juntos. Pero no lo hizo.
-De acuerdo. Acepto tus condiciones – admitió despacio -. De hecho, ¿por qué no duermo en el sofá esta noche?
Relajé los hombros, seguramente de alivio.
-Eso estaría muy bien. Gracias.
-De nada. – Me miró con cierta diversión -. Lo que sea, por facilitarte las cosas, Juvia.
-Estupendo. Ahora voy a darme un baño – dije, saliendo del salón del salón.
-disfrútalo.
-Lo intentaré.
Tardé muy poco en cerrar la puerta del baño. Luego me senté en el borde de la bañera, antigua, gastada y con patas, mientras la sangre me palpitaba en los oídos. Me sentía muy confundida. Acababa de negarme a dormir con una estrella del rock. ¿Me había vuelto loca?
La decepción hizo que me doliera el corazón.
Pero era la decisión más acertada. Necesitaba pensar en lo mucho que me gustaba Lyon. Él era una opción mucho más segura que un enamoramiento alocado y sin futuro. Algún día Lyon y yo tendríamos una oportunidad de verdad.
En cuanto desapareció el ruido que estallaba dentro de mi cabeza, me miré en el espejo. El pelo caía lacio alrededor de mi cara. Tenía los ojos muy abiertos y una mirada que no reconocía. Durante las últimas veinticuatro horas mi vida se había puesto patas arriba. No pensaba dormir a su lado… pero sin duda iba a vivir con una estrella del rock. Dios… ¿cómo pueden cambiar tanto las cosas en unas pocas horas?
-¿En qué coño me he metido? – pregunté a la mujer que me miraba desde el espejo, esa joven de sonrisa aturdida y sorprendida. Estaba claro que era una admiradora de la extraña locura de Gray. Menos mal que era una mujer madura.
Me quité la camiseta por la cabeza y comencé a desatarme las botas. De pronto, unos golpes intensos en la puerta casi me hicieron caer al suelo. Apoyé una mano en las baldosas y e sostuve para no darme de bruces.
-¿Juvia? – dijo Gray, desde el otro lado de la puerta.
-¿Qué? – Me senté e instintivamente crucé los brazos sobre el sujetador negro, cubriéndome, aunque sabía que él no me podía ver, ni entrar.
Me he olvidado de darte las gracias por dejar que viva aquí contigo, por aceptar ser mi novia. Lo aprecio mucho, de verdad.
-De acuerdo. Gracias a ti, por pagar el alquiler, los muebles y todo lo demás.
-De nada. Lo hubiera hecho de todas formas. No me gustó nada verte tan triste anoche.
-¿De verdad? – Se me puso un nudo en la garganta y clavé los ojos en la puerta, muy sorprendida.
Era brutal. No sabía qué decir. Apenas nos conocíamos y, sin embargo, ¿había venido a rescatarme? Gray Fullbuster podía ser un poco gamberro, pero al margen de eso era una buena persona. Un hombre que me gustaba muchísimo.
-Sí. Claro. Será divertido, Juvia – dijo, sonando muy cerca, como si estuviera pegado a la puerta -. Ya lo verás.
-De acuerdo.
Me dio la impresión de que necesitaba que le creyera. Y lo más curioso de todo era que lo hice. Le creí completamente.
Review ;) ?
