Fic

Historias de Albert y Candy

Presenta

Caballero de media Noche

Candy estaba nerviosa, se había vestido sencilla y lista para una cita con el hombre psicólogo que la trataría, se preguntaba ¿Por qué harían esas citas tan tarde? ¿sería parte de un segundo trabajo? ¿Cómo iniciaría el tema? ¿Qué le diría? ¿Qué estaba desesperada? que amaba a su amigo y lo había perdido, que anhelaba encontrarlo y que el la estaba evadiendo, que tenía que hacer para volverlo a tener y si algún día le correspondería, ¿se vería tan desesperada? La señora Georgina había mejorado, ella no necesitaba un perro, ni mucho menos adelgazar, ya había bajado de peso de solo imaginar a Albert preocupado, perdiendo dinero y vendiendo su hogar, era tal la sensación que solo imaginar que él la había evadido y aun pagaba la beca y los gastos de ella, que ya se podía tal vez costear, pero si Albert era muy bueno y si requería podía volver a compartir el departamento de nuevo, ella lo ayudaría a salir de cualquier problema en el que estuviera, porque tenía que perderlo, ahora que lo extrañaba más.

En otra parte, no había mucho de platicas, solo un nerviosismo natural, la joven de lentes y asustadiza, estaba en un lugar donde le darían una noche inolvidable, su amiga le había dicho que, si se iba a quedar soltera, al menos debería quitarse eso de la primera vez, ya estaba grandecita y no había tenido una relación formal. Stear la miraba y no le notaba nada malo, no estaba con exceso de peso, ni se veía nada mal, lo que si muy nerviosa, así que al mal paso darle prisa, tal vez era una venganza por algún maldito novio que la había abandonado, tal vez muchas cosas, que más daba, él no le iba a hacer platica, a lo que le urge, si por algo estaba ahí, era por querer un hombre y a él le serviría de práctica, total, algún día se casaría y estas mujeres solo deseaban tener sexo casual. - Buenas noches mademoiselle, - Bu bu bu bunas no no noches.

Una sonrisa nerviosa y Stear no se andaba con rodeos, tomaba su boca por tartamuda y mejor a lo que iba, no iba a darle motivos de echarse atrás, si ya estaba lista que mejor que él la pondría a tono, pasaba con ella llevándola en sus brazos sin soltar sus labios, al final ella había buscado lo que necesitaba y definitivamente tenía que darse su tiempo, no tenía cita posterior, ya estaban mejorando los negocios y aunque Johnson no quería soltar las citas, ya la agenda la estaba quedando vacía, las ultimas inversiones ya no estaban a la vista para que nadie le informara a su tía abuela Elroy y pronto se recuperarían, George aseguraba que eso de caballeros de la noche no era el batman, sino damas urgidas por sexo casual y no estaban tan perdido, al menos les pagaban bien, lo mejor era que una de las inversiones que había realizado William ya estaba recuperando todo y esa no estaba en el consocio ni estipulada al ser nueva inversión ya no iban a darle datos a la bruja de madame Elroy, que solo se la pasaba fanfarroneando, y no iba a dedicarse por siempre a esto del gigolo nocturno o lo que quisieran llamarlo, pero al menos si iba a darse un buen despegue de verano y que mejor que con una pequeña tímida y nerviosa a la que le haría soltar unas palabras mejores que el bu bu que tanto tartamudeaba, para el amanecer la dejaría hablando hasta en francés si fuera necesario.

George sonreía la pelirroja tenía tiempo que su marido la había dejado y volvía siempre y cuando ele tocara de nuevo con él y esta vez era su visita gratis. Meditaba que lo mejor era guardar el secreto y seguir a hurtadillas incrementando las inversiones sin aviso antes de que volvieran su Anthony y Archivald a Lakewood, donde se la pasarían en las vacaciones, pues no deseaban estar con su tía abuela, vaya que los comprendía. Mientras tanto él gozaría de esa dama que solo le había tocado la mala suerte de un hombre mal encarado que oriento sutilmente al divorcio y como no había hijos de por medio, no tenía que aguantar al amigo de su hermano un enano que la trataba como si fuera una mujer de campo, cuando ella era una dama, fina, hermosa y de unas kilométricas piernas.

Dentro del departamento, Albert estaba muy preocupado, había llegado y estaba nerviosa la miraba en su cámara de la recepción de la habitación se veía que temblaba, ¿sería todavía su primera vez? ¿si fuera así, ¿se la daría a un desconocido? Si fuera eso, que más daba si no podía tenerla como su amiga, la tendría como un hombre que la desea y que podría amarla con la pasión que ella podía provocarle ¿y si no funcionaba? ¿Y si le sucedía como en sus sueños?, que importaba, ella había pagado una cita tan costosa, ¿Cuánto le habría cobrado Johnson?

Al llamarlo, este ya estaba en su cita, con la misma pelirroja, esa que atendía muy seguido, que ya había dejado a su marido y que, desde la primera vez, le daba citas continuas con él los fines de semana, estaba en problemas, George estaba dando descuentos a ciertas citas, porque el dinero de esa chica no había ingresado y el de Candy tampoco se había visto reflejado, ¿Qué estaba sucediendo? ¿era tal vez una trampa de Johnson para que el estuviera con Candy?

