VICEVERSA

Capítulo 4: En las citas dobles siempre hay alguien que se quiere ir pronto


Bien, Kushina estaba muerta de la vergüenza. Bueno, no muerta, agonizante por lo menos. Había estado fresca como una lechuga hasta que se quedó sin fideos instantáneos y tuvo que ir al súper a comprar más de sus preciados fideos instantáneos. Había estado jugando con su carrito de la compra un rato hasta que se decidió a ir a pagar. Fue cuando encontró en los siempre amigables anaqueles al lado de la caja al mal convertido en una publicación quincenal, portada a colores y chismes de figuras públicas del País de Fuego. Había un artículo acerca de moda y citas, y ella, en su torpe ingenuidad, le había echado un vistazo mientras esperaba a que le tocara pagar sus comestibles. Ese había sido el mayor error de su vida, pues la hizo entrar en pánico.

No estando segura de si era un estado mental pasajero, Kushina compró la publicación y se marchó a su casa cuatro niveles menos feliz que cuando entró al supermercado. Se leyó de cabo a rabo la biblia adolescente en un lapso de dos horas al llegar a su sintió algo estafada y el miedo corrió por sus venas: pudo haber cometido más de treinta errores el día siguiente si no hubiera tomado la maldita revista de los anaqueles cuando fue al supermercado; errores que Mikoto notaría inmediatamente disparando ese sexto sentido que Kushina, como mujer —y persona—, tenía subdesarrollado.

La publicación —cuyo nombre era Teenage Dream— contenía un especial sobre citas, primeras citas, citas fallidas y encuentros con tus suegros que ella pensó útiles. Mikoto no era su suegra, pero trataba de darle una impresión creíble de su relación con Minato y todavía una mejor como amiga de Fugaku. Haría cualquier cosa para que no le volvieran a pegar chicle en el cabello.

Los artículos estaban llenos de fotografías y frases apocalípticas que le provocaron muchas muecas de desagrado e incredulidad. Desde el vestuario y el maquillaje, pasando por la forma de hablar y caminar, para culminar con la manera de comer. Si fuera una cita como la que tuvo con Inoichi —o más bien, como la que no tuvo—, ella hubiera actuado como siempre. Sin embargo, esto era algo así como Seguridad Nacional y Kushina se tomaba las cosas con mucho profesionalismo. Evitar que Fugaku se quedara solterón para el resto de su vida era, para ella, tan importante como una misión Clase A.

Por eso, por el resto del día, Teenage Dream fue tanto como la madre y la archienemiga de Kushina que sintió la necesidad de clonarse solo para tener las manos suficientes para preparar todo para el próximo día. Había sacado del fondo de su armario un vestido que la había regalado en su anterior cumpleaños su antigua maestra de equipo genin y que jamás pensó que utilizaría en su vida; solo esperaba que cumpliera con los estándares que mencionaba la revsta, porque ella no tenía mucha idea de eso —"Tu atuendo debe ser lo suficientemente formal para conocer a los padres de tu pareja, pero también debe lucir lo suficientemente casual para que no parezca que te estás sobreesforzando"—. En lo que sí había tenido qué invertir fue en unos zapatos que combinaran con su atuendo y quiso echarse a llorar cuando notó que, aparte de no saber nada sobre maquillaje, no tenía nada más que un labial —que ella consideraba rosa— en casa.

Con toda la preocupación que estaba sintiendo parecía que la interesada en la cita era ella y no Fugaku. Lo único que la consolaba era que, al menos, él debía estar más nervioso, ansioso y desesperado que ella. Saber que Fugaku era más merecidamente infeliz que ella la aliviaba un poco, aunque no lo suficiente como para no morderse las uñas.

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Minato no había tenido el valor de ver a Mikoto desde que le había dicho, días atrás, que le gustaría que conociera a su novia. Mikoto había estado ofendida, en sus propias palabras, porque, parafraseándola, su supuesto mejor amigo había estado coqueteando constantemente con una chica sin habérselo mencionado siquiera una vez, siendo que ella, a su manera, se lo había preguntado.

