Capítulo 6

Empecé a recibir mensajes de texto de Gray justo antes de la comida.

Gray: Ya estoy despierto.

Yo: ¡Buenos días!

Gray: Voy a correr con Jerall.

Yo: ¡Disfruta!

Gray: Ya he vuelto de correr. Voy a comer.

Yo: ¡Genial!

Gray: ¿Dónde guardas lo de la limpieza?

Yo: ¿Qué tienes que limpiar?

Gray: El microondas. La pizza explotó dentro.

Yo: Debajo del fregadero.

Gray: ¿A qué hora llegas?

Yo: 5:30

Gray: Me aburro.

Yo: Lo siento.

Gray: ¿Qué haces?

Yo: Trabajando. Me están llamando. Hablamos luego.

Gray: Te gusta una música horrible.

Yo: Gracias.

Gray: Tenemos que hablarlo porque es muy muy mala. Tienes que borrarla toda menos la de Fairy Tail.

Yo: Alto. ¿Qué estás haciendo?

Gray: Intentando arreglarlo.

Yo: ¿QUÉ COÑO ESTÁS HACIENDO?

Gray: Otra lista de reproducción con canciones buenas. Cálmate.

Yo: De acuerdo. Gracias.

Gray: Va a venir Gajeel para jugar al Halo.

Yo: ¡Guay! Gray, no es necesario que me cuentes todo lo que haces.

Gray: Nats me dijo que es importante comunicarse.

Gray: ¿Cuándo te va a venir la regla? Nats dice que tengo que saber si prefieres helado o pasteles.

Yo: Es un tema tabú.

Gray: Sigo aburrido. Gajeel se retrasa.

Gray: Deberíamos tener un perro.

Yo: No dejan tener mascotas en el edificio.

Gray: Me gusta tu sujetador de encaje verde.

Yo: ¡Cierra mis cajones!

Gray: ¿Tienes bragas a juego?

Yo: ¡CIERRA YA EL CAJÓN!

Gray: ;)

Háblame de sexo…

Venga, será divertido…

¡Porfa!

Alto nivel de codependencia insana por ambas partes de la relación, que podría considerarse casi tóxica.

Yo: ¿QUÉ COÑO DICES?

Gray: He hecho el test de una revista. Necesitamos ayuda profesional. Sobre todo tú.

Yo: Paso.

Gray: He reservado cita para terapia de pareja. El martes a las 16:15, ¿de acuerdo?

Yo: No vamos a ir.

Gray: ¿Qué te pasa? ¿Ya no me quieres?

Yo: Voy a apagar el móvil en 3, 2, 1…

0o0o0

-¿Algún problema? – me preguntó Lyon, atravesando la librería en ese momento y mirando por encima de mi hombro.

-No. Nada. – Me metí el teléfono en el bolsillo trasero -. Estoy acabando ya con las facturas, no te preocupes.

-Claro que sí… - Me guiñó un ojo. Ser amiga del jefe valía la pena algunas veces -. ¿Qué tal ayer por la noche? ¿Algo interesante?

Lo más interesante que me ocurrió en mi vida. Aunque Gray llevaba todo el día intentando volverme loca, la noche anterior había sido increíble. Al final hicimos un picnic en el suelo del salón. Tomamos unas tapas, de las mejores que había probado, con una cerveza también española. Me contó historias muy divertidas sobre músicos famosos, y muchas sórdidas hazañas sexuales. También me ilustró sobre las demandas más raras que había visto detrás de un escenario. Resultó una agradable compañía.

Sin embargo, no me sentía preparada para hablarle a Lyon sobre Gray. Y al mirarlo, decidí que quizá nunca lo estaría. ¿Cómo se lo podría explicar? Incluso aunque lograra mantener la seriedad mientras se lo contara, él me conocía lo suficiente como para saber que establecer una relación con un hombre que acababa de conocer no es nada propio de mí. Por suerte, Lyon desvió la atención y no tuve que preocuparme. Su mirada recayó sobre una chica que se debatía entre dos libros, uno en cada mano; estaba eligiendo una novela policiaca. Y finalmente Lyon debería haber tenido suficiente sentido común como para alejarse al ver que ella se decidía por un libro sobre una asesina en serie, pero no fue así.

-Ayer por la noche no hice nada especial – mentí sin sentirme culpable.

Él movió la cabeza asintiendo de forma vaga. Seguramente ni me escuchó, atento como estaba vigilando cada movimiento de la joven clienta.

-Voy a ver si necesita que le eche una mano para decidirse, disculpa – dijo sin mirarme.

-De acuerdo… - Saqué el teléfono del bolsillo y lo encendí otra vez. En cuanto la pantalla se iluminó, empecé a escribir a Gray con una sonrisa.

Juvia: ¿Ya ha llegado Gajeel?

Gray: Sí. ¿Cómo estás? ¿Llegarás pronto?

Juvia: Sí.

0o0o0

Al entrar en el apartamento encontré a Gajeel tumbado en el sofá de dos plazas con el mando de la consola entre las manos. En la pantalla de televisión había mucha sangre y vísceras. Estaba segura de que jamás desaparecería la sorpresa de entrar en mi apartamento y encontrarme con gente famosa. De hecho, esperaba que no desapareciera. Lamenté que Gray no estuviera a la vista. Me había apresurado a salir lo antes posible del trabajo para reunirme con él. Cuando me llamó Levy tuve que contenerme para no contárselo todo, pero no sabía cómo contarle de forma verosímil la repentina aparición de Gray en mi vida, ya que se había puesto muy furiosa al enterarse de que Sherri se había largado. Es curioso, pero ya no era capaz de enfadarme tanto como antes al pensar en ello. La suerte me sonreía, y Sherri ya era cosa del pasado.