- Pase madame. - ¿Lo conozco? - Yo a usted no, pero pretendo conocerla. - Gracias por recibirme, supe que usted ha ayudado algunas señoras y yo estoy desesperada. - ¿Usted? - Cree que no debo estarlo, pues, aunque no lo crea, así me siento. - ¿Por qué esta usted desesperada? ¿Acaso por un hombre que la ame? -¡Si! -¿Sí? - Usted no comprende, lo amo desde hace mucho tiempo y ahora ya no me llama, lo he perdido y no lo he visto. - ¿El sabe que usted lo ama? ¿Es su marido? - No, en no lo sabe y no, no es mi marido, pero como si lo fuera, confío más en él que en cualquiera. -¿Por qué no lo busca y habla con él? - Porque me esta evadiendo y definitivamente no encuentro la forma para llegar a él, siempre estaba conmigo y pensé que habíamos avanzado, pero no fue así, tal vez… se ha enamorado de otra. - pero… ¿tuvo una relación con él? - Si, una relación muy importante, que jamás había tenido con nadie. - Comprendo, ¿se entrego a él? - De cierta manera, sí, pero no. - ¿Si, pero no? - Es algo que no le puedo explicar, ¿Va a ayudarme? - ¿Qué quiere de mí? - Pues eso, quiero que… Candy se mordía el labio inferior y Albert lo supo, ella estaba esperando entregarse a él y lo seguro fue con aquel estúpido que luego se fue con otra y la dejo, porque se entrego a él y no funcionó, el muy cobarde solo la engatuso y al final tenía a otra que debía casarse de manera obligada.

- Haré lo que me pidas, soy todo tuyo - ¿En serio? - Si, cumpliré todas tus fantasías - ¿Todas? - ¿Son muchas tus fantasías? - Bueno pues, si con esto lo recupero. - ¿Qué deseas recuperar? - Pues eso, sentirme mejor y poder hacerlo. - ¿A quién? - ¿A quién qué? - ¿A quién deseas hacérselo? - ¿Hacer qué?

- Ven. Albert se acercó y la abrazaba, beso su cabeza y ella dio un paso atrás, el tomo sus manos y la acercaba a la parte más obscura de la habitación. Tomo su barbilla e intento acercarse y ella avergonzada bajaba la cabeza. - ¿no quieres que te bese? ¿Luego como se lo harás a él? - Tengo que besarlo ¿para saber como debo hacerlo con él? - Supongo que sí, porque… ¿ya lo has hecho antes?

Candy pensaba que sí, había besado a alguien antes, pero no a Albert y ella no sabía como explicar, pero ya estaba ahí, como sea iba a tener que pagar después de todo lo que había tardado en sacar la cita, tenía que hacer lo que le dijera, si con eso tenía seguridad para cuando hablara con Albert, podría conquistarlo. Se dejo acercar y él temblaba, sus manos, sus labios, era tan alto como Albert y al abrirse un poco su bata, tenía la cicatriz igual a la de Albert, ¿Albert? ¿Era Albert?

- Tranquila, hare que te sientas mejor. Tomaba su boca y besaba sus labios, el sabor era indiscutiblemente increíble, y al hacerlo no podía ceder, el brazo libre la jalaba de su cintura y sin poder evitar, sentía su cuerpo erguido pegado a su vientre, ella lo debía estar sintiendo, porque había cerrado sus ojos y en un gemido, la oyó nombrar - ¡Albert! eso fue el detonador, era a él a quien deseaba, tomo con mayor ahínco y fuerza estrechándola a su cuerpo, elevándola de su cadera y besándola mucho más intensamente, ella jadeaba, nombrándolo nuevamente, no podía evitarlo, la tenía llamándolo y ella acariciaba su rostro, su boca jadeaba por más, fue mover su vestido y sentir la agitación que ambos emanaban ahora. - ¡Candy! - ¡Albert! Te he buscado tanto, ¡te amo, Albert! Te he amado desde hace mucho y te había buscado, porque no me hablabas, no sabes todo lo que hice y te dejado tantos recados - También te amo, Candy. ¡Demasiado!

La ropa comenzaba a salir y ella lo estrechaba, sentir las puntas de sus bustos, enredándose en su pecho con el bello, le daba la sensibilidad y ella se restregaba a él, pero entre todos sus besos, el la probaba degustando sus anhelados botones y deseándola más de lo que había querido, se dejaba llevar al escucharla como lo nombraba en sus jadeos, ansiaba su toque y ella hablaba, diciendo cuanto lo había echado de menos y acariciaba su cicatriz ¿Su cicatriz? Candy lo había identificado, ahora sabía que era él, y que estaban juntos desnudos, ¿que estaba sucediendo? ¿Era un plan de George? Tal vez el sabía de los sentimientos de ella, así la había mandado al departamento, quería que supiera que ella lo amaba y que le correspondía. ¡George! ¡Me las pagaras!