No era solo eso, sino que la expresión de su amiga se había vuelto más funesta cuando le había dado el nombre de la afortunada. Mikoto ya había demostrado tener mala actitud para con Kushina debido a su cercana amistad con Fugaku, pero saberla su novia lo había empeorado todo. Francamente, Minato había creído como un idiota que sería justamente lo contrario, que su amiga se volvería más receptiva a la otra kunoichi y que aceptaría siquiera entablar una conversación con Fugaku en algún momento del futuro —esa era, después de todo, la finalidad de aquella charada—, pero después de murmurar una excusa falsa se había marchado de la casa de Minato y eso fue lo peor.

Claramente, Namikaze ya había considerado de antemano que estar en una relación fingida era contraproducente, que no era la idea más brillante en su carrera y que, a largo plazo, la mentira no sería sostenible. Esperaba que, cuando se destapara el pastel, Mikoto aceptara seguir siendo su amiga y entendiera las razones por las que le mintió, pero ahora veía oscuro el panorama. Si se molestaba sólo por una invitación a una cita doble ¿qué le aseguraría que le perdonaría cuando le admitiera que él jamás estuvo saliendo con la pelirroja?

Envidió a Kushina por un momento, asegurándose que ella la tenía más fácil. Y rogó porque Uchiha Fugaku hiciera un excelente trabajo mañana por la noche.

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No le sorprendió, pero le dolió notar que su esfuerzo de dos horas era un fracaso. Un total y completo fracaso. Se había despertado temprano con el fin de prepararse para la cita de la tarde, pero, caray, nada salía como esperaba. Y no porque lloviera, amaneciera calva o alguna ocurrencia de esas. Sino porque una revista no hace al maestro, y Kushina de maquillaje sabía menos que nada, así que su plan de "sé la chica perfecta" había fallado miserablemente, incluso antes de iniciar y eso era patético. El maquillaje lo había sacado de una herencia que Mito Uzumaki le había dejado al fallecer y que seguro ya había expirado, pero, si funcionaba, ella iba a sacrificar la salud de su piel por una noche. Al final no había sabido aplicar nada ni combinar nada que acabó tirando todo al suelo en un arranque de ira y desesperación. Empero, sabiendo que no podía arruinar la gran oportunidad de oro de su mejor amigo, Kushina se tragó la dignidad que todavía ostentaba y, recién bañada, fue con su vecina del primer piso: una mujer algo gruñona que tenía dos hijos y un marido comerciante, ausente la mayor parte del tiempo. Quizá Kushina no sabía qué era verse bien para impresionar a alguien como Mikoto, pero sabía que Mariko, como se llamaba la mujer, sí que lo haría.

—¿Por qué debería ayudarte, Kushina? —dijo Mariko comiendo una paleta de cereza con una actitud muy arrogante, como en un cliché de pandilleras.

—Oh, vamos, señora Mariko. ¿No me diga que aún está enojada porque rompí su puerta el verano pasado?

—¡¿Enojada por la puerta?! ¡¿Siquiera sabes lo que hiciste ese verano?! —reclamó la mujer con mirada de fuego, muy, muy alterada—. ¡Casi arruinas mi matrimonio!

—¡No es mi culpa que usted grite como cerdo en el matadero cuando hace eso con su esposo 'ttebane! ¡Debería agradecer que tiene una vecina que saltará en su ayuda si algún día tiene problemas! —chilló Kushina con un ligero sonrojo. Ella sinceramente había creído que la mujer estaba en peligro y… pues peligro no era. Solamente había querido salvarla cuando derribó la puerta con una patada, kunai en mano.

—Jamás me convencerás de esa manera —dictaminó la otra, recuperando la compostura.

—¡Pero si no le costará nada!

Mariko suspiró cansada. Kushina sabía que, a pesar del accidente de la puerta, su vecina no le odiaba y tenía una debilidad por ella y sus caras de cachorrito apaleado. Y ella había estado usando una todo el tiempo.

—Convénceme.

—¿Le comparé un tazón de ramen? —negoció. La verdad no estaba segura de que funcionara. Amaba el ramen, pero no todos eran como ella.