Por fin estaba en casa, y el corazón me latía con fuerza dentro del pecho. Me sentía casi tímida, casi insegura. Pero… No, de eso nada; el apartamento era mío. Mi casa, mi hogar, mi territorio. Era él quien había venido a vivir aquí, conmigo. La razón daba igual. Espalda recta, firme, pechos erguidos… aunque fueran demasiado.

-Hola, Juvia – me saludó Gajeel.

-Hola. ¿No está Gray por aquí? – dije con decisión, sin un ápice de duda. Mi facultad para demostrar que no me importaba iba mejorando. No había tartamudeado.

-¡Claro! Está en la cocina.

-Gracias – Pasé a toda velocidad ante él, tratando de no interrumpir su matanza.

Encontré a Gray mirando por la pequeña ventana de la cocina con el móvil pegado a la oreja.

-¿Qué estás ocultándome? – decía con la mirada fija en el exterior.

Hubo una pausa.

-Sí, está bien. ¿Qué ha dicho?

Otra pausa.

-No. Explícamelo, por favor.

En esa ocasión se mantuvo en silencio durante más tiempo. Después de un rato se agarró al borde de la encimera y apretó los nudillos hasta que se le pusieron blancos. Resultaba evidente que se trataba de algo personal, íntimo, pero aún así no fui capaz de alejarme. La tensión que irradiaba su voz, y las líneas de su cuerpo… Todo era demasiado intenso. Parecía estar sufriendo.

-No, eso no puede ser así. ¿Qué ocurrirá si…?

Un largo silencio únicamente roto por el ruido de fondo de las explosiones y los disparos que llegaban desde el salón.

-Gracias por decírmelo – concluyó y colgó mirando fijamente la pantalla. Lanzó el aparato sobre la encimera. Apretó el borde de la repisa con las dos manos con tanta fuerza que sonó un crujido.

-¿Gray?

Tenía los ojos enrojecidos y las pupilas dilatadas. ¿Qué le estaba pasando?

-Juvia… Hola. No te he oído entrar.

-¿Te encuentras bien?

Respiró hondo y asintió con la cabeza.

-Sí. He dormido muy mal. Y salir a correr con Jerall me ha dejado hecho polvo. Pero todo va bien. Gracias por preocuparte por mí. Una actitud muy de novia – bromeó ligeramente al final. Cómo no.

-Ya… - Sonreí, pero él no me devolvió el gesto.

-Venga, vamos… ¿Has saludado ya a Gajeel?

-Sí.

Me puso las manos en los hombros y me hizo dar media vuelta para dirigirme al salón.

-Tienes que saludar a nuestros invitados de una forma adecuada, bomboncito. No queremos que piense que eres una maleducada.

-Gray, yo…

-¡Gajeel, mi maravillosa novia ya está en casa! – exclamó canturreando hacia el salón.

-Hola, maravillosa novia de Gray. – Gajeel no apartó la vista de la pantalla -. El apartamento es un poco más pequeño que el que tienes en Los Ángeles, colega. ¿Vais a quedaros aquí o comprarás otro más grande?

-Juvia ha mencionado la posibilidad de tener un perro, así que con el tiempo seguramente nos mudemos a uno más grande.

Su amigo movió la cabeza, asintiendo, sin la más mínima sorpresa.

No me molesté en corregir a Gray. No cabía duda de que la mejor manera de lidiar con él era dejarse llevar. Además, estaba preocupada por su estado de ánimo.

-Ha llegado el momento de tocar la batería – anunció Gray, frotándose las manos antes de agitar los brazos. Pero seguía sin sonreír. Su inagotable energía estaba presente otra vez, a pesar de que acababa de afirmar que estaba cansado.

En esta ocasión, Gajeel apartó los ojos del televisor.

-Pensaba que íbamos a ir a cenar con la mujer maravillosa aquí presente.

-Necesito quemar algo de energía. Juvia me entiende, ¿verdad, bomboncito?

Pasé por alto la decepción y asentí con la cabeza. Un hombre tiene que hacer lo que es necesario. Me intrigaba saber qué le pasaba. Sin duda aquella llamada no le había traído buenas noticias, aunque sabía que no era asunto mío.

-Es muy comprensiva con mi trabajo. Siempre lo ha sido. Podría decirse que es…, mi inspiración, en muchos sentidos. – Me miró con ojos de enamorado.

-¡Pero si sólo hace dos días que la conoces! – Gajeel apagó la consola y dejó el mando a un lado.

-Algunos de mis mejores trabajos los he hecho en menos tiempo.

-Lo que tú digas, colega. Bueno, ¿qué quieres hacer? ¿Tocamos un poco? – Gajeel observó inexpresivamente a Gray, que daba saltitos a mi lado siguiendo el ritmo de su cabeza, con los ojos semicerrados.

-Eso es lo que he dicho. A ver si me sigues, Gaj. – Cerró los puños y empezó a golpear una batería invisible -. Venga, ¡vamos!

-De acuerdo. – La aguda mirada de Gajeel se clavó en mí como si yo tuviera las respuestas a las excentricidades de su amigo.

Pero yo solo me encogí de hombros.

Como él muy bien acababa de decir, sólo conocía a Gray desde hacía cuarenta y ocho horas. Así que no, no tenía ni idea de lo que la pasaba, pero sin duda iba a averiguarlo.

¿Y? ¿Qué les ha parecido? ¿Algún review?