- Candy, te deseo tanto - Yo no sabía, Albert, pero no quiero que desaparezcas, si no tienes dinero, puedes irte de nuevo al departamento conmigo, te ayudare y saldremos juntos adelante. -¿Me deseas, Candy? - Yo… Albert.

Ella ya no portaba la ropa, ni el sostén que le había quitado, solo besaba su pecho y de nuevo se iba a su pecho y a su cuello, él sabía que su respuesta no la daría, sus acciones se lo dirían, tal vez estuvo con el novio antes, por eso, con él ahora se entregaría, fue besarla intensamente y tirar de todas las ultima prendas, por primera vez más que feliz, al escucharla mencionar su nombre, sin pedirle explicaciones de su cabello castaño, de sus ojos, que por la obscuridad no podía ver, y de la maldita cicatriz que ella sabía que tenía en su costado, decirle cuanto lo extrañaba y cuando lo amaba, fue suficiente para darse cuenta, que ambos se necesitaban y que todo iba a cambiar, que ya no volvería a dedicarse a esas clandestinas actividades, por eso el maldito de George, la había llevado y por eso mismo, no le había cobrado, era su Candy y ella deseaba entregarse a él.

Fue abrir sus piernas y besarle intensivamente, darle el placer que ni ese maldito novio le había dado en aquel momento, ahora vería como le daría la mejor noche y la primera con él para hacerlo continuamente, viviría con ella en su departamento, pero las cosas ya no serían las mismas, ahora serían novios y él tendría que hacer los negocios en horarios de oficina, sacaría a Candy de ese hospital y talvez la haría educar a niños en el hogar de pony, la ayudaría a ser mejor en otras cosas, pero definitivamente buscaría actualizarle cada noche y cada amanecer y que no tuviera que andar buscando placer y pagar sus errores por novios anteriores, fue deleitarse con su grito y su espasmo que rugía que ya estaba lista, ahí se daba cuenta que no había un novio anterior y que ella fue buscarlo, porque quería demostrarle que lo amaba y que para ella era el mejor, tal vez no sabía a lo que venía pero ya lo averiguaría, casi la lastima al escuchar el gemido de dolor, al ser el quien profanara por primera vez su interior, fue un orgullo interno y un deseo multiplicarse, era su novia y el tenía que cuidarla, porque Candy lo amaba y lo había reconocido y ese maldito de George si que lo había sorprendido, como la trajo con engaños y más lo dejo sin sentido, ella estaba aceptando que lo deseaba como fuera y entregarse era el plan que tanto anhelaba demostrar para que después esas citas finalizaran.

Fue cuidarla y dedicarse a entregarse en cuerpo y alma para darle el mejor placer y culminar muy dentro de su ser, ella se entregaba plenamente y deseosa a él y definitivamente ella era increíble, fue tan placentero y la amaba más que nunca, en la obscuridad, ella lo reconocía, si ella lo había cuidado y hasta le conocía completo, ahora que la poseía, sería para ella más que perfecto, ya no daría citas, ni le dedicaría tiempo a nadie más, era ella quien lo amaba, lo necesitaba y definitivamente debía darle las gracias a George, por tráela a su lado, ella era la única que podía sacarlo de todo cuanto había estado pasando y volverse de nuevo a ser más que su amigo, su novio, su amante y gozar cada día, cada noche cada que ella lo quisiera de estos hermosos encuentros que se volvería un gusto más que deseoso de repetirle cuanto podía mostrarle y enseñarle, lo que un novio debe proporcionarle.

- Candy, soy un idiota. - ¡Oh Albert! No me imagine que fueras tú el psicólogo y mucho menos que viviéramos esto ahora. - ¿Psicólogo? - Si que supuestamente atendías a señoras, eres muy ingenioso por hacerte pasar por esto, supongo que lo planeaste todo, no te conocía la voz, pero no me arrepiento de estar aquí contigo, solo que disfrazarte y esconderte me dio miedo, te delato tu olor y tu aliento, tu perfume, tus manos, eran solo todo de ti, hasta sentir tu cicatriz. Y es que Albert solo me he dedicado a buscarte por meses. - Tranquila pequeña, estas conmigo, descansa, todo va a estar bien. - ¡oh Albert! Mucho más que bien, no había tenido relaciones, me da pena estar así contigo, pero quería demostrarte cuanto te extrañe, cuanto te amo y no quería perderte de nuevo. - Eso jamás, eres la mejor y me da gusto que te haya sorprendido, tengo varias cosas que proponerte si deseas estar conmigo para siempre. - ¡Albert!

Ella le beso efusivamente y el sabía que con ella ahí, todo cambiaría, se la llevaría a Lakewood o tal vez a new York, que más daba hacer planes, el la amaba y también iba a demostrarle que ahora era suya y que su amor valía toda la espera, ni una dama más, que se queden en eterna espera, o que George las atienda, los negocios deberían mejorar y con ella a su lado mucho mejor se iban a dar.


Gracias por sus comentarios, una historia mas para el grupo Historias de Albert y Candy

Espero sea de su agrado próximo capitulo final

gracias por continuar leyendo, por la paciencia y la espera

Un abrazo a la distancia

Mayra Exitosa