—Ofrece algo mejor.

—¿Cinco tazones de ramen?

Mariko sintió que una vena palpitaba en su frente.

—Algo que no sea ramen, Kushina.

—¡No le voy a dar dinero!

—No dinero. Algo que me beneficie.

—¿Quiere que mate a alguien por usted?

—¡No! —chilló la mujer, escandalizada.

—No se apene, cuando yo estoy de mal humor a veces también pienso así.

La mujer le frunció el ceño.

—Deja tus tonterías. Con que cuides a mis hijos me basta.

—Pues debió haberlo dicho antes. ¿Cuándo será?

—El próximo mes es mi aniversario de bodas. Quiero que los vigiles cuatro días.

—¡¿Cuatro días?! —repitió Kushina, escandalizada—. ¡Madre desnaturalizada! ¿Por qué no piensa en mí? ¡Acepto dos!

—Que sean tres días.

—Dos días y la comida corre por mi cuenta 'ttebane. No más.

—Hecho.

—Hecho.

Un breve silencio se hizo presente. Kushina tenía una indiscreción en la punta de la lengua y no estaba segura de poder contenerse. Se restregó las manos contra su regazo y puso una mirada tímida. Miró al suelo, luego a Mariko y luego…

—¿Quiere vacaciones para hacer eso con su esposo? —…explotó.

—Mejor cállate antes de que cambie de opinión.

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Midori y Mazuo, los hijos de Mariko y mellizos de seis años de edad, miraban a Kushina fijamente como si fuera un ser venido de otro planeta. Un alien o, tal vez, un monstruo salido de alguno de sus videojuegos. Su madre había hecho milagros con ella finalizando siete minutos de la hora en la que supuestamente Fugaku pasaría por la pelirroja a su apartamento.

Su cara se veía, por decirlo de alguna manera, como la de una mujer clásica: suave, delicada, casi dulce y, también, casi gentil. La clave estaba en el casi. Su belleza natural —la que Mariko, con mucho pesar, le había asegurado que poseía— había sido resaltada de una manera casual, con el cabello atado en un moño sencillo con algunos mechones sueltos, para combinar con su naturaleza. Verla bien arreglada y con su vestido puesto —de organza, blanco, hasta la rodilla, con volantes y un moño en tono gris que rodeaba y acentuaba el área de la cintura—casi le saca lágrimas a Mariko. ¡Había logrado convertir a una bestia salvaje en una hermosa hada!

—Te ves hermosa. Tu hombre se quedará sin habla —Kushina hizo una mueca desinteresada y alzó los hombros para dar énfasis a lo poco que le importaba ese hecho e, inmediatamente, fue reprendida por su vecina. Mariko, por supuesto, sabía sin que ella le hubiera dicho que salía con Namikaze Minato, a lo que había asumido sabiamente que estaba esforzándose para verse con él esa noche!—. ¡No, no puedes hacer esos gestos con esa cara y ese vestido! —reprendió la mujer—. Y tampoco, por ningún motivo, puedes usar ese "dattebane" que tanto usas como muletilla. Arruinarías tu imagen.

Uzumaki hizo una cara de desesperación profunda, probablemente la última que podría hacer por el resto del día.

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Kushina golpeó la mejilla de Fugaku tan suavemente como pudo por tercera vez. Ya, estaba bien que no podía hacer sus usuales ataques mientras estaba vestida, maquillada y peinada, pero eso no significaba que no pudiera darle a su mejor amigo su merecido por ser tan hostigante. Vale, ella jamás se había arreglado con tanto esfuerzo ni una sola vez en su vida, pero no era para que el hombre se pusiera a mirarla como si fuera un extraterrestre.

—¿Puedes dejar de mirarme así? No tengo permitido arrancarte los ojos porque mancharía mi ropa 'ttebane —Kushina se tapó la boca con ambas manos. Mierda, había dicho 'ttebane. Se suponía que ya no podía hacer tal cosa, ahora mismo era la nuera perfecta.

—¿Puedes repetirme tú por qué te has puesto de esa forma?

Kushina suspiró. Creyó que Fugaku entendería.

—Para impresionar a Mikoto, obviamente.

—¿Por qué debes impresionarla tú?

—Porque quiero ser su amiga. ¿No puedo ser amiga de la que será tu esposa algún día? Estoy cansada de que tus novias me odien.

Fugaku asintió quedamente y siguieron caminando. El restaurante no estaba en esa ruta y su amigo se lo hizo saber.

—¿Por qué vamos directo hacia el edificio del Hokage?

—Simple: necesito hablar con él.

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Hiruzen Sarutobi fumaba de su pipa apaciblemente sentado sobre su enorme y cómoda silla de líder de la aldea. El humillo que arrojaba ya había invadido la habitación. Siendo el hokage debería estar trabajando, pero a él le gustaba relajarse cuando ya iba a finalizar el día. Al cabo que había mucha vida para seguir leyendo y firmando documentos, ni que fueran a desaparecer de la noche a la mañana. Sin embargo, cuando dos golpes se escucharon en su puerta, no tuvo más remedio que bajar los pies y fingir que leía arduamente uno de los informes ANBU que estaban apilados en su escritorio. Después de dar el permiso de entrada, se sorprendió al ver a cierta kunoichi pelirroja vestida como… como la nueva novia de Inoichi lo haría en un día cualquiera.

—¿Qué sucede, Kushina? —preguntó con doble sentido y tratando no ofenderla. Ella sonrió gentilmente (¡gentilmente!) e hizo una reverencia corta.

—Solamente pasaba por aquí, señor —dijo con voz firme, como un soldado bien entrenado, tono que contrastaba con su apariencia actual—. Necesito que me dé la orden de hacer mi mejor esfuerzo. Así podré concentrarme mejor en mi misión.

Sarutobi hizo una mueca confundida. ¿Kushina se estaba drogando? ¿De qué demonios hablaba? ¿Quién le pasaba la hierba?

—¿Qué misión?

—Por favor, sólo dé la orden.

El Tercer Hokage dijo, como si supiera de qué hablaba, que se podía retirar. Que esperaba que no hubiera fallos en la misión y que tenía puesta su confianza en ella. Quiso no especular mucho —ya se enteraría, siempre se acababa esperando—, pues tenía más ganas de seguirse haciendo el tonto la hora que faltaba antes de que acabara su jornada laboral.

—Gracias, señor —y con otro saludo, Kushina se retiró.

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—¿Se puede saber qué has hecho allá adentro?

—Nada. Me preparaba mentalmente para lo que viene —respondió.

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Cinco, cuatro, tres, dos, uno… Ya. Ya no había vuelta atrás. Acababa de poner un pie en el restaurante y ahora no podía retroceder el tiempo. La pelirroja respiró hondo, más hondo todavía y luego exhaló. Todo lo que quedaba de la vieja Kushina se había desvanecido junto a ese dióxido de carbono que acababa de expulsar. Siguió caminando, lo más segura que pudo de la mano de Fugaku, buscando con la mirada en qué mesa se encontrarían Minato y Mikoto. Ambos amigos caminaron en dirección a la mesa con la mejor vista a la terraza del restaurante, despacio, hasta llegar frente al otro par de amigos.

—Buena tarde —saludó Mikoto, levantándose de su asiento al mismo tiempo que Minato. Su voz no denotaba nada aparte de cortesía.

Las cuatro personas se acercaron para hacer las presentaciones pertinentes. Mikoto saludó cálidamente, con tranquilidad, a Kushina. Como si no le hubiera estado haciendo desaires durante todo el mes. Lo mismo con Fugaku, pero su sonrisa se le congeló por unos segundos cuando el susodicho entorpeció al ella darle la mano.

—Bonito vestido, Kushina.

—Gracias. Fue un regalo.

Minato notó inmediatamente cómo Mikoto le echaba una mirada de reojo, como esperando su reacción. Muy bien, la farsa comenzaba definitivamente allí.

—Para mí siempre se ve bien.

"Aunque te mueras de los nervios, no olvides sonreír. A nadie le simpatiza una chica con cara de pocos amigos", recordó la revista.

Kushina soltó una risilla que pretendía imitar las que oía hacer las mujeres aristócratas en las películas y giró sobre sí misma graciosamente para que la vieran bien.

—Me he puesto este vestido pensando absolutamente en esta noche —más bien en Mikoto 'ttebane.

La pareja se sentó uno al lado del otro. La chica de cabello negro no mostró interés en Kushina ni en Fugaku, se concentró en escudriñar el menú que ofrecía el restaurante. Cuando todos decidieron qué iban a pedir, Minato llamó al mesero a los pocos minutos para que tomara su orden.

"No comas demasiado. A los hombres no les gustan las tragonas".

—Salmón en salsa de puerros y piñones para mí —pidió Kushina de última, lo que creyó que sería una elección ligera. Maldición, ella deseaba comer más. Mucho más. Torres y torres de carne y jamón, y más carne. Y mucho ramen. Las reservas para todo un ejército en ramen. Esa ridícula y minúscula porción ordenada no llenaría su estómago insaciable.

Nada más el mesero irse, Mikoto cambió su cara de póker y mostró abierto interés en la pareja de su mejor amigo. Más bien en ambos, pues, por la forma en que miraba, aunque no quisiera dejar entrever sus sentimientos, se notaba que no confiaba en ellos. Bueno, en ella, principalmente. Iba a comenzar el interrogatorio. Claro, muy a la manera de Mikoto.

—Dime, Kushina. ¿Qué piensas acerca del sistema ninja?

La pelirroja se quedó en ascuas. ¿Qué clase de pregunta era ésa? ¿Mikoto no debería estar preguntando acerca de su color favorito, cómo se conocieron ella y Minato, qué opinaba de su mejor amigo o algo de ese estilo?

"Tu suegra te atacará con preguntas que no sabrás cómo contestar porque ¡es tu suegra!, quiere desacreditarte frente a su retoño porque nunca habrá nadie lo suficientemente bueno para ella. Lo importante es que estés calmada y respondas lo mejor que puedas. Recuerda: si no puedes ganar, confunde".

—Me parece —dijo, no muy segura. ¿Qué era lo más correcto decir? Ella estaba contenta con el sistema siempre y cuando le dieran misiones interesantes, pero claro, ésa no sería una respuesta correcta frente a Mikoto, así que su única opción era lanzar un comentario que había escuchado decir a unos jounin veteranos—… que es imperativo prestar atención a la propuesta de Tsunade Senju; debería incluirse un ninja médico en cada escuadrón ninja. Las bajas se reducirían considerablemente si esta opción se pone en práctica.

Mikoto pareció satisfecha con la respuesta.

—¿Entonces te interesa el Ninjutsu Médico?

—No… —titubeó—. Quiero decir, no tengo habilidades para ello, así que solamente he aprendido los primeros auxilios como todos en la academia. Estoy especializada en el fuuinjutsu, como todos los Uzumaki.

Ahí, al hacer ése comentario, fue cuando Kushina se debió haber dado cuenta del detallito más importante de la velada. Ése que había olvidado y que, fácilmente, arruinaría toda su farsa. Pero, venga, Mikoto lo había notado desde el principio. Ya todo estaba perdido desde el momento en que la vio.

—No me parecen el tipo de preguntas que debas hacer esta noche, Mikoto. No estamos en una charla política —intercedió Namikaze, tratando de calmar a su amiga. Ella peleó un poco ("Creí que, siendo tu novia, debería de interesarse en los mismos temas que tú. ¿O es que no han hablado de eso?"), pero permaneció callada. Kushina le agradeció con la mirada. Minato, con sus ojos azules como el cielo, aceptó su agradecimiento.

Por debajo de la mesa, Kushina pateó a Fugaku. ¡Era hora de que hablara! Pero, en su lugar, su amigo se ocupó bebiendo un vaso de agua.

—Nunca había estado en este restaurante. La terraza es preciosa —dijo Kushina solo por decir algo verdadero en toda la noche.

—Gracias, sabía que te gustaría —respondió Minato.

"Frente a sus padres, no debes de estar encima de él. A ellos no les gusta que te comas a su hijo de postre. Sin embargo, también debes mostrar que lo quieres o ellos pensarán que se ha enamorado de una piedra".

Uzumaki posó su mano sobre la de Minato, que tenía sobre la mesa en primera fila para que Mikoto viera. Trataba de parecer halagada por las palabras de su falso amante.

—Y, dime, Mikoto —ahora era el turno de Kushina de atacar ya que, si no lo hacía ella, Fugaku jamás hablaría. Hasta parecía que se había puesto un cierre en la boca y encogido en su asiento. Como un niño en una charla de adultos—, ¿estás molesta porque me he llevado de tu lado a Minato?

Las náuseas le reptaron a Kushina por la garganta. ¡Había repetido un comentario idiota que le había escuchado a una exnovia de Fugaku! ¡Tonta de ella!

—Minato no me pertenece, Kushina —respondió con tranquilidad—. Ni a nadie. Me parece erróneo decir que una persona le pertenece a otra.

La pelirroja tragó saliva. Ella estaba de acuerdo, había sido un desliz de su parte. ¿Podría la tierra tragársela?

—Por supuesto que no me refería en sentido de pertenencia —sonrisa falsa aquí—. Quiero decir, debes estar triste porque no ves a Minato tanto como antes.

—No lo veo tanto como antes, pero Minato sigue siendo mi mejor amigo. No nos vamos a separar por unos días sin vernos.

¡Bang! Disparo mortal de Mikoto.

—Entiendo. Fugaku opina lo mismo que tú —"Ya va siendo puñetera hora de que digas algo, Fugaku idiota 'ttebane".

—Sí… sí… eso —dijo simplemente y se apresuró a beber de su vaso de agua otra vez. Su voz sonaba tan aguda como el canto de un grillo. Estaba nervioso. Nervioso como nunca antes. Tan nervioso que, si fuera un niño sin control de esfínteres, se hubiera cagado allí mismo.

—¿Saben? No lo había dicho en voz alta antes por temor a ofenderlos, pero realmente son una pareja extraña. Quiero decir, ¿El Rayo Amarillo y la Habanera Sangrienta? Los apodos parecen antagónicos.

¡Doble bang!

Kushina enrojeció visiblemente al escuchar la mención de su apodo. Antaño estuvo orgullosa de él (¡mueran, bastardos, 'ttebane!), pero ahora, sentada en esa mesa esperando a que su puñetera comida apareciera para salvarle el pellejo, sonaba tan malo como condones usados en la papelera de su cuarto encontrados por su ficticio padre.

Esa fue la segunda oportunidad de Kushina para notar que estaba haciendo las cosas mal. Que si quería ganarse a Mikoto, que les creyera y fuera su amiga, estaba aplicando una mala estrategia. Lástima que estaba tan metida en su actuación que se negaba a ver la realidad. La constante más importante de su ecuación.

—Yo…

—Siempre admiré eso de ti —completó Mikoto; sinceridad en sus palabras—. Demuestras tu fuerza e incluso conseguiste una buena reputación por ello. Que las chicas no somos solamente adornos para los chicos, esposas que preparan comida y crían a los hijos mientras esperan a su hombre. Tú eliminaste ese estereotipo de ti y le diste tu voz a otras kunoichis.

¡Bang, bang, bang!

Mikoto 3 – 0 Kushina

La pobre, desde el momento que puso un pie en el restaurante con ese vestido y esa actitud, no había tenido una sola oportunidad contra la gran Mikoto; porque la gran Mikoto era inteligente, con un sexto sentido súper desarrollado y había notado, desde que Minato le habló de Kushina, que había algo raro allí. Que ella había estado un tiempo diciéndole que se consiguiera una buena chica, una que valiera la pena; y él había rechazado la oferta por mucho tiempo; que se habían encontrado muy casualmente algunas ocasiones antes y ninguno de los dos parecía particularmente interesado en el otro, que recién había hablado de Minato sobre eso y él le había asegurado molesto, apático, que no tenía ninguna relación con una mujer para que, de buenas a primeras, le quisiera presentar oficialmente a su nueva y flamante novia: Kushina Uzumaki, ex compañera de academia, la Habanera Sangrienta, con la que compartió aula tres y de la que sabía, si bien no todo, lo suficiente para conocer su personalidad y de la que se hablaba en el pueblo como si fuera una celebridad.

Kushina no se perdió la mirada despectiva que dirigió Mikoto a Fugaku durante una fracción de segundo. Probablemente era involuntaria, pero aun así había estado. Y la pelirroja entendió todo allí: a Mikoto no le agradaba Fugaku y probablemente nunca le agradaría. Y no podían culparla, el hombre trabajaba en la estación de policías, como todos los Uchiha, lugar donde no había una sola alma femenina merodeando las habitaciones. Ni siquiera de señora de la limpieza. La organización era un criadero de machos alfa que dejaban a sus mujeres en casa, cuidando a los hijos. Porque no importaba qué tan impresionante fuera el sharingan o el cerebro de los miembros del clan, tarde o temprano las mujeres serían desposadas y dejadas en casa, ocupadas limpiando pisos, haciendo de comer y realizando las compras. Y eso era degradación a los ojos de Mikoto, una que ella nunca aceptaría porque solo afianzaba su idea de que los hombres eran basura.

Pero, ¡hey!, menos mal, la cena acababa de llegar.

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Mikoto se había cansado de enviar sutiles señales a Kushina —y a Minato—, informándole que estaba cansada de su farsa, tan pronto como la cena se presentó frente a ellos. Desenmascararlos esa noche ya no era su prioridad, ahora quería saber cuán lejos llegarían con sus comentarios de romance forzado y averiguar por qué montaban el teatro, así que calmó sus ánimos y comió calmadamente, en silencio, el resto de la noche. Se guardó todas las preguntas comprometedoras y se tragó el cuento de su relación idílica, así como la risa tonta de Kushina y las palabras empalagosas de Minato. Sin embargo, lo que más le molestaba allí, era la manera en que Uchiha la acosaba. A cada tanto le enviaba miradas insistentes y luego trataba de ocultarlas atragantándose de comida. Tuvo ganas de darle un puñetazo en la cara y ella no solía tener esos arranques de ira física. Minato le daba clases de autocontrol a fin de mes para algo.

—Estuvo delicioso —dijo al terminar de comer. Se limpió la boca con una servilleta y perdió su mirada en la bella vista que ofrecía el edificio, esperando a que los demás finalizaran. Un plan se estaba formando parcialmente en su cabeza.

Atrapó a Kushina lanzarle una mirada de auxilio a Minato. Eso bastó para que se pusieran de acuerdo para algo, pero ella ya iba un paso delante de ellos.

—¿Por qué no se marchan? —los vio sorprendeser—. Deben estar deseando poder estar solos. Yo me quedaré aquí con Fugaku un rato más, disfrutando de la vista.

Minato y Kushina, sonriéndose, salieron del lugar con la falsa sensación de que la noche había ido de maravilla. Claro, antes el caballero pagó la cena.

Pero Mikoto lo había hecho a propósito, no porque hubiera tenido un repentino flechazo con el ineteresantísimo Fugaku —el hombre había hablado alrededor de treinta palabras en toda la noche y la mayoría de ellas habían sido utilizadas para ordenar su comida—, sino porque ya sabía qué hacer para averiguar el problema que tenía frente a sí.

Si su mejor amigo le estaba mintiendo, él llevaría la situación actual hasta las últimas consecuencias, cuando no quedara otra opción más que revelarlo todo. Si no le había dicho antes por qué había planeado tal pantomima merecía que lo acorralara. Así que solamente necesitaba atacar al eslabón más débil de la cadena: Fugaku.

De él sabía relativamente poco: que era un duro y temible policía Uchiha. La descripción no encajaba muy bien con el hombre tímido y torpe que se había presentado esa noche frente a ella, pero así era mejor. Podría manipularlo más fácilmente para hacerle cantar la verdad como a un pajarito. Si él estaba al tanto de las razones de aquellos dos, por supuesto, todo iba a ser pan comido. Si no… bueno, sería un aliado para la causa.


Me enlloran todos los problemas narrativos de la versión original, sin embargo, cambiarlo mataría la esencia del fic, así que mantuve un montón de cosas. Dividí el capítulo, otra vez, porque con las adiciones y reestructuración iba a tener alrededor de 10,000 palabras y creo que nadie quiere leer algo tan largo? También noto que Mikoto está algo op, lol, pero es una de las razones por las que la trama se movía rápido y esto tenía tan pocos capítulos, así que lo mantuve.

¡Muchas gracias por los reviews! En serio que no aspiraba, ni aspiro, a tener comentarios en medio de esta reedición, pero muchísimas gracias a Iwaizumi Hajime (¡ni idea de la notificación!, pero un gusto de que te pasaras), xXKushinaXx (me suena tu user, pero no sé si seas la misma persona. Independientemente, gracias por leer y que te haya gustado!), anónimo que viene de ao3 (yo para ser sincera en ao3 solo dejo kudos xdddd, en la versión original en fugamiko estaba muy poco trabajado, pero es una de las cosas que pretendo arreglar en esta edición) y a Kats-th31 (Kushina ebria fue una delicia de escribir, gracias!).

Nos leemos la próxima semana!


Notas de autor originales de 2013

No manchen. Jamás había escrito un capítulo de seis mil palabras para ninguna historia. Siéntanse honrados xD

Espero la cita haya estado a sus expectativas, porque tuve un bloqueo tremendo al momento de escribirla.

Agradecimientos por sus reviews y aquí se vienen las respuestas:

Seba20: No sé si me tiras la pedrada de actualizaciones a mí, pero aquí está ésta xD

CCPHyuga: Cita. Algo cortada, pero esa fue la cita. Pero habrá más citas. No te apures n.n

Stefany BM: Mikoto sospecha, como has predicho. Esa chica es de armas tomar, ¿por algo es la matriarca Uchiha, no?

LightDanica: Lamento omitir el FugaKushi pero ¡promesa que en el próximo está! No encontré donde meterlo (paro ahora ya sé dónde) y el capítulo ya se estaba poniendo eterno como para agregar más escenas

Dlkg: Como siempre, los comentarios "alimenta ego" sin bien agradecidos xD

nova por siempre: A Minato no le ha gustado la Kushina falsa, lo cual nos recuerda que ella no es la "chica adolescente" perfecta y él no se enamorará de ella por ello :)

Sakuita 01: Fugaku es extremista (¿planeó un golpe de estado para restaurar el valor Uchiha, no? Sigo pensando que había mejores métodos), así que pensarse como "prostituidor" de Kushina le va bien xD Y, como siempre, los comentarios "alimenta ego" siempre son bienvenidos, aunque yo no sea tan awesome como creen, me alegra hacerlos reir un rato (junto karma bueno para encontrarme un iPad o algo xD).

LadyDama42: Fanfiction se come el punto de tu nickname. Muchas gracias con eso de original, yo lo llamo diferente (que en mi mente no es lo mismo), peor me alegro que tengan tan buen concepto de mí. Hasta me estoy creyendo que soy awesome jajajaja

Cessi: ¿Aprobaste? Jajajaja. Gracias por ignorar tus estudios por mí, me siento halagada, aunque no creo que sea bueno para ti. Y, respecto a la música clásica, por eso dije "subjetivo". O sea, la persona perfecta PARA TI ¿qué escucha? No hay gente perfecta en el mundo, pero nosotros podemos imaginarnos a nuestro ser perfecto.

Hina fire: Espero no haberte decepcionado y leas este capítulo con gusto también ^^

usasy-san: Entrega de capítulo lista, beibi ;)

Nos leemos después y recuerden:

*se viene la publicidad descarada a cierto producto avellanoso-chocolatoso por la que no me pagan*

¡Besos embarrados de Nutella para todos!

PD: La pregunta del capítulo: ¿Pringles o Nutella? (Léase: ¿cosas saladas o cosas dulces?).

PD2: ¿En sus países (fuera de México) no se usa la expresión "apendejar" o sí?